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miércoles, 7 de mayo de 2025

Separen a los cumpleañeros

Brahms y Tchaikovsky disputan la torta

Dos grandísimos creadores comparten la torta de cumpleaños el día de hoy, 7 de mayo. Me refiero a Johannes Brahms (nacido en esta fecha el año 1833, en el puerto de Hamburgo) y a Piotr Chaikovsky (nacido este día el año 1840 en Vótkinsk, Rusia imperial). La distancia geográfica anticipaba la brecha que existiría entre ambos a niveles tanto personal como artístico, no por una intención deliberada o algún episodio concreto, sino simplemente por ser muy ajenos el uno al otro. En todo.

Mientras el alemán se afanaba por otorgar lógica y coherencia al tumulto del deseo, la inspiración o la pasión, valiéndose para ello de una arquitectura extraordinaria que domina cada obra por sobre el color instrumental o la libre melodía, el ruso no sabía ni quería contenerse: se desgarró a sí mismo en páginas sacudidas por una pasión abrasadora, una orquestación brillante y una capacidad melódica que a menudo alcanza la gloria.

Otra diferencia se sumaba a la anterior: su personalidad cotidiana era como el opuesto paradojal de su sello artístico. Así, el riguroso Brahms era un hombre que no sabía moderar su lengua impredecible, no temía ofender a sus iguales, marcado por su origen humilde, portuario; era abierto enemigo de la etiqueta al vestir, desmedido en la mesa y atropellador con sus íntimos, aunque también muy apegado a éstos. A su vez el desbocado Chaikovsky en cambio era un hombre fino, educado, pulcro, de trato ameno y con innata elegancia que causaba encanto a propios y ajenos, aunque sus más allegados conocían sus arranques de excentricidad. No extraña, pues, que al conocerse ambos artistas no congeniaran, como revelaron testigos de tales encuentros y ciertas páginas del diario de Chaikovsky.

Aun así, valoraron el quilate mutuo: se sabe de la impresión que causó la Quinta sinfonía de Chaikovsky sobre el alemán, y por su parte el ruso calificó a Brahms, en una de sus cartas, como “fuerza de la naturaleza”. ¡Gente contradictoria!

Lo bueno es que los melómanos podemos ser politeístas y celebrar a ambos genios por igual, sobre todo el día de su cumpleaños:


¡Felices 185 años, Piotr Ilich!


¡Felices 192 años, Johannes!

domingo, 10 de mayo de 2020

CHAIKOVSKY | Fragmentos orquestales de sus óperas

Tchaikovsky en su estudio Chaikovsky ante su piano


El pasado 7 de mayo, cuando celebré a Brahms, hice caso omiso de otros dos onomásticos relevantes: en esa misma fecha se estrenó la Novena Sinfonía de Beethoven en Viena (1824) y nació un creador tan extraordinario como Piotr Illich Chaikovsky (1840).

Aunque en lo personal considero a Brahms un peldaño más arriba en lo que atañe a creación musical, lo cierto es que el gran compositor ruso le aventaja en varios aspectos: Chaikovsky fue mejor melodista, poseía un instinto natural para manejar los timbres instrumentales y alcanzar aciertos extraordinarios, y abordó con éxito un área en la que Brahms se mantuvo siempre ajeno, como es la ópera.

Se le daba tan bien el complejo arte dramático-vocal, que algunos analistas defienden incluso que Chaikovsky concibió sus grandes ballets con mentalidad de operista; así, habría escrito las escenas de una ópera reemplazando arias, dúos y coros por bailarines realizando solos, dúos y coreografías.

Carecía Chaikovsky de la reciedumbre de carácter del alemán, a quien admiraba de manera reticente (en sus cartas lo describe como “una fuerza de la naturaleza” tras conocerlo, pero también espetó aquella famosa crítica en su Diario personal: “He tocado la música de ese patán [bastardo] de Brahms. ¡No tiene nada de talento el muy desgraciado!”).

En cambio, Piotr Illich sufría una melancolía corrosiva que lo atormentaba dolorosamente, si bien se esforzaba por disimular en sociedad y sólo confiaba a sus más allegados estas oscuridades. ¿Serían producto de su imaginación, un trastorno psíquico, o sería una necesidad creativa, un “personaje” que lo impulsaba a la creación? No lo sabemos, pero sí es cierto que la música fue donde transmutó ese arrebato emocional en obras maestras.

Chaikovsky fue el primer artista ruso de éxito internacional, vitoreado en Europa y América. Sus grandes ballets, sinfonías, conciertos y óperas no han perdido nada de su fascinación hoy, a 180 años desde que naciera su creador. De hecho, hoy por hoy su nombre se mide en pie de igualdad con clásicos occidentales como Beethoven y Mozart.

Chaikovsky se prodigó en la composición de óperas. Aunque la más famosa entre ellas es Eugenio Oneguin, existen otras rara vez oídas en nuestros escenarios sudamericanos: La dama de picas, La doncella de Orleáns, Iolanta, La hechicera, Los caprichos de Oksana, Mazepa, Vakula el herrero, El Opríchnik, El voivoda (esta última destruida por Chaikovsky y luego reconstruida a partir de borradores).

Toda esta parcela de su producción contiene momentos orquestales de potencia arrolladora que el maestro Evgeni Svetlanov nos descubre en este disco del sello Melodiya, «Chaikovsky: Fragmentos orquestales de sus óperas». Seguro que esta selección de 25 piezas les resultará una audición inolvidable.

(Dedicado con afecto a mi amigo Mahlerite-Shosta, gran fan de Chaikovsky, y a mi madre que tanto gustaba de esta música)

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MP3 VBR · 48 kHz | .7z 217,6 MB | Yandex.ru


domingo, 6 de noviembre de 2016

CHAIKOVSKY :: Sinfonía # 5 en Mi menor

Tchaikovsky


Fragmento del Andante - Allegro con anima que abre la 5ª Sinfonía

Hay acuerdo en considerar a Chaikovsky como el mayor sinfonista ruso del siglo XIX, cuando menos en la vertiente occidentalizada de la Escuela Rusa (esa vertiente ligada a los centros de instrucción formal establecidos en Moscú y San Petersburgo, donde la enseñanza impartida tomaba muy en cuenta el modelo de Europa central). En la otra vereda, la de la vertiente nacionalista, refractaria a toda influencia extranjera, la sinfonía también encontró maestros: Mili Balakirev y sobre todo Aleksandr Borodín. Pero, aun con los hallazgos creativos de estos últimos, Chaikovsky fue el mejor de todos. El veredicto del tiempo ha sido claro.

