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domingo, 1 de febrero de 2015

WEBER :: OBERTURAS :: The Hanover Band

franja Weber

No disimulo, amigos, el cariño que siento por la música de Carl Maria von Weber (* Ducado de Holstein, 18 Nov. 1786 — † Londres, 5 Jun. 1826). En otras ocasiones ya he compartido aquí mi opinión sobre él y algo de su música, pues lo considero un emblema del temprano Romanticismo musical, con esa mezcla de ímpetu, intuición y vibrante originalidad que marcaron los primordios de este movimiento en la escena europea.

Obertura Peter Schmoll

Tal cariz renovador distingue a Von Weber tanto o más que a Schubert, Mendelssohn o hasta Schumann. Nuestro compositor no quiso volver la vista atrás, al Clasicismo; tampoco veneró a Beethoven; lo suyo fue lanzarse en pos de una conquista que muchos perseguían sin dar caza: la ópera alemana. Es innegable que había otros músicos de más alto rango en los territorios germanos —basta volver a los nombres citados más arriba— ni se pueden olvidar tampoco los avances hechos antes de Weber en esta ruta. Pero fue con »Der Freischütz« (“El Cazador Furtivo”) cuando la ópera nacional alemana hizo su estreno. Después Wagner tomaría el trofeo y lo llevaría a alturas culminantes. Pero incluso así, la genialidad wagneriana nunca capturó del todo la cualidad feérica y jovial que aletea en Weber. En este último subsisten los colores de la antigua Alemania de múltiples estados; en el autor de la Tetralogía, en cambio, asoma la progresista Alemania imperial...

Weber, estampilla
Carl Maria von Weber en un sello postal alemán de 1976

Como tantos artistas románticos, Von Weber no se sintió cómodo utilizando las reglas musicales que el Siglo de las Luces dejó establecidas; su inspiración buscaba capturar estados de ánimo, pintar cuadros de circunstancias (cantatas guerreras, invitaciones a la danza, recreaciones de leyendas, etc.). Conviene reconocer también la formación casi “autodidacta” del compositor, conseguida a base de maestros ocasionales y más que nada, experiencia práctica. Su talento hizo lo demás. Hombre curioso e inquieto, tenía al parecer un carácter autoritario que facilitó sus labores como director de orquesta y organizador del teatro en Dresde —es recordado por ser uno de los primeros en su oficio que empleó de manera sistemática una gruesa batuta— aunque otras veces le creaba conflictos; afortunadamente, el gran músico gozaba a la vez de un vivo sentido del humor con el cual aliviaba las tensiones.

Von Weber escribió bastante música en su corta existencia. Aunque su nombre se asocia de inmediato a la que fue su mejor ópera, él no agotó en ella su viva imaginación. Aparte de sentido teatral nato, demostró un magistral instinto para combinar voces instrumentales. Por lo mismo, la orquesta es un dominio preferente para este músico. Las varias oberturas o piezas de circunstancia que firmó a lo largo de su vida siempre son bienvenidas en la sala de concierto.


En esta ocasión les comparto una selección de oberturas de Carl Maria von Weber en la luminosa versión de The Hanover Band, una de las primeras formaciones con instrumentos de época que abordaron sistemáticamente el repertorio del Romanticismo temprano y ayudaron a clarificar la interpretación recuperando el contexto sonoro.
... A Q U Í

viernes, 29 de abril de 2011

FURTWÄNGLER / Grabaciones tempranas



carátula disco

Hoy les traigo nuevamente a Wilhelm Furtwängler, quizás la mayor batuta alemana del siglo XX. Y eso ya es decir...

En la historia del disco, estamos aquí en la época de las tomas sonoras en pleno desarrollo, cuando el ruido acústico contaminaba inevitablemente las grabaciones. Pero, oh paradojas, ese mismo defecto comunica no sé qué sabor, no sé qué encanto a esos antiguos registros, de técnica rústica pero arte a veces insuperado. Es el caso de este disco, cuya “médula” la constituye la Quinta Sinfonía de Beethoven en la primera versión grabada por el director alemán, el año 1926.

