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viernes, 26 de abril de 2013

La historia de un Ángel: la última obra de ALBAN BERG

angelito funebre
por Ernesto Nosthas Nosthas


Alban Berg por Lilly Steiner
El Concierto para Violín y orquesta “A la Memoria de un Ángel” fue la última obra completa que nos legó el más romántico de los tres compositores de la Segunda Escuela Vienesa, el austriaco ALBAN BERG. El lenguaje sonoro de esta obra obedece a una versión muy personal de la técnica del atonalismo musical, desarrollada a partir de la obra del líder de esta corriente, Arnold Schönberg.

Sin entrar en tecnicismos, es más fácil explicar este concepto recurriendo a su opuesto, la tonalidad. En música, la tonalidad la constituye básicamente el sistema de relaciones entre los diversos grados de una determinada “escala” o sucesión de sonidos. Para la música occidental, la escala DO-RE-MI-FA-SOL-LA-SI ha sido la base sobre la cual se han cimentado más de quinientos años. Esto es un sistema convencional, adaptado por el conocimiento humano, para entender y estructurar la música, y no un determinante físico externo.

Los primeros intentos de escribir música fuera de este concepto tonal los encontramos en las obras post-románticas de finales del siglo XIX realizadas desde Wagner hasta Mahler, Richard Strauss, Debussy y Max Reger. Estrictamente hablando, la referencia “atonal” debería conceptualizarse como “suspensión de la tonalidad” en pasajes musicales específicos, sustituyéndola por una continua modulación y alteración de acordes (“cromatismo”) que no deja percibir la atracción de una tónica, al menos para la sensibilidad del auditor — el análisis puede descubrirnos todavía un plan tonal, si bien ampliado y con escasa funcionalidad acústica.


Chica con mandolina por Picasso
En este contexto, la música atonal no necesariamente debe asociarse a la producción musical de la ya mencionada Segunda Escuela de Viena (Arnold Schönberg, Alban Berg y Anton Webern). — Técnicamente hablando, la previa escala de tonos enteros de Debussy fue considerada como atonal, y esta consideración es correcta, al menos desde el punto de vista de la armonía funcional.

Esta explicación es para posicionar al lector en el hecho que la atonalidad no es sinónimo de obras estridentes y desagradables; corresponde a una técnica de expresión mediante la suspensión tonal, para propósitos estéticos específicos. Uno de los mejores ejemplos de expresión musical lírica y apasionada dentro de la técnica atonal lo encontramos en este bellísimo concierto para violín.

Al momento de su composición, Alban Berg estaba en la cúspide de sus facultades creativas pero también, desgraciadamente, en sus últimos días de vida. Por entonces había empezado a componer su segunda opera, “Lulú”, cuando a inicios de 1935 recibió el encargo del virtuoso Louis Krasner para componer un concierto dedicado al violín. BERG accedió pero luego pasó meses sin trabajar en dicha obra debido a su empeño por completar “Lulú”. Sin embargo, en esos días una profunda tragedia personal golpeó a una querida amiga suya: Alma Mahler.

manon con amigas
La pequeña Manon Gropius (al centro) con muchachas desconocidas
Antes de la muerte de Gustav Mahler, Alma tuvo un affaire con el joven arquitecto Walter Gropius, con lo cual puso en peligro su matrimonio con el gran compositor. Tanto, que recurrió a intensas sesiones de consejería y psicoanálisis con Sigmund Freud para rescatar su unión. Al fin el episodio fue superado y Alma siguió junto a su famoso marido hasta la muerte de éste en 1911. Luego, Alma sostuvo un fogoso romance con el pintor y poeta Oskar Kokoschka para luego volver otra vez a los brazos de Gropius, con quien acabó casándose en 1915. Fruto de esta unión fue el nacimiento de la pequeña Manon. La pequeña padeció severos problemas de salud y contrajo poliomielitis antes de cumplir los cinco años. Esta enfermedad hizo enfrentar a Alma un calvario de penas y vicisitudes que concluyeron con la muerte de Manon a los 18 años.

manon
Manon Gropius
Toda esta tragedia y su triste desenlace fue el detonante para que a inicios de la última primavera de su vida, BERG dejara a un lado su segunda ópera (de la cual había completado dos de los cuatro actos previstos) y se abocara a componer esta obra, que a la postre, como mencionamos al principio, se volvería su testamento.

BERG murió de una infección generalizada, probablemente debida a la picadura de un insecto, la Víspera de Navidad de 1935, motivo por el cual la obra fue estrenada póstumamente por Louis Krasner, en el Palau de la Música Catalana el 19 de abril de 1936, con Hermann Scherchen dirigiendo a la orquesta; y desde entonces se volvió la obra más popular del compositor.

En su concepción, BERG utiliza la técnica dodecafónica de su maestro Schönberg, combinada con pasajes tonales con alusiones a obras corales de Bach e incluso una tonada popular austriaca. La obra está estructurada en dos movimientos, cada uno de ellos a su vez dividido en dos secciones. El primero empieza con un Andante escrito en la más pura de las formas de sonata, el cual es seguido por una sección conclusiva de tono danzante basado en una melodía típica del sur de Austria (Carinthia – tempi marcado como allegretto). Según las notas del autor, este primer movimiento representa el esplendor de la vida y esta alusión temática pretende ilustrarnos la forma alegre y vivaz con la cual Manon llevó su existencia pese a sus recurrentes enfermedades.

El segundo movimiento inicia con un Allegro construido alrededor de un tema, repetido de varias formas en secuencias que alternan varias escalas cromáticas, en la cual el violín tiene pasajes de altísima complejidad técnica. Esta estructura conduce a un violento clímax en que participa la totalidad de la orquesta, hasta desembocar en una melodía más calmada, un Adagio en el cual la alegre tonada de la segunda sección del primer movimiento es reexpuesta con gran lirismo. Según las notas del autor, esta combinación de tiempos representa la muerte y la transfiguración del espíritu de Manon en un Ángel que sube a la corte del cielo.

Klimt
Para ilustrar este artículo hemos elegido un par de grabaciones que nos parecieron llenas de intéres. En primer lugar la joven violinista germano-nipona Arabella Steinbacher en un disco que reúne el Concierto de Berg con el clásico Concierto en Re Mayor de Beethoven. La acompaña la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia, dirigida por Andris Nelsons.

