sábado, 3 de octubre de 2009

BRANDEMBURGO (y II)

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Regresamos a los Conciertos

en versiones de...
Jordi Savall Franzjosef Maier Martin Pearlman

por Ernesto Nosthas y Elgatosierra



Amigas y amigos, volvemos con ustedes con reflexiones sobre la escucha de este maravilloso grupo de obras, nuestros queridos Conciertos de Brandemburgo de BACH.

Éstas son, sin lugar a dudas, unas de las obras por la que nuestro querido JOHANN SEBASTIAN es más recordado. Para muchos expertos, estos conciertos figuran entre las obras más destacadas y trascendentales de la música universal. Recuérdese, en este sentido, que fue una de las composiciones elegidas para integrar el disco Sound of Earth (“Sonidos de la Tierra”) que las sondas espaciales Voyager, lanzadas por la NASA en 1977, llevan en su interior para dar a conocer la existencia de vida en la Tierra a alguna posible forma de vida extraterrestre inteligente que las encuentre.

La grandísima genialidad del conjunto radica en que se encuentra en el centro del triángulo formado por lo que serían los conciertos instrumentales del Barroco. Agotada la vía de los conciertos vocales de los barrocos temprano y pleno, el barroco tardío exploró simultáneamente tres posibles vías distintas, que situaríamos en los vértices del citado triángulo: el concierto policoral, el concerto grosso y el concierto solista, que sería prácticamente el único que sobreviviría desde el clasicismo.

Queremos provocarles a que piensen y vivan esas obras maestras de muchas formas. No hay una lectura definitiva; aun hoy al gran BACH lo reinventamos constantemente, porque su obra es atemporal y plástica, y está más viva que nunca.

Los Conciertos de Brandemburgo de BACH, como una cabeza jánica trifronte, miran tanto hacia el concierto policoral (el primero y el tercero), hacia el concerto grosso (el segundo, el cuarto y el sexto), o hacia al concierto solista (el quinto). Pero pasemos a revisar uno a uno nuestros conciertos más queridos.

gatoGatosierra dixit: para nuestro “árbitro de la elegancia”, el amigo Ernesto Nosthas, el favorito es el Tercero, el más popular de toda la serie; por algo será. El Concierto de Brandemburgo nº 3 en sol mayor (BWV 1048), fue escrito originalmente para 4 violines, 3 violas y 3 violonchelos, y fue arreglado, posteriormente, para sólo 3 violines, 3 violas, 3 violonchelos (más bajo continuo).

Tiene la estructura tradicional italiana de Allegro ~ Adagio ~ Allegro. La influencia italiana del segundo concierto se mantiene en el tercero, aunque con un cambio importante en el dispositivo orquestal, pues Bach prescinde en esta ocasión de los instrumentos de viento para dar todo el protagonismo a las cuerdas.

Todo aquí se construye a partir de unas células rítmicas mínimas que constituyen la base de los distintos temas melódicos, trabajados contrapuntísticamente, con los dos distintos grupos de instrumentos ora separándose, ora oponiéndose, ora uniéndose en un tutti. Toda una lección, pues, de cómo puede componerse una obra maestra partiendo de los elementos más simples y elementales. ¿¡Tomó Beethoven esta obra como modelo para su inmensa Sinfonía nº 5!?

Y para mínimo, el segundo movimiento, indicado Adagio en la partitura, pero que únicamente consta de dos acordes, uno inicial y otro final, por lo que se cree que Bach dejaba este espacio libre a la improvisación del intérprete, en especial del primer violín o del clavecinista encargado del bajo continuo.

En el tercer y último movimiento, la danza parece adueñarse de la partitura, casi como si se tratara de un tiempo de suite.

Ernesto nos relata: Es imposible para el amigo que les escribe, mantener la cordura mental cuando lo escucha... Me provoca una alegría desbordante. Una anécdota particular me lo recordará siempre.

