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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Un poco de PIAZZOLLA

La brillante carrera de GIDON KREMER siempre ha estado comprometida con el repertorio del siglo XX. Explorando ese interés, el violinista letón en determinado momento se topó con la música de Astor Piazzolla. El aprecio fue instantáneo. La intensidad del gran creador argentino ocupó desde entonces lugar de realce en el repertorio de Kremer. Les comparto ahora un video con la “Fuga y Misterio”, de Piazzolla, en arreglo de Andrei Pushkarev para vibráfono (que él mismo toca), violín y orquesta. Gidon Kremer, el virtuosístico Pushkarev y la Kremerata Baltica en esta preciosa composición. Atentos: en el minuto 4:14 hay una furtiva alusión al concierto para violín de Mendelssohn.

viernes, 30 de diciembre de 2011

LAS 8 ESTACIONES y algo más... / 2

arbol cuatro estaciones

SEGUNDA PARTE Y FINAL de las entregas dedicadas a las Cuatro Estaciones según Vivaldi y según Piazzola, a los cuales se agrega esta vez Nicolas Chédeville.

por Ernesto Nosthas Nosthas


Justo es comentarle al auditorio que existe al menos una grabación adicional de este mismo concepto VIVALDI/PIAZZOLLA [compartido en anterior posteo], y es la que realizaron los Solistas de Cámara de Salzburgo bajo el liderazgo de su primer violín Lavard Skou-Larsen cuatro años después que esta grabación de Gidon Kremer y la Kremerata Baltica para el sello vanguardista Nonesuch Records.

He de reconocer incluso al auditorio, que yo conocí del ciclo de Piazzolla por este disco (no por el de Kremer), el cual tuve el privilegio de adquirirlo de las manos de los ejecutantes, luego de un Concierto en que este grupo interpretó precisamente este doble-ciclo, en el Auditorio Cerritos (Cerritos Center for the Performing Arts), un bellísimo teatro modernista ubicado al sur de la ciudad de Los Ángeles, en el otoño de 2004.

Así pues, repito la pregunta hecha en la entrega anterior: ¿otra grabación de las Cuatro Estaciones de Vivaldi? Sí… pero créanme cuando les digo que también esta interpretación es muy especial. Acá el enfoque es más fogoso y chispeante. Este conjunto instrumental es brillante, y comparten con la Kremerata que la edad promedio de sus ejecutantes es de menos de treinta años. Especial atención les pido para el «Invierno» más genial de todos los que conozco, incluso unos milímetros mejor que el de Kremer.

Acá el enfoque para presentar las obras es conservador, cada obra se ejecuta por separado y en la misma secuencia de estaciones: del verano al invierno, con una toma de sonido en vivo espectacular. El arreglo para violín y cuerdas utilizado por los Solistas de Cámara de Salzburgo bajo el liderazgo de su primer violín Lavard Skou-Larsen ha sido preparado por el chelista y compositor ítalo-argentino José Bregato.

Bregato junto con Piazzolla crearon la Vanguardia del Tango en 1955 y apoyó al maestro Piazzolla en la creación del Octeto Buenos Aires, junto a otros grandes músicos, produciendo la gran «revolución tanguera» porteña. En 1976 fue solista de la orquesta sinfónica de Porto Alegre, Brasil, y en 1978 creó los conjuntos de cámara de la Universidad de Natal, Brasil. Regresó a la Argentina en 1982 y refundó el Archivo de Música Popular y Clásica de SADAIC. Recibió el premio a la Trayectoria de SADAIC y también fue distinguido por su trayectoria por el Gobierno Autónomo de la ciudad de Buenos Aires. Asimismo, es co-ganador del Premio Grammy Latino 2002 en la categoría Tango por su trabajo como arreglador del CD «Adiós Nonino» realizado por el Amazonia Quartet de Brasil. Sus composiciones para violonchelo solista y orquesta, o para dúos y tríos clásicos, tales como «Graciela y Buenos Aires», «Milontán» y «Malambo» forman parte del repertorio de famosos conjuntos de cámara europeo y norteamericano.

Como parte de esta oferta musical que solo pueden encontrar en QUINOFF, les comparto también este CD de las «Ocho Estaciones» con los Solistas de Cámara de Salzburgo bajo el liderazgo de su primer violín Lavard Skou-Larsen.

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fiesta campesina Rubens

Finalmente… estos intentos de flirtear con la magna obra maestra de Vivaldi no son para nada nuevos… del baúl de lo insólito, les comparto otro registro de un intento de plagio descarado que intentó realizar un oscuro escribiente musical francés de nombre Nicolás Chédeville (* 20 de febrero de 1705 — † 6 de agosto de 1782).

Este caballero hizo alguna fortuna en la vida cortesana parisina anterior a la Revolución Francesa, escribiendo composiciones dirigidas al entretenimiento y el placer de acaudalados músicos aficionados: la aristocracia francesa de la época les gustaba entretenerse tocando instrumentos rústicos mientras recreaban hipócritamente la vida cortesana en sus palacios de verano en la campiña francesa.

