Característica de muchos músicos rusos del siglo XIX fue una “doble militancia existencial”: el alma efervescente del artista se asomaba a la vida pública revestida con una personalidad oficial, “seria” de cara a las convenciones, que ganaba así el pan de cada día: Chaikovsky fue abogado del Ministerio de Justicia, cargo que abandonó recién cuando el Conservatorio de San Petersburgo abrió sus puertas; Rimsky-Kórsakov, un oficial naval que componía durante sus viajes marítimos o mientras inspeccionaba bandas militares; Borodín, científico eminente; Músorgsky, funcionario público de rango menor.
En ese grupo cabe otro creador, mucho menos conocido y además muy fácil de confundir con un famoso pariente de igual apellido. Me refiero a Tanéyev… pero no a Sergei sino a su primo lejano, Aleksandr.
Aleksandr Serguéievich Tanéyev (★ San Petersburgo, Imperio Ruso, 17 Ene. 1850 — ✚ Petrogrado, República Socialista Federativa Soviética de Rusia, 7 Feb. 1918) ha quedado desplazado a los márgenes de la historiografía musical por una clara razón: la proyección internacional ganada por su pariente Serguéi Ivánovich Tanéyev (1856–1915), figura genial del conservatorio de Moscú y a quien hemos alabado antes en este blog.
A diferencia de este último, un serio profesional de la música, Aleksandr fue ante todo un alto funcionario del Estado imperial —aristócrata y jefe de la Cancillería de Su Majestad durante 22 años— que compuso “a espaldas” de su carrera administrativa. En efecto, Aleksandr escondía papel pautado bajo los documentos oficiales para componer entre audiencias y citas. El memorialista Aleksandr Mosólov lo dibuja como hombre “ampliamente educado”, “músico destacado”, hábil e inteligente; muy cercano a los zares, pero cuidadoso en ocultar su influencia, y con el sello —ambivalente— del perfecto cortesano, “muy adulador”.
Como músico, su formación no fue decorativa. Estudió en Alemania y en San Petersburgo, donde recibió orientación de nombres clave: Rimski-Kórsakov como maestro directo y consejos de Balákirev. Además, su interés por el acervo popular lo llevó a encabezar un proyecto de recopilación de canciones para la Sociedad Geográfica Rusa, con materiales que luego circularon gracias a arreglos y publicaciones asociadas a Anatoli Liádov. Ese dato importa, pues explica por qué su lenguaje es vecino de la escuela nacionalista, aunque sin la estridencia de un manifiesto. Nacionalismo, sí; pero de salón, disciplinado, esbozado en giros y colores antes que en consignas.
El registro contiene dos obras que demuestran el alto grado de maestría y sofisticación que nuestro compositor supo alcanzar: su Sinfonía nº 2 en Si bemol mayor, op. 21, y su Suite orquestal nº 2 en Fa mayor, op. 14.
Ambas obras cuentan con cuatro movimientos. La sinfonía, como decíamos más arriba, remite a un mundo sonoro en donde el acento ruso es intenso, pero a la vez maleable a formas claramente definidas. El melodismo y el buen gusto sorprenden muy gratamente al oyente, preguntándose uno cómo esta música sigue sin merecer interpretaciones más frecuentes. La suite posee un espíritu más liviano pero igualmente encantador y lleno de méritos musicales. No andan muy lejos las influencias del ubicuo Rimsky, como también Glinka y Borodín; no obstante, el compositor construye su propio lenguaje.
Los intérpretes son Werner Andreas Albert al frente de la Philharmonia Hungarica.
MP3 320 kbps CBR · 44.1 kHz | .7z 143 MB | Yandex.ru



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