lunes, 15 de noviembre de 2010

GÓRECKI (1933-2010)

Gorecki

Pocos días atrás, el 12 de noviembre, dejó este mundo uno de los creadores más celebrados de Polonia, Henryk Mikołaj Górecki. Su trayectoria se movió entre vanguardia y tradición, llegando alguno a acuñar el calificativo de minimalismo sacro para identificar su estilo, atendiendo al afán de simplicidad y la hondura religiosa del compositor. Como homenaje a este músico notable subo hoy las líneas enviadas por mi amigo Ernesto Nosthas, introduciendo el mundo sonoro de Górecki, famoso sobre todo por su Sinfonía n° 3, “de las Lamentaciones”.


por Ernesto Nosthas Nosthas


Viajemos hacia la Silesia polaca, al pie de los Cárpatos, y adentrémonos en las aguas del bellísimo río Kłodnica (uno de los principales tributarios del Vístula) para descubrir el maravilloso mundo sonoro de Henryk Górecki.


Nuestro autor nació el 6 de diciembre de 1933 cerca de Katowice (Silesia, Polonia). Tras graduarse en 1951 trabajó como profesor de enseñanza primaria, para comenzar estudios formales de composición en 1952 bajo la tutela de Boleslaw Szabelski, en la Escuela Estatal Superior de Música (PWSM) de Katowice.

Górecki formó parte de esa maravillosa vanguardia musical polaca del período cultural post-stalinista de finales de los cincuenta, junto con Panuknik, Kilar, Penderecki, Lutoslawski y otros notables, con el estreno de sus obras en el Festival de Otoño de Varsovia. En esa ocasión, le fue otorgado un galardón de la Unión de Compositores Polacos, tras lo cual pudo cursar estudios en París en 1961 y 1963, donde se relacionó con personajes de la talla de Olivier Messiaen, Pierre Boulez y Karlheinz Stockhausen.

Sus obras han sido galardonadas en concursos de compositores tanto en Polonia como en el extranjero, destacando: el Primer Premio por la Sinfonía “1959” durante la Bienal de Jóvenes de París; el primer lugar durante la Tribuna Internacional de Compositores de la UNESCO en París por la composición “Ad Matrem”.

Gorecki pensativo
De vuelta a sus raíces, en el año 1975 fue nombrado rector de su Alma Mater musical en Katowice (PWSM), pero abandonó el cargo cuatro años más tarde debido a presiones políticas.

Su salmo “Beatus Vir” fue interpretado en Cracovia durante el concierto con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II en Polonia, en 1979. Górecki recibió además varios premios honoríficos, entre los que destacan: el Premio Nacional de 1er Grado (1970), premios del Ministerio de Cultura (1965, 1969, 1973), Premio de la Asociación de Compositores Polacos (1970) y Premio del Ministerio de Asuntos Exteriores (1992). Se le otorgaron varios doctorados honoris causa tanto en universidades polacas como extranjeras: Academia de Teología Católica en Varsovia (1993), Universidad de Varsovia (1994), y más tarde por la Universidad Católica de Washington, Universidad de Michigan en Ann Arbor, Universidad de Victoria en Victoria (British Columbia, Canadá), Universidad Jaguellónica en Cracovia.

Cuando el régimen comunista cayó, viajó al extranjero y desde 1989 se ocupó de las representaciones de sus obras, famosas tras el enorme éxito mundial de la grabación de su Sinfonía nº 3, llamada Sinfonía de las Canciones Tristes (o de las Lamentaciones).