Sorprendentemente, este disco ofrece al público por primera vez en versión integral esa interpretación; si no llegó antes al mercado fue por culpa de unos minutos perdidos en el Tercer Movimiento, lugar donde se producía la transición entre una y otra cara del disco de laca de 78 rpm (el formato comercial dominante por aquellos años). Al parecer ni el director ni el ingeniero a cargo supieron encontrar el punto exacto. Ese tiempo perdido (pista 4, 3:34 a 3:37 min.) fue sustituido ingeniosamente por Mark Ober-Thorn con la siguiente versión grabada por Furtwängler y la misma orquesta en 1937, como él mismo lo comenta en las notas.

Acompañan esta sinfonía otras obras: la poderosa obertura Egmont, del mismo Beethoven; la obertura Der Freischütz, de Von Weber, donde Furt juega con los tempos y la improvisación sin quitar nobleza a las grandes líneas; y dos oberturas de Rossini, interpretadas con oficio pero sin tanta comodidad.

Un abrazo a todos/as, y aquí les dejo este precioso disco histórico:

D E S C A R G A

MP3 VBR | scans | 8 tracks | RAR 110,8 MB

viernes, 1 de abril de 2011

OBERTURAS del ROMANTICISMO



Obertura “Regreso desde el extranjero”, de Mendelssohn (fragmento)

HACE ALGÚN TIEMPO ATRÁS compartí en esta página un disco con Oberturas selectas del Romanticismo temprano. Esta vez vuelvo a la carga con idéntico repertorio y período, aunque tomado en sentido más lato. Volveremos a oír la alegría e instrumentación luminosa de Weber y Mendelssohn o el lírico apasionamiento de Schumann, pero también la personalidad compleja y arrolladora de Wagner y la chispa genial de Von Suppé.

    Von WeberCarl Mª von Weber (1786-1826): »Euryanthe«. La siguiente ópera de Weber tras el éxito de su Cazador Furtivo avanzó en aquella senda fantasiosa y legendaria que tan bien se le daba al compositor. El esquema de sus oberturas era claro: un brillante pot-pourri con temas de la ópera que presentaban, organizado de tal forma que dicho prólogo instrumental cobrara entidad propia e incluso adelantara una intuitiva sinopsis de la trama. Echaba mano de su admirable imaginación tímbrica para gestar páginas dignas de asombro; así, aunque la ópera en cuestión haya sido perjudicada por el mediocre libreto de Helmina von Chézy, esta obertura nunca dejado de sonar en el repertorio estable de las orquestas.
  • Robert Schumann (1810-56): »Hermann und Dorothea«, Op. 136. La obertura se inspira en la novela homónima de Goethe, uno de los autores favoritos de Schumann. Ambientada en los tiempos tumultuosos de la Revolución Francesa, se puede oír una cita de »La Marsellesa«. Una obra de emociones vivas, muy al estilo del músico de Düsseldorf, con una repetición periódica del tema principal, caracterizando a los personajes centrales.
  • MendelssohnFélix Mendelssohn (1809-47): »Die Heimkehr aus der Fremde« —traducible como »Regreso a casa desde el extranjero«— fue una opereta escrita por Mendelssohn (su opus 89) sobre libreto de su amigo Karl Klingemann, quien tiempo después repetiría labores en el oratorio Elías. La obertura evidencia a un compositor muy dotado melódicamente, con instinto para sutilezas tímbricas, por mucho que sean las cuerdas quienes dominen la instrumentación. El carácter “pastoral” de la primera parte se torna en vivacidad y pasión en la sección central... para concluir con un genial guiño al comienzo. Personalmente, es la pieza que más me gusta del disco.
    WagnerRichard Wagner (1813-83): »Die Meistersinger von Nürnberg«. Si los compositores precedentes tienen grandes afinidades estéticas entre sí, Wagner trae una voz distinta, de fuerte personalidad, tópica del Romanticismo pleno. La temática sigue siendo histórico-legendaria pero los recursos musicales son más avanzados y los orquestales, bastante más densos y numerosos. El concepto de la obertura como resumen de la trama operística alcanza un grado rotundo de elaboración. Wagner lleva las conquistas musicales de la generación precedente hacia su completo desarrollo y plantea innovaciones que definirán el curso de la música de allí en adelante.
  • Von SuppéFranz von Suppé (1819-95): »Die schöne Galathée« y »Banditenstreiche«. Este curioso personaje de la música ligera fue uno de los grandes de dicho »género menor«, el cual alcanzó, en la Europa finisecular, cotas de auténtica e inmarchitable genialidad. La primera obertura, basada en el mito de Pigmalión, fue escrita en Viena, lo cual explica el bellísimo ritmo de vals entretejido con la chispa y embrujo característicos de este músico croata, nacido de familia belga y cuyo auténtico nombre era Francesco Ezechiele Ermenegildo Cavaliere Suppé Demelli... La segunda obertura, menos conocida en la producción de Suppé, es menos ambiciosa pero ostenta las mismas virtudes musicales de sus hermanas más célebres.

