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viernes, 26 de junio de 2026

Aniversario de ABBADO | Schubert, Mendelssohn, Brahms

Claudio Abbado

Claudio Abbado


93 años habría cumplido hoy el inolvidable e influyente maestro italiano Claudio Abbado, nacido un 26 de junio de 1933 en Milán. Obtuvo temprano en su vida un reconocimiento e influencia que muchos otros sólo alcanzan tras décadas o post mortem. Y dicho reconocimiento no vino mediado por astucias comerciales ni contactos oportunos, sino por el propio, inmenso talento que demostró siempre el milanés. Fue extraordinario como director de ópera, subió a podios privilegiados (Londres, Berlín, Salzburgo, Viena) para hacer historia, inspiró a colegas, formó agrupaciones señeras, defendió la música contemporánea al paso que equilibraba como pocos su calor y apasionamiento mediterráneo con la profundidad del repertorio austro-germano, inscribiéndose en el linaje de los Toscanini y De Sábata, sin descuidar el repertorio francés o el eslavo.

Su estilo musical atravesó diversas fases, conservando siempre un sonido suntuoso a la vez que transparente, cayendo a veces en la tentación del control minucioso (como le ocurría también a Toscanini) pero, al paso que luchaba con la enfermedad, aprendió a rendirse ante el acontecimiento musical logrando una expresividad y trascendencia que sobrecogían los auditorios, como atestiguan sus conciertos en el Festival de Salzburgo.

En homenaje al genial director, les comparto un disco que recopila interpretaciones suyas de tres emblemas del Romanticismo germano, Schubert, Mendelssohn y Brahms, al frente de tres formaciones que dirigió con aplausos durante su vida: la Orquesta de Cámara Europea, la Orquesta Sinfónica de Londres y la Filarmónica de Viena.
Con ellas nos ofrece:
  • la Sinfonía «Inconclusa» en Si menor, de Franz Schubert
  • la obertura «Rosamunda» del mismo autor
  • la obertura «Las Hébridas», de Felix Mendelssohn
  • y una selección de las «Danzas Húngaras» de Johannes Brahms.
Basta pulsar la carátula del disco para ir a la descarga:
abbado

viernes, 20 de junio de 2025

Hasta siempre, Maestro Brendel

Alfred Brendel Feliz inmortalidad, maestro Brendel

Una nueva estrella refulge en el firmamento de la Música con mayúsculas: ha muerto (y ha entrado a la historia) Alfred Brendel ( Wiesenberg, Moravia del Norte – actual Loučná nad Desnou, República Checa, 5 Ene. 1931 Londres, Reino Unido, 17 Jun. 2025). Tuvo una vida extensa, 94 años, y una carrera artística rutilante frente al piano, aunque a la menor oportunidad él se desbordaba hacia su otra gran pasión, la literatura. Por unanimidad, el maestro checo fue celebrado como un gigante de la música, uno de los inmortales de su instrumento y gestor de un legado legendario, del cual muchos aplaudimos con especial fervor lo que logró con Schubert. Me atrevo a decir que fue mérito definitivo de Brendel darle a Schubert los laureles y la importancia que a mediados del siglo pasado aún tardaban en llegar.

Editorial Acantilado publicó en español el opúsculo De la A a la Z de un pianista donde Brendel, con estilo aforístico, estampó sabrosas reflexiones a propósito del arte que amó. Sobre su instrumento, el piano, dice allí: «Un violín es y sigue siendo un violín. El piano es un lugar de transformación. Cuando el pianista así lo desea, el piano permite sugerir la voz humana en el canto, el timbre de otros instrumentos, la orquesta, el arco iris, las esferas. Esa capacidad de transformación, esa alquimia, es nuestro mayor privilegio.»

Para homenajear al inolvidable Músico que acabamos de despedir —al que algunos amigos aludíamos afectuosamente como “The Boss”— comparto un recital suyo dedicado a dos sonatas de Schubert que él, cómo no, quiso introducir con una breve lectura, erudita, desafiante, salpicada por su infaltable sentido del humor.

¡Hasta siempre, maestro Brendel!



jueves, 6 de febrero de 2025

Feliz Cumpleaños, maestro ARRAU


Un día como hoy hace 122 años nacía el mayor pianista de la historia de Chile, Claudio Arrau León (1903-1991). Artista sensacional, considerado uno de los más grandes intérpretes de su instrumento en el siglo pasado, me inspira también un peculiar cariño.

Para valorarlo con justicia, cabe un certero comentario del crítico David Hurwitz: “Arrau no era ‘un pianista’, era un gran músico que tocaba el piano. A su memoria dedico este homenaje junto a un puñado de registros inolvidables en la playlist que encontrarán más abajo.

Disfrútenlo, amigos y amigas.

Una selección de interpretaciones del gran Claudio Arrau incluyendo obras de Chopin, Beethoven, Bach, Schubert, Brahms y Stravinsky

viernes, 31 de enero de 2025

Recordando a SCHUBERT

Schubert Bibelot de Schubert con la Sonata en La menor D. 784 como fondo

“Schwammerl” es un término alemán que significa “honguito”. Un ruidoso grupo de amigotes austríacos lo usaba como apodo para el más querido entre ellos, cierto regordete miope que medía 1,56 mt de estatura y era a la vez tímido, entusiasta… y muy, muy dotado cuando de música se trataba. Cada 31 de enero, como hoy, celebraban a Schwammerl del mismo modo que hoy lo hacemos en este blog: Feliz cumpleaños Franz Peter Schubert. La corta estatura resultó engañosa, porque el chico de las gafas era en realidad un Gigante que seguimos festejando, mientras nos embelesamos con su extraordinaria inspiración creadora.

