martes, 17 de diciembre de 2013
In memoriam: Ludwig van BEETHOVEN, 243 años
viernes, 8 de junio de 2012
DVORÁK: Novena Sinfonía & Obertura Carnaval
Así, a esta serie de “Sonidos en Sepia” traigo un par de grabaciones de aquellos tiempos, ambas dedicadas a la música de Antonín Dvořák. Una es de 1937: un joven y rutilante George Szell dirige a la Orquesta Filarmónica Checa en la Sinfonía nº 9 en Mi menor, «Desde el Nuevo Mundo».
Luego, el gran Erich Kleiber dirige a la Filarmónica de Londres en 1948 para entregarnos la Obertura «Carnaval». Titulada al principio «Carnaval de Bohemia», el autor suprimió después la ubicación geográfica pues pretendía representar la alegría de vivir como valor universal, entremezclada con instantes de serenidad y pesar, sobre los cuales acaba triunfando.
Cabe destacar que estos dos directores emparejan muy bien pues ambos se adscribían a la fidelidad interpretativa más pura, descartando todo exceso retórico y subjetivo para atenerse a la partitura — ánimo muy afín a las ambiciones de Toscanini, y muy en las antípodas del emocionante e impredecible subjetivismo de Furtwängler. El propósito de esta corriente era reaccionar contra el sentimentalismo romántico y el tumulto emocional del expresionismo, en afinidad a lo que se llamó entonces «Nueva Objetividad».
...aquímp3 VBR ~ 224kbps | 5 tracks | .rar 70,8 MB | mediafireANTONÍN DVOŘÁK (1841-1904): * Sinfonía nº 9 en Mi menor, op.95 «Desde el Nuevo Mundo» / GEORGE SZELL + Orquesta Filarmónica Checa (1937) * Obertura «Carnaval», op.92 / ERICH KLEIBER + Orquesta Filarmónica de Londres (1948)
martes, 22 de noviembre de 2011
BEETHOVEN · Cuarta Sinfonía · Carlos Kleiber · 1982
En el día de la Patrona de la Música, Santa Cecilia, y por extensión «Día de la Música» en varios países, les traigo como obsequio una versión absolutamente memorable de la Cuarta Sinfonía, en Si bemol mayor Op. 60, de Ludwig van Beethoven. Se trata de un registro live del mítico Carlos Kleiber al frente de la Orquesta Estatal de Baviera el 3 de mayo de 1982.
Hay quien comparó esta versión con las maneras de Toscanini, por la primacía que otorga a la objetividad. Pero Kleiber hijo, perfeccionista durante los ensayos, siempre supo dejar espacio a la libertad de su inspiración. ¡Vaya un equilibrio difícil! Aquí respeta las insólitas indicaciones del metrónomo de Beethoven, en extremo vivaces sobre todo para el Finale, pero logrando que cada elemento suene bien articulado, integrado.
La ominosa introducción desemboca en gozosa alegría, el inspiradísimo segundo movimiento nos lleva a un remanso de contemplación, el chispeante minueto-scherzo logra una simbiosis de elegancia y desenfado, y el trepidante Finale nos sorprende con una agilidad sin límite. En fin, música con mayúscula. Disfruten esta maravillosa joya interpretativa del inolvidable Carlos Kleiber...
aquí
mp3 | VBR ~ 224 kbps | 5 tracks | .rar 56,2 MB | scans | Yandex
lunes, 20 de junio de 2011
BEETHOVEN / Séptima Sinfonía / Carlos Kleiber · 1982
Fragmento del Primer movimiento de la Séptima, en versión de Kleiber hijo
El inolvidable Carlos Kleiber fue un artista sujeto a sus propios códigos y obsesiones, perfeccionista a ultranza que no se prodigaba en los estudios de grabación, y con el paso del tiempo, cada vez más un hombre enigmático, que sólo volvía a empuñar la batuta a razón de cinco apariciones al año. A su amigo Riccardo Muti le declaraba la sorpresa que sentía ante la rapidez que exhibían noveles colegas en abordar el gran repertorio, mientras él sufría por la necesidad de tiempo para reflexionar sobre una obra antes de interpretarla en público. Esa profundización explica su repertorio exiguo, donde tenían cabida apenas algunas óperas y obras sinfónicas de un puñado de compositores. Es que dichas obras eran pulidas una y otra vez, en pos de aquello que rara vez se alcanza: la completa perfección.
Tenaz en ese empeño, Kleiber hijo enriqueció como pocos la discografía de Beethoven, no en nombre de la abundancia sino de la calidad. Su famosa Quinta con la Filarmónica de Viena es antológica. Quizá lo mismo deba decirse de la Séptima que hoy les comparto, esta vez en versión de la Orquesta Estatal de Baviera, en un registro en vivo de 1982.
