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lunes, 27 de septiembre de 2010

EL NIÑO DEL CAMPANARIO y SU PIANISTA DE CABECERA

Nosthas“Érase que se era un niño que nació en la torre del campanario de un país muy lejano…” fue el inicio perfecto sugerido por mi querido amigo Elgatosierra para abrir el relato de la vida de un gran compositor checo: Bohuslav Martinů. Hoy doy continuidad a su historia a través del vínculo que unió al compositor con Rudolf Firkušný, quien fuera considerado el pianista checo más emblemático de su generación y con quien Martinů compartió una entrañable amistad y un crisol de creaciones musicales.

Bohuslav Martinu

Ambos emigraron de su aproblemada patria, primero por los avatares de la guerra y luego por la opresiva ocupación soviética. Y mientras Martinů se fraguó una sólida reputación internacional como gran compositor, Firkušný recorrió los escenarios de todo el mundo, ampliando con su arte el prestigio de la música checa de los siglos XIX y XX, haciéndose mundialmente famoso como intérprete insuperable de las composiciones de Smetana, Dvořák, Janáček y en especial de su amigo, nuestro niño del Campanario.


» s e g u i r


Firkusny y Martinu

por Ernesto Nosthas Nosthas


Rudolf Firkušný nació en Napajedla (Moravia, actual República Checa), el 11 de febrero de 1912. Fue reconocido tempranamente como un niño prodigio; a los cinco años tuvo la enorme suerte de ser presentado al compositor checo Leoš Janáček quien, deslumbrado por su enorme talento, lo aceptó inmediatamente como alumno personal y luego como uno de los miembros más jóvenes del Conservatorio de Brno, donde estudió piano, dirección de orquesta y composición de la mano del maestro Janáček y otros grandes de la música checa de aquellos días. Un año más tarde debutó en Praga. Interpretó el Concierto de la Coronación, de Mozart, acompañado por la Orquesta Filarmónica de Praga. Más tarde debutó con gran suceso en Viena en 1921, cuando apenas tenía nueve años. No terminaba de cumplir quince años cuando fue invitado al palacio presidencial de Lány, donde ofreció un concierto al entonces presidente checoslovaco, Tomás Garrigue Masaryk.

En los años siguientes, Rudolf Firkušný tomó clases de piano en Italia con el gran maestro Arthur Schnabel. En aquella época comenzó también a viajar por Europa, ofreciendo conciertos en Austria, Alemania, Italia, Francia y Gran Bretaña. En 1938 realizó su primera visita a Estados Unidos. En todos los círculos musicales de la época, valoraron que Rudolf Firkušný representaba a sus veinte años de edad un verdadero fenómeno y que su arte interpretativo estaba a la altura de los mejores pianistas de entonces.

Firkusny

Poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, Rudolf Firkušný abandonó el país para no verse obligado a tocar ante las fuerzas de ocupación. Con su arte abogó por la derrota de la Alemania hitleriana y la victoria de las fuerzas aliadas. Regresó a la República Checa en 1946 y ofreció un concierto en la primera edición del Festival Internacional de Música Primavera de Praga, interpretando el poco conocido Concierto para piano de Dvořák, del cual se volvió el mejor difusor. Sin embargo, por motivos políticos el pianista abandonó su patria por segunda vez.

Firkusny Kubelik Fournier

Firkušný (al centro) junto a Rafael Kubelík y Pierre Fournier (1980)

Tras el golpe de estado comunista en 1948 se radicó por el resto de su vida en EE.UU., desarrollando a partir de ese momento una intensa carrera en las salas de concierto de América, Asia, Europa y Australia interpretando predominantemente el repertorio de Mozart y Beethoven así como también composiciones de Smetana, Suk, Dvořák, Janáček y también de su amigo personal, Bohuslav Martinů. Firkušný fue asimismo un devoto intérprete de música de cámara y entre sus socios más destacados estuvieron los cellistas Pierre Fournier, Gregor Piatigorsky, János Starker y Lynn Harrell, los violinistas Nathan Milstein y Erika Morini, el violista William Primrose y el Cuarteto Juilliard.