Les dejo aquí un resumen biográfico a cargo de Alberto Musitaro:

Y por supuesto, la música: primer movimiento de la Sonata Arpeggione, escrita para la particular creación de un luthier vienés en 1823, y que luce como un híbrido de violonchelo y guitarra. Schubert escribió la única obra importante en la efímera existencia del instrumento. Les comparto esta música extraordinaria en versión de Nicolas Deletaille, arpeggione, y Alain Roudier, fortepiano, en una grabación de 2012 (por cierto, el trazo melódico inicial de cuatro notas, a cargo del piano, coincide con la melodía inicial de los bajos que abre la sinfonía “inconclusa”):

domingo, 23 de julio de 2023

Feliz cumpleaños, María João Pires

Hoy celebramos el cumpleaños 79 de una de las mejores pianistas vivas: María João Pires, la gran maestra nacida en Lisboa, tal día como hoy, en 1944. Con ella, el piano adquirió una voz peculiar, de variadísimo color, vivacidad y a la vez inagotables matices tímbricos, unida a una exquisita delicadeza (que no fragilidad) e imaginativo fraseo. Artista consagrada a la vez que mujer de carácter y convicciones firmes, Pires es un centro de gravedad en el actual escenario clásico, atrayendo al público ahí donde decide presentarse. Desde hace un tiempo ha dejado de lado las grandes salas de concierto para acudir a escenarios menores donde puede sentirse más cercana a su auditorio y de esa manera, plasmar un impacto aún más memorable.

En este nuevo onomástico recordamos a Pires con un registro de música de Schubert, compositor al que ha enriquecido con versiones extraordinarias. En esta ocasión les propongo la Sonata en La menor D. 784, los célebres Momentos Musicales y dos Scherzi. Deleitémonos con esta artista que tenemos el gozo de disfrutar con nosotros:

» D E S C A R G A
MP3 ABR 224 kbps 48 Hz | 11 Tracks | .7z 95,3 MB

domingo, 5 de febrero de 2023

A la aventura, una vez más

Velero Hasta que zarpamos por fin

Queridos amigos, ¡bienvenidos al 2023 en nuestra Bitácora!

Agradezco los mensajes que han dejado bajo varias entradas, saludándome y animándome. El 2022 fue un año bastante quieto en la actividad del Blog, pero, entre otras cosas, me contagié con el virus protagónico del último tiempo (efectos desagradables pero pasajeros) y estuve bastante absorbido en mi trabajo regular. Dejé en el tintero varios discos y otras tantas publicaciones. Como sea, ¡a seguir!

Retomo la actividad con esta fecha, 5 de febrero, porque es cuando avanza un dígito mi contador personal. Pero el 2023 nos trae mejores onomásticos: centenario de György Ligeti, 150 años de Sergei Rachmaninov y Max Reger, 200 años de Edouard Lalo, 400 años de la muerte de William Byrd. Esos, entre otros. Trataré de hacer justicia a la memoria de todos.

A modo de puntapié inicial los dejo con Schubert (cuyo aniversario celebramos hace poco, el 31 de enero) y su Impromptu nº 3 en un arreglo para cello y piano:


martes, 31 de mayo de 2022

Siempre es buen momento para un poco de SCHUBERT

El mes va terminando y sí, he publicado poco. ¡Cuánto quisiera encontrar el tiempo y la energía para compartir con ustedes algo cada semana! Planes no me faltan ni tampoco bosquejos de publicaciones, pero “no es soplar y hacer botellas”, como dice el refrán. En fin, ¿qué tal si por ahora obviamos todo esto y prestamos oídos a Schubert? No es mala idea, ¿cierto?

Esta vez comparto un famoso lied de Franz Peter, «El pastor en la roca» (D. 965 / op. póst. 129), en Si bemol mayor, una de esas obras que añade un instrumento obligado como acompañante de la voz (en este caso, el clarinete) aparte del piano. Escrita en 1828, esta magistral pieza se cuenta entre las últimas del genio antes de su prematuro y precipitado final. Como indica la Wikipedia:

Compuesta a pedido de la soprano austríaca Anna Milder-Hauptmann (la primera Leonora de “Fidelio”, única ópera de Beethoven) bajo expreso pedido de reflejar una amplia gama emocional y consumado virtuosismo vocal, es una larga canción cercana al “aria de concierto”. Se publicó un año después de la muerte del compositor y fue estrenada por la soprano en Riga [capital de Letonia] el 10 de febrero de 1830.

¡Que la disfruten, queridos amigos!


lunes, 1 de noviembre de 2021

“Erlkönig” en transcripción para cello y orquesta

Haitink

Tomando la estela del Día de Difuntos les comparto una pieza músical que pertenece al, si pudiéramos llamarlo así, género espectral, ese mundo fantástico y sobrenatural que tanto capturó la imaginación del romanticismo germano. Se trata del celebérrimo lied “Erlkönig”, El Rey de los Alisos aunque se refiera realmente al rey de los elfos, espíritu que merodeaba los profundos bosques de la antigua Europa arrebatando las almas de los moribundos.

Schubert creó una joya a partir del poema original de Goethe (que tuvo, por cierto, otras traducciones musicales). Y como todas las obras maestras, esta balada para voz y piano ha sido trasvasada a nuevas combinaciones sonoras para explorar sus inagotables posibilidades expresivas.

En esta ocasión les comparto un clip protagonizado por la ascendente estrella del cello Camille Thomas en una versión del lied donde su instrumento asume el sitio de la voz humana (algo que el cello logra como pocos más). El acompañamiento orquestal está tomado de la transcripción realizada nada menos que por Héctor Berlioz

Disfruten esta maravilla, en que el apartado visual tiene también gran importancia: cada personaje de la balada (narrador, padre, hijo, espectro) es sugerido por cambios de escenario en torno a la cellista:

sábado, 7 de agosto de 2021

SCHUBERT · Sinfonía en Do mayor “La Grande” dirigida por Blomstedt

Herbert Blomstedt, un gozoso adolescente de 94 años arriba del podio

Una de las mejores cosas en contexto de pandemia (porque sí, también hay cosas buenas) ha sido la multiplicada oferta de música on-line que artistas del mundo entero se esmeran en producir, para así salir adelante. Orquestas eminentes han enriquecido sus canales con versiones de las grandes obras del repertorio. Es fácil toparse con joyas. Y comenzando este fin de semana les comparto una que me ha encantado.

El veterano director Herbert Blomstedt, que no hace mucho celebró 94 años de vida, dirige a la estupenda orquesta NDR (antes Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania, y desde 2017 Orquesta NDR de la Filarmónica del Elba) en la Sinfonía en Do mayor “La Grande” de Franz Peter Schubert. Blomstedt ha sido un traductor privilegiado de este compositor en muchas ocasiones —algo de eso ya les he compartido antes en esta página— y su inspirada conexión con esta música no ha perdido un átomo de integridad. Más aún, sus años desaparecen cuando sube al podio para dirigir la obra.

