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lunes, 8 de agosto de 2022

MOZART · Conciertos para Corno · Baumann [En homenaje a Alice Harnoncourt]

Hace tres semanas falleció Alice Harnoncourt, a los 85 años, en la ciudad que también la viera nacer, Viena. Su apellido familiar, Hoffelner, se tornó en el del joven y prometedor cellista con quien se casó en 1953, Nikolaus Harnoncourt, junto al que fundó ese mismo año un conjunto instrumental. Lo llamaron Concentus Musicus Wien. No lo sabían, pero acababan de iniciar una leyenda.

Alice Harnoncourt fue violinista, solista de carrera y concertino del Concentus desde su fundación hasta 1985. Siguió unida a la agrupación hasta el final de 2015, cuando su marido dejó la dirección orquestal para fallecer tres meses después.

Músico extraordinario ella misma, cultivó un perfil bajo mientras motivaba creativamente a sus colegas y en especial a su marido, de quien dijo alguna vez: “necesitaba la contradicción, el desafío; la complacencia lo irritaba”.

Estoy convencido que la gran obra gestada por Nikolaus habría sido muy diferente, e incluso de menor relevancia, sin el respaldo continuo y decisivo de la mujer que lo amó y lo inspiró. Por lo mismo, la deuda de los melómanos es también con ella.

No tengo un disco con los conciertos que Alice Harnoncourt interpretó en el rol de solista bajo la dirección de su marido. Pero el Concentus Musicus de Viena es obra de ella tanto como de él, y quiero recordarla en uno de los grandes registros que nos legaron.

En el disco que les comparto, el virtuoso alemán Hermann Baumann, con una trompa natural (sin válvulas) interpreta los 4 conciertos escritos por Mozart para este instrumento. Acompaña el Concentus Musicus Wien, cuya concertino fue, como tantas veces, Alice. ¡Disfruten esta vibrante interpretación, que dedico a mi amigo Gatosierra, hace poco de cumpleaños y conocido amante del corno natural!

» D E S C A R G A

MP3 CBR 224 kbps | 11 pistas | .7z 87,55 MB | Yandex Disk

Alice y Nikolaus Harnoncourt

lunes, 28 de junio de 2021

Retomando el ritmo

Queridos amigos, esta página ha guardado silencio los últimos meses. Pero no se inquieten. La pausa no fue premeditada sino que, simplemente, me ha ocurrido lo que a tantos: el teletrabajo dista de ser una postal idílica y consume en realidad mucho más tiempo. Tiempo personal que antes dedicaba a los contenidos de esta página, entre otras cosas, y tiempo ahora no disponible.

Además, dos años de pandemia, reclusión forzada y alarma pública acaban siendo un peso que desgasta el ánimo.

Pero al cabo las cosas se equilibran. O uno se adapta. Y así me tienen escribiendo ahora este saludo… y alentándome a mí mismo a no soltar mano de los proyectos que realmente me motivan (a fin de cuentas, por ellos pasa la vida que nos interesa vivir).

No haré proyecciones demasiado arriesgadas en cuanto al ritmo de publicaciones, pero sí tengo conmigo al menos un par de ideas para compartir, con música incluida. Antes de dar por cerrados esos artículos, empiezo por compartir algunos videos tomados de la abundante propuesta on-line con que los músicos de todo el mundo han logrado esquivar la distancia de los auditorios.

Hoy les comparto algo del milagro de Salzburgo, Mozart, porque si hay quien sabe comunicar alegría en toda circunstancia, es él. Y a mí particularmente me llega al corazón en varios de sus movimientos “lentos”, en donde lo considero inigualado: hay una sensación de tranquila trascendencia que fue su sello. Así pues, vamos con la Sinfonía Concertante en Mi bemol para instrumentos de viento en su segundo movimiento, Adagio, a cargo de la Sinfónica de la Radio de Frankfurt y solistas dirigidos por Andrés Orozco-Estrada.

viernes, 2 de abril de 2021

MOZART | Misericordias Domini, K. 222

Hayez Crucifixión con María Magdalena / Francesco Hayez, 1827 (detalle)

En este Viernes santo dejo con ustedes una pieza sacra juvenil de Mozart, escrita en 1775 cuando el compositor tenía 19 años en respuesta a un encargo del Príncipe Elector de Baviera. La prolija polifonía y la mozartiana audacia de ciertos giros armónicos son memorables… pero, para nuestros oídos modernos, llamará la atención un pasaje de transición (0:55 seg) en que la melodía de las cuerdas coincide asombrosamente con el Beethoven del Himno a la Alegría. Pero por entonces nada sabía el genial jovencito austríaco…

Que tengan un día sereno, a buen resguardo de la pandemia, ¡y feliz fin de semana!

miércoles, 22 de abril de 2020

MOZART · Música de sus óperas en arreglo para Flauta y Trío de Cuerdas

Papageno

Mozart supo “encontrar la cuadratura del círculo” al escribir su música, mezcla perfecta de belleza, desenfado, originalidad y equilibrio. Nunca tuvo miramientos para componer lo que fuera, ya que nada era imposible para su genio creador. Pero de todos los géneros musicales que abordó, su corazón estuvo siempre conquistado por la escena de la ópera, que dominó como pocos. Escribió bastante, más de una veintena entre piezas tempranas, proyectos abandonados, música incidental y encargos de gran aliento. Su control de cada elemento musical llega a ser desconcertante conforme avanza hacia su madurez artística.

El disco que hoy les comparto saca provecho de esa cantera mozartiana: arreglos para Flauta traversa y Trío de cuerdas con música de tres óperas famosas, “El Rapto en el Serrallo”, “Don Giovanni” y “La Flauta Mágica”. La belleza y calidad musical de los arreglos y de las interpretaciones les harán más llevadera esta época difícil que atravesamos, recluidos en nuestras casas.