En segundo término, el violinista inglés Daniel Hope, junto a la Sinfónica de la BBC dirigida por Paul Watkins, nos ofrecen la premiére de una nueva edición crítica del Concierto de Berg; es decir, la obra ya conocida fue analizada con detenimiento por especialistas para corroborar la adecuación entre lo que ha sido publicado y el manuscrito (las intenciones) del compositor. Otro famoso concierto del siglo XX dedicado al violín, el de Britten, redondea este disco:

domingo, 23 de diciembre de 2012

BRUCKNER / 4ª Sinfonía, ‘Romántica’

La música del gran Anton Bruckner propone nada menos que un universo al oyente. Nos desafía desde la amplitud, sea en la gran escala de sus creaciones, de su ambición expresiva o de la tupida riqueza de su habilidad técnica. Tampoco es un universo fácil. Adentrarse en él demanda alto grado de abstracción —tarea ardua, en especial para el auditor latino—. No extraña que la fortuna le fuera esquiva al compositor incluso en su tiempo, contra los aplausos que cosechaba como organista y su estupenda labor como pedagogo. Bruckner pudo saborear un triunfo rotundo recién a los 61 años de edad, tras el estreno de su Séptima Sinfonía en Leipzig el año 1884.

Pero los reveses no menguaron. Su amor a la música de Wagner lo precipitó sin quererlo en la airada disputa que dividía a Viena en esos años. Además, el reconocimiento atizó la antipatía de ciertas facciones musicales que se encarnizaron con él. Sólo su paciente tozudez le permitió avanzar en la escritura de sus sinfonías monumentales.

bruckner caricatura
Bruckner cubre a los críticos con su sombra / caricatura de Otto Böhler

¿Qué hay en Bruckner? En el hombre, modestia infinita, corazón puro, fe arraigada hasta la médula, pero también fragilidad y pusilanimidad. En el músico, maestría técnica ejemplar, total dominio de la arquitectura, aspiración expresiva que llega a los linderos de lo místico. Cómo supo combinar el lenguaje musical más atrevido de su época —el «Tristán...» wagneriano— con un espíritu aquilatado en tradiciones centenarias, es algo que sólo él conoce; pero estamos sin la menor duda ante uno de los grandes maestros de la forma sinfónica. Anton Bruckner aplicó todo su énfasis a manifestar lo sublime o, dicho de otro modo, lo trascendental. Su música pugna por adentrarse en el misterio, al que dota de sentido teológico.

Pero, ya lo dijimos, no es un músico fácil de abordar. Hay que esperar el momento para descubrir su lenguaje, su mensaje. Eso sucede a cierta altura de la vida. En mi caso particular ocurrió hace un año y medio, más o menos. Yo, que he vivido como ferviente admirador de su antagonista, Johannes Brahms, el barbado creador de sinfonías apodadas «las cuatro catedrales grises», me deleito ahora con la obra de otro arquitecto de catedrales sonoras, aunque esta vez llenas de colores incandescentes.

Algo similar le ocurrió al amigo Ernesto Nosthas. Su personal eureka se produjo con la Sinfonía número 4, llamada «Romántica». Y con el relato de Ernesto, antaño publicado por Elcuervolopez, les invito a ustedes, amigos, a explorar el universo sonoro de Anton Bruckner.

Bruckner anciano

La mirada limpia y apacible de Anton Bruckner apenas delata la abrumadora intensidad de su música

LA CUARTA DE BRUCKNER:
sencillamente mi favorita

por Ernesto Nosthas Nosthas


No tengo reparos en confesar que la Cuarta de Bruckner es mi favorita, y fue mi puerta de entrada al maravilloso mundo musical del maestro de Ansfelden. Conocí tarde al maestro y fue a partir de una circunstancia muy sentimental que logré captar la belleza de su mensaje. Hasta antes de la maravillosa oportunidad de ser padre, nunca cargué en brazos a ningún infante, porque no me agradaba, me sentía incómodo o tenía miedo de lastimarlo de alguna forma. Todo ello cambió con el nacimiento de mis hijos, pero en particular mi hija Celeste, quien desde pequeña ha estado especialmente vinculada conmigo. Una noche invernal estaba cuidándola cuando anunciaron un concierto en vivo con esta sinfonía por la radio, y allí, cargando a mi hija en brazos, escuché integralmente los 70 minutos de la obra. Esto es un récord mundial para mí, dado que antes de ese momento, nunca había cargado a cualquiera de mis dos hijos por más de 10 minutos.

Luego tuve la suerte de escuchar en un par de ocasiones la misma sinfonía en vivo, además de atesorar más de 15 versiones con una variedad de directores de todas las épocas. Sencillamente adoro esta obra y escribir de ella es una satisfacción que cala muy hondo en mi conciencia y en mi corazón.

«Paisaje invernal con iglesia» / Caspar David Friedrich (1811)

Esta obra también constituyó el primer éxito en vida de Bruckner y la única de su repertorio con un epíteto puesto de puño y letra por el propio compositor. Esta maravillosa sinfonía recibió la denominación de “Romántica”, y este apelativo está más ligado con los sentimientos bucólicos que inspira el contacto con la naturaleza, que a un romanticismo inspirado en las relaciones humanas amorosas.

La Cuarta sinfonía es conocida al menos en seis versiones, a partir de la original compuesta en 1874. Es quizás la más editada, violada y reescrita de todas sus sinfonías, al punto que en los últimos dos movimientos se pueden encontrar diferencias de tajo, principalmente en el último movimiento.

