sábado, 12 de septiembre de 2009

Especial BEETHOVEN | Elgatosierra


BEETHOVEN (I)
Variaciones sobre una Marcha de Dressler & Sonatas ‘Kurfürstensonaten’

por Elgatosierra


“¡Estáis todos locos!” ~ Beethoven, entre carcajadas, después de haber dejado absolutamente anonadados a sus amigos con una improvisación al piano.


  • PRIMERA PARTE (de dos)

Aquí empieza esta serie de ensayos dedicados a nuestro GIGANTE. Corren los años 1793-1795, y es el principio de su carrera oficial como compositor. Estamos al comienzo de la Edad Contemporánea, caracterizada en Europa por la aceleración de los procesos económicos y el desarrollo científico y tecnológico.

Nos hallamos en plena Ilustración, en la que el ser humano alcanza su independencia y mayoría de edad con la ayuda de su entendimiento y su capacidad para el juicio crítico (KANT).


La Ilustración lleva a la ruptura con el antiguo orden y a un nuevo concepto de la dignidad, libertad y felicidad del individuo. Así encontramos, por ejemplo:
  • la declaración de los derechos humanos (EEUU, 1776 ss.);
  • la ruptura con la vieja sociedad estamental en la Revolución Francesa (1789);
  • la abolición de la esclavitud, el llamamiento a la tolerancia religiosa, la secularización de la sociedad...

Por su parte Alemania, que aún no es Alemania, se encuentra al final del Sacro Imperio Romano Germánico. Desde 1740 en adelante, el dualismo entre la monarquía Habsburgo de Austria y el Reino de Prusia dominó la historia alemana. En 1806, el Imperio fue invadido y disuelto como consecuencia de las Guerras napoleónicas.

Bonn desde el siglo XIII hasta fines del XVIII perteneció al territorio de los príncipes-arzobispos electores de Colonia, que establecieron allí su residencia. En el siglo XIX, luego de la derrota de Napoleón, la ciudad pasó a pertenecer al reino de Prusia.

En el ámbito de la música estamos en el CLASICISMO PLENO (1780-1800), caracterizado por la perfección de la forma, el profundo contenido humanista y el ideal de belleza. CLÁSICO significa, en general, lo ejemplar, verdadero, bello, lleno de proporción y armonía, además de sencillo y comprensible. Mozart había compuesto el Réquiem y La flauta mágica en 1791 poco antes de morir, Haydn los 3 Cuartetos de cuerda, Op. 71 y los 3 Cuartetos de cuerda “Apponyi”, Op. 74, las 12 Sinfonías “Londres”, n.º 93-104, y el Trío con piano n.º 25, en Sol mayor, Hob. XV: 25.

Sobre el BEETHOVEN de Bonn, que abarcaría toda su infancia y adolescencia, se sabe muy poco. Parece ser que su padre quiso hacer de ÉL otro niño prodigio, como MOZART, y casi nos lo desgracia. El padre de WOLFI, por suerte para todos, sabía bastante más de pedagogía musical que este empedernido borrachín.

Esta es la lista de los profesores de música de nuestro GIGANTE: Johann van Beethoven (su padre, piano y violín), Pfeifer (clave), Eeden (teoría, órgano y violín), Rovantini (violín y viola), MOZART (?, abril 1787), NEEFE (composición, bajo cifrado, clave y órgano), Förster (?), Haydn (composición), Schenk (contrapunto), Albrechtsberger (contrapunto) y Salieri (música vocal italiana). ¡La listita no está mal, verdad!

Christian Gottlob NEEFE llegó a Bonn en 1779, como director musical de una compañía de teatro que el Arzobispo y Elector de Colonia Maximilian Friedrich tuvo el buen gusto de incorporar a su amplio tinglado artístico. Más adelante le nombró organista de la Corte. En aquellos tiempos los aristócratas acaudalados ejercían de mecenas de los artistas más importantes.

