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viernes, 26 de junio de 2026

Aniversario de ABBADO | Schubert, Mendelssohn, Brahms

Claudio Abbado

Claudio Abbado


93 años habría cumplido hoy el inolvidable e influyente maestro italiano Claudio Abbado, nacido un 26 de junio de 1933 en Milán. Obtuvo temprano en su vida un reconocimiento e influencia que muchos otros sólo alcanzan tras décadas o post mortem. Y dicho reconocimiento no vino mediado por astucias comerciales ni contactos oportunos, sino por el propio, inmenso talento que demostró siempre el milanés. Fue extraordinario como director de ópera, subió a podios privilegiados (Londres, Berlín, Salzburgo, Viena) para hacer historia, inspiró a colegas, formó agrupaciones señeras, defendió la música contemporánea al paso que equilibraba como pocos su calor y apasionamiento mediterráneo con la profundidad del repertorio austro-germano, inscribiéndose en el linaje de los Toscanini y De Sábata, sin descuidar el repertorio francés o el eslavo.

Su estilo musical atravesó diversas fases, conservando siempre un sonido suntuoso a la vez que transparente, cayendo a veces en la tentación del control minucioso (como le ocurría también a Toscanini) pero, al paso que luchaba con la enfermedad, aprendió a rendirse ante el acontecimiento musical logrando una expresividad y trascendencia que sobrecogían los auditorios, como atestiguan sus conciertos en el Festival de Salzburgo.

En homenaje al genial director, les comparto un disco que recopila interpretaciones suyas de tres emblemas del Romanticismo germano, Schubert, Mendelssohn y Brahms, al frente de tres formaciones que dirigió con aplausos durante su vida: la Orquesta de Cámara Europea, la Orquesta Sinfónica de Londres y la Filarmónica de Viena.
Con ellas nos ofrece:
  • la Sinfonía «Inconclusa» en Si menor, de Franz Schubert
  • la obertura «Rosamunda» del mismo autor
  • la obertura «Las Hébridas», de Felix Mendelssohn
  • y una selección de las «Danzas Húngaras» de Johannes Brahms.
Basta pulsar la carátula del disco para ir a la descarga:
abbado

martes, 31 de diciembre de 2024

Anton Bruckner · Sinfonía nº 7 en Mi mayor

Termina el “año Bruckner” y lo despido con una de sus sinfonías más populares… si tal calificativo cabe para un creador tan desafiante como él. Pero así ocurrió con la Séptima, que desde su estreno el año 1884 fue capaz de abrir para don Josef Anton el camino, tanto tiempo cerrado, al reconocimiento público. La fluidez de su inspiración equilibra y aligera la concienzuda arquitectura musical que Bruckner siempre cuidaba al milímetro. Además, durante su composición Bruckner conoció, consternado, la muerte de su ídolo Richard Wagner, a quien rinde sentido homenaje en el Adagio.

Les comparto una versión antológica de la sinfonía, con Georg Szell dirigiendo a la Filarmónica de Viena durante el Festival de Salzburgo de 1968. La toma sonora en vivo resulta quizá la única desventaja de este registro, pues todo lo demás en la interpretación es un maravilloso ejercicio de musicalidad, inspiración y profunda capacidad comunicativa.

Disfruten la magnífica Séptima en el enlace inferior. ¡Saludos a todos y nos vemos en 2025!

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MP3 CBR 224 kbps 48 Hz | 4 Tracks | .zip 103,8 MB

Bruckner a su salud

jueves, 28 de abril de 2022

BRAHMS & DVORÁK · Conciertos para violín · Stern, Ormandy, Filadelfia

Aquí dejo para ustedes una estupenda interpretación de dos de los conciertos para violín más hermosos del siglo XIX (y también de toda la literatura musical): el Concierto en Re mayor de Johannes Brahms, y el Concierto en la menor de Antonín Dvorák. Los intérpretes: Isaac Stern, violín solista, la Orquesta de Filadelfia y en la dirección, el maestro húngaro Eugéne Ormandy.
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MP3 CBR 320 kbps 48 Hz | 6 Tracks | .7z 154,72 MB

viernes, 22 de octubre de 2021

Hasta siempre, Maestro HAITINK

Haitink

Acaba de consolidarse una Leyenda: ha muerto Bernard Haitink. Digo consolidarse porque, seamos sinceros, el gran director neerlandés era ya una leyenda viviente, y todas sus últimas apariciones en público fueron acontecimientos no sólo por su dominio absoluto de oficio musical, sino porque aquellos (privilegiados) auditorios sabían que las apariciones del Maestro serían episodios para atesorar siempre.

Uno siente también como si se hubieran cortado amarras con un periodo trascendente del siglo pasado, cuando la vieja guardia de los Furtwängler, los Knappertsbusch, los Monteux o los Beecham —todavía tributaria de la belle-époque— pasó el testigo a una nueva hornada de músicos forjados entre guerras y fuertes replanteamientos.

Haitink fue un gran campeón del repertorio sinfónico y lírico de Europa central, con cierta predilección por el romanticismo tardío de Bruckner o el posrromanticismo de Gustav Mahler y Richard Strauss, tres apellidos frecuente y brillantemente asociados al director de Ámsterdam…

Admito que la partida del Maestro me tomó por sorpresa. Aun con sus 92 años a cuestas, uno guardaba la esperanza de que el reloj del Destino marcara las horas más lentamente y así, demorar el momento de la despedida. Pero ha llegado. Y para recordarlo, aquí les dejo su interpretación de la Sinfonía Alpina de Richard Strauss con la Filarmónica de Viena, en 2012:

jueves, 30 de septiembre de 2021

Mahler · Canciones a los niños muertos

kindertotenlieder
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MP3 CBR 224 kbps | 5 Tracks | .7z 44,63 MB

lunes, 30 de noviembre de 2020

In Memoriam

wyczolkowski
Primavera en Gościeradz — Leon Wyczółkowski (1933)

NOTA: Al despedir Noviembre, mes que conmemora a los difuntos, me ha parecido oportuno echar una mirada a grandes nombres que debimos despedir el año pasado y que luego, con la pandemia de coronavirus, su acelerada expansión y la posterior clausura de todas las actividades culturales de Occidente por mor de la salud pública, quedaron privados de merecidos homenajes. Así, he querido sencillamente colgar algún registro representativo de cada artista que partió el año pasado, justo antes que el mundo se confinara.