  • Versión original 1874 publicada por Nowak
  • Primera revisión de 1878 (movimientos I-III publicados por Haas Vorlagenbericht; y el Finale: Haas, Nowak)
  • Revisión del Finale en 1880 publicado por Haas y Vorlagenbericht
  • Edición final de Haas de 1881
  • Edición de 1886 (Nowak)
  • Edición de 1888 (publicada en 1889, Redlich) 

La telenovela empezó en 1874. Apenas concluida, Bruckner revisó toda la obra, reemplazando integralmente el tercer movimiento con un nuevo Scherzo y Trío en 1878. Existen notas históricas, en mucho debido a la acuciosidad de Hans Richter de más revisiones a esta partitura en 1876 y 1877; sin embargo, estas revisiones fueron de facto para presentaciones específicas y no se consideran “versiones” en las modalidades usuales. Muchos autores toman como versión definitiva la editada en 1880. En ella, Bruckner escribió un nuevo Finale, con un giro conceptual dramático. Inicialmente había concebido un movimiento danzante muy a la Pastoral de Beethoven, al cual tituló Volkfest (fiesta pueblerina), en contraste a la versión más frecuentemente escuchada (mi favorita, pese a que algunos autores la describen como muy sombría en comparación al resto de la obra). El nuevo Finale de 1880 es más solemne, y en mi humilde opinión, brinda un espectacular cierre a la obra.

Der Watzmann «El Watzmann» / Caspar David Friedrich (1824-25)

1) Bewegt, nicht zu schnell — Esta poderosa sinfonía inicia con un trémolo en las cuerdas que anticipa el tema mágico que emerge de los cornos, el cual posiciona al escucha en otro universo. Strauss, en su mística apertura de Zarathustra, recurre a una figura cromática y armónica muy similar, pero en el caso de Bruckner, el llamado conduce a un clímax filosófico que me hiela los huesos. Luego de esta brillante apertura, un nuevo tema, más ligero y etéreo, es introducido por las cuerdas al más puro estilo bruckneriano. El desarrollo del movimiento alterna ambos temas con poderosos clímax en los metales. Este desarrollo concluye el movimiento con una coda que asesina al escucha con un desarrollo contrapuntístico y expresivo único en la obra del maestro. Ese desarrollo sólo lo volvemos a encontrar en la Octava y Novena Sinfonías del maestro.

2) Andante, quasi allegretto — El segundo movimiento inicia la tradición del autor de expresar sus emociones más fuertes en los movimientos lentos de sus sinfonías de acá en adelante. El desarrollo es poético y dramático, es una marcha fúnebre que conforta e inspira, la cual únicamente se me ocurre comparar con el bellísimo desarrollo que hace Fauré en su Réquiem. La melodía inicial es introducida por los cellos y luego retomada por la orquesta, pero el segundo tema, confiado a las violas, es de una fortaleza única y poderosa que es rematada en un genial crescendo que se desvanece en una tonalidad sombría y misteriosa: do sostenido menor… sí amigos… la misma que usó Mahler para su Quinta. Una nota curiosa: este movimiento notarán que concluye con un trío de clarinete, corno y viola, en cuyas partes Bruckner anotó entre paréntesis “con espanto”… dejando al director la opción de considerarlo o no.

cornos de cazaCornos de caza en la actualidad

3) Bewegt / Trio: Nicht zu schnell. Keinesfalls schleppend — Aunque los puristas digan que Bruckner escribió nueve copias del mismo scherzo para igual número de sinfonías, que me corten los oídos si éste no es el más especial de todos. Una melodía cazadora, encomendada a los cornos danza, imprime a la obra una bucólica escena en los bosques de Austria, pero Bruckner luego nos asesina con la melodía intermedia que define el Trío, la cual es un diálogo coqueto entre un solo de cello acompañado de tres trombones… genial. Contaba Hans Richter que sonrojado y entre su característica risa tímida, Bruckner le confesó que al escribir esta parte se imaginó a un grupo de cazadores descansando de la faena y comiendo queso y vino a la sombra de los arboles.

4) Finale: Bewegt, doch nicht zu schnell — El Finale de 1880 es poderoso y perfecto en su contrapunto. Este pasaje se construye con varios temas alegres puestos en contraste entre distintos grupos de instrumentos. El inicio se elabora con un tema en crescendo que es una variación del canto inicial de los cornos, pero ahora en una tonalidad más grave y dramática, el cual concluye en un complejo tutti en los bronces que conduce al punto más trascedente de este movimiento, el cual se integra por la exposición de una melodía lírica y suave en las cuerdas, contrastada por reiteración del tema del crescendo en los bronces. Este contraste se desarrolla espectacularmente en la partitura, con gran maestría contrapuntística, alternando modulaciones oscilantes entre ambos grupos temáticos.

BrucknerEl maestro en una fotografía como profesor del Conservatorio vienés

Amigos y amigas… me tiembla el pulso al final de la obra, sencillamente adoro esta monumental sinfonía y quiero que la disfruten con intensidad.

carátulaPara ilustrar la presentación de Ernesto, les dejo una estupenda versión de la Cuarta Sinfonía en Mi bemol mayor, «Romántica» de Anton Bruckner a cargo de Christoph von Dohnányi dirigiendo la siempre espléndida Orquesta de Cleveland...

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viernes, 30 de diciembre de 2011

LAS 8 ESTACIONES y algo más... / 2

arbol cuatro estaciones

SEGUNDA PARTE Y FINAL de las entregas dedicadas a las Cuatro Estaciones según Vivaldi y según Piazzola, a los cuales se agrega esta vez Nicolas Chédeville.

por Ernesto Nosthas Nosthas


Justo es comentarle al auditorio que existe al menos una grabación adicional de este mismo concepto VIVALDI/PIAZZOLLA [compartido en anterior posteo], y es la que realizaron los Solistas de Cámara de Salzburgo bajo el liderazgo de su primer violín Lavard Skou-Larsen cuatro años después que esta grabación de Gidon Kremer y la Kremerata Baltica para el sello vanguardista Nonesuch Records.

He de reconocer incluso al auditorio, que yo conocí del ciclo de Piazzolla por este disco (no por el de Kremer), el cual tuve el privilegio de adquirirlo de las manos de los ejecutantes, luego de un Concierto en que este grupo interpretó precisamente este doble-ciclo, en el Auditorio Cerritos (Cerritos Center for the Performing Arts), un bellísimo teatro modernista ubicado al sur de la ciudad de Los Ángeles, en el otoño de 2004.

Así pues, repito la pregunta hecha en la entrega anterior: ¿otra grabación de las Cuatro Estaciones de Vivaldi? Sí… pero créanme cuando les digo que también esta interpretación es muy especial. Acá el enfoque es más fogoso y chispeante. Este conjunto instrumental es brillante, y comparten con la Kremerata que la edad promedio de sus ejecutantes es de menos de treinta años. Especial atención les pido para el «Invierno» más genial de todos los que conozco, incluso unos milímetros mejor que el de Kremer.