Les invito, amigos y amigas, a disfrutar estas creaciones —cada una de ellas un mundo— en interpretación de la Filarmónica del Sur de Alemania dirigida por el competente Alfred Scholz. Tal vez el sonido del sello PILZ sea algo metálico y poco natural, pero en nada afecta la apreciación de música tan buena como ésta.

D E S C A R G A

WMA CBR 320 kbps | 6 Tracks | RAR 109,4 MB

miércoles, 12 de enero de 2011

SCHUBERT y WEBER según FURTWÄNGLER


Fragmento de la Novena de Schubert dirigida por Furt. Noten las distintas atmósferas, las transiciones, la acumulación y descarga de tensión, etc.


“Una vez que el rubato ha sido calculado científicamente, éste deja de ser cierto: el ejercicio de la Música no es lo mismo mientras ésta se esfuerce por conseguir logros. Intentar es lo que cuenta. Por ejemplo, tome las esculturas de Miguel Ángel: algunas son perfectas, de otras no quedan más que piezas. Y aún así, las últimas son para mí las primeras que más me afectan, ya que en ellas siento el sello del deseo, el progreso de un sueño. Eso es lo que despierta mi pasión: fijar sin dejar cuajar, tocar en el momento justo, concebir una pieza musical en toda su superior coherencia; en otras palabras, dar a los movimientos del alma un nuevo balance arquitectónico.”
firma de Furtwängler
Escultura de Miguel AngelPrisionero despertando (1530), obra inacabada de Miguel Ángel

Los años finales de la Segunda Guerra Mundial encuentran a Furtwängler al frente de la Filarmónica de Berlín dirigiendo su habitual repertorio centrado en el Romanticismo, con esporádicas incursiones hacia períodos anteriores y, menos, posteriores. La antigua sede de la orquesta —reducida luego a escombros por las bombas aliadas— recibió al director y sus filarmónicos en una serie de conciertos destinados a la difusión en directo por radio. Había cuatro micrófonos, uno principal delante del podio y otros tres en el fondo de la orquesta. Eran omnidireccionales, por lo cual capturaron juntos música y ruido ambiental, con las infaltables toses en primer término. El sonido se trasmitía por cables telefónicos a la central de Radio Berlín, donde sería registrado cuidadosamente en carretes con cinta de óxido de hierro. Varios de estos carretes se perdieron o dañaron, y los sobrevivientes fueron confiscados como botín por las tropas rusas cuando tomaron la capital alemana.

El primer destino de estas emisiones radiales era la moral de las tropas —irónico juego de palabras cuando pensamos en qué tropas eran— lo cual provoca comprensible reticencia en no pocas personas. Furtwängler, empero, ambicionaba más bien llegar con su música a la población civil, ayudándola a resistir el clima de guerra mediante la esperanza y humanidad contenidas en la obra de los grandes maestros. Es que la sombra de un vuelco trágico de los acontecimientos iba colándose en las intuiciones de todos, a despecho de la propaganda oficial... la misma que, hay que admitirlo, rentabilizaba el nombre de su orquesta estrella.

Se ha dicho que la intensidad de estas interpretaciones provenía del miedo, o de la incertidumbre que rondaba entonces la vida cotidiana. Para muchos, cada concierto de éstos podía ser el último. Furtwängler había llegado a un punto de su arte en el cual su genialidad improvisatoria fue capaz de plasmar no sólo la música misma, sino las emociones subyacentes al auditorio. Nunca fue tan tenso ni tan abigarrado ni tan impredecible. Asimismo, la Filarmónica comprendía la más mínima insinuación de su director y era capaz de seguirlo aun si su inspiración modificaba el curso de una interpretación sin aviso. Con todo, este pathos no desfiguró la identidad de ninguna obra. En la grabación que hoy les comparto escucharemos la Novena Sinfonía de Franz Schubert, grabación de 1942, y la Obertura “El Cazador Furtivo” de Carl Mª von Weber, emitida el año 1944. ¡Disfrútenlas tan intensamente como suenan!