» D E S C A R G A
MP3 CBR 224 kbps · 48 kHz | 23 tracks | .7z 99,81 MB | Yandex.ru

viernes, 27 de enero de 2017

Feliz cumpleaños, don Teófilo

Don Teófilo, en un retrato anónimo durante su época como niño prodigio

¡Claro que me refiero a Mozart! Ocurre que «Amadeus» es la versión latina del nombre griego «Teófilo». Ambos significan lo mismo: Amado de Dios. El nombre de pila original fue: Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart. Amadeus, para los amigos...

Este irrepetible prodigio de la Naturaleza llegó a iluminar nuestro mundo un 27 de enero de 1756, en la hermosa ciudad austríaca de Salzburgo, vasallo del Sacro Imperio Romano Germánico. Nació en una familia musical sin mayores credenciales sociales; y es que a menudo —nunca lo olvidemos— los grandes genios son estrellas que saltan desde el suelo. Las altas alcurnias y la sociedad de entonces tuvieron, eso sí, el mérito de saber reconocerlo.

Se ha escrito mucho acerca de este artista total. De hecho, parece ser uno de los artistas más «deconstruidos» por los análisis. Yo me limito a tomar una frase que también es citada por la Wikipedia: “En palabras de críticos de música como Nicholas Till, Mozart siempre aprendía vorazmente de otros músicos y desarrolló un esplendor y una madurez de estilo que abarcó desde la luz y la elegancia, a la oscuridad y la pasión —todo bien fundado por una visión de la humanidad «redimida por el arte, perdonada y reconciliada con la naturaleza y lo absoluto»—.”

lunes, 11 de julio de 2016

Reparando enlaces :: Julio 2016

reposiciones link Cambiando aquel engranaje torcido...

Toca la periódica revisión de enlaces caducos. Aclaro que las obras puestas aquí al alcance de amantes de la música tiene objeto didáctico y persigue alentar dicha pasión por el repertorio clásico. Pretendo también dar razones para adquirir los discos originales. Y es que los archivos digitales no compiten en calidad con el registro original. Si eres como yo, la música descubierta en Internet significará una probable visita a tu disquería favorita. Disfruta. ¡Saludos!


» A 17th Century Christmas
The Netherlands Bach Society / Jos van Veldhoven

» BRAHMS: Serenata # 1 en Re mayor
Orquesta de Cámara de la Radio de Amsterdam / Frans Brüggen

» FURTWÄNGLER en GIRA: Sinfonías 40 de Mozart / 4 de Brahms
Orquesta Filarmónica de Berlín / Wilhelm Furtwängler

» BRAHMS: Concierto para violín y orquesta en Re mayor
Orquesta Filarmónica de Berlín / Viktoria Mullova / Claudio Abbado

» BRAHMS: Cuarteto con Piano # 1 en Sol menor, Op. 25
Tamás Vásáry & Thomas Brandis, Wolfram Christ, Ottomar Borwitzky / Marc-André Hamelin & Trío Leopold

» BRAHMS: Sinfonía nº 1 / SCHUMANN: Sinfonía nº 1
Orquesta Filarmónica de Berlín / Herbert von Karajan

» BARTÓK: El Castillo de Barza Azul
Solistas vocales / Orquesta Sinfónica de Londres / István Kerstész

» BACH: Conciertos de Brandemburgo
Boston Baroque / Martin Pearlman

sábado, 5 de diciembre de 2015

In Memoriam MOZART

Mozart Edlinger Wolfgang Amadeus Mozart (hacia 1790) / Johann Georg Edlinger

Un día como hoy, 5 de Diciembre, murió Mozart, emblema del talento musical humano. Tenía 35 años.

Probablemente no sepamos de ningún otro hombre que haya nacido con tantas dotes al mismo tiempo (tal vez con Shostakovich o Mendelssohn como raras excepciones): poseía oído absoluto (podía reconocer cualquier sonido asignando la nota correspondiente) y oído interno (representaba en su imaginación cualquier combinación sonora, por ejemplo al abrir una partitura sabía cómo sonaba la orquesta); podía memorizar una obra con oírla sólo una vez y luego transcribirla (como hizo a los 14 años con el «Miserere» a doble coro de Gregorio Allegri, en la Capilla Sixtina, audacia que le valió una condecoración pontificia); componía primero en su cabeza y más tarde apuntaba las notas directamente al papel (famosa frase escrita a su padre en una carta: «la ópera está compuesta, pero todavía no está escrita»...).

Sus composiciones equilibran el fondo y la forma con una naturalidad y apariencia de facilidad como no se ha vuelto a lograr. Sus juegos cromáticos (giros inusuales en el curso de una melodía) pueden causar sorpresa (gastar esas bromas fue una afición permanente) pero siempre, siempre se resuelven a la perfección. Uno sonríe asombrado leyendo las partituras al descubrir todo el ingenio disimulado en ellas. Su música alegre es al mismo tiempo profunda, vital y emocionada; pero además la risa se interna en la penumbra, la nostalgia o en la contemplación con libertad absoluta, recogiendo en sus páginas el abanico del alma humana.

Y la «lista prodigiosa» que acompaña su figura es larga... Ojalá alguna vez en la historia humana se pueda repertir «el milagro que Dios hizo nacer en Salzburgo», como decía su padre, Leopold, sin falsa modestia.

Para finalizar, queridos lectores, incluyo una larga cita de Kurt Pahlen («Historia de la Música», 1964). El día lo justifica:

«Un día cualquiera los dioses tienen un antojo: concentran todo lo genial, lo sublime, lo milagroso en un niño; lo elevan muy por encima de sus compañeros; lo conducen por caminos misteriosos de perfección; con él expanden indecible dicha sobre generaciones y siglos. El juego es grandioso y cruel a la vez: concede pocos —¡ay, cuán pocos!— años de vida al elegido, entrechoca su alma con toda la miseria de la vida, lo consume en su propia llama creadora.

