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martes, 31 de diciembre de 2024

Anton Bruckner · Sinfonía nº 7 en Mi mayor

Termina el “año Bruckner” y lo despido con una de sus sinfonías más populares… si tal calificativo cabe para un creador tan desafiante como él. Pero así ocurrió con la Séptima, que desde su estreno el año 1884 fue capaz de abrir para don Josef Anton el camino, tanto tiempo cerrado, al reconocimiento público. La fluidez de su inspiración equilibra y aligera la concienzuda arquitectura musical que Bruckner siempre cuidaba al milímetro. Además, durante su composición Bruckner conoció, consternado, la muerte de su ídolo Richard Wagner, a quien rinde sentido homenaje en el Adagio.

Les comparto una versión antológica de la sinfonía, con Georg Szell dirigiendo a la Filarmónica de Viena durante el Festival de Salzburgo de 1968. La toma sonora en vivo resulta quizá la única desventaja de este registro, pues todo lo demás en la interpretación es un maravilloso ejercicio de musicalidad, inspiración y profunda capacidad comunicativa.

Disfruten la magnífica Séptima en el enlace inferior. ¡Saludos a todos y nos vemos en 2025!

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Bruckner a su salud

lunes, 16 de septiembre de 2024

Anton Bruckner · Sinfonía nº 6 en La mayor

200 años se cumplieron, el pasado 4 de septiembre, desde el nacimiento de Josef Anton Bruckner (★ 1824 — ✚ 1896). Creador de sinfonías monumentales, casi desmesuradas, Bruckner consigue amalgamar la audacia de las vanguardias (léase Wagner) con las estrictas técnicas de composición tradicionales adquiridas tras un paciente y laborioso aprendizaje de décadas. Esta hazaña complementa la propuesta sinfónica de Brahms —su hostil antípoda— fecundando el terreno sinfónico con la innovación armónica, el impulso trascendental y la suculenta orquesta desarrollada por el genio de Bayreuth. Irónico, pues así también Bruckner desmintió la profecía atribuida al propio Wagner que daba por muerta la forma sinfónica, demostrando que aun quedaba mucho por decir en dicho género — como ratificarían luego su alumno Mahler y un joven admirador escandinavo, Sibelius.

Para festejar a este creador de obras que queman a fuego lento —y cuya apreciación suele ser un descubrimiento reservado a edades maduras— he elegido la sinfonía quizá menos frecuentada de su corpus, como es la Sexta en La mayor. Aun con la habitual densidad y elaboración típicas de su creador, la Sexta Sinfonía es luminosa, de ánimo cantable y con uno de los movimientos lentos mejor construidos, que ya es decir.

Disfruten la magnífica Sexta en el enlace inferior:

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Bruckner en el blog

viernes, 13 de septiembre de 2019

Adiós, Maestro HAITINK

HaitinkGracias por tanto, maestro

Grande en su trayectoria, en su discografía y en su legado, el director holandés Bernard Haitink, con 90 años cumplidos, ha ofrecido su último concierto como músico profesional al frente de la Filarmónica de Viena interpretando juntos la Séptima Sinfonía de Anton Bruckner. El venerado director ha dirigido casi todo el tiempo de pie, de memoria y con una maestría consumada, demostración que su debilidad física no ha impedido una fabulosa madurez artística.

En palabras de la crítica, la Filarmónica de Viena ha gestado una interpretación asombrosa de la sinfonía bruckneriana, llegando al cénit en el Adagio, golpe de platillos incluido.

Así pues, esta época de informaciones instantáneas y registro visual de prácticamente todo nos ha deparado al menos el gozo de compartir, sin barreras de lugar ni umbrales de tiempo, la despedida de una genuina leyenda musical. Gracias, maestro Haitink.


domingo, 24 de marzo de 2019

Dos Sinfonías Inconclusas

«Acantilados de Chak en la isla Rügen» / Caspar David Friedrich, 1825-26
Dos enormes creadores austríacos, como fueron Schubert (1797-1828) y Bruckner (1824-1896), tienen mucho en común, pese a los años que separan las etapas creadoras de sus vidas.

Por supuesto los contextos difieren: en un caso nos encontramos al Romanticismo temprano, todavía con modos clásicos pero melancólico hasta la médula, apasionado y entusiasta; en el otro, ese Romanticismo se ha “hinchado” con complejidades armónicas, experimentación formal y densidad instrumental, tal como lo redefinió Wagner con su obra, volviéndose ampuloso y grandilocuente.

¿Qué punto de encuentro queda, pues, entre Schubert y Bruckner?

Varios. Ambos fueron de extracción popular y su arte comunica esa sensibilidad con filtro de genio. Ambos conservaron la capacidad de encantarse con la vida común y desde ella construyeron sus obras. Ambos fueron también ejemplos de ese milagro del arte en que una persona opaca (socialmente hablando) forja universos llenos de vida, chispa y belleza, a despecho de las penalidades humanas, demasiado humanas, que afligen su existencia cotidiana.

Cierto que una lista así esbozada puede contener a muchos otros genios, pero hoy me ocupo de una coincidencia adicional entre los titulares de este artículo: ambos firmaron una famosa Sinfonía inconclusa. Y muy famosa. Schubert nos legó su Octava y Bruckner, su Novena. En el primero, no conocemos realmente los motivos que lo hicieron abandonar la composición, aunque fue un autor que dejó muchas cosas a medio camino en su extenso catálogo. Del último sí lo sabemos: era ya un hombre anciano y frágil que no tuvo fuerzas para completar el movimiento final, aunque lo dejó muy avanzado y como sospechaba Nikolaus Harnoncourt, posiblemente el material que falta al manuscrito se haya perdido porque otros se llevaron “recuerdos” una vez muerto el maestro.

El caso es que oficialmente ninguna de las dos sinfonías fue completada, pero en ambos casos la obra fragmentaria es tan buena que parece no necesitar nada más.

Wagner y Bruckner juntos en Bayreuth / siluetas de Otto Böhler …aduladoras con Wagner, porque éste medía 1,66 mt y Bruckner 1,74

Mencioné antes a Wagner y no fue al azar: Bruckner se consideró siempre discípulo del “Mago de Bayreuth”, arrojando al molde sinfónico toda la novedad armónico-tímbrico-instrumental de su mentor; es simplemente imposible la obra del organista de San Florián sin el antecedente wagneriano. Pero a la vez el nexo con Schubert es notable, porque Bruckner se vincula también, y profundamente, a esa escuela alemana anterior y ajena a Wagner [digamos el Romanticismo poco-beethoveniano y nada-wagneriano] que retrocede hasta Haydn [clasicismo, pre-romanticismo]. Es increíble que un solo hombre tenido por timorato, simplón y “mitad idiota, mitad genio” (agridulce sentencia de su alumno Mahler…) haya podido lograr una síntesis plena y orgánica de influencias tan dispares, a contracorriente de la moda y en pleno epicentro del gusto conservador como era la ciudad de Viena, donde fue a residir hasta el fin de sus días. En muchas ocasiones “los últimos, los menospreciados, serán los primeros...” del Reino del Arte.

