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jueves, 3 de septiembre de 2026

SPOHR | Gran Noneto para vientos y cuerdas

Spohr Noneto

Nuestro querido Elgatosierra, indispensable padrino de este fogón, recomienda una obra de Louis Spohr para hacernos una idea más cabal de este compositor: el Noneto para vientos y cuerdas, op.31. Escrito el año 1813 por encargo del músico y mecenas Johann Tost, esta obra contiene una serie de peculiaridades muy interesantes que hacen honor a la siempre acertada indicación de nuestro “Gato tutelar”.

La sugerencia de interpretación también fue compartida por nuestro amigo y la cuelgo inmediatamente a continuación. Sigue más abajo una breve crónica de la obra:

El Noneto fue resultado de un encargo. El comitente se llamaba Johann Tost, personaje muy interesante del cual sólo diremos esta vez que al comenzar el siglo XIX era un próspero comerciante en Viena, pero en su juventud durante el siglo XVIII había sido violinista en la corte del príncipe húngaro Nikolaus Esterházy, es decir, bajo las órdenes del mismísimo Haydn, a quien asistió tiempo después buscando editor en París para sus cuartetos. Pocos años más tarde, Tost estuvo directamente relacionado con el encargo de los dos últimos quintetos de Mozart.

Cuando visitó a Spohr en Viena el año 1813 para encargar el Noneto, entre otras obras, Tost le sugirió también la plantilla instrumental. «Escríbame una obra para nueve instrumentos», le dijo, y especificó: violín – viola – violonchelo – contrabajo, en las cuerdas, más flauta – oboe – clarinete – trompa – fagot, en los vientos. Una combinación muy cercana a la que Beethoven había consagrado con su Septimino.

Tost agregó algo más: quería una obra en la que nueve individualidades tímbricas pudieran reconocerse dentro del conjunto. Spohr aceptó precisamente porque le atrajo «la dificultad de la tarea». Y de esta entrevista, relatada por Spohr en su autobiografía, nacería una de las piezas fundacionales del repertorio para noneto, que pueden escuchar ustedes en el video más arriba. Sus notas cifran una ilustre genealogía: Haydn → Mozart → Beethoven → Spohr. ¡Disfrútenla!

viernes, 7 de agosto de 2026

Louis SPOHR | Misa a capella & 3 salmos | Bernius, etc.

Spohr

La memoria humana es reduccionista. Parece un rasgo inherente a la mente racional: buscar patrones repetidos, elegir puntos de referencia, resumir y simplificar a fin de comprender mejor. Describir un paisaje con brevedad —montañas, lago, bosque, cielo azul— omitiendo los detalles sutiles que harían la gloria de un Marcel Schwob. En suma, obviar la “decoración” a fin de retener “lo esencial”.

Trasladando este hábito a la música, frecuentes listas de nombres pretenden agotar épocas enteras, como si cuantos vivieron en determinado momento sólo hubieran conocido aquellos mismos nombres y disfrutado aquella misma música... Obviamente, nada más lejos de la realidad. Eso impone la gratificante tarea de descifrar cada período, restituyendo su vibrante complejidad y recuperando así nombres que nunca debimos descuidar ni olvidar; por ejemplo el de Louis Spohr (★ Brunswick, 5 Abr. 1784 — ✚ Kassel, 22 Oct. 1859).

Entre dos eras: el caso Spohr

Louis Spohr hacia 1850
El compositor hacia 1850

Ludwig Spohr, conocido después como Louis, cosechó enorme reconocimiento durante su vida, tanto, que los teatros y el público lo agasajaban como un equivalente de Mozart, Haydn o Beethoven, repitiendo su apellido en la programación de conciertos sin objeciones.

Fue un hombre ávido de aprendizaje, depositario de influencias cosmopolitas (desde la Escuela de Manheim hasta los clásicos vieneses de su tiempo, pasando por las huellas de Francia e Italia), disciplinado, trabajador y comprometido con cada tarea que emprendió. Vivió en una época de transición —la generación “bisagra” que experimentó el ocaso del Clasicismo y el despuntar del Romanticismo— y tal vez por eso, aun ejerciendo influencia en la música de su tiempo, el interés por su obra se apagó poco después de su muerte. No obstante, Spohr fue crucial al convertirse, junto a otros contemporáneos como Ries o Hummel, en un eslabón entre generaciones, un vaso comunicante de estéticas artísticas.

Spohr Arbeitszimmer Kassel
Despacho de trabajo de Spohr en Kassel

Aunque fue un virtuoso del violín, dejó su firma en múltiples géneros: sinfonías (10), óperas (10), ciclos de lieder (~105), cuartetos de cuerda (36), conciertos (18), piezas de ocasión, oratorios… y un corpus de música sacra que aún espera ser redescubierto. En este terreno brilla su Misa en Do menor a capella, para doble coro mixto y solistas, op. 54, una obra que prescinde de orquesta para concentrarse en lo esencial: la voz humana entrelazada en un tapiz contrapuntístico que, sin ornamentos, busca elevar el espíritu.

La síntesis de un estilo

La Misa en do menor encarna de manera ejemplar la síntesis estilística que define a Spohr: una convergencia entre la claridad mozartiana, la tradición coral protestante alemana y el renacimiento del modelo polifónico de Palestrina que cautivó a compositores de su generación —Beethoven entre ellos, como atestigua su propia Missa solemnis. Concebir una obra de esta envergadura para voces a cappella, sin apoyo instrumental alguno, fue un gesto deliberadamente arcaizante en 1821: una recuperación del arte polifónico estrictamente vocal que muchos entendían como el ideal de la música sacra. El resultado es una partitura que mira hacia el pasado sin dejar de ser moderna, donde la densidad contrapuntística del Renacimiento dialoga con la sensibilidad romántica de un compositor que, en vida, fue celebrado como heredero directo de Mozart.

