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martes, 22 de diciembre de 2020

BEETHOVEN · 5 últimos cuartetos en arreglo orquestal

“El Cuarteto en Do sostenido menor” por Norman Lindsay, 1927

Siguiendo con Ludwig van Beethoven en su 250º aniversario, y dada mi conocida (o “sacrílega”) inclinación por las transcripciones de obras musicales, hoy les traigo los últimos cuatro cuartetos del gran Sordo… en arreglo para orquesta de cuerdas.

Nadie piense que favorezco adaptaciones por sobre los originales. Eso nunca. Beethoven fue un maestro absoluto del cuarteto de cuerdas —escribiendo cuartetos lo encontró la muerte— y en esos últimos demuestra ser un visionario, ajeno a su tiempo y camino a nuestra más radical modernidad. Podemos extender a todos ellos las palabras de Stravinsky sobre la Große Fuge: “es música contemporánea que permanecerá contemporánea para siempre”.

Además, la música de Beethoven siempre tiene entre sus cualidades distintivas una potencia que pareciera “arrollar” los límites tradicionales, sea de la estructura formal como de los propios instrumentos que reclama. Sus sinfonías o sus sonatas obligaban a los músicos de su tiempo a probar los límites expresivos que antes de ese momento no habían visitado. Así, las obras del gran Ludwig, aunque sean de cámara, siempre se sienten cómodas en grandes formatos.

Esta vez mi intención no es otra que alentar la curiosidad. Estoy seguro que no se sentirán decepcionados con la gran interpretación que nos brinda la orquesta Camerata Nordica dirigida por Terje Tønnesen. El programa lo componen los cuartetos números 12 (Mi bemol), 13 (Si bemol – e incluyendo la Gran Fuga), 14 (Do sostenido menor), 15 (La menor) y 16 (Fa mayor).

¡Disfruten!

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MP3 224 · 48 kHz | 26 tracks | .7z 306,51 MB | Yandex.ru

lunes, 1 de mayo de 2017

SHOSTAKOVICH :: Sinfonía #5 op.47 & Sinfonía para Cuerdas op.110a

Dmitri Shostakovich en una foto juvenil

Dmitri Shostakovich fue uno de los gigantes indiscutibles de la música del siglo XX. Por extensión, fue uno de los mayores compositores nacidos en Rusia; músico superdotado, capaz de crear lo que fuera en su mente sin ninguna ayuda exterior gracias a la inusual combinación de oído absoluto y oído interno, era además un consumado virtuoso del piano y habilísimo orquestador que daba muestra continua de su fecundidad y mano maestra en la forma sinfónica.

Pues bien, nada de lo anterior evitó que la política de su tiempo impusiera un pesado yugo a su maravillosa creatividad. Más o menos entre 1928 y 1933 Shostakovich se interesó por corrientes vanguardistas de su época (el grupo francés de Les Six, Alban Berg, Hindemith, incluso el jazz). Eso bastó para despertar las sospechas del PCUS y pronto fue fustigado por la censura soviética, desacreditado y amedrentado junto a insignes colegas bajo cargos ridículos (se los tachó de crear música ajena al sentir del pueblo, música burguesa... más o menos como los nazis acusaban de músicos degenerados a los judíos). Eran los años oscuros de Stalin.

Shostakovich salió del circuito oficial de la música soviética, sus obras fueron condenadas y retiradas sin importar la respuesta que habían logrado entre el público. Eso lo precipitó en un purgatorio de incertidumbres y temores constantes, que su naturaleza nerviosa fomentaba con negros fantasmas... no del todo imposibles, dadas las purgas a que Stalin era tan aficionado. Pero la presencia de un artista como aquél significaba mucho para el renombre cultural de la URSS, y al cabo de un tiempo —reconocimiento de “culpas” incluido— el compositor fue rehabilitado. En 1937 presentó una Sinfonía que se ajustaba a los gustos estéticos del régimen, obra que obtuvo rápida fama y fue objeto de aplauso general. Todos se sintieron felices.