«Treinta y cinco años vivió Mozart en nuestra tierra; treinta cinco años que le bastaron para recorrer todos los grados de la nada a la gloria y de la gloria a la humillación, engendrando cerca de ochocientas obras para una humanidad que apenas lo entendió, y que fueron las más perfectas en todas las formas: óperas, sinfonías, música de cámara y música sacra, piezas instrumentales y oratorias. No existió otro maestro de su universalidad. El gran Beethoven flaqueó en la música vocal, Schubert en la ópera, Wagner no cultivó la música sinfónica...

«Es superfluo suponer adónde hubiese llegado de vivir setenta y siete años como Haydn, su modelo y amigo. Lo que cuenta en la vida no son los años vividos sino los años fecundos, y Mozart tuvo treinta de éstos, sin que un solo día lo abandonara el numen creador. Antes de los seis años de edad empezó a manar la fuente de su arte, que se agotó recién con la muerte. Otras vidas, las que tienen el tiempo necesario para una evolución orgánica, alternan épocas de inspiración, tensión y creación con otras de calma, descanso y ensayo; en las vidas estelares como las de un Mozart, un Schubert, un Bizet, algún órgano misterioso parece presentir la muerte prematura y no da tregua al cuerpo y al espíritu hasta producir todo lo que el destino quiere, por mediación suya, legar a la humanidad.»

«Amén» inconcluso del «Réquiem», que debía cerrar la Secuencia del «Dies Iræ» / este esbozo, descubierto recién en 1962, fue utilizado más tarde en nuevas reconstrucciones, como las propuestas por Duncan Druce y Robert Levin.

También la célebre «Lacrimosa» quedó inclusa, porque escribiéndola el maestro dejó caer su pluma para siempre. La obra fue completada posteriormente por otras manos —las de su discípulo Süßmayr, y más recientemente Maunder, Druce, Landon, Levin o Beyer—. En el video pueden ver el autógrafo esbozado por Mozart. Sólo un apunte del acompañamiento, al inicio, y luego las voces. Son las últimas notas que escribió…

lunes, 24 de noviembre de 2014

Actualizaciones varias

Queridos amigos, habrán notado una pausa en la actividad del Blog. Proviene de necesidades vinculadas al trabajo y más de un vaivén en la vida corriente, todo lo cual merma el tiempo que acostumbraba dedicar a nuestra página. No obstante, en ningún caso pretendo suspender el itinerario empezado hace ya varios años; los pasos podrán ser más lentos, pero el caminar continúa. Tengo en barbecho aún dos entradas proyectadas ojalá para este mes, una sobre Karłowicz y otra referida al caso de León Fleisher y su recuperación con el empleo de botulina.

Entre tanto, he actualizado varios enlaces a diferentes archivos compartidos tiempo atrás y que han caducado. Más abajo les dejo la lista. Espero satisfacer así el deseo de buena música que mueve a cuantos visitan estos rincones. Un afectuoso saludos a todos/as.

» UNA NAVIDAD DEL SIGLO XVII
The Netherlands Bach Society / Capella Figuralis / Jos van Veldhoven

» LA HISTORIA DE UN ÁNGEL: la última obra de ALBAN BERG
Arabella Steinbacher / Sinfónica de Radio Colonia / Andris Nelsons
Daniel Hope / Sinfónica de la BBC / Paul Watkins

» MOZART: GRAN MISA EN DO MENOR [live]
Sinfónica RIAS de Berlín, Coro iglesia de Sta. Eduvigis, solistas vocales / Ferenc Fricsay

» SCHÜTZ: MISA FÚNEBRE ALEMANA; LAS SIETE PALABRAS; etc.
Dresdner Kreuzchor / Rudolf Mauersberger

» KOZENÁ: Canciones Checas
Magdalena Kozená / Malcolm Martineau, etc.

» VICTORIA: CANTICA BEATAE VIRGINIS
La Capella Reial de Catalunya / Hespèrion XX / Jordi Savall

» KAYAH & BREGOVIC
Kayah / Goran Bregović

» DVORÁK: LEYENDAS etc.
Orquesta Festival de Budapest / Iván Fischer

» RACHMANINOV: CONCIERTOS 1 y 2 para Piano y Orquesta
Gran Orquesta Sinfónica de la Radio y Televisión de la URSS + Filarmónica de Leningrado / Kurt Sanderling / Sviatoslav Richter

» BEETHOVEN: CUARTA SINFONÍA
Orquesta Estatal de Baviera / Carlos Kleiber

» BRAHMS: SERENATAS 1 y 2
Filarmónica de Berlín / Claudio Abbado

» CARL ORFF: Recreación del 'ORFEO' de MONTEVERDI
Coros y Orquesta de la Radiodifusión de Munich / Kurt Eichorn

» SVENDSEN: RAPSODIAS NORUEGAS
Orquesta Sinfónica de Jutlandia del Sur / Bjarte Engeset

» SIBELIUS: CONCIERTO para VIOLÍN [versión original]
Orquesta Sinfónica de Lahti / Leonidas Kavakos, violín / Osmo Vänskä

jueves, 16 de enero de 2014

MOZART :: Sinfonías nº 40 en Sol menor + nº 41 en Do mayor ‘Júpiter’ / BERNSTEIN + Filarmónica de Viena

estatua hipster Leo CaillardEscultura intervenida por Léo Caillard

MOZART hace bien para el alma. Una de las reflexiones más concisas e iluminadoras acerca del genial compositor se la debo a mi amigo Carlos Sala: Mozart es belleza, me dijo, y la auténtica belleza no es siempre fácil de captar. Justamente. Aquí no se trata de agitar apenas la superficie de nuestros entusiasmos musicales, sino de calar más hondo, “bucear” en esta música, acercar a ella un oído más fino.

