viernes, 11 de noviembre de 2011

MAHLER / 4ª Sinfonía / Bruno WALTER

Ahora el segundo disco de los «Archivos Bruno Walter» con la Cuarta Sinfonía de Gustav Mahler junto a la Filarmónica de Viena y la distinguida soprano Irmgard Seefried, cuya espontaneidad la destinó como «antítesis» involuntaria de la maravillosa (y analítica) Elisabeth Schwarzkopf.

La Cuarta de Mahler es una obra difícil de abordar por la amalgama de ternura, sarcasmo, desgarro y pacífica inocencia que logra conjurar en ella el compositor. Para Walter, esta sinfonía era un “cuento de hadas” que transformaba el poderío y turbulencia de las sinfonías precedentes en etérea ligereza. No obstante, tras la dulzura acecha la tragedia, como siempre ocurre en Mahler. El precioso movimiento lento, Ruhevoll, tiene cierta elevación metafísica, y el final es una ingenua visión del Cielo desde ojos infantiles, según texto tomado de la antología Des Knaben Wunderhorn.

Disfruten esta grabación live del 25 de Agosto de 1950, con Bruno Walter, la Wiener Philharmoniker e Ingmar Seefried...

aquí

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Fragmento de Ruhevoll, movimiento lento de la Cuarta Sinfonía de Mahler

Mahler en Praga (1908)

Gustav Mahler paseando con amigos en Praga, 1908

3 comentarios:

leiter dijo...

Bueno, empecemos con dos convencionalismos:

1- Efectivamente, la Cuarta -- ¡Qué recuerdos! (como diría Pérez de Arteaga en sus ESTUDIOS SOBRE MAHLER -- es esa sinfonía gracias a la cual muchos accedimos al universo de Mahler. Parece una obra de transición entre la Tercera (obra que no me acaba de satisfacer, aclaro) y la Quinta. Pero la Cuarta es una obra con personalidad propia, no simplemente un alto en el camino para tomar fuerzas. Tan propia como que es una de las mejores, ya que Mahler expresa (nos confiesa) todas sus infantiles inquietudes bajo la perspectiva de un ser ya maduro y judío. Y eso de maduro, tratándose de Mahler, es arriesgado de decir. Y lo de judío... En fin. Pero Mahler era un ser atormentado por los propios demonios que él se creaba. Y esta sinfonía no deja de ser una lucha instrumental entre la inocencia y esos diablos que un tal Freud se encargó de definir y que parecen consustanciales a las regiones más misteriosas y profundas del ser humano. El primer movimiento parece más un cuarteto que una sinfonía.Y digo esta barbaridad basánome en el tratamiento instrumental (Cómo respira Walter al retomar el tema tras el crescendo subrayado por la percusión, creo que con vibráfonos). Se habla de lucha en la tercera, de afirmación en la quinta, de tragedia en la sexta... Pero creo que la lucha más sincera está en la cuarta. El niño trata con su inocencia de imponerse a los demonios.

2- Todos sabemos que Bruno Walter era una especie de hechicero de la batuta que trataba de encontrar significados que iban más allá d lo escrito (y eso que Mahler apuntaba hasta los últimos matices). Y por eso mismo en esta versión (que ahora mismo estoy escuchando por auriculares) parece decirnos: Oigan, que de ligereza nada. Que aquí hay mucha tela que cortar y no nos podemos quedar impasibles ante los alborotos de un niño judío que no sabemos si llora o se alegra. Basta escuchar cómo arranca el segundo movimiento para, por lo menos en mi caso, apercibirse de esas contradicciones que Walter trata de exponer con una batuta que parece, más que nunca, una varita mágica.

Por lo tanto, creo que esta versión es fundamental y supone un claro contraste a la línea más cerebral desarrollada por la tradición holandesa de Mengelberg y Haitink (que no son malas versiones, faltaría más, sino que se aproximan más a un simple elemento de descripción que con una máquina como el Concertgebouw pueden realizar sin mayores problemas)

Y ahí está la genialidad de Walter. No es mala orquesta la Wiener, claro, pero no la veo la más idónea para tocar a Mahler. Walter trascendentaliza esta obra para enviar un mensaje claro: De obra menor, nada de nada. Escuchen y saquen sus conclusiones, parece decirnos.El brujo Walter parece haber dado con la fórmula de la pócima. Creo que el segundo movimiento interpretado por Walter es de lo más grandioso que haya hecho este director jamás. Difícil igualar las atmósferas que consigue Walter (¿a qué parece una película de Harry Potter?)Bueno, perdonad por tal estúpida comparación.

¡Vaya rollo que he soltado! En fin

La cuarta -- ¡Qué recuerdos! -- y Walter. Un binomio difícilmente superable.

Un abrazo

Quinøff dijo...

Qué lujo de comentario, leiter! Incomparable reflexión que delata una larga experiencia con esta sinfonía extraordinaria. Lo has definido con tal claridad que no añado nada, casi me limito a entregarte el teclado, jajaja. Pero bueno, tratándose de ese genio llamado Walter, manda la justicia publicar que coincido plenamente contigo en tus apreciaciones sobre su arte. Sobre cómo logra aclarar todo, sí, pero sin expulsar jamás el "claroscuro" de misterio que acompaña las obras. Porque el riesgo de dejarlo todo tan expuesto es que no haya cabida para nada más, y entonces el espíritu mismo de una obra, aquello que no está ni puede estar escrito en códigos musicales, se desvanece... y nos quedamos con un bello cuerpo sin alma. Es lo que NO sucede aquí.

Fina observación sobre la Wiener... Curiosamente, Haitink declaró alguna vez que consideraba a la orquesta del Concertgebouw más luminosa y clara en su sonido que sus famosas colegas centroeuropeas (Berlín y Viena), más oscuras, más trágicas. Curiosomente, digo, porque me parece que el Concertgebouw, gracias a Mengelberg, sabe dar como nadie más el punto oscuro que exige la música de Mahler. Pero esto "consideración instrumental" apenas tiene incidencia cuando entregamos la batuta a alguien como Walter, quien sabrá provocar milagros.

Escucharé esta sinfonía atento a las impresiones que nos indicas, leiter. Recibe un afectuoso abrazo, mi buen amigo y hermano.

CarlosVladi dijo...

Bruno Walter tiene un libro sobre MAHLER, editado por Alianza Música. Lo compré recientemente pero aun no lo comienzo. Atención, debe ser muy interesante.

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