Romanticismo sacro

Wasse Spohr
“Catedral en invierno” — Ernst Ferdinand Oehme, 1821

Borges dijo alguna vez que la música no es algo que se agrega al mundo; la música ya es un mundo (“Borges, oral”. 1979). La Misa de Spohr puede definirse así: un mundo, no una reliquia. Hay en ella ciertamente una recapitulación de estilos tamizados por la sensibilidad de su autor, pero a diferencia de un mero pastiche su arquitectura sonora respira vida propia, animada por un pulso que late con urgencia romántica.

El doble coro produce un efecto espacial notable: las voces se responden, se entrelazan, se separan y vuelven a encontrarse como dos ríos que confluyen y divergen. Los solistas aportan momentos de intimidad lírica, contrastando con la densidad del tutti. En el Kyrie y el Gloria especialmente, Spohr logra equilibrar la claridad del texto y la riqueza contrapuntística; una hazaña que fusiona las mejores tradiciones sacras de los mundos germano y latino.

Al conocer esta obra uno podría preguntarse por qué no es más interpretada. La respuesta no está en la maravillosa partitura, sino en los caprichos de la historia. Spohr murió en 1859; Brahms estrenó su Réquiem alemán en 1868. En menos de una década, el centro de gravedad se había desplazado. Por eso esta creación llena de originalidad, recibida en su día como una cumbre, hoy es apenas una cita al pie de los libros de texto. Pero las buenas partituras guardan un tipo de magia inmune al tiempo: suenan tan bien hoy como el día en que fueron escritas.

carátulaFrieder Bernius es uno de los nombres más interesantes en el escenario contemporáneo cuando se trata de interpretaciones corales o sinfónico-corales del repertorio romántico o barroco con estilo historicista. Fundó en 1968 el Kammerchor Stuttgart, coro junto al cual ha sido galardonado múltiples veces por registros de nombres diversos (aunque estéticamente coherentes) como Mendelssohn, C.P.E. Bach, Schütz, Zelenka u Homilius. Estamos, pues, en las mejores manos para redescubrir la gran Misa en do menor de Louis Spohr, grabada bajo el sello Carus.

Bernius eligió un complemento estupendo para la Misa, como son los Tres salmos, op.85, creados por Spohr para el Cäcilienverein de Kassel en 1832:

  • Unendlicher! Gott, unser Herr! —Salmo 8—,
  • Gott ist mein Hirt —Salmo 23— y
  • Aus der Tiefen ruf’ ich, Herr, zu dir —Salmo 130—.

Escritos sobre la traducción alemana de Moses Mendelssohn (el abuelo de Félix), los tres están destinados a doble coro mixto y solistas, sin acompañamiento instrumental.

Pero estos Salmos no son una repetición de fórmula: el texto alemán, más inmediato y declamatorio que el latín litúrgico de la Misa, favorece una expresión distinta, más próxima a la tradición coral protestante; y la brevedad relativa de cada pieza permite que el contrapunto se concentre. El Salmo 8 concluye con una fuga, mientras que el Salmo 130 alcanza su culminación en una doble fuga.

Escuchar los Tres salmos junto a la Misa permite advertir que el arcaísmo de Spohr nunca es una renuncia al presente: las formas antiguas reviven transformadas por la melodía romántica, la intensidad armónica y el peso expresivo de la palabra, multiplicándose en una invisible catedral sonora.

Disfruten estas obras en el enlace:

» D E S C A R G A

MP3 CBR 224 kbps 48 Hz | 10 Tracks | .7z 84,9 MB | yandex.ru

Quiero dedicar esta entrada a mis queridos amigos venezolanos, que siguen batallando con el doloroso rescate de víctimas tras el trágico terremoto del 24 de junio pasado. A ellos les acompaño con el corazón, especialmente a mis queridos Carlos, Efrén, Daniela y tantos más. #PrayforVenezuela

viernes, 26 de junio de 2026

Aniversario de ABBADO | Schubert, Mendelssohn, Brahms

Claudio Abbado

Claudio Abbado


93 años habría cumplido hoy el inolvidable e influyente maestro italiano Claudio Abbado, nacido un 26 de junio de 1933 en Milán. Obtuvo temprano en su vida un reconocimiento e influencia que muchos otros sólo alcanzan tras décadas o post mortem. Y dicho reconocimiento no vino mediado por astucias comerciales ni contactos oportunos, sino por el propio, inmenso talento que demostró siempre el milanés. Fue extraordinario como director de ópera, subió a podios privilegiados (Londres, Berlín, Salzburgo, Viena) para hacer historia, inspiró a colegas, formó agrupaciones señeras, defendió la música contemporánea al paso que equilibraba como pocos su calor y apasionamiento mediterráneo con la profundidad del repertorio austro-germano, inscribiéndose en el linaje de los Toscanini y De Sábata, sin descuidar el repertorio francés o el eslavo.

Su estilo musical atravesó diversas fases, conservando siempre un sonido suntuoso a la vez que transparente, cayendo a veces en la tentación del control minucioso (como le ocurría también a Toscanini) pero, al paso que luchaba con la enfermedad, aprendió a rendirse ante el acontecimiento musical logrando una expresividad y trascendencia que sobrecogían los auditorios, como atestiguan sus conciertos en el Festival de Salzburgo.