Acá el enfoque para presentar las obras es conservador, cada obra se ejecuta por separado y en la misma secuencia de estaciones: del verano al invierno, con una toma de sonido en vivo espectacular. El arreglo para violín y cuerdas utilizado por los Solistas de Cámara de Salzburgo bajo el liderazgo de su primer violín Lavard Skou-Larsen ha sido preparado por el chelista y compositor ítalo-argentino José Bregato.

Bregato junto con Piazzolla crearon la Vanguardia del Tango en 1955 y apoyó al maestro Piazzolla en la creación del Octeto Buenos Aires, junto a otros grandes músicos, produciendo la gran «revolución tanguera» porteña. En 1976 fue solista de la orquesta sinfónica de Porto Alegre, Brasil, y en 1978 creó los conjuntos de cámara de la Universidad de Natal, Brasil. Regresó a la Argentina en 1982 y refundó el Archivo de Música Popular y Clásica de SADAIC. Recibió el premio a la Trayectoria de SADAIC y también fue distinguido por su trayectoria por el Gobierno Autónomo de la ciudad de Buenos Aires. Asimismo, es co-ganador del Premio Grammy Latino 2002 en la categoría Tango por su trabajo como arreglador del CD «Adiós Nonino» realizado por el Amazonia Quartet de Brasil. Sus composiciones para violonchelo solista y orquesta, o para dúos y tríos clásicos, tales como «Graciela y Buenos Aires», «Milontán» y «Malambo» forman parte del repertorio de famosos conjuntos de cámara europeo y norteamericano.

Como parte de esta oferta musical que solo pueden encontrar en QUINOFF, les comparto también este CD de las «Ocho Estaciones» con los Solistas de Cámara de Salzburgo bajo el liderazgo de su primer violín Lavard Skou-Larsen.

aquí

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fiesta campesina Rubens

Finalmente… estos intentos de flirtear con la magna obra maestra de Vivaldi no son para nada nuevos… del baúl de lo insólito, les comparto otro registro de un intento de plagio descarado que intentó realizar un oscuro escribiente musical francés de nombre Nicolás Chédeville (* 20 de febrero de 1705 — † 6 de agosto de 1782).

Este caballero hizo alguna fortuna en la vida cortesana parisina anterior a la Revolución Francesa, escribiendo composiciones dirigidas al entretenimiento y el placer de acaudalados músicos aficionados: la aristocracia francesa de la época les gustaba entretenerse tocando instrumentos rústicos mientras recreaban hipócritamente la vida cortesana en sus palacios de verano en la campiña francesa.

Sus primeras obras publicadas fueron colecciones de piezas para musette o zanfona, tituladas «Amusements champêtres» (diversiones campestres), las cuales fueron publicadas en diciembre de 1729. Posteriormente compuso otra colección de «Amusements…» mucho más avanzadas técnicamente y con alguna substancia musical. Algunas obras interesantes se pueden encontrar en la colección de su opus 6, con piezas musicales que llevan el nombre de batallas y expresan imágenes bélicas; inspiradas en campañas militares que le eran compartidas en las Cortes. Poco después Chédeville evolucionó a un estilo compositivo más serio influido por la música italiana como puede observarse en su op.7, la única colección escrita específicamente para flauta, oboe o violín, ello con una notable influencia de la escuela veneciana, cuyos máximos representantes fueron Vivaldi, Corelli y Torelli.

En 1737 mantuvo un acuerdo secreto con Jean-Noël Marchand para publicar un colección propia como la obra «Il pastor fido», op. 13 de Vivaldi. Chédeville proporcionó el dinero y recibió los beneficios, todo esto atestiguado en un acta notarial de Marchand en 1749. Esto parece ser un burdo intento de vender el instrumento que él fabricaba, la musette, bajo el supuesto respaldo de un repertorio de obras de un gran compositor. En esa misma línea, en agosto de 1739, obtuvo los derechos legales para publicar arreglos para la musette, zanfona o flauta de los conciertos de varios composiciones italianos y franceses de la época, en cuenta, Vivaldi. De este entuerto surge un arreglo de «Las Cuatro Estaciones» de Vivaldi para zanfona o musette, violín y flauta (aunque el término francés para flauta también puede referirse igualmente a la flauta dulce), en la cual retoma la mayoría de las «Estaciones» de Vivaldi con excepción del Verano, el cual es reemplazado por su concierto nº 9, op.8, transferido al movimiento intermedio del Invierno al Otoño. Además sustituyó el Invierno con su Concierto op.8 n° 12.

Para diversión de nuestro auditorio, les compartimos también una grabación de «Le printems», o «Les saisons amusantes» de 1739 en interpretación del Palladian Ensemble (registro del sello Linn que mereció en 1998 el Diapason d’Or).

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sábado, 24 de diciembre de 2011

LAS 8 ESTACIONES y algo más... / 1

aquí

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por Ernesto Nosthas Nosthas


¿Otra grabación más de las Cuatro Estaciones de Vivaldi?

Puedo usar el cliché de decir abiertamente que sí, pero… no cualquier otra nueva grabación. Acá hay magia, hay inventiva, no es otra de las más de 30 grabaciones que poseo de esta magnífica obra maestra.

“Las cuatro estaciones” es un sub-ciclo dentro un ciclo de conciertos empacados como el Opus 8 de Antonio Lucio Vivaldi (* Venecia, 4 de marzo de 1678 — † Viena, 28 de julio de 1741), archifamoso compositor y músico del Barroco tardío, contemporáneo de Bach y Händel.

Vivaldi, por GhezziVivaldi es una de las figuras más relevantes de la historia de la música. Su maestría se refleja en haber cimentado el género del concierto, el más importante de su época. En 1725, bajo el título general de “Il cimento dell’ armonia e dell’ invenzione”, escribió este conjunto de obras para violín solista, orquesta de cuerdas y clavecín. En estos cuatro conciertos se encuentran ejemplificadas todas las características típicas del concierto barroco italiano de la famosa escuela veneciana. Se trata de obras musicales dignas representantes de su época: bien definidos los contrastes de tempo, pues cada concierto está dividido en tres partes: rápida-lenta-rápida; el elemento dinámico contrastante está cubierto por el efecto del eco; se tiene a un virtuoso solista que, acompañado solamente por el “basso” continuo, enfrenta a toda la orquesta y, por último, se cumple con la justificación artística de imitación de la naturaleza, el cual en sí mismo es un buen argumento para escribir una obra maestra.

