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jueves, 6 de febrero de 2025

Feliz Cumpleaños, maestro ARRAU


Un día como hoy hace 122 años nacía el mayor pianista de la historia de Chile, Claudio Arrau León (1903-1991). Artista sensacional, considerado uno de los más grandes intérpretes de su instrumento en el siglo pasado, me inspira también un peculiar cariño.

Para valorarlo con justicia, cabe un certero comentario del crítico David Hurwitz: “Arrau no era ‘un pianista’, era un gran músico que tocaba el piano”. A su memoria dedico este homenaje junto a un puñado de registros inolvidables en la playlist que encontrarán más abajo.

Disfrútenlo, amigos y amigas.

Una selección de interpretaciones del gran Claudio Arrau incluyendo obras de Chopin, Beethoven, Bach, Schubert, Brahms y Stravinsky

jueves, 12 de diciembre de 2024

CHOPIN: Vals póstumo en La menor · Animación

Animación Vals Chopin

Siguiendo la estela del redescubierto esbozo de vals de Chopin, les comparto hoy un hermoso video animado, producido por la televisión polaca, que ilustra otro vals póstumo también en La menor del genial compositor polaco-francés. Esta vez, eso sí, se trata de una pieza completamente formada, con estructura de rondó, técnicamente muy abordable por cualquier pianista.

Se estima que este breve vals fue escrito por el maestro entre 1847 y 1849, aunque apareció publicado recién en 1860, cuando el músico ya había fallecido. Para colmo se atribuyó a una alumna de Chopin, la baronesa Carlota de Rohtschild, equívoco que sólo fue subsanado 95 años (!) después de la muerte del compositor, incluyéndolo por fin en su catálogo como Vals nº 19.

A seguir, la hermosa animación mencionada:


viernes, 22 de noviembre de 2024

Feliz Día de la Música

Santa Cecilia Dräger
Heilige Cäcilia (Santa Cecilia), detalle / Anton Josef Dräger, 1823

¡Feliz día de la Música!

Hoy me topé en redes sociales con una frase luminosa: “En la Música todos los sentimientos vuelven a su estado puro, y el mundo no es sino Música hecha realidad”. Precisamente eso nos mueve a cuantos amamos la música: conectar con un arte que traduce, casi diría transfigura, la realidad más allá de las tosquedades y penurias de un mundo bastante incierto.

Para festejarlo acudiré al reciente descubrimiento de un vals esbozado por Chopin, desconocido por cerca de 200 años. No es una pieza completamente formada, pero lo que hay basta para celebrar el nuevo single de uno de los creadores más queridos del mundo. La versión de Lang-Lang no me agrada tanto como la de Olga Scheps, así que les ofrezco esta última:

vals de Chopin

miércoles, 7 de marzo de 2018

CHOPIN :: 4 Baladas & 3 Nocturnos en un piano de 1848

Chopin Rad Chopin dando un recital para el Príncipe Antoni Radziwiłł

Arriba vemos un famoso cuadro de la juventud de Chopin. El gran músico toca el piano para su protector, el Príncipe Radziwiłł. ¿Qué sonido imaginamos para la escena? No parece tan difícil: un piano solista. Casi, casi, pero el piano de esos años (hacia 1830 o 1840) aún no era el gran piano moderno, ni tampoco el piano que tocaron Mozart o Beethoven — ese pianoforte que hoy vuelve a sonar gracias a la música historicista.

No, el de la escena es el tipo de piano que se empezaba a construir en Francia, con los adelantos técnicos patentados por constructores geniales como Pleyel o Érard. Un instrumento cada vez más distante del pianoforte y más cercano al extraordinario ejemplar de las actuales salas de concierto. La “entraña” misma del piano estaba consolidada; faltaban adecuaciones menos estructurales que mejorarían su sonido, su volumen, sus riquísimos matices.

