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jueves, 30 de septiembre de 2021

Mahler · Canciones a los niños muertos

kindertotenlieder
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MP3 CBR 224 kbps | 5 Tracks | .7z 44,63 MB

viernes, 27 de diciembre de 2019

MAHLER por Haitink (Conciertos de Navidad para Eurovisión)

Gustav Mahler Gustav Mahler en el estreno austríaco de «Salomé», ópera de Richard Strauss (1906)

Un inusual repertorio navideño fue propuesto por Eurovisión para conciertos ofrecidos a lo largo de la década 1977-1987. Conciertos grabados en vivo por Radio Nederland con la majestuosa Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam y su director titular, Bernard Haitink, interpretando sinfonías y lieder orquestales de Gustav Mahler.

La calidad de la toma de sonido es intachable, capturando cierta espontaneidad de Haitink en este repertorio que supera (en mi opinión) a sus versiones de estudio.

Aquí les dejo pues, como regalo de Navidad, una selección de esos conciertos:


Las Kerstmatinees (Matinés navideñas) incluyeron las 9 sinfonías de Mahler —repartidas a lo largo de los años, como dijimos— y dos ciclos de lieder orquestales. Las grabaciones corrieron por cuenta de Radio Nederland, que realizó un trabajo memorable. Los discos fueron editados por el sello Philips para el mercado holandés. Extraña que estas joyas no se hayan reeditado aún (que yo sepa).

En esta ocasión les ofrezco las Sinfonías nº 5 en Do sostenido menor y nº 7 en Mi menor «Canción de la Noche», junto a las Canciones del Camarada Errante y cuatro canciones del Cuerno Mágico de la Juventud, en voz del barítono inglés Benjamin Luxon.

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MP3 y M4A CBR · 192 kbps · 44 kHz | .7z 256 MB | Yandex.ru

viernes, 25 de octubre de 2013

MAHLER: Sinfonía nº 4 en Sol mayor (reducción de Erwin Stein para conjunto de cámara)

Mahler juvenil
VOLVEMOS CON LOS MUCHACHOS DE VIENA, es decir, la “Sociedad de Conciertos Privados” (Verein für musikalische Privataufführungen) que fundara Arnold Schönberg para interpretar la música de avanzada. Uno de los discípulos del maestro, Erwin Stein, preparó una reducción de la Sinfonía nº 4 en Sol mayor de Gustav Mahler para un contingente instrumental mínimo. La sinfonía, así reducida a su estructura elemental, podía ser apreciada analíticamente por ese público inusual de compositores y músicos de oficio; aparte, en una época sin nuestros medios para reproducir el sonido, aquella solución cumplía una finalidad práctica: permitir la audición de música.

Ya que en un post reciente les compartí sinfonías de Mahler en reducción para piano a cuatro manos, sigamos en esa estela. La transcripción de Erwin Stein, bajo la atenta orientación de Schönberg, hace rendir de manera ejemplar el puñado de instrumentos elegidos y además —como apunta la excelente crítica de Anne Ozorio— deja aflorar el carácter ingrávido y juguetón de la sinfonía, sin renunciar con ello a la penumbra o la profundidad tan propias de su autor. Stein tuvo algo a su favor: una sinfonía cuya instrumentación original coquetea a menudo con la música de cámara, aligerando texturas, concediendo episodios solistas a algunos instrumentos o dándose a fragmentar la orquesta sinfónica en “orquestinas” que ora entrechochan, ora colaboran.

Schubert MackerrasSINFONÍA nº 4 en Sol mayor, por la THOMAS CHRISTIAN ENSEMBLE y la soprano Christiane Oelze — Este registro ha sido aplaudido como una de las mejores lecturas de esta «versión de cámara» preparada por Stein. La voz cristalina de la soprano añade una fascinación especial al último movimiento, ese que mira el cielo desde los ojos de un niño (canción que proviene de ese cantero popular llamado «Cuerno Mágico de la Juventud», tan importante en la obra del compositor). Ya el justamente célebre movimiento lento, «Ruhevoll», está imbuido de evocación: Mahler confesó cierta vez a su amigo Bruno Walter que al escribirlo, recordaba las estatuas de santos medievales, con sus sonrisas y su actitud contemplativa, ajena a este mundo.