D E S C A R G A

MP3 CBR 320 kbps | 5 Tracks | Full Scans | RAR 148,6 MB

martes, 7 de diciembre de 2010

OBERTURAS del TEMPRANO ROMANTICISMO

Friedrich
“Garganta rocosa”, Caspar David Friedrich (1822-23)

Retomando la senda de las oberturas pasamos hoy a un grupo de obras escritas, casi todas, por músicos de la primera generación romántica. La sensibilidad orquestal sigue en pleno desarrollo gracias a las conquistas sonoras de Berlioz, Weber y Mendelssohn, quienes asumieron y ampliaron el legado del último Mozart y Beethoven. Crece la tensión dramática y el alcance emocional y conceptual de la música, que ahora obedece a la imaginación del artista más que a una fórmula prestablecida. La “obertura” asume mayor independencia como forma, originando piezas no destinadas a introducir ninguna ópera, sino con entidad propia: me refiero a las “oberturas de concierto”, anticipos del “poema sinfónico”. En ellas los autores elaboran su música de acuerdo a la forma sonata —como un primer movimiento de sinfonía— y guardando relación con alguna referencia extramusical (viajes, literatura, onomásticos, etc.). Mientras tanto, las oberturas de ópera se refinan hasta constituir detallados resúmenes de la trama, como lo hace Wagner con su magnífica obertura para “El Holandés Errante” o “Tannhäuser”.

El disco que hoy pongo a su alcance, queridos amigos, incluye una selección de oberturas del Romanticismo temprano, en la cuidada interpretación de Sir Roger Norrington y The London Classical Players, quienes siguen un estilo de interpretación “de época”, o como se dice también, “históricamente informada”. Incluso la distribución de la plana instrumental se organizó según el uso de la orquesta Gewandhaus de Leipzig en tiempos de Mendelssohn. Aquí, la enumeración de las pistas:

  • Carl Mª von Weber (1786-1826): »Oberon«. En una fantástica exhibición de color instrumental, Weber recopila temas que aparecerán en los actos siguientes de su ópera y compone un pot-pourri cuya vivacidad no altera la lógica de su exposición, creando un auténtico modelo que ejercerá amplia influencia sobre otros compositores de su tiempo.
  • Félix Mendelssohn (1809-47): »Die Hebriden«, Op. 26 — Obertura de Concierto. La visita del compositor a Escocia le atrajo la inspiración para esta obertura, que atravesó varias revisiones hasta dejar satisfecho al riguroso Mendelssohn. Sin duda una completa obra maestra, quizá uno de los mejores movimientos sinfónicos jamás escritos.
Berlioz
  • Hector Berlioz (1803-69): »Les Francs Juges«, Op. 3. Esta pieza nos remite al mundo de los Vehmgericht, tribunales secretos surgidos durante la Alemania medieval y cuyo símbolo era una cruz roja (Conan Doyle se inspira en esta organización para su novela “Estudio en Escarlata”). La obertura tiene una imprecisa relación temática con la ópera. Berlioz, uno de los mayores magos orquestales de todos los tiempos, nos ofrece numerosas pruebas de su habilidad a lo largo de esta composición, que vale la pena escuchar atentamente. El libreto destaca un ejemplo en particular: en la sección central, dos ritmos diferentes, uno en las cuerdas y otro en la percusión, se amalgaman para provocar una atmósfera de inquietud.
  • Robert Schumann (1810-56): »Genoveva«, Op. 81. En la única ópera salida de su pluma, Schumann se inspira en la leyenda de Genoveva de Brabante, esposa de Siegfried, señor de Simmerch. Calumniada como adúltera, es condenada y llevada al bosque, donde sus ejecutores se apiadan de ella y su hijo recién nacido. La inocencia de Genoveva será reconocida por fin, siéndole restituida su dignidad y castigados sus acusadores. Aunque Schumann trabajó sobre un libreto mediocre y no demostró mucha aptitud teatral, su música es de muy alta calidad, destacándose sobre todo la espléndida obertura aquí programada.
  • Franz Schubert (1797-1828): »Die Zauberharfe«. Tampoco este gran compositor sinfónico y vocal tuvo suerte con sus obras escénicas, en las cuales se hallan páginas de extrema belleza. Esta obertura delata especialmente el genio sinfónico de Schubert y su arrollador lirismo.
  • Richard Wagner (1813-83): »Der fliegende Holländer« — versión original de 1841. El gran revolucionario de la ópera alemana, Wagner, redactó una de sus oberturas más brillantes para introducir su ópera El Holandés Errante. La representación inicial de la tormenta marina, impactante, se basa en una experiencia del propio compositor en un viaje atravesando el Mar Báltico hacia Londres, durante el cual la furia de los elementos obligó al barco a refugiarse en los fiordos noruegos. La obertura fue adaptada en diferentes ocasiones, y la que habitualmente escuchamos tiene los retoques añadidos por el músico en 1860, cuando su estilo había llegado ya a la fase “Tristán”. Esta vez los intérpretes se ciñen a la primera redacción de la pieza (1841), con un final algo más convencional en el cual los instrumentos de época son llevados a sus límites, como apunta el libreto que acompaña el disco.
» D E S C A R G A
mp3 • 224 CBR • .7z 92,51 MB
Genoveva, por Richter
“Genoveva”, Adrian Ludwig Richter
 