2019 resultó un año de despedidas dolorosas. Si la música popular tuvo que decir adiós a Marie Fredriksson (vocalista de Roxette), Doris Day, José José, Alberto Cortez, Camilo Sesto o João Gilberto, la clásica perdió, entre otros, a André Previn, Paul Badura-Skoda, Theo Adam, Peter Schreier, Michael Gelen, Jörg Demus, Anner Bylsma, Jessye Norman, Werner Andreas Albert, Raymond Leppard, Mariss Jansons (que hoy 30 de noviembre cumple un año desde su partida…) etc.

A modo de despedida y homenaje, revisemos el legado de los Artistas que dejaron este mundo pero se ganaron la inmortalidad, y nuestros corazones, por las vías del Arte:


Jessye Norman

Augusta, 15 Sept. 1945 Nueva York, 30 Sept. 2019


Peter Schreier

Meißen, 29 Jul. 1935 Dresde, 25 Dic. 2019


Theo Adam

Dresde, 1 Ago. 1926 ídem., 10 Ene. 2019


André Previn

Berlín, 6 Abr. 1929 Nueva York, 28 Feb. 2019


Paul Badura-Skoda

Viena, 6 Oct. 1927 ídem., 25 Sept. 2019


Jörg Demus

Sankt Pölten, 2 Dic. 1928 Viena, 16 Abr. 2019


Anner Bylsma

La Haya, 17 Feb. 1934 Amsterdam, 25 Jul. 2019


Michael Gielen

Dresde, 20 Jul. 1927 Mondsee, 8 Mar. 2019


Raymond Leppard

Londres, 11 Ago. 1927 Indianápolis, 22 Oct. 2019


Werner Andreas Albert

Weinheim, 10 Ene. 1935 Brisbane, 10 Nov. 2019


Mariss Jansons

Riga, 14 Ene. 1943 San Petersburgo, 30 Nov. 2019


domingo, 10 de mayo de 2020

CHAIKOVSKY · Fragmentos orquestales de sus óperas

Tchaikovsky en su estudio Chaikovsky ante su piano


El pasado 7 de mayo, cuando celebré a Brahms, hice caso omiso de otros dos onomásticos relevantes: en esa misma fecha se estrenó la Novena Sinfonía de Beethoven en Viena (1824) y nació un creador tan extraordinario como Piotr Illich Chaikovsky (1840).

Aunque en lo personal considero a Brahms un peldaño más arriba en lo que atañe a creación musical, lo cierto es que el gran compositor ruso le aventaja en varios aspectos: Chaikovsky fue mejor melodista, poseía un instinto natural para manejar los timbres instrumentales y alcanzar aciertos extraordinarios, y abordó con éxito un área en la que Brahms se mantuvo siempre ajeno, como es la ópera.

Se le daba tan bien el complejo arte dramático-vocal, que algunos analistas defienden incluso que Chaikovsky concibió sus grandes ballets con mentalidad de operista; así, habría escrito las escenas de una ópera reemplazando arias, dúos y coros por bailarines realizando solos, dúos y coreografías.

Carecía Chaikovsky de la reciedumbre de carácter del alemán, a quien admiraba de manera reticente (en sus cartas lo describe como “una fuerza de la naturaleza” tras conocerlo, pero también espetó aquella famosa crítica en su Diario personal: “He tocado la música de ese patán [bastardo] de Brahms. ¡No tiene nada de talento el muy desgraciado!”).

En cambio, Piotr Illich sufría una melancolía corrosiva que lo atormentaba dolorosamente, si bien se esforzaba por disimular en sociedad y sólo confiaba a sus más allegados estas oscuridades. ¿Serían producto de su imaginación, un trastorno psíquico, o sería una necesidad creativa, un “personaje” que lo impulsaba a la creación? No lo sabemos, pero sí es cierto que la música fue donde transmutó ese arrebato emocional en obras maestras.

Chaikovsky fue el primer artista ruso de éxito internacional, vitoreado en Europa y América. Sus grandes ballets, sinfonías, conciertos y óperas no han perdido nada de su fascinación hoy, a 180 años desde que naciera su creador. De hecho, hoy por hoy su nombre se mide en pie de igualdad con clásicos occidentales como Beethoven y Mozart.

Chaikovsky se prodigó en la composición de óperas. Aunque la más famosa entre ellas es Eugenio Oneguin, existen otras rara vez oídas en nuestros escenarios sudamericanos: La dama de picas, La doncella de Orleáns, Iolanta, La hechicera, Los caprichos de Oksana, Mazepa, Vakula el herrero, El Opríchnik, El voivoda (esta última destruida por Chaikovsky y luego reconstruida a partir de borradores).

Toda esta parcela de su producción contiene momentos orquestales de potencia arrolladora que el maestro Evgeni Svetlanov nos descubre en este disco del sello Melodiya, «Chaikovsky: Fragmentos orquestales de sus óperas». Seguro que esta selección de 25 piezas les resultará una audición inolvidable.

(Dedicado con afecto a mi amigo Mahlerite-Shosta, gran fan de Chaikovsky, y a mi madre que tanto gustaba de esta música)

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MP3 VBR · 48 kHz | .7z 217,6 MB | Yandex.ru


viernes, 27 de diciembre de 2019

MAHLER por Haitink (Conciertos de Navidad para Eurovisión)

Gustav Mahler Gustav Mahler en el estreno austríaco de «Salomé», ópera de Richard Strauss (1906)

Un inusual repertorio navideño fue propuesto por Eurovisión para conciertos ofrecidos a lo largo de la década 1977-1987. Conciertos grabados en vivo por Radio Nederland con la majestuosa Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam y su director titular, Bernard Haitink, interpretando sinfonías y lieder orquestales de Gustav Mahler.

La calidad de la toma de sonido es intachable, capturando cierta espontaneidad de Haitink en este repertorio que supera (en mi opinión) a sus versiones de estudio.

Aquí les dejo pues, como regalo de Navidad, una selección de esos conciertos:


Las Kerstmatinees (Matinés navideñas) incluyeron las 9 sinfonías de Mahler —repartidas a lo largo de los años, como dijimos— y dos ciclos de lieder orquestales. Las grabaciones corrieron por cuenta de Radio Nederland, que realizó un trabajo memorable. Los discos fueron editados por el sello Philips para el mercado holandés. Extraña que estas joyas no se hayan reeditado aún (que yo sepa).