Hecho esto, nuestro asombro no hará más que crecer. Porque Mozart parece no detenerse. El equilibrio de sencillez y profundidad en sus formulaciones melódicas, el acierto neto en las elecciones armónicas, las habilidades como constructor formal que nunca cohíbe su genial chispa creativa... en fin, siempre habremos de descubrir nuevos detalles. Pero detrás de estos detalles subsiste una concepción de la simetría y la belleza en términos paradigmáticos, caracterizada por reconciliar virtudes antagónicas. ¿Cómo amalgamó penas y alegrías con una mezcla suprema de naturalidad y exacta planificación? En esa armonía inimitable reposa el más profundo misterio de Mozart.

cubiertaTraducir todo esto no es fácil para ningún director. Se requiere experiencia y un talento bien madurado, aparte del don para volver elocuente la belleza anidada en sus partituras. Pues bien, los años dieron al gran Leonard Bernstein la sabiduría para acertar en Mozart. Compruébenlo. Hoy les dejo un registro donde el músico norteamericano dirige a sus laureados colegas de la Filarmónica de Viena, con quienes cultivó una estrecha relación artística. Este equipo nos brinda las últimas dos sinfonías de Mozart, la famosa Sinfonía 40 y la extraordinaria Sinfonía 41, ambos monumentos de la música occidental.

No me resisto, antes de concluir, a citar unas palabras del musicólogo José Luis Comellas:

La música de Mozart, por espontánea, por encantadora, por su riqueza melódica, por su inventiva inagotable y siempre nueva, quizás sobre todo por su belleza formal y su maravillosa armonía (armonía en todos los sentidos de la palabra), serena los ánimos y fomenta alegría de vivir, con absoluta independencia de las teorías de los psicólogos. Escuchemos a Mozart, zurück zum Mozart, porque, aunque con ello no seamos más inteligentes ni más capacitados para el cálculo, seremos, eso es seguro, más felices.

¡Un abrazo para todos y todas, y a sumergirse en música inolvidable!


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MP3 ABR 256 kbps 48 kHz | 8 tracks | JPGs | RAR 125 MB

BernsteinEl inolvidable «Lenny» Bernstein

jueves, 12 de septiembre de 2013

MOZART en arreglo para Conjunto de Armonía (vientos de metal y madera)

Hans Burgkmair»El triunfo del emperador Maximiliano«, colección de escenas pintadas sobre madera / Copia española anónima de un original de Hans Burgkmair

Decir “vientos de metal y madera” suena nerudiano… pero se refiere aquí a algo bastante específico: instrumentos musicales que funcionan al soplar en ellos, y denominados a partir del material con que están construidos. El sonido que generan tiene un “color” característico y muy atractivo. Aunque los violines y sus parientes (“la familia de las cuerdas”) hayan sido los primeros en alcanzar un canon de formas físicas y técnicas de uso, estos otros instrumentos tendrán su momento no mucho después.

Durante la Edad Media Tardía y el Renacimiento los “vientos” habían encontrado gran campo de difusión en las numerosas ceremonias que matizaban la vida social. El barroco prefirió los bronces, pero las refinadas cuerdas impusieron su prestigio en los salones y las primeras orquestas estables. Por mientras, las bandas militares mantenían el uso más tradicional de los instrumentos de metal y de la percusión —avivar el ímpetu guerrero— y desde allí, asociadas a la nobleza mediante sus notorios comandantes, esas mismas bandas fueron trabajadas para obtener una agrupación de capacidades más pulidas. El experimento era simple: asociar instrumentos de viento cuyos timbres empastaran bien y distribuir las diferentes alturas del sonido entre ellos. Eso dio origen a combinaciones variadas, que no cuajaron en un paradigma como el Cuarteto de Cuerdas, pero sí lograron una entidad definida para la cual se compusieron piezas específicas o adaptaciones de obras celebradas.

Así, este género instrumental conoció gran auge en Europa desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta mediados de la centuria siguiente. Se las llamó Harmonie (Bandas de Armonía) y a su repertorio específico, Harmoniemusik. El propio Mozart les rindió una forma de homenaje incluyéndolas en el Acto Final de su “Don Giovanni”, cuando el burlador disfruta un banquete mientras escucha una selección de óperas famosas convertidas en Harmoniemusik. (También Mozart, con su oído para la orquesta, tonificó el color instrumental mediante las maderas).

Könign der Nacht

Y hablando del rey de Roma: Mozart será hoy nuestro invitado. Colecciones de dos óperas justamente célebres, “Die Zauberflöte” (La Flauta Mágica) y “Così Fan Tutte” (Así hacen todas) adaptadas a Conjunto de Armonía e interpretadas por el Linos Ensemble — integrado por dos oboes, dos clarinetes, dos cornos, dos fagotes y contrabajo—. Las transcripciones pertenecen a dos períodos diferentes: “La Flauta Mágica” fue arreglada en 1792 por el desconocido músico Joseph Heidenreich; “Così fan Tutte”, en cambio, fue trabajada por Andreas Tarkmann en 1991, quien también hizo algunos necesarios retoques al título anterior. La sonoridad es preciosa, algo que pueden comprobar por sí mismos en el enlace al final de estas líneas. ¡Disfrútenlo!

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MP3 ABR ~ 216 kbps 48 kHz | 24 tracks | RAR 121,2 MB

lunes, 2 de mayo de 2011

MOZART / Gran Misa en Do menor / FRICSAY

Fricsay Mozart

Para el profesor que dirige cierto coro universitario en donde canta uno de mis mejores amigos, el Kyrie de la Gran Misa en Do menor, de Mozart, es el más perfecto de la Historia. Aunque no comparto ese juicio —mi “credo polifonista” en lo que a música sacra se refiere ya lo he expuesto en algún post anterior— no puedo menos que sentir simpatía por una admiración tan encendida. Casi estoy dispuesto a dejarme persuadir. Es que el entusiasmo suele ser clarividente; en el caso mencionado, por ejemplo, la opinión fervorosa del profesor restituye al genio austríaco la verdadera hondura que poseen sus obras religiosas, algo que a menudo le ha sido negado. Es cierto que hay muchos recursos en ellas que delatan al compositor de ópera, y además están impregnadas por el estilo de su época, cuando los palacios ejercían influencia sobre las capillas y no al revés. Pero Mozart es Mozart... y eso significa que fue incapaz de una sola cosa: escribir música sin alma.