Notre-Dame de Auteil

¡Disfruten la obra en el link bajo estas líneas, y tengan un muy buen fin de semana!
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MP3 CBR 256 kbps | 4 tracks | RAR 102 MB

miércoles, 16 de octubre de 2013

MAHLER : Sinfonías nº 6 «Trágica» y nº 7 «Canción de la Noche» en arreglo para piano a 4 manos


Hoy les comparto dos ambiciosas transcripciones al piano. Sinfonías de Mahler, nada menos, ¡todo un desafío! Pues quien pretenda reducirlas se enfrentará a un autor que ambicionó contener mundos enteros en sus pentagramas — y podemos concordar en que lo consiguió. Sus obras expandieron los límites formales, instrumentales, conceptuales hasta entonces conocidos, aproximándose como ninguno antes de él al quiebre de la tonalidad. La rica vestidura instrumental es a menudo consustancial a la propia exposición de ideas (como sus elecciones de instrumentos “raros” en varias sinfonías: cencerros, látigo, martillos...).

Con todo, un creador de la talla de Gustav Mahler es poliédrico, siempre nos reserva sorpresas. En este caso, abordado bajo el enfoque de la reducción pianística, sucede algo parecido a las fotografías monocromáticas (sepia o blanco y negro), en las cuales la ausencia de color intensifica de algún modo la expresividad. Sin duda que estas transcripciones nunca jamás desplazarán los suculentos originales sinfónicos —y realmente poquísimas transcripciones pueden jactarse de equiparar o hasta superar su modelo— pero son útiles para profundizar en ellas, o mejor, para zambullirse en la mente de su creador. En este caso, siendo Mahler un brillante pianista en su juventud, es probable que el teclado “se infiltre” en su manera de pensar la música.

carátula

A continuación les comparto la Sinfonía nº 6 en La menor, «Trágica» (1903-1904), en reducción para piano a 4 manos de Zemlinsky, y la Sinfonía nº 7 en Mi menor, «Canción de la Noche» (1904-1905), adaptada para los mismos medios por el maestro italiano Alfredo Casella.

Mahler había iniciado desde 1901 otra andadura artística, renunciando al uso de «barandas» tomadas de la literatura para explicitar sus intenciones. En este período netamente instrumental escribió tres sinfonías sin canciones ni voz humana: la Quinta, Sexta y Séptima. No obstante, dos de ellas llevan subtítulos a modo de ambigua pista de interpretación; son estas dos obras, complejas y de popularidad esquiva, las elegidas para el repertorio de hoy por las pianistas alemanas Silvia Zenker y Evelinde Trenkner.

La Sexta es llamada Trágica no sólo por su tonalidad, sus desgarros típicamente mahlerianos o su escritura tensa e intrincada, sino por su conclusión única, funesta, hasta nihilista, donde no cabe la habitual victoria o trascendencia que el compositor apuntó en todas las demás sinfonías.

La Séptima guarda otras complejidades. Es la menos popular pero probablemente la más debatida de las sinfonías compuestas por Mahler. Consta de cinco movimientos, dos de ellos (segundo y cuarto) compuestos primero y denominados Nachtmusiken (“músicas nocturnas”). Su estructura es quizá la menos equilibrada y definitivamente no ofrece unidad de inspiración, pero también es la de lenguaje más “modernista”, corre más riesgos y los vence muy bien. El compositor albergó muchas dudas durante la escritura de esta pieza, alternó la disposición de sus movimientos interiores, corrigió la orquestación, y al dirigir su estreno sólo obtuvo del auditorio una educada tibieza.

Para mí fue la primera sinfonía de Mahler que oí conscientemente (no en este arreglo, claro) y por eso, me atrae. La adaptación al piano de Alfredo Masella —músico extraordinario que comienza a ser redescubierto—, aunque menos efectiva que la anterior, no deja de ser un deleite para quienes aprecien la literatura pianística.

Queridos amigos, disfruten:

Fragmento de la Sinfonía nº 7, “Canción de la Noche”
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MP3 VBR - 44 kHz | 9 tracks | RAR 178,4 MB | mega

viernes, 11 de noviembre de 2011

MAHLER / 4ª Sinfonía / Bruno WALTER

Ahora el segundo disco de los «Archivos Bruno Walter» con la Cuarta Sinfonía de Gustav Mahler junto a la Filarmónica de Viena y la distinguida soprano Irmgard Seefried, cuya espontaneidad la destinó como «antítesis» involuntaria de la maravillosa (y analítica) Elisabeth Schwarzkopf.