NEEFE fue el primero en darse cuenta de la valía de BEETHOVEN, y un verdadero educador, un MAESTRO con mayúsculas, sabiendo sacar y hacer brillar los mejor que su alumno llevaba dentro, limando sus asperezas y animándolo continuamente. Y un detalle curioso, NEEFE poseía una copia manuscrita del Clave bien temperado de BACH que nuestro GIGANTE aprendió a tocar de memoria rápidamente, y que estuvo interpretando a placer durante toda su vida.

Y aquí están sus fuentes fundamentales: sobre todo MOZART (sus 10 últimos conciertos para piano, sus 6 últimas sinfonías, Las bodas de Fígaro, Don Juan y La flauta mágica [supongo que ya se imaginan ustedes lo que se me está pasando ahora mismo por la cabeza]) y Haydn; luego GLUCK y Cherubini; y por fin Clementi y Dušek. Carl Philip Emmanuel Bach, Dittersdorf, Händel y JOHANN SEBASTIAN BACH están presentes de forma muy difuminada.

Nuestro GIGANTE acababa de llegar a Viena, ciudad de la música por antonomasia en aquella época, y que tiene unos doscientos mil habitantes, y se está instalando, a la vez que intenta hacerse un hueco entre en enjambre de pianistas que pueblan los palacios de la corte y la aristocracia. La música de MOZART ha sido prácticamente olvidada (así de crueles son los habitantes de esta bonita ciudad), y están de moda Haydn y Salieri.


Y ahora a lo que vamos. Lo primero que quisiera hacer es recordar que habíamos planteado un recorrido cronológico por las obras fundamentales de BEETHOVEN, y quiero puntualizar que este periplo diacrónico no coincidirá con una sucesión rigurosa de los números de opus de sus composiciones, pues ÉL mismo no los respetó. A veces iremos en este sentido hacia adelante y otras hacia atrás, pero siempre progresaremos respetando las fechas de composición.

Quisiera que me excusen la obra que elegí como principal en esta ocasión.

Muy bien podría haber escogido cualquier otra: quizá las Nueve Variaciones para piano sobre una marcha de Dressler, en do menor, WoO 63 [1782] [abajo os las dejo para ir calentando motores]; quizá alguna de sus primerísimas sonatas o sonatinas para piano (las 3 Sonatas ‘Kurfürstensonaten’, WoO 47 [?1783] [también os las dejo abajo para seguir calentando motores]); quizá alguna de las primeras cantatas (la Cantata en la muerte del Emperador José II, WoO 87 [1790], o la Cantata en el ascenso al trono del Emperador Leopoldo II, WoO 88 [1790]); quizá la Sonata para piano, en fa mayor, WoO 50 [antes de 1793]); o cualquier otra. Pero he decidido que sea la Sonata para Piano n° 1 en Fa menor. Perdón, ya saben ustedes que sólo soy un gato ignorante e imprudente...

El niño Beethoven ha venido para presentarse en persona, y para regalaros: la maravillosa versión de Mikhail Pletnev de sus NUEVE VARIACIONES piano sobre una a Marcha de Dressler, WoO 63 (AQUÍ); y las 3 SONATAS ‘Kurfürstensonaten’, WoO 47 (AQUÍ) en la estupenda versión de Jörg Demus



(Continuará...)

jueves, 10 de septiembre de 2009

[Poesía] MARINA TSVETÁYEVA


Pasar a Hurtadillas

Y, quizás, la mejor victoria
sobre el tiempo y la gravitación...
es pasar sin dejar huella,
pasar sin dejar sombra
sobre los muros...
Quizás... ¿renunciando
vencer? ¿Dejar de reflejarse en los espejos?
Así: como Lermontov por el Cáucaso
pasar a hurtadillas sin asustar a las rocas.
Quizás... ¿sería mejor diversión
con el dedo de Sebastián Bach
no tocar el eco del órgano?
Desintegrarse, sin dejar cenizas
para una urna...
Quizás... ¿con engaño
vencer? ¿Escapar de las latitudes?
Así: por el tiempo como un océano
pasar a hurtadillas sin asustar a las aguas...