También estrenó muchas obras de compositores contemporáneos como Howard Hanson, Gian Carlo Menotti, Samuel Barber, Kaprálová Vítězslava y Alberto Ginastera. Firkušný destacó asimismo en el plano académico, habiendo dedicado varios años a la enseñanza en la Escuela Juilliard en Nueva York, y en Aspen, Colorado, así como en el Centro de Música Berkshire en Tanglewood. Entre sus alumnos destacan Yefim Bronfman, Halim Eduardus, Alan Weiss, Sara Davis Buechner, Floyd Carlisle, Kathryn Selby, Avner Arad, June de Toth, Robin McCabe, Anya Laurence, Natasa Veljkovic y Carlo Grante.

Martinu

Firkušný y Martinů desarrollaron una especial amistad creativa a partir de 1931, gracias a la cual Firkušný obtuvo el privilegio de ser muchas veces el primero en conocer y estrenar creaciones para piano del niño del campanario. En ello conviene destacar que el piano siempre fue un reto personal y profesional para Martinů: anatómicamente sus manos no le favorecían, dado que eran más bien grandes para el teclado (tal como se mencionó en la primera parte de esta saga, los intereses de Martinů se centraron luego en el violín), por lo que mucho de las consultas técnicas para obras para piano contaron con el valioso aporte de Firkušný, quien además obtenía sendas dedicatorias o el honor de estrenarlas.

A sus conciertos acudía un público que incluía a sus colegas pianistas, ansiosos por conocer de primera mano el arte de Martinů y las composiciones de grandes maestros checos que, gracias a la virtuosidad de Firkušný, adquirían una belleza y profundidad extraordinarias. Tras los cambios democráticos en 1989, el músico regresó en varias ocasiones a su país natal. En 1991 el entonces presidente, Václav Havel, le concedió la Orden Tomás Garrigue Masaryk. A pesar de tener ciudadanía estadounidense, Rudolf Firkušný se consideró siempre checo: “En el propio sentido de la palabra nunca emigré porque en mi mente y en mi corazón estuve siempre presente en la República Checa. Jamás dejé de ser checo”. Nuestro admirado pianista murió en Staatsburg (New York, EE.UU.) el 19 de julio de 1994.

Firkusny old age

Al igual que con el “niño del campanario”, los restos mortales de Rudolf Firkušný fueron trasladados a la República Checa, donde fueron sepultados el 10 de septiembre del mismo año en el cementerio de la ciudad de Brno, muy cerca de su querido maestro Janáček para que el diálogo creativo entre ambos perdurara en la eternidad. En la saga del “niño del campanario”, en esta entrega haremos una selección de obras pianísticas protagonizadas por las sabias manos de quien fuera en su momento su mejor intérprete, Firkušný, incluyendo quizás sus últimas grabaciones realizadas en vida, en una doble placa digital editada por RCA en 1994.

El primer disco contiene tres (2, 3 y 4) de los cinco conciertos para piano de Martinů [junto a Libor Pesek dirigiendo a la Filarmónica Checa]; en el segundo se desarrolla un bellísimo compendio de obras del “niño del campanario” para piano, en la que destacan sobremanera su única Sonata para Piano y la obra que a mi juicio es su expresión más pura de su genio musical, la Fantasía-Toccata. Todas estas obras fueron estrenadas por el Maestro Firkušný y algunas de ellas le fueron dedicadas expresamente a él, como es el caso de la Fantasía-Toccata y el Tercer Concierto. Al auditorio le pido especial atención al bellísimo Segundo Concierto, obra que escogió Firkušný para su Concierto de regreso a la República Checa en 1990 y a la seductora construcción melódica y rítmica del Cuarto Concierto (Encantamiento). Las tres obras fueron grabadas durante la última visita de Firkušný a su patria, en la primavera de 1993.

En el disco de obras para piano, aparte de las grandes obras ya mencionadas (pináculo absoluto de su música para aquel instrumento) le pido a la audiencia dedicar especial atención a la colección de Estudios y Polkas: una bellísima muestra de la dicotomía creativa de Martinů: en los Estudios, se logra una genial y muy estructurada expresión de música pura para piano; en las Polkas, el “niño del campanario” da rienda suelta a su alegría y fantasía juguetona, en la construcción de melodías de su tierra natal… son quizás los minutos de música que más nos pintan su personalidad más intima… y que mejor oráculo para este desnudamiento de su alma que las geniales manos del gran Firkušný...