La Cuarta de Mahler es una obra difícil de abordar por la amalgama de ternura, sarcasmo, desgarro y pacífica inocencia que logra conjurar en ella el compositor. Para Walter, esta sinfonía era un “cuento de hadas” que transformaba el poderío y turbulencia de las sinfonías precedentes en etérea ligereza. No obstante, tras la dulzura acecha la tragedia, como siempre ocurre en Mahler. El precioso movimiento lento, Ruhevoll, tiene cierta elevación metafísica, y el final es una ingenua visión del Cielo desde ojos infantiles, según texto tomado de la antología Des Knaben Wunderhorn.

Disfruten esta grabación live del 25 de Agosto de 1950, con Bruno Walter, la Wiener Philharmoniker e Ingmar Seefried...

aquí

mp3 | VBR ~ 224 kbps | 4 tracks | .rar 88 MB | folleto escaneado| 4shared


Mahler en Praga (1908)

Gustav Mahler paseando con amigos en Praga, 1908

miércoles, 6 de julio de 2011

Como hoy, hace dos años

Kittelsen
«Castillo de Soria Moria» (1900)
Theodor Kittelsen


Su memoria es ineludible para muchas personas: ese carácter irascible, tremebundo, esa prontitud a la porteña para barrer con quien le disgustara, ese corazón ancho donde rápidamente acomodaba a sus amigos, esa devoción por Mahler, ese fervor por la belleza allá donde pudiera haberla —en una obra musical, en una mujer, en una pieza literaria, en una conversación—, esa energía que parecía inagotable, con la cual espoleaba jocosamente a sus colaboradores cuando no le llevábamos el ritmo... Todo eso se nos fue un día 26 de junio hace dos años, tras un fatídico derrame cerebral. Hablo, desde luego, de Gabriel “el Cuervo” López, que pasó por la Internet como un huracán, y en memoria del cual habrán encontrado más de un homenaje en estos días, en páginas de amigos suyos que siguen recordándole con terco cariño, a despecho del tiempo.

Pues bien, fui uno de esos amigos. Y tengo la fortuna de seguir vinculado a bastantes otros más que conocí en el blog de Gabriel. Él mismo, orgulloso de esa activa concurrencia, llegó a soñar una cita colectiva en Buenos Aires, proyecto que la muerte impidió. Quizá la falta de una relación personal con él, en carne y hueso, multiplicó el impacto que me provocó el término de su blog. Era del todo previsible. Tenía que suceder. Pero, habiéndome habituado al lazo “virtual”, el final de su página, de su “hábitat”, fue para mí el definitivo final, el momento en que comprobé el significado de su ausencia.

Por eso esta vez elegí recordarlo, no en su exacta fecha necrológica, 26 de junio, sino cuando cesaron oficialmente las publicaciones de su blog, el 6 de julio. Un día como hoy, hace dos años.


Pero no hay membranza justa de Gabriel sin música de Mahler. Así, publico hoy un registro de la Sexta Sinfonía, »Trágica«, en La menor. ¿Qué puede haber en esta obra para merecer esa denominación, cuando la producción entera de Mahler transcurre bajo el signo de lo trágico? Que esta Sinfonía representa una confrontación con la Muerte, en la cual ésta acabará por triunfar: el Finale concluye de manera violenta, dramática, a diferencia de todas las otras sinfonías del maestro bohemo. Compuesta entre 1903 y 1904, la Sexta es una obra compleja y pesimista —aunque hiciera rebosar de gozo a Berg y Webern tras la primera audición— que distona con las felices circunstancias existenciales del compositor al momento de escribirla. La disposición de los movimientos “interiores”, un Andante y un Scherzo, causó algunas vacilaciones en el compositor, quien los intercambió varias veces hasta dejarlos al fin según el plan inicial, esto es, con el Scherzo como tercer movimiento. Fue motivo de burlas el interés de Mahler por explorar instrumentos nunca antes usados en una sinfonía, sobre todo en el ámbito de la percusión: celesta, xilófono, látigo, martillo (Hammerschlag), cencerros...