En esta ocasión les ofrezco las Sinfonías nº 5 en Do sostenido menor y nº 7 en Mi menor «Canción de la Noche», junto a las Canciones del Camarada Errante y cuatro canciones del Cuerno Mágico de la Juventud, en voz del barítono inglés Benjamin Luxon.

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MP3 y M4A CBR · 192 kbps · 44 kHz | .7z 256 MB | Yandex.ru

viernes, 13 de septiembre de 2019

Adiós, Maestro HAITINK

HaitinkGracias por tanto, maestro

Grande en su trayectoria, en su discografía y en su legado, el director holandés Bernard Haitink, con 90 años cumplidos, ha ofrecido su último concierto como músico profesional al frente de la Filarmónica de Viena interpretando juntos la Séptima Sinfonía de Anton Bruckner. El venerado director ha dirigido casi todo el tiempo de pie, de memoria y con una maestría consumada, demostración que su debilidad física no ha impedido una fabulosa madurez artística.

En palabras de la crítica, la Filarmónica de Viena ha gestado una interpretación asombrosa de la sinfonía bruckneriana, llegando al cénit en el Adagio, golpe de platillos incluido.

Así pues, esta época de informaciones instantáneas y registro visual de prácticamente todo nos ha deparado al menos el gozo de compartir, sin barreras de lugar ni umbrales de tiempo, la despedida de una genuina leyenda musical. Gracias, maestro Haitink.


lunes, 25 de marzo de 2019

In Memoriam :: MICHAEL GIELEN

GielenGracias por tanto, maestro

Ha dejado este mundo uno de los últimos supervivientes de la generación de directores alemanes posteriores a la Segunda Guerra Mundial; me refiero al maestro Michael Gielen ( Dresde, 20 Jul. 1927 Mondsee, 8 Mar. 2019). Gielen llegó a este mundo el mismo año que otros dos colegas memorables, Herbert Blomstedt y Kurt Masur, siendo el más activo de los tres en lo que a hacer música de vanguardias se refiere. No obstante, en sus años de madurez giró hacia un repertorio más enfocado a los clásicos centroeuropeos de Beethoven a Mahler, sin perder con ello nada de su habitual energía y sobre todo su capacidad innata para exponer clarísimamente los entresijos de cada partitura en sus manos. Claridad a fin de potenciar la expresión y la emoción, entendámoslo, no por mero afán expositivo.

Mejor lo explica un apreciado amigo que firma como poloro y a quien debo muchas enriquecedoras conversaciones junto a mahlerite-shosta:

Gielen fue un músico en la línea de los Kapellmeisters alemanes o austriacos. Fue incansable promotor de la música contemporánea, pero también de un repertorio que iniciaba desde el barroco, con particular énfasis en el periodo Romántico y los posteriores.

Musicalmente fue uno de esos directores que exploran la profundidad de diversos planos sonoros, es decir, esos aspectos no directamente tangibles de la música en los que directores como Furtwängler o Celibidache fueron particularmente especiales. No pretendo compararlo directamente con ellos, pues sus interpretaciones en todo caso tenderían hacia el lado del alto apego a la partitura, pero sin ser un literal como los ha habido. Sin embargo, al mismo tiempo, esto no significaba desligarse de la expresión y de una claridad a menudo muy impresionante y que frecuentemente se traducía en una intensidad de gran impacto.

Para homenajear al finado maestro comparto una extraordinaria versión del Concierto para piano nº 1 en Re menor de Johannes Brahms, fechada el 17 de abril de 2005, disponible en YouTube pero no (aún) en disco. Gielen se asocia aquí con la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg y Helene Grimaud, firmando todos una memorable interpretación llena de ímpetu, detalle y musicalidad.

La pianista francesa es una consumada traductora de Brahms, revelando la «ígnea ternura» que distingue al genio de Hamburgo, y Gielen se regodea en el amplio margen instrumental que permite este concierto, junto a la densidad polifónica de las texturas brahmsianas. Por cierto, es un concierto nada fácil de equilibrar puesto que su propio autor había concebido dos formas previas para este material —sinfonía y sonata para dos pianos— antes de decidirse por el formato concertante:


domingo, 24 de marzo de 2019

Dos Sinfonías Inconclusas

«Acantilados de Chak en la isla Rügen» / Caspar David Friedrich, 1825-26
Dos enormes creadores austríacos, como fueron Schubert (1797-1828) y Bruckner (1824-1896), tienen mucho en común, pese a los años que separan las etapas creadoras de sus vidas.

Por supuesto los contextos difieren: en un caso nos encontramos al Romanticismo temprano, todavía con modos clásicos pero melancólico hasta la médula, apasionado y entusiasta; en el otro, ese Romanticismo se ha “hinchado” con complejidades armónicas, experimentación formal y densidad instrumental, tal como lo redefinió Wagner con su obra, volviéndose ampuloso y grandilocuente.

¿Qué punto de encuentro queda, pues, entre Schubert y Bruckner?

Varios. Ambos fueron de extracción popular y su arte comunica esa sensibilidad con filtro de genio. Ambos conservaron la capacidad de encantarse con la vida común y desde ella construyeron sus obras. Ambos fueron también ejemplos de ese milagro del arte en que una persona opaca (socialmente hablando) forja universos llenos de vida, chispa y belleza, a despecho de las penalidades humanas, demasiado humanas, que afligen su existencia cotidiana.

Cierto que una lista así esbozada puede contener a muchos otros genios, pero hoy me ocupo de una coincidencia adicional entre los titulares de este artículo: ambos firmaron una famosa Sinfonía inconclusa. Y muy famosa. Schubert nos legó su Octava y Bruckner, su Novena. En el primero, no conocemos realmente los motivos que lo hicieron abandonar la composición, aunque fue un autor que dejó muchas cosas a medio camino en su extenso catálogo. Del último sí lo sabemos: era ya un hombre anciano y frágil que no tuvo fuerzas para completar el movimiento final, aunque lo dejó muy avanzado y como sospechaba Nikolaus Harnoncourt, posiblemente el material que falta al manuscrito se haya perdido porque otros se llevaron “recuerdos” una vez muerto el maestro.

El caso es que oficialmente ninguna de las dos sinfonías fue completada, pero en ambos casos la obra fragmentaria es tan buena que parece no necesitar nada más.