Así pues, amigos, que esta sinfonía y este director nos alegren los días del fin de semana.

jueves, 24 de diciembre de 2020

Mille Cherubini in Coro

BronzinoLa adoración de los pastores / Bronzino, 1539
La música es ingrediente sine qua non de los festejos navideños. Un repertorio inmarchitable que vuelve cada año para alimentar la expansividad de los sentimientos, la intimidad contemplativa, el regocijo festivo o la solemne confesión de fe. Todo eso y más son los villancicos, Weihnachstlieder, aguinaldos, carols o como se llame a estas canciones en cada rincón del ancho mundo.

Dice un viejo dicho que “la Navidad es de los niños” — y eso destaca la alegría inocente, sin complicaciones ni doblez, que se irradia en esta época. Tal vez por eso una de las piezas navideñas de corte clásico que viene muy bien en estas fechas sea un arreglo, creado por el músico ítalo-americano Steven Mercurio, a partir de un wiegenlied —canción de cuna— del incomparable Schubert. Ha sido un éxito desde su aparición en el disco Sacred Arias del popular tenor Andrea Bocelli en 1998. Me refiero a Mille Cherubini in Coro para tenor, coro femenino y orquesta.

Mercurio demostró ser un inspirado arreglista al engarzar dos joyas distintas de Schubert —una melodía de la suite de Ballet nº 1 de Rosamunde que se amalgama perfectamente con el Wiegenlied D 498— las cuales funcionan como una sola creación, orgánica y fluida.

¡Con esta hermosa y breve pieza les deseo una muy feliz Navidad 2020!

jueves, 17 de septiembre de 2020

SCHUBERT • Melodía húngara para piano, D. 817

El gran Franz Schubert junto a los amigos que disfrutaron su talento

Franz Schubert es parte de mi panteón: su música cautiva, no con el talante heroico y a veces sobrehumano de un Beethoven, sino con la capacidad de contener una inefable humanidad “de dulce y de agraz”, siempre espontánea.

Hoy sólo les compartiré una página para piano de engañosa sencillez. Se trata de la “Melodía húngara”, D. 817. Dicha pieza fue compuesta el 2 de septiembre de 1824 mientras Schubert vivía una temporada en Hungría como preceptor de las hijas del Conde Johann von Esterházy. Se dice que escuchó la melodía canturreada por alguien en la cocina del castillo Zseliz, su lugar de residencia entonces. Haría una segunda versión para dos pianos en su Divertimento a la húngara nº 3 — y además se percibe alguna semejanza con el famoso Momento Musical nº 3 en Fa menor.

Hay variadas interpretaciones de la obra, a veces con ritmos vivos, exhibiendo la urgencia temperamental e improvisatoria que se atribuye a lo zíngaro, y otras veces a tempo más pausado que permite desprender mejor esa emotividad lírica tan propia de Schubert. Hoy les dejo una versión ajustada a esta segunda opción. La pianista es la impecable Dora Deliyska en un precioso (por sonido y estética) piano Bösendorfer Imperial — ¡ideal!:

domingo, 24 de marzo de 2019

Dos Sinfonías Inconclusas

«Acantilados de Chak en la isla Rügen» / Caspar David Friedrich, 1825-26
Dos enormes creadores austríacos, como fueron Schubert (1797-1828) y Bruckner (1824-1896), tienen mucho en común, pese a los años que separan las etapas creadoras de sus vidas.

Por supuesto los contextos difieren: en un caso nos encontramos al Romanticismo temprano, todavía con modos clásicos pero melancólico hasta la médula, apasionado y entusiasta; en el otro, ese Romanticismo se ha “hinchado” con complejidades armónicas, experimentación formal y densidad instrumental, tal como lo redefinió Wagner con su obra, volviéndose ampuloso y grandilocuente.

¿Qué punto de encuentro queda, pues, entre Schubert y Bruckner?

Varios. Ambos fueron de extracción popular y su arte comunica esa sensibilidad con filtro de genio. Ambos conservaron la capacidad de encantarse con la vida común y desde ella construyeron sus obras. Ambos fueron también ejemplos de ese milagro del arte en que una persona opaca (socialmente hablando) forja universos llenos de vida, chispa y belleza, a despecho de las penalidades humanas, demasiado humanas, que afligen su existencia cotidiana.

Cierto que una lista así esbozada puede contener a muchos otros genios, pero hoy me ocupo de una coincidencia adicional entre los titulares de este artículo: ambos firmaron una famosa Sinfonía inconclusa. Y muy famosa. Schubert nos legó su Octava y Bruckner, su Novena. En el primero, no conocemos realmente los motivos que lo hicieron abandonar la composición, aunque fue un autor que dejó muchas cosas a medio camino en su extenso catálogo. Del último sí lo sabemos: era ya un hombre anciano y frágil que no tuvo fuerzas para completar el movimiento final, aunque lo dejó muy avanzado y como sospechaba Nikolaus Harnoncourt, posiblemente el material que falta al manuscrito se haya perdido porque otros se llevaron “recuerdos” una vez muerto el maestro.

El caso es que oficialmente ninguna de las dos sinfonías fue completada, pero en ambos casos la obra fragmentaria es tan buena que parece no necesitar nada más.

Wagner y Bruckner juntos en Bayreuth / siluetas de Otto Böhler …aduladoras con Wagner, porque éste medía 1,66 mt y Bruckner 1,74

Mencioné antes a Wagner y no fue al azar: Bruckner se consideró siempre discípulo del “Mago de Bayreuth”, arrojando al molde sinfónico toda la novedad armónico-tímbrico-instrumental de su mentor; es simplemente imposible la obra del organista de San Florián sin el antecedente wagneriano. Pero a la vez el nexo con Schubert es notable, porque Bruckner se vincula también, y profundamente, a esa escuela alemana anterior y ajena a Wagner [digamos el Romanticismo poco-beethoveniano y nada-wagneriano] que retrocede hasta Haydn [clasicismo, pre-romanticismo]. Es increíble que un solo hombre tenido por timorato, simplón y “mitad idiota, mitad genio” (agridulce sentencia de su alumno Mahler…) haya podido lograr una síntesis plena y orgánica de influencias tan dispares, a contracorriente de la moda y en pleno epicentro del gusto conservador como era la ciudad de Viena, donde fue a residir hasta el fin de sus días. En muchas ocasiones “los últimos, los menospreciados, serán los primeros...” del Reino del Arte.