Carátula del discoDisfruten esta Sexta —en el decir de Berg “la única Sexta, a pesar de la Pastoral”— en versión del extraordinario Iván Fischer y la Orquesta Festival de Budapest, a quienes cuento entre mis equipos musicales favoritos.

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MP3 VBR | 48kHz | 4 tracks | scans | RAR 131,1 MB


miércoles, 18 de mayo de 2011

100 años de MAHLER



Hace 100 años remontó el vuelo uno de los músicos fundamentales de nuestra historia occidental, y por supuesto, de este blog: Gustav Mahler. Imposible reducir a una sola línea el estallido de emociones, tensiones y satisfacciones suscitadas por la música intensa, desorbitada de aquel hombre que quiso crear mundos y los llamó sinfonías. Ese judío sufrido y tenaz en quien parecen resumidas las perplejidades de todo un siglo, ese artista belicoso que un día advirtiera “mi tiempo aún no ha llegado”, hoy puede estar seguro de haber calado hondo en el corazón de miles.

¡A la salud de Mahler, y cómo no, de mis queridos amigos, los presentes y los ausentes, con quienes me reunió la admiración hacia este músico!

  • En homenaje a la figura de Mahler en el centésimo aniversario de su muerte, comparto con ustedes dos transcripciones corales de obras suyas, en versión del coro Accentus dirigido por Laurence Equilbey:

Ich bin der Welt abhanden gekommen (Rückert-Lieder nº 3)
Kein deutscher Himmel (Adagietto de la Sinf. nº 5)

Tumba de Gustav Mahler

viernes, 5 de noviembre de 2010

MAHLER :: SINFONÍA nº 2 {formato WMA alta definición}



El año pasado compartí con Uds. la Sinfonía núm. 2, “Resurrección”, de Mahler, en el día de Todos los Santos. La versión, no fácilmente asequible, es magnífica. En ella el director Oleg Caetani comanda la Filarmónica “Robert Schumann” de Chemnitz (una orquesta centenaria y de primer nivel) junto a coros y solistas vocales para firmar una interpretación que, sin desbancar a las grandes referencias de esta obra (Walter, Klemperer, Bernstein, etc.), sí se impone sobre muchas otras por su musicalidad, calidad sonora y compenetración.

Aquella vez subí este disco en formato MP3, hoy se los obsequio en formato WMA, con 96 kHz y 24 bit. (Para usuarios de iPod o iPhone, el programa de reproducción iTunes les permite convertir el formato a AAC, para que puedan escucharlo en esos aparatos.)

Va con tapas escaneadas y texto en español de las partes cantadas. Disfruten la poderosa música de Gustav Mahler...
aquí

domingo, 14 de febrero de 2010

MAHLER: ADAGIETTO de la QUINTA (en versión coral)

Hoy es San Valentín y no lo pasaré por alto. Si de amor se trata, Gustav Mahler plasmó en música el que sentía por su joven mujer, Alma. Ella fue la inspiración del célebre movimiento lento de su Quinta Sinfonía, ese Adagietto etéreo, tierno, luminoso que ha hecho carrera propia.

Todavía recuerdo cómo interioricé esa famosa página mahleriana. Años atrás visitaba la biblioteca del Goethe-Institut de Santiago. Perdido en la lectura de unos álbumes sobre volkslieder, no entendí al principio por qué me estaba sintiendo inquieto. Mi lectura se hacía difícil, y es que mi concentración había comenzado a desprenderse del libro. Al lado del salón de lectura había una sala audiovisual y alguien estaba probando una película, que en ese momento se reducía a una secuencia sonora. Música, nada más que música, convertida en fuerza desequilibrante. Me acomodé innumerables veces en la silla, hundí la cabeza en el libro, me tapé los oídos... hasta que admití que aquello era superior a mí. La magnífica composición desconocida se filtraba suavemente en el silencio de la sala, modulando las armonías con una mezcla de ternura y tensión. Me puse de pie y fui a la sala contigua. Estaba vacía y al mismo tiempo, llena. La composición alcanzaba el punto culminante, y en la pantalla del fondo se proyectaba un hombre muriendo mientras contemplaba Venecia. Claro que sí, era la película de Visconti, y entonces adiviné que aquella maravilla era el Adagietto de la Quinta. Tuve la piel erizada mucho tiempo más.

