jueves, 17 de septiembre de 2020

SCHUBERT • Melodía húngara para piano, D. 817

El gran Franz Schubert junto a los amigos que disfrutaron su talento

Franz Schubert es parte de mi panteón: su música estremece por la vida que contiene, no con el talante heroico y a veces sobrehumano de un Beethoven, sino con la capacidad de contener una inefable humanidad “de dulce y de agraz”, siempre espontánea.

Hoy sólo les compartiré una página para piano, de engañosa sencillez. Se trata de la “Melodía húngara”, D. 817. Dicha pieza fue compuesta el 2 de septiembre de 1824 mientras Schubert vivía una temporada en Hungría como preceptor de las hijas del Conde Johann von Esterházy. Se dice que escuchó la melodía canturreada por alguien en la cocina del castillo Zseliz, su lugar de residencia entonces. Haría una segunda versión para dos pianos en su Divertimento a la húngara nº 3 — y además se percibe alguna semejanza con el famoso Momento Musical nº 3 en Fa menor.

Hay variadas interpretaciones de la obra, a veces con ritmos vivos, exhibiendo la urgencia temperamental e improvisatoria que se atribuye a lo zíngaro, y otras veces a tempo más pausado que permite desprender mejor esa emotividad lírica tan propia de Schubert. Hoy les dejo una versión ajustada a esta segunda opción. La pianista es la impecable Dora Deliyska en un precioso (por sonido y estética) piano Bösendorfer Imperial — ¡ideal!:

domingo, 10 de mayo de 2020

CHAIKOVSKY · Fragmentos orquestales de sus óperas

Tchaikovsky en su estudioChaikovsky ante su piano

El pasado 7 de mayo, cuando celebré a Brahms, hice caso omiso de otros dos onomásticos relevantes: en esa misma fecha se estrenó la Novena Sinfonía de Beethoven en Viena (1824) y nació un creador tan extraordinario como Piotr Illich Chaikovsky (1840).

Aunque en lo personal considero a Brahms un peldaño más arriba en lo que atañe a creación musical, lo cierto es que el gran compositor ruso le aventaja en varios aspectos: Chaikovsky fue mejor melodista, poseía un instinto natural para manejar los timbres instrumentales y alcanzar aciertos extraordinarios, y abordó con éxito un área en la que Brahms se mantuvo siempre ajeno, como es la ópera.

Se le daba tan bien el complejo arte dramático-vocal, que algunos analistas defienden incluso que Chaikovsky concibió sus grandes ballets con mentalidad de operista; así, habría escrito las escenas de una ópera reemplazando arias, dúos y coros por bailarines realizando solos, dúos y coreografías.

Carecía Chaikovsky de la reciedumbre de carácter del alemán, a quien admiraba de manera reticente (en sus cartas lo describe como “una fuerza de la naturaleza” tras conocerlo, pero también espetó aquella famosa crítica: “He tocado la música de ese patán [bastardo] de Brahms. ¡No tiene nada de talento el muy desgraciado!”). En cambio, Piotr Illich sufría una melancolía corrosiva que lo atormentaba dolorosamente, si bien se esforzaba por disimular en sociedad y sólo confiaba a sus más allegados estas oscuridades. ¿Serían producto de su imaginación, un trastorno psíquico, o sería una necesidad creativa, un “personaje” que lo impulsaba a la creación? No lo sabemos, pero sí es cierto que la música fue donde transmutó ese arrebato emocional en obras maestras.

Chaikovsky fue el primer artista ruso de éxito internacional, vitoreado en Europa y América. Sus grandes ballets, sinfonías, conciertos y óperas no han perdido nada de su fascinación hoy, a 180 años desde que naciera su creador. De hecho, hoy por hoy su nombre se mide en pie de igualdad con clásicos occidentales como Beethoven y Mozart.

Chaikovsky se prodigó en la composición de óperas. Aunque la más famosa entre ellas es Eugenio Oneguin, existen otras rara vez oídas en nuestros escenarios sudamericanos: La dama de picas, La doncella de Orleáns, Iolanta, La hechicera, Los caprichos de Oksana, Mazepa, Vakula el herrero, El Opríchnik, El voivoda (esta última destruida por Chaikovsky y luego reconstruida a partir de borradores).