Fragmento del «Sanctus»

Por ello, si buscamos inspiración religiosa, la vamos a encontrar. En primer lugar está traducida como algo que siempre perciben los artistas: la noción de un gran Misterio disimulado tras la realidad. ¿Cómo no sentir algo de eso en la ominosa introducción del Kyrie? Luego está el Mozart comunicador, que le da voz y alas al sentido de aquello que se canta. Resplandece, por supuesto, el arte del compositor, haciendo suyos los recursos de la música occidental con habilidad tan consumada, que todo ocupa su lugar como si no hubiera nada más fácil y espontáneo, ni más lógico y natural. ¡Misterio de la inspiración! Además se luce el habilísimo escritor vocal, que puede ser exigente pero nunca cruel, y en todo momento sabe qué pedir, y cómo, a cada tesitura.

En fin, grandes obras como ésta operan a la manera de “gafas” mediante las cuales uno logra distinguir mejor la textura maravillosa de la vida, y con eso, recuperar la posibilidad del asombro.

Asombro, nada menos, experimentaremos también ante la calidad de los intérpretes: el gran Ferenc Fricsay dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Radio Berlín, al Coro de la Iglesia de Santa Eduvigis y, como solistas, a Maria Stader (1ª soprano), Hertha Töpper (2ª soprano), Ernst Haefliger (tenor) e Ivan Sardi (bajo)... ¿Alguien reconoce este equipo? Pues justamente es el mismo que grabaría una versión antológica de la Misa mozartiana para Deutsche Grammophon en 1959. El presente registro en vivo tuvo lugar justo el día anterior a la famosa grabación de estudio para el sello amarillo. El motivo fue la gala de reapertura del estudio Sender Freies Berlin, el 29 de octubre de 1959.

Vale la pena reproducir una parte del folleto que acompaña el disco (y la descarga):

“Esta grabación de la Gran Misa en Do es un testimonio precioso de la fecunda colaboración que existió entre Ferenc Fricsay y un grupo de grandes artistas de la posguerra. Los cuatros solistas de esta ocasión eran todos asiduos del maestro húngaro. La contralto Hertha Töpper, el tenor Ernst Haefliger y la soprano Maria Stader participaron con frecuencia en los conciertos de Fricsay, quien los ‘prestaba’ muy a menudo a Karl Richter, otro gran director conocido principalmente por sus interpretaciones de Bach. No olvidemos al bajo Ivan Sardi, quien más tarde cantaría Masetto bajo las órdenes de Fricsay con la misma orquesta y junto a otro de sus cantantes favoritos —Fischer-Dieskau— en el rol de Don Giovanni. Sin embargo, no cabe duda que fue Maria Stader la que más veces relacionó su nombre con el de Ferenc Fricsay. Junto al maestro grabó desde las Estaciones de Haydn al Requiem de Verdi, pasando por Donizetti, Gluck, Rossini y sobre todo Mozart. Precisamente esta combinación ‘Fricsay / Mozart / Stader’ queda bien ilustrada por esta grabación en directo, realizada en la Grosser Sendensaal en el Sender Freies Berlin el día de su inauguración. De hecho, constituye una suerte de ‘ensayo de gala’ para la histórica grabación que harían los mismos artistas al día siguiente para Deutsche Grammophon.”

El libreto alaba también, con pormenorizada justicia, el desempeño de la soprano húngara Maria Stader, quien verdaderamente se luce, ora por virtudes técnicas, ora por el gozoso espíritu que anima su interpretación mozartiana. Esto dicho, les dejo a ustedes una memorable versión de la Gran Misa en Do menor, K. 427, recordando muy especialmente a mis amigos Gatosierra, Julio y Leiter, con quienes comparto entusiasmo hacia la figura del gran director que fue Ferenc Friscay.

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MP3 CBR 320 kbps | scans | 14 tracks | RAR 133,7 MB

viernes, 10 de diciembre de 2010

MOZART: OBERTURAS

mozart

Algo digno de apreciar en la Historia de la Música es la manera como una idea germina a lo largo de varias generaciones de artistas, creciendo en nitidez y refinamiento sin perder totalmente los rasgos que la conectan con su origen. Tal es el caso de la Obertura.

El concepto original no podía ser más sencillo: una pieza introductoria para el drama escénico. El primer compositor en firmar una ópera, Jacopo Peri, se valía de un simple ritornello como introducción, pero a los pocos años Monteverdi escribió una sensacional Toccata como apertura de su “Orfeo” [sobre esta pieza en particular les recomiendo el análisis publicado por Leiter].

Aun así, la costumbre para introducir el nuevo género era que los vocalistas ofrecieran un resumen de la acción que estaba a punto de desarrollarse. Ya a partir del siglo XVII el concepto deriva en una pieza instrumental destinada a captar la atención del público y cuya forma va asumiendo un claro esquema tripartito. Mientras Lully establece en Francia un modelo de dos secciones lentas y majestuosas enmarcando un intermedio vivaz, en Italia, merced a Alessandro Scarlatti, se invierte la forma: rápido, lento, rápido. Esta última concepción serviría como modelo básico para la sonata, el concierto y la sinfonía. En efecto, “Sinfonía” será el nombre que recibirá ese preludio operático cuando se lo presente por separado…

El material musical del que estaba compuesto no guardaba relación con el de la ópera a la cual servía de introducción, hasta que Glück perfecciona este punto y hace sonar en sus oberturas temas correspondientes a la ópera que preludiaban. Es un gran paso: la obertura no sólo acalla el murmullo del público, sino que le adelanta varias ideas musicales, ofreciéndoles un resumen de la acción y hasta de la temática, algo que repercutirá más tarde en el Poema Sinfónico.