¿Qué hace tan especial a esta grabación? Creo que la respuesta la deben asumir los lectores luego de escuchar este CD que en complicidad con QUINOFF hoy pongo a su digno conocimiento. Trataré de esbozar varios argumentos, pero, en esencia, deseo que la escuchen tal como está magistralmente interpretada por este conjunto de jóvenes músicos bálticos al mando del genial y mítico GIDON KREMER.

Kremer con su Kremerata Baltica

El violinista Gidon Kremer junto a la Kremerata Baltica

Ya en el post previo inicial de música de Enescu lo señalé con bastante claridad: la KREMERATA BALTICA está cada vez más convenciéndome que hay que tomarlos muy en serio; más allá de su afinidad natural hacia el frío de las tres naciones bálticas, son músicos de primera categoría, y su asociación con uno de los mejores violinistas del mundo los está convirtiendo en un grupo musical de referencia y respeto.

Con este cartel, interpretar la obra maestra de Vivaldi de la forma en que lo hacen, y más aún, hacerla interactuar con una colección de obras maestras del compositor porteño Astor Piazzolla es brillantemente notable. En este contexto, las incursiones de Gidon Kremer al universo sonoro de de la música de Astor Piazzolla no son novedad en sí mismas y su genialidad interpretando al porteño le ha traído un mayor reconocimiento a una carrera ya de por si notable y distinguida. Con este maravilloso CD, Kremer y sus discípulos nos empujan hacia un viaje fantasmagórico entre dos mundos: el barroco italiano-veneciano del siglo XVIII y el ritmo sincopado bonaerense del siglo XX: un viaje musical a través de dos siglos y dos hemisferios.

Piazzola in blue

Esta idea de interrelacionar Vivaldi con Piazzolla surgió a principios de 1990, cuando Kremer intentó animar a compositores contemporáneos para que escribieran una obra nueva basada en Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, en la que los compositores retomarían la instrumentación del “Prete Rosso”, pero dentro de la expresión idiomática y estilística de cada compositor. Entre los convocados para este proyecto estuvieron luminarias de la talla de Alfred Schnittke, Luigi Nono y Arvo Pärt, sin embargo no se lograron establecer los consensos musicales necesarios y ningún compositor quiso involucrarse en este proyecto (unos años después, la ORPHEUS CHAMBER ORCHESTRA hizo un proyecto a este que intento Kremer con los CONCIERTOS DE BRANDEMBURGO de Bach, el cual fue completado satisfactoriamente, ver más detalles en http://www.newbrandenburgs.org/ , sobre este tema haremos una entrega especial a QUINOFF posteriormente).

Buenos Aires

Una calle de Buenos Aires al anochecer — con “ese qué sé yo...”

Años después, Kremer descubrió uno de los proyectos más importantes de Piazzolla: la ópera de “María de Buenos Aires”, ocasión que le sirvió para investigar más sobre la producción musical de Piazzolla, descubriendo que este compositor había compuesto separadamente cuatro piezas independientes bajo el concepto de “Estaciones” ambientadas en su amado Buenos Aires:

    1. Verano Porteño escrita en 1965, originalmente como música incidental para la obra “Melenita de Oro” de Alberto Rodríguez Muñoz.
    2. Otoño Porteño, escrita en 1969.
    3. Primavera Porteña (también conocida como Buenos Aires en Primavera) escrita en 1970, y
    4. Invierno Porteño, escrita en 1970.

Este ciclo nunca fue publicado como tal hasta el “descubrimiento” de Kremer, aunque en varias oportunidades, Las Cuatro Estaciones Porteñas, también conocidas como Las Cuatro Estaciones de Buenos Aires, fue interpretado como ciclo al menos en cinco oportunidades por Piazzolla y su ensemble usual integrado por un violín ó viola, piano, guitarra eléctrica, contrabajo y bandoneón.

A partir del original, al menos se han hecho dos arreglos, el que usa Kremer en esta grabación es el más conocido, preparado por el director de orquesta ruso Leonid Desyatnikov, cuyo “arreglo” orquestal incluye también algunos cambios estructurales, buscando que entre las cuatro piezas individuales de Piazzolla y los cuatro concerti de Vivaldi existiese un vínculo más evidente mediante la conversión de cada una de las piezas en trozos de tres secciones, y re-arreglos para violín solista y orquesta de cuerdas. En cada pieza se incluyen varias citas de la escritura de Vivaldi original, pero debido a que los ciclos estacionales entre los hemisferios norte y sur se invierten, el arreglo considera por ejemplo, que al caso del “Verano Porteño” se desarrollan elementos agregados L’inverno (invierno) de Vivaldi.

Gidon Kremer

En sus notas para el CD, Kremer desarrolla el concepto que ambas composiciones son obras maestras con su propio lugar en la historia, el ejercicio post-modernista de combinar ambas obras en este CD no disminuye la potencia de su mensaje musical, sino que al contrario, lo magnifica. En su concepto Kremer nos dice que con este CD el oyente “entrará en un mundo en el que no existe el virtuosismo o el glamour. Kremerata Baltica y yo estamos tratando poner todo nuestro arte al servicio puro de la causa de la música como un lenguaje, la música como algo que es electrizante, como algo que nos recuerda de estar vivo, que fue un ingrediente importante de la vida hace siglos y seguirá siendo un ingrediente importante de la vida de los siglos venideros. Este CD no es música que se pueden poner en un estante de museo”.

Con semejante introducción… jejeje, ¿qué más se puede pedir?


(Concluye en la próxima entrega)

viernes, 2 de diciembre de 2011

El Tesoro mejor guardado de Rumania

Enescu

por Ernesto Nosthas Nosthas


Hace unos días vino a mi memoria un célebre vinilo de la histórica colección de mi abuelo, del cual fui muy honorable y gozosamente heredero: “RHAPSODIES” un LP de la gloriosa línea RCA Ortophonic Series. Esa es una interpretación fogosa y aún hoy con los modernos estándares digitales, la toma de sonido es increíblemente vívida.