WandIntérprete privilegiado del repertorio centroeuropeo fue el longevo director alemán Günter Wand (1912-2002). Kapellmeister de pura cepa, Wand fraguó sus dotes musicales en escenarios menos notorios del ámbito germano (evito adrede la palabra «secundarios» por las cotas de calidad que fue capaz de alcanzar) como la Orquesta Gürzenich (orquesta filarmónica de la ópera de Colonia, que asume este nombre para los conciertos puramente instrumentales); la Sinfónica de Berna, Suiza; la Sinfónica de la Radio de Colonia; la Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania (NDR), amén de una brillante carrera como director invitado en los principales podios europeos y americanos.

Wand se había ganado una reputación como director de «integrales sinfónicas» cuando, siendo ya un veterano, abordó desde 1977 los ciclos de Schubert y Bruckner, convirtiéndose desde entonces un intérprete referencial de este último compositor.

Con estos verdes laureles sobre sus canas llegó a Tokio el año 2000, al frente de su orquesta NDR, ofreciendo un concierto con las dos sinfonías inacabadas. Tan perfecta velada sinfónica ilustra las palabras con que Wikipedia define al director:

Sus ejecuciones son muy apreciadas por la precisa atención en el detalle y el exquisito cuidado en materia de corrección estilística. Sin ser considerado como una de las más grandes figuras de su época debido a lo tardío de su consagración, Wand ofreció lo mejor de sí mismo al final de su carrera coincidiendo con su período de máxima madurez.
D E S C A R G A

MP3 ABR ~ 320 kbps · 48 kHz | 5 tracks | JPGs | .7z 195 MB | Yandex.ru

miércoles, 28 de febrero de 2018

Un momento fuera del tiempo: SCHUBERT “Andantino” de la Sonata en La Mayor D 959

Gafas originales de Franz Schubert
 

Si algo le debo a la Música, es que me permita tan a menudo estremecerme de Asombro. Y en esto tengo el mejor Seguro de Vida que haya contratado nunca. Esta posibilidad, además, opera como remedio contra la amargura, e incluso como freno contra la vejez. ¿Qué más juvenil que el entusiasmo? Tomen nota de eso, amigos míos, y “automedíquense”: permitan que la Música los arrebate.

* Advertencia de “usuario frecuente”: ni el asombro ni demás tónicos descritos en el párrafo anterior se traducen como alegría facilona. El auténtico arte no elude la vida tal como es, con sus alturas, sus llanos y sus abismos. Lo que hace es transmutar esa misma vida. Veamos a Mozart, maestro de una alegría dorada que nos legó también la primera gran escena de terror —me parece— de la ópera moderna en la aparición del Convidado de Piedra, el Commendatore que irrumpe al final de la ópera Don Giovanni como ejecutor inexorable de justicia divina.

SchubertCon Schubert sucede otro tanto. Ese genio austríaco al cual me estoy volviendo cada vez más adicto volcó en la música toda la tristeza de quien sabe que está condenado a morir muy pronto (padecía una enfermedad incurable para su época). Pero supo convertir tamaña angustia en música tan conmovedora, que puede detener los relojes. Eso me sucedió por ejemplo al toparme con el Andantino en Fa sostenido menor, segundo movimiento en su Sonata en La Mayor D 959, una de las tres últimas sonatas compuestas por el genio — publicadas a título póstumo muchos años después.

Se repite una y otra vez que Schubert fue quizá el mejor melodista de la historia. Una afirmación muy, muy probablemente cierta... pero que uno no entiende de veras hasta que oye melodías como las de este Andantino, que parece venir desde otra esfera. Música de una tristeza infinita, endulzada con grandes dosis de ternura, interrumpida por una rebelión que agita con violencia la partitura, para finalmente ceder a la resignación...

Les comparto dos versiones conmovedoras: la del gran Wilhelm Kempff y la de Mitsuko Uchida, un milagro de expresividad:

martes, 16 de enero de 2018

SCHUBERT :: Die Taubenpost (mi canción predilecta)

La paloma mensajera (imagen IA)

Hace dos décadas yo era, todavía más, un ignorante: desconocía a Schubert.

Me decía a mí mismo lo contrario: conocía sus piezas para piano, había estudiado con deleite sus Impromptus y sus Momentos Musicales, me fascinaba sinceramente la Sinfonía Inconclusa, había oído repetidas veces a mi madre y a mi abuela hablar con entusiasmo del Ave María o de la Serenata... Pero la verdad es que mantenía con el compositor austríaco una cierta distancia. Y lo peor de todo —escándalo—, no me había interesado en el universo de sus lieder. De aquí arranca mi afirmación inicial porque, si no conocía sus lieder, yo no conocía realmente a Franz Schubert...

Pero a cada compositor le llega su Eureka. Un día cualquiera una feliz circunstancia produce “algo” en nosotros, y el universo se expande en nuestros oídos. Así fue como a mediados de los 90s acabé con un disco en mis manos: el ciclo “Canto del Cisne” en la interpretación legendaria del tándem Fischer-Dieskau / Moore.

Elegir los calificativos para explicar el impacto de una obra musical superior es un reto. Y un riesgo. Es imposible eludir la palabra “emoción”... pero el uso corriente ha desgastado su significado. La genuina emoción que causan las grandes obras trasciende la mera conmoción sensible y sacude toda nuestra personalidad. Enriquece nuestros conceptos al respecto del amor, la tristeza, la nobleza, el mundo, el misterio. Cala en el alma, y para bien. Como suele repetir una querida amiga, las grandes obras son “salvíficas”. Salvan nuestra propia humanidad.

Muchas cosas se agolparon en mi mente al transitar una y otra vez por esas canciones: el prodigioso instinto para la modulación armónica sin romper la línea del canto, el vaivén entre los modos mayor y menor, la abundancia de ideas, etc. Cuando las emociones decantaron, descubrí que un lied me había atrapado de manera particular. Se diría que decidió entablar conmigo una larga amistad. Por veinte años a contar de entonces, las mismas sensaciones de nostalgia, de entusiasmo, de alegría se siguen apoderando de mí cuando lo escucho. Según los entendidos no es la más fina de las canciones schubertianas —y tendrán razones para decirlo—; para mí, es una de las obras que quiero llevarme de esta vida a cualquier otra.

