A veces parece que los directores húngaros, y más específicamente los húngaro-judíos, nacieron para interpretar a Wagner. Siempre en ellos habrá contundencia, fogosidad e ímpetu, conservando al mismo tiempo la flexibilidad, la contención e incluso, los mejores, la ternura. Generalizar es peligroso, cierto, pero cuando recuerdo a Szell y luego a Solti, y más lejos en el tiempo a Mahler (que como me recordaron hace muy poco, nació en un territorio que entonces era húngaro), la sospecha me parece fundada. De ella se desprende también una amarga ironía, porque desde siempre la gran música de ese hombre controvertido alcanzó cimas rutilantes merced a músicos venidos de etnias que se inclinó a desacreditar, y a las cuales más de alguno ha visto representadas en la figura de los Nibelungos.
Por fin —y para volver a la idea inicial— quién sabe si esa afinidad demostrada por músicos magiares en relación a Wagner provenga del que fuera su influyente mentor, maestro y amigo: Ferenc Liszt. Se ha dicho en ocasiones que si Wagner no hubiera inventado el wagnerismo, lo habría hecho Liszt; tanta es la deuda de Richard hacia el generoso genio húngaro.
Detengamos aquí cavilaciones que nos llevarían lejos, puesto que ahora mi intención es diferente: compartirles una selección de célebres fragmentos orquestales de Richard Wagner en versión (fabulosa) del enorme Georg Solti. La orquesta es para mí la mejor del mundo: la Filarmónica de Viena (sólo comparte podio con la de Berlín y el Concertgebouw de Ámsterdam... pero eso ya es otro cuento).
wma | 320 kBit/s | rar (278,8 MB) | scans