WandIntérprete privilegiado del repertorio centroeuropeo fue el longevo director alemán Günter Wand (1912-2002). Kapellmeister de pura cepa, Wand fraguó sus dotes musicales en escenarios menos notorios del ámbito germano (evito adrede la palabra «secundarios» por las cotas de calidad que fue capaz de alcanzar) como la Orquesta Gürzenich (orquesta filarmónica de la ópera de Colonia, que asume este nombre para los conciertos puramente instrumentales); la Sinfónica de Berna, Suiza; la Sinfónica de la Radio de Colonia; la Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania (NDR), amén de una brillante carrera como director invitado en los principales podios europeos y americanos.

Wand se había ganado una reputación como director de «integrales sinfónicas» cuando, siendo ya un veterano, abordó desde 1977 los ciclos de Schubert y Bruckner, convirtiéndose desde entonces un intérprete referencial de este último compositor.

Con estos verdes laureles sobre sus canas llegó a Tokio el año 2000, al frente de su orquesta NDR, ofreciendo un concierto con las dos sinfonías inacabadas. Tan perfecta velada sinfónica ilustra las palabras con que Wikipedia define al director:

Sus ejecuciones son muy apreciadas por la precisa atención en el detalle y el exquisito cuidado en materia de corrección estilística. Sin ser considerado como una de las más grandes figuras de su época debido a lo tardío de su consagración, Wand ofreció lo mejor de sí mismo al final de su carrera coincidiendo con su período de máxima madurez.
D E S C A R G A

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lunes, 18 de diciembre de 2017

Aniversario de la “Sinfonía de Sinfonías”

bruckner
Cartel anunciando la gala de la Octava sinfonía de Bruckner

bruckner
Tal día como hoy hace 125 años, es decir en 1892, se estrenó en Viena la Octava Sinfonía, en Do menor, de Anton Bruckner. La dirección de Hans Richter al frente de la orquesta filarmónica de la ciudad aseguró un triunfo sin grietas para esta obra compleja, enardecida. El éxito fue clamoroso y la extensa partitura fue celebrada con epítetos de abierto entusiasmo, llegando a ser denominada por la prensa como "Sinfonía de las Sinfonías".

Resultado directo de lo anterior fue que su autor conoció al fin una posición pública de simpatía y reconocimiento, sin importar la terca oposición de Brahms y sobre todo del ácido crítico Hanslick. Dicho de forma un tanto melodramática: un día como hoy un genio obtenía justicia.

Para recordar al maestro, e imaginar un poco lo que pudo ser aquella velada histórica en Viena, les comparto el segmento final (Coda) de la Octava bajo la batuta de Sergiu Celibidache en Munich. Entre las muchas facetas de Anton Bruckner me cautiva en especial su sentido del desarrollo amplio, una especie de crescendo infinito en que no sólo aumenta el volumen sino la tensión progresiva de una larga frase, gracias al uso magistral de breves figuras musicales (ya en las cuerdas, ya en los bronces) relacionadas bajo una lógica intachable, una armonía audaz y una reiteración inexorable. El resultado es un clima de "expectación" que el director rumano traducía de modo perfecto:

viernes, 3 de marzo de 2017

BRUCKNER :: Sinfonía # 1 (versión VIENA) :: Wand, Sinfónica de Radio Colonia

Las dos últimas décadas del siglo XIX trajeron consigo el definitivo reconocimiento para Anton Bruckner. Este salto a la fama había tardado a causa de la “guerra civil” librada en Viena por facciones que se enfrentaban... en nombre del Arte. Había quienes se tenían por guardianes de una tradición sagrada; otros se sentían los descubridores iluminados de un nuevo porvenir. El embate era violento, a menudo feroz, incluso cruel — hombres de talento se volvían mezquinos so pretexto de resguardar la grandeza.

La exaltación de aquel momento deviene un espectáculo pintoresco —y un poco penoso— contemplado desde nuestros días, pero vivir allí entonces fue una dura prueba para el afable y timorato genio provinciano. Su obra había conquistado la adhesión de músicos talentosos como Johann von Herbeck (tempranamente fallecido), Hermann Levi (hacia quien sentía particular admiración), sus propios alumnos Ferdinand Löwe y los hermanos Franz y Josef Schalk, y en ese último período de su vida, el director alemán de origen húngaro Hans Richter —celebrado intérprete wagneriano, director musical del Festival de Bayreuth y titular de la Filarmónica de Viena— así como el fenomenal Arthur Nikisch, titular de la Filarmónica de Berlín.

Cuál más, cuál menos, todos estos artistas sintieron el deslumbramiento que semejante música produce, e hicieron suya la tarea de llevarla a las salas de concierto.

Las revisiones traicioneras

El sólido ascenso del compositor culminó el año 1886, cuando recibió la medalla de la Orden Imperial de Francisco José. Tal honor atizó la hostilidad de sus opositores “ideológicos” (a saber, los antiwagnerianos militantes) y Bruckner, que tendía a ver “el vaso medio vacío”, sufrió notoriamente. Reflotaron sus manías, su depresión, su vaivén entre la duda y el convencimiento de la propia valía, su necesidad de controlar los detalles en pos de un agobiante perfeccionismo.

Víctima de este cuadro nervioso fue su Sinfonía número 1 en Do menor. Escrita en Linz veinte años antes (1865-66), la obra rebosa frescura y originalidad (virtudes que celebramos en una reciente entrada): es la menos wagneriana de toda la serie sinfónica oficial y en cambio, se acerca al linaje sinfónico de Mendelssohn, Schubert y Schumann. El propio Bruckner confesó este “desparpajo” en la declaración que reproducimos bajo estas líneas:

Norman Lindsay Anton Bruckner

En un período dominado por el Romanticismo, semejante confesión de rebeldía podría estimarse como el mejor de los méritos. Pero Bruckner no era así. Su comentario serpentea entre la ufanía y la preocupación. No es raro, viniendo de un hombre originario del interior de Austria, rincón del mundo donde las antiguas jerarquías mantenían vigencia y la existencia transcurría en actitud reverente.