Sus primeras obras publicadas fueron colecciones de piezas para musette o zanfona, tituladas «Amusements champêtres» (diversiones campestres), las cuales fueron publicadas en diciembre de 1729. Posteriormente compuso otra colección de «Amusements…» mucho más avanzadas técnicamente y con alguna substancia musical. Algunas obras interesantes se pueden encontrar en la colección de su opus 6, con piezas musicales que llevan el nombre de batallas y expresan imágenes bélicas; inspiradas en campañas militares que le eran compartidas en las Cortes. Poco después Chédeville evolucionó a un estilo compositivo más serio influido por la música italiana como puede observarse en su op.7, la única colección escrita específicamente para flauta, oboe o violín, ello con una notable influencia de la escuela veneciana, cuyos máximos representantes fueron Vivaldi, Corelli y Torelli.

En 1737 mantuvo un acuerdo secreto con Jean-Noël Marchand para publicar un colección propia como la obra «Il pastor fido», op. 13 de Vivaldi. Chédeville proporcionó el dinero y recibió los beneficios, todo esto atestiguado en un acta notarial de Marchand en 1749. Esto parece ser un burdo intento de vender el instrumento que él fabricaba, la musette, bajo el supuesto respaldo de un repertorio de obras de un gran compositor. En esa misma línea, en agosto de 1739, obtuvo los derechos legales para publicar arreglos para la musette, zanfona o flauta de los conciertos de varios composiciones italianos y franceses de la época, en cuenta, Vivaldi. De este entuerto surge un arreglo de «Las Cuatro Estaciones» de Vivaldi para zanfona o musette, violín y flauta (aunque el término francés para flauta también puede referirse igualmente a la flauta dulce), en la cual retoma la mayoría de las «Estaciones» de Vivaldi con excepción del Verano, el cual es reemplazado por su concierto nº 9, op.8, transferido al movimiento intermedio del Invierno al Otoño. Además sustituyó el Invierno con su Concierto op.8 n° 12.

Para diversión de nuestro auditorio, les compartimos también una grabación de «Le printems», o «Les saisons amusantes» de 1739 en interpretación del Palladian Ensemble (registro del sello Linn que mereció en 1998 el Diapason d’Or).

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sábado, 24 de diciembre de 2011

LAS 8 ESTACIONES y algo más... / 1

aquí

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por Ernesto Nosthas Nosthas


¿Otra grabación más de las Cuatro Estaciones de Vivaldi?

Puedo usar el cliché de decir abiertamente que sí, pero… no cualquier otra nueva grabación. Acá hay magia, hay inventiva, no es otra de las más de 30 grabaciones que poseo de esta magnífica obra maestra.

“Las cuatro estaciones” es un sub-ciclo dentro un ciclo de conciertos empacados como el Opus 8 de Antonio Lucio Vivaldi (* Venecia, 4 de marzo de 1678 — † Viena, 28 de julio de 1741), archifamoso compositor y músico del Barroco tardío, contemporáneo de Bach y Händel.

Vivaldi, por GhezziVivaldi es una de las figuras más relevantes de la historia de la música. Su maestría se refleja en haber cimentado el género del concierto, el más importante de su época. En 1725, bajo el título general de “Il cimento dell’ armonia e dell’ invenzione”, escribió este conjunto de obras para violín solista, orquesta de cuerdas y clavecín. En estos cuatro conciertos se encuentran ejemplificadas todas las características típicas del concierto barroco italiano de la famosa escuela veneciana. Se trata de obras musicales dignas representantes de su época: bien definidos los contrastes de tempo, pues cada concierto está dividido en tres partes: rápida-lenta-rápida; el elemento dinámico contrastante está cubierto por el efecto del eco; se tiene a un virtuoso solista que, acompañado solamente por el “basso” continuo, enfrenta a toda la orquesta y, por último, se cumple con la justificación artística de imitación de la naturaleza, el cual en sí mismo es un buen argumento para escribir una obra maestra.

¿Qué hace tan especial a esta grabación? Creo que la respuesta la deben asumir los lectores luego de escuchar este CD que en complicidad con QUINOFF hoy pongo a su digno conocimiento. Trataré de esbozar varios argumentos, pero, en esencia, deseo que la escuchen tal como está magistralmente interpretada por este conjunto de jóvenes músicos bálticos al mando del genial y mítico GIDON KREMER.

Kremer con su Kremerata Baltica

El violinista Gidon Kremer junto a la Kremerata Baltica

Ya en el post previo inicial de música de Enescu lo señalé con bastante claridad: la KREMERATA BALTICA está cada vez más convenciéndome que hay que tomarlos muy en serio; más allá de su afinidad natural hacia el frío de las tres naciones bálticas, son músicos de primera categoría, y su asociación con uno de los mejores violinistas del mundo los está convirtiendo en un grupo musical de referencia y respeto.