Con Uds. comparto hoy esta pieza pero bajo un enfoque renovador: transcripción a capella. La agrupación rusa “Yaroslaviya” (Philharmonic Choral Сappella Yaroslaviya) es una orquesta de voces, y con esa capacidad ofrecen una transcripción coral de esta obra mahleriana. Perdámonos en la ternura apasionada que contienen los compases de esta obra…

Góndolas

viernes, 13 de noviembre de 2009

De Vida, Muerte y Resurrección

La cita entre muerte y bienaventuranza que señala el fin de octubre y el comienzo de noviembre atrae, por “resonancia armónica”, una serie de imágenes y sugerencias. Me pareció adecuado que este mes el blog iniciara a tono con la época.

El ciclo de vida, muerte y renacimiento ha atrapado la imaginación de todos los hombres ya sea contemplando, los más sencillos, el paso de las estaciones o especulando, los más inquietos, sobre la región desconocida más allá de la evidencia material. Unos y otros caminan, quizá sin saberlo, en los linderos del absoluto.

macabro libro de horasEl Romanticismo europeo tomó algo de la mirada simbolista de los medievales —con su inmarchitable Dies Iræ o las Danzas Macabras del siglo XIV— cuando hizo de la muerte uno de sus temas recurrentes; pero, si las misas de réquiem compuestas entonces fueron memorables, muchas otras formas musicales plasmaron también esta curiosa “atracción fatal”.

Dos compositores que escribían música sin concesiones, de esa que se ama o se odia, se sintieron muy inspirados por esta temática: Mahler y Músorgsky. Sus enfoques incorporan rasgos modernos (desgarro, desolación, duda), precediendo en el terreno musical la expresividad y hondura conseguida por Bergman en aquella pieza magistral del cine que es El Séptimo Sello.

La Muerte juega ajedrez

Cantos y Danzas de la Muerte

MussorgskyPodríamos decir que Modest Músorgsky “se queda en octubre”, en Todos los Difuntos. Su asunto es la muerte propiamente tal, descrita con su áspera y tierna expresividad, basándose en poemas de su pariente, el Conde Arsenio Golenishtchev-Kutusov, a los que inicialmente proyectó como un ciclo de cinco canciones bajo el título Danza Macabra, y que a la postre acabaron siendo cuatro con el nombre unitario de Cantos y Danzas de la Muerte, obra maestra de la canción artística rusa. El compositor procura acomodarse a las inflexiones de la palabra hablada, calando en los poemas con enorme sensibilidad. Esta virtud plantea, sin embargo, una exigencia: conocer los poemas, leerlos si es posible a medida que seguimos la música. Las cuatro piezas, escritas para voz y piano, tentaron la mano orquestadora de otros músicos (las creaciones de Músorgsky tienen una insólita capacidad de “reencarnación”). Así fue como Rimsky-Korsakov, Glazunov o Shostakovich llevaron las canciones al ámbito orquestal, convirtiéndolas en algo parecido a los lieder sinfónicos centroeuropeos.

Precisamente así las conocerán hoy: orquestadas por Shostakovich, cantadas por el barítono Sergei Leiferkus junto a la Royal Philharmonic, dirigidos todos por Yuri Temirkanov. Va con tapas y traducción, AQUÍ.

Una Sinfonía de Vida Eterna

Mahler nos lleva al 1º de noviembre con la Sinfonía número 2, “Resurrección”, cuyo asunto es la muerte trascendida. La aguzada sensibilidad espiritual del gran músico judío lo empujó a usar el lenguaje musical como medio de abrir la realidad a esferas más altas (en el proceso estrangulaba anímicamente a su entorno, pero eso es un detalle...). La gestación de esta obra monumental conoció bastantes tropiezos, incluyendo la dura reprobación de Hans von Bülow en un episodio que recuerda la entrevista de Hans Rott con Brahms. Mahler sufrió un atasco creativo que sólo se resolvió en los funerales de Bülow no mucho después; mientras el coro fúnebre entonaba un poema de Gottlieb Klopstock titulado “Resurrección”, Mahler recibía una inspiración violenta que lo hizo ponerse a trabajar apenas volvió a casa. De la muerte, nueva vida: esta sinfonía.

carátula del disco

Comparto con ustedes una versión de lujo, difícil de encontrar: Oleg Caetani (hijo de Igor Markevitch) con la Filarmónica “Robert Schumann” de Chemnitz (Alemania):

• MP3 (320 kbps, 48 kHz) [AQUÍ]

Van con tapas, libreto y texto en español de las partes cantadas.