Marina Tsvetáyeva

martes, 8 de septiembre de 2009

BRAHMS: Primera Serenata · Mackerras & Orquesta de Cámara Escocesa

Elgatosierra provocó esta entrega. Inadvertidamente, claro: le comentaron a él que Charles Mackerras había dado una buena interpretación de las Serenatas brahmsianas, y aquí está la primera de ambas piezas.

Nuevamente prefiero una orquesta de cámara. Está claro que aquí el australiano empleó trompas naturales (sin válvulas), lo cual nos acerca al timbre instrumental que conocía Brahms. Diría, de hecho, que la versión respira un aire historicista. Los tempi me parecen elegidos de manera bastante personal y por lo que he leído, hay quien discrepe. No es una versión “habitual”, eso está claro, y personalmente prefiero el mayor entusiasmo de Brüggen.

Sin embargo, Mackerras es uno de los directores que siempre vale la pena oír, y aquí tiene la sutil virtud de recordarnos que, sin importar el contingente instrumental, la composición es una serenata, no una sinfonía, y le corresponde un peso más ligero, por más que Brahms nunca tomara su oficio con ligereza.

MACKERRAS + BRAHMS AQUÍ.

domingo, 6 de septiembre de 2009

BRAHMS / Primera Serenata / Frans BRÜGGEN

brahms

El heredero a su pesar...

Hay elogios que matan. Desde que Schumann escribiera con impulsiva generosidad su artículo “Nuevos senderos”, presentando a Brahms como legítimo Mesías de la música alemana, el genio de Hamburgo quedó situado en el ojo del huracán. Era demandado a convertirse en el heredero de Beethoven; y qué mejor que escribir una sinfonía para certificarlo. Sin embargo, la orgullosa apariencia del muchacho era sólo el caparazón de un hombre sensible e inseguro de su propia potencia creadora, para quien la comparación con Beethoven empezaba a pesar como una lápida.

En 1857, un año después de la muerte de Schumann, Brahms aceptó un puesto en la corte de Detmold, pequeña ciudad de Westfalia, donde tendría su primer acercamiento profesional con la orquesta. Pero en vez de firmar una sinfonía, crearía su Serenata en Re mayor, Op. 11.

El castillo de Detmold

La serenata instrumental había tenido grandes cultivadores en el siglo XVIII, pero a mediados del XIX se la consideraba una forma anticuada. Aun así —o precisamente a causa de esto— Brahms fijó su atención en ella, percibiendo las posibilidades que el resto no quería ver. Era, sin duda, un acto audaz. Y también una característica fundamental de su estética: recuperar formas caducas e infundirles nuevo brío. Como diría él mismo al fin de su vida, “he puesto vino nuevo en odres viejos”.

Disfruten esta Serenata núm. 1 en Re mayor de Brahms a manos de un intérprete excepcional que recomiendo con ahínco: el holandés Frans Brüggen, dirigiendo la Orquesta de Cámara de la Radio de Amsterdam, en una grabación en vivo de 2003. La versión es preciosa. Las menores dimensiones de la orquesta benefician las sutilezas instrumentales, dando espacio a la audición de detalles que parecen nuevos. Prefiero esta interpretación a muchas otras. Vean ustedes por qué, AQUÍ.

viernes, 4 de septiembre de 2009

JUNIOR and KARLSON (animación soviética)

Toda una curiosidad imperdible. Tomo prestado el dato de una estupenda página web creada para los rusos, ucranianos, etc., residentes en Chile (ver AQUÍ). Ya sabrán de mi debilidad por el mundo eslavo, y la vida cotidiana que se cuela a través de estas imágenes me seduce. Aquí les va la primera parte de esta historia, con un fondo musical que recuerda ese jazz a la soviética ingeniado por el bueno de Shostakovich. Los otros capítulos de “Junior...”, y mucho más, lo encontrarán en la página que les mencioné un poco antes. ¡Permítanse disfrutar!