...o casi. Shostakovich debía sobrevivir, y por eso se curvaba a los dictámenes oficiales, pero sobre todo quería ser fiel consigo mismo, y por eso escribía música que luego guardaba en sus cajones a la espera de tiempos mejores. Como desahogo se volcó a la sátira musical: puso sutiles “mensajes” encriptados en armonías, en secuencias de notas (sembraba acrónimos utilizando la nomenclatura anglosajona, es decir, dando una letra a cada nota), en juegos de atmósferas que chocaban de manera inesperada y hasta grotesca, al modo de Gustav Mahler, y recurrió a la frivolidad para disimular el desprecio. Este proceder escondía las claves de su íntima verdad. Sabía que la sutileza quedaba más allá del alcance de los censores que lo hostigaban, y que le pedían una obra política antes que musical. A ellos les ofrecía declaraciones públicas que mezclaban autocrítica y sumisión; al tiempo venidero, en cambio, legó su música. Tal suma de significados ocultos bajo capas de interpretación —que me recuerda la película Inception, de Christopher Nolan— revelan la brillante complejidad del gran músico ruso.

carátula Comparto con ustedes un disco de 1996 con la Orquesta Sinfónica Rusa, bajo la batuta de Mark Gorenstein, publicado con el título «Redemption». El librillo (no incluido aquí) menciona una frase de Shostakovich, recogida en su biografía «Testimonio»: «La mayoría de mis sinfonías son como lápidas. Demasiada de nuestra gente murió y fue enterrada en sitios que no conoce nadie, ni aun sus propios familiares. Por lo mismo, quise dedicar mi música a todas esas personas».

El registro arranca con la obra publicada en 1937 para dejar atrás la etapa experimental que sufrió peligrosas críticas. Se trata de la famosa Sinfonía nº 5 en Re menor, op.47, estrenada en Leningrado el 21 de noviembre de 1937 y uno de los títulos más populares del autor, quien le asignó el subtítulo «Respuesta creativa de un artista soviético a una crítica justa». Con él, parece acatar las reprimendas oficialistas; pero la pieza carga una fuerte emotividad y sentimiento trágico, disimulados con brochazos de ironía y de optimismo fácil en el bullicioso final.

En segundo lugar, el disco incluye la Sinfonía de Cámara para Orquesta de Cuerdas, que no es sino el Cuarteto para Cuerdas nº 8 transcrito a gran escala por Rudolf Barshai en 1960, arreglo que fue elogiado por el compositor mismo, a la sazón con 54 años de edad.

El cuarteto original fue escrito en tres días del año 1959, como reacción horrorizada ante las ruinas de Dresde, que Shostakovich visitó como parte de una delegación. La obra original incluye el texto «En memoria de las víctimas del fascismo y la guerra». Pero como era esperable, bajo ese significado oficial había otro: su propia muerte, y por ende, su propio réquiem. En la década de 1950 Shostakovich debió lamentar muertes cercanas que lo afectaron mucho y fue presionado a ingresar formalmente al PCUS, que tanto había evitado. Toda esta desazón la lleva al pentagrama: al término del cuarto movimiento, justo antes del finale, el compositor codifica su epitafio: «Torturado con dura esclavitud»...

Hoy, con la perspectiva de la historia, ese artista torturado es recordado con admiración incesante. Disfruten, pues, ambas sinfonías en el link inferior:


» D E S C A R G A

MP3 | 9 pistas | ABR 256 kbps 48 kHz | .7z 126,7 mb | Yandex

viernes, 21 de septiembre de 2012

Sibelius :: ANDANTE FESTIVO


Hay ciertas músicas en que la inspiración del compositor parece hallarse en «estado de gracia», por así decir. Tan elocuentes y conmovedoras llegan a ser. No se trata de páginas ambiciosas —al menos no necesariamente— sino de momentos de musicalidad pura, simples combinaciones armónicas, actos creativos sin alarde... pero capaces de sumergirnos de golpe en universos nuevos.

Hoy traigo una de estas páginas: el celebérrimo Andante festivo de Sibelius.


“A mis soledades voy…”

Hacia el año 1922 Jean Sibelius enmudecía como creador de grandes obras. Retirado a su finca campestre de “Ainola”, el brillante músico finés decidió “colgar la lira” y en vez de componer, abocarse a recorrer los bosques colindantes, escuchar radio durante horas, disfrutar los habanos, la compañía de su familia, los halagos de notabilidades y, a lo sumo, retocar obras previas. Pese a los anuncios de “inminentes” nuevos estrenos, lo cierto es que para entonces los títulos mayores de su producción habían sido publicados. Ninguno más se añadiría al catálogo. El mayor héroe cultural de Finlandia daba por cerrada su carrera.

Este silencio intriga a eruditos y aficionados. ¿Qué razones hacen desistir a un genio? En su momento, el gran Rossini abandonó intempestivamente la producción de óperas, abriendo un vacío que sólo vino a llenar Verdi años más tarde. Mi querido Brahms se retiró formalmente de la composición, y sólo volvió a escribir cuando el virtuosismo del clarinetista Mühlfeld le proveyó nueva inspiración.