Tomando algunas palabras del crítico Pablo Arce:
D E S C A R G AMP3 VBR | 48kHz | scans | 5 tracks | RAR 66,9 MB
sábado, 1 de enero de 2011
Mis dos Valses (alternativa a Welser-Möst)
Vals vienés / Vladimir Pervuninsky, 2007
Hago lo posible para no perderme el concierto de Nuevo Año en Viena; a saber, la tradicional presentación de la Filarmónica vienesa en la Grosser Saal del Musikverein de Viena. Ese marco dorado ha contemplado el arte de distinguidos directores desde que naciera este espectáculo en 1941, empuñando la batuta entonces Clemens Krauss.
La iniciativa se convirtió en tradición, y además en espectáculo masivo merced a los medios que lo retransmiten al mundo entero. La Filarmónica, que se gestiona a sí misma, ha invitado a nombres ilustres para que el 1° de Enero, a las 11 de la mañana, desaten la magia y la nostalgia conjuradas por esta música. Así pues, la elección del director siempre es un detalle que causa curiosidad, especulación y, a posteriori, una alternativa entre la ofuscación o la dicha según haya sido el desempeño.
Este año fue el turno de Franz Welser-Möst y... pese a su eficiencia y cordialidad, me parece que no remontó a las alturas conquistadas por invitados anteriores. De todos modos la Filarmónica sonó espléndida, en especial en el Vals “Mephisto” de Liszt, que constituyó la novedad de este año en el repertorio, y también, pese a todo, en el Danubio Azul. “Pese a todo” he dicho, y es que esta música reclama no sólo sonido precioso, que lo hubo, sino gracia, y no todos saben comunicarla por igual y de manera continua.
Así las cosas, les invito a disfrutar otros dos valses: primero uno quizá menos conocido pero maravilloso, “Golondrinas de Austria” de Josef Strauss, hermano más joven del célebre Johann II, y que en sus propias piezas recogió influencias wagnerianas y escribió a menudo pequeños poemas sinfónicos como entradas para la secuencia ritual de valses. Su inventiva melódica, gracia del discurso y chispeante orquestación daban cuenta de un talento musical extraordinario, que la tuberculosis interrumpió tristemente. Dirige este vals uno que marcó época en el Concierto de Año Nuevo: el gran director argentino-austríaco Carlos Kleiber durante su aparición de 1992. A Welser-Möst le hubiera venido bien algo del carisma y gracia que este hombre derrochaba a raudales.
En segundo término, el célebre “Vals del Emperador”, uno de los mejores que escribiera nunca Johann Strauss hijo, dirigido por el maestro Daniel Barenboim al frente de la Filarmónica de Berlín.
sábado, 23 de enero de 2010
KLEIBER + KLEIBER = BORODIN

Los Kleiber fueron un caso memorable de talento musical traspasado de padre a hijo. Además un talento sumamente específico (la dirección orquestal) amoldado a sus distintas mentalidades sin perder brillo. Ambos fueron auténticos genios de la batuta, plasmando su personalidad en múltiples grabaciones que hoy se cuentan entre las mejores del siglo XX.
Me parece imposible (y ocioso) preferir ya sea a Kleiber padre o hijo. Ambos dominan mundos expresivos de tan acabada perfección, que la única actitud sensata es admirar la riqueza de sus interpretaciones. Y aquí está una ocasión inmejorable: este disco, casi destinado a incondicionales, los trae a ambos dirigiendo sendas versiones de la misma Sinfonía de Borodin, la famosa Segunda. Lo que en el hijo es efervescencia, tensión y claridad, en el padre es robustez, potencia y visión estructural; en ambos, Música con Mayúscula. Los años que separan a las dos grabaciones favorecen el sonido de Carlos, pero superando este desajuste estaremos en posesión de un verdadero goce.
Pueden escuchar a dos inmensos artistas en el siguiente enlace:
miércoles, 18 de noviembre de 2009
EL ÚLTIMO VALS

Erich Kleiber, el gran Erich Kleiber, dirige El Danubio Azul. Por favor, aprecien las maravillas que esta batuta olvidada era capaz de desgranar: el sfumato repentino del sonido y la velocidad en las trompas que ascienden (0:24) realzando la tensión del acorde de séptima, la entrega de unos cellos que parecen cantar (00:44 y ss.), la energía que se levanta (1:12) y se relaja en tres notas que bajan, bien calculadas, detenidas en un silencio fugaz (1:37), dando paso al enunciado perfecto del tema y su desarrollo (1:40) que cobra fuerza y gracia a medida que avanza a su resolución (2:11); el sentido del rubato que aparece siempre con elegancia (3:46 o 4:49) o el delicioso matiz del volumen de la trompeta en las tres notas que subrayan la melodía: primero a volumen normal (4:18), luego más fuerte (4:22) y luego repitiendo la primera nota... pero levemente más despacio (4:25). En fin, es una interpretación cuajada de detalles inspirados y una dirección precisa y magnética como pocas. ¡Qué grande fue este primer Kleiber!