Me refiero a “La Paloma Mensajera” (Die Taubenpost), D 965, canción romántica por donde se la mire, vale decir, por contexto histórico, por estilo musical y por temática. Fue escrita por un Schubert moribundo, quejumbroso, víctima de tifus aunque con su salud hace tiempo ya debilitada por la sífilis. La tragedia, sin embargo, no condicionó la inspiración: Die Taubenpost es una de las canciones más luminosas y animadas del compositor, en que la belleza melódica es sostenida por un vital acompañamiento pianístico de ritmo sincopado.

Aunque es el cierre del último ciclo de canciones creado por el genio austríaco, los investigadores discuten que forme parte de él. Su presencia más bien parece idea del editor. El texto proviene del poeta Johann Gabriel Seidl. El hablante lírico describe a una paloma mensajera, muy querida para él pues le sirve de correo para enviar mensajes a su amada. En un giro final, el poeta nos descubre que la paloma es en realidad un símbolo de su propia añoranza, verdadero vehículo de sus pensamientos.

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Aquí dejo para ustedes la antológica versión de Fischer-Dieskau y Gerald Moore para esta maravilla:

 
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Y también la transcripción para piano solista que debemos a Franz LISZT, decidido campeón de la música de Schubert en un momento histórico que todavía no había reconocido su genio:

martes, 31 de enero de 2017

Otro cumpleaños para SCHUBERT

Franz Schubert componiendo «Erlkönig» / cuadro de Harvey Dunn (1918)

Otro genio celebra su aniversario. Así pues, antes de seguir con los próximos artículos, detengámonos para recordar a uno de los grandes prodigios musicales aparecidos en tierras austríacas: Franz Peter Schubert, nacido en Viena el 31 de enero de 1797.

No hay mejor manera de capturar el recuerdo de los genios que a través de sus obras maestras. Una de las más conocidas de Schubert es su adaptación musical para el poema de Goethe «El Rey de los Elfos» (de los Alisos, debido a un detalle con la traducción original). Creada de un tirón en 1814 por un joven Schubert de 18 años luego de emocionarse leyendo el poema, esta obra es considerada la versión definitiva para una balada que conoció varias otras adaptaciones. El compositor, habitualmente tímido, se sintió tan seguro de la calidad de esta pieza que luego de revisarla unas veces, decidió publicarla como su Opus 1. Con «El Rey de los Elfos» Schubert demostraba ser un maestro del lied.

El video que incluyo más abajo representa la historia de esta balada con una preciosa animación imitando las marionetas de sombras chinas. Ese detalle anacrónico aporta pinceladas de «romanticismo macabro» a la fantasmal tragedia que relata Goethe. Hay algunas pequeñas licencias (pues el niño debiera ir en el regazo del padre... pero entonces sería difícil separar la sombra de ambos en la visualización) que no adulteran nada de esta maravilla.

¡Felices 220 años, Franz Peter, y gracias por tanto!

lunes, 19 de septiembre de 2016

SCHUBERT se sentaba junto al arroyo

En sus canciones, Schubert alude a menudo al agua que fluye. Hace un tiempo comentamos esta característica. Siempre habrá un arroyo, un lago o una orilla de océano en su producción. Las aguas que pasan recogen el lamento, animan la contemplación, despiertan el ensueño, inducen el reposo.

Esta vez nos sentaremos con Franz Peter cerca de un curso de agua. Les comparto cuatro videos con sendas canciones que sitúan al protagonista junto a un riachuelo; la primera de ellas pertenece al ciclo «Viaje de Invierno» y se titula Auf dem Fluße («En el Arroyo»). Así la resume Wikipedia:

El caminante se encuentra a orillas de un río, hoy helado y silencioso, en el pasado, alegre y sonoro. Escribe sobre el hielo el nombre de su amada. Su corazón se le parece, pues bajo la corteza helada late un rugiente torrente. El comienzo recuerda a “Buenas noches”, y es de nuevo un lied en ritmo de caminante. El recuerdo del pasado está de nuevo en tono mayor. La última estrofa está muy acentuada, para indicar que bajo su apariencia helada, el caminante está intensamente emocionado.


Sigamos con una canción famosa: Die Forelle («La Trucha»). Su alegre melodía (de neto sabor popular) es una de las más recordadas del fecundo compositor. Tomo descripciones del Blog de Atticus y el de Santiago Rusiñol:
El Lied La Trucha (op. 32 / D 550) fue escrito en la primavera de 1817 sobre un texto del músico y poeta Christian Friedrich Schubart. Las dos primeras estrofas narran la observación de una trucha feliz en un riachuelo. En la tercera estrofa, un pescador la atrapa jugando sucio. La pieza, a pesar de su estructura sencilla, fue una de las más trabajadas por el compositor, y rápidamente se volvió una de las más queridas del público. El piano sugiere en su acompañamiento el discurrir y balanceo de las aguas, mientras que la línea melódica representa a la inocente y despreocupada trucha que nada en el arroyo.

El último ciclo de canciones de Schubert fue publicado póstumamente bajo el título Schwanengesang (“Canto del Cisne”), sugiriendo una especie de testamento musical. En realidad fue una idea del editor, quien decidió organizar los últimos lieder schubertianos en el marco de una colección atractiva. Pese a lo arbitrario de su origen, el resultado logra unidad temática. “Canto del Cisne” incluye varias joyas de la música universal, como Abschied (“La Despedida”), Am Meer (“Junto al Mar”), Die Stadt (“La Ciudad”) y por supuesto, la celebérrima Ständchen (“Serenata”).

Pero si traigo a colación este ciclo es porque el maravilloso lied de apertura se refiere precisamente al agua que corre. Titulado Liebesbotschaft (“Mensaje de amor”), con poesía de Ludwig Rellstab, es un instante de gozo que la Wikipedia describe en estos términos:
El cantante invita a la corriente de agua a que lleve un mensaje a su amada; la música fluye como el agua en el arroyo.