Así pues, uniendo lo anterior al ánimo deplorable que padecía entonces, no es de extrañar la reacción maníaca del compositor cuando el mencionado Hans Richter, admirador de su música, quiso estrenar la Primera Sinfonía con la Filarmónica de Viena. Bruckner le manifestó, junto con su sincera gratitud, la necesidad de retocar una partitura a la que apodó “das kecke Besserl”, expresión no muy elegante con que los estudiantes se referían a las muchachas que consideraban livianas.

El trabajo de revisión fue minucioso y consumió un año entero, tiempo precioso que luego le faltó para concluir la Novena sinfonía. Para peor, el resultado fue discutible y a oídos de la crítica actual, innecesario. La obra no ganó, sino más bien perdió con esta revisión. Un bruckneriano experto de la talla de Robert Simpson lo afirma sin ambages:

“De las revisiones que se sabe hizo él mismo, la de la Primera Sinfonía es la peor... Es verdad que la versión de Viena de la Primera de Bruckner contiene refinamientos y sutilezas que el compositor de la versión de Linz no hubiera podido imaginar, pero la mayoría de ellos son de un tipo que pudo haber sido apto sólo en sus últimas obras. Si queremos saber cómo es realmente la sinfonía, debemos remitirnos a su versión de Linz audaz y limpia, y es poco probable que su aspereza nos impacte hoy como grosera (como debió de haberle ocurrido al agitado hombre viejo de los años 1890). Las impurezas que contiene son menos perturbadoras que los anacronismos que más tarde le fueron impuestos.”

Con todo, la revisión constituye la última voluntad oficial del compositor respecto de esta obra. Así lo han entendido varios intérpretes que han preferido la “Versión de Viena” a la previa y mucho más difundida “Versión de Linz”. Una de estas significativas excepciones la constituye Günter Wand en su famosa integral de Bruckner dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia. Brío, planificación, profundidad y compromiso caracterizaron el oficio de este músico eminente, que eligió interpretar revisión final de la sinfonía. Pueden disfrutar el estupendo logro artístico pinchando la imagen inferior:

jueves, 5 de enero de 2017

BRUCKNER :: Sinfonía # 1 (versión LINZ 1865-66) :: Neumann, Gewandhaus

Caspar David Friedrich

La Sinfonía nº 1 de Bruckner prueba un camino distinto a las restantes, que el compositor no volvió a recorrer

Bruckner fue un creador eminentemente sinfónico, eso ya se sabe. Escribió nueve sinfonías con las que redefinió la extensión, complejidad estructural, riqueza temática y profundidad de ideas de dicha forma musical; y eso también se sabe. Hay quienes agregan que aquellos nueve monumentos son nueve reiteraciones. Y hay quien lo cree. Pero esta última idea, aunque graciosa, está equivocada.

Bruckner cinceló un estilo y un concepto musical que, en sus líneas fundamentales, no gustaba de alterar. Pero, más allá de esta similitud en los cimientos, los edificios musicales difieren en ideas, desarrollos y contenidos. El mundo natural ante el cual se embelesa la Cuarta, la lucha interior que avanza desde tropiezos y tristezas hasta la victoria en la Quinta, la fantasía y las libertades que animan a la Sexta, los logros rotundos de la Séptima, etc., nos ofrecen un indudable despliegue de variedad dentro de la unidad. No obstante lo anterior, en una de sus sinfonías la diferencia con las demás es aún más acentuada. Desde el comienzo de esta obra en particular el organista de San Florián ensaya una estética más deudora de Schumann, Mendelssohn, Schubert y otros románticos tempranos, en lugar de su venerado Wagner.

Me refiero a la primera sinfonía “oficial” de su corpus, la número 1 en Do menor.

Bruckner... pero no tanto

Fue escrita entre 1865-66 y estrenada por el compositor en la ciudad de Linz el año 1868. Con el tiempo, la sinfonía sufrirá revisiones extensivas. Así, en la actualidad contamos con tres partituras alternativas: la original de 1865-66, llamada también «versión de Linz sin revisar»; la retocada en 1877 sin cambios mayores y denominada «versión de Linz», a secas; y la revisada entre 1889-91, designada como «versión de Viena». Aunque esta última estampa la, digamos, voluntad final de Bruckner respecto de la sinfonía, también la despoja de sus cualidades originales al tratar de insuflarle el estilo de su madurez. Ciertamente es una bella versión, y nos da un vistazo a la mente de un genio reconstruyendo su propia música, pero la mezcla de épocas tempranas y tardías dentro de un mismo estilo no acaba de cuajar.

De las tres, la versión de Linz es la más famosa e interpretada.

Los rasgos fundamentales del estilo bruckneriano se hallan presentes en la obra, todavía en estadio germinal, cierto, pero ya nítidos: su desarrollo bien calculado, su audacia en la modulación de armonías, sus pausas, sus abruptos cambios, los crescendos, el típico Scherzo y, sobre todo, la disposición de la sinfonía apuntando hacia el movimiento final como corolario. Con todo, estos rasgos aparecen iluminados bajo una luz distinta. Bruckner asimilaba entonces su aprendizaje teórico/práctico junto a Otto Kitzler. Respetuoso al extremo ante cualquier autoridad, el veterano aprendiz sigue las pautas definidas por su maestro pero también desarrolla un lenguaje personal. Esta obra convenció a Bruckner de haber encontrado su nicho creativo. Los años fecundos de Viena estaban por llegar.

* * *
Desde que tuve mi personal “epifanía” con la música de Bruckner, años atrás, cada obra del maestro significa para mí un diálogo, a veces casi un debate, pero a la postre una nueva ocasión para ensanchar el corazón y el amor por la belleza. Su música se me antoja siempre como un intento de “codificar” en términos musicales una profunda experiencia interior —una especie de visión trascendente— que pugna por comunicarse a través del lenguaje de los sonidos, triunfando sobre las cautelas de un carácter inseguro y obsesivo.

En el caso de la Sinfonía n° 1, la belleza de la obra no se pone en discusión. Ella nos permite imaginar por un momento a otro Bruckner, más distanciado de la influencia wagneriana. No ha llegado a ser todavía el «constructor de catedrales sonoras» —como quiere el famoso apodo— pero la sinfonía anuncia a un maestro en ciernes. Dato curioso: la frescura y desenfado de esta obra preocupaban al minucioso y obsesivo compositor adulto, que apodó a la sinfonía das kecke Beserl, algo así como “la muchacha impúdica”.

Los invito pues a oír esta obra donde Bruckner tantea un camino que no volverá a seguir. Elijo la interpretación (gloriosa para mis oídos) de Vaclav Neumann dirigiendo a la Orquesta Gewandhaus de Leipzig, recurriendo a la versión inicial de 1865-66.

