domingo, 7 de noviembre de 2010

‘Nunca fue tan sonora la voz del Eácida’


Suite en Re mayor, 3er. mov. (Henry Purcell)

por Itzel Valva


El conjunto de obras que a continuación les presentamos pertenecen a distintos compositores y a tres períodos de la música europea. Pero todas ellas tienen algo en común: son obras de carácter eminentemente religioso, conceptualizadas para ser interpretadas en el interior de un templo, con la consabida espectacularidad que la imagen sonora produce en un espacio semejante. Además, son obras escritas exclusivamente para trompeta y órgano, lo que reditúa en una brillantez sonora poco frecuentes pese a la austeridad de medios.

La primera obra es la Sonata en re mayor de Henry Purcell (1659-1695).

Considerado el más grande compositor inglés de todos los tiempos, Purcell se dio a la tarea de desarrollar un estilo de composición que alejó la música inglesa de los estilos francés e italiano de manera definitiva. La Sonata, escrita cuando era Organista de la Abadía de Westminster, y al parecer contemporánea de la Música de escena para Theodocius, está divida en tres breves movimientos: Pomposo, Andante maestoso y Allegro ma non troppo. A pesar de su escasa duración (apenas tres y medio minutos en total), durante su escucha no podemos menos que sentirnos deslumbrados de la suntuosidad del brillante sonido de la trompeta que contrasta a la perfección con los acordes, a veces dulces, a veces severos, de un órgano ante todo reconciliador. El muy pequeño diálogo establecido entre ambos instrumentos durante el tercer movimiento es realmente sobrecogedor.

Georg F. Kauffmann (1679-1735), nacido en Turingia, es otro más de los compositores que injustamente la historia olvidó. Organista y Maestro de Capilla de la corte de Sajonia, su obra es básicamente de corte sacro y pensada para órgano y voz. Los 3 corales que aquí presentamos pertenecen a su Harmonische Seelenlust, recopilación hecha en vida de sus corales para órgano. Al parecer fue Wilhelm F. Bach quien realizó la transcripción para trompeta y órgano, pero como quiera que sea, es imposible no sentirse atraído por la atmósfera pastoral y reconfortante que de su música se desprende.

Las siguientes dos obras pertenecen a compositores que vivieron durante el clasicismo centroeuropeo.

De Christian Gotthilf Tag (1713-1780) puede decirse muy poco. Tal vez sólo que fué chörsanger y en 1755 organista principal de la Catedral de Leipzig, además de  que todas sus obras son de carácter espiritual. Agregar que en el arreglo para trompeta y órgano de su pequeño coral Befiehl du deine wege que les ofrecemos, es de notarse el bello fraseo del órgano y la cromaticidad del tema expuesto por la trompeta.

Johann Ludwig Krebs (1713-1780), de quien procede el cuarto trabajo, fue uno de los alumnos más queridos de J.S. Bach. Siendo Organista de la Iglesia de Santa María en Altenburg, compone en 1758 un bello coral (Wachet auf) originalmente para voz y órgano, pero que al año siguiente lo trascribe para trompeta y órgano a petición de W.F. Bach. El resultado fue excelente en tanto que confirió a la obra un carácter firme y majestuoso pero sin que se sustituyera el espíritu sensible y de júbilo que la caracteriza.
La última Obra pertenece al compositor alemán de vanguardia Bertold Hummel (1925-2002). Muy en la línea de Pärt y de Siegfried Bauer, su música conserva un carácter profundamente místico y simbólico. Su trabajo Invocationes de 1978, desde un principio pensado para trompeta y órgano, se divide en tres partes.

De profundis, la primera de las invocaciones, hace referencia no sólo al Salmo penitencial de la liturgia cristiana de difuntos. También a un juego de carácter psicodramático por carta en donde los jugadores van narrando sucesos extraños y misteriosos que, al final, tejen una trama sobrenatural y con un final sorprendente a medida que los participantes se sumergen en ella. Así pues, durante el movimiento, el órgano presenta un tema misterioso y oscuro que sirve de ambiente para que, a continuación, la trompeta exponga la lamentación y entreteja un discurso musical denso y angustiante que culmina en un brillante y trepidante triple forte por parte de la trompeta que simboliza la sobrenaturalidad de la relación de Dios con el hombre.

Las siguientes invocaciones están basadas en dos partes del Oficio de las Lecturas que conforman el Te Deum cristiano. En In te Domine speravi, Hummel de nuevo le confiere a la trompeta el recitativo principal. Se trata de un movimiento especialmente reflexivo y profundamente meditativo más que jubiloso. Las exaltaciones durante el discurso principal lo ubican en todo momento en el plano terrenal. El Non confundar in aeternum con que se cierra el trabajo, nos remite de nuevo al tema principal expuesto en el De profundis, aunque ahora la cadencia en el tema que toca la trompeta y el ostinato del órgano tengan el carácter básicamente implorativo con que culmina la obra.
Dejamos a su amable atención estas bellísimas y escasamente frecuentadas obras interpretadas magníficamente por el trompetista Helmuth Erb y el organista Gerhard Weinberger, esperando como siempre que hagan de su escucha una de las mejores experiencias posibles.


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