Como existe gente con curiosidad muy afortunada, hoy podemos oír ese piano “intermedio” que dominó maravillosamente el músico polaco. Alguien del Instituto Fryderyk Chopin (Polonia) se planteó traer un músico de excepción a interpretar algunas obras del compositor en un piano francés muy semejante a los usados por él mismo en su tiempo, piano que ellos habían adquirido en 2005 a una colección particular. Así fue como el brillante pianista argentino Nelson Goerner (1969—) acabó interpretando las cuatro Baladas y tres Nocturnos de Chopin en un piano construido por la Real Factoría de París en 1848. El instrumento, de 82 teclas [6 menos que el teclado actual], está en perfecto estado, al punto de conservar prácticamente la totalidad de su mecanismo original. Es un agrado oírlo. Al hacerlo, notarán esas mínimas diferencias a que aludía antes, pequeñas, pero aun perceptibles y que dan un color diferente al sonido.

Goerner por su parte brinda una demostración de buen pianismo, toca con clase, claridad y expresividad, cuidando el carácter de las piezas: más franco, épico y audaz en las baladas, más íntimo y lírico en los tres nocturnos:

» D E S C A R G A

MP3 CBR 224 kbps | 48 kHz | 7 tracks | .7z 81,9 MB

jueves, 1 de marzo de 2018

Feliz cumpleaños Monsieur CHOPIN

ChopinRetrato de Fréderic Chopin / óleo sobre lienzo de Ary Scheffer

208 años desde el nacimiento de Fryderyk Franciszek Chopin, al que conocemos mejor en la versión francesa de su nombre: Frédéric.

Maestro de la música para piano, este compositor polaco-francés no ha conocido nunca el olvido, sin importar lo mucho que hayan cambiado gustos y estéticas musicales en dos siglos.

Su refinamiento expresivo, su extraordinario y audaz talento para la armonía y su estupendo don melódico han causado admiración tanto en el público como también –y eso ya es más difícil– en sus colegas. Chopin es uno de esos pocos casos de creadores cuyo estilo esencial perdura intacto desde el principio hasta el final de su producción, como si desde un comienzo tuviera muy clara idea de la música que iba a crear.

Fue vanguardista en su momento, como correspondía a un romántico; pero a la vez un devoto admirador de Bach que conocía de memoria gran parte de la obra para teclado de este último. Su famosa serie de Preludios en los 24 tonos homenajea la colección que creara mucho antes el genio barroco bajo el mismo argumento.

Hay constancia de que Chopin heredó el talento pedagógico de su padre, llegando a ser un estupendo maestro; pero sus vínculos con los salones parisinos pulieron su ingenio, que lucía en comentarios tan elegantes como viperinos. A su favor hay que decir que las observaciones sobre sus colegas solían ser ciertas...

Con Chopin, el piano logró una expresividad avasalladora y revolucionaria combinada con un lirismo confesional; un triunfo que prácticamente nadie alcanzó antes salvo Beethoven (y con el perdón de Schumann). Como los grandes, el polaco supo encontrar el difícil equilibrio entre fondo y forma: su romántica vehemencia emocional no era ajena a un meticuloso control, evitando siempre el derroche inútil o el exhibicionismo vacuo.

Saludemos a uno de los maestros incontestables del piano oyendo uno de sus Nocturnos en la inimitable versión del gran Claudio Arrau:

viernes, 10 de febrero de 2017

CHOPIN · Piezas favoritas · Ashkenazy

Semanas atrás los amantes de la música clásica y del piano fuimos sorprendidos con una noticia fantástica: el hallazgo de un retrato desconocido de Frédéric Chopin. Ahora las imágenes “oficiales” del compositor se elevan a tres, todas ellas captadas en el mismo estudio fotográfico de París, el de Louis-Auguste Bisson (paso por alto la fotografía post-mortem de Chopin, que también existe).

En rigor, lo que el afilado instinto de Alain Kohler (tal es el héroe de la historia) supo descubrir en el salón de una melómana es la copia de una imagen: la fotografía de un daguerrotipo. Recordemos que la antigua técnica del daguerrotipo no permitía copias; la imagen obtenida era al mismo tiempo negativo y positivo.

Chopin, nueva foto La «nueva» imagen de Fréderic Chopin, aprox. 1847

El rostro sombrío de Chopin delata las dificultades que enturbiaban su ánimo. La fecha estimada para esta imagen es 1847, cuando el compositor tenía 37 años y sólo le quedaban dos de vida. La tuberculosis minaba su salud y las relaciones con George Sand estaban a punto de romperse; pero su genio musical y su prestigio como intérprete llegaban al cenit.

coverLa obra de Frédéric Chopin, consagrada al piano en su totalidad, puede presumir de una perfecta salud y lozanía. El polaco se cuenta entre los compositores privilegiados que no han visto menguar su estrella con el paso del tiempo. La fama ganada en los salones parisinos del temprano Romanticismo ha seguido viva generación tras generación.