¡Disfruten!

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MP3 | 4 pistas | ABR 248 kbps [1-3]/CBR 320 kbps [4] 48 kHz |.7z 96,7 mb | Yandex


domingo, 4 de septiembre de 2016

ANIVERSARIO de BRUCKNER

BrucknerJosef Anton Bruckner

Se cumplieron 192 años desde el nacimiento de Bruckner, el gran sinfonista austríaco que llevó a nuevos (y culminantes) territorios la forma sinfónica en la segunda mitad del siglo XIX. Humilde y devoto hombre de pueblo venido de la “Austria profunda” —esas regiones interiores de los países donde aún perdura el alma de sus gentes—, fue un caso único: recién pasados los cuarenta años decidió volcarse a la composición, dando un giro a la carrera desarrollada hasta ese momento como consumado organista de iglesia y profesor de música.

Tan repentina determinación provino de un “rayo” que lo golpeó mientras tomaba clases con su segundo maestro, Otto Kitzler, violonchelista de la ópera de Linz. Ese “rayo” tenía nombre: Richard Wagner. Bruckner admiró al autor de la Tetralogía con sentimientos cercanos al culto religioso. Precisamente el estilo de Wagner fecundó el espíritu del tímido aldeano, impulsando en él una atrevida imaginación armónica y temática, en particularísimo equilibrio con su acendrada reverencia hacia las técnicas tradicionales de construcción formal.

  • A seguir dejo una obra que respira aún el clima de la tardía etapa de aprendizaje junto a Kitzler. Por entonces Bruckner escribió sus primeras obras orquestales. Los espíritus de Mendelssohn y Schubert custodian de cerca la “Obertura en Sol menor”. Aun así las señas de identidad se perciben rápidamente. Es que tratamos aquí con un artista de amores firmes. Su estilo nunca se vio adulterado. Progresó, cierto, pero siguiendo los rieles de su propia lógica. No en vano se ha bromeado con que escribió nueve veces la misma sinfonía. La pertinacia musical del gran compositor me parece como un artículo del Credo; es para él una convicción íntima que nunca abandonó. Interpretan esta obertura la Sinfónica de Pittsburgh dirigida por William Steinberg:

  • Si la obra precedente viene de las etapas iniciales de Bruckner como compositor, cierro este post con la última obra terminada por el maestro: la cantata “Helgoland” para coro masculino y orquesta, que vibra con la intensa fuerza de un creador dueño de todos sus recursos. Fue compuesta en abril de 1893 para el Coro Masculino de Viena, que celebraba entonces 50 años de existencia. El patriótico texto se debe a August Silberstein. Versión de Orquesta y Coro sinfónicos de Chicago bajo la dirección de Daniel Barenboim:

lunes, 24 de noviembre de 2014

Actualizaciones varias

Queridos amigos, habrán notado una pausa en la actividad del Blog. Proviene de necesidades vinculadas al trabajo y más de un vaivén en la vida corriente, todo lo cual merma el tiempo que acostumbraba dedicar a nuestra página. No obstante, en ningún caso pretendo suspender el itinerario empezado hace ya varios años; los pasos podrán ser más lentos, pero el caminar continúa. Tengo en barbecho aún dos entradas proyectadas ojalá para este mes, una sobre Karłowicz y otra referida al caso de León Fleisher y su recuperación con el empleo de botulina.

Entre tanto, he actualizado varios enlaces a diferentes archivos compartidos tiempo atrás y que han caducado. Más abajo les dejo la lista. Espero satisfacer así el deseo de buena música que mueve a cuantos visitan estos rincones. Un afectuoso saludos a todos/as.

» UNA NAVIDAD DEL SIGLO XVII
The Netherlands Bach Society / Capella Figuralis / Jos van Veldhoven

» LA HISTORIA DE UN ÁNGEL: la última obra de ALBAN BERG
Arabella Steinbacher / Sinfónica de Radio Colonia / Andris Nelsons
Daniel Hope / Sinfónica de la BBC / Paul Watkins

» MOZART: GRAN MISA EN DO MENOR [live]
Sinfónica RIAS de Berlín, Coro iglesia de Sta. Eduvigis, solistas vocales / Ferenc Fricsay

» SCHÜTZ: MISA FÚNEBRE ALEMANA; LAS SIETE PALABRAS; etc.
Dresdner Kreuzchor / Rudolf Mauersberger

» KOZENÁ: Canciones Checas
Magdalena Kozená / Malcolm Martineau, etc.

» VICTORIA: CANTICA BEATAE VIRGINIS
La Capella Reial de Catalunya / Hespèrion XX / Jordi Savall

» KAYAH & BREGOVIC
Kayah / Goran Bregović

» DVORÁK: LEYENDAS etc.
Orquesta Festival de Budapest / Iván Fischer

» RACHMANINOV: CONCIERTOS 1 y 2 para Piano y Orquesta
Gran Orquesta Sinfónica de la Radio y Televisión de la URSS + Filarmónica de Leningrado / Kurt Sanderling / Sviatoslav Richter

» BEETHOVEN: CUARTA SINFONÍA
Orquesta Estatal de Baviera / Carlos Kleiber

» BRAHMS: SERENATAS 1 y 2
Filarmónica de Berlín / Claudio Abbado

» CARL ORFF: Recreación del 'ORFEO' de MONTEVERDI
Coros y Orquesta de la Radiodifusión de Munich / Kurt Eichorn

» SVENDSEN: RAPSODIAS NORUEGAS
Orquesta Sinfónica de Jutlandia del Sur / Bjarte Engeset

» SIBELIUS: CONCIERTO para VIOLÍN [versión original]
Orquesta Sinfónica de Lahti / Leonidas Kavakos, violín / Osmo Vänskä

jueves, 4 de septiembre de 2014

Feliz cumpleaños 190, Professor Dr. BRUCKNER

Josef Anton BRUCKNER (1824-1896) / foto de la época

Hace 190 años, en un pueblecito austríaco llamado Ansfelden, sito entre lomas verdes, rumores de ganado y hábitos inmemoriales, nació ANTON BRUCKNER.

Primogénito de cinco hermanos, el futuro maestro del lenguaje sinfónico era de cuna humilde: su padre ejercía como profesor de escuela y organista de la iglesia de Ansfelden. Allí también, en el coro, cantaba su madre, que además trabajaba como criada para robustecer el sustento familiar. El pequeño Bruckner, que venía demostrando sus facultades desde los cuatro años, se sumó pronto a las labores para sostener el hogar: a partir de los siete años comenzó a asistir a su padre en las clases de música, con diez pudo ya tocar el órgano en la misa dominical y con doce, hacerse cargo de todo al enfermar y luego morir su progenitor.