Lamentaciones

La obra de Górecki es un calidoscopio sonoro, el cual abarca una gran variedad de estilos pero tiende a ser simple en armonías y elaborado en estructura. Sus primeros trabajos recuerdan el estilo de Pierre Boulez y otros serialistas. Sus composiciones más recientes suelen ser comparadas con el minimalismo, a veces llamado “minimalismo sacro” (como el avatar de Quinoff, Arvo Pärt, con quien también se le comparó). Sus trabajos reflejaron a menudo sus profundas creencias religiosas (Górecki fue un católico convencido).
Los últimos días de la vida de Górecki fueron muy difíciles, dado que sufrió de las secuelas de varias enfermedades, las cuales limitaron mucho su creatividad. Sus últimas obras fueron los tres espectaculares Cuartetos para Cuerdas; el Concerto-Cantata (1992) para flauta y orquesta; el Kleines Requiem für eine Polka (1993 – incluida en este post); dos obras presentadas simultáneamente: Salve, Sidus Polonorum (1997-2000) para coros, percusión y teclados, y Lobgesang (2000). A su muerte quedó casi finalizada su Cuarta Sinfonía, la cual fue comisionada por la London Philharmonic Orchestra y el Southbank Centre de Londres, Los Angeles Philharmonic Association y el ZaterdagMatinee (la serie de conciertos de música clásica de la Radio de Holanda para el Amsterdam Concertgebouw). Se espera que el trabajo sea revisado por varios colegas, incluyendo su gran amigo Penderecki, y presentado en un concierto póstumo. En un acto de reconocimiento que acabaría siendo el postrero, el Gobierno Polaco le confirió el mes pasado La Orden del Águila Blanca, el más alto galardón que un polaco puede recibir.

En la mayoría de notas internacionales publicadas luego de la muerte de Górecki se hizo mención a las declaraciones de una de sus amigas más cercanas, Joanna Wnuk-Nazarowa, Directora Titular de la Orquesta de Radio Polonia en Katowice, quien dijo a la AP que el compositor murió el viernes 12 del corriente en la unidad de cardiología del hospital de Katowice, sur de Polonia. Wnuk-Nazarowa señalaba en sus declaraciones que ella y el compositor Krzysztof Penderecki visitaron a Górecki en el hospital el miércoles, dado que Penderecki se empeñó en visitarlo. Al respecto relató que durante esta última visita “tratamos de bromear, Penderecki prometió que dirigiría ‘Beatus vir’ [de Górecki] para el cumpleaños número 80”, que ambos cumplirían en 2013.

Le sobreviven su esposa Jadwiga, profesora de piano; su hija Anna Gorecka-Stanczyk, pianista, y su hijo Mikolaj Górecki, compositor.

Descanse en paz, Maestro.


En este viaje musical les ofrezco tres discos en una misma descarga. (Pinchar en la imagen final, la del pato que surca las aguas del río Kłodnica). Abarcaré obras de cinco décadas; permítanme ofrecerles en primer lugar un ramillete de obras ácidas y duras, pero inmensamente creativas, en grabaciones seleccionadas por el mismo compositor para un disco del sello Olympia:

  • Epitafio Op. 12 para coro mixto y ensamble de instrumentos (1958)
  • Scontri Op. 17 para orquesta (1960)
  • Génesis ~ II. Canto instrumental para 15 ejecutantes Op. 19 nº 2 (1962)
  • Refrain Op. 21 para orquesta (1965)
  • Música de la Antigua Polonia Op. 24, para vientos (1967-1969)
De ese conjunto, les pido especial atención al contraste ente las primeras tres obras con la quinta; allí encontraran las bases armónicas que luego alcanzaran su máxima expresión con la bellísima y espectacular Sinfonía de las Lamentaciones (1976) Esta obra es sin duda la más popular de Górecki y está concebida para orquesta y soprano solista.