Por su parte, Sibelius era un hombre contradictorio, unas veces jactancioso y soberbio, otras timorato e inseguro; con sus aptitudes renovaba tanto el lenguaje orquestal como las posibilidades de la sinfonía contemporánea; era un cantor de mitos ancestrales en una época que los había relegado, y evitó transitar la modernidad rupturista en pos de su propio concepto sonoro, ese que él mismo llamaba “agua pura de manantial”. Pero el manantial se secó y la voz del norte guardó silencio.

Murmullos de Ainola

Con todo, era un mutismo flexible. En su retiro Sibelius seguía recibiendo invitaciones y encomiendas. Algunas de ellas motivaron ciertos “murmullos” en forma de obras menores. Menores en escala, aclaremos, que no en calidad.

Justo antes de la Navidad de 1922, el médico Walter Parviainen propuso a nuestro artista la creación de una cantata festiva para celebrar los 25 años de los aserraderos y molinos de Säynätsalo. Sibelius no escribió música nueva, pero revisó sus apuntes y encontró una obra de pocas páginas, pensada para cuarteto de cuerdas y cuyos orígenes parecen remontar a un oratorio proyectado por él a principios del siglo XX, “Marjatta”. Ésta fue la pieza que ofreció a Parviainen... y supongo que esa circunstancia —la conmemoración en Säynätsalo— explica además el rótulo de festivo en una obra cuya cualidad emocional apunta más bien a una conmovida nostalgia.

El Andante festivo en su concepto original para cuarteto de cuerdas / fragmento del
2º día del Festival Sibelius 2011, organizado por la Sinfónica de Lahti


En 1929 contrajo matrimonio una nieta del compositor, Riita Sibelius, y el Andante Festivo sonó en la boda, esta vez ampliado a doble cuarteto de cuerdas. Puede que el compositor haya retocado entonces la obra, tan dado como era a revisar concienzudamente su producción.

Sibelius sentado junto a su aparato de radio / fotografía de Life (detalle)

En los años 30 del siglo pasado, el compositor se recreaba durante horas junto a su aparato de radio. Pero, como relata un sitio dedicado a la vida y obra del músico, “le molestaban los imperfectos parlantes de su tiempo, llevándolo a pensar que para la radio había que componer de forma distinta a como se hacía para la sala de conciertos. Esta idea la llevó a la práctica cuando su amigo Olin Downes, crítico del New York Times, le pidió dirigir una pieza musical que representara el saludo de Finlandia al mundo, durante una emisión radial destinada a celebrar la Feria Mundial de Nueva York [de 1939]. Sibelius, a la sazón con 73 años de edad, aceptó volver a empuñar la batuta tras un receso de más de una década. Preparó una versión del Andante festivo para orquesta de cuerdas y timbal con vistas a la transmisión por radio. Esa grabación es el único documento que existe de Sibelius en su faceta de director. El tempo elegido es solemne y bastante lento. La pieza fue grabada luego de ensayarla antes una sola vez.”

Desde el comienzo, el Andante festivo apela al registro más agudo de las cuerdas, en lo que se ha denominado a veces “sonido Lohengrin”. El ingreso de las secciones graves, apoyadas por el timbal, causa un efecto sencillo pero extraordinario de amplitud sonora. Se cuenta que tras aquel único ensayo previo a la grabación de la obra en 1939, el compositor hizo una sola observación significativa a los músicos: “toquen con más humanidad”. De aquí se desprende también el, digamos, espíritu de la pieza.

A continuación, como saludo de primavera y a un día del aniversario de la muerte de Sibelius (falleció un 20 de septiembre), les dejo algunas versiones de esta preciosa obra. Primero, Mariss Jansons y la Filarmónica de Oslo:


A continuación, la que dirigió Jean Sibelius en 1939, con una reforzada Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa:

lunes, 30 de julio de 2012

Obras para Orquesta de Cuerdas

L as cuerdas son prácticamente “el miembro fundador” de las agrupaciones musicales permanentes. Subrayo esto último, permanente, pues durante mucho tiempo la práctica instrumental a gran escala consistió en reunir la mayor cantidad posible de ejecutantes diversos a fin de hacerlos “sonar fuerte” al aire libre o en recintos ceremoniales. No faltó, cierto, el sentido común para buscar un mínimo de homogeneidad: no todos los instrumentos son cultivados por igual número de personas, y hay maneras preferibles a otras cuando se trata de combinarlos, o mejor dicho, de concertarlos.