Complemento la versión anterior con esta otra, inmensa, que nos traen Peter Schreier en la voz y András Schiff en el piano:

Para concluir, una aportación espléndida y reveladora de nuestro amigo por tanto tiempo, Elgatosierra. Le consulté a este querido y bailarín melómano, firme devoto de los lieder de Schubert (“Schubi”) por una sugerencia para esta entrada y me recomendó Auf dem Strom («En el río») D. 943, canción que enriquece el habitual binomio voz/piano con la presencia del Corno francés. Es una de las últimas maravillas escritas por Schubert antes de dejar este mundo, y el solo del corno aporta brillo esplendoroso. Tomo las palabras de mi amigo para completar la presentación:

Hay una bonita y pequeña historia sobre este lieder. Según parece SCHUBI compuso este lied para un concierto dedicado por entero a música suya, posiblemente el último en vida del maestro, y que gestionó su círculo de amistades. Se celebraría el 28 de marzo de 1828 (él murió poco después, el 19 de noviembre) en una sala de la Sociedad Filarmónica de Viena. Algunos expertos afirman que el poema de Rellstab provenía de la biblioteca de Beethoven, hecho que da peso a la teoría de que este lied, con su referencia a la Marcha Fúnebre de la “Heroica”, intentaba ser un homenaje al gran maestro, que había muerto el año anterior, más o menos en el mismo día.

El lied trata de la separación, la unión y el discurrir de la vida hasta la muerte. Schubert, como cualquier romántico, podría hacerse identificado con esos pensamientos en cualquier momento de su vida, así que no sería equivocado asumir que esta vez vio en ellos la premonición de su propia desaparición, para reunirse en el más allá con su admirado Beethoven. Hay quien llega a identificar el sonido de la trompa con la llamada de la muerte.

Hay una versión en YouTube con tres monstruos monstruosos que le hacen plena justicia: Peter Pears en los gorgoritos; Dennis Brain soplando la trompa; y Noel Mewton-Wood acariciando las teclas del piano. ¡No tengo palabras para ponderar tanto arte!
Texto original en alemánTraducción al español
Nimm die letzten Abschiedsküsse,
Und die wehenden, die Grüße,
Die ich noch ans Ufer sende,
Eh' dein Fuß sich scheidend wende!
Schon wird von des Stromes Wogen
Doch den tränendunklen Blick
Zieht die Sehnsucht stets zurück!
Eh' dein Fuß sich scheidend wende!
Und so trägt mich denn die Welle
Fort mit unerflehter Schnelle.
Ach, schon ist die Flur verschwunden,
Wo ich selig Sie gefunden!
Ewig hin, ihr Wonnetage!
Hoffnungsleer verhallt die Klage
Um das schöne Heimatland,
Wo ich ihre Liebe fand.
Sieh, wie flieht der Strand vorüber,
Und wie drängt es mich hinüber,
Zieht mit unnennbaren Banden,
An der Hütte dort zu landen,
In der Laube dort zu weilen;
Doch des Stromes Wellen eilen
Weiter ohne Rast und Ruh,
Führen mich dem Weltmeer zu!
Nimm die letzten Abschiedsküsse,
Und die wehenden, die Grüße,
Die ich noch ans Ufer sende,
Eh' dein Fuß sich scheidend wende!
Schon wird von des Stromes Wogen
Doch den tränendunklen Blick
Zieht die Sehnsucht stets zurück!
Eh' dein Fuß sich scheidend wende!
Kann des Auges sehnend Schweifen
Keine Ufer mehr ergreifen,
Nun so schau' ich zu den Sternen
Auf in jenen heil'gen Fernen!
Ach, bei ihrem milden Scheine
Nannt' ich sie zuerst die Meine;
Dort vielleicht, o tröstend Glück!
Dort begegn' ich ihrem Blick.
¡Recibe los últimos besos del adiós
y los saludos vibrantes
que envío de nuevo por la ribera,
antes de que tu pie la abandone!
Las ondas rápidas del río
arrastran la barca
pero la nostalgia no cesa de recoger
las lágrimas que colman los ojos.
Así me llevan las olas
a una indeseable rapidez.
¡Ah, han desaparecido los campos donde
tuve la dicha de encontrarla!
Perdidos para siempre aquellos días de felicidad,
sin ninguna esperanza se pierden los lamentos
por el hermoso país
donde encontré el amor.
Mira cómo se desliza veloz la playa
y cómo aspiro regresar allá,
con inefables lazos que me atraen
hacia la cabaña, bajo la bóveda,
donde me gustaría tanto detenerme.
Pero las aguas del río,
sin tregua ni reposo,
me llevan hacia el océano.
Un escalofrío de horror me estremece
a la vista de este oscuro desierto,
alejado de toda grata ribera
donde ninguna isla aparece.
Ningún canto venido de la orilla
podría traerme dulces lágrimas de melancolía.
Sólo sopla el viento frío de la tempestad
sobre el lomo de las olas pardas.
Mis ojos errantes plenos de nostalgia
no perciben ya ninguna orilla
elevo ahora la mirada hacia las estrellas
en esas lejanías sagradas.
¡Ah, fue ante su dulce semblante
que la declaré mía!
Allá, quizás, ¡oh felicidad confortante!
encontraré su mirada.

domingo, 24 de abril de 2016

SCHUBERT :: Auf dem Wasser zu singen

Recreación digital de una obra de Vladimir Volegov

Esto de la lluvia que anegó Santiago durante el fin de semana anterior y volvió anoche a la capital sirva al menos como propuesta musical; y, aunque se haya desbordado el río que atraviesa la ciudad, omitiré una audición de “El Moldava” para apuntar al gran Franz SCHUBERT con una de sus canciones célebres, Auf dem Wasser zu singen, es decir “Para cantar en el agua”.

schubert

Huelga decir que SCHUBERT fue uno de los mayores y mejores creadores en este género “menor” como es la canción culta alemana, el lied; sobra igualmente mencionar que fue uno de los más inspirados melodistas que alguna vez pisaron este mundo. En cambio, sí es interesante revisar un elemento arquetípico del compositor que se halla presente en esta obra, como es el agua. Lo resume la siguiente afirmación: «Decimos, pues, con fundadas razones, que el agua para Schubert es un genuino espacio de la mente, sumamente apreciado. […] Relacionado al tema del arroyo, del agua corriente, está el del flujo del tiempo, entendido como vertiginosa parábola del arco de la vida, a cuyos extremos se hallan el nacimiento y la muerte, y la alternativa perpetua entre alegrías y dolores, sonrisas y lágrimas, con lo cual se vuelve fuente inagotable de fecundidad espiritual, cuyo aguijón escondido lo representa el binomio de la enfermedad y la muerte» (A. Solbiati y S. Cerruti, I Luoghi della Mente: L’acqua in Schubert – traducción propia).

