domingo, 16 de agosto de 2009

DE RISAS QUE SON LÁGRIMAS



La historia de David Garrick, el gran comediante inglés derrumbado sobre sí mismo, relatada por el poeta mexicano Juan de Dios Peza, siempre me pareció uno de esos retratos inspirados de la tristeza humana. Lo del payaso que llora viene de antiguo, cierto, ¿pero se han puesto a examinar unas cuantas biografías de cómicos y humoristas célebres? Siempre es un camino que, en alguna curva, se estrella contra una desgracia particularmente dolorosa. No importa cuál; pareciera que la vida exige del payaso que logra despertar la risa de muchos, que deba llorar a cambio.

Por eso la historia del que ríe tan alto como despacio llora siempre estará escrita en algún rincón... de nosotros mismos. Los versos de Peza son estupendos. Espero que los disfruten tanto como yo (y decirlo así tiene un dejo de crueldad involuntaria).

NOTA: David Garrick fue uno de los nombres más grandes del teatro inglés en el siglo XVIII. Y Spleen era una tenebrosa forma de abatimiento que minaba a las gentes de esa época. Predecesor quizá de nuestro ‘Stress’ y nuestra ‘Depresión’.


Reír llorando

Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra,
el pueblo al aplaudirlo le decía:
–Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz.
Y el cómico reía.
Víctimas del spleen los altos Lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
–Sufro –le dijo– un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.
–Viajad y os distaeréis. –Tanto he viajado.
–Las lecturas buscad. –Tanto he leído.
–Que os ame una mujer. –¡Si soy amado!
–Un título adquirid. –Noble he nacido.
–¿Pobre seréis quizá? –Tengo riquezas.
–¿De lisonjas gustáis? –¡Tantas escucho!
–¿Que tenéis de familia?... –Mis tristezas.
–¿Vais a los cementerios?... –Mucho, mucho.
–¿De vuestra vida actual tenéis testigos?
–Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.
–Me deja –agrega el médico– perplejo
vuestro mal, y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrick podéis curaros.
–¿A Garrick? –Sí, a Garrick... La más remisa
y austera sociedad lo busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡tiene una gracia artística asombrosa!
–Y a mí me hará reír? –Ah, sí, os lo juro!
Él, sí, nada más él... Mas, ¿qué os inquieta?...
–Así –dijo el enfermo– no me curo:
¡Yo soy Garrick! Cambiadme la receta.

* * *
¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el autor suicida
sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!
Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestras plantas pisan
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Prechioso, el payaso!!!

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