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jueves, 28 de abril de 2022
BRAHMS & DVORÁK · Conciertos para violín · Stern, Ormandy, Filadelfia
domingo, 31 de marzo de 2019
Nunca será una despedida, Herr BEETHOVEN
Sala de composición de Beethoven / J. N. Hoechle, hacia 1827Celebramos hace unos días el aniversario de muerte de un Músico con mayúscula, Beethoven (★ Bonn, 16 Dic. 1770 — ✚ Viena, 26 Mar. 1827). Hemos de admitir sin embargo —y por eso el título— que con el Gran Sordo se cumple plenamente la bella expresión de los romanos cuando enterraban a sus difuntos: Sit tibi terra levis, “que la tierra te sea ligera”. Han pasado 192 años desde su partida de este mundo, y sigue más vigente que nunca…
Muestra de ello es la posibilidad de nuevos enfoques que admite su música. El propio Beethoven demostró esa cualidad con los arreglos que hizo de sus obras para distintas agrupaciones instrumentales, añadiendo siempre algo nuevo en el proceso. Por ejemplo, a fines del siglo pasado se descubrió un manuscrito del compositor en los EE.UU. (nadie sabe aún cómo fue a parar al otro lado del océano) con una versión para piano de la Gran Fuga en Si bemol, originalmente escrita para cuarteto de cuerdas. A la inversa (del piano al cuarteto de cuerdas) había arreglado antes su temprana Sonata para piano en Mi mayor. Más lejos llegó con su “Sexto concierto para piano y orquesta”, que no es sino una transcripción de su Concierto para violín en Re mayor. En esta versión incluyó cadenzas que omitió en la versión original (y que Gidon Kremer recuperó para una versión del concierto junto a Harnoncourt).
Así pues, Beethoven nos desafía aún con su ejemplo. Nos propone un creativo inconformismo frente a lo que damos por sentado y nos enseña que toda música es siempre capaz de reenfoques. Estoy seguro que esta capacidad tuvo mucho que ver con su genio como improvisador al piano. Si aceptamos el desafío beethoveniano, descubriremos nuevas facetas de lo que creíamos conocer. Hoy les propongo escuchar el Cuarto concierto para piano y orquesta en Sol mayor bajo este prisma.
El Príncipe Lobkowitz, uno de los principales patrones y amigos del Maestro, le solicitó un arreglo del concierto en Sol mayor para solista y Quinteto de Cuerdas (dos violines, viola, cello y contrabajo) para presentar en la costosa sala de conciertos que mantenía en su palacio vienés. Bocetos de arreglos de cámara para este concierto circulaban en Viena durante aquella época —la editorial Bärenreiter publicó la partitura revisada de una de estas versiones— pero la versión de Beethoven difiere significativamente de su propio original en la parte del piano solista, a la que dotó con mayor elaboración y a la que aportó algunas adiciones sorprendentes de material, en especial en la sección de desarrollo del primer movimiento.
Sobre los bocetos de Beethoven se han realizado varios trabajos de reconstrucción: el pianista Robert Levin ofreció tiempo atrás una versión en disco junto a miembros de la Orquesta Revolucionaria y Romántica, basada en la labor de Hans-Werner Küthen (1938–). También Vinzenz Lachner (1811–1893), compositor alemán del siglo XIX, creó una magnífica reducción para piano y quinteto de cuerdas. A continuación les comparto ambas posibilidades:
Concierto nº 4 en Sol mayor / Reducción de Vinzenz Lachner para dos violines, viola, cello y contrabajo. Preciosa interpretación de músicos que se aprecian y entienden bien durante la ejecución musical.
La misma versión de Lachner pero este joven grupo inglés sustituye el contrabajo por un segundo cello... y la toma de sonido es magnífica.

Comparto a continuación la reducción del concierto con los intérpretes citados, aunque con un poco de reticencia pues el final de tercer movimiento tiene un brevísimo defecto (un salto de milésima de segundo) que no pude solucionar. Aun así, es tan interesante la versión que me encomiendo a su benevolencia, amigos, seguro de que ese tropiezo no arruina el placer de conocerla:
lunes, 25 de marzo de 2019
In Memoriam :: MICHAEL GIELEN
Gracias por tanto, maestro
Ha dejado este mundo uno de los últimos supervivientes de la generación de directores alemanes posteriores a la Segunda Guerra Mundial; me refiero al maestro Michael Gielen (★ Dresde, 20 Jul. 1927 — ✚ Mondsee, 8 Mar. 2019). Gielen llegó a este mundo el mismo año que otros dos colegas memorables, Herbert Blomstedt y Kurt Masur, siendo el más activo de los tres en lo que a hacer música de vanguardias se refiere. No obstante, en sus años de madurez giró hacia un repertorio más enfocado a los clásicos centroeuropeos de Beethoven a Mahler, sin perder con ello nada de su habitual energía y sobre todo su capacidad innata para exponer clarísimamente los entresijos de cada partitura en sus manos. Claridad a fin de potenciar la expresión y la emoción, entendámoslo, no por mero afán expositivo.
Mejor lo explica un apreciado amigo que firma como poloro y a quien debo muchas enriquecedoras conversaciones junto a mahlerite-shosta:
Gielen fue un músico en la línea de los Kapellmeisters alemanes o austriacos. Fue incansable promotor de la música contemporánea, pero también de un repertorio que iniciaba desde el barroco, con particular énfasis en el periodo Romántico y los posteriores.