Brueghel el Viejo

El apacible poblado de Ansfelden en algún momento del siglo XIX

La familia se muda a otro pueblo y él es enviado a la Abadía de San Florián, lugar que acabará convertido en su epicentro espiritual. La vida lo llevará lejos, dentro y fuera de Austria, y su existencia será larga; pero Bruckner siempre volverá a este remanso. Allí descansan hoy sus restos, bajo el gran órgano de tubos. Oportuno, ya que este instrumento grandioso será el vehículo donde brillará el talento del compositor para sus contemporáneos. A la posteridad, en cambio, nos ha quedado su obra, que bien resume el sitio «Musicalario»:
Sus sinfonías, incomprendidas en su tiempo, expresan el amor a la naturaleza y la profunda fe del compositor, al tiempo que constituyen una original síntesis entre la más atrevida armonía romántica y la tradición contrapuntística más severa.
Queda mucho que decir sobre este gran artista, que llegó a la gloria desde las aldeas. Su nombre está vinculado a Wagner, a Brahms, a Viena, a Mahler, a Hans Rott... Pero hoy brindemos en su honor, que bien se lo merece. ¡Feliz cumpleaños, maestro Bruckner!


Coda del movimiento final de la Sinfonía nº 4 / versión antológica del gran Sergiu Celibidache y la Filarmónica de Munich, 1993. Si no es la secuencia más sublime de la música sinfónica, le falta poco. En ese crescendo memorable, el campesino-genio de Ansfelden revela la «profundidad teológica» de sus ideas musicales.

lunes, 1 de septiembre de 2014

LEITER


Alguien me envió el otro día una de esas frases ilustradas que circulan tanto en Internet. El montaje, a medio camino entre el chiste y la reflexión, incluía una lápida y en ella la recomendación de visitar el cementerio cada vez que alguien se sintiera indispensable. La moraleja del meme apuntaba a que nadie es tan importante como para detener el mundo, que sigue girando después de cada muerte.

Pues bien, discrepo. La frase lapidaria podrá tener aplicación “didáctica” sobre esos ególatras que necesitan golpes de realismo crudo. Para lo demás, falla; porque cada persona es y será siempre única. Ni más ni menos. Hay, pues, mundos que se detienen —y por supuesto mundos que acaban— con cada desaparición.

Cuando los amigos se van los recuerdos no sólo se agolpan sino que, con el paso del tiempo, crecen. El espacio que dejan vacío comienza a acumular sensaciones perennes —sensaciones, no sentimentalismos— que sirven de testimonio a la huella que los ausentes imprimieron en el alma de quienes los recuerdan. Es aquella “segunda vida” que menciona Manrique en sus Coplas.

deviantartUna sugestiva imagen del cementerio de Würzburg / foto: sorb

El pasado 28 de Agosto se cumplió un nuevo aniversario desde la abrupta partida de este mundo de quien fuera un gran amigo, uno de los mejores que haya conocido por estos pagos: Javier Menéndez Ciudad, conocido en la blogósfera por su seudónimo, «leiter». Quiso ser director de orquesta y no pudo (leiter es la palabra alemana para «director»).

Un inspirado día decidió abrir en Internet su «bar virtual de copas», como tituló cariñosamente a ese blog inolvidable, Leiter's Blues. Logró una maravilla combinando sus amplios conocimientos con el calor de su carácter. Nunca fue un distante erudito, sino un ser humano abierto a compartir en primera persona sus ricas experiencias, opiniones e intereses. Precisamente tomé contacto con él en la siempre extensa lista de comentarios escritos bajo cada entrada por los visitantes. ¡Qué intercambio de opiniones surgía en ese espacio, libre y naturalmente, con Javier siempre involucrado atendiendo consultas o agradeciendo las palabras que los cibernautas pudieran dejar estampadas!

cubiertaEl compositor favorito de Javier siempre fue Mozart, pero todo el repertorio austro-alemán calaba hondo en él. O en ambos, porque fue uno de nuestros puntos de coincidencia más enriquecedores. Gracias a Javier me deshice de mis prejuicios contra Schumann; con Javier compartimos el entusiasmo por los dos maravillosos músicos judeo-alemanes de Hamburgo, Mendelssohn y Brahms; fue a Javier a quien pedí las primeras, valiosas pistas cuando prendió en mí el súbito interés por Bruckner. Este creador grandioso pero malquisto, a menudo ignorado en el mundo latino, era para Javier uno de los sumos creadores sinfónicos, y su Séptima Sinfonía, en Mi mayor, la más sublime de toda la literatura musical. Así de rotundo:
»En mi opinión, la sinfonía más grandiosa y perfecta jamás compuesta. Obra de trascendente inspiración, revela el carácter pusilánime del autor. Es un grito, una súplica, un deseo, un adiós…«
Con esta obra, pues, dedico un cálido recuerdo a la memoria imborrable de mi amigo. ¡Descansa en paz, Javi!


BRUCKNER: SINFONÍA núm. 7 en MI Mayor

1. Allegro moderato
2. Adagio: molto lento e maestoso / Sehr feierlich und sehr langsam
3. Scherzo: Vivace / Sehr schnell
4. Finale: Allegro ma non troppo / Bewegt, doch nicht zu schnell

Orquesta Filarmónica Checa / Lovro von Matacic

Versión extraordinaria que basta para demostrar la autoridad de Matacic en el repertorio bruckneriano. El sonido cálido y algo más “crudo” de la Filarmónica Checa aporta un encanto propio.
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MP3 ABR 224 kbps 48 kHz | 4 tracks | RAR 108 MB

» Comentario de leiter a esta sinfonía
Bruckner en el blog

miércoles, 9 de enero de 2013

Algo más de BRUCKNER

Brueghel el ViejoEl retorno de los cazadores (1565) / Pieter Brueghel el Viejo

Volvemos a la ruta con Bruckner en este principio de año. Y volvemos a su Cuarta Sinfonía, “Romántica”. Hace poco subí a esta página un artículo de Ernesto Nosthas, desmenuzando dicha sinfonía. A mi vez, quiero comentarles hoy algunas características de este creador y ampliar las versiones disponibles de esta obra.