En este lied, el piano desarrolla un adorno descendente que pinta la imagen del agua asociada a modulaciones armónicas conmovedoras. La melodía del canto se integra con mano maestra en la “corriente” musical, impulsando el discurso iniciado por el piano en uno de los mejores acompañamientos creados por el compositor para este género — y eso, amigos, ya es decir bastante.

Para mayores detalles del poema que sirve de base a esta canción junto a su traducción al español, les recomiendo vivamente visitar esta entrada en el sitio “Classic Musica”.

Primero dejo con ustedes una transcripción para cello y piano; creo que atender a la belleza melódica es siempre una práctica reveladora cuando se trata de este compositor. Con ustedes, dos jóvenes y muy talentosas intérpretes francesas, Camille Thomas y Beatrice Berrut:

En segundo término, el lied tal cual, en voz diáfana de la soprano Barbara Bonney acompañada al piano por Geoffrey Parsons:

liszt Y por último la transcripción para piano solista de Franz LISZT (deslumbrante y energética, como se espera del maestro húngaro) en las virtuosísticas manos del ruso Evgeny Kissin. Liszt, recordemos, no fue sólo un pianista de capacidad sobrehumana sino un artista de particular agudeza para reconocer y estimar las virtudes de otros colegas; en este caso, una vez que descubrió la música de Schubert se convirtió en adalid de esta causa, creando estas brillantes adaptaciones a fin de divulgar la obra del gran músico vienés:

martes, 9 de febrero de 2016

Aniversario de SCHUBERT

Unas cuantas semanas ajetreadas pero entretenidas explican este silencio de principios de año. Para colmo, en cosa de un mes y medio se ha acumulado bastante material en el ítem “onomásticos”: Furtwängler, Schubert, Jussi Björling, Claudio Arrau, Violeta Parra, John Williams... todos han cumplido aniversarios en estos días, sin contar las sensibles pérdidas de los directores Kurt Masur, en diciembre pasado, y Pierre Boulez, el 5 de enero de este año. Algo habrá que decir y para no aburrirlos más, amigos, los invito a emprender de nuevo el viaje. Iniciemos con ese creador fantástico que fue Franz Schubert:

El 31 de Enero se cumplieron 219 años desde el nacimiento de Franz Peter Schubert, uno de los grandes músicos que nos enriquecieron con su genio. Como parece la norma en estos casos, murió muy joven (31 años) víctima de tifus, aunque su organismo ya era presa de sífilis en fase terciaria (la fase final, cuando se manifiestan las secuelas más crueles e invalidantes de la enfermedad).

Ex niño cantor de Viena, fue un prodigio desde su infancia, asimilando a velocidad increíble toda lección musical que tuviera al alcance. Poseía oído absoluto y oído interno (podía reconocer las “notas” presentes en cualquier sonido, y también reconstruir imaginariamente cualquier partitura que tuviera ante su vista) y sobre todo una capacidad melódica de riqueza incomparable. Toda su obra vibra en melodías, apoyada además en una armonía llena de giros inesperados entre los modos mayor y menor, que volvían sus ideas musicales algo inolvidable. No por nada dijo Beethoven, leyendo unas obras de Schubert que llevaron hasta su lecho de enfermo, que en el joven colega “hay una chispa divina”.

anteojos schubert

Los célebres anteojos redondos de Schubert

Schubert fue un artista sin suerte. Seguramente uno de los músicos mejor dotados por la Naturaleza en la Viena de aquel tiempo (y de todos los tiempos), eso no le bastó para conquistar los medios artísticos “masivos”, diríamos hoy; pero supo crear un grupo de amigos incondicionales que fueron los verdaderos campeones de su obra. Gracias a ellos, los últimos años del gran compositor conocieron por fin una tímida aurora de fama, pero unas décadas tras su partida se produjo la eclosión definitiva.

Quiero pensar que esos amigos siguen aumentando con el paso de las generaciones, pues me considero uno de ellos. Seguro que muchos de ustedes también. Así pues, brindemos por el autor del “Ave María”, la “Sinfonía Inconclusa”, canciones como “La Muerte y la Doncella”, “Margarita en la rueca”, “La Trucha”, “A la Música”, “El Rey de los Elfos” o la celebérrima “Serenata”, la música escénica para “Rosamunda”, los “Momentos Musicales” y los “Impromptu” para piano, etc. etc.

hanover band

Celebremos a Schubert con versiones históricamente informadas de su Sinfonía número 8, llamada Inconclusa, y la música incidental para Rosamunda. Se trata de una grabación realizada a principios de la última década del siglo pasado, con Roy Goodman al frente de The Hanover Band, formación pionera en recuperar el sinfonismo clásico-romántico desde la óptica de la música con prácticas originales.

Nuestro gran compositor se cuenta entre los genios más interpretados en las salas de concierto desde su definitivo salto a la fama, a mediados del siglo XIX, pero eso supuso también que la evolución del gusto musical, de las fuerzas orquestales y de los hábitos interpretativos en Occidente fuera alejando la ejecución de su música del contexto original en que se había fraguado. Un proceso natural y normal, pues la música está viva, pero que en algún punto puede despertar dudas sobre aquello tan inefable como es “la intención del compositor”. En busca de esta “verdad”, The Hanover Band logró resultados luminosos como el que hoy les comparto. ¡Disfruten!

• Para descargar, basta pinchar la carátula

viernes, 11 de septiembre de 2015

Las otras Variaciones DIABELLI

variaciones diabelli

En 1819, el músico y editor vienés Anton Diabelli tuvo una gran idea que debe más a su talento como hombre de negocios que al de compositor: contactó a los músicos más afamados de Austria y también a un puñado de alemanes relevantes, solicitándoles escribir una variación a partir de un tema suministrado por él mismo (a saber, un vals corto e inofensivo) para una publicación mensual de su casa editorial, y finalmente reunir el compendio de variaciones en un solo volumen bajo el título de "Asociación de Compositores Patrióticos" (la reacción popular contra Bonaparte seguía siendo un buen gancho comercial).

51 compositores atendieron la propuesta de Diabelli. El variopinto grupo incluía al Archiduque Rudolf de Austria, Franz Xaver Mozart (hijo de Amadeus), Moritz Conde de Dietrichstein, Heinrich Eduard Josef Barón de Lannoy, Ignaz Franz Barón de Mosel, Carl Czerny, Johann Nepomuk Hummel, Ignaz Moscheles, Franz Schubert... Hasta el juvenísimo Franz Liszt recibió una copia del tema, cortesía de su influyente maestro Czerny, y contribuyó con una variación.