SEGUIMOS CON PIXAR

Otro corto de PIXAR, con el interés añadido de su fecha: 1984, es decir, cuando era todavía una tecnología de vanguardia. Hoy nos parecerá bastante inocentón, pero los personajes son algo así como los tatarabuelos de Buzzy Lightyear, Wall-e y las infinitas otras variantes de esta veta de animación.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

EL BARBUDO Y EL CLARINETE: Ocaso productivo de un Genio


Brahms y su clarinete final

por Ernesto NOSTHAS


En 1889 la ciudad natal de Johannes Brahms le concedía el título de CIUDADANO DE HONOR por sus muy meritorios logros en la música clásica. La Navidad del año siguiente, cuando contaba 57 años de vida, Brahms decidió abandonar la pluma y no componer más. Con una breve pero dramática carta a su editor Simrock manifestó: “Con esta nota puedes dejar de considerar mi música, porque es el supremo momento de decir... no más”.
El barbudo, igual que luminarias de muchísimos menos quilates intelectuales de hoy en día, decidió retirarse del tinglado pero luego, gracias a Dios, arrepentirse y protagonizar un último regreso triunfal. Su última obra antes de este pseudo-retiro era el Opus 113 (13 Cánones para voces femeninas). ¡Hasta allí hubiésemos tenido de su áureo talento! Su Opus 102 (Doble Concierto para violín y cello) había sido su última obra orquestal.

Me hubiese gustado imaginarme a Quinoff con pancartas afuera del retiro del Barbudo ofreciendo cualquier cosa para que volviera a tocar el pautado... Pero, ¡ah, milagro! A mediados de 1891 vino una chispa divina de la mano y el talento de Richard Mühlfeld y su mágico clarinete.

Antes de ese momento el melancólico sonido del clarinete había obtenido poca o nula atención del Barbudo, quien mantenía un idilio especial con el piano, y a nivel orquestal con el corno francés.

Richard Mühlfeld


¿Qué provocó “el muso” Mühlfeld en Brahms? No sabemos... pero de algo sí estamos seguros —y por lo cual Quinoff debe tenerle en foto a la par de su querido Brahms— y es que este dinámico clarinetista inspiró al gran compositor de Hamburgo a heredarnos cuatro obras de enorme valor musical e histórico. A la divina chispa del clarinete de Mühlfeld le debemos el último grupo de genialidades de esas canosas barbas, una estela de varias obras que incluyen lo mejor (a mi humilde juicio) de su literatura para piano y la obra cumbre de su música de cámara, el Quinteto para Clarinete que hoy compartimos:
Opus 114: Trío en La menor para clarinete (o viola), chelo y piano

Opus 115: Quinteto en Si menor para clarinete y cuarteto de cuerda

Opus 116: 7 Fantasías para piano

Opus 117: 3 Intermezzi para piano

Opus 118: 6 piezas para piano

Opus 119: 4 Piezas para piano

Opus 120: 2 Sonatas para clarinete (o viola) y piano

n.º 1 en Fa menor

n.º 2 en Mi Bemol mayor

Opus 121: 4 Canciones serias para voz grave y piano

Opus 122: 11 Preludios corales para órgano (obra póstuma)
* * *

Antes de seguir en la historia, justo es que dediquemos unas líneas al artífice de que tengamos algo que compartir hoy… Richard Mühlfeld nació el 28 de febrero de 1856 en la ciudad de Salzungen, Alemania. Fue el último de cuatro hijos. Su padre, Leonhard Mühlfeld, le impartió sus primeros conocimientos musicales. A los 10 años de edad, Richard formaba parte de un pequeño conjunto dirigido por su padre, tocando violín y eventualmente el clarinete (que al parecer, aprendió de manera autodidacta).

