sábado, 11 de julio de 2009

CHAIKOVSKY Y SUS “12 ESTACIONES”

tchaikovsky

Los nombres que reciben ciertas piezas musicales pueden ser desconcertantes. Todos sabemos que el año se divide en 4 estaciones y no más. Pues bien: alguna extraña razón que hasta hoy sigue perdida motivó el título de “Las Estaciones” para estas doce piezas de Piotr Chaikovsky (1840–93), dedicadas cada una a un mes del año en el hemisferio norte.

En 1875 el editor de una revista musical de San Petersburgo encomendó a Chaikovsky una serie de doce piezas breves para piano con la intención publicarlas mensualmente durante el año siguiente, 1876, a lo que el genio ruso accedió. Asumió también las sugerencias de título y tema hechas por el editor, y así nacieron estas obras cuya popularidad fue inmediata. Recordemos que en el siglo XIX el piano se hallaba presente en muchísimos hogares y conocía un gran período de esplendor, evidenciado por raudales de literatura musical para todo público, de modo que esas partituras incluidas en la revista se dirigían a un público objetivo.

Antecedentes de la colección chaikovskiana pueden hallarse en las Kinderszenen de Schumann o las Canciones sin Palabras de Félix Mendelssohn. Es verdad que la faceta más brillante de Chaikovsky no visita estas producciones, pero sí están presentes su vena melódica y la gracia de su discurso, razones de sobra para que “Las Estaciones”, más bien “Los Meses del Año”, conocieran un sinfín de adaptaciones.

Una de ellas es la versión instrumental preparada por el director y compositor soviético Aleksandr Gauk, que les traigo en versión de Evgeni Svetlanov, AQUÍ.

¡Que lo disfruten!

jueves, 9 de julio de 2009

LA SIBILA DEL RIN


hildegarda

  • Dedicado a MARTINE con cariño

Hildegard von Bingen nació en 1098 y falleció en 1179. Fue científica, hagiógrafa, líder monástica, médica, mística, pintora, profetisa, y, por lo que más nos interesa aquí, compositora de música maravillosa. En definitiva una mujer que atesoró, para su tiempo, una cultura impresionante.

Hildegarda, aunque en puridad era una religiosa de comienzos de la Baja Edad Media, más nos parece una dama culta del Renacimiento, o incluso una aristócrata ilustrada de la Francia prerrevolucionaria.

Nacida en una familia noble alemana, era la menor de diez hijos, y por ser la décima fue considerada como el “diezmo” para Dios, según la mentalidad medieval, siendo entregada a los catorce años al monasterio de Disibodenberg.

Hildegarda recibió durante estos primeros años una educación monástica rudimentaria, la mejor y la única para su edad en aquellos tiempos por otra parte, que comprendía: lengua latina (para poder seguir la liturgia); lectura de la Sagrada Escritura (memorizando los Salmos); y el canto gregoriano.

Desde muy niña, Hildegarda tuvo visiones, que más tarde la propia Iglesia confirmaría como inspiradas por Dios (en la imagen superior podéis verla recibiendo el mensaje divino). Estos episodios los vivía conscientemente, es decir, sin perder los sentidos ni sufrir éxtasis. Ella los describió como una gran luz en la que se presentaban imágenes, formas y colores; además iban acompañados de una voz que le explicaba lo que veía y, en algunos casos, de música.

Tal fue el reconocimiento que llegó a tener en su época que fue conocida como la Sibila del Rin. La gente la buscaba para escuchar sus palabras de sabiduría, para curarse o para que los guiara.

Por si todo esto fuera poco, creó su propia Lingua Ignota, primera lengua artificial de la historia, con su propio alfabeto.

Hildegarda compuso setenta y ocho obras musicales, agrupadas en Symphonia armonie celestium revelationum (“Consonancia de la armonía de las revelaciones celestiales”): 43 antífonas, 18 responsorios, 4 himnos, 7 secuencias, 2 sinfonías (con el significado propio del siglo XII, ‘consonancia’, por oposición a diafonía, ‘disonancia’), 1 aleluya, 1 kyrie, 1 pieza libre y 1 oratorio (¡fascinante, pues según los expertos el oratorio se inventó en el siglo XVII!) Además, compuso un auto sacramental musicalizado llamado Ordo Virtutum.

Y para terminar os dejo una pequeña muestra de las maravillosas composiciones de nuestra Hildegard von Bingen. Bajo el título general de Heavenly Revelations recoge una miscelánea de once obritas, entre himnos, secuencias, antífonas y responsorios. La versión está interpretada por la Oxford Camerata, un coro inglés especializado en este tipo de composiciones, dirigida por Jeremy Summerly, cantor procedente del New Colege de Oxford, todo un referente en este repertorio.

Y ahora escuchar esta música celestial, relajaros y dejaros acunar en los brazos de Hildegarda, AQUÍ.

¡Salud, paz y una sonrisa por favor!
Elgatosierra

martes, 7 de julio de 2009

4 DELICATESSEN


Calma, que no los mataré de hambre: a modo de agasajo, cuatro canciones, ¡pero qué canciones! Lieder eines Fahrenden Gesellen, de Mahler ¡Y qué intérpretes! Fischer-Dieskau y Furtwängler, dos gigantes entonando las “Canciones para un Camarada Errante” junto a los Filarmónicos Vieneses en Salzburgo, año 1951.

