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miércoles, 6 de julio de 2011

Como hoy, hace dos años

Kittelsen
«Castillo de Soria Moria» (1900)
Theodor Kittelsen


Su memoria es ineludible para muchas personas: ese carácter irascible, tremebundo, esa prontitud a la porteña para barrer con quien le disgustara, ese corazón ancho donde rápidamente acomodaba a sus amigos, esa devoción por Mahler, ese fervor por la belleza allá donde pudiera haberla —en una obra musical, en una mujer, en una pieza literaria, en una conversación—, esa energía que parecía inagotable, con la cual espoleaba jocosamente a sus colaboradores cuando no le llevábamos el ritmo... Todo eso se nos fue un día 26 de junio hace dos años, tras un fatídico derrame cerebral. Hablo, desde luego, de Gabriel “el Cuervo” López, que pasó por la Internet como un huracán, y en memoria del cual habrán encontrado más de un homenaje en estos días, en páginas de amigos suyos que siguen recordándole con terco cariño, a despecho del tiempo.

Pues bien, fui uno de esos amigos. Y tengo la fortuna de seguir vinculado a bastantes otros más que conocí en el blog de Gabriel. Él mismo, orgulloso de esa activa concurrencia, llegó a soñar una cita colectiva en Buenos Aires, proyecto que la muerte impidió. Quizá la falta de una relación personal con él, en carne y hueso, multiplicó el impacto que me provocó el término de su blog. Era del todo previsible. Tenía que suceder. Pero, habiéndome habituado al lazo “virtual”, el final de su página, de su “hábitat”, fue para mí el definitivo final, el momento en que comprobé el significado de su ausencia.

Por eso esta vez elegí recordarlo, no en su exacta fecha necrológica, 26 de junio, sino cuando cesaron oficialmente las publicaciones de su blog, el 6 de julio. Un día como hoy, hace dos años.


Pero no hay membranza justa de Gabriel sin música de Mahler. Así, publico hoy un registro de la Sexta Sinfonía, »Trágica«, en La menor. ¿Qué puede haber en esta obra para merecer esa denominación, cuando la producción entera de Mahler transcurre bajo el signo de lo trágico? Que esta Sinfonía representa una confrontación con la Muerte, en la cual ésta acabará por triunfar: el Finale concluye de manera violenta, dramática, a diferencia de todas las otras sinfonías del maestro bohemo. Compuesta entre 1903 y 1904, la Sexta es una obra compleja y pesimista —aunque hiciera rebosar de gozo a Berg y Webern tras la primera audición— que distona con las felices circunstancias existenciales del compositor al momento de escribirla. La disposición de los movimientos “interiores”, un Andante y un Scherzo, causó algunas vacilaciones en el compositor, quien los intercambió varias veces hasta dejarlos al fin según el plan inicial, esto es, con el Scherzo como tercer movimiento. Fue motivo de burlas el interés de Mahler por explorar instrumentos nunca antes usados en una sinfonía, sobre todo en el ámbito de la percusión: celesta, xilófono, látigo, martillo (Hammerschlag), cencerros...


Carátula del discoDisfruten esta Sexta —en el decir de Berg “la única Sexta, a pesar de la Pastoral”— en versión del extraordinario Iván Fischer y la Orquesta Festival de Budapest, a quienes cuento entre mis equipos musicales favoritos.

» D E S C A R G A

MP3 VBR | 48kHz | 4 tracks | scans | RAR 131,1 MB


miércoles, 16 de marzo de 2011

DVORÁK: LEYENDAS, op. 59 | Iván Fischer · BFO · @MP3

cover

La música de Antonín Dvořák está impregnada del aroma de los bosques y los campos checos. Esa identificación es tan irresistible que se ha vuelto un tópico… del todo justificado.

En su frescura, su calidez y espontaneidad, Dvořák coincide como pocos con Schubert. Ambos creadores se enamoraron de la vida popular, común y corriente, que nada tiene de anodino. Ambos poseyeron un instinto singular para tomar los corazones desde esa cotidianeidad y remontarlos a emociones e intuiciones amplias, casi diría trascendentales. Conocen, en fin, la magia que hace saltar una estrella desde el suelo.

Leyenda, Op. 59 nº 1, de Dvořák

No hay mejor argumento para fundamentar mis palabras que la misma música de Dvořák, esta vez la suite “Leyendas”, Op. 59, en la transcripción orquestal realizada por el propio compositor. Las diez piezas que integran este número de opus fueron escritas primero para piano a cuatro manos, entre el 30 de diciembre de 1880 y el 22 de marzo de 1881, y dedicadas ni más ni menos que a Hanslick, el severo árbitro del gusto musical vienés, quien las tuvo en mucho aprecio. De hecho, Hanslick (que había nacido en Praga como miembro de una familia de habla alemana) venía brindando amplio respaldo a su modesto compatriota desde 1874; simpatía que pronto sería compartida por el más influyente compositor de Viena, Johannes Brahms.