De las seis obras firmadas por el ruso, las últimas tres son las que han acaparado siempre más prestigio y mayor número de interpretaciones. Stravinsky lo resumió en su estilo cáustico: «Chaikovsky sólo tiene tres sinfonías: la cuarta, la quinta y la sexta».

En su Sinfonía nº 5 —en Mi menor, Op. 64— el maestro evocará esa sensación de fatalidad que parece rasgo común del mundo eslavo en general, explotando la idea del Destino tal como hiciera antes Beethoven en su propia quinta sinfonía. Pero, si el alemán se declara triunfador al cabo de sus cuatro movimientos, el ruso no culmina su manifiesto sonoro con igual convicción. En su lugar asoma la atemorizada resignación que la sinfonía siguiente —su famosa Patética— dejará en evidencia.

La Quinta, que algunos siguen considerando su mejor sinfonía pese a las ácidas críticas que recibió en Rusia el día de su estreno y la poca estimación del propio compositor, concentra lo más elevado de su inspiración en los primeros tres movimientos.

  • El fantástico primer movimiento inicia en Mi menor con la voz de los clarinetes bajos, los que cantan el tema del Destino con oscura melancolía. Este tema regresará una y otra vez durante toda la sinfonía para generar un efecto de cohesión estructural y psicológica. Eso delata el cuidado puesto en la construcción formal —detalle que siempre causaba inseguridad en el de por sí dubitativo Chaikovsky—.

  • El lírico segundo movimiento regala uno de los solos de trompa más hipnóticos de toda la literatura musical, una larga melodía cuya inspiración nunca decae, marca de genio de este «maestro de momentos inolvidables». Marcado como Andante cantabile, con alcuna licenza, el movimiento constituye por sí solo una obra maestra aparte.


Fragmento del Andante cantabile

  • El tercer movimiento es un Vals —refinado, perfectamente adecuado a la trama sinfónica como otrora los minuetos de Haydn y Mozart— que ofrece una alternativa al scherzo patentado por Beethoven.

  • Y llegamos entonces al Finale. Esta parte de la sinfonía no tiene el magistral acabado de los movimientos precedentes... pero aun así, un maestro sigue siéndolo en todo momento. Chaikovsky imita la ocurrencia de Beethoven en su 5ª (el final en tonalidad mayor) y lleva su propio Tema del Destino a un luminoso Mi mayor, despejando las penumbras del principio y lanzándose pronto a una desbocada secuencia donde la orquesta exhibe combinaciones tímbricas extraordinarias y un empuje vehemente. En los acordes finales Chaikovsky se permite juegos rítmicos y tímbricos que regocijan al oyente y lo empujan al aplauso.

El compositor plasmó buena parte de su alma en las páginas efervescentes, dramáticas, soñadoras y anhelantes de esta Sinfonía extraordinaria, cuya suerte no fue la mejor en Rusia al estrenarse, como ya dijimos, pero en cambio fue acogida con asombro y fervor en Europa y Norteamérica.

carátula

La Quinta de Chaikovsky es una de mis sinfonías favoritas. Y aquí la comparto con ustedes en una versión que le hace total justicia: Herbert von Karajan, que fue un GRAN intérprete de Chaikovsky, al frente de la Filarmónica de Berlín en la década del 60 del siglo pasado, cuando enriqueció la historia del disco con interpretaciones de calidad sin igual (dicen las malas lenguas que ni siquiera él mismo volvió a visitar las mismas cumbres en las décadas que vinieron).

La orquesta se comporta como una máquina de virtuosismo estremecedor. Los bronces, en particular trompetas y trombones, desgarran las texturas de las cuerdas —nervio mismo de la filarmónica— o bien se desvanecen en las voces graves de las maderas, que tienen importancia tímbrica en esta sinfonía. El temperamental genio ruso encontró un traductor en el gran director austríaco. Por fin, y a modo de bonus, completa el disco el famoso Capricho Italiano, en Mi mayor, de cuya interpretación aquí puedo celebrar las mismas virtudes instrumentales.

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MP3 ABR ~ 320 kbps · 48 kHz | 5 tracks | .7z 138,8 MB | Yandex.ru

domingo, 3 de agosto de 2014

CHAIKOVSKY : Trío en La menor, Op. 50

PIÓTR CHAIKOVSKY (1840–1893) fue un músico genial de los que definen estilos y crean escuela; pero también un hombre herido por una sensibilidad enfermiza, pasto de crisis, angustias y depresiones recurrentes. El fragor de las batallas internas amargó los frutos cosechados en su brillante carrera —era favorito del Zar, aplaudido por el público, su fama internacional se acrecentaba rápidamente, invitado por prestigiosos escenarios de Europa y América, gozaba de mecenazgo particular...— además de socavar su desempeño social o exasperar sus reacciones frente a la menor adversidad. Aun así Chaikovsky, educado e indiscutiblemente talentoso, logró reunir junto a sí un buen puñado de amistades y admiradores leales. Algunos, como su hermano Modest, eran confidentes; otros, como Tanéyev o Nikolái Rubinstéin, eran colegas admirados y muy considerados en sus opiniones.

Nikolái (* Moscú, 2 Jun. 1835 – † París, 23 Mar. 1881) era especialmente querido por el compositor. Hermano menor del notabilísimo Antón Rubinstein, era un pianista tan descollante como él, y en opinión de Chaikovsky incluso superior. Nada poco, considerando que Antón era un genuino titán de su instrumento, famoso como el único rival digno de Franz Liszt —el mejor pianista de su tiempo y, hasta donde sabemos, de la historia—. Semejante pericia musical venía acompañada en ambos Rubinstein con probadas dotes para la organización (Antón formó el Conservatorio de San Petersburgo y Nikolái el de Moscú) y para la enseñanza, combinación feliz que los incluye entre los artistas más influyentes de su generación.