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sábado, 14 de agosto de 2010

MAGDALENA KOZENÁ :: Canciones que me enseñó mi madre

La Virgen de los lirios ~ Alfons Mucha, 1905

Las muchas y variadas bellezas de la cultura danubiana —formada por aquellos pueblos vinculados al entorno geográfico del gran río Danubio— nutren una tradición musical de abrumadora riqueza, presente desde las mismas raíces del entramado social. Música de campesinos, música de fiestas populares, música de pequeñas agrupaciones, música de acontecimientos cotidianos, música de bodas y funerales (como la banda de Goran Bregović)...

Una de las costumbres musicales de aquellas tierras consiste en que los padres entonen canciones para sus hijos, no sólo en la edad de los arrullos. En el cancionero que se va creando de esta íntima manera, se abren los oídos y los corazones de los pequeños a la universalidad del lenguaje de los sonidos, regazo privilegiado del alma humana.

Magdalena KozenáLa mezzosoprano checa Magdalena Kožená estrenó hace dos años un precioso álbum basado justamente en esas reminiscencias infantiles. Titulado “Canciones que me enseñó mi madre”, que es también el evocador nombre de una célebre canción de Dvořák —la misma que puede Uds. oír en el reproductor de más arriba— la bella esposa de Simon Rattle emprende un recorrido a través de creadores emblemáticos de su tierra (que equivale a decir de talla universal). Todo un acierto la canción popular checa que abre el disco (“Si yo fuera un fresal”) cantada a capella y conectándonos con un sinfín de sensaciones y posibilidades que luego irán cristalizando de la mano de Dvořák, Janáček, Eben, Martinů y otros más.

Valiéndome de la “temporada checa” surgida espontáneamente en el blog, les traigo este álbum en donde la talentosa Kožená comparte créditos con el estupendo pianista Malcolm Martineau, el guitarrista Michael Freimuth y la soprano Dorothea Röschmann.


jueves, 12 de agosto de 2010

EL NIÑO DEL CAMPANARIO / 2ª parte


NosthasLlegamos a la Segunda Parte de nuestra entrega dedicada al Niño del Campanario, Bohuslav Martinů. En esta ocasión colocaremos a vuestro alcance un elenco de grandes obras creadas en distintas épocas de su vida. A través de ellas podrán dimensionar bien la talla artística de este gran músico checo del siglo XX.



OBRAS CONCERTANTES: Disco nº 1


La carta de presentación que utilicé para presentar a mi buen amigo y anfitrión QUINOFF el mundo mágico de Bohuslav Martinů. Tres obras maestras del repertorio orquestal-concertante de Martinů. Contiene dos obras de sus años parisinos, el Concierto para Cuarteto de Cuerdas y Orquesta de 1931 y el Doble Concierto para Doble Orquesta de Cuerdas, piano y timbales. El lenguaje de ambas obras quizá sea uno de los ejemplos más ilustrativos de la construcción de armonías disonantes dentro de las obras del compositor, aunque sin llegar a los extremos de Bartók, de quien se distinguen algunos ecos de su famosa Música para Cuerdas, Percusión y Celesta en la dicción general de la obra. Cierra el repertorio una obra de la época norteamericana, la Sinfonía Concertante para Oboe, fagot, Violín, Cello y orquesta, un homenaje a su gran ídolo Haydn escrita en la misma estructura que éste empleó en 1792 para idénticos instrumentos. Acá la versión es maravillosamente ejecutada por el Endellion String Quartet y la City of London Sinfonia bajo la batuta del recordado maestro británico Richard Hickox.
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OBRAS ORQUESTALES EN TRIBUTO A LOS HORRORES DE LA GUERRA: Disco nº 2