Esta sinfonía goza de documentadas exégesis en la Red, por lo que no viene al caso intentar otra más aquí. Me limito a recomendarles tres fuentes interesantes:

sábado, 18 de julio de 2009

BACH a la Carta

Bach monumento Eisenach

Concierto frente al monumento a Bach en Eisenach, 1954

En los últimos años de su vida, Bach experimentó la doble oscuridad de la ceguera abrupta y la distancia de las audiencias. Su legado extraordinario durmió el sueño de las crisálidas para emerger otra vez, radiante, a principios del siglo XIX. Considerado desde entonces uno de los músicos más grandes que haya dado la Humanidad, Bach ha ejercido influencia palpable en todos los órdenes de la creación musical.

Una figura tan descollante concita homenajes, más aún en ese arte de entusiastas que es la música. Pero a veces los tributos pueden volverse controversiales; tal es el apartado de las transcripciones de sus obras. Las famosas acometidas de Stokowski en este terreno, por ejemplo, recibieron por igual el aprecio del público y el desprecio de la crítica. Ese Bach heterodoxo, posrromántico, alcanzaba la cima de su popularidad a mediados del pasado siglo en la genial “Fantasía”, de Walt Disney, película que inicia con la Toccata y Fuga en transcripción stokowskiana para ilustrar el concepto de música abstracta. Cualquier amante de la música recordará esa secuencia inolvidable:

Con todo, Stokowski no fue el primero en prestar esta clase de servicios a Bach (ni mucho menos fue el primer músico en realizar estas prácticas con un ilustre colega). Schönberg, Reger, Busoni, Rachmaninov o Mahler, para citar sólo algunos, también hicieron sus pinitos retocando al maestro de Eisenach. Cabe preguntarse incluso cuál Bach resucitó en la batuta de Mendelssohn aquel memorable 11 de marzo de 1824, con la Pasión de San Mateo. Casi doy por hecho que fue una versión aggiornata.

Les invito a explorar arreglos orquestales del arte de Bach: una suite reelaborada por Mahler y cuatro piezas de Bach-Stokowski, “Bachowski”.

  • Para las DESCARGAS, pinchar sobre las FOTOS
BACH/MAHLER: SUITE PARA ÓRGANO, CLAVECÍN Y ORQUESTA

El arreglo que Mahler efectuó sobre Bach, contra lo que cabría esperar, fue muy poco invasivo. Sus “originalidades” consistieron en formar una suite con piezas tomadas de dos fuentes distintas, reescribir y ampliar la parte del continuo adjudicada al teclado (clavecín), doblar la línea del bajo con nuevos instrumentos (órgano, fagot, etc.) para realzar su diseño y color, y permitirse esporádicos detalles como las cuerdas pellizcadas en la Badinerie o el brillo ocasional de los metales. Nada más. Aquí está la interpretación de Esa-Pekka Salonen y la Filarmónica de Los Ángeles. Para que no se pierdan nada, les entrego archivos WMA lossless, y a 24-bits.


BACH/STOKOWSKI: 4 PIEZAS ORQUESTALES

Stokowski sí que fue invasivo. Le viene bien aquella expresión italiana, Traduttore tradittore. Hizo transcripciones que conservaron las ideas de Bach pero no su estética. La presencia del director/arreglista compite desmedidamente con la del creador, empujándolo a una vorágine de esplendor sonoro según los cánones del posrromanticismo. Sin embargo... ¡cuántas veces me quedé embelesado con estas versiones! No hay que morder la mano que alimenta, dicen, y en este caso tampoco la que dirige. Mejor disfrutemos estas 4 piezas orquestales a partir de Bach, grabadas en 1974 por un ya anciano pero enérgico Stokowski junto a la Sinfónica de Londres. Archivos WMA de alta calidad.

lunes, 13 de julio de 2009

EL CAMARADA ERRANTE. Baker & Barbirolli

Vuelvo a la carga con el Camarada Errante. Indudable favoritismo de parte mía, lo admito; es que estas cuatro canciones orquestales me calan hasta la médula.