La familia Rubinstein vivió en Berlín entre 1844 y 1846. Allí los pequeños hijos del matrimonio judío recibieron lecciones de Theodor Kullak, concitando también la atención y apoyo de Mendelssohn y Meyerbeer. La formación musical no se interrumpió cuando volvieron a Rusia, luego de la repentina muerte del padre, pero aquí Nikolái estudió también Derecho y ejerció un oficio burocrático, dualidad común a la gran mayoría de sus colegas músicos. Eso no quitó ánimos a su tenaz voluntad de artista.

Chaikovsky le dedicó su famoso Primer Concierto para piano, pero el homenajeado reaccionó de manera agria —tenía un carácter explosivo—, descalificando la obra y negándose a interpretarla salvo se efectuaran una serie de cambios a la partitura. El compositor no hizo tal cosa y enfrió las relaciones con su amigo. A la postre, Nikolái, conociendo el éxito obtenido por la pieza y reevaluándola con calma, se retractó de sus opiniones y la presentó en París, durante la Exposición Universal de 1878. En la misma ciudad falleció algún tiempo después, enfermo de tuberculosis.

Chaikovsky dedicó a Nikolái una de las piezas de cámara más eminentes del siglo XIX: el Trío en La menor, subtitulado en francés A la memoria de un gran artista, para violín, violonchelo y piano. Este último instrumento se destaca en la composición, en tributo a la extraordinaria jerarquía pianística del amigo difunto.

Disfruten ustedes, queridos lectores de esta página, una composición inolvidable:

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MP3 ABR 224 kbps 44.1 kHz | RAR 73,6 MB

viernes, 6 de diciembre de 2013

Entre cañones y amores :: CHAIKOVSKY Capricho italiano / oberturas ‘1812’, ‘Romeo y Julieta’ y ‘Francesca da Rímini’

Toscana Paisaje de Toscana, Italia

Para abrir Diciembre en el Blog tenemos a uno de los grandes maestros rusos: Chaikovsky. En el presente registro, el antaño concertista y ahora director Vladímir Ashkenazy encabeza desde el podio a dos conjuntos extraordinarios, Filarmónica de San Petersburgo y la Filarmónica Real de Londres, en una selección de famosas páginas de su compatriota.

Pedro hijo de Elías

En todas ellas disfrutarán el sensacional talento de Chaikovsky para combinar los timbres (sonido específico) de los instrumentos. No se apoyó en cualidades singulares como Rimsky-Korsákov o Rajmáninov, ambos dotados de sinestesia y un acabado entendimiento de las asociaciones entre sonido y sensación. No; Chaikovsky tenía algo diferente: buen gusto. Percibía la belleza de ciertas combinaciones y sobre todo lo que mi añorado amigo Leiter llamaba “esa orquesta que cada ruso parece tener dentro de la cabeza”, dada la naturalidad con que aprenden a mezclar bien los instrumentos.

Por otra parte, el ancestro francés del compositor asoma en su “voz instrumental” mediante la transparencia y sentido de medida que equilibran su gusto eslavo por lo trágico.

  1. cubierta »CAPRICHO ITALIANO« Op. 45
  2. »ROMEO Y JULIETA« Obertura-Fantasía, sin número de opus
  3. »FRANCESCA DA RÍMINI« Fantasía sinfónica Op. 32
  4. »1812« Obertura solemne Op. 49 — Segmentos corales incluidos por Andrew Cornall

Muy satisfecho podría estar hoy Chaikovsky si comprobara la aceptación de su música. Pese a los críticos que le clavaron banderillas en algún momento del siglo XX, acusándolo de “lirismo fácil” y ramplón, hoy su vigencia es indiscutible en el afecto de los auditorios. Un caso de auténtica “consagración popular”.

¡Disfruten estas obras en las estupendas versiones de Vladímir Ashkenazy al frente de la Filarmónica Real de Londres [1-3] y la Filarmónica y Coro de Cámara de San Petersburgo con la Orquesta Militar de Leningrado!


Dante Dante meditando sobre Francesca da Rímini y Paolo / (c) Bury Art Museum


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MP3 ABR 224 kbps 48 kHz | 4 tracks | RAR 114,7 MB

viernes, 19 de julio de 2013

Chaikovsky y Bernstein [bonus 1812]

Viejas balas de cañón

Abundando en las interpretaciones de la «OBERTURA 1812» les comparto hoy un ejemplo de cómo rescatar una obra encasillada en lo “bullicioso” y devolverle su genuina gran categoría. Cierto que su propio autor, Chaikovsky, nunca la tuvo muy en cuenta; cierto que la escribió por encargo, no para dar cauce a movimientos de la propia inspiración; cierto incluso que es premeditamente efectista, generadora de entusiasmos heroicos con ánimos de celebración… Pero aun así delata al genio que la concibió.

Como conté en una entrada anterior, esta Obertura fue planificada para un tremebundo aparato escénico: cañones, ingente masa orquestal, campanas revoleando desde iglesias reales… pero el destino quiso otra cosa. Acabó estrenada bajo condiciones normales de concierto en 1882, al interior de la Catedral de Cristo Salvador en Moscú. Se sabe que el compositor buscó en Berlín la posibilidad de ofrecer la obertura con aquella dimensión espectacular, pero sin resultado. Volvería a dirigir su partitura ante el público de una sala de conciertos cruzando el Atlántico, en la noche inaugural del histórico Carnegie Hall de Nueva York, el 5 de Mayo de 1891, cosechando éxito rotundo.

carátulaJustamente la Filarmónica de Nueva York dirigida por su maestro más celebrado, Leonard Bernstein, nos ofrece tres piezas orquestales salidas de la pluma del genial compositor ruso.

Bernstein fue toda una institución en la vida musical norteamericana y uno de los nombres ineludibles de la dirección orquestal durante el siglo pasado. Su energía arrolladora se regodeaba particularmente en las páginas del período romántico, tardorromántico y las escuelas nacionales nacidas al alero del mismo período. La música de Chaikovsky le ofreció un marco soñado para volcar su apasionamiento expresivo y su pasmosa elocuencia artística.