Musicalmente fue uno de esos directores que exploran la profundidad de diversos planos sonoros, es decir, esos aspectos no directamente tangibles de la música en los que directores como Furtwängler o Celibidache fueron particularmente especiales. No pretendo compararlo directamente con ellos, pues sus interpretaciones en todo caso tenderían hacia el lado del alto apego a la partitura, pero sin ser un literal como los ha habido. Sin embargo, al mismo tiempo, esto no significaba desligarse de la expresión y de una claridad a menudo muy impresionante y que frecuentemente se traducía en una intensidad de gran impacto.
Para homenajear al finado maestro comparto una extraordinaria versión del Concierto para piano nº 1 en Re menor de Johannes Brahms, fechada el 17 de abril de 2005, disponible en YouTube pero no (aún) en disco. Gielen se asocia aquí con la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg y Helene Grimaud, firmando todos una memorable interpretación llena de ímpetu, detalle y musicalidad.
La pianista francesa es una consumada traductora de Brahms, revelando la «ígnea ternura» que distingue al genio de Hamburgo, y Gielen se regodea en el amplio margen instrumental que permite este concierto, junto a la densidad polifónica de las texturas brahmsianas. Por cierto, es un concierto nada fácil de equilibrar puesto que su propio autor había concebido dos formas previas para este material —sinfonía y sonata para dos pianos— antes de decidirse por el formato concertante:
martes, 1 de enero de 2019
¡FELIZ 2019! / Happy New Year

Y para dar paso a la música de inmediato, les dejo con una obra que fue estrenada justamente un primero de Enero, pero en 1879 en Leipzig. Se trata del Concierto para violín de Johannes Brahms, que ofició como director del estreno mundial; el solista era el dedicatario de la obra y mejor amigo de su creador —claro, Joseph Joachim— acompañados por la orquesta de la ciudad, la famosa Gewandhaus de Leipzig.
¡Que disfruten el movimiento final con su chispa zíngara y su optimismo!
jueves, 3 de abril de 2014
BACH {repost} Conciertos de BRANDEMBURGO
Autor de un legado vastísimo —pese a que una parte se ha perdido— y cuya profundidad emociona y desafía, Bach no cabe en una pincelada. Con todo, cada pincelada suya es inconfundible. Así que les propongo recordar al enorme compositor de Eisenach con uno de sus ciclos instrumentales más célebres: los Conciertos de Brandemburgo.
Nuestros buenos amigos Ernesto Nosthas y Elgatosierra publicaron aquí, tiempo atrás, una serie de entradas dedicadas a este ciclo concertante del gran Bach. Habiendo actualizado los enlaces musicales, repongo a continuación uno de esos artículos. A disfrutar pinchando en el enlace:
viernes, 24 de enero de 2014
BRAHMS y ABBADO :: Concierto para violín en Re mayor Op. 77


CONCIERTO PARA VIOLÍN y Orquesta en Re Mayor, Op. 77 ~ Viktoria Mullova, Claudio Abbado, Filarmónica de Berlín ~ Live in Tokyo
La primera versión que les comparto data de 1992, cuando Abbado, con pocos años como titular de la mejor orquesta alemana, se hallaba en una gira que le llevó a Japón junto a la joven violinista rusa (quien fue su pareja y le dio un hijo, Misha). La sintonía artística es perceptible. El sonido de la orquesta todavía lleva el signo de Karajan pero ya menos compacto, con más luminosidad de sus texturas (o con una atención más mediterránea a su expresividad). Se trata de una gran versión del concierto que vale mucho la pena conocer.
MP3 ABR 256 kbps 48 kHz | 3 tracks | RAR 71,3 MB

CONCIERTO PARA VIOLÍN y Orquesta en Re Mayor, Op. 77 ~ Gil Shaham, Claudio Abbado, Filarmónica de Berlín ~ Live in Palermo
En segundo término, una grabación en directo (como la anterior) durante la gira de despedida de Abbado, en 2002, cuando había renunciado a seguir encabezando la Filarmónica de Berlín. Ahora la gran orquesta exhibe un sonido diferente, fresco y ligero pero a la vez pletórico y de vivo color. Este último detalle tiene su importancia, puesto que Brahms es a menudo sindicado como un músico de tono gris, maestro de la forma, sí, pero no de la pintura que embellece la forma. Error. Aunque este genio prefería siempre lo esencial a lo accidental, también era capaz de brindarnos alegría y seducción sonora. Y Abbado, italiano y encantador, nos lo recuerda con plena naturalidad. El solista de esta versión es el excelente y joven Gil Shaham, protegido de Izthak Perlman. ¡Otra gran versión que no pueden dejar de lado!
MP3 ABR 256 kbps 48 kHz | 3 tracks | RAR 85,8 MB
jueves, 26 de septiembre de 2013
“Tócala de nuevo, Glenn”
Glenn Gould (1932-1982) cuando fascinaba al mundo con su talentoAYER, 25 DE SEPTIEMBRE, Glenn Gould habría cumplido 81 años. Se han multiplicado los homenajes en la Web y, verdaderamente, su genial talento combinado con su excentricidad siguen siendo tan cautivadores como siempre.
Mucho se ha dicho de Gould y, como ocurre con los genios del arte, siempre habrá algo más que decir y descubrir. Su destreza al teclado se benefició con una especie de “superioridad técnica innata”, gobernada por una mente brillante que absorbió el contrapunto más allá de la esfera musical: él mismo fue un contrapunto humano, a la vez misántropo y simpático, tímido y comunicador, apasionado y distante, dionisíaco y analítico.