Un paso importante en su carrera como músico fue su ingreso a la —luego famosa— orquesta de Meiningen, en el año 1873 y como violinista. Richard se presentó como solista con esta orquesta en 1877, y sólo en 1879 le ofrecieron el cargo de clarinetista principal debido a que el clarinetista estable, Wilhelm Reig, debió retirarse por motivos de salud.

Durante los años 1876 y 1879 Richard cumplió con el servicio militar, tocando el clarinete en la banda del Regimiento 32. Esporádicamente lo llamaban a tocar en otras orquestas, y sucedió así que tomó parte del Festival de Bayreuth en 1876, en donde conoció a Richard Wagner, un revulsivo intelectual que catapultó su carrera como intérprete.

Además de su affaire-musical con nuestro querido Barbudo, su maestría en el clarinete inspiró a otros compositores contemporáneos, como Theodor Verhey (“Concierto para clarinete” Op. 57 - 1901), Carl Reinecke (“Introduzione ed Allegro Appasionato” Op. 256 - 1902), Gustav Jenner (“Sonata” Op. 5 - 1900), Stephan Krehl (“Quinteto para clarinete” - 1902) y Henri Marteau (“Quinteto para clarinete”). Temprana e inesperadamente, Richard Mühlfeld falleció el 1 de junio de 1907 debido a una hemorragia cerebral.

Regresemos ahora al Quinteto... El humilde clarinete no ha sido en la historia de la música un referente frecuente en las salas de concierto. La mayoría de las obras notables del repertorio han sido el resultado de un encargo específico o una dedicatoria especial por amistad o aprecio musical, como es el caso del Barbudo y su muso Mühlfeld.

Como una referencia, Mozart escribió su Trío, K. 498 (para clarinete, viola & piano), su Quinteto, K. 581 (para clarinete & cuerdas que acompaña este post) y su maravilloso Concierto K. 622 para el clarinetista Anton Stadler (1753-1812); Ludwig Spohr (1784-1859) escribió 4 Concertos y varias obras para clarinete para su amigo Johann Hermstedt (1778-1846); y Carl Maria von Weber escribió su Concertino Op. 26, sus Variaciones Op. 33 (para clarinete & piano), el Quinteto, Op. 34 (para clarinete & cuerdas) y 2 Concertos Op. 73 & 74 para el clarinetista Heinrich Baermann (1784-1847).

Por aquello de las casualidades, el Quinteto de Mozart mencionado anteriormente fue una de las obras que Mühlfeld interpretó para Brahms en el concierto privado donde se conocieron (y que encendió otra vez la chispa creadora del genio jubilado).

Tras este encuentro en 1891, Brahms salió del retiro para componer el Trío y el Quinteto. Luego, durante el verano de 1894 y ya en el ocaso de su vida, escribió las dos Sonatas op. 120, las cuales fueron estrenadas por ambos (Brahms y su muso) en enero de 1895 en Viena. Después de ese estreno las interpretaron juntos muchas veces; de hecho, Brahms cedió los derechos de publicación de ambas y los manuscritos originales a Mühlfeld.

Al momento de la composición del Quinteto existían pocas obras para esa agrupación instrumental (obras de Wolfgang Amadeus Mozart, Anton Reicha, Carl Maria von Weber, Franz Krommer, Alexander Glazunov, y Heinrich Bärmann). De todas ellas, Brahms tomó el modelo creado por Mozart para basar su composición.

Breve análisis

La obra de Brahms tiene en general un tono reflexivo y sombrío y destaca el tema inicial en las cuerdas que introduce al primer movimiento, el cual regresará más tarde, al final de la obra en el cuarto movimiento. Hacia la mitad de la obra, una frase en el clarinete recuerda fuertemente al Primer Concierto para Clarinete de Weber.

En el segundo movimiento el clarinete marca la pauta al inicio con un tema romántico y melódico, el cual luego recogen las cuerdas. Hacia la mitad del movimiento la atmósfera regresa al modo reflexivo y oscuro del movimiento inicial, del cual se abstrae el clarinete con una serie de escalas y retornos.