Rodeado por una aureola de rebeldía como patriota polaco en el exilio, enfermo de tuberculosis, capaz de un virtuosismo lleno de poesía y expresividad, dueño de una lengua filosa capaz de agudos y cáusticos comentarios en las reuniones de salón, Chopin fue un favorito de la sociedad elegante y un imprescindible en la élite artística de su tiempo.

Forjó un estilo personalísimo, que no debió soportar ninguna influencia y en cambio sí la ejerció sobre sus colegas, tanto por la novedosa técnica pianística como por la maestría en el uso del cromatismo y la modulación armónica. Pese a la expresividad y hasta turbulencia emocional de sus composiciones, Chopin admiró a Bach y Mozart y se preocupó de la pulcritud estructural, evitando siempre los alardes de dificultad gratuita.

AshkenazyEl presente registro se compone de una selección de 12 piezas célebres de Chopin, combinando valses, polonesas, nocturnos, etc. El título genérico de estas obras pudiera sonar trivial, pero el compositor tomaba formatos de danza para cincelar joyas musicales desligadas de su finalidad convencional.

El buen intérprete chopiniano ha de ser un virtuoso con sentido poético, tan profundo, elegante o fogoso como la partitura así lo requiera. Todo eso y más sabe serlo el gran músico ruso Vladimir Ashkenazy, hoy mejor conocido por su labor desde el podio de director, pero con una histórica trayectoria como pianista que lo sitúa entre los mejores del mundo. ¡A disfrutar!

» D E S C A R G A

MP3 ABR ~ 224 kbps · 48 kHz | 12 tracks | .7z 88,9 MB | Yandex.ru


jueves, 18 de agosto de 2016

LISZT :: Transcripciones

Liszt por LanchertFranz Liszt retratado por Richard Lanchert en 1856 (detalle)

Cuando decimos “genio creador”, entendemos “iluminado”. Nos imaginamos —la mayoría de las veces— a un artista privilegiado que obedece a una fiebre secreta, la inspiración, que lo guía con irresistible clarividencia. Enemigo jurado del convencionalismo, el artista solamente rinde cuentas a su arte.

Tal retrato romántico sigue vigente hasta hoy; pero no es un retrato fiel. Además de su inspiración particular, los artistas vibran con su época; vibran incluso más profundamente que el peatón laborioso y opaco, con quien comparten mucho más de lo que aparentan. Es que... “la torre de marfil” también tiene wi-fi; los artistas experimentan circunstancias comunes pero utilizan aquello como combustible creativo. Van recolectando día a día pistas de nuevas estéticas, rastros que otros pasan por alto. También estos hallazgos se les antojan urgentes, clamorosos; los domina la convicción y se lanzan a divulgar ante el mundo aquella obra, aquel artista rescatado del olvido. Uno de estos “rescatistas”, de los más perseverantes y generosos, fue el gran creador húngaro Franz Liszt.

Liszt fue no sólo un pianista impresionante sino un fenómeno social equiparable a cualquier rock-star. Enardecía a las audiencias y en particular a las mujeres, enmudecía a sus asombrados colegas con virtuosismo apabullante, creó el recital moderno de piano solista, cuidaba su atractivo físico, no le intimidaban las alcurnias y opinaba con filosa elegancia sobre lo que quisieran preguntarle. Fue un apasionado que se zambulló en su época y abrió su corazón a un amplio espectro de inquietudes. Con esta brújula supo descubrir el valor de genios como Schubert, Chopin, Berlioz, Wagner, Borodin, Albéniz, Grieg...

Combinando su magnetismo ante el público con su capacidad pianística sobrehumana y sus variados entusiasmos musicales, Liszt empujó adelante un género musical muy versátil, como es la transcripción. Ingenió adaptaciones pianísticas de cientos de obras ajenas —a veces obras que uno no creería posibles en el teclado— y las ofreció a lo largo y ancho de Europa en sus giras de concierto. Tenía olfato: combinaba selecciones de óperas famosas en forma de popurrí (denominados paráfrasis) para ganarse al auditorio, y luego ofrecía las novedades, fueran propias o ajenas.