LennyEl presente registro inicia con una estupenda interpretación de la Obertura 1812 siguiendo la partitura sin añadiduras especiales, como probablemente sonara el 5 de mayo de 1891 en el Carnegie Hall bajo la batuta del compositor. El coral inicial queda entregado a las cuerdas bajas, las explosiones a la percusión. Pero la orquesta... ¡qué bien suena! Ahí se entenderá mejor lo dicho al principio de esta entrada: es una obra devuelta a su condición netamente musical. Bernstein y los músicos neoyorquinos hacen relucir los indudables valores artísticos de esta sonora pieza, e incluso la «manipulación emocional» cultivada por el añorado director, encendiendo fuegos donde parecía no haberlos, beneficia a Chaikovsky. Es posible advertir el convencimiento de los intérpretes por la jerarquía de la música en la cual se han sumergido.

El “menú” se completa con dos páginas igualmente brillantes: la Marcha Eslava y la Obertura-Fantasía «Romeo y Julieta». En ambas —quizá más en la segunda— se disfruta el acierto de Lenny cuando carga las tintas, buscando amplificar el impacto de un músico y un repertorio que le hablaban directamente al corazón. Y desde allí quería compartirlos. Así pues lo hago también con ustedes, queridos amigos y amigas. ¡Disfruten este disco en el enlace inferior!:

D E S C A R G A

MP3 ABR ~ 212 kbps · 48 kHz | 3 tracks | JPGs | RAR 69,2 MB | Yandex.ru

jueves, 11 de julio de 2013

OBERTURA 1812 y otras obras de la Escuela Rusa

Napoleón funadoOriginal sugerencia gráfica de la caída de Napoleón / crédito: Samuel Jaramillo Calle

Vamos nuevamente con los rusos. Y esta vez con un menú definido por la espectacularidad, un ingrediente para el cual han demostrado siempre una gran aptitud. Quizá las proporciones mismas de la gran nación eslava alientan esa propensión instintiva a lo grandioso, reflejado en la imponencia de sus tradiciones culturales, en la concepción esplendorosa que dieron al Zarato, etc.

Por desgracia ese rasgo también ha definido sus calamidades históricas. Una de ellas fue la ofensiva conquistadora de Napoleón Bonaparte el año 1812. Las crónicas cuentan que el avance inicial de los franceses apenas supo de resistencias. El ejército ruso no logró entorpecer la veloz arremetida de su enemigo y la experiencia aconsejó evitar las batallas a campo abierto, retrocediendo hacia el interior del país y llegando incluso a perder Moscú, que acabó como pasto de las llamas.

Pero el invierno cambió pronto el signo de la guerra y precipitó la ruina de Bonaparte. Sin víveres y dueño de una ciudad destruida, el emperador francés debió retirarse a Polonia, siendo hostilizado por los cosacos y el ejército zarista en el trayecto y sufriendo los gélidos rigores del clima, todo lo cual destruyó casi en su totalidad a la Grande Armée.

Napoleón funado «La retirada de Napoleón de Rusia» / E. Kossak, 1827

Este violento episodio, bautizado como Guerra Patriótica de 1812, fue relevante para consolidar la conciencia nacional, ahora unificada en un solo sentimiento. Dicho cambio sería el resorte psicológico que definiría la madurez cultural y social y, en definitiva, buena parte del rumbo seguido por la historia rusa de ahí en adelante.

Las peripecias militares del año 1812 son resumidas en la famosa obertura de Chaikovsky, comisionada por Nikolái Rubinstein en 1880 para la Gran Exposición de Artes e Industria de Moscú de 1882. En tal ocasión se contemplaba inaugurar por fin la demorada Catedral de Cristo Salvador de Moscú, templo erigido en tributo de gratitud por la victoria y como memorial de los caídos en batalla. En un alarde de sentido escénico —equiparable a cualquier mega-ceremonia moderna— la ejecución fue planificada al aire libre en la plaza del Kremlin, frente a la catedral, con una gran orquesta, una banda de bronces, la intervención de los campanarios del nuevo templo y las iglesias circundantes, junto a salvas de cañón disparadas con un mando eléctrico en el podio del director. ¡Todo un espectáculo!

Pero las circunstancias no lo quisieron así: en marzo de 1881 morían el Zar Alejandro II en San Petersburgo, víctima de un atentado, y Nikolái Rubinstein en París, víctima de la tuberculosis; la Catedral demoraba su consagración hasta 1883 y la obertura nunca se ejecutó en festividades públicas, sino como parte de un programa con obras de Chaikovsky en 1882, durante la referida Exposición de Moscú, en las condiciones normales de una sala de conciertos.

La obra discurre a través de los tempos Lento - Andante - Allegro giusto - Largo - Allegro vivace. Así resume la Wikipedia el plan argumental:

La obra comienza con una melodía de la Iglesia Ortodoxa Rusa ejecutada por ocho violoncellos y cuatro violas, que recuerda cómo la declaración de guerra contra Francia fue notificada al pueblo en los servicios religiosos de toda Rusia. En ocasiones esta parte de la obertura es cantada por un coro a capella […]. Continúa con una mezcla de melodías tradicionales (incluida la danza «A la puerta, a mi puerta») y militares, que representan la angustia creciente del pueblo ruso al saberse invadidos por el ejército francés. La pieza continúa con una marcha presentada por los metales, donde se oye cargar a los ejércitos para enfrentarse en la Batalla de Borodinó. Un fragmento repetitivo y triunfal del himno nacional francés, La Marsellesa, sirve para representar al ejército invasor y la victoria de Napoleón sobre los rusos. A continuación, un diminuendo en la música representa la retirada rusa, evitando la confrontación directa con las tropas francesas al tiempo que dejan tierra arrasada. Vuelve a sonar la marcha de los metales y el fragmento de La Marsellesa, para indicar la entrada de Napoleón en una Moscú incendiada. El fragmento del himno galo sigue sonando, ahora en diminuendo, indicando la retirada de las tropas francesas, al tiempo que un crescendo indica el asedio ruso. Cinco disparos de cañón acompañan el avance de los rusos expresado en los instrumentos de cuerda y los metales, que preparan el campo para el cierre triunfal con el contrapunto entre el tema que representa al ejército ruso y el himno imperial «Dios salve al Zar», apoyado por once disparos de cañón y un repique de campanas. Este final muestra un anacronismo curioso, ya que «Dios salve al Zar» no era el himno ruso en 1812, sino en la época en la que Chaikovsky compuso la obertura.