En homenaje al genial director, les comparto un disco que recopila interpretaciones suyas de tres emblemas del Romanticismo germano, Schubert, Mendelssohn y Brahms, al frente de tres formaciones que dirigió con aplausos durante su vida: la Orquesta de Cámara Europea, la Orquesta Sinfónica de Londres y la Filarmónica de Viena.
Con ellas nos ofrece:
  • la Sinfonía «Inconclusa» en Si menor, de Franz Schubert
  • la obertura «Rosamunda» del mismo autor
  • la obertura «Las Hébridas», de Felix Mendelssohn
  • y una selección de las «Danzas Húngaras» de Johannes Brahms.
Basta pulsar la carátula del disco para ir a la descarga:
abbado

viernes, 20 de junio de 2025

Hasta siempre, Maestro Brendel

Alfred Brendel Feliz inmortalidad, maestro Brendel

Una nueva estrella refulge en el firmamento de la Música con mayúsculas: ha muerto (y ha entrado a la historia) Alfred Brendel (★ Wiesenberg, Moravia del Norte – actual Loučná nad Desnou, República Checa, 5 Ene. 1931 — ✚ Londres, Reino Unido, 17 Jun. 2025). Tuvo una vida extensa, 94 años, y una carrera artística rutilante frente al piano, aunque a la menor oportunidad él se desbordaba hacia su otra gran pasión, la literatura. Por unanimidad, el maestro checo fue celebrado como un gigante de la música, uno de los inmortales de su instrumento y gestor de un legado legendario, del cual muchos aplaudimos con especial fervor lo que logró con Schubert. Me atrevo a decir que fue mérito definitivo de Brendel darle a Schubert los laureles y la importancia que a mediados del siglo pasado aún tardaban en llegar.

Editorial Acantilado publicó en español el opúsculo De la A a la Z de un pianista donde Brendel, con estilo aforístico, estampó sabrosas reflexiones a propósito del arte que amó. Sobre su instrumento, el piano, dice allí: «Un violín es y sigue siendo un violín. El piano es un lugar de transformación. Cuando el pianista así lo desea, el piano permite sugerir la voz humana en el canto, el timbre de otros instrumentos, la orquesta, el arco iris, las esferas. Esa capacidad de transformación, esa alquimia, es nuestro mayor privilegio.»

Para homenajear al inolvidable Músico que acabamos de despedir —al que algunos amigos aludíamos afectuosamente como “The Boss”— comparto un recital suyo dedicado a dos sonatas de Schubert que él, cómo no, quiso introducir con una breve lectura, erudita, desafiante, salpicada por su infaltable sentido del humor.

¡Hasta siempre, maestro Brendel!



miércoles, 7 de mayo de 2025

Separen a los cumpleañeros

Brahms y Tchaikovsky disputan la torta

Dos grandísimos creadores comparten la torta de cumpleaños el día de hoy, 7 de mayo. Me refiero a Johannes Brahms (nacido en esta fecha el año 1833, en el puerto de Hamburgo) y a Piotr Chaikovsky (nacido este día el año 1840 en Vótkinsk, Rusia imperial). La distancia geográfica anticipaba la brecha que existiría entre ambos a niveles tanto personal como artístico, no por una intención deliberada o algún episodio concreto, sino simplemente por ser muy ajenos el uno al otro. En todo.

Mientras el alemán se afanaba por otorgar lógica y coherencia al tumulto del deseo, la inspiración o la pasión, valiéndose para ello de una arquitectura extraordinaria que domina cada obra por sobre el color instrumental o la libre melodía, el ruso no sabía ni quería contenerse: se desgarró a sí mismo en páginas sacudidas por una pasión abrasadora, una orquestación brillante y una capacidad melódica que a menudo alcanza la gloria.

Otra diferencia se sumaba a la anterior: su personalidad cotidiana era como el opuesto paradojal de su sello artístico. Así, el riguroso Brahms era un hombre que no sabía moderar su lengua impredecible, no temía ofender a sus iguales, marcado por su origen humilde, portuario; era abierto enemigo de la etiqueta al vestir, desmedido en la mesa y atropellador con sus íntimos, aunque también muy apegado a éstos. A su vez el desbocado Chaikovsky en cambio era un hombre fino, educado, pulcro, de trato ameno y con innata elegancia que causaba encanto a propios y ajenos, aunque sus más allegados conocían sus arranques de excentricidad. No extraña, pues, que al conocerse ambos artistas no congeniaran, como revelaron testigos de tales encuentros y ciertas páginas del diario de Chaikovsky.

Aun así, valoraron el quilate mutuo: se sabe de la impresión que causó la Quinta sinfonía de Chaikovsky sobre el alemán, y por su parte el ruso calificó a Brahms, en una de sus cartas, como “fuerza de la naturaleza”. ¡Gente contradictoria!

Lo bueno es que los melómanos podemos ser politeístas y celebrar a ambos genios por igual, sobre todo el día de su cumpleaños:


¡Felices 185 años, Piotr Ilich!


¡Felices 192 años, Johannes!

miércoles, 26 de febrero de 2025

BEETHOVEN y BRAHMS en arreglos de MAHLER y SCHÖNBERG


cover

Les traigo un disco estupendo, y en la actualidad bastante inubicable. Son dos obras “recreadas”, el Cuarteto nº 11 en Fa menor “Serioso” de Beethoven, trasladado por Mahler a una orquesta de cuerdas (como hiciera también con el Cuarteto “La Muerte y la Doncella” de Schubert), y el Cuarteto con piano en Sol menor de Brahms, en la orquestación de Arnold Schönberg que Uds. ya conocieron en esta misma página años atrás, bajo la batuta de Neeme Järvi.

Los intérpretes de esta ocasión son de gran nivel: la Filarmónica de Viena (para quien escribe, la mejor orquesta del mundo) y en la dirección, el húngaro Christoph von Dohnányi, consumado maestro que merece mucho más reconocimiento del obtenido hasta ahora. En este disco de 1996 los artistas interpretan con autoridad y fascinante riqueza estas “traducciones sinfónicas”. Me llama la atención el distingo que hace el disco al llamar arreglo la elaboración de Mahler, y orquestación lo hecho por Schönberg. Quizá se deba el matiz a que Mahler no alteró la textura tímbrica de la obra, que permanece en la familia de las cuerdas, mientras que Schönberg reemplaza atrevidamente la materia sonora original por otra muy distinta.