Escrita en 1976, se divide en tres movimientos:

  • Las coloraciones del primer movimiento —lento, sostenuto tranquillo ma cantabile— hacen alusión a un lamento que data del siglo XV, evocando a una madre que llora a su pequeño hijo muerto.
  • El segundo movimiento —lento e largo, tranquillissimo— contiene frases escritas sobre el muro de una prisión de la Gestapo en Zakopane. En ellas, su autora, Helena Błażusiak, con 18 años al momento de su encarcelamiento, estampa un sencillo recuerdo de su madre, intentando confortarla, y una breve plegaria a la Virgen María. El sencillo texto en el muro, dice: “Mamá, no llores, no. Inmaculada Reina del Cielo, protégeme siempre”. Górecki diría después que lo cautivó la generosidad y ausencia de rencor en esas palabras, que no claman por venganza.
  • El tercer movimiento —lento, cantabile-semplice— reproduce una canción folclórica escrita en un dialecto del polaco, que imagina un diálogo entre la Virgen María y su Hijo clavado en la Cruz.
La música es lenta y contemplativa. El primer movimiento, un canon lento y prolongado para cuerdas, dura la mitad del total de la obra. Una interpretación regular dura alrededor de cincuenta minutos. La versión fonográfica más difundida que sus mercedes pueden encontrar es la que en 1992 grabó la London Sinfonietta dirigida por David Zinman, teniendo como solista a la soprano estadounidense Dawn Upshaw, que vendió más de dos millones de copias y fue un hit incluso entre los jóvenes.

Gorecki dirige

Yo en lo personal prefiero la lectura que hoy les comparto, y que es la segunda escala en el viaje: Kazimierz Kord con la Filarmónica de Varsovia y Joanna Kozlowska cantando la parte solista.

Finalmente, dos obras bellísimas del pasado reciente de Górecki: una obra de estructura liviana pero inmensamente rica en armonías, su Pequeño Réquiem para una Polka, y una obra comisionada para el Festival de Música de Laerchen y enfocada en mi querido clarinete, hoy acompañado por cello y piano.

5 comentarios:

Mari dijo...

Como siempre ,magnífico post de Ernesto ,muchas gracias por compartir tus conocimientos,y tu pasión por la música
Y un homenaje a Joaquin el artista que lo cuelga

K. dijo...

En mi opinión, el Górecki vanguardista y atrevido de los cincuenta y sesenta tenía mucho más interés que el minimalista que después se hizo tan famoso. Pero es una opinión personal. Por otra parte, hay que reconocer que la promoción publicitaria de la grabació con Upshaw y compañía hizo más para que fuera conocido que obras magmíficas como Scontri o Refren. Lo más sorprendente es que la prensa polaca no parece haber dado demasiada importancia a la desaparición de este magnífico compositor. Lástima.

Quinøff dijo...

Por qué ocurrirá eso, K.? Se entumece la inspiración, se agota el nervio de los renovadores, se acaba la inconformidad? No debería el talento musical ser capaz de sobrevivir a cambios estilísticos, más o menos como un licor puede cambiar de recipiente sin perder sus cualidades? No sólo con Górecki puede tenerse la impresión que tú mencionas.
Ignoraba el poco caso que hicieron los medios polacos a la partida de uno de sus grandes íconos culturales del último tiempo.
Gracias por tu comentario, un abrazo!

K. dijo...

Joaquín, eso es un tema muy interesante, que seguramente resulta imposible de reducir a un sólo factor. Tal como tú apuntas, Górecki no es el único (de hecho, en su misma generación abundan los talentos vanguardistas que se echaron atrás: el mismo Penderecki, que había desarrollado un sistema de notación personal y adaptado a sus necesidades, se convirtió al neorromanticismo; Wojciech Kilar, que partiendo de Bartók y Prokofiev pasó por una época serialista, lo abandonó para escribir bandas sonoras; etc.). Yo creo que tanto el asedio al que los sometió el régimen como su falta de eco social tuvo algo que ver, unido a otros factores que cabría analizar uno por uno.
Por cierto, cuando quieras dejarte caer por mi blog con un "post" sobre lo que te dé la gana, tienes invitación perpetua. Si te interesa la propuesta avísame por e-mail. Saludos.

q u i n ø f f dijo...

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