domingo, 14 de junio de 2026

#poesía | TARKOVSKI


El Espejo

Tercer Poema


No creo en los presentimientos, tampoco me asustan las señales,
no huyo ni del veneno ni de las calumnias.
La muerte no existe en el mundo, todos son inmortales,
todo es inmortal, no hay que temer a la muerte
ni a los diecisiete años, ni a los setenta.

Existe solamente la realidad y la luz.
No hay en este mundo ni oscuridad, ni muerte.
Estamos todos reunidos en la orilla del mar,
y soy de aquellos que recogen las redes
cuando viene, en cardumen, la inmortalidad.

Sigan viviendo en la casa, y ella no se destruirá.
Convocaré a cualquiera de los siglos,
entraré en él, y construiré allí mi morada.
Por eso están conmigo sus hijos y sus mujeres comparten mi mesa,
pues la mesa es una sola para el bisabuelo y para el nieto.

Lo venidero acontece ahora, y si yo levanto la mano,
quedarían cinco rayos de luz para todos ustedes.
Mis clavículas apuntalaron, como vigas, los días del pasado,
medí los años con cadenas de agrimensor, horadé el tiempo,
como si fuese los Urales, y elegí el siglo según mi estatura.

Bajamos al sur y levantamos el polvo de las estepas...
El pasto alto se alborotó, bromeó el grillo, tocó las herraduras,
nos auguró el futuro con sus bigotes,
y me amenazó, como un monje, con la perdición segura.

Até mi destino con las correas a la silla de montar,
aún erguido en los estribos, cabalgo como un muchacho en los tiempos venideros;
me satisface mi inmortalidad, para que mi sangre corra de siglo en siglo.
Por un rincón seguro de dulce tibieza pagaría obstinado con mi vida,
si ella no fuera una aguja voladora, que me tira, como a un hilo, por todo el mundo.


Arseni Tarkovski


“Noche oscura”, añoranza del hogar en una canción soviética de la Segunda Guerra.

martes, 9 de junio de 2026

Aleksandr, el otro Tanéyev

Alexander Taneyev

Característica de muchos músicos rusos del siglo XIX fue una “doble militancia existencial”: el alma efervescente del artista se asomaba a la vida pública revestida con una personalidad oficial, “seria” de cara a las convenciones, que ganaba así el pan de cada día: Chaikovsky fue abogado del Ministerio de Justicia, cargo que abandonó recién cuando el Conservatorio de San Petersburgo abrió sus puertas; Rimsky-Kórsakov, un oficial naval que componía durante sus viajes marítimos o mientras inspeccionaba bandas militares; Borodín, científico eminente; Músorgsky, funcionario público de rango menor.

En ese grupo cabe otro creador, mucho menos conocido y además muy fácil de confundir con un famoso pariente de igual apellido. Me refiero a Tanéyev… pero no a Sergei sino a su primo lejano, Aleksandr.

Aleksandr Serguéievich Tanéyev ( San Petersburgo, Imperio Ruso, 17 Ene. 1850 Petrogrado, República Socialista Federativa Soviética de Rusia, 7 Feb. 1918) ha quedado desplazado a los márgenes de la historiografía musical por una clara razón: la proyección internacional ganada por su pariente Serguéi Ivánovich Tanéyev (1856–1915), figura genial del conservatorio de Moscú y a quien hemos alabado antes en este blog.

Aleksandr Taneyev A diferencia de este último, un serio profesional de la música, Aleksandr fue ante todo un alto funcionario del Estado imperial —aristócrata y jefe de la Cancillería de Su Majestad durante 22 años— que escribía música “a espaldas” de su carrera administrativa. En efecto, se cuenta que Aleksandr escondía papel pautado bajo los documentos oficiales para componer entre audiencias y citas. El memorialista Aleksandr Mosólov lo dibuja como hombre “ampliamente educado”, “músico destacado”, hábil e inteligente; muy cercano a los zares, pero cuidadoso en ocultar su influencia, y con el sello —ambivalente— del perfecto cortesano, “muy adulador”.

Como músico, su formación no fue decorativa. Estudió en Alemania y en San Petersburgo, donde recibió orientación de nombres clave: Rimski-Kórsakov como maestro directo y consejos de Balákirev. Además, su interés por el acervo popular lo llevó a encabezar un proyecto de recopilación de canciones para la Sociedad Geográfica Rusa, con materiales que luego circularon gracias a arreglos y publicaciones asociadas a Anatoli Liádov. Ese dato importa, pues explica por qué su lenguaje es vecino de la escuela nacionalista, aunque sin la estridencia de un manifiesto. Nacionalismo, sí; pero de salón, disciplinado, esbozado en giros y colores antes que en consignas.