Con este cartel, interpretar la obra maestra de Vivaldi de la forma en que lo hacen, y más aún, hacerla interactuar con una colección de obras maestras del compositor porteño Astor Piazzolla es brillantemente notable. En este contexto, las incursiones de Gidon Kremer al universo sonoro de de la música de Astor Piazzolla no son novedad en sí mismas y su genialidad interpretando al porteño le ha traído un mayor reconocimiento a una carrera ya de por si notable y distinguida. Con este maravilloso CD, Kremer y sus discípulos nos empujan hacia un viaje fantasmagórico entre dos mundos: el barroco italiano-veneciano del siglo XVIII y el ritmo sincopado bonaerense del siglo XX: un viaje musical a través de dos siglos y dos hemisferios.

Piazzola in blue

Esta idea de interrelacionar Vivaldi con Piazzolla surgió a principios de 1990, cuando Kremer intentó animar a compositores contemporáneos para que escribieran una obra nueva basada en Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, en la que los compositores retomarían la instrumentación del “Prete Rosso”, pero dentro de la expresión idiomática y estilística de cada compositor. Entre los convocados para este proyecto estuvieron luminarias de la talla de Alfred Schnittke, Luigi Nono y Arvo Pärt, sin embargo no se lograron establecer los consensos musicales necesarios y ningún compositor quiso involucrarse en este proyecto (unos años después, la ORPHEUS CHAMBER ORCHESTRA hizo un proyecto a este que intento Kremer con los CONCIERTOS DE BRANDEMBURGO de Bach, el cual fue completado satisfactoriamente, ver más detalles en http://www.newbrandenburgs.org/ , sobre este tema haremos una entrega especial a QUINOFF posteriormente).

Buenos Aires

Una calle de Buenos Aires al anochecer — con “ese qué sé yo...”

Años después, Kremer descubrió uno de los proyectos más importantes de Piazzolla: la ópera de “María de Buenos Aires”, ocasión que le sirvió para investigar más sobre la producción musical de Piazzolla, descubriendo que este compositor había compuesto separadamente cuatro piezas independientes bajo el concepto de “Estaciones” ambientadas en su amado Buenos Aires:

    1. Verano Porteño escrita en 1965, originalmente como música incidental para la obra “Melenita de Oro” de Alberto Rodríguez Muñoz.
    2. Otoño Porteño, escrita en 1969.
    3. Primavera Porteña (también conocida como Buenos Aires en Primavera) escrita en 1970, y
    4. Invierno Porteño, escrita en 1970.

Este ciclo nunca fue publicado como tal hasta el “descubrimiento” de Kremer, aunque en varias oportunidades, Las Cuatro Estaciones Porteñas, también conocidas como Las Cuatro Estaciones de Buenos Aires, fue interpretado como ciclo al menos en cinco oportunidades por Piazzolla y su ensemble usual integrado por un violín ó viola, piano, guitarra eléctrica, contrabajo y bandoneón.

A partir del original, al menos se han hecho dos arreglos, el que usa Kremer en esta grabación es el más conocido, preparado por el director de orquesta ruso Leonid Desyatnikov, cuyo “arreglo” orquestal incluye también algunos cambios estructurales, buscando que entre las cuatro piezas individuales de Piazzolla y los cuatro concerti de Vivaldi existiese un vínculo más evidente mediante la conversión de cada una de las piezas en trozos de tres secciones, y re-arreglos para violín solista y orquesta de cuerdas. En cada pieza se incluyen varias citas de la escritura de Vivaldi original, pero debido a que los ciclos estacionales entre los hemisferios norte y sur se invierten, el arreglo considera por ejemplo, que al caso del “Verano Porteño” se desarrollan elementos agregados L’inverno (invierno) de Vivaldi.

Gidon Kremer

En sus notas para el CD, Kremer desarrolla el concepto que ambas composiciones son obras maestras con su propio lugar en la historia, el ejercicio post-modernista de combinar ambas obras en este CD no disminuye la potencia de su mensaje musical, sino que al contrario, lo magnifica. En su concepto Kremer nos dice que con este CD el oyente “entrará en un mundo en el que no existe el virtuosismo o el glamour. Kremerata Baltica y yo estamos tratando poner todo nuestro arte al servicio puro de la causa de la música como un lenguaje, la música como algo que es electrizante, como algo que nos recuerda de estar vivo, que fue un ingrediente importante de la vida hace siglos y seguirá siendo un ingrediente importante de la vida de los siglos venideros. Este CD no es música que se pueden poner en un estante de museo”.

Con semejante introducción… jejeje, ¿qué más se puede pedir?


(Concluye en la próxima entrega)

jueves, 22 de julio de 2010

OBLIVION (Piazzolla)


Kaliopi, con su belleza y su voz, y Edin Karamázov,
con sus manos y un laúd



¡Piazzolla! No creo ser un incondicional de Piazzolla, pero es por falta de tiempo. Como sea, hay ciertas obras suyas que me toman por asalto. Esta es una de ellas: Oblivion, “Olvido” —ah, la verdadera muerte— cuya línea melódica es tan cercana al Libertango, y cuya nostalgia temperamental, enérgica, elegante, me recuerda tanto ese “no sé qué” de Buenos Aires, pero también destila alguna afinidad al Bossa Nova de Jobim, etc.

Disfrútenla en esta bella versión. Si te gustó, puedes bajarla AQUÍ.
 
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