Aunque Chaikovsky la consideraba “ruidosa” y de poco valor artístico, lo cierto es que el público siempre ha favorecido esta obertura, otorgándole una popularidad inquebrantable. Cosa curiosa: el compositor dirigió la pieza durante el concierto inaugural del Carnegie Hall de Nueva York, en mayo de 1891, y fue tal su efecto que acabaría convertida en elemento habitual de las celebraciones patrióticas norteamericanas. Además la Obertura ha ganado fama en años recientes como parte de la película “V de Vendetta” (basada en la novela gráfica de Alan Moore); en ella, el enmascarado protagonista emplea el gran final de la obertura como “soundtrack” de sus detonaciones.

Viñeta de «V de Vendetta» con el protagonista «dirigiendo las explosiones»

Makovsky
Pero no son los cañonazos de la obertura la última palabra en el espectacular repertorio ruso. El mismo Chaikovsky nos ofrece otra pieza ceremonial de gran intensidad, y otra vez con motivo bélico-patriótico: la «Marcha Eslava» en Si bemol menor, op.31. Esta brillante pieza orquestal se refiere a episodios del año 1876, cuando una serie de revueltas contra el dominio turco sacudían la región de los Balcanes. Llevados por un sentimiento de solidaridad eslava, en especial tras la brutal represión contra la población civil en Bulgaria, los rusos demostraron su apoyo enviando incluso voluntarios a combatir junto a búlgaros y serbios. Fue la antesala de la Guerra Ruso-Turca de 1877-78.

Chaikovsky recibió el encargo de componer una marcha para un concierto a beneficio de los soldados rusos heridos. En un arrebato de entusiasmo, compuso y orquestó la marcha en sólo cinco días, utilizando en ella dos melodías serbias y el himno ruso, este último como colofón del mismo modo que en la Obertura 1812. Los tiempos indicados en la partitura son: Moderato in modo di marcia funebre - Andante molto maestoso - Allegro risoluto.

Dos grandes nombres completan la entrega: Aleksandr Borodín y Nikolái Rimsky-Kórsakov. A diferencia de Chaikovsky, no estimaban tanto el modus faciendi occidental en lo que a composición se refiere (aun cuando, a la postre, ambos adoptarían las técnicas e influencia europeas como ingredientes de su estilo). En cambio era evidente una maravillosa capacidad para crear “cuadros” entrelazados, amén de notable talento narrativo y un recurso más directo a las fuentes musicales populares.

En el breve puñado de obras maestras que nos dejó Borodín destaca el extraordinariamente sugestivo poema sinfónico «En las Estepas del Asia Central», evocación de una caravana cruzando la zona conocida entonces como Turquestán, anexionada por Rusia. Esta obra fue creada en 1880 para sumarse al jubileo de 25 años del Zar Alejandro II en 1881... planificación frustrada, como les contaba antes, por el asesinato del gobernante a sólo cinco meses del acontecimiento.

Otra página orquestal muy celebrada del eminente Borodín proviene de su última creación, la ópera Príncipe Igor; se trata, claro que sí, de las «Danzas Polovesianas», con su despliegue fascinante de exotismo y colorido orquestal (este último debido más bien a los buenos oficios de Glazúnov y Rimsky-Kórsakov, que completaron la obra luego del fulminante deceso de su amigo). En este espectacular momento Borodín sabe conjurar el elemento “bárbaro” de los polovtsianos o polovesianos (en nuestro idioma llamados Cumanos) con una maestría que sólo igualarán mucho después Jachaturián y Amirov.

El mago ruso de la instrumentación, Nikolái Rimsky-Kórsakov, cierra la entrega con dos célebres creaciones orquestales: «La Gran Pascua Rusa» op. 36, obertura sobre temas litúrgicos, y el «Capricho Español» op. 34, precisamente la obra que asentó su fama como renovador brillante de la paleta instrumental.

De la Obertura sobre la Pascua ortodoxa hemos publicado ya alguna cosa en esta página. Del «Capricho...» vale la pena recordar un episodio que retrata también el carácter del músico. Sabedor de las dificultades que planteaba a los profesores de la orquesta con su virtuoso estilo, Rimsky les dedicó la composición; y de hecho en las primeras impresiones de la partitura figuraba la nómina completa de los músicos que estrenaron esta maravillosa exhibición de talento, imaginación y dominio técnico.

carátulaDisfruten el repertorio ruso de manos de un maestro: Neeme Järvi junto a la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo, en un registro de finales de los años 80 del siglo pasado.

Järvi estuvo al frente de la orquesta sueca durante 22 años. En esa larga titularidad supo elevar la formación a nuevas alturas, con una feliz vinculación hacia el repertorio escandinavo y eslavo del Romanticismo tardío, sin desdeñar las vanguardias. Tan exitosa colaboración atrajo el respeto y la admiración de la comunidad musical, así como respaldos financieros (Volvo) que permitieron ampliar el número de integrantes y una ilustre retahíla de grabaciones para la Deutsche Grammophon.

Neeme JärviDe esta época proviene el menú que les comparto, con una interpretación referencial de la Obertura 1812 que a la plantilla habitual suma la Banda de Bronces y el Coro de la misma orquesta, la División de Artillería de Gotemburgo, y los campanarios del puerto escandinavo. Se trató, pues, de hacer sonar la obra tan cercana como fuera posible a su concepción original. El resto de las piezas son tratadas con la misma finura y garra interpretativa que el eminente director ha hecho su sello personal. (Y si pueden, adquieran el disco para apreciar el sonido en toda su riqueza.)

D E S C A R G A

MP3 ABR ~ 212 kbps | 6 tracks | JPGs | RAR 120,4 MB | 48 kHz

viernes, 16 de marzo de 2012

WORLD ENCORES / Mariss Jansons + Filarmónica de Oslo

sellos postales
Llegando el fin de semana nada mejor que música, buena música, para cambiar de ritmo y disipar tensiones. En esta ocasión, de la mano de Mariss Jansons y la Filarmónica de Oslo, podemos dar una vuelta al mundo a través de páginas inolvidables de la música clásica, muchas de ellas ofrecidas habitualmente como propinas (bises, encores) en los conciertos. Jansons seleccionó con cuidado un repertorio que nos lleva por el muy ancho mundo de la música, desde las nieves escandinavas hasta la calidez del trópico, pasando por Corea del Sur, Japón, Grecia, Hungría, España, etc.