Beethoven fue el último en entregar su parte, cuatro años después. ¡Bendita demora! No era una sola, sino 33 variaciones que constituían en sí mismas un corpus completo, testimonio impresionante de genialidad e inspiración y, de paso, pieza fundamental del repertorio pianístico desde entonces. Diabelli decidió publicarlas por separado. Y la grandeza de este grupo de variaciones eclipsó a las demás.

No obstante, las variaciones originales (ahora constituyendo el segundo volumen) rindieron suculentos frutos editoriales. El nutrido grupo de músicos configuró un amplio abanico con las influencias y estilos de aquel momento, dando vivos colores al tema original. Todo eso resultó muy atractivo para el público. Recordemos que el siglo XIX fue el siglo del piano; el instrumento estaba presente en muchísimas casas y tenía cultores repartidos en toda la escala social; era la manera de hacer sonar la música antes de la radio o de los discos.

El siguiente video recopila algunas de las variaciones del segundo volumen. Especial atención merecen las de Liszt [4:23 min] y Schubert [8:16 min], ambas modificando la tonalidad de Do mayor a Do menor, y además la extraordinaria Coda compuesta por Czerny como cierre de la colección. Disfruten:

martes, 26 de agosto de 2014

In Memoriam FRANS BRÜGGEN


La música «con prácticas de época» está de luto. Ha perdido a Frans [Franciscus Jozef] Brüggen. El maestro holandés falleció el pasado miércoles 13 de Agosto, aunque llevaba enfermo ya un tiempo, según consignan medios en Internet. Brüggen puede no ser un apellido que «le suene» rápidamente a muchas personas, incluso las familiarizadas con la música clásica, pero eso se debe más que nada a cuestiones de divulgación —parte importante de la fama en nuestra sociedad publicitaria— antes que a peso específico. Porque Brüggen fue importante. Y mucho. Para empezar, como irreemplazable virtuoso de un instrumento bastante mirado en menos hasta su llegada, la flauta dulce (flauta de pico en España, en inglés recorder). Muchos lectores recordarán, tal vez, sus propias clases de música en el colegio tratando de aprender alguna melodía facilona en este instrumento de aspecto simple y técnica accesible. Durante mucho tiempo la flauta dulce fue eso, el pariente pobre de la flauta traversa.

Brüggen, explorando el repertorio y las prácticas musicales de antaño, enalteció este instrumento. Concierto tras concierto, disco tras disco, demostró musicalmente la maestría a la que puede llegar un verdadero artista sin importar la sencillez del medio empleado. En el ancho repertorio de la flauta dulce, secular pero cubierto de mayoritario desdén, este músico navegó con rigor y soltura, desarrollando una autoridad insoslayable.


Miembro de una generación de inquietos músicos europeos que trajo brisa fresca a la interpretación examinando las estéticas del pasado —Leonhardt, Bylsma, Harnoncourt, también Koopman...— Brüggen dio un paso adelante en su trayectoria el año 1981 y co-fundó, junto a Sieuwert Verster, la “Orquesta del Siglo XVIII”, notable agrupación dedicada a las prácticas musicales “de época”, empleando instrumentos originales —fabricados hoy pero a imagen de los que existieron siglos atrás— y funcionando como un colectivo, esto es, distribuyendo en partes iguales las ganancias obtenidas con sus conciertos.

Brüggen perseveró hasta su muerte en su faceta como director, que ejerció también frente a orquestas de mayor abolengo como la Orquesta del Real Concertgebouw, de Chicago, de Oslo, la Filarmónica de Viena, la Tonhalle de Zurich...

Yo conocí primero al Brüggen especialista en flauta dulce. Lo admito, en ese terreno me incliné siempre a favor de su joven colega danesa Michala Petri, por mucho que el holandés manejara el volumen sonoro con destreza superior. Fue el Brüggen director de orquesta el que me cautivó más. Su capacidad para agilizar, matizar y colorear las texturas sinfónicas es un obsequio para agradecer, en especial porque no es cosa fácil aportar novedad al repertorio clásico centroeuropeo. El gran mérito de estos revisionistas estéticos es justamente ése, «poner vino nuevo en odres viejos». La contención emocional del maestro holandés se equilibra con un temperamento recio y a la vez cuidadoso.

cubiertaAsí pues, les invito a disfrutar a Brüggen dirigiendo música de SCHUBERT, las Sinfonías número 1, en Re mayor, y la número 4 en Do menor, llamada «Trágica», en un registro live. En este apartado de su producción, Schubert seguía de cerca los modelos de Haydn y Mozart pero también el ejemplo renovador de su admirado Beethoven. A este último le ofrece un homenaje en su primera sinfonía, citando de manera muy exacta un tema común al ballet «Las Criaturas de Prometeo» y a la Tercera Sinfonía («Heroica») —semejante al testimonio que dará años después Brahms en su propia sinfonía núm. 1, citando el Himno de la Alegría de la Novena—.

La pasmosa facilidad creativa de Schubert es patente en la primera de sus obras sinfónicas, la cual escribió con sólo dieciséis años de edad, directamente sobre el papel pautado, mientras todavía era un escolar en el Internado para el coro de la corte. Un amigo suyo de esos años, Albert Stadler, nos dejó este cuadro: «Con toda calma y apenas distraído por el parloteo de sus compañeros de clase, se sentaba en su pequeño escritorio... escribiendo ágil y fluidamente, con escasas correcciones y dando la impresión de ser aquella la cosa más natural del mundo».

Y ya que mencioné antes a Brahms: el barbado compositor fue requerido para revisar las partituras de Schubert en su primera edición oficial, a fines del siglo XIX , pero en el proceso corrigió las indicaciones de volumen para conseguir un sonido orquestal equilibrado; ahora bien, Schubert es la espontaneidad encarnada y los retoques, aunque cautelosos, le quitan parte de su encanto. Versiones como las de Brüggen nos restituyen esa frescura.

A disfrutar, amigos y amigas, del gran maestro holandés interpretando esta música espléndida:


» D E S C A R G A

MP3 ABR 320 kbps 48 kHz | 8 tracks | RAR 117 MB

 
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