Pero no nos pongamos bizantinos. Disfrutemos esta vibrante interpretación... AQUÍ.

viernes, 31 de enero de 2025

Recordando a SCHUBERT

Schubert Bibelot de Schubert con la Sonata en La menor D. 784 como fondo

“Schwammerl” es un término alemán que significa “honguito”. Un ruidoso grupo de amigotes austríacos lo usaba como apodo para el más querido entre ellos, cierto regordete miope que medía 1,56 mt de estatura y era a la vez tímido, entusiasta… y muy, muy dotado cuando de música se trataba. Cada 31 de enero, como hoy, celebraban a Schwammerl del mismo modo que hoy lo hacemos en este blog: Feliz cumpleaños Franz Peter Schubert. La corta estatura resultó engañosa, porque el chico de las gafas era en realidad un Gigante que seguimos festejando, mientras nos embelesamos con su extraordinaria inspiración creadora.

Les dejo aquí un resumen biográfico a cargo de Alberto Musitaro:

Y por supuesto, la música: primer movimiento de la Sonata Arpeggione, escrita para la particular creación de un luthier vienés en 1823, y que luce como un híbrido de violonchelo y guitarra. Schubert escribió la única obra importante en la efímera existencia del instrumento. Les comparto esta música extraordinaria en versión de Nicolas Deletaille, arpeggione, y Alain Roudier, fortepiano, en una grabación de 2012 (por cierto, el trazo melódico inicial de cuatro notas, a cargo del piano, coincide con la melodía inicial de los bajos que abre la sinfonía “inconclusa”):

martes, 31 de mayo de 2022

Siempre es buen momento para un poco de SCHUBERT

El mes va terminando y sí, he publicado poco. ¡Cuánto quisiera encontrar el tiempo y la energía para compartir con ustedes algo cada semana! Planes no me faltan ni tampoco bosquejos de publicaciones, pero “no es soplar y hacer botellas”, como dice el refrán. En fin, ¿qué tal si por ahora obviamos todo esto y prestamos oídos a Schubert? No es mala idea, ¿cierto?

Esta vez comparto un famoso lied de Franz Peter, «El pastor en la roca» (D. 965 / op. póst. 129), en Si bemol mayor, una de esas obras que añade un instrumento obligado como acompañante de la voz (en este caso, el clarinete) aparte del piano. Escrita en 1828, esta magistral pieza se cuenta entre las últimas del genio antes de su prematuro y precipitado final. Como indica la Wikipedia:

Compuesta a pedido de la soprano austríaca Anna Milder-Hauptmann (la primera Leonora de “Fidelio”, única ópera de Beethoven) bajo expreso pedido de reflejar una amplia gama emocional y consumado virtuosismo vocal, es una larga canción cercana al “aria de concierto”. Se publicó un año después de la muerte del compositor y fue estrenada por la soprano en Riga [capital de Letonia] el 10 de febrero de 1830.

¡Que la disfruten, queridos amigos!


jueves, 28 de abril de 2022

BRAHMS & DVORÁK · Conciertos para violín · Stern, Ormandy, Filadelfia

Aquí dejo para ustedes una estupenda interpretación de dos de los conciertos para violín más hermosos del siglo XIX (y también de toda la literatura musical): el Concierto en Re mayor de Johannes Brahms, y el Concierto en la menor de Antonín Dvorák. Los intérpretes: Isaac Stern, violín solista, la Orquesta de Filadelfia y en la dirección, el maestro húngaro Eugéne Ormandy.
» D E S C A R G A
MP3 CBR 320 kbps 48 Hz | 6 Tracks | .7z 154,72 MB

martes, 5 de abril de 2022

125 años de Brahms

Brahms Un joven Johannes Brahms

Me ha costado arrancar el año, y la guerra de Rusia contra Ucrania es uno de los factores. La invasión desató fantasmas que creíamos haber ahuyentado. Pensamos que nuestro progreso material y tecnológico equivalía a una elevación espiritual, a un nuevo peldaño de la aventura humana. Nos felicitamos por tal hazaña. ¡Qué error!

Otra vez la arrogancia, otra vez la ambición, otra vez la confusión. Duelen las noticias. Duele ver a las víctimas huyendo, cuando pueden, de las ciudades bombardeadas. Imágenes crudas, nos demuestran que nuestros libros de historia no hablan sólo del pasado sino a menudo del futuro.

En medio del espanto caen la verdad y la cultura entre las víctimas. La verdad ahogada por la propaganda, ese refinado nuevo frente de guerra que va al asalto de las redes sociales; y la cultura, anulada selectivamente por una discutible “sensibilidad” que, al menos en mi opinión, no pasa de fingimiento moral. Y por lo mismo, pensé realizar una primera publicación pugnando por la validación de la cultura rusa como genuina contrapartida de la barbarie… pero Brahms ha cumplido 125 años desde su fallecimiento y no lo pasaré por alto.

Cortejo fúnebre de Brahms / 6 de abril de 1897, Viena, 2:30pm

El gran Johannes partió de este mundo un 3 de abril de 1897, víctima de la misma enfermedad que había acabado con su padre: cáncer de hígado. Tenía 63 años. Había fungido sin pretenderlo como emblema antiwagneriano y representante de la música alemana más conservadora… lo que fue un gran malentendido, por reduccionista, respecto de su creación. Por supuesto que Brahms veneraba a los maestros del pasado como muy pocos más (tal vez Taneyev) y por ello fue acusado por sus críticos (pienso en Wolff o en Nietzsche) de basar su obra en el plagio deliberado. Lo que estos “entendidos” no veían era la reconstrucción y modernización llevada a cabo por Brahms de las técnicas pasadas, como quien rescata un arsenal de herramientas olvidadas para darles nuevo uso. Schönberg, nada menos, lo vería muy claro y rompería lanzas defendiendo ese gran logro.