domingo, 31 de octubre de 2010

ESOS QUE MURIERON JÓVENES

“El Beso de la Muerte”, escultura de Jaume Barba
Cementerio de Poblenou, Barcelona

“Demasiado pronto” resulta ser, en música, un comentario de penosa frecuencia. Y es que los compositores de vida corta nutren una lista extensa.

Primero nos enteramos de casos famosos como el de Mozart, del que ni siquiera conocemos la razón cierta de su partida (o el paradero de su cráneo); de Schubert, cuyo genio seguía desarrollándose la semana misma en que había de sucumbir; de los hermanos Mendelssohn (Fanny y Félix), víctimas de la misma desgracia con apenas meses de distancia.

La lista prosigue con creadores de la talla de Bizet, Chopin, Bellini o von Weber, que no superaron los treinta y tantos. Aparecen casos trágicos: Anton Webern, Granados, Kalinnikov, los dos primeros caídos en la insensatez de la guerra, y el segundo, muerto de pobreza, hambre y tuberculosis cuando parecía destinado a seguir los pasos de Chaikovsky.

Uno se sobrecoge al encontrar entre los finados a muchachos como Pergolesi, Vorísek, Hans Rott o Rikard Nordraak, que sin embargo parecen maduros comparados al jovenísimo Crisóstomo Arriaga, segado antes de los veinte años. Y ese es sólo un recuento muy sumario.

A veces, pues, los elegidos de las Musas son también los elegidos de la Muerte. Pero conviene temperar estas ideas recordando —gracias a Mara por este detalle— que la expectativa de vida en el siglo XVIII era de 25 a 30 años aproximadamente, y en el XIX, de 35. Las infecciones, en particular la sífilis y la tuberculosis (TBC), eran causa frecuente de muerte. Las románticas compresas de agua y vinagre no mataban bacterias...

Como sea, aprovechando la ocasión que nos brinda el Día de Difuntos, les ofrezco una selección de obras cuyos autores fueron precoces tanto en la música como en la muerte. Pensé en reunir obras póstumas de todos ellos, pero al fin me decanté por otras que simplemente me atraen más. Aquí el listado:

  • Juan Cristóstomo de Arriaga (1806-26): Obertura »Los Esclavos Felices« (Jordi Savall, La Capella Reial de Catalunya)
  • Frédéric Chopin (1810-49): Preludio n° 15 en Re bemol, »Gota de Lluvia« (Claudio Arrau)
  • Vasily Kalinnikov (1866-1901): »Allegro Commodamente«, segundo mov. de la Sinfonía nº 1 (E. Svetlanov, Sinfónica de la URSS)
  • Félix Mendelssohn (1809-47): »Saltarello«, cuarto mov. de la Sinfonía nº 4 (R. Norrington, London Classical Players)
  • Wolfgang Amadeus Mozart (1756-91): »Allegro maestoso – Allegro molto«, primer mov. de la Serenata »Haffner« (J-P. Rampal, Orquesta de Cámara Franz Liszt)
  • Giovanni Battista Pergolesi (1710-36): Obertura »Il prigionier superbo« (Orquesta de Cámara de Santa Cecilia)
  • Hans Mª Rott (1858-84): »Sehr schnell«, mov. final de la Suite orquestal en Si bemol (Paavo Järvi, Sinfónica de la Radio de Frankfurt)
  • Franz Peter Schubert (1797-1828): »La Muerte y la Doncella«, cuarteto (arreglo orquestal de Mahler), 2º mov. (Orquesta de Cámara del Concertgebouw)
  • Carl Mª von Weber (1786-1826): »Preziosa«, Obertura (Rafael Kubelik, Sinfónica de la Radio Bávara)
  • Georges Bizet (1838-75): »Allegro vivace«, mov. final de la Sinfonía en Do mayor (Leopold Stokowski, Orquesta Filarmónica Nacional)
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MP3 • Varios BR • .7z 134,5 MB