Bruckner facetadoConocer a Bruckner implica peculiaridades únicas. Y la primera de ellas, creo yo, es el enredo de las versiones. Ocurre que de casi todas sus sinfonías existen segundas, terceras, cuartas versiones. No se trata de refinamientos posteriores al estreno, práctica que encontramos en otros compositores, sino de reelaboraciones sustanciales del material sonoro. Aun descartando ciertas versiones que son obra de terceros y por tanto, espúreas, sigue siendo problemático decidir cuál es la versión definitiva de una sinfonía entre varias ediciones, porque tampoco el mismo compositor lo dejó establecido. ¿A qué venía tanto jaleo? Inseguridad, manía perfeccionista, debilidad de carácter... las razones son varias. El maestro consumió mucha energía retocando obras a solicitud de un puñadito de “amigos”, a quienes se les antojaba que un ajuste aquí o allá mejoraría la composición. ¡Como si ellos hubieran escrito cosas comparables! Pero allá iba el bueno de Bruckner haciéndoles caso, muy lejano a la ferocidad con que reaccionaba Beethoven si alguien le venía con consejos similares...

La Sinfonía nº 4 no se libró de esta manía. Ernesto nos recordaba en su artículo que hay “varias Cuartas”, por así decir, y el último movimiento que conocemos hoy es distinto al primero que escribió el compositor. Al menos en este caso la reelaboración fue iniciativa del propio Bruckner, quien se superó a sí mismo con una página sensacional. En su concepto sinfónico (tan rotundo en sus elementos básicos que casi nunca varía) el Finale ofrece el corolario de la obra, sintetizando las ideas escuchadas en los tres movimientos previos para llevarlas a una culminación musical-espiritual. Aunque no siempre plasmó este anhelo a cabalidad, la Cuarta se aproxima mucho al acierto pleno.

Los primeros tres movimientos de la Sinfonía nº 4 comparten una inspiración semejante: las “sensaciones campestres” de su creador, traducidas en su música monumental. Bruckner, nacido en “la Austria profunda”, la de las aldeas diminutas y personalidad descollante, sabía mirar el mundo de otra manera, más limpia y a la vez más profunda, sin eludir la tragedia ni las fuerzas elementales. El movimiento final comprendía una fiesta campestre, como lo explicitó por escrito en la segunda versión del segmento pero, insatisfecho, Bruckner reelaboró una vez más la partitura hasta ofrecernos la que habitualmente escuchamos hoy. Todo ello imbuido de brío en pos de lo sublime, rasgo inseparable de su estilo.

Hans SebaldEl fin del Año (1546) / grabado de Hans Sebald Beham

  • »VOLKSFEST« FINALE de la Sinfonía nº 4 — Como dijimos más arriba, Bruckner redactó tres finales para su Cuarta sinfonía. A la segunda versión (1878) la bautizó »Volksfest« (Fiesta popular), título más bien evocador antes que descriptivo. Y es que nuestro autor poseyó una capacidad de abstracción fenomenal, es decir, cualquier estímulo que alimentara su imaginación era depurado hasta convertirlo en una fórmula concisa, cargada de sentido musical. Por ende, no esperemos danzas aldeanas ni pinturas de paisajes, sino más bien la idea de rusticidad, la idea de alegría campestre (expresada con gracia casi schubertiana), el sonido vibrante de las trompas que han simbolizado al bosque durante la sinfonía entera, etc. Todo ello controlado rigurosamente. Mejor lo explica el fallecido director austríaco Georg Tintner:

carátulaEl material temático de la primera [versión del Finale] (1874) y la segunda (1878) está relacionado estrechamente, pero la segunda, la que llamó Volksfest, es más breve y sencilla. Basta comparar la primera frase de los segundos violines con la transformación de las complicadas quintas en el esquema favorito de Bruckner: un dosillo seguido de un tresillo.

Sobre una nota pulsada de violonchelos y contrabajos los primeros violines descienden en terceras (en la primera versión los segundos violines hacen el recorrido inverso). Bruckner descartó sabiamente la apabullante escala descendente en unísono para la tercera versión (1880), que es la que se usa hoy habitualmente. La maravillosa melodía de viola suena aquí medio tono más alta que en la tercera versión. La ingenua y encantadora melodía común a las tres versiones reaparece en ésta no sólo como una fanfarria de metales, sino también en el acorde de las cuerdas. Sólo entonces se escucha el tema heroico al unísono que aparece al comienzo de la versión de 1880.

Curiosamente, Bruckner hace que las cuatro trompas toquen la melodía principal del primer movimiento, mientras que en el primer y tercer Finale omite esta anotación, tal vez por considerar que ya se había escuchado antes lo suficiente. Por encantador que resulte este Volksfest, el compositor debió echar algo en falta, así que en 1880 añadió la fabulosa sección lenta en do menor de las cuerdas, repetida más adelante en dos claves distintas.

Justamente Tintner es el intérprete de este movimiento, el Finale Volksfest, dirigiendo a la Orquesta Nacional Escocesa, el cual pueden escuchar íntegro en el reproductor bajo estas líneas:


  • SINFONÍA nº 4 por CLAUDIO ABBADO y la ORQUESTA DEL FESTIVAL DE LUCERNA — No hace mucho tiempo apareció este registro en que el maestro Abbado comanda a “su” Orquesta del Festival de Lucerna (no olvidemos cuánto debe esta formación su existencia a las gestiones del director italiano) en una lectura ejemplar de la sinfonía de Bruckner.

    Abbado integra la no extensa nómina de artistas de cuna latina capaces de abordar con éxito el repertorio germánico (sus años de estudio y de ejercicio profesional en Viena le ayudaron ciertamente). Tras superar un agresivo cáncer a comienzos de este siglo, centró su actividad artística en aquella localidad suiza, dando como resultado una de las mejores orquestas del mundo.

    Adalid de la música de Gustav Mahler, el director italiano demuestra asimismo un perfecto conocimiento del compositor que fuera, no lo olvidemos, profesor de Mahler en el Conservatorio vienés. La atención al detalle, la lucidez para navegar en la compleja arquitectura de Bruckner, la sabiduría para alcanzar el equilibrio de la masa instrumental o el precioso sonido son algunas de las señas de esta hermosa versión de la Cuarta Sinfonía, que les comparto a seguir:

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MP3 224 kbps CBR · 48 kHz | 4 tracks | .7z 105,65 MB


  • SINFONÍA nº 4 por KARL BÖHM y la FILARMÓNICA DE VIENA — Referencia absoluta del catálogo, el gran Karl Böhm ofrece una lectura inimitable de la sinfonía en esta grabación de 1974. El sonido lustroso, inconfundible de la mejor orquesta del mundo (en opinión de quien escribe) es vehículo perfecto para comunicar la visión de uno de los mejores directores del siglo pasado. Hay algo de artesanato en la delicadeza con que afloran los timbres tanto como en la reciedumbre de los metales, sección siempre relevante en la música de este compositor.