De sobra se conocen los histrionismos y libertades que en algunos casos se tomaba Stokowski —quien dirige a la Sinfónica de RCA Victor en el disco— para interpretar o reinventar obras, muy a despecho de los puristas. Este registro sigue esa línea. Todos los cristales de la casa de mi abuelo timbraban con esa maravillosa música: el contenido, la orquestación de la Segunda Rapsodia Húngara de Liszt, obras de Smetana y una maravillosa lectura de la Primera Rapsodia Rumana de Enescu para terminar.

Recuerdo que en una ocasión, hechizado por las maravillosas melodías de la obra de Enescu, le pregunté a mi abuelo si tenía más música de este compositor, a lo que me respondió que eso era lo único que se conocía y grababa de él. Más tarde, revolviendo su colección más antigua, me mostró una grabación que atesoraba del propio compositor dirigiendo las dos Rapsodias Op. 11 en un estuche de discos Victrola de 78rpm, me parece que con la Filarmónica de Nueva York.

Ese recuerdo saltó a mi mente cuando hace aproximadamente un año encontré una ganga por unos centavos, había allí una re-edición del disco de “Stoki” incluso con la adición de material con música de Wagner, y, además, en la edición económica de NAXOS - MARCO POLO, por poco más una magnífica grabación de las dos Rapsodias Rumanas más una obra excepcionalmente bella: «Poema Rumano», oficialmente inscrita como el opus 1 (primera obra) de Enescu. Con esta maravilla conceptual que integra orquesta y coros debutó como compositor el 6 de febrero de 1898 con su estreno en los Conciertos Colonne de París.

Luego de embelesarme con estas composiciones, empezó mi interés por conocer más de su obra y ahora, luego de haber estudiado un poco más su repertorio, me animo a escribir y compartir con el auditorio de QUINOFF un poco más de este gran compositor rumano:


Cruz en la cima del Caraiman

Cruz de los Héroes en la cima del Caraiman, en los montes Bucegi
— abajo, fragmento inicial del «Poema rumano»,
marcado como Opus 1 en el catálogo oficial de Enescu

George Enescu es hasta ahora la figura musical rumana más relevante de la historia. Nació en Liveni el 19 de agosto de 1881 y después de una importante carrera musical, murió en París, el 4 de mayo de 1955. Su palmarés incluye una notable carrera como compositor, aunque limitada en cantidad de obras (únicamente publicó 33 obras). Adicionalmente fue un sobresaliente violinista, quizás uno de los mejores de la primera mitad del siglo XX, pianista y un respetado director de orquesta. Todavía son muy bien recordadas sus versiones de las “Sonatas y Partitas para violín solo” BWV 1001-1006, grabadas entre 1948 y 1949, que hasta hace muy poco podían encontrarse en la edición de CLASSICA D'ORO, y del “Concierto para 2 violines” BWV 1043, junto con Menuhin y la Orquesta Sinfónica de París todos ellos dirigidos por Monteux, grabado en 1932 para EMI, y ahora ambas grabaciones disponibles también en NAXOS, con estupenda remasterización, todo ello de nuestra «Estrella Inmarcesible» J. B. Bach.

Fotografía de un recital de Enescu junto al pianista Alfred Cortot / 1930

Es igualmente remarcable su rol como educador y formador, entre sus alumnos destacan especialmente violinistas de la talla de Christian Ferras, Ivry Gitlis, Arthur Grumiaux, Ginette Neveu o Yehudi Menuhin. Éste último siempre lo definió como su padre espiritual: “Para mí, Enescu será siempre una de las verdaderas maravillas del mundo. Su carácter y su figura se han quedado en mi alma como un árbol o una montaña de Sinaia. Sus fuertes raíces y su alma noble provienen de su propio país, un país de una belleza única.” Enescu fue un talento musical precoz: aprendió a tocar el violín a los 4 años y un año después dio su primer recital y empezó su formación musical de la mano del profesor Eduard Caudella (discípulo de Vieuxtemps), para luego ingresar a la tierna edad de siete años al Conservatorio de Viena, teniendo como profesores a Joseph Hellmesberger (violín), Robert Fuchs y a Sigismond Bachrich entre muchos otros.

¿Pueden imaginar a un niño de doce años frecuentando como Juan por su casa la intensa vida musical de Viena a finales del siglo XIX, participando conciertos en los que interpretaba con soltura obras de Johannes Brahms, Pablo Sarasate, Henri Vieuxtemps, Felix Mendelssohn-Bartholdy? Esa fue la infancia y juventud de George Enescu. Después de su graduación en el Conservatorio de Viena con medalla de plata a los trece años, en 1894, sigue sus estudios en el Conservatorio de París (1895-99), teniendo como profesores a Armand Marsick, André Gedalge, Jules Massenet y Gabriel Fauré. Luego de esta formación, se consolidó como un joven talento musical, de la mano de amistades como Alfredo Casella, Pau Casals, Louis Fournier y Richard Strauss, por mencionar algunos. Luego de su Poema Rumano opus 1 vienen las dos Rapsodias Rumanas (1901-02), la Suite nº 1 para la orquesta (1903), su Primera Sinfonía (1905), Siete Canciones para los versos de Clément Marot (1908).

Enescu perteneció a aquella saga de estupendos compositores centroeuropeos, que floreció durante la primera mitad del siglo XX, como Bartók, Janácek, Kodály, Martinu, Szymanowski… que se caracterizaron por saber extraer lo mejor de la música popular de sus respectivos países para revertirlo en sus propios pentagramas. Y en Enescu esto es particularmente destacable en sus obras orquestales, plagadas de fogonazos zíngaros de belleza arrebatadora.