El barítono de mirada fija los llevará a la descarga.


jueves, 2 de julio de 2009

UN CUERVO EN EL HORIZONTE

Mahler
“Florecillas”, es decir, Blumine. Tal es el nombre de esta delicada y melodiosa composición de Mahler, donde el autor, todavía joven, se muestra libre de los tormentos que luego lo tensarían. Un Mahler optimista, esperanzado, incluso tierno.

Como lo ha encontrado Gabriel.

De mi parte, el trabajo me ha absorbido el último tiempo, pero en mis borradores tengo ya el próximo material. Hasta ese pronto reencuentro, les invito a la audición de esta pieza para homenajear como es debido a nuestro querido Cuervo porteño. Ése cuyo recuerdo, para ser justo, debe ser luminoso.

Como dice Gatosierra, ¡UNA SONRISA POR FAVOR!

Una y mil.


miércoles, 1 de julio de 2009

EWIG... EWIG...


Die liebe Erde allüberall
Blüht auf im Lenz und grünt aufs neu!
Allüberall und ewig blauen
licht die Fernen!
Ewig... ewig...

¡De nuevo la tierra amada
florece y reverdece por doquier en primavera!
¡En todos los confines, eternamente,
brillan azules los lejanos horizontes!
Eternamente... eternamente...”

  • Der Abschied Fragmento final de “La Despedida”, a su vez movimiento final de “La Canción de la Tierra” de Gustav Mahler. El mismo compositor escribió la poética letra que canta el barítono en este pasaje, uno de los adioses más mágicamente hermosos que conozca la música | dedicado a un amigo que permanecerá en mi recuerdo “ewig... ewig...”

domingo, 28 de junio de 2009

IN MEMORIAM

Pertenece a los seres como Gabriel Cuervolopez la habilidad para eludir la muerte. Su gran poder es la memoria que dejan impresa en los demás. No un recuerdo ligero, como esas simpatías momentáneas surgidas en los intervalos del Metro. No, Gabriel nos enriqueció; a la mayoría de nosotros a través de su estupendísimo blog, y a los más privilegiados con su cercanía física en Buenos Aires.

Enriquecer es producir un cambio; esa fue la profundidad a que llegó. Y me refiero a la clase de cambios que más son de agradecer: aquellos que nos revelan la nobleza a menudo olvidada de la condición humana. Aquellos que nos brindan la oportunidad del descubrimiento, de la elevación. Aquellos que nos enseñan a hacer preguntas, y todavía mejor, nos dan muchas de las respuestas.

Cierta vez un amigo me contó un episodio que no he podido olvidar: a punto de comenzar su adolescencia, su padre lo sorprendió con un regalo inesperado. Puso en sus manos el ciclo sinfónico de Beethoven… “porque cosas como éstas te harán sentirte orgulloso de ser parte de la Humanidad”, le dijo. A propósito de Gabriel podría clamar algo muy parecido. Él nos mostró generosamente las muchas razones que existen para la admiración y la esperanza en los atribulados días que corren, reconfortándonos; y por eso, en sentido opuesto, descargó su rabia contra las componendas, las vulgaridades, las vilezas que oscurecen (mejor diría esclavizan) el espíritu.

Bajezas que a su vez me hicieron pensar en el viejo Salieri y su disputa contra Mozart en la ficción cinematográfica. Aquel viejo Salieri imaginario, que había sobrevivido para ver su propia extinción, mientras la buena estrella del talento genuino (como el Cuervo) se iba convirtiendo en sol de mediodía. Un poco por eso colgué en mi blog una parte del Réquiem de Mozart como homenaje a Gabriel, quien era una personalidad excepcional en perpetua batalla contra la mediocridad.

Tengo la certeza de que Elcuervolopez perdurará. Los corazones gigantes nunca mueren en vano.


Brahms joven detalleBegräbnisgesang, Op.13 Himno Fúnebre, compuesto por Brahms en 1858 a partir del poema homónimo de Michael Weisse (siglo XVI). En esta obra, la primera donde el gran músico reúne voz y orquesta, me parece oír siempre una alusión al Réquiem de Mozart [como en 01:15, interludio intrumental]. Dirige Philippe Herreweghe | y les detallo esta obra en homenaje al gran divulgador que fue Cuervo.

viernes, 26 de junio de 2009

ADIÓS AMIGO

Hoy he perdido un buen amigo. “Cuervo López ha decidido remontar el vuelo hacia la inmortalidad. No vienen al caso largas digresiones, porque todo cabe en una breve exclamación: ¡GRACIAS!

Nos recordaste que la vida sólo merece ese nombre cuando la pasión la ennoblece. Nos demostraste la enorme convocatoria que tienen todavía la Belleza y la Sinceridad, precisamente cuando sobran la vulgaridad y la hipocresía. Supiste reunir y dar valor a un grupo de personas que siempre estarán agradecidas de haberte conocido.

Amigo, aunque ahora te hallarás junto a Mahler, afanado en conocer por fin el legítimo final de la Décima, también te quedaste con nosotros.

Hasta siempre, Gabriel Cuervolopez.

 
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