    Como la Cuarta concede un rol preponderante al corno, aquí estriba una peculiar delicia tímbrica: la orquesta austríaca emplea instrumentos especiales, entre ellos la trompa vienesa cuya sonoridad rica en armónicos beneficia las notas largas y sostenidas. La música producida por este equipo asombra con su empaste, su respiración, su orgánico desarrollo en que cada momento brota del anterior con lógica y naturalidad consumadas. Disfruten, amigos y amigas, una de las mejores interpretaciones de la Cuarta sinfonía de Bruckner:

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MP3 VBR ~ 220 kbps | 4 tracks | RAR 100,6 MB

domingo, 23 de diciembre de 2012

BRUCKNER / 4ª Sinfonía, ‘Romántica’

La música del gran Anton Bruckner propone nada menos que un universo al oyente. Nos desafía desde la amplitud, sea en la gran escala de sus creaciones, de su ambición expresiva o de la tupida riqueza de su habilidad técnica. Tampoco es un universo fácil. Adentrarse en él demanda alto grado de abstracción —tarea ardua, en especial para el auditor latino—. No extraña que la fortuna le fuera esquiva al compositor incluso en su tiempo, contra los aplausos que cosechaba como organista y su estupenda labor como pedagogo. Bruckner pudo saborear un triunfo rotundo recién a los 61 años de edad, tras el estreno de su Séptima Sinfonía en Leipzig el año 1884.

Pero los reveses no menguaron. Su amor a la música de Wagner lo precipitó sin quererlo en la airada disputa que dividía a Viena en esos años. Además, el reconocimiento atizó la antipatía de ciertas facciones musicales que se encarnizaron con él. Sólo su paciente tozudez le permitió avanzar en la escritura de sus sinfonías monumentales.

bruckner caricatura
Bruckner cubre a los críticos con su sombra / caricatura de Otto Böhler

¿Qué hay en Bruckner? En el hombre, modestia infinita, corazón puro, fe arraigada hasta la médula, pero también fragilidad y pusilanimidad. En el músico, maestría técnica ejemplar, total dominio de la arquitectura, aspiración expresiva que llega a los linderos de lo místico. Cómo supo combinar el lenguaje musical más atrevido de su época —el «Tristán...» wagneriano— con un espíritu aquilatado en tradiciones centenarias, es algo que sólo él conoce; pero estamos sin la menor duda ante uno de los grandes maestros de la forma sinfónica. Anton Bruckner aplicó todo su énfasis a manifestar lo sublime o, dicho de otro modo, lo trascendental. Su música pugna por adentrarse en el misterio, al que dota de sentido teológico.

Pero, ya lo dijimos, no es un músico fácil de abordar. Hay que esperar el momento para descubrir su lenguaje, su mensaje. Eso sucede a cierta altura de la vida. En mi caso particular ocurrió hace un año y medio, más o menos. Yo, que he vivido como ferviente admirador de su antagonista, Johannes Brahms, el barbado creador de sinfonías apodadas «las cuatro catedrales grises», me deleito ahora con la obra de otro arquitecto de catedrales sonoras, aunque esta vez llenas de colores incandescentes.

Algo similar le ocurrió al amigo Ernesto Nosthas. Su personal eureka se produjo con la Sinfonía número 4, llamada «Romántica». Y con el relato de Ernesto, antaño publicado por Elcuervolopez, les invito a ustedes, amigos, a explorar el universo sonoro de Anton Bruckner.

Bruckner anciano

La mirada limpia y apacible de Anton Bruckner apenas delata la abrumadora intensidad de su música

LA CUARTA DE BRUCKNER:
sencillamente mi favorita

por Ernesto Nosthas Nosthas


No tengo reparos en confesar que la Cuarta de Bruckner es mi favorita, y fue mi puerta de entrada al maravilloso mundo musical del maestro de Ansfelden. Conocí tarde al maestro y fue a partir de una circunstancia muy sentimental que logré captar la belleza de su mensaje. Hasta antes de la maravillosa oportunidad de ser padre, nunca cargué en brazos a ningún infante, porque no me agradaba, me sentía incómodo o tenía miedo de lastimarlo de alguna forma. Todo ello cambió con el nacimiento de mis hijos, pero en particular mi hija Celeste, quien desde pequeña ha estado especialmente vinculada conmigo. Una noche invernal estaba cuidándola cuando anunciaron un concierto en vivo con esta sinfonía por la radio, y allí, cargando a mi hija en brazos, escuché integralmente los 70 minutos de la obra. Esto es un récord mundial para mí, dado que antes de ese momento, nunca había cargado a cualquiera de mis dos hijos por más de 10 minutos.

Luego tuve la suerte de escuchar en un par de ocasiones la misma sinfonía en vivo, además de atesorar más de 15 versiones con una variedad de directores de todas las épocas. Sencillamente adoro esta obra y escribir de ella es una satisfacción que cala muy hondo en mi conciencia y en mi corazón.

«Paisaje invernal con iglesia» / Caspar David Friedrich (1811)

Esta obra también constituyó el primer éxito en vida de Bruckner y la única de su repertorio con un epíteto puesto de puño y letra por el propio compositor. Esta maravillosa sinfonía recibió la denominación de “Romántica”, y este apelativo está más ligado con los sentimientos bucólicos que inspira el contacto con la naturaleza, que a un romanticismo inspirado en las relaciones humanas amorosas.

La Cuarta sinfonía es conocida al menos en seis versiones, a partir de la original compuesta en 1874. Es quizás la más editada, violada y reescrita de todas sus sinfonías, al punto que en los últimos dos movimientos se pueden encontrar diferencias de tajo, principalmente en el último movimiento.

  • Versión original 1874 publicada por Nowak
  • Primera revisión de 1878 (movimientos I-III publicados por Haas Vorlagenbericht; y el Finale: Haas, Nowak)
  • Revisión del Finale en 1880 publicado por Haas y Vorlagenbericht
  • Edición final de Haas de 1881
  • Edición de 1886 (Nowak)
  • Edición de 1888 (publicada en 1889, Redlich) 

La telenovela empezó en 1874. Apenas concluida, Bruckner revisó toda la obra, reemplazando integralmente el tercer movimiento con un nuevo Scherzo y Trío en 1878. Existen notas históricas, en mucho debido a la acuciosidad de Hans Richter de más revisiones a esta partitura en 1876 y 1877; sin embargo, estas revisiones fueron de facto para presentaciones específicas y no se consideran “versiones” en las modalidades usuales. Muchos autores toman como versión definitiva la editada en 1880. En ella, Bruckner escribió un nuevo Finale, con un giro conceptual dramático. Inicialmente había concebido un movimiento danzante muy a la Pastoral de Beethoven, al cual tituló Volkfest (fiesta pueblerina), en contraste a la versión más frecuentemente escuchada (mi favorita, pese a que algunos autores la describen como muy sombría en comparación al resto de la obra). El nuevo Finale de 1880 es más solemne, y en mi humilde opinión, brinda un espectacular cierre a la obra.

