lunes, 30 de mayo de 2011
A PROPÓSITO DEL ASOMBRO...
sábado, 14 de noviembre de 2009
MCFERRIN CANTA A BACH
El hombre de la voz de oro. Porque, si bien las “voces negras” son legendarias, pisoteando cualquier estúpido racismo… no creo que haya humano con la capacidad vocal de Bobby McFerrin. Abajo, su inspirada interpretación del Aria de la Suite Orquestal nº 3 de Bach, para mi gusto una de las composiciones más asombrosas, perfectas e irrepetibles que se hayan conocido en este mundo. Y en cualquier otro.
Imposible no recordar a Goethe, para quien Bach “evoca a la Eterna Armonía hablando consigo misma, como debió ser poco antes de la creación del mundo”. Esa cualidad intemporal queda acentuada, al lado de McFerrin, por la versión “histórica” de Ton Koopman junto a la Orquesta Barroca de Amsterdam.
(Insisto en lo dicho en otra parte: los clásicos no mueren.)
domingo, 18 de octubre de 2009
EL HOMBRE DE LA VOZ DE ORO

Robert McFerrin, más conocido como Bobby McFerrin, nació en Manhattan, Nueva York, el 11 de marzo de 1950. Cantante “a capella” (estilo musical caracterizado por utilizar únicamente la voz para generar los sonidos de la melodía y la armonía), estuvo, inicialmente, asociado al jazz. Y además, cosa que pocos saben, es director de orquesta. Ha conseguido, hasta ahora, diez Grammys.
Estudió piano desde la infancia y pronto se subió a los escenarios, pues tiene además un notable sentido del ritmo, con una facilidad extrema para asimilar cualquier estilo, género o tradición musical y un gran sentido del humor y del espectáculo.
Su primer gran éxito Don't Worry, Be Happy, que formaba parte de banda sonora de la película Cocktail (Roger Donaldson, 1988), protagonizada por Bryan Brown, Elisabeth Shue y Tom Cruise, fue número 1 en las listas de Estados Unidos, lanzándole al estrellato.
Ha colaborado asiduamente con solistas de la talla de los pianistas de jazz Chick Corea y Herbie Hancock, el violonchelista Yo-Yo Ma, y con la Saint Paul Chamber Orchestra.Es célebre por tener un registro vocal de cuatro octavas (mientras que la mayoría de los mortales sólo tenemos una octava y media), por dominar el scat (técnica de improvisación vocal en jazz, generalmente con palabras y sílabas sin sentido, convirtiendo la voz en un instrumento más [skoobie-doobie, bee-bop-a-lula, boop-boop-a-doop, etc.]), y por su habilidad para usar la voz para crear efectos de sonido, como su recreación de un bajo sobresaturado, que logra cantando y golpeando suavemente su pecho.
Hoy os presentamos su segundo gran trabajo, un disco que no puede faltar en ninguna colección que se precie, THE VOICE (Elektra Records, 1984). En él, BOBBY MCFERRIN exhibe sus espectaculares dotes como vocalista dominador del scat, su registro asombrosamente amplio, su facilidad para pasar de una nota profundamente grave a su altísimo sobreagudo falsete, dando así la sensación de que estamos escuchando a varios cantantes a la vez, casi como si fuese el resultado de un cuarteto formado por un bajo, un tenor, una contralto y una soprano.
BOBBY MCFERRIN aprovecha estas privilegiadas cualidades para simular el canto a varias voces, pues él mismo desarrolla la melodía y el acompañamiento, y lo hace tan bien y tan rápidamente que realmente parece la grabación de varios vocalistas.
Encantador, impresionante y mágico. Y en directo. Salud, paz y una sonrisa para BOBBY MCFERRIN por favor. ¡Y AHORA, A DISFRUTAR!
> Bobby McFerrin - THE VOICEMP3 • VBR • 62,5 MB
lunes, 1 de junio de 2009
EL GRAN QUASTHOFF
Hace ya bastante tiempo que me sorprendió cierta voz de bajo-barítono alemán, oída casualmente en una versión del Oratorio de Navidad, de Bach. Cantaba un aria para bajo y trompeta (‘Grosser Herrn’) que me pareció servida de manera perfecta, y lo digo habiéndola comparado con otras versiones.
Tanto la voz del cantante como su potencia y capacidad de interpretación merecían los mayores elogios (un bajo envolvente y unos agudos preciosos, un amplio abanico de matices y el tino para elegirlos). Desde entonces recordé el nombre: Thomas Quasthoff.
Pocos años más tarde, con el nombre en la cabeza, me puse a buscar la imagen de este señor. Esperaba a un gran alemán, de esos con aspecto inteligente y vital (al estilo Fischer-Dieskau)... y me llevé una violenta sorpresa. Era un hombre deforme.
Había sido una de las tantas víctimas del fármaco “talidomida”, que durante años se distribuyó en Europa a las embarazadas como sedante. Pero causaba focomelia, o sea, la ausencia o excesiva cortedad de los miembros. Quasthoff padece esta malformación. En sus propias palabras, “1 metro 34 de altura, brazos cortos, siete dedos (cuatro derechos, tres izquierdos), cabeza grande y relativamente bien formada, ojos castaños, labios prominentes. Profesión: cantante”.
Y sin embargo ... ¡qué voz, señores, qué voz! Derrotando las crueldades farmacéuticas, este alemán se ha convertido en uno de los maestros de la cuerda de bajo en la actualidad. Pocos cantan tan bien, con tanta alegría, tanta sabiduría, tanto gusto.
Bien, eso fue la presentación sumaria.
Ahora dejo con Uds. a Herr Quasthoff.
An Schwager Kronos (A Cronos el Cochero) / Arreglo orquestal de Brahms
Sobre este Lied he encontrado la oportuna explicación de Hyalmar Blixen:
En algunos casos, la nota grave, sombría, se aúna de paso, en un mismo lied, a frases que contrastan por ser justamente expresiones antagónicas, como en el poema, también de Goethe, «Al postillón Cronos» (An Schwager Kronos) de 1816. Allí —expresa Theodore Gerold— «hallamos una nueva nota; el tono lúgubre que predomina en los dos trozos precedentes ha dado pasos a motivos plenos de una alegre audacia y de una sana energía. Nuevamente el papel descriptivo de la música está aquí reciamente acentuado. La idea fundamental del poema: el deseo de efectuar rápida y enérgicamente la carrera al abismo, hacia el cual nos arrastra el Tiempo, está expresada mediante ritmos plásticos. El motivo del "trote ruidoso" predomina durante toda la primera parte y retorna dos veces todavía, enlazándose, al final, al del cornetín del postillón. La estrofa idílica y lírica del medio forma un encantador contraste con el principio y el fin del trozo, más rudos y más realistas. Creo que domina, en canciones de este tipo, algo de la tremenda ironía de algunos grabados de Holbein, que una vez vistos no pueden ser olvidados».
Winterreise: Auf dem Flusse / Daniel Barenboim, piano
- - - - - - - - - -
R E C O M E N D A D O S