Toda esta parcela de su producción contiene momentos orquestales de potencia arrolladora que el maestro Evgeni Svetlanov nos descubre en este disco del sello Melodiya, «Chaikovsky: Fragmentos orquestales de sus óperas». Seguro que esta selección de 25 piezas les resultará una audición inolvidable.

(Dedicado con afecto a mi amigo Mahlerite-Shosta, gran fan de Chaikovsky, y a mi madre que tanto gustaba de esta música)

» D E S C A R G A
MP3 VBR · 48 kHz | .7z 217,6 MB | Yandex.ru

viernes, 8 de mayo de 2020

prosa | SÁBATO


La Resistencia

(fragmento)

Hay momentos decisivos en la vida de los pueblos como en la de los hombres. Hoy estamos atravesando uno de ellos con todos los peligros que acarrean, pero toda desgracia tiene su fruto si el hombre es capaz de soportar el infortunio con grandeza, sin claudicar a sus valores.

Como en la vida de los hombres, las culturas atraviesan períodos fecundos donde los momentos de dolor y de alegría se alternan bajo el mismo cielo; los pueblos siguen el acontecer de la vida con una mirada que les viene de generaciones e incorporan los cambios a un sentido que los trasciende.

Éste no es uno de esos momentos, por el contrario, éste es un tiempo angustioso y decisivo, como lo fue el pasaje de los días imperiales de Roma al feudalismo, o de la Edad Media al Capitalismo. Pero me atrevería a decir que es más grave porque es absoluto, ya que la vida misma del planeta está en juego.

Nuestra cultura está mostrando signos inequívocos de la proximidad de su fin. Sin tregua se ve obligada a reinventar noticias, modas o nuevas variantes, porque nada de lo que extrae de sí es perdurable, fecundo o sanante. Como cuando un enfermo está muy grave y el médico le receta algo nuevo cada día y la familia, en su desesperación, cambia de médico y de tratamientos. Así nos está pasando, confundimos noticia con novedad. Lo decisivo es no creer que todo seguirá igual y que este modo de vivir da para rato. (...)

Ésta es una hora decisiva no para este o aquel país, sino para la tierra toda. Sobre nuestra generación pesa el destino, es ésta nuestra responsabilidad histórica.


Ernesto Sábato, 2000

jueves, 7 de mayo de 2020

RECORDANDO a JOHANNES

El joven Johannes en sus años sin la famosa barba

Ustedes lo sospechaban, y tenían razón: no dejaría pasar este día sin celebrar a Johannes Brahms, cuando se cumplen 187 años desde su nacimiento en una oscura habitación de un lamentable edificio en un barrio portuario que ya no existe más ( Hamburgo, 7 Mayo 1833 Viena, 3 Abril 1897). Desde ese pobrísimo punto de partida, Brahms descollaría con talento y carácter a veces hosco y arrogante —él mismo sabía que era un hombre difícil— pero con “una estrella en la frente”, la de su genio.

Las brumas del Mar del Norte siempre lo acompañarían pero la vida lo condujo lejos, al sur, a Viena, la radiante urbe que amaba la música, añoraba a Beethoven y Mozart y se sintió intrigada ante ese joven de aspecto encantador. Al fin, la capital austríaca lo contaría entre sus hijos más queridos. Brahms correspondería ese afecto y acogería el encanto particularísimo que vibraba en esa ciudad, en medio del crepúsculo de toda una era. Gran parte de la dulzura y nostalgia de su música procede de ese contexto.