ScoreWolfgang Amadeus Mozart entendió maravillosamente las posibilidades que le ofrecía el subgénero de la Obertura, creando obras de arte capaces de brillar con luz propia en las salas de concierto y de influir por sí solas en los artistas. Por ejemplo, la obertura de “La Flauta Mágica” fue para Brahms modelo perfecto de orquestación y sabiduría musical. También la de El Rapto en el Serrallo, que acompaña esta entrada, es una maravilla de frescura e inventiva melódica, con vivaces recursos orientalizantes y destilando además esa inusitada síntesis de alegría y melancolía con la cual Mozart captura la complejidad del alma humana.

Nikolaus Harnoncourt nos permite apreciar la belleza de las oberturas mozartianas en el disco que les comparto hoy, compuesto por registros del director austríaco a la cabeza de distintas formaciones orquestales. Disfruten ustedes esta música extraordinaria...

AQUÍ

MP3 / CBR 320 kps / .RAR 123 mb

domingo, 31 de octubre de 2010

ESOS QUE MURIERON JÓVENES

“El Beso de la Muerte”, escultura de Jaume Barba
Cementerio de Poblenou, Barcelona

“Demasiado pronto” resulta ser, en música, un comentario de penosa frecuencia. Y es que los compositores de vida corta nutren una lista extensa.

Primero nos enteramos de casos famosos como el de Mozart, del que ni siquiera conocemos la razón cierta de su partida (o el paradero de su cráneo); de Schubert, cuyo genio seguía desarrollándose la semana misma en que había de sucumbir; de los hermanos Mendelssohn (Fanny y Félix), víctimas de la misma desgracia con apenas meses de distancia.

La lista prosigue con creadores de la talla de Bizet, Chopin, Bellini o von Weber, que no superaron los treinta y tantos. Aparecen casos trágicos: Anton Webern, Granados, Kalinnikov, los dos primeros caídos en la insensatez de la guerra, y el segundo, muerto de pobreza, hambre y tuberculosis cuando parecía destinado a seguir los pasos de Chaikovsky.

Uno se sobrecoge al encontrar entre los finados a muchachos como Pergolesi, Vorísek, Hans Rott o Rikard Nordraak, que sin embargo parecen maduros comparados al jovenísimo Crisóstomo Arriaga, segado antes de los veinte años. Y ese es sólo un recuento muy sumario.

A veces, pues, los elegidos de las Musas son también los elegidos de la Muerte. Pero conviene temperar estas ideas recordando —gracias a Mara por este detalle— que la expectativa de vida en el siglo XVIII era de 25 a 30 años aproximadamente, y en el XIX, de 35. Las infecciones, en particular la sífilis y la tuberculosis (TBC), eran causa frecuente de muerte. Las románticas compresas de agua y vinagre no mataban bacterias...

Como sea, aprovechando la ocasión que nos brinda el Día de Difuntos, les ofrezco una selección de obras cuyos autores fueron precoces tanto en la música como en la muerte. Pensé en reunir obras póstumas de todos ellos, pero al fin me decanté por otras que simplemente me atraen más. Aquí el listado:

  • Juan Cristóstomo de Arriaga (1806-26): Obertura »Los Esclavos Felices« (Jordi Savall, La Capella Reial de Catalunya)
  • Frédéric Chopin (1810-49): Preludio n° 15 en Re bemol, »Gota de Lluvia« (Claudio Arrau)
  • Vasily Kalinnikov (1866-1901): »Allegro Commodamente«, segundo mov. de la Sinfonía nº 1 (E. Svetlanov, Sinfónica de la URSS)
  • Félix Mendelssohn (1809-47): »Saltarello«, cuarto mov. de la Sinfonía nº 4 (R. Norrington, London Classical Players)
  • Wolfgang Amadeus Mozart (1756-91): »Allegro maestoso – Allegro molto«, primer mov. de la Serenata »Haffner« (J-P. Rampal, Orquesta de Cámara Franz Liszt)
  • Giovanni Battista Pergolesi (1710-36): Obertura »Il prigionier superbo« (Orquesta de Cámara de Santa Cecilia)
  • Hans Mª Rott (1858-84): »Sehr schnell«, mov. final de la Suite orquestal en Si bemol (Paavo Järvi, Sinfónica de la Radio de Frankfurt)
  • Franz Peter Schubert (1797-1828): »La Muerte y la Doncella«, cuarteto (arreglo orquestal de Mahler), 2º mov. (Orquesta de Cámara del Concertgebouw)
  • Carl Mª von Weber (1786-1826): »Preziosa«, Obertura (Rafael Kubelik, Sinfónica de la Radio Bávara)
  • Georges Bizet (1838-75): »Allegro vivace«, mov. final de la Sinfonía en Do mayor (Leopold Stokowski, Orquesta Filarmónica Nacional)
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MP3 • Varios BR • .7z 134,5 MB

Chopin moribundo

sábado, 24 de abril de 2010

MOZART [arr. Lichtenthal]: RÉQUIEM, K. 626 [Cuarteto Kuijken]

angel of grief


por Ernesto Nosthas y Elgatosierra


Trate el lector por un momento de recrear dos escenarios: primero, en pleno siglo XXI un amante de la música tiene el repentino deseo de escuchar el Réquiem de Mozart. Como primera opción, revisa su Ipod y encuentra que allí tiene la versión de 1974 de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín. Luego revisa su estante de discos; allí esta la versión de 1984 del mismo Karajan pero ahora con la Filarmónica de Viena, más la lectura de Norrington de 1991, pero no basada en la “terminación” de Franz Xavier Süssmayr sino en el arreglo hecho por Duncan Druce y del cual el flemático maestro inglés, en esa grabación, daba la primicia.