Murió en 1982 a causa de un infarto cerebral, cuando comenzaba a incursionar en la dirección orquestal en desmedro de su concentración pianística. Cosa curiosa, porque a mediados de 1964, en pleno fulgor de su carrera internacional, anunció que abandonaba los escenarios, hastiado de tocar en directo. A partir de ese momento se recluyó fructíferamente en las salas de grabaciones, dejando un legado sustancial.
El pianista canadiense está identificado con una obra en particular: las Variaciones Goldberg de Bach, obra que comprendió e interpretó de manera inigualada (elijo la palabra para situarla a mitad de controversia). Sin embargo, esta vez quiero retroceder a 1957. La Filarmónica de Berlín iniciaba su “período Karajan” sin haber sido objeto aún de las modificaciones de la década siguiente —en pos del sonido que su director ansiaba conseguir— pero en plena posesión de su categoría internacional. Este año, Glenn Gould ofreció un concierto en la dividida capital germana a las órdenes del gran director austríaco. Ambos artistas, aunque muy diferentes en sus personalidades, supieron apreciarse y complementarse de manera profunda. El fruto de esa colaboración ha quedado felizmente registrado en disco.
MP3 VBR ~ 216 kbps | 6 tracks | RAR 129,6 MB
viernes, 26 de abril de 2013
La historia de un Ángel: la última obra de ALBAN BERG

Alban Berg por Lilly SteinerEl Concierto para Violín y orquesta “A la Memoria de un Ángel” fue la última obra completa que nos legó el más romántico de los tres compositores de la Segunda Escuela Vienesa, el austriaco ALBAN BERG. El lenguaje sonoro de esta obra obedece a una versión muy personal de la técnica del atonalismo musical, desarrollada a partir de la obra del líder de esta corriente, Arnold Schönberg.
Sin entrar en tecnicismos, es más fácil explicar este concepto recurriendo a su opuesto, la tonalidad. En música, la tonalidad la constituye básicamente el sistema de relaciones entre los diversos grados de una determinada “escala” o sucesión de sonidos. Para la música occidental, la escala DO-RE-MI-FA-SOL-LA-SI ha sido la base sobre la cual se han cimentado más de quinientos años. Esto es un sistema convencional, adaptado por el conocimiento humano, para entender y estructurar la música, y no un determinante físico externo.
Los primeros intentos de escribir música fuera de este concepto tonal los encontramos en las obras post-románticas de finales del siglo XIX realizadas desde Wagner hasta Mahler, Richard Strauss, Debussy y Max Reger. Estrictamente hablando, la referencia “atonal” debería conceptualizarse como “suspensión de la tonalidad” en pasajes musicales específicos, sustituyéndola por una continua modulación y alteración de acordes (“cromatismo”) que no deja percibir la atracción de una tónica, al menos para la sensibilidad del auditor — el análisis puede descubrirnos todavía un plan tonal, si bien ampliado y con escasa funcionalidad acústica.
En este contexto, la música atonal no necesariamente debe asociarse a la producción musical de la ya mencionada Segunda Escuela de Viena (Arnold Schönberg, Alban Berg y Anton Webern). — Técnicamente hablando, la previa escala de tonos enteros de Debussy fue considerada como atonal, y esta consideración es correcta, al menos desde el punto de vista de la armonía funcional.
Chica con mandolina por Picasso
Esta explicación es para posicionar al lector en el hecho que la atonalidad no es sinónimo de obras estridentes y desagradables; corresponde a una técnica de expresión mediante la suspensión tonal, para propósitos estéticos específicos. Uno de los mejores ejemplos de expresión musical lírica y apasionada dentro de la técnica atonal lo encontramos en este bellísimo concierto para violín.
Al momento de su composición, Alban Berg estaba en la cúspide de sus facultades creativas pero también, desgraciadamente, en sus últimos días de vida. Por entonces había empezado a componer su segunda opera, “Lulú”, cuando a inicios de 1935 recibió el encargo del virtuoso Louis Krasner para componer un concierto dedicado al violín. BERG accedió pero luego pasó meses sin trabajar en dicha obra debido a su empeño por completar “Lulú”. Sin embargo, en esos días una profunda tragedia personal golpeó a una querida amiga suya: Alma Mahler.
La pequeña Manon Gropius (al centro) con muchachas desconocidas
Antes de la muerte de Gustav Mahler, Alma tuvo un affaire con el joven arquitecto Walter Gropius, con lo cual puso en peligro su matrimonio con el gran compositor. Tanto, que recurrió a intensas sesiones de consejería y psicoanálisis con Sigmund Freud para rescatar su unión. Al fin el episodio fue superado y Alma siguió junto a su famoso marido hasta la muerte de éste en 1911. Luego, Alma sostuvo un fogoso romance con el pintor y poeta Oskar Kokoschka para luego volver otra vez a los brazos de Gropius, con quien acabó casándose en 1915. Fruto de esta unión fue el nacimiento de la pequeña Manon. La pequeña padeció severos problemas de salud y contrajo poliomielitis antes de cumplir los cinco años. Esta enfermedad hizo enfrentar a Alma un calvario de penas y vicisitudes que concluyeron con la muerte de Manon a los 18 años.
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| Manon Gropius |
BERG murió de una infección generalizada, probablemente debida a la picadura de un insecto, la Víspera de Navidad de 1935, motivo por el cual la obra fue estrenada póstumamente por Louis Krasner, en el Palau de la Música Catalana el 19 de abril de 1936, con Hermann Scherchen dirigiendo a la orquesta; y desde entonces se volvió la obra más popular del compositor.