Una preciosa selección que espero disfruten intensamente.

aquí

mp3 HQ VBR | librillo en PDF | RAR 141,3 MB | yandex

1. Obertura de «Candide» / BERNSTEIN (Estados Unidos)

2. Elegía / KIM (Corea del Sur)

3. Vallflickans Dans / ALFVÉN (Suecia)

4. Pas de deux nº 14 de «Cascanueces» / CHAIKOVSKY (Rusia)

5. Danza Eslava nº 15 / DVOŘÁK (República Checa)

6. Vals Triste / SIBELIUS (Finlandia)

7. Wild Bears / ELGAR (Inglaterra)

8. Amanecer de «Peer Gynt» / GRIEG (Noruega)

9. Farandole de «L’Arlésienne» / BIZET (Francia)

10. Aria para la cuerda en Sol / BACH (Alemania)

11. Intermezzo de «Háry János» / KODÁLY (Hungría)

12. Intermezzo de «Cavalleria rusticana» / MASCAGNI (Italia)

13. Toccata / VILLA-LOBOS (Brasil)

14. Danza de los Celestiales / TOYAMA (Japón)

15. Danza de los Hombres / TOYAMA

16. Hora Staccato / DINICU (Rumania)

17. Preludio de «La Revoltosa» / CHAPÍ (España)

18. Polka «Unter Donner und Blitz» / STRAUSS hijo (Austria)

19. Tango: Jealousy / GADE (Dinamarca)

20. Finale de la suite «Zorba» / THEODORAKIS (Grecia)

viernes, 8 de julio de 2011

Venimos del mono…

La Filarmónica de Berlín junto a Alfred Hertz (1913)
retratados durante una grabación acústica


...y llegamos al Estéreo. Durante el siglo pasado, las técnicas de grabación musical experimentaron una profunda y acelerada evolución. El moderno y trivial acto de colocar música en la radio, en el equipo, en la computadora (como la que escucho al momento de escribir estas líneas) o en el reproductor portátil —disponiendo además de un abanico de formatos digitales para contener el sonido en calidad idéntica a la matriz original— esconde tras su facilidad un gigantesco cambio de paradigma.

Música doméstica

“Música doméstica” / Carl Zewy (1929)

Nuestros bisabuelos sólo tenían a su alcance la música hecha por ellos mismos, por sus amigos durante las faenas del día, la que ejecutaba alguna banda dominguera o la escuchada en alguna velada social, si algún asistente quisiera exhibir aptitudes para el arte. Notemos que nada de lo anterior garantizaba un nivel descollante de musicalidad; para eso había que ir al teatro y asistir a conciertos de músicos profesionales, o a la ópera. Si la Fortuna sonreía, tal vez un afamado intérprete viniera de visita al país. Con todo, tales eventos eran ocasiones especiales.

¡Cuánto más excepcional todavía era disfrutar el arte de los grandes músicos de Europa, al menos a este lado del océano! Quienes vivían lejos de tal privilegio, separados por distancias mayores o menores, debían conformarse con referencias de terceros, de la misma manera que nosotros hoy sólo podemos imaginar remotamente el estreno de la Cuarta Sinfonía de Brahms en Meiningen, de la Novena de Beethoven en Viena, del Don Giovanni de Mozart en Praga, la improvisación de Bach ante Federico II de Prusia, o las sensaciones de los eclesiásticos romanos que oyeron por primera vez la Missa Papæ Marcelli, de Palestrina.

Contar a estos ancestros que con oprimir un botón se podría acceder de inmediato a música interpretada por los mejores músicos, prescindiendo físicamente de ellos pero oyéndoles tantas veces como se guste y eliminando cualquier distancia en el espacio o —más sobrecogedor aún— en el tiempo... les sonaría a delirio de Julio Verne o peor, a cosa del Mandinga.

vinilo ruso rca

Sin embargo, aquellos mismos ancestros fueron los que empezaron esta revolución. Y retroceder en el tiempo hasta los comienzos rudimentarios de la fonografía equivale a viajar a otro mundo de sensaciones, como dice un querido amigo que nos visita. Son los tiempos del cilindro, el disco de cera, la vitrola y las grabaciones acústicas.

Grabación acústica en París, 1913
En Diciembre de 1889 un representante de Edison llamado Theo Wangemann grabó a Johannes Brahms interpretando fragmentos de su música al piano.

Aparte del debate sobre la voz que (apenas) se oye al comienzo, hoy atribuida al encargado de la grabación y no al compositor, el miserable resultado sonoro invalida artísticamente esos preciosos segundos... que aun así conservan gran valor documental. Abajo pueden escuchar (más bien descifrar) el fragmento, donde Brahms toca al piano una parte de su Danza Húngara nº 1.



La calidad del sonido cae a veces en lo espantoso, sobre todo en las primeras tomas experimentales de la segunda mitad del siglo XIX, con ese ruido ambiental (la “fritura”) que lo desfigura todo. Los registros se captaban de manera acústica, mediante grandes embudos que transferían las vibraciones a un soporte físico.

Éste fue primero un cilindro recubierto con cristal y/o papel ahumado (fonoautógrafo de Scott de Martinville, 1857), y más tarde con una fina lámina metálica (fonógrafo de Edison, 1876). El cilindro dio paso al disco de cera (gramófono de E. Berliner, 1888) del cual se extraía una copia en metal tras la grabación. El sonido resultante mutila los armónicos, la división de pistas no existe, dado que todo procede de una única entrada del sonido... pero ya era posible “atrapar” la fugacidad propia de la música. Había empezado la era del sonido monoaural, el Mono.

carátula A continuación, amigas y amigos, un documento histórico: la primera grabación de una sinfonía completa, realizada en 1913 por nada menos que Arthur Nikisch al frente de la Filarmónica de Berlín. Se trata de la Quinta Sinfonía de Beethoven, obra emblemática donde las haya. Nikisch, húngaro avecindado en Alemania, es uno de los fundadores del moderno arte de la dirección orquestal, merced a su extraordinaria capacidad como intérprete, el carisma para persuadir de su propia visión a sus colegas, la elocuencia en su comunicación gestual, particularmente el uso de la mirada, y el respeto por la partitura equilibrado con grandes dosis de inspiración personal. A mayor abundamiento sobre este gran director, les recomiendo el estupendo artículo que le dedica Leiter en su blog.