Por eso he querido recordarlo hoy con transcripciones que hacen un guiño a esa Viena de Brahms: destaco, arriba, el famoso Intermezzo en La mayor op. 118 nº 2, arreglado para piano y clarinete. Y abajo les dejo una playlist con creaciones brahmsianas arregladas a la manera de la música vienesa por antonomasia, la Schrammelmusik, estilo que hasta hoy sigue vigente y que Brahms gozó en su origen escuchando a sus creadores, los mismísimos hermanos Schrammel.

sábado, 2 de mayo de 2020

Reparando

hilandero indioLa técnica japonesa del Kintsugi destaca con oro las uniones rotas

Empecemos Mayo poniendo al día varios enlaces que caducaron. Justo ahora, cuando vivimos globalmente confinados sin que nadie lo tuviera previsto, la música (y el arte en general) son las ventanas que siempre siguen abiertas para disfrutar una libertad —la de nuestro espíritu— que se ha vuelto más valiosa que nunca…


» MENDELSSOHN: CONCIERTOS para PIANO núms. 1 y 2
Academia de St. Martin in the Fields / Neville Marriner, Murray Perahia (piano)

» MENDELSSOHN: SINFONÍAS 3 y 4
Gewandhaus de Leipzig / Kurt Masur
London Classical Players / Roger Norrington

» BRAHMS & DVORÁK: Conciertos para violín
Kiril Kondrashin / David Oistraj

» BRAHMS & SIBELIUS: Conciertos para violín
Orquesta del Festival de Lucerna / Herbert von Karajan, Nathan Milstein (violín)
Filarmónica de Berlín / Eugen Jochum, Bronislaw Gimpel (violín)

» SEICENTO ITALIANO
Accademia Bizantina / Ottavio Dantone

» OBERTURAS del TEMPRANO ROMANTICISMO
London Classical Players / Roger Norrington

martes, 28 de abril de 2020

LOHENGRIN · Preludio al Acto Primero

Lohengrin Fantin-LatourEl Grial. Preludio de Lohengrin / Henri Fantin-Latour, 1898

Un breve saludo y una recomendación: permítanse una pausa y déjense llevar por Wagner en este genial Preludio al Acto Primero de su ópera Lohengrin, que Simon Rattle y la Filarmónica de Berlín ejecutan con perfección.

Sé que hay una lista extensa de grandes intérpretes que se midieron con esta obra y “detuvieron los relojes”. Creo que en esta ocasión el director británico y la orquesta alemana consiguieron uno de sus mejores momentos.

WagnerWagner recurre a una instrumentación visionaria para representar ese mundo legendario que poblaba su imaginación, sacando provecho al registro sobreagudo de los violines en un acierto tímbrico genial (apodado incluso sonido Lohengrin).

Así logra sugerir algo que baja desde muy Alto, para recurrir después a una planificada sumatoria de familias orquestales (cuerdas, maderas, metales, percusión, ¡qué bien usado el golpe de platillos no sólo pidiéndole fuerza sino también suavidad! [6:44 del video]) que conduce nuestra emoción desde ese mudo éxtasis inicial al estallido del más abierto fervor romántico. Por fin, el sonido se eleva otra vez a los sobreagudos en pianissimo de las cuerdas, cerrando esta pieza con la llamada cadencia plagal o eclesiástica, evocadora de la música sacra y aquí, sugerencia del mundo Superior al que retorna el héroe.

Con ustedes dejo, pues, una obra musical de las que hacen historia:



miércoles, 22 de abril de 2020

MOZART · Música de sus óperas en arreglo para Flauta y Trío de Cuerdas

Papageno

Mozart supo “encontrar la cuadratura del círculo” al escribir su música, mezcla perfecta de belleza, desenfado, originalidad y equilibrio. Nunca tuvo miramientos para componer lo que fuera, ya que nada era imposible para su genio creador. Pero de todos los géneros musicales que abordó, su corazón estuvo siempre conquistado por la escena de la ópera, que dominó como pocos. Escribió bastante, más de una veintena entre piezas tempranas, proyectos abandonados, música incidental y encargos de gran aliento. Su control de cada elemento musical llega a ser desconcertante conforme avanza hacia su madurez artística.

El disco que hoy les comparto saca provecho de esa cantera mozartiana: arreglos para Flauta traversa y Trío de cuerdas con música de tres óperas famosas, “El Rapto en el Serrallo”, “Don Giovanni” y “La Flauta Mágica”. La belleza y calidad musical de los arreglos y de las interpretaciones les harán más llevadera esta época difícil que atravesamos, recluidos en nuestras casas.

» D E S C A R G A
MP3 CBR 224 kbps · 48 kHz | 23 tracks | .7z 99,81 MB | Yandex.ru
 
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