En recuerdo de su partida, y como tributo a las víctimas inocentes de la guerra contra Ucrania, les comparto una grabación del Réquiem alemán («Ein deutsches Requiem»), la obra que hizo el nombre del compositor en el difícil mundo musical que le tocó vivir. Piénsenlo: no era fácil destacar cuando tus contemporáneos se llamaban Wagner, Liszt, Berlioz, Raff, Bruckner, y además los estándares de referencia se llamaban Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Mendelssohn… Pero la timidez de Brahms escondía un terco convencimiento de la propia valía. Y cuando finalmente estrenó su Réquiem en la catedral de Bremen, logró que el mundo supiera que había un verdadero maestro en ese muchacho de Hamburgo.

Disfruten esta cuidada versión a cargo de Nikolaus Harnoncourt, el Coro Arnold Schoenberg, Genia Kühmeier (soprano), Thomas Hampson (barítono) y la Filarmónica de Viena:

» D E S C A R G A

MP3 CBR 224 kbps · 48 kHz | 7 tracks | .RAR 122,42 MB | Yandex.ru

lunes, 1 de noviembre de 2021

“Erlkönig” en transcripción para cello y orquesta

Haitink

Tomando la estela del Día de Difuntos les comparto una pieza músical que pertenece al, si pudiéramos llamarlo así, género espectral, ese mundo fantástico y sobrenatural que tanto capturó la imaginación del romanticismo germano. Se trata del celebérrimo lied “Erlkönig”, El Rey de los Alisos aunque se refiera realmente al rey de los elfos, espíritu que merodeaba los profundos bosques de la antigua Europa arrebatando las almas de los moribundos.

Schubert creó una joya a partir del poema original de Goethe (que tuvo, por cierto, otras traducciones musicales). Y como todas las obras maestras, esta balada para voz y piano ha sido trasvasada a nuevas combinaciones sonoras para explorar sus inagotables posibilidades expresivas.

En esta ocasión les comparto un clip protagonizado por la ascendente estrella del cello Camille Thomas en una versión del lied donde su instrumento asume el sitio de la voz humana (algo que el cello logra como pocos más). El acompañamiento orquestal está tomado de la transcripción realizada nada menos que por Héctor Berlioz…

Disfruten esta maravilla, en que el apartado visual tiene también gran importancia: cada personaje de la balada (narrador, padre, hijo, espectro) es sugerido por cambios de escenario en torno a la cellista:

sábado, 7 de agosto de 2021

SCHUBERT · Sinfonía en Do mayor “La Grande” dirigida por Blomstedt

Herbert Blomstedt, un gozoso adolescente de 94 años arriba del podio

Una de las mejores cosas en contexto de pandemia (porque sí, también hay cosas buenas) ha sido la multiplicada oferta de música on-line que artistas del mundo entero se esmeran en producir, para así salir adelante. Orquestas eminentes han enriquecido sus canales con versiones de las grandes obras del repertorio. Es fácil toparse con joyas. Y comenzando este fin de semana les comparto una que me ha encantado.

El veterano director Herbert Blomstedt, que no hace mucho celebró 94 años de vida, dirige a la estupenda orquesta NDR (antes Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania, y desde 2017 Orquesta NDR de la Filarmónica del Elba) en la Sinfonía en Do mayor “La Grande” de Franz Peter Schubert. Blomstedt ha sido un traductor privilegiado de este compositor en muchas ocasiones —algo de eso ya les he compartido antes en esta página— y su inspirada conexión con esta música no ha perdido un átomo de integridad. Más aún, sus años desaparecen cuando sube al podio para dirigir la obra.

Así pues, amigos, que esta sinfonía y este director nos alegren los días del fin de semana.

sábado, 3 de abril de 2021

BRAHMS · In Memoriam

Johannes Brahms / imagen mejorada por mi amigo Carlos Suazo

Un 3 de abril de 1897, sábado, falleció en Viena Johannes Brahms, víctima de cáncer al hígado. Tenía 63 años. Muchos consideran que su muerte cierra todo un ciclo de la música: con él se despiden los antiguos linajes artísticos que remontan a Bach, Schütz o aun antes, cultores de un artesanato que abarcaba lo cotidiano y lo sublime; en adelante, la música alemana seguiría principalmente la grandilocuencia de Wagner y llegaría a los límites de la tonalidad, hasta romper con todo en la revolución de Schönberg mientras el antiguo mundo europeo se venía abajo con cruentas guerras mundiales.

Hay quien dice que la melancolía otoñal presente en la música de Brahms era un claro anticipo de ese final. Lo cierto es que para él ningún final ha llegado: su música sigue vigente e influyente, cautivando con su particular equilibrio de potencia casi áspera aliada a momentos de delicadeza y genuina ternura.

Así pues, amigos, hoy les invito a escuchar música del barbudo maestro de Hamburgo y evocar la famosa divisa de la música germana: Bach, Beethoven… y Brahms.

Arriba, una prueba de vigencia: durante la primera ola de la pandemia en Europa, el año pasado, la talentosa mezzo Adèle Charvet encontraba consuelo en la música de Brahms

jueves, 17 de septiembre de 2020

SCHUBERT • Melodía húngara para piano, D. 817

El gran Franz Schubert junto a los amigos que disfrutaron su talento

Franz Schubert es parte de mi panteón: su música cautiva, no con el talante heroico y a veces sobrehumano de un Beethoven, sino con la capacidad de contener una inefable humanidad “de dulce y de agraz”, siempre espontánea.