Luego, nuestro melómano encuentra en su ordenador que ha descargado de la web tres grabaciones más que aún no ha incorporado a la Ipod: Herreweghe, Böhm y Jochum. Como nuestro melómano vive en una ciudad con cultura musical, rápidamente identifica que en un par de semanas se ofrecerá un concierto en vivo en el Teatro de la Ciudad, en la cual el gran maestro holandés Edo de Waart estará dirigiendo dicha obra… Y esperen: en su próximo viaje de negocios, en ruta a las ciudades visitadas, Ingo Metzmacher estará dirigiéndola en el Concertgebouw de Ámsterdam… y suerte… hay boletos disponibles en la Web.

Ahora retrocedamos los calendarios unos cuantos decenios y ubiquemos a nuestro melómano en cualquier día de abril de 1837 en Linz, una importante ciudad austríaca muy cercana a Viena. Nuestro melómano recién ha descubierto la belleza del Réquiem en una cena en casa de un importante empresario local, quien ha contratado a un Cuarteto de Cuerdas vienés para ofrecer un concierto durante la velada. Como es un tipo muy curioso, esa hermosa música que escuchó por primera vez fue objeto de su estudio las siguientes semanas. Dedicó todo un fin de semana para viajar en carruaje a Viena e investigar en la casa que publicó la partitura usada por el Cuarteto… y se dio cuenta que no había escuchado la obra original, sino un “arreglo” —de un músico apellidado Lichtenthal— de una obra más monumental creada por un compositor relativamente poco conocido en esos días, de apellido Mozart.

Mozart

Sorprendido, se dio cuenta que el Réquiem es una obra para gran orquesta, coro y solistas. En los siguientes meses viajó varias veces a Viena para buscar alguna pista de cuando esa obra iba a ser interpretada sin grandes resultados, hasta que el hijo del dueño de la imprenta vienesa, que casualmente había regresado de un viaje de estudios a Leipzig, trajo consigo un original de la partitura completa que le había obsequiado su Maestro con las referencias a que, próximamente, el gran director de orquesta y compositor Felix Mendelssohn había programado la pieza para el día de Todos los Santos (1 de noviembre) en el augusto Gewandhaus de Leipzig ese mismo año.

Pacientemente, ahorró lo que pudo y gracias al dueño de la imprenta (con quien cultivó una gran amistad a partir de estas circunstancias) y su hijo, viajó a Leipzig, alojando en el apartamento de estudiante del hijo, para la gran noche del concierto. Desafortunadamente, ese día cayó una inesperada nevada en la ciudad y el concierto fue aplazado. Con mucha tristeza, nuestro melómano vio frustrados sus deseos de escuchar el Réquiem. Sin embargo, un inesperado golpe de suerte le hizo conocer en la ciudad al Doctor Lichtenthal, arreglista del Réquiem para Cuarteto de Cuerdas, quien se había convertido en amigo cercano de la familia Mozart, y gracias a un nieto del compositor, pudo enterarse que el Réquiem sería interpretado, con especial dedicatoria a Mozart, el Día de los Santos Inocentes en la Iglesia de Cothen. En esta oportunidad, nuestro melómano tuvo suerte y pudo por fin escuchar su amado Réquiem en Concierto…

requiem mozart Lychakiv

Jejeje… Ahora díganme, amigos lectores, si no somos afortunados de vivir en estos días. ¿Tienen idea de lo que significaba la oportunidad de escuchar un concierto en el Siglo XIX? Ahora, nosotros en un tris podemos no sólo escucharlo una y otra vez, sino que disponemos de una miríada de alternativas. No en balde Celibidache renegaba de grabar sus interpretaciones; odiaba el hecho de que la sacrosanta impronta de un concierto se vulgarizara (según su idea) en una cinta magnetofónica.

Hasta principios de siglo XX, con la llegada de los medios de reproducción fonográficos, esta anécdota ficticia de una obra adaptada a un conjunto instrumental más modesto era la costumbre usual. Los arreglos de las grandes sinfonías, conciertos, óperas, etc., fueran para piano o pequeños conjuntos de cámara, eran el medio para dar a conocer masivamente una obra. Sólo la iglesia y la nobleza podían permitirse el lujo de mantener una orquesta o una compañía de ópera. Los propios compositores (Mozart, Beethoven, Brahms…) a petición de sus editores se prestaban a estas reducciones, ya que les permitía una mayor difusión de sus obras y una entrada de dinero adicional, que nunca era mal recibida. ¡A nadie le amarga un dulce!

Son afamadas y frecuentemente interpretadas las versiones para piano que Liszt hizo de las Sinfonías de Beethoven, de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, de muchos lieder de Schubert, Schumann, Chopin, arias de ópera de Rossini, Donizetti y Verdi, e incluso de obras sacras como el Ave María de Arcadelt o el Miserere de Allegri.

Hace unos días los autores, en uno de sus frecuentes diálogos cibernéticos, se compartieron la escucha de un disco notable, correspondiente a una de esas “transcripciones” de una obra maestra a un pequeño conjunto instrumental: el venerable Réquiem de Mozart adaptado para Cuarteto de Cuerdas. Ambos melómanos acordaron que su disfrute hedónico debe ocurrir con la mente limpia, tratando de aislarse de la obra original.

Mozart Chambers

La muerte de Mozart, por Ch. E. Chambers (1919)

Este magnífico regalo era acompañado de un sustancioso artículo de Peter Vermeersch aparecido en “Andante”, ‘Sounds to Cherish — Down Here and Up in Heaven’, y que parece ser una reseña crítica al concierto celebrado el viernes 16 de noviembre de 2001, en el Teatro Real de la Moneda de Bruselas, donde el Cuarteto de Cuerdas Kuijken (Sigiswald Kuijken y François Fernandez [violines], Marleen Thiers [viola] y Wieland Kuijken [violonchelo]) interpretaban la versión para cuarteto de cuerda del Réquiem hecha por Peter Lichtenthal. Este médico croata fue un músico aficionado que llegó a trabar amistad con la familia Mozart y a firmar un buen ensayo en dos volúmenes sobre el compositor, además de componer algunas obras.