Fue entonces también cuando los instrumentos de arco alcanzaron su «mayoría de edad» constructiva, su estándar clásico, gracias a geniales artesanos italianos, y con ello se impusieron en el escenario. Los varios registros (agudo, alto, medio, bajo) se dividieron en instrumentos específicos y el violín se alzó como el gran solista durante casi dos siglos, hasta la aparición del piano. La orquesta de cuerdas sólo fue admitiendo otros acompañantes muy paulatinamente, hasta que el mundo germánico irrumpió con su brillante aptitud para la música instrumental y para enriquecer la orquesta mediante nuevas sonoridades. Aun así la voz principal quedó a cargo de las cuerdas debido a sus virtudes: agilidad, fuerza y claridad melódica, combinadas con un timbre sumamente expresivo y lleno de matices.

La creación del Cuarteto de Cuerdas por parte de Haydn aseguró a esta familia un nicho musical que sigue perfectamente vigente. Al ampliar esa formación surgieron nuevas combinaciones —quinteto, sexteto, octeto, noneto…— oportunamente aprovechadas por los genios de turno. No nos extrañe, así, que la orquesta de cuerdas siguiera en activo incluso durante el apogeo de la multiplicadísima orquesta tardorromántica.

Hoy, amigos y amigas, comparto un disco con repertorio exclusivo de esa formación, representada aquí por The Helsinki Strings bajo la dirección de Csaba y Géza Szilvay.

    SchoenbergArnold Schönberg (1874-1951): »VERKLÄRTE NACHT« Op. 4 — arreglo para orquesta de cuerdas. Esta pieza en un solo movimiento, inicialmente concebida para sexteto de cuerdas, marca la madurez artística del futuro inventor de la dodecafonía. Aquí no ha roto aún con la tradición; se halla bajo influencia de Wagner, notoria en las armonías desgarradas que llegan a lo politonal, mientras cultiva un elaborado contrapunto inspirado en Brahms. En un primer momento la ejecución de esta obra fue rechazada, acusándola de sonar »como si alguien hubiera emborronado la partitura de Tristán e Isolda cuando la tinta estaba húmeda«. Schönberg toma título e inspiración de una poesía escrita por Richard Dehmel —compartida en este blog— en la cual una mujer confiesa al hombre que ama su embarazo de un amante anterior. La intención del compositor es sugerir estados emocionales y no desarrollar un argumento, aunque obedece sumariamente la línea del relato.

    SibeliusJean Sibelius (1865-1957): »ANDANTE FESTIVO«. Esta composición circunstancial data de 1922 y cierra el catálogo orquestal del gran sinfonista nórdico. Sin embargo, como ocurría siempre con Sibelius, la obra que conocemos hoy tuvo comienzos bastante diferentes. Para empezar, se trata de la reelaboración de material esbozado muchos años antes. Fue escrita para cuarteto de cuerdas; luego, en 1929, se la escuchó con doble cuarteto de cuerdas en el matrimonio de una nieta del compositor. Diez años más tarde, Sibelius preparó una versión ampliada a orquesta de cuerdas y timbal, la que dirigió personalmente para difusión radial en el año nuevo de 1939. Hubo sólo un ensayo previo, durante el cual el compositor manifestó a los músicos: »toquen con más humanidad«. Y si algo tiene esta emocionante página es, justamente, una profunda humanidad.

    ShostakovichDmitri Shostakóvich (1906-1975): »SINFONÍA DE CÁMARA PARA ORQUESTA DE CUERDAS« Op. 110a — arreglo del Octavo Cuarteto de Cuerdas. Tan rebosante de talento como de conflictos interiores, este genio ruso, uno de los mayores compositores del siglo pasado, vivió entre el beneplácito y la persecución del régimen soviético, siempre atento al provecho político que pudiera brindarle el talento de sus artistas. Temeroso y rebelde a la vez, Shostakovich desahoga en el pautado sus numerosas angustias y transforma la escritura musical en criptograma de sentimientos contradictorios, a menudo disimulados para sortear las censuras oficiales. Entre sus trabajos más personales figura el Cuarteto de cuerdas nº 8, compuesto en 1960 y dedicado »a las víctimas de la guerra y el fascismo«, tras visitar la todavía arruinada ciudad de Dresden. Pero al mismo tiempo abrigaba otra intención: ese cuarteto estaba concebido para ejecución póstuma... en memoria de sí mismo. La adaptación a orquesta de cuerdas fue realizada por Rudolf Barshai y aprobada por el compositor en persona.