En su concepción, BERG utiliza la técnica dodecafónica de su maestro Schönberg, combinada con pasajes tonales con alusiones a obras corales de Bach e incluso una tonada popular austriaca. La obra está estructurada en dos movimientos, cada uno de ellos a su vez dividido en dos secciones. El primero empieza con un Andante escrito en la más pura de las formas de sonata, el cual es seguido por una sección conclusiva de tono danzante basado en una melodía típica del sur de Austria (Carinthia – tempi marcado como allegretto). Según las notas del autor, este primer movimiento representa el esplendor de la vida y esta alusión temática pretende ilustrarnos la forma alegre y vivaz con la cual Manon llevó su existencia pese a sus recurrentes enfermedades.
El segundo movimiento inicia con un Allegro construido alrededor de un tema, repetido de varias formas en secuencias que alternan varias escalas cromáticas, en la cual el violín tiene pasajes de altísima complejidad técnica. Esta estructura conduce a un violento clímax en que participa la totalidad de la orquesta, hasta desembocar en una melodía más calmada, un Adagio en el cual la alegre tonada de la segunda sección del primer movimiento es reexpuesta con gran lirismo. Según las notas del autor, esta combinación de tiempos representa la muerte y la transfiguración del espíritu de Manon en un Ángel que sube a la corte del cielo.
Para ilustrar este artículo hemos elegido un par de grabaciones que nos parecieron llenas de intéres. En primer lugar la joven violinista germano-nipona Arabella Steinbacher en un disco que reúne el Concierto de Berg con el clásico Concierto en Re Mayor de Beethoven. La acompaña la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia, dirigida por Andris Nelsons.En segundo término, el violinista inglés Daniel Hope, junto a la Sinfónica de la BBC dirigida por Paul Watkins, nos ofrecen la premiére de una nueva edición crítica del Concierto de Berg; es decir, la obra ya conocida fue analizada con detenimiento por especialistas para corroborar la adecuación entre lo que ha sido publicado y el manuscrito (las intenciones) del compositor. Otro famoso concierto del siglo XX dedicado al violín, el de Britten, redondea este disco:
domingo, 7 de abril de 2013
BRAHMS y SIBELIUS / Conciertos para violín / Milstein, Gimpel
Con apuro les dejo este precioso registro: dos conciertos de violín venidos del frío, por así decir. Uno en Re mayor: el que compuso el genial Barbudo de Hamburgo, Johannes Brahms, y que forma parte de los mejores conciertos creados nunca para este instrumento. La versión: Herbert von Karajan dirige a la Orquesta del Festival de Lucerna en 1957, con Nathan Milstein como solista. El otro concierto, en Re menor, escrito por el bardo de Finlandia, Jean Sibelius. La versión: Eugen Jochum, que visitó poco la obra del finés, al mando de la Filarmónica de Berlín en 1956, con el rol principal a cargo de un genio casi olvidado, Bronislaw Gimpel.¡Disfrútenlo!
MP3 VBR | 6 tracks | .7z 64,87 MB | JPGs
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Un poco de PIAZZOLLA
La brillante carrera de GIDON KREMER siempre ha estado comprometida con el repertorio del siglo XX. Explorando ese interés, el violinista letón en determinado momento se topó con la música de Astor Piazzolla. El aprecio fue instantáneo. La intensidad del gran creador argentino ocupó desde entonces lugar de realce en el repertorio de Kremer. Les comparto ahora un video con la “Fuga y Misterio”, de Piazzolla, en arreglo de Andrei Pushkarev para vibráfono (que él mismo toca), violín y orquesta. Gidon Kremer, el virtuosístico Pushkarev y la Kremerata Baltica en esta preciosa composición. Atentos: en el minuto 4:14 hay una furtiva alusión al concierto para violín de Mendelssohn.
sábado, 6 de octubre de 2012
BRAHMS + DVORÁK: Conciertos para violín | Oistraj, Kondrashin
Iniciamos Octubre con un registro particularmente querido para quien les escribe. Un tesoro del Este, tomado de los archivos del sello ruso “Melodiya”. David Óistraj, figura principal entre los grandes músicos del siglo pasado, referencia ineludible para los violinistas, interpreta a Johannes Brahms y Antonín Dvorák junto al director Kyril Kondrashin, con quien tuvo siempre gran afinidad arriba y abajo del escenario.
El barbudo Johannes es francamente uno de mis músicos favoritos, como habrán notado quienes frecuentan esta página; y lo mismo ocurre con el gran Dvořák (pronunciar Bórllak o Bórshak). Si aludí antes a la cercanía existente entre los intérpretes de ambos conciertos para violín, dígase algo parecido de sus compositores. El áspero alemán de Hamburgo reconoció y alentó el genio del creador checo, poniendo a su disposición los recursos con que contaba en Viena; muchas veces elogió la riqueza inventiva de Dvořák. Este último, no obstante, y sin dejar de manifestar siempre su gratitud, fue cauteloso en sus relaciones con Brahms para evitar que la fuerte personalidad de su mecenas pudiera condicionar de algún modo su propia independencia creativa.