Chopin moribundo

martes, 3 de agosto de 2010

VON WEBER | Obertura »Rübezahl«

Weber estampilla

Ya era hora de dedicar un espacio en el blog a un compositor que cuento entre mis favoritos hace mucho tiempo: Carl Maria von Weber (* Ducado de Holstein, 18 Nov. 1786 — † Londres, 5 Jun. 1826). Su estrella no desapareció en la bruma del olvido, como sucedió a medias o del todo con otros colegas suyos muy meritorios (Ries, Hummel, Spohr, Loewe, Marschner...) los cuales sólo en épocas recientes han reconquistado la voluble memoria humana.

Weber, en cambio, perduró. Y el secreto de su éxito procede de un mundo imponderable: el imaginario colectivo alemán. El creador de Der Freischütz supo capturar la fascinación y misticismo de las leyendas populares —aparente fantasía que abriga profundos arquetipos— cuyo ámbito tradicional es la espesura de los bosques de Europa central y oriental. Hubo quienes lo intentaron antes, pero fue Weber quien acertó plenamente el blanco, a la manera del “tiro mágico” de su creación más famosa. Ese fue el eureka! de donde nació la esquiva ópera alemana. Conviene matizar, desde luego, que en dicho acierto concurren al menos dos factores: un compositor felizmente dotado para la evocación musical, y una época que ansía ya claramente esta clase de evocaciones. Weber supo preparar el plato que los comensales estaban pidiendo...

Carl Maria von WeberCarl María puede ser apuntado como el primer gran músico netamente romántico. Conserva vínculos formativos con el mundo clásico, al igual que sus contemporáneos, pero lo más pujante de su personalidad artística se define con las características del Romanticismo: recurrencia a un mundo fantástico que ignora las categorías racionales de la Ilustración, interés por épocas lejanas y lugares remotos (= otros mundos), atrevimiento en la experimentación sonora de la orquesta, a la manera de Berlioz. En este último apartado, Weber fue singularmente prodigioso. Tomó una orquesta no mayor a la que requerida en tiempos de Mozart y la llevó a territorios insospechados, sin agobiar ni forzar ningún instrumento, sino explorando la plenitud de su identidad sonora. El resultado, vivaz, transparente y de luminosa naturalidad, sólo fue igualado después por Mendelssohn. Sus dotes teatrales convirtieron a Weber en el operista germano más importante del temprano Romanticismo. Pero algunas opiniones van más lejos; Felipe Pedrell llegó a afirmar en las postrimerías del siglo XIX que nuestro compositor fue “el modelo del teutonismo musical alemán, no superado, dígase lo que quiera, por Wagner”.

Rübezahl, por Schwind

Rübezahl por Moritz von Schwind


Feliz ejemplo de esta maestría weberiana es la obertura de concierto “El Señor de los Espíritus”, versión extendida (director’s cut...) de la ideada para la ópera inconclusa Rübezahl, protagonizada por una criatura mágica de las montañas, presente en leyendas alemanas, polacas, checas, etc., cuyas representaciones varían entre un diablo coliagudo y un gigante huraño ataviado con túnica gris de aire monacal. En la obertura, Weber hace gala de tres grandes atributos: admirable imaginación sonora —aprecien el excelente uso del timbal, las ocasiones de lucimiento solista para los vientos de madera, las agilidades de la cuerda, inspiradas tal vez en el virtuosismo pianístico del compositor, o el magistral recurso a la sección de bronces—; conexión inmediata con el auditor, rasgo del hombre de teatro —el ritmo apabullante que inicia la obertura, las modulaciones dramáticas—; y notables dotes como melodista. Todo esto sumado a una perfecta interiorización de la música popular, otra baza que permitió a las audiencias reconocerse en la música de este creador.

Disfruten esta soberbia obertura de concierto, en versión de Herbert von Karajan y la Filarmónica de Berlín...

franja Weber
 
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