En suelo americano, Martinů sufrió desgarradoramente las penas de su pueblo checo ante la opresión nazi, en particular el trágico caso del pueblo de Lidice. La historia es estremecedora: El 10 de junio de 1942, por orden directa de Hitler tras el asesinato del gobernador que había designado para tierras checas, Reinhard Heydrich, las unidades nazis cercan Lidice, en Bohemia Central. Fusilan a todos los hombres y arrasan la aldea. Los nazis no tuvieron unidades suficientes para cometer una atrocidad de tal envergadura y por ello, bajo amenaza de muerte, mandaron gendarmes checos a Lidice para que los apoyaran en la masacre (según testigos, los que se rehusaron a colaborar cayeron asesinados también). Las mujeres fueron enviadas a campos de concentración; los niños, a la reeducación del Tercer Reich. Muchos libros, testimonios, memoriales se han escrito de esta tragedia, más de una decena de pueblos y ciudades alrededor del mundo fueron rebautizadas “Lidice”, pero ninguno de estos testimonios tiene el poder y el impacto emocional que los ocho minutos de música escrita por Martinů a fin de conmemorar este triste evento.

La Misa de Campaña o misa de los soldados, al igual que otras de las obras de Martinů, fue concebida como reacción a los estragos de la guerra y en especial a la invasión de su país por las tropas alemanas. Está concebida para ser ejecutada al aire libre y posee una orquestación muy sonora e impactante en la que se subraya el rol de la trompeta solista y un solo de barítono. Vale la pena apuntar que Martinů no fue un simple cronista musical de los acontecimientos del día, sino un protagonista activo y en especial durante su agitada permanencia en suelo francés, luego de ser expulsado de París a raíz de sus vínculos con la resistencia.

En esto, les comparto una notable grabación de las dos obras mencionadas anteriormente: el Memorial de Lidice y la Misa de Campaña, más la melancólica Cuarta Sinfonía. Este repertorio editado por CHANDOS les llega en la brillante interpretación de la Filarmónica Checa y las Voces Masculinas de su Coro bajo la dirección de uno de los directores más geniales de la estirpe checa actual: el maestro Jiří Bělohlávek.
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MUSICA DE CÁMARA COSMOPOLITA: Disco nº 3


Este disquito tiene una colección muy heterogénea de estilos e inspiración, y además es uno de los más claros testimonios de una transición exitosa por parte de uno de los mejores especialistas en música antigua, Christopher Hogwood, a la música del siglo XX.

Hogwood merece mis respetos al elegir muy inteligentemente el repertorio que interpreta fuera de su espectacular visión del mundo pre-barroco, barroco, clásico y uno de los mejores Beethoven historicistas que conozco actualmente (y uno de mis favoritos, junto a Harnoncourt y Bruggen).

El secreto de su éxito está básicamente en que se ha limitado a la interpretación de obras contemporáneas que comparten una estética similar a la del Barroco y del Clasicismo y en ello Martinů es un ejemplo perfecto. Esta alianza entre el compositor checo y el director británico ha sido muy gratificante, y ha resultado en convertir a Hogwood en un intérprete relevante y un gran difusor de su obra.

En este disco, presento una pequeña muestra de la gran cantidad de música que Martinů desarrolló en moldes barrocos, en la que Hogwood dirige a la St. Paul Chamber Orchestra interpretando cinco obras: Sinfonietta La Jolla, La revue de cuisine (tangos, jazz y hasta Charleston incluidos), Toccata e due canzoni, Merry Christmas 1941 y Tre ricercari.

Acá se incluye otro hermoso homenaje a Haydn en la forma de la Sinfonietta La Jolla, un obsequio a la Sociedad de Artes Musicales de La Jolla en California en la cual se entretejen melodías eslavas dentro de una estructura bellamente desarrollada, muy al estilo concertante de las Sinfonías de Haydn, asignando un rol muy relevante al piano. En el plano barroco, una de las últimas y más bellas obras de Martinů fue la Toccata e due Canzoni, una maravillosa construcción musical que simula una improvisación al mejor estilo de Bach.
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PEQUEÑAS OBRAS CORALES: Disco nº 4


Mi querido amigo don Fernando de León me trajo nuevamente a la atención la espectacular obra coral de Martinů titulada “La Epopeya de Gilgamesh”, casi al mismo tiempo que caía en mis manos un disquito más intimo de cantatas para pequeños conjuntos corales que compuso Martinů en medio de su intensa nostalgia para la patria que le vio nacer. ¡Qué maestría entre ambos mundos! Gilgamesh usa extensos recursos corales en una estructura majestuosa; en cambio, este disco trae un compendio de obras delicadas en ensambles más limitados y etéreos.