Wagner y Bruckner juntos en Bayreuth / siluetas de Otto Böhler …aduladoras con Wagner, porque éste medía 1,66 mt y Bruckner 1,74

Mencioné antes a Wagner y no fue al azar: Bruckner se consideró siempre discípulo del “Mago de Bayreuth”, arrojando al molde sinfónico toda la novedad armónico-tímbrico-instrumental de su mentor; es simplemente imposible la obra del organista de San Florián sin el antecedente wagneriano. Pero a la vez el nexo con Schubert es notable, porque Bruckner se vincula también, y profundamente, a esa escuela alemana anterior y ajena a Wagner [digamos el Romanticismo poco-beethoveniano y nada-wagneriano] que retrocede hasta Haydn [clasicismo, pre-romanticismo]. Es increíble que un solo hombre tenido por timorato, simplón y “mitad idiota, mitad genio” (agridulce sentencia de su alumno Mahler…) haya podido lograr una síntesis plena y orgánica de influencias tan dispares, a contracorriente de la moda y en pleno epicentro del gusto conservador como era la ciudad de Viena, donde fue a residir hasta el fin de sus días. En muchas ocasiones “los últimos, los menospreciados, serán los primeros...” del Reino del Arte.

WandIntérprete privilegiado del repertorio centroeuropeo fue el longevo director alemán Günter Wand (1912-2002). Kapellmeister de pura cepa, Wand fraguó sus dotes musicales en escenarios menos notorios del ámbito germano (evito adrede la palabra «secundarios» por las cotas de calidad que fue capaz de alcanzar) como la Orquesta Gürzenich (orquesta filarmónica de la ópera de Colonia, que asume este nombre para los conciertos puramente instrumentales); la Sinfónica de Berna, Suiza; la Sinfónica de la Radio de Colonia; la Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania (NDR), amén de una brillante carrera como director invitado en los principales podios europeos y americanos.

Wand se había ganado una reputación como director de «integrales sinfónicas» cuando, siendo ya un veterano, abordó desde 1977 los ciclos de Schubert y Bruckner, convirtiéndose desde entonces un intérprete referencial de este último compositor.

Con estos verdes laureles sobre sus canas llegó a Tokio el año 2000, al frente de su orquesta NDR, ofreciendo un concierto con las dos sinfonías inacabadas. Tan perfecta velada sinfónica ilustra las palabras con que Wikipedia define al director:

Sus ejecuciones son muy apreciadas por la precisa atención en el detalle y el exquisito cuidado en materia de corrección estilística. Sin ser considerado como una de las más grandes figuras de su época debido a lo tardío de su consagración, Wand ofreció lo mejor de sí mismo al final de su carrera coincidiendo con su período de máxima madurez.
D E S C A R G A

MP3 ABR ~ 320 kbps · 48 kHz | 5 tracks | JPGs | .7z 195 MB | Yandex.ru

domingo, 18 de febrero de 2018

BEETHOVEN | Novena Sinfonía | Muti etc.

Beethoven en el estreno de su Novena Sinfonía

Atendiendo la petición de mi querido amigo Mahlerite-Shosta a raíz del anterior posteo sobre la Novena Sinfonía en Re menor, comparto la versión del maestro italiano Riccardo Muti dirigiendo a la Orquesta de Filadelfia y el Coro de Westminster en 1988 — con Cheryl Studer, Dolores Ziegler, Peter Seifert y James Morris como cuarteto vocal.

La Novena es abordada por Muti con rigor: obedece las repeticiones indicadas en la partitura, cosa notoria en el Scherzo (debido a que la práctica al uso es omitir las repeticiones o elegir cuál se obedece y cuál no); sus tempi son cuidadosos, y muy sofisticada su atención al detalle instrumental. Muti se muestra aquí como el gran director que realmente es y en aquella faceta que permitió muchas veces presentarlo como “rival” de Abbado, es decir, como el italiano con suficiente maestría para navegar con autoridad en el repertorio germano. (Más y mejor análisis de las cualidades y deudas de este director en el blog de Leiter).


Hablé de los tempi: me parecen muy particularmente adecuados en los tres primeros movimientos, y quizá no tanto en el último, que se me antoja extrañamente precipitado; eso sí, el coro se luce en ese movimiento incluso más que los solistas, a excepción de la gratificante soprano. El movimiento inicial, con su genial concisión temática, su áspera expresividad y la potencia que brota en gran medida de la propia lógica estructural, es llevado con solvencia y belleza irreprochables, incluyendo un momento de verdadero estallido orquestal. El scherzo es otra joya de interpretación, con perfecto balance en todas las secciones. El Adagio suena bellísimo, elocuente y con sutilezas de fraseo y timbre que seguramente deben mucho al oído italiano, con instinto para destacar voces (instrumentales en este caso) y darles el acompañamiento justo.

Espero que disfruten tanto como yo esta grabación de referencia:


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MP3 CBR 320 kbps | 48 kHz | .7z 153,5 MB

domingo, 4 de febrero de 2018

BEETHOVEN | Novena Sinfonía “Coral” | Giulini etc.

Este año quiero compartir una obra que, si bien conocidísima, me inspira un profundo afecto. Lo último se debe a memorias dolorosas y sin embargo, abiertas a la esperanza que marcaron en mi mente a esta composición: me refiero a la Novena Sinfonía de Beethoven… y me refiero asimismo a la enfermedad que se llevó a mi querida madre de este mundo.

La Novena, como se sabe, es un testamento luminoso: el corolario de la obra se basa en la Oda a la Alegría de Schiller, poesía llena de profundo humanismo, algo a lo que Beethoven adhería con cada fibra de su huraño corazón. Cuando escribió esta obra, tenía muchos más motivos para la amargura antes que para la alegría, y no obstante fue esta última el punto gravitante de su expresión.

Queda todo dicho en el siguiente párrafo que rescato de una biografía sobre el gran sordo de Bonn:

A un joven director de orquesta, muy aplaudido por su interpretación de las sinfonías de Beethoven, se le preguntó por qué no tenía la Novena en su repertorio.

Respondió: “Porque todavía me falta vivir mucho para tener claro, dentro de mí, por qué un hombre enfermo, sordo, solitario y pobre llegó a poner música a la Oda a la Alegría de Schiller”.