Hoy sólo les compartiré una página para piano de engañosa sencillez. Se trata de la “Melodía húngara”, D. 817. Dicha pieza fue compuesta el 2 de septiembre de 1824 mientras Schubert vivía una temporada en Hungría como preceptor de las hijas del Conde Johann von Esterházy. Se dice que escuchó la melodía canturreada por alguien en la cocina del castillo Zseliz, su lugar de residencia entonces. Haría una segunda versión para dos pianos en su Divertimento a la húngara nº 3 — y además se percibe alguna semejanza con el famoso Momento Musical nº 3 en Fa menor.

Hay variadas interpretaciones de la obra, a veces con ritmos vivos, exhibiendo la urgencia temperamental e improvisatoria que se atribuye a lo zíngaro, y otras veces a tempo más pausado que permite desprender mejor esa emotividad lírica tan propia de Schubert. Hoy les dejo una versión ajustada a esta segunda opción. La pianista es la impecable Dora Deliyska en un precioso (por sonido y estética) piano Bösendorfer Imperial — ¡ideal!:

jueves, 7 de mayo de 2020

RECORDANDO a JOHANNES

El joven Johannes en sus años sin la famosa barba

Ustedes lo sospechaban, y tenían razón: no dejaría pasar este día sin celebrar a Johannes Brahms, cuando se cumplen 187 años desde su nacimiento en una oscura habitación de un lamentable edificio en un barrio portuario que ya no existe más (★ Hamburgo, 7 Mayo 1833 — ✚ Viena, 3 Abril 1897). Desde ese pobrísimo punto de partida, Brahms descollaría con talento y carácter a veces hosco y arrogante —él mismo sabía que era un hombre difícil— pero con “una estrella en la frente”, la de su genio.

Las brumas del Mar del Norte siempre lo acompañarían pero la vida lo condujo lejos, al sur, a Viena, la radiante urbe que amaba la música, añoraba a Beethoven y Mozart y se sintió intrigada ante ese joven de aspecto encantador. Al fin, la capital austríaca lo contaría entre sus hijos más queridos. Brahms correspondería ese afecto y acogería el encanto particularísimo que vibraba en esa ciudad, en medio del crepúsculo de toda una era. Gran parte de la dulzura y nostalgia de su música procede de ese contexto.

Por eso he querido recordarlo hoy con transcripciones que hacen un guiño a esa Viena de Brahms: destaco, arriba, el famoso Intermezzo en La mayor op. 118 nº 2, arreglado para piano y clarinete. Y aquí les dejo una playlist con creaciones brahmsianas arregladas a la manera de la música vienesa por antonomasia, la Schrammelmusik, estilo que hasta hoy sigue vigente y que Brahms gozó en su origen escuchando a sus creadores, los mismísimos hermanos Schrammel.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Cuando un joven BRAHMS daba autógrafos

Brahms

Hacia 1850 Arnold Wehner era director musical en Göttingen, famosa ciudad universitaria y también centro artístico del norte de Alemania. Una de las ventajas de su trabajo era el trato personal con los intérpretes y compositores de paso, pues organizaba las comidas con que la ciudad los agasajaba. Wehner mantuvo puntualmente un libro de visitas (“Album Amicorum”) y pidió a sus ilustres invitados que lo firmaran; así es como encontramos en sus páginas a Robert Schumann agradeciendo su hospitalidad o a Felix Mendelssohn elogiando la cocina.

Pero, si la costumbre era escribir unas palabras amables y añadir, ojalá, un par de notas en un pentagrama rápido a mano alzada, Johannes Brahms desbordó la medida…

Era junio de 1853. El violinista húngaro Ede Reményi, chispeante solista de música zíngara, había reclutado al jovencito de Hamburgo como pianista en una gira de conciertos. Una de sus paradas los llevó a Göttingen y a la casa de Wehner. Johannes tenía apenas 20 años y quería labrarse un nombre. Ambicioso, no dejó una simple firma en el libro de Wehner; anotó zur Erinnerung Johannes Brahms (en memoria de Johannes Brahms) y escribió toda una composición para piano en La menor. Allí se quedó, a salvo. La meticulosa destrucción de manuscritos juveniles en que se empeñaría Brahms años más tarde, enemigo de sus “indiscreciones musicales”, no alcanzó este autógrafo.


¿Y el manuscrito?

El libro de autógrafos atravesó el resto del siglo XIX y todo el siglo XX protegido por una afortunada ignorancia. En 2011 fue descubierto por la casa de subastas Doyle de la ciudad de Nueva York, donde el “Album Amicorum de Arnold Wehner” fue vendido en U$158,500. Una anécdota entretenida es que la autoría de esta pieza en particular fue catalogada con ayuda del Dr. Michael Struck del Johannes Brahms Gesamtausgabe de Kiel (Alemania), pero unos meses después medios ingleses afirmaron que el director de orquesta y musicólogo Christopher Hogwood había descubierto la obra y que el estreno mundial iba a ser realizado por András Schiff.

Chismografías y celos apartes, estamos frente a una notable muestra de genio del Brahms juvenil. La “Hoja de Álbum” (Albumblatt) es una miniatura, sí, pero perfectamente concebida con tema, desarrollo y final. Así de generoso era Brahms cuando daba autógrafos...


Partitura en PDF

domingo, 24 de marzo de 2019

Dos Sinfonías Inconclusas

«Acantilados de Chak en la isla Rügen» / Caspar David Friedrich, 1825-26
Dos enormes creadores austríacos, como fueron Schubert (1797-1828) y Bruckner (1824-1896), tienen mucho en común, pese a los años que separan las etapas creadoras de sus vidas.

Por supuesto los contextos difieren: en un caso nos encontramos al Romanticismo temprano, todavía con modos clásicos pero melancólico hasta la médula, apasionado y entusiasta; en el otro, ese Romanticismo se ha “hinchado” con complejidades armónicas, experimentación formal y densidad instrumental, tal como lo redefinió Wagner con su obra, volviéndose ampuloso y grandilocuente.

¿Qué punto de encuentro queda, pues, entre Schubert y Bruckner?