Los buenos oficios de estos admiradores poderosos propulsaron la carrera del checo; por ejemplo, el prestigioso editor Simrock, de Berlín, editó por mediación de Brahms los Duetos moravos y la primera colección de Danzas Eslavas. El gran resultado comercial de estas partituras lo espoleó a comisionar nuevas obras al compositor, quien no tardó en remitir la colección que da título al presente disco.

Dvorák

Dvořák no explicitó referencias para estas “Leyendas” (y es comprensible, una vez que la música programática era cosa de la Nueva Escuela Alemana, cuyo gran adalid era Wagner, odiado por Hanslick, el dedicatario de la obra). Hay quien sugiera probables alusiones a los santos de su patria, inspirado en las “Leyendas de San Francisco” que compusiera Liszt para el piano. El caso es que estas páginas están llenas de reminiscencias checas en el uso de formas danzables y de melodías con sabor campesino, como también imbuidas de un clima contemplativo que las vuelve mucho más íntimas que las anteriores “Danzas Eslavas”. También, los giros armónicos inesperados y la exquisita “orfebrería” de voces entrelazadas nos muestran al gran maestro de 9 sinfonías. La instrumentación de las piezas ocupó a Dvořák entre el 13 de noviembre y 9 de diciembre de 1881, con estupendos resultados tímbricos.

El disco incluye otras obras de pequeña factura, las Miniaturas, el Nocturno en Si mayor y los Valses de Praga, pensados para el Club Nacional de la capital checa y su baile para festejar 30 años de existencia. Cinco valses hilvanados con vigor, encanto popular y eficacia instrumental, que redondean este disco bajo la fresca y vital dirección de Iván Fischer y su Orquesta Festival de Budapest.

» D E S C A R G A

MP3 CBR 320 kbps | scans | 16 Tracks | RAR 155 MB | Yandex

sábado, 6 de febrero de 2010

LA ORQUESTA FESTIVAL DE BUDAPEST / KOSSUTH

Concierto inaugural de la Orquesta Festival de Budapest


No creo estar muy perdido si considero a la Orquesta del Festival de Budapest una de las mejores formaciones de Europa. Fundada en 1983 por Iván Fischer y Zoltán Kocsis, la orquesta tenía el propósito de reunir a virtuosos solistas y dar unos pocos conciertos cada temporada. El éxito obtenido cambió los planes, y la que fuera concebida como agrupación temporal se transformó en estable, amplió su agenda de conciertos e inició giras más allá de las fronteras húngaras, generando además una considerable nómina de grabaciones referenciales.

Fischer y Kocsis contaban con una ventaja: la impecable calidad de los músicos formados en el Conservatorio Franz Liszt. Que era una orquesta de virtuosos fue un hecho establecido el día mismo de su primer concierto... acontecimiento que por fortuna ha quedado registrado. Ocurrió el 26 de diciembre de 1983, y arriba podemos revisar algunas escenas de aquella ocasión, con fragmentos de Glinka, Brahms y Johann Strauss. La orquesta ya tenía entonces lo que un crítico definió así: “un sonido centroeuropeo propio, de cuerda delgada, madera oscura y metal seco”. Es notable el fervor del público, la eléctrica dirección de Fischer y la jocosa aparición de Kocsis.

¿Se imaginan que se hubiera podido grabar también el primer concierto de la Filarmónica de Viena, recién fundada por Otto Nicolai en 1842? Bueno, me asalta una sensación parecida cuando repaso el video. Del trasfondo político (que lo hay) ya habrá ocasión de hablar; por ahora, allí está el nacimiento de una gran orquesta.


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Como dije, las grabaciones del equipo Fischer-OFB han cosechado amplios elogios merced a sus méritos musicales. La obra de Béla Bartók constituye una de sus mejores bazas: la revista Grammophone aplaudió el álbum de 1999 con música orquestal bartokiana cuyo repertorio casi imita la “arquitectura de arco” tan amada por el compositor, pues figuran tanto la última obra orquestal que logró terminar, el Concierto para Orquesta, como también la primera de todas ellas, Kossuth, poema sinfónico a gran orquesta mediante el cual un joven de 22 años estrenaba su propia voz, todavía influido por Richard Strauss, Ernő Dohnányi y otros grandes contemporáneos. Esa es la obra que les comparto hoy. PINCHAR EN LA IMAGEN DEL COMPOSITOR


 
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