domingo, 4 de septiembre de 2016

ANIVERSARIO de BRUCKNER

BrucknerJosef Anton Bruckner

Se cumplieron 192 años desde el nacimiento de Bruckner, el gran sinfonista austríaco que llevó a nuevos (y culminantes) territorios la forma sinfónica en la segunda mitad del siglo XIX. Humilde y devoto hombre de pueblo venido de la “Austria profunda” —esas regiones interiores de los países donde aún perdura el alma de sus gentes—, fue un caso único: recién pasados los cuarenta años decidió volcarse a la composición, dando un giro a la carrera desarrollada hasta ese momento como consumado organista de iglesia y profesor de música.

Tan repentina determinación provino de un “rayo” que lo golpeó mientras tomaba clases con su segundo maestro, Otto Kitzler, violonchelista de la ópera de Linz. Ese “rayo” tenía nombre: Richard Wagner. Bruckner admiró al autor de la Tetralogía con sentimientos cercanos al culto religioso. Precisamente el estilo de Wagner fecundó el espíritu del tímido aldeano, impulsando en él una atrevida imaginación armónica y temática, en particularísimo equilibrio con su acendrada reverencia hacia las técnicas tradicionales de construcción formal.

  • A seguir dejo una obra que respira aún el clima de la tardía etapa de aprendizaje junto a Kitzler. Por entonces Bruckner escribió sus primeras obras orquestales. Los espíritus de Mendelssohn y Schubert custodian de cerca la “Obertura en Sol menor”. Aun así las señas de identidad se perciben rápidamente. Es que tratamos aquí con un artista de amores firmes. Su estilo nunca se vio adulterado. Progresó, cierto, pero siguiendo los rieles de su propia lógica. No en vano se ha bromeado con que escribió nueve veces la misma sinfonía. La pertinacia musical del gran compositor me parece como un artículo del Credo; es para él una convicción íntima que nunca abandonó. Interpretan esta obertura la Sinfónica de Pittsburgh dirigida por William Steinberg:

  • Si la obra precedente viene de las etapas iniciales de Bruckner como compositor, cierro este post con la última obra terminada por el maestro: la cantata “Helgoland” para coro masculino y orquesta, que vibra con la intensa fuerza de un creador dueño de todos sus recursos. Fue compuesta en abril de 1893 para el Coro Masculino de Viena, que celebraba entonces 50 años de existencia. El patriótico texto se debe a August Silberstein. Versión de Orquesta y Coro sinfónicos de Chicago bajo la dirección de Daniel Barenboim:

4 comentarios:

Laura Schwartz dijo...

Gracias Quinoff, bellísimo Bruckner !!

q u i n ø f f dijo...

Me alegra saber que te gustó, Laurita.

R. Guilabert dijo...

Se agradece la presentación de obras poco conocidas de autores célebres.
Gracias.

q u i n ø f f dijo...

Y luego de escucharlas uno se pregunta por qué no son más conocidas, ¿verdad? El gran Bruckner de las nueve sinfonías sigue siendo grande en la otra parcela de su producción, que incluye hasta música tan íntima como un cuarteto de cuerdas.

¡Gracias por tu visita, R. Guilabert!

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