En el tercer movimiento se parte de un tema agitado y danzarín el cual luego de algunas reexposiciones se modifica hacia una suerte de “conversación” entre el primer violín y el clarinete. Luego de una evolución se reexpone el tema inicial pero con una variación de ritmo.

El movimiento final es un Tema con Variaciones (al igual que en la obra de Mozart y con una estructura parecida a la que retomara luego en la Segunda Sonata para Clarinete). En la parte final, la reexposición del tema inicial da paso al primer tema del primer movimiento, desvaneciéndose suave y gravemente hasta extinguirse en la distancia.

Amigos y Amigas... a mi juicio este Quinteto es la joya máxima de las obras de música de cámara del Barbudo y en el tiempo se han acumulado muchas versiones destacables. Gracias a los aportes y acuciosidad que caracteriza a Elgatosierra, presentamos las siguientes versiones como especialmente notables:

  • ENTRE LAS MÁS ANTIGUAS DESTACA especialmente la grabada por Leopold Wlach/Vienna Konzerthaus Quartet-Ensemble (NAXOS, 1954). Wlach era un especialista en esta obra. Esta grabación es notable en arte pero mala en sonido.
  • ENTRE LAS CLÁSICAS BRILLAN CON LUZ PROPIA (valores seguros, no habrá sorpresas, algunas pueden estar fuera de catálogo pero se reeditarán con toda seguridad):
    Peter Schmidl/Wiener Kammervirtuosen (DECCA)

    Karl Leister/Amadeus Quartet (DEUTSCHE GRAMMOPHON)

    Jack Brymer/Allegri Quartet (DECCA)

    Members of the Berlin Philharmonic Octet (PHILIPS)

    Karl Leister/Berlin Soloists (APEX)

    Capuçon/Capuçon/Meyer/Saulière/Muthelet (VIRGIN)

    Reginald Kell/Busch Quartet (MUSIC & ARTS)

    Gervase de Peyer/Melos Ensemble (SERAPHIM)

    Alfred Boskovsky/Vienna Octet (DECCA-TESTAMENT)

    Karl-Heinz Steffens/Scharoun Ensemble Berlin (TUDOR);
  • Y ENTRE LAS MÁS ACTUALES HABRÁ QUE TENER EN CUENTA (todas buenas, según gustos):
    David Shifrin/Emerson String Quartet (DEUTSCHE GRAMMOPHON)

    Karl Leister/Vermeer Quartet (ORFEO)

    Thea King/Gabrieli String Quartet (HYPERION)

    Michel Portal/Melos Quartet (HARMONIA MUNDI)

    Eddie Daniels/Composers String Quartet (REFERENCE RECORDINGS)

    David Shifrin/Chamber Music Northwest (DELOS)

    Richard Stoltzman/Tokyo String Quartet (RCA)
Mi primer contacto con el Quinteto en Si menor fue con la mágica grabación de Gervase de Peyer, la cual no he podido conseguir en formato digital (la tengo en vinilo). Ahora mi preferida es la David Shifrin/Emerson String Quartet, la cual me permito compartir con ustedes.
  • Un abrazo, y a gozarla... AQUÍ
Y por su paciencia de llegar hasta acá, de regalo extra les va el mágico Quinteto de Mozart.
1. MOZART Clarinet Quintet in A, K.581 - 1. Allegro 2. MOZART Clarinet Quintet in A, K.581 - 2. Larghetto 3. MOZART Clarinet Quintet in A, K.581 - 3. Menuetto 4. MOZART Clarinet Quintet in A, K.581 - 4. Allegretto con variazioni 5. BRAHMS Clarinet Quintet in B minor, Op.115 - 1. Allegro 6. BRAHMS Clarinet Quintet in B minor, Op.115 - 2. Adagio 7. BRAHMS Clarinet Quintet in B minor, Op.115 - 3. Andantino - Presto non assai, ma con sentimento 8. BRAHMS Clarinet Quintet in B minor, Op.115 - 4. Con moto
 
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