En esas pequeñas obras corales Martinů vertió mucha de su nostalgia y sus frustraciones ante el limitado eco y reconocimiento que obtenían sus obras. En una carta, fechada en Nueva York en abril de 1951, escribía a sus parientes en su natal Checoslovaquia: “Echo muchísimo de menos mi tierra, nuestros cerros, pero no me parece que pueda verlos pronto. No recibo de allá buenas noticias: me relegan a un segundo plano como si nunca hubiera escrito música checa, aunque aquí me siguen considerando compositor checo”.

De este disco destaco especialmente la “Consagración de la Primavera” al estilo checo rural… jejeje… no amigos, no son ritos salvajes y paganos con un brutal sacrificio a la madre tierra como nos la pintó genialmente Stravinsky; en los bosques de Moravia, la Primavera inicia con la ceremonia de limpieza y apertura de los pozos de agua artesiana que abundan en los bosques, los cuales luego del crudo invierno están taponados por una mezcla de lodo y residuos de hielo. Ese sencillo ritual es evocado en la cantata con Martinů como el viajero que llega a Moravia después de un largo exilio... un deseo insatisfecho que sólo pudo imaginar en sus últimos días de vida Martinů.

Complementan esta hermosa cantata, dos obras más en el mismo estilo, la historia de “Mikeš, el ermitaño de la montaña” y “La Leyenda de los Rastros de humo del Fuego de los arbustos de papa”, dos obras que evocan las leyendas y tradiciones de su pueblo natal, asociadas la primera ilustra el inicio del invierno (fue terminada poco antes de la muerte del compositor y tiene evocaciones nostálgicas a su vida y la cercanía de su muerte) y la segunda, el inicio del otoño. Todos los textos son de autoría del poeta Miroslav Bures, amigo de infancia de Martinů.
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La siguiente es la secuencia de las obras del disco, en todas las cuales participa el Coro Mixto de Pavel Kühn, dirigidos por él mismo:
La Apertura de los Pozos (Otvírání studánek)
  • Cantata para coro femenino de cámara con partes solistas para soprano, contralto, barítono y narrador-recitativo. Acompañan dos violines, viola y piano. En esta grabación participan Milada Čejková (soprano), Agáta Čakrtová (contralto), Ivan Kusnjer (barítono), Petr Haničinec (narrador), Petr Messiereur, Jan Kvapil (violines), Jan Talich (viola) & Stanislav Bogunia (piano).
La Leyenda de los rastros de humo de los fuegos de arbustos de papa (Legenda z dýmu bramborové nati)
  • Cantata para coro mixto, soprano, contralto, barítono con acompañamiento de flauta dulce, clarinete, corno francés, acordeón y piano con Milada Čejková (soprano), Marie Mrázová (contralto), Ivan Kusnjer (baritono), Jiří Stivín (flauta dulce), Vlastimil Mareš (clarinete), Petr Duda (corno), Milan Blaha (acordeón) & Stanislav Bogunia (piano).
Mikeš, el ermitaño de la Montaña (Mikeš z hor)
  • Cantata para coro mixto, soprano, tenor, two violines, viola y piano con Milada Čejková (soprano), Vladimir Doležal (tenor), Petr Messiereur, Jan Kvapil (violines), Jan Talich (viola) & Stanislav Bogunia (piano).
Mucha

La Primavera – Alfons Mª Mucha (1896)

En contraste con la intimidad de las cantatas de cámara precedentes está, como dijimos, la mega-cantata basada en el mito sumerio de Gilgamesh. Sería naturalmente el disco para compartirles en este preciso lugar... pero introduciremos una variante: la publicación de dicha obra se producirá en el Blog OIDO FINO en breve tiempo más. Aquí les daremos oportuno aviso.