En su tierra, se le deben los principales avances para establecer la educación musical y la apertura de esta pequeña nación al mundo musical, tómense en cuenta que Enescu dirigió la premiére rumana de la Novena de Beethoven (casi un siglo después de haber sido escrita) y de obras de Brahms, Berlioz, Debussy o Wagner, además de sus propias composiciones: su Segunda Sinfonía (1913), Suite para orquesta nº 2 (1915) y la ópera Edipo (1936), considerada su obra maestra. En el mismo año tiene lugar la primera edición del concurso de composición que lleva su nombre. No obstante lo anterior, su patria de adopción fue Francia, donde desarrolló lo más intenso de su carrera musical y creativa (los franceses adaptaron su apellido a Enesco). En su tiempo, fue tal su aclamación como violinista, que sus conciertos rivalizaban con los de Heifetz y Kreisler. Como director rivalizó con Toscanini por la dirección de la Filarmónica de Nueva York.

Tumba de Enescu en el Cementerio del Père-Lachaise, París — el apellido del compositor aparece afrancesado

En este viaje musical, compartimos algunos de los tesoros que he mencionado previamente: el disco de Stoki y el CD de las Dos Rapsodias Rumanas más el Poema Rumano (Iosif Conta dirige a la Orquesta y Coros de la Radio Rumana).

Pero antes quiero referirme a un verdadero descubrimiento musical que aceleró intensamente mi interés por la obra de Enescu: una edición del distinguido violinista letón Gidon Kremer, en el que se une a los jóvenes miembros del Ensamble Kremerata Baltica en una maravillosa interpretación de dos obras de cámara poco conocidas de Enescu: el Octeto para Cuerdas Op. 7 y el Quinteto para Piano y Cuerdas Op. 29 (editado en Mayo de 2002). Estas dos obras provienen de dos extremos en la vida de Enescu: el octeto es una obra de juventud, el quinteto fue escrito casi al final de su vida creativa.

La primera es una obra llena de cromatismos, con una estructura muy formal, casi Brahmsiana. El quinteto tiene una forma más libre y espontánea, con mayor influencia de la música tradicional rumana. En este disco, el Quinteto recibe su primera grabación mundial. Ambas obras me han apasionado y enamorado, y para efectos de este viaje musical, será el punto de partida para nuestra aventura musical en el maravilloso e injustamente conocido mundo musical de George Enescu.

Una breve nota a la insigne Kremerata Baltica: es un conjunto instrumental de cámara, fundado por Kremer en 1987 y que está compuesta exclusivamente por talentosos músicos jóvenes (edad promedio 27 años) de los Estados Bálticos y con el apoyo de los Ministerios de Cultura de Estonia, Letonia y Lituania, al punto que sirven como embajadores culturales de facto de la región. Kremerata Baltica ganó un premio Grammy en 2002 y fue nominado para otro en 2003, en registros para el sello Nonesuch (una etiqueta de Warner Bros), y Deutsche Grammophon.

» RHAPSODIES (Stokowski)

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» ORCHESTRAL WORKS (Iosif Conta)

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» ENESCU DE CÁMARA (Octeto · Quinteto)

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Casa de Enescu en Liveni

Casa memorial de Enescu en Liveni, Rumania

martes, 11 de octubre de 2011

El BACH de GOULD para ERNESTO


«Para Ernesto, nuestro Embajador Plenipotenciario para la Galaxia Toda, con admiración y cariño, de parte de toda la ciudadanía de RITMO (República Independiente de Tranquilos Melómanos Orates), para que siga sorprendiéndonos tan gratamente como hasta ahora.»


¡¡¡FELICIDADES CAMPEÓN!!!



martes, 26 de julio de 2011

Desde el Nuevo Mundo ( 3/3 ) VIDA de DELIUS

Delius
Frederick Delius fotografiado en 1907, con 45 años de edad.

En esta entrega, Ernesto Nosthas nos remite a la vida y trayectoria de Frederick Delius, el compositor inglés de ancestro alemán que vivió entre el Viejo y el Nuevo Mundo. A continuación, su historia.

por Ernesto Nosthas Nosthas


Nuestro autor nació en la pequeña ciudad de Bradford, en la campiña norte inglesa en enero de 1862, bautizado como Fritz Albert Theodor Delius. Sus padres Julius y Elise Pauline Delius se habían trasladado desde Bielefeld, Alemania, a Inglaterra para trabajar en el negocio de la lana. Frederick (Fritz para su familia) Delius fue el cuarto de catorce hijos. La familia en la que se creció era musicalmente culta, y el niño Fritz aprendió a tocar el violín y el piano. Luego de estudiar en la escuela local pasó dos años estudiando en el Colegio Internacional, cerca de Londres, y luego trabajo algunos años de aprendiz en el negocio de su padre. Trabajar en el negocio familiar de la lana poco a poco frustró al joven Frederick, quien pronto confrontó a su padre para que le permitiese asumir la administración de una finca de cultivo de naranjas en Florida, Estados Unidos.

Típica ciénaga de Florida La plantación en donde se estableció Delius se ubicaba en Solano Grove, en las inmediaciones de Jacksonville, a las orillas del río de San Juan. Una vez allí, como parte de su bagaje de hogar, Delius se hizo de un piano y ubicó a un maestro local de música: el organista Thomas Ward, una temprana influencia importante en el desarrollo de sus instintos musicales. Tumba de Thomas Ward No es un hecho totalmente confirmado, pero existen vagas evidencias que Delius tuvo una relación sentimental con una chica afroamericana que trabajaba en la plantación de naranjos de Grove. Después de retornar a Inglaterra, en 1886, el compositor se enteró de que su amante había tenido un hijo. Pocos años después, atormentado por un profundo sentimiento de pérdida, volvió a Florida buscando a su antiguo amor y a su hijo. Pero la chica, temiendo que el padre viniera a quitarle al niño y llevárselo a Inglaterra, había huido sin dejar rastro y Delius no supo más de ella. «Vestido de Carnaval» / óleo de Winslow Homer, 1877.