En lo más crudo del invierno de 2000, tuve la oportunidad de asistir becado a un curso a Washington DC. Fueron casi dos meses fuera de mi hogar con mi pequeño hijo Mauricio Ernesto, con apenas cinco meses de edad. La estadía fue apasionante y muy productiva, pero la nostalgia del hogar y de mi esposa e hijo eran notables. Ya a finales del curso asistí a un concierto en el Atrium de la Galería Nacional, en la cual se organizó una velada con los Smithsonian Players y el Tercero fue la pieza de cierre.

Recuerdo cómo caían los copos de nieve afuera de la Galería y cómo mágicamente parecían danzar al compás de la música y en medio de ese escenario, mis penas y nostalgias se reconfortaron enormemente, como solo BACH puede hacerlo en mi alma.
Ernesto Nosthas dixit: Para nuestro acucioso Elgatosierra los amores están en el Quinto. El Concierto de Brandemburgo nº 5 en re mayor (BWV 1050), para violín, flauta travesera y clavecín solistas, más cuerdas y bajo continuo, consta también de tres movimientos: Allegro – Affettuoso – Allegro.

De nuevo el grandísimo Bach consigue sorprender al oyente, en este caso haciendo que el clave, que hasta entonces había ocupado un papel de acompañante, alcance un protagonismo inusitado, al mismo nivel que el resto de los instrumentos. O más aún si cabe, pues suya es la larga cadencia a solo del primer movimiento, quizás escrita por el compositor para su propio lucimiento en alguna de las veladas de Köthen, posiblemente en el mismo clave que comprara en Berlín en 1718.

El tema del tercer movimiento está tomado de una giga de Buxtehude, músico al que Bach admiraba, sobre todo en lo que respecta a su música para órgano. Puede muy bien ser tenido como el primer gran concierto para teclado de la historia de la música.

El Gato nos cuenta: Un día de mediados de la década de los setenta del pasado siglo, uno de los hermanos de este gato ignorante e imprudente le invitó, conocedor de su gusto por la música, a acompañarle a comprar un nuevo equipo de música, y él no pudo ni quiso negarse. Ambos se dirigieron a la calle Barquillo de Madrid, a lo largo de la cual se alinean, a derecha e izquierda, un buen número de comercios especializados en estos aparatos.

El Gato llevaba bajo su brazo izquierdo una caja con dos discos: Los Conciertos de Brandeburgo de BACH en la estupenda versión de Benjamin Britten al mando de la Orquesta de Cámara Inglesa.

Después de entrar en varias tiendas y sopesar diversas opciones relacionando calidad y precio, eligen tres aparatos diferentes y proceden a intentar compararlos para decidir cuál comprar. El vendedor que les atiende sacó un disco de jazz de Modern Jazz Quartet, exactamente Solid State, donde Milt Jackson consigue con su vibráfono un sonido característico y espectacular, y fue a ponerlo.

Pero el Gato le rogó que por favor pusiera su disco. Y empezó a sonar el maravilloso Quinto concierto de Brandeburgo. Se hizo un silencio total en la tienda y todo quedó paralizado. El Gato le rogó al dependiente que subiera un poco más el volumen para poder escuchar mejor el rango dinámico y el dependiente así lo hizo. Cuando Philip Ledger se arrancó al clave secundado por Britten y la Orquesta de Cámara Inglesa, toda la tienda permaneció expectante y con el aliento contenido en un silencio celestial.

Al terminar la compra el dependiente le rogó al Gato que le vendiera su disco, estando dispuesto a pagarle el doble de su valor comercial.

Más diez años después el Gato volvió al mismo comercio a comprarse otro equipo de música y el mismo dependiente le reconoció, y le comentó que todavía utilizaba aquél disco de los Conciertos de Brandeburgo de BACH para seguir vendiendo aparatos de música, y que siempre le había dado unos resultados excepcionales.



Para cerrar estas reflexiones, les invitamos a visitar dos versiones caras a nuestros corazones:

del Tercero la del célebre Franzjosef Maier al frente del Collegium Aureum, y del Quinto la del inigualable Jordi Savall con Le Concert des Nations (al clave el excelente Pierre Hantaï). Basta pinchar en las miniaturas.