Varios. Ambos fueron de extracción popular y su arte comunica esa sensibilidad con filtro de genio. Ambos conservaron la capacidad de encantarse con la vida común y desde ella construyeron sus obras. Ambos fueron también ejemplos de ese milagro del arte en que una persona opaca (socialmente hablando) forja universos llenos de vida, chispa y belleza, a despecho de las penalidades humanas, demasiado humanas, que afligen su existencia cotidiana.

Cierto que una lista así esbozada puede contener a muchos otros genios, pero hoy me ocupo de una coincidencia adicional entre los titulares de este artículo: ambos firmaron una famosa Sinfonía inconclusa. Y muy famosa. Schubert nos legó su Octava y Bruckner, su Novena. En el primero, no conocemos realmente los motivos que lo hicieron abandonar la composición, aunque fue un autor que dejó muchas cosas a medio camino en su extenso catálogo. Del último sí lo sabemos: era ya un hombre anciano y frágil que no tuvo fuerzas para completar el movimiento final, aunque lo dejó muy avanzado y como sospechaba Nikolaus Harnoncourt, posiblemente el material que falta al manuscrito se haya perdido porque otros se llevaron “recuerdos” una vez muerto el maestro.

El caso es que oficialmente ninguna de las dos sinfonías fue completada, pero en ambos casos la obra fragmentaria es tan buena que parece no necesitar nada más.

Wagner y Bruckner juntos en Bayreuth / siluetas de Otto Böhler …aduladoras con Wagner, porque éste medía 1,66 mt y Bruckner 1,74

Mencioné antes a Wagner y no fue al azar: Bruckner se consideró siempre discípulo del “Mago de Bayreuth”, arrojando al molde sinfónico toda la novedad armónico-tímbrico-instrumental de su mentor; es simplemente imposible la obra del organista de San Florián sin el antecedente wagneriano. Pero a la vez el nexo con Schubert es notable, porque Bruckner se vincula también, y profundamente, a esa escuela alemana anterior y ajena a Wagner [digamos el Romanticismo poco-beethoveniano y nada-wagneriano] que retrocede hasta Haydn [clasicismo, pre-romanticismo]. Es increíble que un solo hombre tenido por timorato, simplón y “mitad idiota, mitad genio” (agridulce sentencia de su alumno Mahler…) haya podido lograr una síntesis plena y orgánica de influencias tan dispares, a contracorriente de la moda y en pleno epicentro del gusto conservador como era la ciudad de Viena, donde fue a residir hasta el fin de sus días. En muchas ocasiones “los últimos, los menospreciados, serán los primeros...” del Reino del Arte.

WandIntérprete privilegiado del repertorio centroeuropeo fue el longevo director alemán Günter Wand (1912-2002). Kapellmeister de pura cepa, Wand fraguó sus dotes musicales en escenarios menos notorios del ámbito germano (evito adrede la palabra «secundarios» por las cotas de calidad que fue capaz de alcanzar) como la Orquesta Gürzenich (orquesta filarmónica de la ópera de Colonia, que asume este nombre para los conciertos puramente instrumentales); la Sinfónica de Berna, Suiza; la Sinfónica de la Radio de Colonia; la Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania (NDR), amén de una brillante carrera como director invitado en los principales podios europeos y americanos.

Wand se había ganado una reputación como director de «integrales sinfónicas» cuando, siendo ya un veterano, abordó desde 1977 los ciclos de Schubert y Bruckner, convirtiéndose desde entonces un intérprete referencial de este último compositor.

Con estos verdes laureles sobre sus canas llegó a Tokio el año 2000, al frente de su orquesta NDR, ofreciendo un concierto con las dos sinfonías inacabadas. Tan perfecta velada sinfónica ilustra las palabras con que Wikipedia define al director:

Sus ejecuciones son muy apreciadas por la precisa atención en el detalle y el exquisito cuidado en materia de corrección estilística. Sin ser considerado como una de las más grandes figuras de su época debido a lo tardío de su consagración, Wand ofreció lo mejor de sí mismo al final de su carrera coincidiendo con su período de máxima madurez.
D E S C A R G A

MP3 ABR ~ 320 kbps · 48 kHz | 5 tracks | JPGs | .7z 195 MB | Yandex.ru

sábado, 7 de abril de 2018

MENDELSSOHN · PAULUS op. 36 · Masur, Janowitz, Adam etc.

San Pablo Escultura de San Pablo Apóstol en la Basílica de San Pedro, Vaticano

Abordemos la temática sagrada que la época amerita. En esta ocasión les propongo el Oratorio “Paulus”, op. 36, del insigne Félix Mendelssohn (* Hamburgo, 3 Feb. 1809 — † Leipzig, 4 Nov. 1847).

 

La fe de los románticos

La espiritualidad del Romanticismo no se avino con fronteras teológicas, como era de esperarse, pero sí demostró una particular sensibilidad ante la noción de Misterio. Aflora unas veces como místico deslumbramiento ante el Cosmos, guardando distancias con la precisión teológica —antecedente claro asoma en los oratorios de Haydn, en especial La Creación—.

Otras veces prolonga esa especie de “humanismo trascendente” que vibra con tanta fuerza en obras de Beethoven —Novena Sinfonía, Missa Solemnis— y en donde la concepción de lo divino se emancipa de un credo específico, o incluso, como en su mejor heredero, el Réquiem Alemán de Brahms, se evita cuidadosamente. El ansia liberadora que pugna en los artistas del período escapa también de marcos litúrgicos —como en la desmesurada Gran Misa de los Muertos del no menos desmesurado Berlioz— convirtiendo oficios religiosos en verdaderos conciertos —la citada Missa Solemnis, la Misa Húngara de la Coronación, de Liszt, el Te Deum de Berlioz, la Misa ‘Freischütz’ de Weber, que reelabora melodías de su popular ópera, entre otros ejemplos—, mezclando lo sacro, lo profano y lo legendario o hasta representando el sentimiento religioso por medios puramente instrumentales, como hizo Schumann en el cuarto movimiento de su Sinfonía nº 3, inspirado por la Catedral de Colonia.

