domingo, 12 de diciembre de 2010

EL OTRO FRANZ SCHUBERT (“el de Dresde”) Y LOS OTROS ERLKÖNIG



“Erlkönig”, ilustración de Frank Kirchbach


por Fernando de León / dedicado a Elgatosierra


Franz Anton Schubert nació en Dresde en 1768, hermano menor del contrabajista Anton Schubert. También contrabajista, acabó como compositor principal de la Iglesia Real de Dresde. Fundador de una pequeña saga de músicos; su hijo, violinista y compositor, también llamado Franz, aunque acabó llamándose François Schubert por razones obvias. Éste, a su vez, fue padre de la cantante Georgine Schubert, soprano que adquirió cierto renombre.

De Franz Anton Schubert se conserva sobre todo música religiosa, pero también escribió música profana como este lied Die Lebensgefährten que canta Ann Murray acompañada al piano por Graham Johnson.

Pero este músico de Dresde es más recordado por su desdeñosa contestación a los prestigiosos editores Breitkopf & Härtel cuando esta compañía envió por error al Schubert de Dresde el manuscrito del famoso lied Erlkönig escrito por Franz Peter, el Schubert de Viena, devolviéndoselo por no considerar de interés su publicación. Franz Anton contestó con una mordaz carta en la que decía:
“Pido que quede constancia que dicha cantata en ningún momento fue escrita por mí. Pero me quedaré la partitura para estudiar, si es posible, quién es capaz de enviarles tan descortésmente esta basura [»Machwerk«: porquería, mamarracho] y además descubrir al tipo que usurpa mi nombre.”
Y no fue el único encuentro entre ambos compositores; en el almanaque de 1822 W. G. Beckers Taschenbuch für geselligen Vergnügen (“Agenda de W. G. Becker para el divertimento social”) el editor incluyó dos canciones correspondientes cada una a los dos Schubert y para solventar el enredo usó la aclaración “Franz Schubert en Viena” y “Franz Schubert en Dresde” a fin de distinguirlos, sin que haya constancia de la reacción que tuvo Franz Anton al verse de nuevo relacionado con Franz Peter.

Un bosque para el rey de los elfos...
Erlkönig es un poema de Johann Wolfgang von Goethe, en el que narra la galopada a través de un sombrío bosque de un hombre que lleva a su hijo, gravemente enfermo, al médico, en una oscura, ventosa y desapacible noche. Goethe incluye en esta trama una leyenda de origen danés por la que el rey de los Elfos (Erlkönig, aunque no sea ésta exactamente su traducción, pero no nos extenderemos ahora en este punto) se acerca a los moribundos para atraerlos hacia el más allá, primero con halagos y promesas, después con apremios y violencia. El poema ha sido usado como texto para canciones por multitud de compositores clásicos y se conocen más de 20 adaptaciones.
... LETRA Y TRADUCCIÓN AQUÍ
“El joven Schubert”, óleo de Josef Abel

La más famosa es la de Franz Peter Schubert, quien llegó a publicarla como su Opus 1 aunque luego O.E. Deutsch lo catalogase como D.328. Schubert contaba sólo 18 años cuando concibió esta obra maestra, considerada de máxima dificultad para el cantante ya que en un mismo lied ha de entonar las voces de los cuatro personajes, a saber: el narrador, el padre, el niño y el rey de los Elfos. No menos ardua es la labor del pianista, ya que el tempo simula el ritmo que lleva el caballo en el transcurso del relato (si bien, más que una rítmica imitación de galope, los agitados tresillos del acompañamiento comunican a una irresistible sensación de urgencia, sustrato emocional de la obra). Fue transcrito por Liszt para piano solo, por Ernst para violín solo y Berlioz orquestó el acompañamiento de piano. Podemos oírlo aquí en dos versiones:

  • Primero en una hermosa animación que emplea como base la voz de Ian Bostridge y el piano de Julius Drake...
  • ...y luego en la versión de Dietrich Fischer-Dieskau secundado al piano por Gerald Moore...