Para infortunio de Aleksandr, la sombra de su primo Serguéi es tal, que incluso los responsables del disco que comparto hoy se confundieron al elegir el retrato de la carátula. Por lo menos la música sí corresponde al autor anunciado.

El registro contiene dos obras que demuestran el alto grado de maestría y sofisticación que nuestro compositor supo alcanzar: su Sinfonía nº 2 en Si bemol mayor, op. 21, y su Suite orquestal nº 2 en Fa mayor, op. 14.

Ambas obras cuentan con cuatro movimientos. La sinfonía, como decíamos más arriba, remite a un mundo sonoro en donde el acento ruso es intenso, pero a la vez maleable a formas claramente definidas. El melodismo y el buen gusto sorprenden muy gratamente al oyente, preguntándose uno cómo esta música sigue sin merecer interpretaciones más frecuentes. La suite posee un espíritu más liviano pero igualmente encantador y lleno de méritos musicales. No andan muy lejos las influencias del ubicuo Rimsky, como también Glinka y Borodín; no obstante, el compositor construye su propio lenguaje.

Los intérpretes son Werner Andreas Albert al frente de la Philharmonia Hungarica.
» D E S C A R G A

MP3 320 kbps CBR · 44.1 kHz | .7z 143 MB | Yandex.ru

jueves, 7 de mayo de 2026

FELIZ ANIVERSARIO 193, Johannes BRAHMS

Brahms

Hoy se cumplen 193 años del nacimiento de Johannes Brahms. Para conmemorarlo, qué mejor que recordar parte del profético artículo de Schumann, “Nuevos Senderos”, con que presentó ante el mundo musical europeo al genio desconocido:

«Ha aparecido: un joven cuya cuna velaron las Gracias y los Héroes. Su nombre es Johannes Brahms. Vino de Hamburgo, donde trabajó silenciosamente en la penumbra; allí recibió de un maestro venerable las primeras lecciones de las arduas leyes del arte, y recientemente un artista célebre me condujo hasta él. Desde el primer instante llevaba en sí todos los signos que anuncian al elegido. Sentado ante el piano comenzó a revelarnos regiones maravillosas. Nos sentimos arrastrados hacia esferas cada vez más mágicas. Su ejecución transformó el piano en una orquesta de voces veladas y jubilosas... Cuando haga resonar su vara mágica allí donde las fuerzas del coro y de la orquesta le presten su poder, y cuando los secretos más profundos del espíritu le sean revelados aún más claramente, podremos esperar perspectivas todavía más admirables acerca del mundo del arte... Sus compañeros lo saludan en su primer viaje por el mundo, donde quizá le esperan heridas, pero también laureles y palmas; en él acogemos a un fuerte campeón.»

lunes, 6 de abril de 2026

FELIZ PASCUA 2026

tapicería flamenca
«Resurrección de Cristo», tapicería flamenca / Museos vaticanos

Felices Pascuas a los queridos visitantes y lectores de esta página. Que los mejores deseos de esta época dichosa se realicen en las vidas de cada uno.

Así como el gran Bach nos brindó el soundtrack para el pasado Viernes Santo, también ahora tomamos de su inagotable genio la música para alegrar la ocasión: Et Resurrexit, parte del Symbolum Nicenum (Credo) de la monumental Misa en Si menor. La versión corre a cargo de Agnieszka Żarska y el coro y orquesta “Baroque Collegium 1685”, espléndida agrupación musical polaca que presentó la citada obra el año 2023 en Przemyśl, Polonia.

A diferencia de sus dos grandes Pasiones, la de San Juan y la de San Mateo, cuyos años de creación son claros y definitivos (1724 la primera, 1727 la segunda), con la Misa en Si menor el maestro realizó una labor que abarcó 25 años. Las partes iniciales, Kyrie y Gloria, fueron escritas el año 1733 y ofrecidas al nuevo príncipe elector de Sajonia, Augusto III (católico y rey de Polonia) a fin de ganar su favor.

A contar del año 1747 hasta 1749 el maduro compositor amplía la composición hasta formar una misa completa, agregando el Credo (del cual, luterano al fin, toma distancia y llama “Símbolo Niceno”), Sanctus, Hossana/Benedictus y Agnus Dei. En todo esto Bach reutiliza obras anteriores, pero llevando a cabo un intensivo trabajo de adaptación gracias al cual logra una summa, es decir, un compendio en el que reelabora, selecciona y combina estilos y técnicas de toda su carrera (desde cantatas tempranas hasta movimientos nuevos de los años 1740).

En el caso de “Et Resurrexit”, su música procede aproximadamente del año 1714, de una cantata secular festiva hoy perdida, lo cual explica su carácter de “fanfarria danzante” que Bach ajustó perfectamente al texto sagrado.

Bach

viernes, 3 de abril de 2026

BACH :: Pasión según San Mateo :: Suzuki, Netherlands Bach Society, etc.