Pues bien, cuando chiquillo, mi compositor absoluto era Beethoven. Su música despertaba en mí un entusiasmo inapelable. Bosquejaba su rostro taciturno en mis cuadernos, leía sobre él, contaba lo que podía a mis compañeros de colegio, me mantenía al acecho de sus composiciones en la radio... Era una conmoción. Pero en aquellos días vino también el cáncer a atormentar por primera vez la vida de mi madre. Esa primera batalla se saldó con una victoria gracias a tratamientos y quirófano. Me tocó acompañarla a sus sesiones de quimioterapia, y por supuesto alentarla. Pero quien me alentaba a mí era Beethoven. En mi walkman llevaba la Novena (versión de Karajan & Filarmónica de Berlín, 1963) y canturreaba el himno final constantemente. Fue eso, junto al refugio de la oración y la fe, también representados por Beethoven en el Adagio del tercer movimiento, mi mejor conexión con la tesis fundamental de la obra: hay esperanza, hay motivos para la alegría, y la adversidad no hace sino purificar esa alegría.

Uno de mis tantos dibujos en los cuadernos del colegio...

En 1999, cuando el cáncer regresó, sucedió que una emisora de música clásica que en casa era compañía habitual desde los tiempos de mi abuelo, Radio Andrés Bello, puso punto final a su trayectoria. En la última emisión, 6 de marzo de 1999, escuchamos con mamá la Novena Sinfonía (versión de Riccardo Muti y la Orquesta de Filadelfia). Otra vez la misma obra, esta vez con los acentos puestos en aquello que perdura más allá del cerco del tiempo.

En YouTube he podido encontrar esa despedida final de la querida Radio Andrés Bello, que menciono en el relato más arriba

Estas evocaciones surgen en mi interior cada vez que regreso a la Novena. Comprenderán pues, mi vínculo con la obra, más allá de su objetivo valor musical y mi admiración hacia cada uno de los cuatro movimientos.


En esta ocasión les comparto la Sinfonía más trascendente de Beethoven en versión del maestro Carlo Maria Giulini dirigiendo el Coro y la Orquesta Sinfónica de Londres. Su equipo de voces solistas lo componen: Sheila Armstrong, soprano; Anna Reynolds, contralto; Robert Tear, tenor; John Shirley-Quirck, bajo. El registro procede de 1973. Giulini hace valer sus méritos legendarios como director equilibrando la potencia, rasgo que lo caracterizaba en el período de la grabación, con tempi espaciosos que emplea para cuidar los detalles, destacar las emociones abruptas del último período beethoveniano, atender los detalles estructurales e instrumentales de la composición.

Sus cuatro movimientos justifican el entusiasmo; Furtwängler observaba que la inspiración de Beethoven se mantiene al mismo nivel en todos ellos, aun con sus notables diferencias y sus muchas originalidades. Y además, agrego yo, contra la dificultad añadida de una gestación larga y afanosa como pocas.


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MP3 ABR ~ 252 kbps | 48 kHz | ZIP 129 MB

viernes, 3 de marzo de 2017

BRUCKNER :: Sinfonía # 1 (versión VIENA) :: Wand, Sinfónica de Radio Colonia

Las dos últimas décadas del siglo XIX trajeron consigo el definitivo reconocimiento para Anton Bruckner. Este salto a la fama había tardado a causa de la “guerra civil” librada en Viena por facciones que se enfrentaban... en nombre del Arte. Había quienes se tenían por guardianes de una tradición sagrada; otros se sentían los descubridores iluminados de un nuevo porvenir. El embate era violento, a menudo feroz, incluso cruel — hombres de talento se volvían mezquinos so pretexto de resguardar la grandeza.

La exaltación de aquel momento deviene un espectáculo pintoresco —y un poco penoso— contemplado desde nuestros días, pero vivir allí entonces fue una dura prueba para el afable y timorato genio provinciano. Su obra había conquistado la adhesión de músicos talentosos como Johann von Herbeck (tempranamente fallecido), Hermann Levi (hacia quien sentía particular admiración), sus propios alumnos Ferdinand Löwe y los hermanos Franz y Josef Schalk, y en ese último período de su vida, el director alemán de origen húngaro Hans Richter —celebrado intérprete wagneriano, director musical del Festival de Bayreuth y titular de la Filarmónica de Viena— así como el fenomenal Arthur Nikisch, titular de la Filarmónica de Berlín.

Cuál más, cuál menos, todos estos artistas sintieron el deslumbramiento que semejante música produce, e hicieron suya la tarea de llevarla a las salas de concierto.

Las revisiones traicioneras

El sólido ascenso del compositor culminó el año 1886, cuando recibió la medalla de la Orden Imperial de Francisco José. Tal honor atizó la hostilidad de sus opositores “ideológicos” (a saber, los antiwagnerianos militantes) y Bruckner, que tendía a ver “el vaso medio vacío”, sufrió notoriamente. Reflotaron sus manías, su depresión, su vaivén entre la duda y el convencimiento de la propia valía, su necesidad de controlar los detalles en pos de un agobiante perfeccionismo.

Víctima de este cuadro nervioso fue su Sinfonía número 1 en Do menor. Escrita en Linz veinte años antes (1865-66), la obra rebosa frescura y originalidad (virtudes que celebramos en una reciente entrada): es la menos wagneriana de toda la serie sinfónica oficial y en cambio, se acerca al linaje sinfónico de Mendelssohn, Schubert y Schumann. El propio Bruckner confesó este “desparpajo” en la declaración que reproducimos bajo estas líneas:

Norman Lindsay Anton Bruckner

En un período dominado por el Romanticismo, semejante confesión de rebeldía podría estimarse como el mejor de los méritos. Pero Bruckner no era así. Su comentario serpentea entre la ufanía y la preocupación. No es raro, viniendo de un hombre originario del interior de Austria, rincón del mundo donde las antiguas jerarquías mantenían vigencia y la existencia transcurría en actitud reverente.

Así pues, uniendo lo anterior al ánimo deplorable que padecía entonces, no es de extrañar la reacción maníaca del compositor cuando el mencionado Hans Richter, admirador de su música, quiso estrenar la Primera Sinfonía con la Filarmónica de Viena. Bruckner le manifestó, junto con su sincera gratitud, la necesidad de retocar una partitura a la que apodó “das kecke Besserl”, expresión no muy elegante con que los estudiantes se referían a las muchachas que consideraban livianas.