Pero, como comentamos anteriormente, hay más composiciones con el mismo texto, que resuelven el problema de los múltiples personajes de diferentes maneras. Un ejemplo es el de Louis Spohr, compositor, pero con más fama en su época como violinista. Puso música al poema de Goethe incluyendo un violin obbligato que realza la atmósfera ladina de los pasajes correspondientes al Erlkönig. Canta Gerald Finley con Marianne Thorsen al violín y Graham Johnson al piano:

Johann Friedrich Reichardt fue, quizá, el más valorado compositor de lieder de su época, además de prolífico autor de esta variante con más de 1.500 composiciones de las cuales unas 150 contenían textos de Johann Wolfgang von Goethe. Publicada en 1794, Reichardt expone la trama de Erlkönig en un ambiente fantasmal envuelto por la bruma. Los pasajes del rey son casi monólogos que, sin permitir respirar al intérprete dan la impresión de no estar cantados. De nuevo Gerald Finley acompañado al piano por Graham Johnson nos interpreta la acelerada versión de Reichardt.

Carl F. ZelterQuien introdujo a Felix Mendelssohn en la música de Juan Sebastian Bach promoviendo así la recuperación de la obra del inmortal genio del barroco, fue Carl Friedrich Zelter. Nacido en Berlín en 1758, llegó a ocupar el puesto de director de la academia de canto de su ciudad natal y fue profesor, entre otros, de los hermanos Mendelssohn y de Meyerbeer. Una copia del manuscrito de la partitura de la Pasión según San Mateo conservado por Zelter fue el regalo de fin de año que la abuela Bella Salomon hizo al joven Félix en 1823, y que cinco años más tarde Mendelssohn revivió en la famosa actuación en la Singakademie de Berlín en marzo de 1829. La otra faceta a destacar de Zelter es la gran amistad que le unía con Goethe; se cruzaron correspondencia regularmente durante al menos 30 años y se visitaron con asiduidad. Compuso su Erlkönig en 1797 aunque no fue publicada hasta 1896, es importante destacar las ráfagas de piano tras las estrofas que terminan citando a la neblina (es ist ein Nebelstreif) y al viento (säuselt der Wind) cuyo movimiento describen de forma admirable. De nuevo el tándem Finley – Johnson nos ofrecen esta versión de Erlkönig.

“Erlkönig” (1849), acuarela basada en una ilustración de Moritz von Schwind

Quizá la composición sobre el texto de Goethe que más compite en celebridad con la de Schubert es la debida a la mano de Carl Loewe, el cual además de compositor era barítono. Compuesta entre 1817 y 1818, no posee el mismo nivel melódico que la versión schubertiana, ya que si bien éste adjudicó al piano la tarea de transmitir una atmósfera de inquietud, Loewe encarga este cometido a la modulación de la voz y la predominancia del canto. Repeticiones de versos finales, que trasmiten sensaciones de eco, y la voz del rey siempre en pianissimo se encargan de crear el ambiente de desasosiego buscado. Para algunos esta versión supera a la de Schubert. Atención al modo casi expresionista con que Loewe subraya la dramática resolución (...war tot) colocando la última sílaba en Si natural (2:52), atroz contraste a la armonía de Sol menor que domina la composición. El bajo-barítono Thomas Quasthoff junto al piano de Norman Shetler dan soberbia lectura a esta versión admirable de la balada goethiana.

Sarah BrightmanSon muchos más los compositores de la época clásica los que han puesto música al tétrico poema de Goethe. En tiempos más actuales también se han hecho versiones, algunas tan peregrinas como la aparecida en el álbum “La Luna” de la mercantil soprano inglesa Sara Brightman, en el cual figura una canción con el título “Figlio Perduto”, donde en un alarde de surrealismo comercial usan como base musical el Andante de la séptima sinfonía de Beethoven (!) y el texto del poema traducido al italiano.