Los conciertos para violín y orquesta de ambos músicos guardan diferencias y similitudes; en ambos, y sobre todo en Dvořák, existe la presencia de melodías folklóricas del ámbito del Danubio y los Balcanes, no necesariamente como copias directas pero sí como elaboraciones nacidas del conocimiento personal de estas fuentes. Pero el concierto de Brahms se aproxima al modelo beethoveniano, tanto en la tonalidad (Re mayor) como en las proporciones sinfónicas del primer movimiento, el cantable lirismo del segundo y la jovialidad ágil del tercero. Por cierto que en esta obra, el “conservador” Johannes rompe con las convenciones e integra al solista en el discurso musical, evitando el alarde fácil y llevándolo a situaciones tan insólitas como la irrupción en modo menor con que el violín aparece por primera vez, o la larga espera que debe cumplir en el segundo movimiento mientras el oboe canta la melodía principal de esa sección. Esta originalidad le significó al concierto una recepción muy dividida, incluso entre los adalides del compositor.
En cambio, el concierto de Dvořák fue mucho más estimado por los virtuosos por su planteamiento más tradicional y por la habitual floración de melodías que distingue al maestro checo. De este último se ha dicho que es autor de un buen concierto de piano, un gran concierto de violín y un genial concierto de violonchelo. Creemos que esa distinción es cierta. ¡A disfrutar!
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- JOHANNES BRAHMS:
Concierto para violín y orquesta en Re mayor, op.77- ANTONÍN DVORÁK:
Concierto para violín y orquesta en La menor, op.53DAVID OISTRAJ, violín
Gran Orquesta Sinfónica de la Radio de la URSS [1]
Sinfónica de la URSS [2]KIRIL KONDRASHIN, director
~ registros de 1952 [1] y 1949 [2] ~
lunes, 23 de enero de 2012
BACH | 4 CONCIERTOS | Pinnock, English Concert
Corren días inciertos en que hasta el aire susurra amenazas y atropellos. En la batahola no son los delicados bolsillos de ciertas corporaciones (que no artistas) los más dañados, sino la cultura misma, atrapada en apetitos financieros más allá de los cuales no se la deja llegar. En fin, hasta que la calma retorne a los acontecimientos y sepamos entonces cuál es el nuevo panorama, prefiero seguir colocando a su alcance, amigos, amigas, la música que tanto quiero, la que merece llegar al corazón, la que fue escrita para todos cuantos pudieran oírla.
Hoy les obsequio una serie de conciertos que siempre me arrebatan, debidos a la inspiración y maestría de un genio intemporal, Bach, que juega con las posibilidades de cada instrumento y combinación a su alcance. El melodismo y vivacidad italianas (y su admiración personal hacia Vivaldi) cede paso en otros a la abstracción germánica, pero en cada caso brilla la fenomenal capacidad de síntesis estilística que distingue al genio de Eisenach. Sobre todo, las músicas de este disco nos devuelven la fe en la belleza y en la inspiración verdadera, abierta a lo superior a sí misma, desprendida de mezquindades, gracias a la cual los seres humanos podemos encontrar motivos de orgullo a pesar de nosotros mismos. La versión corre a cargo del impecable Trevor Pinnock y The English Concert.
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viernes, 30 de diciembre de 2011
LAS 8 ESTACIONES y algo más... / 2
SEGUNDA PARTE Y FINAL de las entregas dedicadas a las Cuatro Estaciones según Vivaldi y según Piazzola, a los cuales se agrega esta vez Nicolas Chédeville.
Justo es comentarle al auditorio que existe al menos una grabación adicional de este mismo concepto VIVALDI/PIAZZOLLA [compartido en anterior posteo], y es la que realizaron los Solistas de Cámara de Salzburgo bajo el liderazgo de su primer violín Lavard Skou-Larsen cuatro años después que esta grabación de Gidon Kremer y la Kremerata Baltica para el sello vanguardista Nonesuch Records.
He de reconocer incluso al auditorio, que yo conocí del ciclo de Piazzolla por este disco (no por el de Kremer), el cual tuve el privilegio de adquirirlo de las manos de los ejecutantes, luego de un Concierto en que este grupo interpretó precisamente este doble-ciclo, en el Auditorio Cerritos (Cerritos Center for the Performing Arts), un bellísimo teatro modernista ubicado al sur de la ciudad de Los Ángeles, en el otoño de 2004.
Así pues, repito la pregunta hecha en la entrega anterior: ¿otra grabación de las Cuatro Estaciones de Vivaldi? Sí… pero créanme cuando les digo que también esta interpretación es muy especial. Acá el enfoque es más fogoso y chispeante. Este conjunto instrumental es brillante, y comparten con la Kremerata que la edad promedio de sus ejecutantes es de menos de treinta años. Especial atención les pido para el «Invierno» más genial de todos los que conozco, incluso unos milímetros mejor que el de Kremer.
Acá el enfoque para presentar las obras es conservador, cada obra se ejecuta por separado y en la misma secuencia de estaciones: del verano al invierno, con una toma de sonido en vivo espectacular. El arreglo para violín y cuerdas utilizado por los Solistas de Cámara de Salzburgo bajo el liderazgo de su primer violín Lavard Skou-Larsen ha sido preparado por el chelista y compositor ítalo-argentino José Bregato.