Un ángel consuela a Cristo en Getsemaní – Carl Bloch

En el día de la muerte de Cristo para la cristiandad occidental, les comparto la obra que probablemente sea la síntesis más extraordinaria lograda jamás entre fe, arte, técnica musical, contenido, emoción y expresión formal: me refiero a la Pasión según San Mateo, de Juan Sebastián Bach.

La versión que les comparto hoy se ha estrenado (y subido a las redes) ayer, 2 de abril. Los intérpretes son el gran maestro japonés Masaaki Suzuki, proverbial especialista en la obra del compositor alemán; la agrupación “Netherlands Bach Society”, una de las mejores posibles en el panorama actual de la interpretación “históricamente informada” y, vamos, de la música en general; y una pléyade de solistas vocales que podrán descubrir ustedes mismos bajo estas líneas.

Mientras nuestro mundo parece precipitarse —otra vez— en el horror, pueda la Belleza a través de obras como ésta salvaguardar nuestra humanidad.


jueves, 26 de febrero de 2026

Música, la Afirmación de un Mundo

Camino

Considero a la Música la afirmación de un cosmos, una declaración de principios, un acto positivo, encaminado no a destruir sino a construir. En eso radica la creación, ese “sacar de la nada” algo consistente.

Es el itinerario de los compositores: primero perciben dentro de sí mismos una determinada visión de las cosas (la misteriosa “inspiración”) y luego la transforman en música, “pronuncian” en sonido esas ideas coherentes. El concepto mismo de “armonía” supone una construcción —si se quiere, un organismo— que no sucumbe a contradicciones internas, sino que perdura a la manera de una Verdad comprobada.

Esto lo obran todos los artistas genuinos, y suele ocurrir que los más simples en su propósito sean los más lúcidos. Siempre tratan de manifestar un tipo de belleza particular que perciben con la claridad de la evidencia y cuya manifestación despierta en muchos otros una afinidad íntima, como una vibración común; belleza que a su vez entraña determinados principios aceptados como ciertos. Cada auditorio, cuando aplaude a su artista, clama “así es, así debe ser”.

Luego vendrá la posteridad, ese tribunal insobornable, para hacer rendir cuentas a la obra y darle el premio de la inmortalidad. O no. Hasta las mejores necesitan pasar este examen y probar si hay en ellas Belleza y Verdad efectivas, universales. Pues a veces creemos ver mares donde sólo hay espejismos e ignoramos el manantial que brota a unos pasos.

De lo anterior se desprende mi apego al mundo tonal y mi renuencia con sus opuestos. Diría que es inevitable, pues se basa en un ejercicio de auto-descubrimiento: discernir el acto de afirmación que cada obra trae consigo, las afinidades que en lo profundo de mí mismo cantan junto a ella. Buscar las obras “en donde estoy”.

No obstante, nuestra personalidad se enriquece y nuestra cultura se amplía con los años —eso quiero creer—, así que en estas cosas no se puede ser tan tajante… pero tampoco se puede jugar a la confusión. Caos y Cosmos no se llevan.

jueves, 1 de enero de 2026

¡FELIZ NAVIDAD y FELIZ AÑO NUEVO! · Mendelssohn: “Magnificat” en Re mayor

Mendelssohn Feliz 2026

Feliz Navidad y feliz Año Nuevo a todos los queridos amigos que visitan esta página. Para celebrar a mi estilo old-fashioned (sin remordimiento alguno, por cierto) y para no repetir, al menos por esta vez, a la socorrida familia Strauss, vayamos con uno de mis grandes favoritos, Felix Mendelssohn, y su poco conocida versión del “Magnificat”, himno de alabanza de María que registró el Evangelio de Lucas y que ha conocido espléndidas traducciones musicales.

Es indiscutible el amor que el prodigioso Mendelssohn sintió por Bach, amor que caló en él hasta el tuétano. Bien lo demuestra en esta obra sacra donde recupera —con soltura y entusiasmo— las firmas estilísticas del barroco. Es una creación temprana, escrita en 1822 cuando su autor contaba... 13 años de edad (lo de “prodigioso” no lo dije por casualidad). Constituye su primera pieza a gran escala para orquesta, coros y solistas, y anticipa su perdurable interés por este formato que años más tarde cristalizaría en oratorios y diversas piezas sacras, siempre equilibrando la influencia barroca con su personal buen gusto y su sensibilidad afín con el Romanticismo naciente.

¡Que la alegría mendelssohniana pueda comunicar a ustedes mis mejores deseos de alegría, prosperidad y, sobre todo, paz para este año! Sepan que los aprecio enormememente, y son mi continua motivación para rescatar tiempo de donde puedo a fin de mantener esta bitácora.

¡Felicidades!

 
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