    PucciniGiacomo Puccini (1858-1924). »I CRISANTEMI«. Si la obra anterior tenía una intención fúnebre encubierta, acá es declarada. El autor de famosas óperas como Madame Butterfly y La Bohéme casi no produjo obras en otro género, salvo un puñado de páginas instrumentales al inicio de su carrera; entre ellas está la miniatura que cierra nuestro repertorio, dedicada en 1890 a la memoria de Amadeo, Duque de Saboya. El título alude la flor que alegraba las tumbas en el Día de Difuntos.
Amigos, amigas, les dejo este disco para que lo disfruten:

» D E S C A R G A

MP3 VBR ~ 224 kbps | scans | 8 tracks | RAR 109,4 mb


Y como “bonus” una famosa obra para orquesta de cuerdas… escrita en el siglo XX: Palladio del compositor inglés Karl Jenkins:

miércoles, 11 de julio de 2012

SONES del CÁUCASO

Niño músico en Georgia
Un pequeño músico georgiano junto a instrumentos típicos / foto: Jemal Kasradze

Cuentan los mitos griegos que Zeus encadenó al rebelde titán Prometeo en las montañas del Cáucaso, tras robar el fuego para los mortales. Otra leyenda sitúa el origen de los pueblos que lo habitan en Caucas, bisnieto de Noé. Es que el escenario natural y la larga historia escrita en esa región clama por grandeza; situada entre el Mar Negro y el Mar Caspio, es allá donde se produce el encuentro de dos continentes, Europa del Este con Asia Occidental.

Como apunta la Wikipedia, “se trata de una región con una dilatada historia, por la que han pasado gran variedad de pueblos y civilizaciones, que se reflejan en su actual composición étnica, religiosa y lingüística”. Historia variada, sí, como también conflictiva y dolorosa en más de una ocasión, particularmente para el pueblo armenio. Tal oposición de mundos sacudiendo un mismo lugar recuerda un poco la inquieta diversidad cultural de los Balcanes.

La música del Cáucaso delata influencias occidentales y orientales, aunque podría decir que estas últimas marcan más. Durante el siglo pasado gran parte del Cáucaso cayó bajo jurisdicción de la URSS. Lo restante fue a parar a manos de Turquía y Persia (luego Irán). En el terreno creativo, los músicos procedentes de los países sovietizados de la región —Georgia, Armenia, Azerbaiyán...— debían acatar la doctrinas estéticas oficiales o exponerse a las mismas penurias de sus colegas de cualquier procedencia. Por ejemplo, entre los músicos soviéticos con mayor repercusión internacional figuró un eminente compositor georgiano de padre armenio, Aram Jachaturián, cuyas obras, especialmente sus ballets, marcaron época... sin que ello le librara de ser acusado en 1948 por el Comité Central del Partido de “tendencias burguesas y antirrevolucionarias”. Afortunadamente las consecuencias de su “falta” no fueron demasiado trágicas para el compositor...

Shostakovich, Prokofiev, Jachaturián

Tres grandes de la música rusa posan juntos en 1940: Prokofiev, Shostakovich y Jachaturián

Es interesante aludir a Jachaturián ya que en su música se prolongó la vertiente para unos oriental, para otros exótica que había aportado a la Escuela Rusa Aleksandr Borodín… descendiente directo de un príncipe del Cáucaso, Luká Gedevanishvili. A pesar de su breve obra y su muerte fulminante, la influencia de Borodín fue perdurable, abriendo un nicho a los creadores caucasianos. Entre éstos, aparte del citado Jachaturián, se cuentan el muy galardonado Fikret Amirov, nativo de Azerbaiyán; los georgianos Sulján Tsintsadze y su tocayo Sulján Nasidze; o los armenios Sergei Zajárovich Aslamazyan y Alexander Grigori Arutiunyan.

De todos ellos —salvo Jachaturián— se incluyen obras en el registro que les comparto hoy, «Impresiones del Cáucaso», a cargo de la Orquesta de Cámara del Cáucaso dirigida por Uwe Berkemer. Es música a la vez exótica y moderna, alternando el lenguaje de las vanguardias del siglo XX con resonancias nítidas del folklore. Además, con la particularidad instrumental de ser todas composiciones escritas para orquesta de cuerdas.

¡Disfrútenlo!

Bailarinas armenias en París Ballet Folklórico del Cáucaso en París, 1960 / foto: Studio Boris Lipnitzki
aquí

mp3 VBR ~ 224 kbps | 18 tracks | .rar 115 MB | Yandex

sábado, 9 de enero de 2010

HÄNDEL-HALVORSEN: PASSACAGLIA

Halvorsen Julia Fischer Daniel Müller-Schott

Fischer y Müller-Schott , los intérpretes de cuerda quizá más brillantes de la joven escena musical de Alemania, derrochan talento arriba del escenario en la Passacaglia que Johan Halvorsen reescribió en 1897 a partir de Händel. Un verdadero coqueteo entre el violín y el violoncello. De los ejecutantes no diré más, porque este blog no se mete en la vida de nadie...


 
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