Der Watzmann «El Watzmann» / Caspar David Friedrich (1824-25)

1) Bewegt, nicht zu schnell — Esta poderosa sinfonía inicia con un trémolo en las cuerdas que anticipa el tema mágico que emerge de los cornos, el cual posiciona al escucha en otro universo. Strauss, en su mística apertura de Zarathustra, recurre a una figura cromática y armónica muy similar, pero en el caso de Bruckner, el llamado conduce a un clímax filosófico que me hiela los huesos. Luego de esta brillante apertura, un nuevo tema, más ligero y etéreo, es introducido por las cuerdas al más puro estilo bruckneriano. El desarrollo del movimiento alterna ambos temas con poderosos clímax en los metales. Este desarrollo concluye el movimiento con una coda que asesina al escucha con un desarrollo contrapuntístico y expresivo único en la obra del maestro. Ese desarrollo sólo lo volvemos a encontrar en la Octava y Novena Sinfonías del maestro.

2) Andante, quasi allegretto — El segundo movimiento inicia la tradición del autor de expresar sus emociones más fuertes en los movimientos lentos de sus sinfonías de acá en adelante. El desarrollo es poético y dramático, es una marcha fúnebre que conforta e inspira, la cual únicamente se me ocurre comparar con el bellísimo desarrollo que hace Fauré en su Réquiem. La melodía inicial es introducida por los cellos y luego retomada por la orquesta, pero el segundo tema, confiado a las violas, es de una fortaleza única y poderosa que es rematada en un genial crescendo que se desvanece en una tonalidad sombría y misteriosa: do sostenido menor… sí amigos… la misma que usó Mahler para su Quinta. Una nota curiosa: este movimiento notarán que concluye con un trío de clarinete, corno y viola, en cuyas partes Bruckner anotó entre paréntesis “con espanto”… dejando al director la opción de considerarlo o no.

cornos de cazaCornos de caza en la actualidad

3) Bewegt / Trio: Nicht zu schnell. Keinesfalls schleppend — Aunque los puristas digan que Bruckner escribió nueve copias del mismo scherzo para igual número de sinfonías, que me corten los oídos si éste no es el más especial de todos. Una melodía cazadora, encomendada a los cornos danza, imprime a la obra una bucólica escena en los bosques de Austria, pero Bruckner luego nos asesina con la melodía intermedia que define el Trío, la cual es un diálogo coqueto entre un solo de cello acompañado de tres trombones… genial. Contaba Hans Richter que sonrojado y entre su característica risa tímida, Bruckner le confesó que al escribir esta parte se imaginó a un grupo de cazadores descansando de la faena y comiendo queso y vino a la sombra de los arboles.

4) Finale: Bewegt, doch nicht zu schnell — El Finale de 1880 es poderoso y perfecto en su contrapunto. Este pasaje se construye con varios temas alegres puestos en contraste entre distintos grupos de instrumentos. El inicio se elabora con un tema en crescendo que es una variación del canto inicial de los cornos, pero ahora en una tonalidad más grave y dramática, el cual concluye en un complejo tutti en los bronces que conduce al punto más trascedente de este movimiento, el cual se integra por la exposición de una melodía lírica y suave en las cuerdas, contrastada por reiteración del tema del crescendo en los bronces. Este contraste se desarrolla espectacularmente en la partitura, con gran maestría contrapuntística, alternando modulaciones oscilantes entre ambos grupos temáticos.

BrucknerEl maestro en una fotografía como profesor del Conservatorio vienés

Amigos y amigas… me tiembla el pulso al final de la obra, sencillamente adoro esta monumental sinfonía y quiero que la disfruten con intensidad.

carátulaPara ilustrar la presentación de Ernesto, les dejo una estupenda versión de la Cuarta Sinfonía en Mi bemol mayor, «Romántica» de Anton Bruckner a cargo de Christoph von Dohnányi dirigiendo la siempre espléndida Orquesta de Cleveland...

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miércoles, 9 de noviembre de 2011

BRUCKNER : Novena Sinfonía (‘Incompleta’) / Bruno WALTER


Les obsequio hoy el primero de dos discos con grabaciones “en vivo” de Bruno Walter, efectuadas con las Filarmónicas de Nueva York y de Viena durante los años 50 del siglo pasado. Este primer registro incluye un concierto del 27 de Diciembre de 1953 ofrecido junto a la formación norteamericana, denominada por esos días «Orquesta Sinfónica Filarmónica de Nueva York» tras fusionarse con su antigua rival, la Sinfónica de la ciudad. Bruno Walter gozaba entonces el merecido reconocimiento internacional a su jerarquía artística. Desde 1923 que venía colaborando con la Philharmonic Symphony Society, cuando todavía desarrollaba su carrera en Europa; y tras el alzamiento de los fascismos, el director emigró definitivamente al Nuevo Mundo.

Pese a trayectoria tan dilatada, y pese sobre todo a la estrecha amistad que cultivó en su juventud con Gustav Mahler, Walter tardó en penetrar al mundo de Anton Bruckner; según propia confesión, la particular arquitectura del creador de Ansfelden le parecía carente de sentido, desmedida, aun cuando apreciaba la fuerza y hondura de sus temas y la gracia cantarina que frecuenta su inspiración. Pero algo cambió súbitamente dentro de Walter y hacia 1928, a poco de cruzar la cincuentena, pisó ese vasto continente musical que había ignorado.

La Novena Sinfonía fue también la última obra compuesta por Bruckner, y quedó inconclusa tras su deceso el 11 de octubre de 1896. Los borradores del último movimiento nunca llegaron a un estado definitivo, y las mermadas fuerzas del anciano compositor fueron consumidas por las revisiones efectuadas a la Octava Sinfonía. Sin embargo, como alguien ha comentado, el Adagio que ocupa el tercer lugar en la Novena es tan sobrecogedor, que no vale la pena agregar nada más a su acorde final, ese que parece no terminar nunca. Sin duda, una de las grandes sinfonías de todos los tiempos y la obra maestra de su autor.

Les invito a disfrutar esta grabación live de 1953, con un Walter en plena forma...

aquí

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