Durante su estancia en Florida, Delius compuso mucha música, como por ejemplo la Florida Suite. La casa en la que vivió desde 1884 a 1885 en “Solano Grove’’ fue donada a la Universidad de Jacksonville y trasladada íntegramente a su campus en 1961. Esta Universidad floridana organiza el Delius Festival anualmente, en honor al compositor. Su continuo contacto con sus trabajadores y sus familias le permitió absorber la tradición musical local, principalmente las armonías de los cantos de los trabajadores negros, materia prima que vaciaría en la composición de la ya citada “Suite Florida”. Delius permaneció allí durante un año y medio, antes de pasar a Danville, Virginia, en donde obtuvo trabajo ya como profesor de armonía y piano. Con todos estos antecedentes, finalmente el padre de Delius aceptó la vocación musical de su hijo y le permitió seguir una carrera musical formal y completa, para lo cual ingresó en el Conservatorio de Leipzig, en donde estudió por dos años a partir de 1886. Fue en esta ciudad, y aplicando sus estudios musicales a sus vivencias musicales en la Florida, que compuso la “Suite Florida” y la presentó como trabajo de composición a sus profesores, sin mayor suceso.
Gárgola mirando París Al salir de Leipzig, se trasladó a París, donde iba a permanecer trabajando y estudiando durante casi una década. La vida cultural parisina pronto le permitió desarrollarse más como compositor, con canciones y piezas a pequeña escala para conjuntos instrumentales de cámara y orquestales, además de incursionar en la ópera con Irmelin (1890-2), La Fuente Mágica (1894-5) y Koanga (1895-7). Luego evolucionó a grandes obras orquestales, algunas de ellas con voces solistas, como es el caso de las Cantatas Paa Viderne (1888), Sakuntala (1889) y Maud (1891), mientras que 1889 compuso los poemas sinfónicos “La Danza de la Vida” y “Paris”. El eclecticismo de estas obras es evidente, su inspiración se deriva de la literatura de Inglaterra, Noruega, Dinamarca, Alemania y Francia, el romance medieval, los indios norteamericanos y los Negros, el paisaje de la Florida y las montañas de Escandinavia.

«Delius tocando el piano» / acuarela de Daniel de Monfried, París, 1893. Durante su período parisino, Delius tuvo muy pocas oportunidades de obtener que sus obras fuesen interpretadas, no fue hasta 1897 que llegó la oportunidad de escuchar cómo sonaba su música cuando asistió a interpretaciones en Oslo de la obra teatral “Folkeraadet”, para la cual compuso la música incidental. Inmediatamente después, viajó a Alemania para el estreno de su obra “Over the hills and far away” (Sobre las colinas y más allá), con la Staatskapelle de Dresde bajo la conducción de Hans Haym, quien con el pianista y director Julius Buths, fueron dos artífices clave en la promoción de la música de Delius en Alemania en la primera década del nuevo siglo. Haciendo eco del dicho “nadie es profeta en su propia tierra”, un primer concierto de obras de Delius en Londres en 1899 fue casi un completo fracaso. En esos días conoció a la pintora germano-francesa Helene Jelka Rosen, con quien rápidamente se enamoró y se acompañaron sentimentalmente por seis años hasta que finalmente se casaron en 1903. La pareja vivió desde que inició su relación en una pequeña casa en Grez-sur-Loing, cerca de Fontainebleau, y salvo por un breve momento de desalojo durante la Primera Guerra Mundial, vivieron juntos en esa casa hasta la muerte de Frederick en 1936. En 1907 Delius conoce a Thomas Beecham, que se convertiría en el gran promotor y defensor de la obra su obra en el mundo anglosajón. Hasta entonces el público de Delius era principalmente alemán, gracias a la tarea de los directores Fritz Cassirer y Hans Haym. Delius fue un compositor prolífico, con un estilo rico de recursos cromáticos, aunque siempre dentro de la tonalidad. Su expresión combina deliciosas armonías, con el uso frecuente de Leitmotiv y con melodías en constante desarrollo. Algunas de sus obras más conocidas están relacionadas con paisajes o impresiones vívidas del mundo que le rodea, en adición a la Suite Florida, podemos destacar: On Hearing the First Cuckoo in Spring, Brigg Fair, A Village Romeo and Juliet (Un Romeo y Julieta de aldea), Mass of Life, Réquiem y la ópera Koanga. También son dignos de mención el Concierto para piano y orquesta (con sus formas y acentos que anticipan la Rhapsody in Blue de Gershwin), el Concierto para violín y orquesta, un Doble concierto para violín y violoncelo y el bellísimo poema sinfónico “Paris: Song of a Great City”. Algunos extractos orquestales de sus óperas, como por ejemplo “La Calinda” de la ópera Koanga, pero sobre todo “The Walk to the Paradise Garden” de “A Village Romeo and Juliet”, también se interpretan y se han grabado con cierta frecuencia. También nos dejó un cierto número de obras de cámara (tres Sonatas para violín, compuestas en la madurez, una Sonata para violoncelo, y un Cuarteto de cuerda). Hacia el final de su vida, en sus últimos años, su salud empezó a quebrantarse, lo cual derivó en casi una total reclusión en su casa de siempre en Grez-sur-Loing. Durante estos años fue envejeciendo con crecientes problemas de salud. La vida un tanto agitada que tuvo de joven en París, le trajo como secuela la sífilis. Ahora, los efectos a largo término de la enfermedad se le manifestaron con una ceguera total y parálisis en sus piernas, hasta al punto de necesitar una silla de ruedas. Sin embargo, conservó una notable lucidez mental, por lo que para canalizar su actividad creativa Delius contrató a Eric Fenby, que había escrito tiempo atrás una carta de admiración al compositor, como su secretario personal y transcriptor musical. Las últimas grandes obras de Delius fueron dictadas a Fenby, quien después escribiría un libro sobre la experiencia. La película “Song of Summer”, dirigida por Ken Russell, está basada en el libro de Fenby y protagonizada por Max Adrian como el ciego compositor. Entre las obras editadas con los oficios de Fenby destacan “A Song of Summer”, “Fantastic Dance”, los ciclos de canciones “Cynara” y “A Late Lark”, el “Irmelin Prelude”, “Caprice and Elegy” para cello y orquesta de cámara, “Deux Aquarelles” para orquesta de cuerdas, y la Tercera Sonara para Violín y Piano. Con la tranquilidad de haber completado todas estas obras, Delius murió plácidamente en su hogar de Grez-sur-Loing el 10 de junio de 1934. Su amada esposa le sobrevivió únicamente once meses. Ambos fueron enterrados en Limpsfield, Surrey, Inglaterra.
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Complementando esta nota biográfica sobre Frederick Delius, Ernesto nos deja como obsequio tres discos que abarcan buena parte del legado del compositor inglés. ¡Disfrútenlos! Todos están en mp3 y a 192 kbps:

 
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