Aunque si la versión es ésta, ya ni médula me quedará. Janet Baker, timbre único, y John Barbirolli al frente de la Orquesta Hallé, validando su legendaria reputación mahleriana. Las muchas virtudes que exhiben ambos intérpretes podrían sintetizarse en una sola expresión: musicalidad — esa cualidad preciosa gracias a la cual se transforman en lengua viva las partituras muertas, y sin la cual los artistas sólo son ejecutantes. Destaco también el perfecto ensamble de los británicos, que parecen todos una sola mente.

Reincidan en estas cuatro canciones de dulce y agraz, Lieder eines fahrenden Gesellen… AQUÍ.

martes, 7 de julio de 2009

4 DELICATESSEN


Calma, que no los mataré de hambre: a modo de agasajo, cuatro canciones, ¡pero qué canciones! Lieder eines Fahrenden Gesellen, de Mahler ¡Y qué intérpretes! Fischer-Dieskau y Furtwängler, dos gigantes entonando las “Canciones para un Camarada Errante” junto a los Filarmónicos Vieneses en Salzburgo, año 1951.

El barítono de mirada fija los llevará a la descarga.


jueves, 2 de julio de 2009

UN CUERVO EN EL HORIZONTE

Mahler
“Florecillas”, es decir, Blumine. Tal es el nombre de esta delicada y melodiosa composición de Mahler, donde el autor, todavía joven, se muestra libre de los tormentos que luego lo tensarían. Un Mahler optimista, esperanzado, incluso tierno.

Como lo ha encontrado Gabriel.

De mi parte, el trabajo me ha absorbido el último tiempo, pero en mis borradores tengo ya el próximo material. Hasta ese pronto reencuentro, les invito a la audición de esta pieza para homenajear como es debido a nuestro querido Cuervo porteño. Ése cuyo recuerdo, para ser justo, debe ser luminoso.

Como dice Gatosierra, ¡UNA SONRISA POR FAVOR!

Una y mil.


miércoles, 1 de julio de 2009

EWIG... EWIG...


Die liebe Erde allüberall
Blüht auf im Lenz und grünt aufs neu!
Allüberall und ewig blauen
licht die Fernen!
Ewig... ewig...

¡De nuevo la tierra amada
florece y reverdece por doquier en primavera!
¡En todos los confines, eternamente,
brillan azules los lejanos horizontes!
Eternamente... eternamente...”

  • Der Abschied — Fragmento final de “La Despedida”, a su vez movimiento final de “La Canción de la Tierra” de Gustav Mahler. El mismo compositor escribió la poética letra que canta el barítono en este pasaje, uno de los adioses más mágicamente hermosos que conozca la música | dedicado a un amigo que permanecerá en mi recuerdo “ewig... ewig...”

martes, 13 de enero de 2009

Un Horizonte Azulado



Se dice que la duda es defecto del hombre inteligente. Será porque una visión lúcida descubre un océano de matices más allá del blanco y del negro. Mientras más amplio el asunto, más se abre el abanico de posibilidades incubadas. Tanta alternativa dificulta una elección rápida; la voluntad tarda y surge entonces la vacilación.
Claro está que hay hombres inteligentes y a la vez determinados; pero incluso en ellos, la firmeza no disculpa un riguroso examen previo de las posibilidades. Incluso más: en algunos, esa firmeza convive con la incertidumbre.

La determinación fue una de las cualidades célebres de Gustav Mahler. Apabullante y hasta pavoroso en ciertas circunstancias, Mahler aparecía frente a todos como un ser inmune a cualquier adversidad; ni su origen étnico en una época y continente donde era particularmente incómodo, ni su cuna modesta ni su nacionalidad — nada lograba ser un obstáculo duradero entre aquel hombre y sus objetivos. El convencimiento de sus propios méritos solía llegar a la arrogancia, y su ímpetu demolía cualquier mediocridad. Mucho antes que el “Milagro Karajan” causara tanta sensación, la antigua Europa se había agitado con la Detonación Mahleriana. Consecuentemente, la música de estos años de manifestación ante el mundo es lo que podríamos llamar “música de afirmaciones”, escrita por un compositor lleno de convicción inapelable.

Poco más adelante, sin embargo, la vida de Mahler conocería los laberintos de la tristeza y la decepción, viéndose despojado, a veces cruelmente, de sus familiares más queridos, sus maestros y amigos más admirados o sus sueños más acariciados; en suma, experimentaría la fragilidad de su propio mundo. Y el gigante comenzaría a inclinarse bajo los golpes del infortunio.