Los autores han tomado el citado artículo como una referencia de base para las presentes notas. Todos conocemos el Réquiem de Mozart en su versión original, y no diremos aquí nada de él, excepto que, en puridad, se trata de la decimonovena y última misa escrita por el compositor, quien murió antes de terminarla, y que la versión más tradicionalmente interpretada es la que terminó su alumno Süssmayr, aunque en los últimos años se está imponiendo con fuerza la del reputado musicólogo, director de orquesta y violista Kurt Beyer.

Sigiswald KuijkenEn 1982 Sigiswald Kuijken con Matthias Holle, Ingrid Schmithusen y Neil Mackie y La Petite Bande ya habían grabado el Réquiem original para ACCENT, en nuestra modesta opinión, con un buen resultado. A primera vista pareciera que esta obra no fuera la mejor música para hacer precisamente una reducción para cuarteto de cuerdas, pero Lichtenthal, a partir de la edición de Süssmayr, lo intentó, y el resultado nos parece altamente satisfactorio. En 1997 el Cuarteto Aglàia había grabado esta versión para el sello STRADIVARIUS DULCIMER; a partir de este trabajo Sigiswald Kuijken hizo su propia revisión, utilizando los últimos hallazgos musicológicos. A nosotros nos parece que el resultado obtenido es espléndido.

El Réquiem en esta versión para cuarteto de cuerdas toma una nueva y propia vida. Su enfoque no puede ser más clásico, sobrio y humanista. Sólo ha quedado música, la que a nosotros nos gusta llamar música purísima, tan difícil de encontrar. No haremos aquí un análisis pormenorizado de esta versión por dos cuestiones fundamentales: no queremos contaminar la audición de esta maravillosa versión con nuestros criterios y perspectivas, cada uno que saque sus propias conclusiones desde su propia escucha; y a los interesados en el mismo les remitimos al artículo de Vermeersch antes citado, mucho más documentado y versado que nosotros.

En cambio, sí diremos que la interpretación se levanta como una potente y segura cabeza jánica, que mira tanto hacia atrás, hacia el Bach de El Clave Bien Temperado, El Arte de la Fuga o La Pasión según San Mateo; como hacia adelante, hacia el Beethoven de las últimas Sonatas para Piano, la Misa Solemnis, la Novena Sinfonía o los últimos Cuartetos de Cuerda.

Y ahora simplemente queda cumplir con el consejo… ¡A DISFRUTAR!

» D E S C A R G A

Manuscrito del Réquiem

sábado, 16 de enero de 2010

FURTWÄNGLER en GIRA | MOZART & BRAHMS



Para ElGatosierra y Leiter,
furtwänglerianos conocidos


Volvemos a nuestra “Etiqueta Furtwängler”. Este año abriremos fuego con un registro en vivo del genial director y “su esposa”, la Filarmónica de Berlín, como la calificaba él mismo para diferenciar su relación con la de Viena, “su amante”. (Supongo que a la auténtica esposa de Furt no le hacía tanta gracia ese derroche de ingenio...)

El año 1949 la mejor agrupación musical de Alemania y su director emprendieron una gira por el interior del país. Este disco recoge su presentación en Wiesbaden el 10 de junio de ese año. Faltan los Preludios de “Palestrina” (Pfitzner) que abrieron aquella velada, y pasamos directamente a la segunda parte, la celebérrima Sinfonía 40 en Sol menor de Mozart, en una interpretación que suena tal vez anticuada pero intensamente expresiva. Eso sí, su énfasis es más alemán que austríaco, vale decir, más evocador del Beethoven estilizado por Wagner que de la aristocrática levedad de Wolfgang Amadeus.

Brahms, Cuarta Sinfonía: Final del Primer Movimiento (Furtwängler, OFB, 1949)

Al fin, la guinda de la torta: la Cuarta Sinfonía de Brahms, en una interpretación gloriosa que revela todo un mundo de matices desde la primera nota, esa que permanece en suspenso durante un instante mínimo, hasta el accelerando de la coda en el último movimiento. Como siempre, Furtwängler se recrea con libertad en los matices expresivos y en su personalísimo uso de la pausa, sin mencionar el instinto maestro para las transiciones y esa capacidad hechicera para acumular y descargar tensión.

Vale la pena recordar que el manuscrito de la Sinfonía 40 fue propiedad de Johannes Brahms, quien lo conservó con amoroso cuidado en su biblioteca personal hasta el fin de su vida. Hay, pues, un vínculo con el Barbudo que recorre este disco entero. Además, como este año llegarán al blog las sinfonías de “Hannes”, plantamos ahora la primera piedra —preciosa, por cierto—... AQUÍ.

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viernes, 26 de junio de 2009

ADIÓS AMIGO

Hoy he perdido un buen amigo. “Cuervo López” ha decidido remontar el vuelo hacia la inmortalidad. No vienen al caso largas digresiones, porque todo cabe en una breve exclamación: ¡GRACIAS!

Nos recordaste que la vida sólo merece ese nombre cuando la pasión la ennoblece. Nos demostraste la enorme convocatoria que tienen todavía la Belleza y la Sinceridad, precisamente cuando sobran la vulgaridad y la hipocresía. Supiste reunir y dar valor a un grupo de personas que siempre estarán agradecidas de haberte conocido.

Amigo, aunque ahora te hallarás junto a Mahler, afanado en conocer por fin el legítimo final de la Décima, también te quedaste con nosotros.

Hasta siempre, Gabriel Cuervolopez.

 
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