El trabajo de revisión fue minucioso y consumió un año entero, tiempo precioso que luego le faltó para concluir la Novena sinfonía. Para peor, el resultado fue discutible y a oídos de la crítica actual, innecesario. La obra no ganó, sino más bien perdió con esta revisión. Un bruckneriano experto de la talla de Robert Simpson lo afirma sin ambages:

“De las revisiones que se sabe hizo él mismo, la de la Primera Sinfonía es la peor... Es verdad que la versión de Viena de la Primera de Bruckner contiene refinamientos y sutilezas que el compositor de la versión de Linz no hubiera podido imaginar, pero la mayoría de ellos son de un tipo que pudo haber sido apto sólo en sus últimas obras. Si queremos saber cómo es realmente la sinfonía, debemos remitirnos a su versión de Linz audaz y limpia, y es poco probable que su aspereza nos impacte hoy como grosera (como debió de haberle ocurrido al agitado hombre viejo de los años 1890). Las impurezas que contiene son menos perturbadoras que los anacronismos que más tarde le fueron impuestos.”

Con todo, la revisión constituye la última voluntad oficial del compositor respecto de esta obra. Así lo han entendido varios intérpretes que han preferido la “Versión de Viena” a la previa y mucho más difundida “Versión de Linz”. Una de estas significativas excepciones la constituye Günter Wand en su famosa integral de Bruckner dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia. Brío, planificación, profundidad y compromiso caracterizaron el oficio de este músico eminente, que eligió interpretar revisión final de la sinfonía. Pueden disfrutar el estupendo logro artístico pinchando la imagen inferior:

miércoles, 25 de enero de 2017

FURTWÄNGLER :: In Memoriam

Sin premeditación ni alevosía, luego de la entrada anterior dedicada a Toscanini ha llegado el onomástico de su «contraparte estética», el grandioso Wilhelm Furtwängler, nacido un 25 de enero de 1886 en Berlín, es decir, hace 131 años. Recupero otro momento de la entrevista concedida por el director alemán al crítico y compositor Walter Abendroth el año 1937. Muy al estilo de entonces, el encuentro de ambos hombres tomó la forma de conversaciones que giraban en torno a temas, dentro de los cuales las preguntas de Abendroth daban pábulo a las reflexiones apasionantes y personalísimas de Furtwängler:
Wilhelm Furtwängler
Abendroth: ¿No ha cambiado nuestra actitud frente al individuo y sus exigencias en comparación con la de antes?

Furtwängler: Desde luego que ha cambiado, y yo sería el último en negar la existencia de cambios de actitud, imperceptibles pero indudables, de épocas enteras, esos cambios de perspectiva, desapercibidos y, sin embargo, por lo general declarados y trascendentales, que llamamos «desarrollo histórico». Queramos o no, todos estamos en medio de este «desarrollo», día tras día. (…)

No se puede negar que hoy somos incapaces de sentir aquel ingenuo placer en la expresión de una personalidad sin límites que caracterizaba la época del Renacimiento primitivo, de la música «clásica», del Romanticismo primitivo, etcétera. Eran tiempos en los que la humanidad redescubrió en cierto modo, tras largos períodos de inercia, la fascinación de lo «individual». Hoy nos hemos vuelto alérgicos a lo puramente individual, a toda clase de torres de marfil, a todas las limitaciones arbitrarias y prematuras en favor de lo personal. Nos hemos vuelto más conscientes de nuestras limitaciones y de nuestra dependencia de la sociedad, de la nación y de la época. Pero precisamente porque hemos aprendido la lección, tenemos la posibilidad, incluso la necesidad, de ver también la otra cara. Porque no somos meras criaturas efímeras, indefensas ante el paso del tiempo, también somos seres eternos, indestructibles, hechos a imagen de Dios. No sólo productos de una generación, miembros de una clase y de un grupo determinados, sino también almas individuales, singulares, únicas, incomparables y responsables sólo ante nosotros mismos. Trasladado a la esfera del arte, esto significa que toda obra tiene dos aspectos, uno referido al «tiempo actual» y otro, a la eternidad. Del mismo modo que podemos decir que el hombre es nuevo, diferente, en cada momento, que es misión del artista dejar constancia de esta mutabilidad, dependencia y limitaciones, así también podemos decir que el alma humana ha sido la misma desde tiempos inmemoriales, que el artista debe representar su esencia eterna, su unicidad e indestructibilidad.

Y aquí vemos, desde otro lado, el contraste entre el historiador del arte y del artista. El objeto del historiador es la evolución del arte a lo largo de los tiempos, mientras que el del artista es el caso aislado que se agota en él mismo. Para el historiador los fenómenos individuales son importantes sólo en cuanto comparables; para el artista, sólo en cuanto incomparables. El historiador se sitúa por encima de las cosas, nos abstrae de nosotros mismos y nos conduce a la observación y el conocimiento. Su propósito último es dominar la multiplicidad de fenómenos. El artista, en cambio, nos coloca—a cada uno de nosotros—frente a la obra, nos obliga a encararnos a ella, del mismo modo que él se encara con nosotros; no quiere dominio, sino rendición. Si el historiador es el hombre de la inteligencia analítica, el artista lo es del amor.

Dos amorcillos, detalle de «Diana y Endimión» / Annibale Carracci, 1597
Furtwängler en el blog

lunes, 16 de enero de 2017

TOSCANINI :: 60 años después

ToscaniniArturo Toscanini
Un día como hoy en Nueva York, 60 años atrás, dejó este mundo uno de los grandes músicos que lo habitaron: Arturo Toscanini. Toda una leyenda de la música clásica, merece como pocos el fácil calificativo de “inigualable”. Seamos sinceros; hay escasísimas probabilidades de que se repita una figura semejante. Faltan los tiempos que hicieron posible su autoritario estilo de dirección orquestal, falta esa aureola de veneración que su época concendía a los grandes artistas, falta la frecuencia con que atributos tan excepcionales honran a un mismo músico: memoria fotográfica (o eidética), capacidad innata de persuasión (concedamos que bajo una fuerte dosis de temperamento), concepción musical vigorosa, transparente y energética... en fin, sobre el Maestro se ha escrito mucho. Enfrentado al gran Furtwängler, de quien era la antípoda (si Toscanini representaba la objetividad y precisión, el alemán encarnaba la inspiración y recreación constante), el tiempo ha sabido ubicar a ambos en la común tradición de la música occidental, que vibra y crece entre fuerzas complementarias.