Bregato junto con Piazzolla crearon la Vanguardia del Tango en 1955 y apoyó al maestro Piazzolla en la creación del Octeto Buenos Aires, junto a otros grandes músicos, produciendo la gran «revolución tanguera» porteña. En 1976 fue solista de la orquesta sinfónica de Porto Alegre, Brasil, y en 1978 creó los conjuntos de cámara de la Universidad de Natal, Brasil. Regresó a la Argentina en 1982 y refundó el Archivo de Música Popular y Clásica de SADAIC. Recibió el premio a la Trayectoria de SADAIC y también fue distinguido por su trayectoria por el Gobierno Autónomo de la ciudad de Buenos Aires. Asimismo, es co-ganador del Premio Grammy Latino 2002 en la categoría Tango por su trabajo como arreglador del CD «Adiós Nonino» realizado por el Amazonia Quartet de Brasil. Sus composiciones para violonchelo solista y orquesta, o para dúos y tríos clásicos, tales como «Graciela y Buenos Aires», «Milontán» y «Malambo» forman parte del repertorio de famosos conjuntos de cámara europeo y norteamericano.
Como parte de esta oferta musical que solo pueden encontrar en QUINOFF, les comparto también este CD de las «Ocho Estaciones» con los Solistas de Cámara de Salzburgo bajo el liderazgo de su primer violín Lavard Skou-Larsen.
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Finalmente… estos intentos de flirtear con la magna obra maestra de Vivaldi no son para nada nuevos… del baúl de lo insólito, les comparto otro registro de un intento de plagio descarado que intentó realizar un oscuro escribiente musical francés de nombre Nicolás Chédeville (* 20 de febrero de 1705 — † 6 de agosto de 1782).
Este caballero hizo alguna fortuna en la vida cortesana parisina anterior a la Revolución Francesa, escribiendo composiciones dirigidas al entretenimiento y el placer de acaudalados músicos aficionados: la aristocracia francesa de la época les gustaba entretenerse tocando instrumentos rústicos mientras recreaban hipócritamente la vida cortesana en sus palacios de verano en la campiña francesa.
Sus primeras obras publicadas fueron colecciones de piezas para musette o zanfona, tituladas «Amusements champêtres» (diversiones campestres), las cuales fueron publicadas en diciembre de 1729. Posteriormente compuso otra colección de «Amusements…» mucho más avanzadas técnicamente y con alguna substancia musical. Algunas obras interesantes se pueden encontrar en la colección de su opus 6, con piezas musicales que llevan el nombre de batallas y expresan imágenes bélicas; inspiradas en campañas militares que le eran compartidas en las Cortes. Poco después Chédeville evolucionó a un estilo compositivo más serio influido por la música italiana como puede observarse en su op.7, la única colección escrita específicamente para flauta, oboe o violín, ello con una notable influencia de la escuela veneciana, cuyos máximos representantes fueron Vivaldi, Corelli y Torelli.
En 1737 mantuvo un acuerdo secreto con Jean-Noël Marchand para publicar un colección propia como la obra «Il pastor fido», op. 13 de Vivaldi. Chédeville proporcionó el dinero y recibió los beneficios, todo esto atestiguado en un acta notarial de Marchand en 1749. Esto parece ser un burdo intento de vender el instrumento que él fabricaba, la musette, bajo el supuesto respaldo de un repertorio de obras de un gran compositor. En esa misma línea, en agosto de 1739, obtuvo los derechos legales para publicar arreglos para la musette, zanfona o flauta de los conciertos de varios composiciones italianos y franceses de la época, en cuenta, Vivaldi. De este entuerto surge un arreglo de «Las Cuatro Estaciones» de Vivaldi para zanfona o musette, violín y flauta (aunque el término francés para flauta también puede referirse igualmente a la flauta dulce), en la cual retoma la mayoría de las «Estaciones» de Vivaldi con excepción del Verano, el cual es reemplazado por su concierto nº 9, op.8, transferido al movimiento intermedio del Invierno al Otoño. Además sustituyó el Invierno con su Concierto op.8 n° 12.
Para diversión de nuestro auditorio, les compartimos también una grabación de «Le printems», o «Les saisons amusantes» de 1739 en interpretación del Palladian Ensemble (registro del sello Linn que mereció en 1998 el Diapason d’Or).
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sábado, 24 de diciembre de 2011
LAS 8 ESTACIONES y algo más... / 1
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¿Otra grabación más de las Cuatro Estaciones de Vivaldi?
Puedo usar el cliché de decir abiertamente que sí, pero… no cualquier otra nueva grabación. Acá hay magia, hay inventiva, no es otra de las más de 30 grabaciones que poseo de esta magnífica obra maestra.
“Las cuatro estaciones” es un sub-ciclo dentro un ciclo de conciertos empacados como el Opus 8 de Antonio Lucio Vivaldi (* Venecia, 4 de marzo de 1678 — † Viena, 28 de julio de 1741), archifamoso compositor y músico del Barroco tardío, contemporáneo de Bach y Händel.
Vivaldi es una de las figuras más relevantes de la historia de la música. Su maestría se refleja en haber cimentado el género del concierto, el más importante de su época. En 1725, bajo el título general de “Il cimento dell’ armonia e dell’ invenzione”, escribió este conjunto de obras para violín solista, orquesta de cuerdas y clavecín. En estos cuatro conciertos se encuentran ejemplificadas todas las características típicas del concierto barroco italiano de la famosa escuela veneciana. Se trata de obras musicales dignas representantes de su época: bien definidos los contrastes de tempo, pues cada concierto está dividido en tres partes: rápida-lenta-rápida; el elemento dinámico contrastante está cubierto por el efecto del eco; se tiene a un virtuoso solista que, acompañado solamente por el “basso” continuo, enfrenta a toda la orquesta y, por último, se cumple con la justificación artística de imitación de la naturaleza, el cual en sí mismo es un buen argumento para escribir una obra maestra.