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Una tarde de comienzos de enero de 1967. George Martin (el productor de The Beatles) está tranquilamente en su casa, en Londres, viendo la televisión, y de repente suena el teléfono. Ésta fue la conversación que siguió, más o menos, según cuenta en sus memorias:
George Martin: “Buenas tardes, dígame”.
Paul McCarney: “Hola George, somos John y Paul”.
George Martin: “Hola chicos, qué pasa”.
Paul McCarney: “¿George, estás viendo la televisión?”
George Martin: “Sí”.
Paul McCarney: “¿Qué es eso que está dando la BBC”.
George Martin: “Son los Conciertos de Brandeburgo de Bach”.
Paul McCarney: “George, ¿qué instrumento es ese que produce ese sonido tan curioso?”.
George Martin: “Es una trompeta piccolo chicos” (estaba sonando el segundo concierto).
Paul McCarney: “Queremos ese instrumento en nuestro próximo disco”.
George Martin: “De acuerdo chicos, me gusta la idea, mañana nos vemos en AR”.
Así nació el solo de trompeta piccolo de The Beatles en Penny Lane, y el disco fue Magical Mystery Tour, verdaderamente un viaje mágico y misterioso, su noveno gran éxito. El 17 de enero de 1967 en los Estudios Abbey Road, en Londres, David Mason, entonces miembro de la Royal Philharmonic Orchestra, grabó el solo de trompeta piccolo que colorea esta preciosa canción.


¡Ah, y sabéis quién era el solista de trompeta piccolo del Segundo concierto de la versión de Britten antes mencionada! Sí, un tal David Mason, que también engrosaba las filas de esta Orquesta de Cámara Inglesa. Y es que el mundo musical también es un pañuelo.

Moscú, mediados de 1969. Herbert von Karajan y la Filarmónica de Berlín realizan una gira histórica en la capital soviética. Todo un acontecimiento en medio de la Guerra Fría. Aparte de un programa beethoveniano, seleccionan uno de los Brandemburgo para el más célebre de aquellos memorables conciertos (el 29 de mayo). En esa velada, este concierto bachiano fue el complemento mágico para una espectacular lectura de Karajan de la Décima de Shostakovitch, con el propio Dmitri en el escenario.

Luego, ambos músicos posaron juntos en la Gran Sala de Conciertos del Conservatorio de Moscú. Aquel momento pasó a la Historia.

Shostakovitch junto a Karajan

El momento mágico: Shostakovich y Karajan, juntos en Moscú

Al final, para quienes con abnegación y cariño han sido capaces de llegar hasta aquí, un último regalito: la versión completa de los Brandemburgo en otra versión con instrumentos de época, quizá la que haya recibido más aprobaciones generales en los últimos años, la de Martin Pearlman con los Boston Baroque, con el magnífico Daniel Stepner como violín solista y el mismo Martin Pearlman al clave. Basta pinchar en la imagen, ¡y a chuparse los dedos!

No dudamos que más temprano que tarde todas estas versiones de los Conciertos de Brandemburgo, de nuestro amado Bach, que aquí os hemos citado, estarán en vuestras colecciones de discos como ya lo están en las nuestras. Jamás os defraudarán, y recurrentemente podréis volver sobre ellas para vivir siempre aventuras inolvidables.

¡Así que ya sabéis: Salud, paz y más Conciertos de Brandeburgo por favor!
Y ahora, a disfrutar.

Ernesto Nosthas y Elgatosierra

2 comentarios:

mara dijo...

¡Alucinante post! ¡Increible!
Queridos amigos, Gato, Ernesto y Quinoff, me han dejado sin palabras.
Creo que el primer disco de música clásica que escuché fue los Conciertos Brandenburgueses; mi padre, un poco extremista en sus pareceres, decía que ahí estaba TODO.
Me ha encantado la forma en que encararon el trabajo, las anécdotas, los comentarios, en fin, un placer altamente contagioso.
Querido Quinoff, formidable trabajo de diseño y por sobre todas las cosas ¡perfecto!.
Además del cariño que les tengo siento enorme admiración por los tres y doy Gracias a la vida por haberlos conocido.
Cheers!

Quinøff dijo...

Cheers! Parece que esta vez brindaremos solos, jaja

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