Su figura sigue siendo una referencia ineludible para sus compatriotas, y su presencia es constante en la discografía viva. ¡Feliz aniversario, Maestro!

viernes, 6 de enero de 2017

In Memoriam :: GEORGES PRÊTRE (1924-2017)

PrêtreAu revoir, maestro

Hace algunos días nada más hablamos de él con unos amigos melómanos, debido al reciente Concierto de Año Nuevo en Viena bajo la dirección (decepcionante) de Gustavo Dudamel. En contraste, recordamos las veces en que el director invitado por la Filarmónica sorprendió al conjurar la magia vienesa. Por supuesto que nombramos a Carlos Kleiber, también a Karajan, pero sobre todo recordamos las dos veces que un veteranísimo director francés, enérgico y sonriente como el venezolano pero con una solvencia superior, levantó la batuta en la Goldener Saal los años 2008 y 2010. Quienes entonces no sabíamos quién era Georges Prêtre nos arrepentimos de esa ignorancia; ayer, 4 de Enero, lloramos su partida. Tenía 92 años.

Según informaron los medios oficiales, el anciano maestro se durmió apaciblemente en su propiedad, el château de Vaudricourt, ubicado en Navès, suroeste de Francia (Occitania). Con él se despide también una tradición dorada de la dirección orquestal en Francia, que Prêtre recibió en su día del gran Andrè Cluytens. Apasionado, profundo y a la vez modesto, el director francés logró una calidad extraordinaria ya en su juventud, llegando a ser considerado el mejor de su país y uno de los más importantes del mundo. Así opinaba Maria Callas —¡nada menos!– quien lo consideraba su director favorito.

Así pues, ¡buen viaje, maestro Prêtre! Su memoria aún permanecerá largamente con nosotros.

jueves, 5 de enero de 2017

BRUCKNER :: Sinfonía # 1 (versión LINZ 1865-66) :: Neumann, Gewandhaus

Caspar David Friedrich

La Sinfonía nº 1 de Bruckner prueba un camino distinto a las restantes, que el compositor no volvió a recorrer

Bruckner fue un creador eminentemente sinfónico, eso ya se sabe. Escribió nueve sinfonías con las que redefinió la extensión, complejidad estructural, riqueza temática y profundidad de ideas de dicha forma musical; y eso también se sabe. Hay quienes agregan que aquellos nueve monumentos son nueve reiteraciones. Y hay quien lo cree. Pero esta última idea, aunque graciosa, está equivocada.

Bruckner cinceló un estilo y un concepto musical que, en sus líneas fundamentales, no gustaba de alterar. Pero, más allá de esta similitud en los cimientos, los edificios musicales difieren en ideas, desarrollos y contenidos. El mundo natural ante el cual se embelesa la Cuarta, la lucha interior que avanza desde tropiezos y tristezas hasta la victoria en la Quinta, la fantasía y las libertades que animan a la Sexta, los logros rotundos de la Séptima, etc., nos ofrecen un indudable despliegue de variedad dentro de la unidad. No obstante lo anterior, en una de sus sinfonías la diferencia con las demás es aún más acentuada. Desde el comienzo de esta obra en particular el organista de San Florián ensaya una estética más deudora de Schumann, Mendelssohn, Schubert y otros románticos tempranos, en lugar de su venerado Wagner.

Me refiero a la primera sinfonía “oficial” de su corpus, la número 1 en Do menor.

Bruckner... pero no tanto

Fue escrita entre 1865-66 y estrenada por el compositor en la ciudad de Linz el año 1868. Con el tiempo, la sinfonía sufrirá revisiones extensivas. Así, en la actualidad contamos con tres partituras alternativas: la original de 1865-66, llamada también «versión de Linz sin revisar»; la retocada en 1877 sin cambios mayores y denominada «versión de Linz», a secas; y la revisada entre 1889-91, designada como «versión de Viena». Aunque esta última estampa la, digamos, voluntad final de Bruckner respecto de la sinfonía, también la despoja de sus cualidades originales al tratar de insuflarle el estilo de su madurez. Ciertamente es una bella versión, y nos da un vistazo a la mente de un genio reconstruyendo su propia música, pero la mezcla de épocas tempranas y tardías dentro de un mismo estilo no acaba de cuajar.

De las tres, la versión de Linz es la más famosa e interpretada.

Los rasgos fundamentales del estilo bruckneriano se hallan presentes en la obra, todavía en estadio germinal, cierto, pero ya nítidos: su desarrollo bien calculado, su audacia en la modulación de armonías, sus pausas, sus abruptos cambios, los crescendos, el típico Scherzo y, sobre todo, la disposición de la sinfonía apuntando hacia el movimiento final como corolario. Con todo, estos rasgos aparecen iluminados bajo una luz distinta. Bruckner asimilaba entonces su aprendizaje teórico/práctico junto a Otto Kitzler. Respetuoso al extremo ante cualquier autoridad, el veterano aprendiz sigue las pautas definidas por su maestro pero también desarrolla un lenguaje personal. Esta obra convenció a Bruckner de haber encontrado su nicho creativo. Los años fecundos de Viena estaban por llegar.

* * *
Desde que tuve mi personal “epifanía” con la música de Bruckner, años atrás, cada obra del maestro significa para mí un diálogo, a veces casi un debate, pero a la postre una nueva ocasión para ensanchar el corazón y el amor por la belleza. Su música se me antoja siempre como un intento de “codificar” en términos musicales una profunda experiencia interior —una especie de visión trascendente— que pugna por comunicarse a través del lenguaje de los sonidos, triunfando sobre las cautelas de un carácter inseguro y obsesivo.

En el caso de la Sinfonía n° 1, la belleza de la obra no se pone en discusión. Ella nos permite imaginar por un momento a otro Bruckner, más distanciado de la influencia wagneriana. No ha llegado a ser todavía el «constructor de catedrales sonoras» —como quiere el famoso apodo— pero la sinfonía anuncia a un maestro en ciernes. Dato curioso: la frescura y desenfado de esta obra preocupaban al minucioso y obsesivo compositor adulto, que apodó a la sinfonía das kecke Beserl, algo así como “la muchacha impúdica”.

Los invito pues a oír esta obra donde Bruckner tantea un camino que no volverá a seguir. Elijo la interpretación (gloriosa para mis oídos) de Vaclav Neumann dirigiendo a la Orquesta Gewandhaus de Leipzig, recurriendo a la versión inicial de 1865-66.

¡Disfruten!