¿Qué hace tan especial a esta grabación? Creo que la respuesta la deben asumir los lectores luego de escuchar este CD que en complicidad con QUINOFF hoy pongo a su digno conocimiento. Trataré de esbozar varios argumentos, pero, en esencia, deseo que la escuchen tal como está magistralmente interpretada por este conjunto de jóvenes músicos bálticos al mando del genial y mítico GIDON KREMER.
El violinista Gidon Kremer junto a la Kremerata Baltica
Ya en el post previo inicial de música de Enescu lo señalé con bastante claridad: la KREMERATA BALTICA está cada vez más convenciéndome que hay que tomarlos muy en serio; más allá de su afinidad natural hacia el frío de las tres naciones bálticas, son músicos de primera categoría, y su asociación con uno de los mejores violinistas del mundo los está convirtiendo en un grupo musical de referencia y respeto.
Con este cartel, interpretar la obra maestra de Vivaldi de la forma en que lo hacen, y más aún, hacerla interactuar con una colección de obras maestras del compositor porteño Astor Piazzolla es brillantemente notable. En este contexto, las incursiones de Gidon Kremer al universo sonoro de de la música de Astor Piazzolla no son novedad en sí mismas y su genialidad interpretando al porteño le ha traído un mayor reconocimiento a una carrera ya de por si notable y distinguida. Con este maravilloso CD, Kremer y sus discípulos nos empujan hacia un viaje fantasmagórico entre dos mundos: el barroco italiano-veneciano del siglo XVIII y el ritmo sincopado bonaerense del siglo XX: un viaje musical a través de dos siglos y dos hemisferios.
Esta idea de interrelacionar Vivaldi con Piazzolla surgió a principios de 1990, cuando Kremer intentó animar a compositores contemporáneos para que escribieran una obra nueva basada en Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, en la que los compositores retomarían la instrumentación del “Prete Rosso”, pero dentro de la expresión idiomática y estilística de cada compositor. Entre los convocados para este proyecto estuvieron luminarias de la talla de Alfred Schnittke, Luigi Nono y Arvo Pärt, sin embargo no se lograron establecer los consensos musicales necesarios y ningún compositor quiso involucrarse en este proyecto (unos años después, la ORPHEUS CHAMBER ORCHESTRA hizo un proyecto a este que intento Kremer con los CONCIERTOS DE BRANDEMBURGO de Bach, el cual fue completado satisfactoriamente, ver más detalles en http://www.newbrandenburgs.org/ , sobre este tema haremos una entrega especial a QUINOFF posteriormente).
Una calle de Buenos Aires al anochecer — con “ese qué sé yo...”
Años después, Kremer descubrió uno de los proyectos más importantes de Piazzolla: la ópera de “María de Buenos Aires”, ocasión que le sirvió para investigar más sobre la producción musical de Piazzolla, descubriendo que este compositor había compuesto separadamente cuatro piezas independientes bajo el concepto de “Estaciones” ambientadas en su amado Buenos Aires:
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1. Verano Porteño escrita en 1965, originalmente como música incidental para la obra “Melenita de Oro” de Alberto Rodríguez Muñoz.
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2. Otoño Porteño, escrita en 1969.
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3. Primavera Porteña (también conocida como Buenos Aires en Primavera) escrita en 1970, y
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4. Invierno Porteño, escrita en 1970.
Este ciclo nunca fue publicado como tal hasta el “descubrimiento” de Kremer, aunque en varias oportunidades, Las Cuatro Estaciones Porteñas, también conocidas como Las Cuatro Estaciones de Buenos Aires, fue interpretado como ciclo al menos en cinco oportunidades por Piazzolla y su ensemble usual integrado por un violín ó viola, piano, guitarra eléctrica, contrabajo y bandoneón.
A partir del original, al menos se han hecho dos arreglos, el que usa Kremer en esta grabación es el más conocido, preparado por el director de orquesta ruso Leonid Desyatnikov, cuyo “arreglo” orquestal incluye también algunos cambios estructurales, buscando que entre las cuatro piezas individuales de Piazzolla y los cuatro concerti de Vivaldi existiese un vínculo más evidente mediante la conversión de cada una de las piezas en trozos de tres secciones, y re-arreglos para violín solista y orquesta de cuerdas. En cada pieza se incluyen varias citas de la escritura de Vivaldi original, pero debido a que los ciclos estacionales entre los hemisferios norte y sur se invierten, el arreglo considera por ejemplo, que al caso del “Verano Porteño” se desarrollan elementos agregados L’inverno (invierno) de Vivaldi.
En sus notas para el CD, Kremer desarrolla el concepto que ambas composiciones son obras maestras con su propio lugar en la historia, el ejercicio post-modernista de combinar ambas obras en este CD no disminuye la potencia de su mensaje musical, sino que al contrario, lo magnifica. En su concepto Kremer nos dice que con este CD el oyente “entrará en un mundo en el que no existe el virtuosismo o el glamour. Kremerata Baltica y yo estamos tratando poner todo nuestro arte al servicio puro de la causa de la música como un lenguaje, la música como algo que es electrizante, como algo que nos recuerda de estar vivo, que fue un ingrediente importante de la vida hace siglos y seguirá siendo un ingrediente importante de la vida de los siglos venideros. Este CD no es música que se pueden poner en un estante de museo”.
Con semejante introducción… jejeje, ¿qué más se puede pedir?