Por su parte, Mendelssohn tuvo la rara capacidad de “innovar a partir del pasado”. A su facilidad para conjurar el mundo feérico, a su elegancia y su fluidez melódica, Mendelssohn añadía vínculos de admiración profunda hacia Johann Sebastian Bach. Su maestro, Carl Zelter, tuvo mucho que ver; pero también influía la muy reciente conversión de la familia al protestantismo, una decisión pragmática con miras a sacudirse los prejuicios asentados contra los judíos y ocupar un sitio en la élite alemana. Por lo mismo, los Mendelssohn nutrieron los vínculos con la identidad religiosa de su país de adopción. Y la música sacra de Bach es un hito absoluto de tal repertorio.

Felix Mendelssohn, en consecuencia, creó obras de inconfundible carácter romántico que también guardan reverencia por las formas y la tradición. Su portentoso talento logra brillar pese al corsé del convencionalismo. Nos legó dos Oratorios, el primero de ellos sobre un judío converso, nada menos: Saulo de Tarso, más tarde venerado por los cristianos como San Pablo Apóstol.

El oratorio Paulus, op. 36, es la obra que les invito a escuchar en esta ocasión. Sus intérpretes: Gundula Janowitz, Rosemarie Lang, Hans Peter Blochwitz, Theo Adam, Gothart Stier, Hermann Christian Polster, el coro de la Radiodifusión, el coro de niños y la orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, todos dirigidos por Kurt Masur.

La maravillosa aria «Jerusalem, Jerusalem, die du tötest die Propheten», sólo una muestra de la hondura y belleza que podía alcanzar Mendelssohn
» D E S C A R G A

MP3 ABR ~224 kbps | 48 kHz | 41 tracks | .7z 205,8 MB

martes, 3 de abril de 2018

In Memoriam BRAHMS

BrahmsJohannes Brahms fotografiado por Fritz Luckhardt (1882)

Un 3 de abril de 1897, sábado, falleció en Viena Johannes Brahms, víctima de cáncer al hígado. Muchos consideran que su muerte cierra todo un ciclo de la música: con él se despiden los antiguos linajes artísticos que remontaban a Bach, Schütz o aun antes, cultores de un “artesanato inspirado” que abarcaba lo cotidiano y lo sublime, en acatamiento a una tradición considerada un tesoro para nutrirse uno mismo y al cual aportar nuevos caudales.

Con la desaparición de Brahms, la música alemana seguiría principalmente la estela grandiosa de Wagner y llegaría a los límites de la tonalidad, hasta romper con todo en la revolución de Schönberg mientras el antiguo mundo europeo se venía abajo con cruentas guerras mundiales.

* Respecto de lo anterior, acotó mi amigo Carlos Sala, “aun así, Schoenberg lo tomaba como modelo para el trabajo temático y de la variación constante. Intérpretes de música del siglo XX, recomiendan cantar Schoenberg con la misma carga emocional que hacen con Brahms”.

Yo soy un brahmsiano, y eso ustedes ya lo saben (también un schubertiano, lo cual es perfectamente afín). Hoy es un día para escuchar alguna de las cuatro sinfonías del barbudo maestro de Hamburgo, y para repetir la famosa divisa de la música germana: Bach, Beethoven y Brahms.

 

miércoles, 28 de febrero de 2018

Un momento fuera del tiempo: SCHUBERT “Andantino” de la Sonata en La Mayor D 959

Gafas originales de Franz Schubert
 

Si algo le debo a la Música, es que me permita tan a menudo estremecerme de Asombro. Y en esto tengo el mejor Seguro de Vida que haya contratado nunca. Esta posibilidad, además, opera como remedio contra la amargura, e incluso como freno contra la vejez. ¿Qué más juvenil que el entusiasmo? Tomen nota de eso, amigos míos, y “automedíquense”: permitan que la Música los arrebate.

* Advertencia de “usuario frecuente”: ni el asombro ni demás tónicos descritos en el párrafo anterior se traducen como alegría facilona. El auténtico arte no elude la vida tal como es, con sus alturas, sus llanos y sus abismos. Lo que hace es transmutar esa misma vida. Veamos a Mozart, maestro de una alegría dorada que nos legó también la primera gran escena de terror —me parece— de la ópera moderna en la aparición del Convidado de Piedra, el Commendatore que irrumpe al final de la ópera Don Giovanni como ejecutor inexorable de justicia divina.

SchubertCon Schubert sucede otro tanto. Ese genio austríaco al cual me estoy volviendo cada vez más adicto volcó en la música toda la tristeza de quien sabe que está condenado a morir muy pronto (padecía una enfermedad incurable para su época). Pero supo convertir tamaña angustia en música tan conmovedora, que puede detener los relojes. Eso me sucedió por ejemplo al toparme con el Andantino en Fa sostenido menor, segundo movimiento en su Sonata en La Mayor D 959, una de las tres últimas sonatas compuestas por el genio — publicadas a título póstumo muchos años después.

Se repite una y otra vez que Schubert fue quizá el mejor melodista de la historia. Una afirmación muy, muy probablemente cierta... pero que uno no entiende de veras hasta que oye melodías como las de este Andantino, escrito dos meses antes de morir, que parece venir desde otra esfera. Música de una tristeza infinita, endulzada con grandes dosis de ternura, interrumpida por una rebelión que agita con violencia la partitura, para finalmente ceder a la resignación...

Les comparto dos versiones conmovedoras: la del gran Wilhelm Kempff y la de Mitsuko Uchida, un milagro de expresividad:

 
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