El disco se complementa maravillosamente con otra grabación histórica, esta vez de 1938: el mítico Wilhelm Furtwängler despliega su magia al frente de la misma agrupación berlinesa en la Sexta Sinfonía de Chaikovsky.

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MP3 VBR ~ 192 kbps | 8 tracks | RAR 69,3 MB

lunes, 13 de septiembre de 2010

CHAIKOVKSY · Primera Sinfonía ‘Sueños de invierno’ · Masur, Gewandhaus

Aivazovsky

“Paisaje invernal” (Iván Aivazovsky)

Una de estas mañanas preparaba el café con que ahuyento el frío al iniciar la jornada. Ya el aroma a granos se desprendía en círculos cuando sentí como si el instante se detuviera; no era ningún aditivo del café, eran más bien mis audífonos, o mejor, era Chaikovsky sonando en ellos: su primera sinfonía, el segundo movimiento. ¿La conocen? Qué obra de belleza emocionante y, aun así, a menudo descuidada. En ella, el genio ruso emprende el viaje que lo convertiría en el mayor sinfonista de su país.

La primera sinfonía (1866) le costó a Piotr Ilich más esfuerzo que ninguna otra, según escribió su hermano Modest. La endeble resistencia nerviosa del compositor, de 26 años entonces, se curvó bajo la presión de abordar por primera vez el género sinfónico, generando en él con más intensidad la habitual avalancha de dudas e incertidumbres.

Además la obra una vez concluida no convenció al severo Antón Rubinstein, director del Conservatorio de San Petersburgo, quien la reprobó. En febrero de 1867 fue ofrecida una interpretación parcial (los dos primeros movimientos) que causó buena impresión; un año más tarde le llegaría a la sinfonía su estreno definitivo, esta vez en Moscú, en donde el público la recibió con entusiasmo.

El sinfonista debutante acusa la influencia de los clásicos germanos, en particular Schumann y Mendelssohn. De este último tomó la idea de dar títulos a la obra (Зимние грёзы — Sueños de invierno) y sus movimientos, en concreto al primero (Грёзы зимнею дорогой, es decir, Sueños o Ensoñaciones en un viaje de invierno) y segundo (Угрюмый край, туманный край, esto es, Tierra de desolación, tierra de brumas). Tal detalle, empero, no la convierte en “música descriptiva” en sentido estricto; los títulos aluden más bien a atmósferas, estados anímicos, que operan como pistas expresivas.

  • El primer movimiento contiene dos temas populares, refinados por Chaikovsky y organizados según esquemas clásicos.
  • El segundo movimiento es una belleza, perfecta ilustración de las vastedades melancólicas y grandiosas de la estepa. El compositor demuestra que ya es dueño de una admirable exquisitez sonora y consumada habilidad instrumental.
  • En el tercer movimiento vuelven los ecos de Schumann y Mendelssohn, pero en el trío encontramos un vals “típico” del compositor, siempre tan inspirado al emplear los esquemas de danza en el nicho sinfónico.
  • El cuarto movimiento es uno de esos finales sonoros y brillantes que al propio Chaikovsky le causaban dudas, pero al público ninguna; el tema folclórico “Flores florecidas” otorga al Finale vena melódica y brío rítmico para evocar el mundo popular.
discoDeléitense ustedes con esta sinfonía extraordinaria de un auténtico “Mendelssohn ruso” en versión de Kurt Masur y la Orquesta Gewandhaus de Leipzig. Completa el disco la Fantasía Sinfónica “Francesca da Rimini”.
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miércoles, 9 de junio de 2010

CHAIKOVSKY: 5ª SINFONÍA [Cantelli – OS NBC]


Haciendo votos por la inmediata recuperación
de nuestros amigos Javier y Fernando,
a quienes ya quisiéramos tener aquí
en nuestro fogón

por Elgatosierra


Hace unos días QUINOFF nos decía, a un grupito de melómanos orates que compartimos tertulia cibernética, que lo bueno de hablar con nosotros era que de repente salíamos con intérpretes que ya habían caído en el olvido, pero que gracias a eso estaba descubriendo músicos de gran altura sólo reservados para los más avezados.

Ya le recordé en su momento aquel refrán que tanto se usa en mi pueblo: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. JAJAJA

Hablaremos hoy, para placer de todos, de uno de esos directores de orquesta prácticamente olvidados.

GUIDO CANTELLI (1920 – 1956) fue un director de orquesta italiano que nos abandonó demasiado pronto, con sólo 36 años, en un desventurado accidente aéreo en París. Para dimensionar su envergadura artística bástenos recordar que aquel mismo 1956, sólo ochos días antes de tan terrible desgracia, había sido nombrado director musical de La Scala de Milán, sucediendo a Carlo Maria Giulini y precediendo a Claudio Abbado.

Perteneció a aquella generación formada por directores de la talla de Argenta, Bernstein, Karajan, Solti, Leinsdorf...

Fue aclamado en las más prestigiosas salas de concierto y teatros de ópera de Europa, Estados Unidos y Sudáfrica.

Toscanini nada más conocerle pensó en él como su candidato favorito para sucederle en su orquesta. Se habla de Cantelli como el discípulo más aventajado y querido del viejo maestro, aunque en puridad no podamos decir que fuera alumno suyo. Sabata también le tenía en gran estima. La Filarmónica de Nueva York, buscando el sustituto de Mitropoulos, le permitió codearse con Walter y Szell, invitándole regularmente.

Cantelli no dejó, por desgracia, muchas grabaciones. Apenas algo de Beethoven, Brahms, Franck, Mussorgsky, Hindemith, Liszt, Mendelssohn, Mozart, Ravel, Rossini, Verdi, Vivaldi...