Hoy los invito a un recital con este repertorio.

El pianista australiano-británico Leslie Howard protagonizó una histórica integral de la obra para piano de Liszt para el sello Hyperion (99 discos en total). Esa colección registra la fertilidad del genio húngaro para producir suculentas transcripciones de obras ajenas, incluyendo todas las versiones de un arreglo en particular, que a menudo podía ir variando ligeramente con los años (como sucedió con varios lieder de Schubert).

En esta ocasión les comparto el disco dedicado a los arreglos de compositores del ámbito francés, incluyendo a Chopin que, como sabemos, desarrolló la parte más brillante de su carrera en París como exiliado polaco. Los otros compositores del disco son Saint-Saëns con el arreglo de su Danza Macabra y el gran Berlioz, a quien Liszt tuvo siempre en muy alta estima.

¡Disfruten!

miércoles, 10 de octubre de 2012

CHOPIN según ARRAU

Arrau

Claudio Arrau se sitúa cómodamente entre los máximos intérpretes del teclado durante el siglo pasado. Se alabó su rigor frente a la partitura, su sensibilidad para los matices, su sonido único, inconfundible, su desinterés por el alarde fácil de virtuosismo y, en cambio, su anhelo por comunicar la vida íntima que el compositor reflejó a través de las notas.

Precisamente este aspecto, la vida interior, digamos así, de la música es quizá lo que más me fascinó siempre de Don Claudio. Y particularmente en el caso de Fryderyk Chopin, del cual fue soberano intérprete. Las complejidades del compositor polaco-francés, su fina sensibilidad (que no sensiblería) mezclada con fogoso ímpetu (eso que Schumann denominó “cañones ocultos entre flores”), el equilibrio entre técnica y musicalidad que ostentan sus obras, requieren mucho más que simple prestidigitación. Y Arrau lo consigue. Deja hablar a la música. Deja aflorar a Chopin, la inspiración de este genio tuberculoso, epítome del Romanticismo y uno de los responsables de convertir al piano en el instrumento dominante de la música clásica.

Comparto hoy un registro del sello Philips que reúne interpretaciones del legendario pianista chileno en los años setenta del siglo pasado. Ahí están presentes algunas de las obras más conocidas del creador polaco, como el Vals núm. 7, en Do sostenido menor, el Nocturno núm. 2 en Mi bemol o la soberbia “Fantasía-Impromptu” en Do sostenido menor, aparte de la imponente Fantasía en Fa menor, en que el piano es explorado a nivel casi sinfónico. Como las obras abarcan todas las etapas creativas de Chopin, se podrá apreciar cómo el talento melódico y su maestría armónica se incrementan con los años... sin que, pese a la madurez, el estilo cambie demasiado. Chopin fue un caso excepcional: su estilo es único (prácticamente no tiene antecedentes directos) por mucho que tome buena nota de las influencias de su tiempo, y a la vez, quizá por eso mismo, no hizo sino profundizar en sí mismo, sin enajenarse jamás.

Disfruten queridos amigos y amigas este disco excepcional, que para mí significó, en su momento, toda una revelación.

...aquí

mp3 | VBR ~ 220kbps | 9 tracks | .rar 89 MB | scans | mediafire


FRÉDÉRIC CHOPIN:
Piezas varias para piano

CLAUDIO ARRAU, piano

miércoles, 2 de marzo de 2011

CHOPIN

Ayer 1º de Marzo se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento de Fryderyk Franciszek Chopin (1810-1849). Cierto que esta fecha admite alguna controversia, pues la partida de bautismo señala el 22 de febrero como día del acontecimiento, pero Chopin y su familia siempre insistieron en que tuvo lugar el 1º de marzo y celebraban su cumpleaños dicho día.

Vaguedades aparte, lo consistente es que el polaco-francés llegó a ser uno de los grandes compositores de la historia occidental, comparado en ocasiones a Bach o Beethoven no en términos de excelencia creadora, claro está, pero sí en la perdurable influencia ejercida sobre su arte y sus colegas. En varias maneras el etéreo Chopin es un rotundo punto de inflexión.