También su época presentía un ocaso cercano. Y, si una máxima nos recuerda que “el estilo es el hombre”, digamos también que “el hombre es su tiempo”; la sensibilidad de los creadores impregna sus obras con las intuiciones que los rodean. Eso ocurría entonces en Viena. Los valses de Strauss o la última fase de Brahms, por ejemplo, cargan un pathos inclinado a la nostalgia, al que se alude a veces como “otoñal”, disimulado entre los dorados fulgores del Imperio.

Mahler por su parte, y eso me llama la atención, comienza a escoger soluciones musicales ambiguas para sus obras, utiliza acordes cada vez más amplios e indecisos en su tonalidad, va agudizando la sensación de desgarro, varía la orquestación, carga la tinta negra de sus Scherzos, y siente una fascinación cada vez más viva por lo trascendente, lo metafísico, quizás como refugio o explicación. Aquí, en esta nueva riqueza artística, es donde a mi juicio se instala la vacilación, la falta de un remate rotundo en las frases mahlerianas, que quedan así deliberadamente abiertas.

Mahler no abandonará su innata determinación, pero dará inicio al diálogo con la incertidumbre.

Ewig, ewig…

Quizás esa incertidumbre que merodea atrás de sus certezas —o atrás de la imponente masa orquestal con que el compositor pareciera querer ahogarla, y que sólo acaba amplificándola— sea reflejo de una ansiosa búsqueda de identidad. Cuando estampó su sentimiento apátrida en una famosa declaración —“bohemo entre los austríacos, austríaco entre los alemanes, judío en todo el mundo”— Mahler develó también la inestabilidad de quien carece de ese piso firme llamado pertenencia; al contrario de la mayoría, él nunca podía echar raíces profundas en su entorno.

La falta de un lugar que reclamar como propio o por el cual ser reclamado, no simplemente admitido, puede pesar dolorosamente en una sensibilidad artística. Aliviar esa carencia (=hallar ese estado de reposo, ese “lugar”) se convertirá en un propósito urgente. Mientras no se alcance, el desarraigo rondará como un fantasma, suscitando el ansia de recuperar cierta plenitud perdida que la infancia simboliza como ideal (y de ahí el largo caudal de inspiración que Mahler obtuvo de ella). La misma ansia se asoma, transfigurada, en los versos autógrafos con que el compositor coronó una de sus obras mayores:

Die liebe Erde allüberall
Blüht auf im Lenz und grünt aufs neu!
Allüberall und ewig blauen
licht die Fernen!
Ewig... ewig...

¡De nuevo la tierra amada
florece y reverdece por doquier en primavera!
¡En todos los confines, eternamente,
brillan azules los lejanos horizontes!
Eternamente... eternamente...”

Más allá del oleaje de las pequeñeces, las luchas y las incertidumbres humanas, el espíritu de Mahler —un espíritu absoluto, tajante, radical— buscaba ese blaue Ferne, ese “horizonte azulado”, emblema del reposo pleno nacido de estar donde se quiere estar. La comprobación de que muchas “plenitudes” no eran sino burdas falsificaciones de ese “azul” hacía estallar el sarcasmo sonoro, espiritualmente afín con el absurdo kafkiano. Durante muchas sinfonías, en una etapa vital llena de brío, Mahler tradujo su visión de esa meta como conquista obtenida tras la lucha; luego esa idea se resquebraja y el horizonte se vuelve inquietante, como un sinónimo de desaparición. Pero al fin, en la Novena y sobre todo la Décima, Mahler se transfigura: sin renunciar a ninguna cicatriz, ese peregrino de cincuenta años parece sonreír en paz, mientras avanza al encuentro de su meta con una tranquilidad nueva, teñida de dulzura y majestad. No sin razón un espíritu muy cercano en carácter a Mahler, como fue Wagner, quiso bautizar a su último hogar como Wahnfried (=Paz de la Ilusión). Esa Paz, esa “Primavera eterna”, verde y florida, casi parece uno respirarla en los compases finales de la Décima Sinfonía, y personalmente, aún más en el inefable “Ewig... ewig...” (Eternamente, eternamente...) que cierra La Canción de la Tierra.
tumba de Mahler
Tumba de Gustav Mahler
 
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