La Epopeya de Gilgamesh recreada por Martinů es difícil de describir, pero no está de más una referencia preliminar: puede decirse que es una especie de Octava Sinfonía de Mahler, tanto en recursos orquestales como en textos, tomados esta vez de un poema babilonio del siglo III A.C. La obra es una amalgama entre Cantata Sacra, Oratorio Secular y Poema Sinfónico. Su construcción usa mucho las disonancias cromáticas; sus temas musicales son una mezcla de melodías eslavas primitivistas con ritmos sincopados de muy diversos formatos y construcciones. La estructura es tonal, pero con arreglos progresivos que recuerdan mucho la construcción armónica del Adagio de la Décima Sinfonia de Mahler… El cuadro general es inolvidable y bizarro. No es una obra para todos los gustos, pero a mí me fascina y agradezco en el alma a mi amigo Fernando de León el que me la haya compartido.

Hasta entonces, disfruten el fascinante universo sonoro plasmado por este compositor checho.

jueves, 5 de agosto de 2010

EL NIÑO DEL CAMPANARIO / 1ª parte

Martinu
NosthasEn medio de los onomásticos de muchos grandes compositores durante el año 2009, se cumplieron también cincuenta años del fallecimiento de Bohuslav Martinů quien, junto a Zelenka, Smetana, Dvořák y Leoš Janáček, integra el quinteto de compositores checos más importantes de la Historia.

“Érase que se era un niño que nació en la torre del campanario de un país muy lejano…” sería el inicio perfecto para esta historia de la vida de un gran compositor checo: Bohuslav Martinů.

Para los vecinos de su aldea natal, Martinů fue “el niño del campanario”, dado que literalmente nació en la torre del campanario de la Iglesia de Santiago de Polička (actual República Checa) el 8 de diciembre de 1890.

Los años de infancia de Martinů fueron de pobreza y limitaciones. Hijo único del zapatero de pueblo que también trabajaba como vigilante de la torre, el campanario fue para él, desde pequeño, su sitio de juegos, desde donde divisaba el hermoso panorama de los bosques de Moravia. Esta torre multiusos (campanario de la iglesia, mirador… ¡y también cuartel de bomberos!) fue siempre el recuerdo más duradero de su infancia.

Habitación en la torre de la iglesia
donde nació Martinů


Visita esta excelente galería de imágenes de Policka

Martinů Martinů era un niño enfermizo y retraído, pero gozaba de un gran talento musical, iniciado por los acordes del campanario local. La familia Martinů, aunque humilde, gozaba del aprecio del pueblo; las dotes musicales del pequeño Bohuslav no pasaron inadvertidas en la pequeña Polička, por lo que los aldeanos organizaron una colecta, cuyos fondos alcanzaron para que el pequeño Bohuslav, de apenas nueve años, fuera a estudiar a Praga. Paradójicamente, en 1910 lo expulsaron de la Escuela de Órgano de Praga por su falta de aplicación…

Luego de su pequeño fracaso en el Conservatorio, perseveró y a base de estudios personales adquirió un notable dominio del violín, con lo cual pudo acceder a la Filarmónica Checa, donde ocupó un puesto entre 1913 y 1923, a excepción de los años de la Gran Guerra (1914-1918), cuando regresó a su pueblo natal. Durante este período alternó estudios con el famoso violinista checo Josef Suk. De este primer período datan sus primeras obras: la serie de breves piezas para piano que Martinů compuso bajo el título de Marionetas, obras melancólicas, danzantes y de una rara elegancia. En la música orquestal destacan la Rapsodia Checa (1920) y el ballet Istar (1922).

Martinů fue primeramente un compositor de vanguardia, en los días de la Primera Guerra Mundial; luego echó raíces en el neoclasicismo, con tintes románticos. La obra de Martinů denota una alegría manifiesta que otorga incluso a sus obras más dramáticas acentos de esperanza o de consuelo, pese a que muchas de ellas ilustran aspectos trágicos de la historia de la humanidad y sobre todo el sufrimiento de su querida patria. Martinů fue un compositor prolífico; su catálogo completo abarca 387 creaciones, muchas de ellas con amplia influencia de las culturas francesa e italiana de la primera parte del siglo XX. Sin embargo, jamás olvidó los acentos, la música y las tradiciones de su amada patria checa. Su máximo ícono y modelo fue Haydn, a quien admiraba como hombre tanto como creador. Martinů tenía una visión abnegada del acto de componer; para él, la espontaneidad era resultado de una actividad prolongada e infatigable.