Su doble ascendencia polaca y francesa tuvo gran mérito en la forja de su estilo inconfundible. Como escribe José Luis Comellas:

¿Polaco? ¿Francés? Un poco las dos cosas, y sin tener en cuenta las dos no sería posible comprender del todo la pasión y la delicadeza, la fuerza y la finura, la espontaneidad y la elegancia intelectual de este hombre enfermizo y extraordinario.
En efecto, la sensibilidad eslava se hermanó con el esprit francés en el estilo de nuestro compositor; cultivó un fervoroso lazo con su patria, cuyas danzas folclóricas introdujo en el repertorio “culto”... pero nunca antes (ni después) polonesas y mazurkas sonaron tan irrepetiblemente únicas, universales.

Hombre de gusto finísimo, cultivó en sus creaciones una amplia libertad, desprendida de esquemas formales a los que nunca se supo ni quiso adecuar, aunque no por ello dejó de ser un gran amante e intérprete de Bach, de quien tomaría ejemplo al componer sus famosos 24 preludios. Esa capacidad de equilibrio le evitó caer a Chopin en la excentricidad, pero ser al mismo tiempo profundamente original. De hecho, es un raro caso de compositor sin predecesores ni discípulos directos.

Su influencia, decíamos antes, fue perdurable. A modo de ejemplo, el empleo que hizo Chopin del cromatismo repercutió en Liszt, y por su intermedio, en Wagner, que lo llevó a los límites de la disolución tonal.

Concluyo citando de nuevo al excelente Comellas:

Nunca se hizo nada parecido, ni antes ni después. Por eso suele decirse que a Chopin se le distingue enseguida, es inconfundible. [...] No sólo es el sentido exquisito de su música, es el dinamismo, siempre original, la distribución de acentos, la falta aparente de mecánica, la prodigiosa independencia de los dedos. [...] Tan pronto acelera como decelera, el acompañamiento marca el tiempo fuerte, o el débil, u obra con absoluta independencia. Diríase que este desprendimiento de la mecánica significa abandonar la métrica de la música, como si despreciara el verso para irse a la prosa; pero esta prosa de Chopin es como el «verso libre», que sin ataduras, aletea en el absoluto de la belleza.

Para celebrar el aniversario de este músico, y de paso saludar a Mara, una querida amiga que cumple años y le encanta Chopin, incluyo una versión memorable del Nocturno en Do♯ menor, Opus póstumo, en interpretación de Wladimir Szpilman, a quien conocerán por la película “El Pianista”. El músico es filmado mientras toca el piano de su casa, en 1997. No deja ser emocionante recordar que este nocturno fue la verdadera pieza que tocó el intérprete judío-polaco ante el oficial alemán, en aquella casa en ruinas donde se había escondido hasta ese momento.


domingo, 31 de octubre de 2010

ESOS QUE MURIERON JÓVENES

“El Beso de la Muerte”, escultura de Jaume Barba
Cementerio de Poblenou, Barcelona

“Demasiado pronto” resulta ser, en música, un comentario de penosa frecuencia. Y es que los compositores de vida corta nutren una lista extensa.

Primero nos enteramos de casos famosos como el de Mozart, del que ni siquiera conocemos la razón cierta de su partida (o el paradero de su cráneo); de Schubert, cuyo genio seguía desarrollándose la semana misma en que había de sucumbir; de los hermanos Mendelssohn (Fanny y Félix), víctimas de la misma desgracia con apenas meses de distancia.

La lista prosigue con creadores de la talla de Bizet, Chopin, Bellini o von Weber, que no superaron los treinta y tantos. Aparecen casos trágicos: Anton Webern, Granados, Kalinnikov, los dos primeros caídos en la insensatez de la guerra, y el segundo, muerto de pobreza, hambre y tuberculosis cuando parecía destinado a seguir los pasos de Chaikovsky.

Uno se sobrecoge al encontrar entre los finados a muchachos como Pergolesi, Vorísek, Hans Rott o Rikard Nordraak, que sin embargo parecen maduros comparados al jovenísimo Crisóstomo Arriaga, segado antes de los veinte años. Y ese es sólo un recuento muy sumario.