» D E S C A R G A

MP3 | 4 pistas | ABR 248 kbps [1-3]/CBR 320 kbps [4] 48 kHz |.7z 96,7 mb | Yandex


domingo, 6 de noviembre de 2016

CHAIKOVSKY :: Sinfonía # 5 en Mi menor

Tchaikovsky


Fragmento del Andante - Allegro con anima que abre la 5ª Sinfonía

Hay acuerdo en considerar a Chaikovsky como el mayor sinfonista ruso del siglo XIX, cuando menos en la vertiente occidentalizada de la Escuela Rusa (esa vertiente ligada a los centros de instrucción formal establecidos en Moscú y San Petersburgo, donde la enseñanza impartida tomaba muy en cuenta el modelo de Europa central). En la otra vereda, la de la vertiente nacionalista, refractaria a toda influencia extranjera, la sinfonía también encontró maestros: Mili Balakirev y sobre todo Aleksandr Borodín. Pero, aun con los hallazgos creativos de estos últimos, Chaikovsky fue el mejor de todos. El veredicto del tiempo ha sido claro.

De las seis obras firmadas por el ruso, las últimas tres son las que han acaparado siempre más prestigio y mayor número de interpretaciones. Stravinsky lo resumió en su estilo cáustico: «Chaikovsky sólo tiene tres sinfonías: la cuarta, la quinta y la sexta».

En su Sinfonía nº 5 —en Mi menor, Op. 64— el maestro evocará esa sensación de fatalidad que parece rasgo común del mundo eslavo en general, explotando la idea del Destino tal como hiciera antes Beethoven en su propia quinta sinfonía. Pero, si el alemán se declara triunfador al cabo de sus cuatro movimientos, el ruso no culmina su manifiesto sonoro con igual convicción. En su lugar asoma la atemorizada resignación que la sinfonía siguiente —su famosa Patética— dejará en evidencia.

La Quinta, que algunos siguen considerando su mejor sinfonía pese a las ácidas críticas que recibió en Rusia el día de su estreno y la poca estimación del propio compositor, concentra lo más elevado de su inspiración en los primeros tres movimientos.

  • El fantástico primer movimiento inicia en Mi menor con la voz de los clarinetes bajos, los que cantan el tema del Destino con oscura melancolía. Este tema regresará una y otra vez durante toda la sinfonía para generar un efecto de cohesión estructural y psicológica. Eso delata el cuidado puesto en la construcción formal —detalle que siempre causaba inseguridad en el de por sí dubitativo Chaikovsky—.

  • El lírico segundo movimiento regala uno de los solos de trompa más hipnóticos de toda la literatura musical, una larga melodía cuya inspiración nunca decae, marca de genio de este «maestro de momentos inolvidables». Marcado como Andante cantabile, con alcuna licenza, el movimiento constituye por sí solo una obra maestra aparte.


Fragmento del Andante cantabile

  • El tercer movimiento es un Vals —refinado, perfectamente adecuado a la trama sinfónica como otrora los minuetos de Haydn y Mozart— que ofrece una alternativa al scherzo patentado por Beethoven.

  • Y llegamos entonces al Finale. Esta parte de la sinfonía no tiene el magistral acabado de los movimientos precedentes... pero aun así, un maestro sigue siéndolo en todo momento. Chaikovsky imita la ocurrencia de Beethoven en su 5ª (el final en tonalidad mayor) y lleva su propio Tema del Destino a un luminoso Mi mayor, despejando las penumbras del principio y lanzándose pronto a una desbocada secuencia donde la orquesta exhibe combinaciones tímbricas extraordinarias y un empuje vehemente. En los acordes finales Chaikovsky se permite juegos rítmicos y tímbricos que regocijan al oyente y lo empujan al aplauso.

El compositor plasmó buena parte de su alma en las páginas efervescentes, dramáticas, soñadoras y anhelantes de esta Sinfonía extraordinaria, cuya suerte no fue la mejor en Rusia al estrenarse, como ya dijimos, pero en cambio fue acogida con asombro y fervor en Europa y Norteamérica.

carátula

La Quinta de Chaikovsky es una de mis sinfonías favoritas. Y aquí la comparto con ustedes en una versión que le hace total justicia: Herbert von Karajan, que fue un GRAN intérprete de Chaikovsky, al frente de la Filarmónica de Berlín en la década del 60 del siglo pasado, cuando enriqueció la historia del disco con interpretaciones de calidad sin igual (dicen las malas lenguas que ni siquiera él mismo volvió a visitar las mismas cumbres en las décadas que vinieron).

La orquesta se comporta como una máquina de virtuosismo estremecedor. Los bronces, en particular trompetas y trombones, desgarran las texturas de las cuerdas —nervio mismo de la filarmónica— o bien se desvanecen en las voces graves de las maderas, que tienen importancia tímbrica en esta sinfonía. El temperamental genio ruso encontró un traductor en el gran director austríaco. Por fin, y a modo de bonus, completa el disco el famoso Capricho Italiano, en Mi mayor, de cuya interpretación aquí puedo celebrar las mismas virtudes instrumentales.

» D E S C A R G A

MP3 ABR ~ 320 kbps · 48 kHz | 5 tracks | .7z 138,8 MB | Yandex.ru

lunes, 3 de octubre de 2016

In Memoriam Sir NEVILLE MARRINER

Sir Neville MarrinerSir Neville Marriner se mantuvo siempre lejos de la imagen de divo de la batuta

Nos deja otra leyenda de la dirección orquestal: ha fallecido Neville Marriner (* Lincoln, [Inglaterra] 15 Abr. 1924 ~ † 2 Oct. 2016). Tenía 92 años de edad y aún seguía activo, protagonizando una de las trayectorias más longevas de su oficio. Vital, optimista, entusiasta, su perdurable juventud desmentía los años que acumulaba.

Su nombre está grabado a fuego junto a su famosa creación, la orquesta de cámara Academia de St. Martin in the Fields, formada con amigos de la Sinfónica de Londres cuando el propio Marriner era un violinista de profesión. No era director; aquel pequeño conjunto de cuerdas estaba formado por amigos que hacían música por puro placer. Sólo después comenzaron a ofrecer sus interpretaciones ante el público en la iglesia anglicana consagrada a San Martín, cuyo nombre acabarían adoptando.

Marriner merece figurar entre los artistas que marcaron rumbos en la música clásica del último medio siglo. Grabó incontables discos (todos quienes amamos el repertorio clásico tenemos al menos un registro suyo) demostrando siempre una portentosa calidad. Especialmente cercano para él fue Mozart, tanto, que supervisó la propia banda sonora de la película Amadeus —banda sonora que es uno de los muchos méritos del filme de Milos Forman—.

Con pesar despido a este gran maestro que se marchó súbitamente la madrugada del sábado pasado, pero nos enriqueció con un legado cuantioso. Eterna gratitud por eso, Sir Neville Marriner.

 
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