Incluso grupos de rock, aun los más extremos, como es el caso de Rammstein, la formación alemana que encarnó el innovador y rebelde espíritu del Berlín reunificado, versionó Erlkönig en su canción Dalai Lama incluida en el trabajo Reise, Reise (2004), donde dan un giro al texto original, sustituyendo el caballo por un avión, donde viajan padre e hijo, y que se ve envuelto por una tormenta que figuradamente ha sido enviada por “el rey de los vientos”. No faltan los coros que de forma zalamera reclaman el alma del niño hacía el mundo en las nubes. El final aquí es, naturalmente, más trágico: el pánico del padre hace que el abrazo mortal asfixie al pequeño. Tras barajar varios títulos, decidieron llamar la canción Dalai Lama por la aversión del líder religioso a volar, sin que en ningún momento se haga mención al budismo tibetano.

3 comentarios:

mary carmen dijo...

Felicitaciones a Fer ppr este ,como siempre magnífico post.
Y por supuesto al que lo colgó
Mari

Elgatosierra dijo...

Fernando y Quinoff, Quinoff y Fernando, muchas, pero que muchas gracias por la dedicatoria de este magnífico post. Texto, imágenes, música y diseño exquisitos.
Ellos ya sabían de mi afición por los lieder en general y por los de Schubert en particular,
El “Erlkönig” de Schubert es una auténtica obra maestra, y él era muy consciente de ello, por eso le otorgó el número 1 en su catalogo de obras, a pesar de que ya había compuesto bastantes más.
Y sí, del poema de Schubert hay muchas versiones musicales, hay quien ha detectado ya hasta 26.
Luego esa versión de Zelter, del que hemos estado hablando en privado últimamente, con relación a otro gozoso lieder suyo, “Der König von Tule”.
Extraordinaria también la versión de Loewe.
El oportunismo de Sara Brighton, apoyándose nada menos que en el allegretto de la “Séptima” Beet, es delirante, y la empanada de Rammstein cañera. JAJAJA
La anécdota sobre el Schubert de Dresde cuanto menos jocosa. Pero ojo al dato, el pájaro decide “… Pero me quedaré la partitura para estudiar, si es posible, quién es capaz de enviarles tan descortésmente esta basura y además descubrir al tipo que usurpa mi nombre”. Y ahora recordamos a este ‘compositor’, que debió de hacer ‘maravillas’, gracias a quien el decía componía ‘basuras’. La condición humana es terrible…, o peor. JAJAJA Me río por no llorar. JAJAJA
Me reitero, muchas, pero que muchas gracias amigos.
Mari, buen Mahler – Gergiev por París. Los mortales, por aquí, a verlas venir. JAJAJA No sé si irme esta noche a bailar, parte un poquito de envidia. JAJAJA
Salud, paz, sonrisas y cordiales saludos para todo el fogón.
Elgatosierra

Quinøff dijo...

Querido amigo, mucho me alegra que te haya gustado el regalito. Es una buena jugarreta la del destino contra Franz Anton Schubert: perdurar en el recuerdo de los hombres gracias al muchacho a quien basureaba. Este lied de Schubert me obsesiona, es tan perfecto como la balada de Goethe, la cual merecería una aproximación más detenida. Pero ahí está otro escandaloso desaire: el silencio que guardó el genial poeta ante la obra del compositor. Ni siquiera por educación manifestó alguna mínima deferencia para con uno de los mejores traductores musicales de su obra, sino el mejor de todos. Zelter tuvo alguna cuota de responsabilidad, ya que era un acérrimo defensor del lied estrófico, mientras Schubert desarrollaba estructuras variables según la necesidad expresiva de la canción. Goethe se abanderó por la forma estrófica y no supo valorar el alcance de las novedades schubertianas... en fin.

Sobre la versión de Loewe, otra que me gusta mucho, hay un detenido análisis hecho por un querido amigo de este blog... sólo que él escribe en catalán. De cualquier manera se los recomiendo.
CLICK AQUÍ

Y antes que me olvide: Mary debería hacer un nuevo reportaje, relatándonos sus champañescos (mejor diré ditirámbicos) paseos por París y sus audiciones de Gergiev, pero en especial su vínculo (el de ella) con la Sinfonía “Titán”. Queda propuesto.

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