A veces, pues, los elegidos de las Musas son también los elegidos de la Muerte. Pero conviene temperar estas ideas recordando —gracias a Mara por este detalle— que la expectativa de vida en el siglo XVIII era de 25 a 30 años aproximadamente, y en el XIX, de 35. Las infecciones, en particular la sífilis y la tuberculosis (TBC), eran causa frecuente de muerte. Las románticas compresas de agua y vinagre no mataban bacterias...

Como sea, aprovechando la ocasión que nos brinda el Día de Difuntos, les ofrezco una selección de obras cuyos autores fueron precoces tanto en la música como en la muerte. Pensé en reunir obras póstumas de todos ellos, pero al fin me decanté por otras que simplemente me atraen más. Aquí el listado:

  • Juan Cristóstomo de Arriaga (1806-26): Obertura »Los Esclavos Felices« (Jordi Savall, La Capella Reial de Catalunya)
  • Frédéric Chopin (1810-49): Preludio n° 15 en Re bemol, »Gota de Lluvia« (Claudio Arrau)
  • Vasily Kalinnikov (1866-1901): »Allegro Commodamente«, segundo mov. de la Sinfonía nº 1 (E. Svetlanov, Sinfónica de la URSS)
  • Félix Mendelssohn (1809-47): »Saltarello«, cuarto mov. de la Sinfonía nº 4 (R. Norrington, London Classical Players)
  • Wolfgang Amadeus Mozart (1756-91): »Allegro maestoso – Allegro molto«, primer mov. de la Serenata »Haffner« (J-P. Rampal, Orquesta de Cámara Franz Liszt)
  • Giovanni Battista Pergolesi (1710-36): Obertura »Il prigionier superbo« (Orquesta de Cámara de Santa Cecilia)
  • Hans Mª Rott (1858-84): »Sehr schnell«, mov. final de la Suite orquestal en Si bemol (Paavo Järvi, Sinfónica de la Radio de Frankfurt)
  • Franz Peter Schubert (1797-1828): »La Muerte y la Doncella«, cuarteto (arreglo orquestal de Mahler), 2º mov. (Orquesta de Cámara del Concertgebouw)
  • Carl Mª von Weber (1786-1826): »Preziosa«, Obertura (Rafael Kubelik, Sinfónica de la Radio Bávara)
  • Georges Bizet (1838-75): »Allegro vivace«, mov. final de la Sinfonía en Do mayor (Leopold Stokowski, Orquesta Filarmónica Nacional)
» D E S C A R G A
MP3 • Varios BR • .7z 134,5 MB

Chopin moribundo

miércoles, 28 de julio de 2010

THE PIANIST | banda sonora de la película


Para nuestra Mara

Szpilman La extraordinaria película de Polanski basada en la sobrevivencia del pianista Wladyslaw Szpilman a los horrores de la Segunda Guerra Mundial incluye como héroe imponderable a Chopin, también polaco, también denostado artísticamente por el nazismo, y de cuya música Szpilman era consumado intérprete.

Este protagonismo implícito culmina en la memorable escena donde Szpilman, famélico y con sabor a muerte en el paladar, ofrece la interpretación de su vida (nunca mejor dicho) ante un oficial nazi. La película revive aquel momento con la Balada número 1, en Sol menor; en la realidad, fue el Nocturno en Do♯ menor, Opus póstumo, del creador polaco.


El sufrido sobreviviente capaz de conjurar la belleza proscrita en el piano desvencijado de una casa en ruinas... uno de los grandes momentos fílmicos que he disfrutado en mi vida. La banda sonora contribuye ampliamente, sobre todo gracias al virtuoso Janusz Olejniczak, quien interpreta a ese Chopin que, como genio tutelar, siempre merodea en los avatares de Szpilman.

También el contemporáneo Wojciech Kilar aporta una breve y preciosa composición a la película, Moving to the Ghetto Oct. 31, 1940. En ella, un clarinete melancólico de resonancias “klezmer” vuelve a recordarnos que el anciano Kilar es un genio viviente.

Disfruten esta gran banda sonora...
... A Q U Í

Más información sobre este disco y su contexto, AQUÍ
 
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