Tras su período en la Filarmónica Checa, Martinů sale de su querida patria en 1923 para no regresar más, salvo cortos recesos de vacaciones, el último de cuales tuvo lugar en 1938.

Caricatura de Martinů al piano

Este viaje, que sería definitivo, lo hizo con el propósito de formarse académicamente en París con el compositor Albert Roussel, el cual ejercería decisiva influencia en el estilo y el lenguaje musical del músico checo. El viaje de estudios acabó convertido en una fecunda estancia de más de 17 años. A partir de entonces empieza a surgir un caudal notable de obras. Cuando el fragor de la guerra llegó a las puertas de Francia, Martinů decide huir de París y en 1940 se establece en Estados Unidos, para recalar posteriormente en 1951 en Roma y finalmente en 1953 en Suiza.

Martinu

Durante los años parisinos, destacó especialmente la visión tradicionalista de su ballet folklórico Spalicek (1931), una especie de collage de imágenes variadas de la vida cotidiana checa; la ópera El Milagro de Nuestra Señora (1933), una obra fantasmagórica de la tradición religiosa checa con ecos medioevales; y la ópera Juliette (1938). Pero sin duda, su obra maestra —y una de mis favoritas de todo el Siglo XX— es su Doble concierto (1938), una pieza de gran alcance para expresar sus sentimientos justo antes de la Segunda Guerra Mundial y la caída inminente de su país. La obra que coronó su ciclo parisino fue la Misa de Campaña.

Durante su época americana fue profesor emérito de la Escuela de Verano de Berkshire y la Universidad de Princeton. Obras de gran importancia de esta etapa americana son las primeras cuatro Sinfonías (que empiezan en 1942 con el encargo de Koussevitzky para la Primera); su Primer Concierto para violín (1943); el Memorial para Lídice; y un Concierto para dos pianos y orquesta (1943). Su actividad creativa en suelo americano fue severamente afectada por una caída accidental en las escaleras de su hogar en 1946, lo que dio lugar a un período de amnesia y sordera parcial que duró casi un año.

Martinů deja los Estados Unidos para vivir en Roma desde 1953 hasta 1955, donde escribió su bellísima obra Fresques de Piero della Francesca para orquesta; la ópera Mirandolina; y su espectacular Sexta Sinfonía. En Roma empezó su duodécima y última ópera, basada en la Pasión Griega de Nikos Kazantzakis, poco antes de su muerte en Liestal, cerca de Basilea, Suiza, el 28 de agosto de 1959.

En 1979, veinte años después de su muerte en Suiza, sus restos mortales retornaron finalmente a la tierra que le viera nacer. Fueron depositados en la tumba del cementerio municipal donde ya reposaba su amada esposa Charlotte. Las autoridades del pueblo de Polička hicieron un arreglo especial para Martinů: lo ubicaron en la parte más alta del camposanto, colocando su tumba en línea directa con la torre de la iglesia de Santiago… Así el círculo quedaba cerrado: el niño del campanario había vuelto al lugar en donde disfrutó la mayor felicidad de su vida.

Tumba de la familia Martinů
(al fondo, el campanario natal)

Al igual que muchos grandes músicos, sólo después de su muerte reconoció el mundo la extraordinaria significación de Martinů. Mi contacto personal con este compositor empezó por sus magníficas obras concertantes, pero sin duda las obras suyas que más impacto me han causado son su Memorial a Lídice (el pueblo checo borrado del mapa por Hitler), la Misa de Campaña, las cantatas para pequeños conjuntos corales y la Cuarta y Sexta Sinfonías. De este repertorio he seleccionado cinco discos notables, cuatro de mi colección personal y otro gentilmente cedido por mi buen amigo y colaborador en este blog, Don Fernando de León, a quien dedicamos afectuosamente esta reseña.

¡Comencemos! En este primer post encontrarán las 6 SINFONÍAS de Martinů interpretadas por Neeme Järvi y la Orquesta Sinfónica de Bamberg...

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