Pero hoy le traeremos aquí por lo que siempre ha sido más recordado: sus magníficas interpretaciones de las tres últimas Sinfonías de Chaikovsky. Aquí está su versión de la Quinta, registro de un concierto en directo con la Orquesta Sinfónica de la NBC en 1952.

Si comparamos las versiones de esta Quinta Sinfonía por Toscanini y Cantelli, comprobaremos cómo, mediante aquella «técnica de la distanciación» que tan magistralmente manejaban ambos, aquél nos resulta gélido mientras éste nos parece incandescente.

Salud, paz, sonrisas y cordiales saludos.


martes, 25 de mayo de 2010

CHAIKOVSKY :: 5ª SINFONÍA :: Szell, Orquesta Sinfónica de Radio Colonia

Tchaikovsky

He aquí otra versión más de la soberbia Sinfonía número 5, obra que hemos elegido para compartir en homenaje al aniversario 170 de Chaikovsky, esta vez traducida por uno de los mejores directores del siglo XX, el húngaro George Szell. Su nombre permanece vinculado a la Orquesta de Cleveland, conjunto que elevó a una altura que jamás había tenido antes, haciéndola “la más europea de las orquestas americanas”.

No obstante, el director húngaro fue invitado frecuente en podios de otros rincones del mundo. Refiriéndose a las colaboraciones de Szell con orquestas europeas, un crítico acuñó una expresión muy decidora: “Acero envuelto en Terciopelo”. Hoy podrán descubrir el significado de estas palabras. Szell, junto a la Orquesta Sinfónica de Radio Colonia (Kölner Rundfunk-Sinfonieorchester), grabó en 1966 la sinfonía en Mi menor de Chaikovsky para una emisión radial. Versión incisiva, fiera, analítica, sin amaneramientos emotivos, en suma, antirromántica y plenamente convincente.

Disfruten comprobándolo, AQUÍ

domingo, 16 de mayo de 2010

CHAIKOVSKY :: 5ª SINFONÍA / Jansons, Oslo Phil.

Tchaikovsky

No nos alejaremos del panorama báltico que el previo post de Ernesto nos propuso como marco. Eso sí, nos moveremos de Estonia a la vecina Letonia, en cuya capital, Riga, nació el reconocido director Mariss Jansons, actual cabeza de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam. Su biografía artística incluye la formación recibida de maestros insignes (Mravinsky, Swarowsky, Karajan) y la asociación con prestigiosas orquestas (las Filarmónicas de Leningrado y de Londres, las Sinfónicas de Pittsburg y de Radio Baviera). Entre 1979 y 2002 fue titular de la Filarmónica de Oslo, a la que dotó con un gran nivel y en cuyo podio casi fallece de un ataque al corazón en 1996. Afortunadamente, Jansons ha seguido empuñando la batuta y desplegando su enorme calidad.

Mariss JansonsCon la orquesta oslense grabó una integral de las sinfonías de Chaikovsky, publicada por el sello CHANDOS y de donde he seleccionado la Quinta Sinfonía (prometida en una entrada anterior). Jansons logra una traducción magnífica, y obtiene de la orquesta un sonido diferente a los modelos centroeuropeos. Su técnica y empaste es excelente, requerimientos indispensables en este compositor ruso, soberano maestro de la instrumentación que en la presente obra impone especiales exigencias a la sección de metales.

Disfruten el genio de Chaikovsky y el talento de Jansons con los noruegos, AQUÍ.

miércoles, 12 de mayo de 2010

OBERTURA 1812... A CAPELLA


Seguimos con Chaikovsky. Esta vez el grupo vocal The Swingle Singers (afincado en Londres pero con una historia que pasa por París y EE.UU.) nos ofrece una inusitada versión a capella de esta obra. Sorpréndanse Uds. también con este video.

lunes, 10 de mayo de 2010

HACE 170 AÑOS...

...nació en Rusia una de las figuras máximas de la música universal: Piotr Ilich Chaikovsky. Mientras los homenajes se multiplican alrededor del mundo (virtual y real), en este blog nos sumaremos a través de una de sus obras cumbre: la Quinta Sinfonía en Mi menor. Es que si tradujésemos sinfonía al ruso, el resultado debiera ser Chaikovsky. Shostakovich vino después; el siglo XIX ruso perteneció al sinfonismo de este genio incomparable.

Con eso dicho, les dejo a Uds. una de mis versiones favoritas: la de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín en 1966, AQUÍ.


sábado, 11 de julio de 2009

CHAIKOVSKY Y SUS “12 ESTACIONES”

tchaikovsky

Los nombres que reciben ciertas piezas musicales pueden ser desconcertantes. Todos sabemos que el año se divide en 4 estaciones y no más. Pues bien: alguna extraña razón que hasta hoy sigue perdida motivó el título de “Las Estaciones” para estas doce piezas de Piotr Chaikovsky (1840–93), dedicadas cada una a un mes del año en el hemisferio norte.

En 1875 el editor de una revista musical de San Petersburgo encomendó a Chaikovsky una serie de doce piezas breves para piano con la intención publicarlas mensualmente durante el año siguiente, 1876, a lo que el genio ruso accedió. Asumió también las sugerencias de título y tema hechas por el editor, y así nacieron estas obras cuya popularidad fue inmediata. Recordemos que en el siglo XIX el piano se hallaba presente en muchísimos hogares y conocía un gran período de esplendor, evidenciado por raudales de literatura musical para todo público, de modo que esas partituras incluidas en la revista se dirigían a un público objetivo.

Antecedentes de la colección chaikovskiana pueden hallarse en las Kinderszenen de Schumann o las Canciones sin Palabras de Félix Mendelssohn. Es verdad que la faceta más brillante de Chaikovsky no visita estas producciones, pero sí están presentes su vena melódica y la gracia de su discurso, razones de sobra para que “Las Estaciones”, más bien “Los Meses del Año”, conocieran un sinfín de adaptaciones.

Una de ellas es la versión instrumental preparada por el director y compositor soviético Aleksandr Gauk, que les traigo en versión de Evgeni Svetlanov, AQUÍ.

¡Que lo disfruten!

 
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