(Concluye en la próxima entrega)
miércoles, 17 de agosto de 2011
RACHMANINOFF | Conciertos 1 y 2 para piano y orquesta | Richter, Sanderling
Para abundar en la temática de las entradas anteriores, salto ahora a los dos primeros conciertos para piano y orquesta de Sergéi Rajmáninov ó Rachmaninoff (* Semiónovo, Imperio Ruso, 1 Abr. 1873 — † Beverly Hills, EE.UU., 28 Mar. 1943). El nombre de este compositor es ineludible en la historia moderna del teclado. Como se sabe, Rajmáninov fue un pianista genial desde sus años juveniles, dueño de los más variados recursos como intérprete y además “beneficiado”, si cabe el término, por un probable síndrome de Marfan (inusual longitud de los miembros) que favoreció esos acordes enormes tan característicos de su escritura. En 1891 compuso su Primer Concierto para piano y orquesta en la inusual tonalidad de Fa sostenido menor, dedicándolo a su primo Aleksandr Ziloti, quien le había abierto muchas puertas en los círculos musicales moscovitas. El mismo Ziloti dirigió el estreno del primer movimiento en el Conservatorio de Moscú, con el compositor como solista, en Marzo de 1892. Años más tarde revisaría la obra hasta darle su versión definitiva.
Los primos Ziloti y Rajmáninov a principios del siglo XX El conservatorio proponía a sus estudiantes usar como modelo de composición una obra determinada. La elección de Rajmáninov recayó en el Concierto para piano en La menor de Grieg, por el cual sentía aprecio y además conocía bastante bien gracias a su primo, al que tuvo practicándolo en su residencia durante la primavera y verano de 1890. Así, el creador ruso escribió su concierto apegándose a la estructura diseñada por el escandinavo: la sonora entrada del piano mediante octavas y acordes, el movimiento lento de sosegada belleza, como un nocturno, el rítmico e impetuoso final, todo ello sazonado con fragante romanticismo eslavo... aunque todavía sin la suficiente habilidad para hilvanar los temas. De todas maneras, la capacidad del compositor ruso para provocar impacto en las emociones del auditor demuestra aquí un alto grado de contundencia.
«Morada apacible» / óleo de Isaak Levitan, 1890
No se compara, sin embargo, al inmarchitable atractivo del Segundo Concierto. El puñado de años y depresiones que median entre una y otra obra significaron la diferencia entre imitar un modelo ajeno y sentar un modelo propio. En este sentido, basta recordar el afamado “Concierto de Varsovia” de Richard Addinsell, en realidad música escrita para el cine y que imita abiertamente las señas estilísticas de Rajmáninov, luego que los productores del filme fracasaran en obtener una obra del propio compositor
Escrito en la tonalidad de Do menor y dedicado al Dr. Nikolai Dahl, responsable de curar a Rajmáninov de una severa crisis nerviosa que le impedía componer, este Segundo Concierto ha disfrutado de una popularidad enorme desde su estreno. Nació con el siglo XX, siendo escrito entre 1900 y 1901 en medio de una radiante floración de ideas, resultado de las pacientes terapias del Dr. Dahl. La calidad temática y melódica supera sin duda a la obra anterior, así como la destreza de la escritura pianística. Uno de los mejores recursos de Rajmáninov fueron los crescendos emocionantes, y precisamente uno de ellos introduce esta obra: el piano inicia una secuencia —absolutamente inolvidable— de grandes acordes que semejan tañidos de campanas, en una amplia progresión dinámica que abarca desde el pianissimo (pp) al fortissimo (ff), surgiendo entonces la hermosa melodía que caracteriza el primer movimiento.
Un idilio nostálgico impregna el segundo movimiento, cuya melodía también cobró vida propia fuera de las salas de concierto mediante adaptaciones de todo tipo, celuloide incluido (ej. la película “Brief Encounter”, 1945). El piano, al igual que en el movimiento anterior, no irrumpe apoderándose del discurso musical, sino introduciéndose en éste mediante arpegios, como si se tratase de un instrumento acompañante. Poco a poco asume protagonismo, sin quebrar nunca el íntimo diálogo con la orquesta. Un breve tiempo de marcha abre el tercer movimiento creando un puente hasta la aparición, ahora sí avasalladora, del solista.
Sobre el precioso segundo tema de este movimiento final, circula una historia con ribetes de leyenda, según la cual dicho tema habría sido compuesto por Nikita Morozov, compañero de estudios y amigo del compositor. Este último habría elogiado la creación de su amigo —“Ésta es una melodía que me hubiera gustado componer”—, gesto que Morozov respondió regalándosela —“¿Y por qué no la tomas para ti?”—, con lo cual el tema habría ocupado su sitio en la redacción final de la obra...
Hoy les comparto una versión extraordinaria de ambos conciertos, a cargo de uno de los supremos intérpretes del piano que conoció el siglo pasado: Sviatoslav Richter. Su brusquedad tierna y apasionada, su técnica que mantenía la claridad de articulación a cualquier velocidad, en fin, impactan. Los registros datan de 1962 (concierto número 1) y 1959 (concierto número 2) pero los equipos de grabación del sello Melodiya parecen anteriores a esas fechas, dada la desmejorada calidad del sonido. Kurt Sanderling empuña la batuta con cargados tintes románticos, dirigiendo la Gran Orquesta Sinfónica de la Radio y Televisión de la URSS (primer concierto) y la Filarmónica de Leningrado (segundo concierto). Queridos amigos y amigas, ¡disfruten estas grabaciones históricas!
MP3 HQ (VBR 48 kHz) | 6 tracks | scans | RAR 98,6 MB | yandex










