
“El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse”.

Hoy les traigo nuevamente a Wilhelm Furtwängler, quizás la mayor batuta alemana del siglo XX. Y eso ya es decir...
En la historia del disco, estamos aquí en la época de las tomas sonoras en pleno desarrollo, cuando el ruido acústico contaminaba inevitablemente las grabaciones. Pero, oh paradojas, ese mismo defecto comunica no sé qué sabor, no sé qué encanto a esos antiguos registros, de técnica rústica pero arte a veces insuperado. Es el caso de este disco, cuya “médula” la constituye la Quinta Sinfonía de Beethoven en la primera versión grabada por el director alemán, el año 1926.
Sorprendentemente, este disco ofrece al público por primera vez en versión integral esa interpretación; si no llegó antes al mercado fue por culpa de unos minutos perdidos en el Tercer Movimiento, lugar donde se producía la transición entre una y otra cara del disco de laca de 78 rpm (el formato comercial dominante por aquellos años). Al parecer ni el director ni el ingeniero a cargo supieron encontrar el punto exacto. Ese tiempo perdido (pista 4, 3:34 a 3:37 min.) fue sustituido ingeniosamente por Mark Ober-Thorn con la siguiente versión grabada por Furtwängler y la misma orquesta en 1937, como él mismo lo comenta en las notas.
Acompañan esta sinfonía otras obras: la poderosa obertura Egmont, del mismo Beethoven; la obertura Der Freischütz, de Von Weber, donde Furt juega con los tempos y la improvisación sin quitar nobleza a las grandes líneas; y dos oberturas de Rossini, interpretadas con oficio pero sin tanta comodidad.
Un abrazo a todos/as, y aquí les dejo este precioso disco histórico:
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Sí, amigos y amigas, hoy es el Día Mundial Contra el Ruido, ese contaminante indisociable de la vida urbana contemporánea. Considerando el enorme volumen de población que concentran las ciudades, especialmente en América Latina, resulta que los oídos de millones de personas sufren con los decibeles desatados de máquinas, motores, alarmas e interminables etcéteras que nos han hecho olvidar el disfrute del silencio. Para la OMS, casi el 80% de los habitantes de las grandes ciudades sufre un impacto acústico mucho mayor al recomendable. Ayer mismo los noticieros chilenos informaban la muerte de una colegiala de 15 años que cruzó la calle sin advertir un autobús que se le venía encima, y esto por llevar puestos los audífonos a tal volumen, que la percepción de su entorno quedó anulada.
Así, para ir en la escondida senda de los pocos sabios que en el mundo han sido, en el decir de Fray Luis de León, les regalo el video de más abajo, con un homenaje a la vida que disfruta esos añorados bienes como son la paz y el silencio, o mejor, el murmullo afable de la existencia cuando recupera su ritmo esencial.
...y ya saben, hagan caso al Maestro:
Aquel hombre de triste semblante, que fuera también el mayor predecesor de Bach, tenía 33 años de edad y ya cuatro como Kapellmeister de la corte de Dresde cuando, en la primavera de 1623, publica su Historia de la Resurrección de Jesucristo, con 11 escenas basadas en los 4 evangelios. A diferencia de los oratorios del barroco maduro, Schütz no emplea textos poéticos alusivos, sino las propias palabras de la Escritura traducidas al alemán.
Les comparto hoy esta
Historia de la Resurrección de Jesucristo, en versión del Dresdner Kreuzchor, la
Capella Fidicinia, solistas vocales y el tenor
Peter Schreier en el rol del Evangelista —para
mí, una de sus interpretaciones más extraordinarias— bajo la dirección del
maestro Martin Flämig.D E S C A R G AMP3 CBR 320 kbps | scans | 29 tracks | RAR 122,9 MB

Me parece curioso recordar la época , no tan antigua, en que se esgrimía el concepto “modernidad” para dar (o quitar) aprobación a las tendencias artísticas. Curioso, digo, porque la “modernidad” es una situación atada al tiempo, necesariamente, y el tiempo no tiene domicilio fijo. Lo único que podemos saber acerca del futuro es que aún no existe, luego no tiene propietarios (aunque sí especuladores). Existe el momento presente, pero al modo incompleto de todo lo que está siendo. Nos queda, pues, nuestro pasado como única certeza consolidada. Sólo a partir de él podemos definir el presente y aventurar el futuro. Es nuestra primera posibilidad de perspectiva. Por ende, el pasado de nuestra cultura merece ser tenido más en cuenta para obtener de él toda su latente riqueza. Así es como lo transitoriamente “moderno” se hace duraderamente “clásico”.
Y eso me lleva a otro rasgo notable de épocas pasadas (es decir, del presente de antaño) como fue el haber centrado sus afanes en lo definitivo, lo permanente, lo duradero. Hoy el acento está en lo efímero, que tanto es veloz como desechable. Quizá por eso en nuestra “Era Fugaz” la vida se acelera continuamente —y hasta hemos perdido el dominio sobre la velocidad, quedando a merced de ella— mientras la “Era de lo Duradero” tendía al sosiego. El problema de acelerar es que el entorno desaparece y el ámbito visual se va focalizando cada vez más. La velocidad realza lo inmediato pero disminuye la amplitud del paisaje. Y la inteligencia humana, para comprender, requiere contexto, perspectiva. Amplitud. Recién entonces descubrimos el significado de cosas que antes descuidamos por tratarlas “a la rápida”. La información recopilada en fragmentos adquiere, por virtud del sosiego, súbita coherencia, y nos formamos una idea acabada de la realidad. Es cuando pronunciamos nuestros eurekas.
Por eso “hay que hacerse un tiempo” para escuchar a los grandes polifonistas. Es decir, los disfrutaremos verdaderamente cuando nos detengamos para oírlos. Cuando atendamos. Cuando sincronicemos nuestro ritmo con el movimiento vívido, lúcido y pacífico de estos compases. Será entonces cuando el mensaje de esta música se hará evidente, por así decir, con paz de útero.
De esta manera poco convencional he querido proponerles la audición del disco “Beyond Chant — Mysteries of the Renaissance”. Disfruten la mejor música para esta época del año:
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1. Sicut Cervus / Palestrina
2. Ave Maria / Josquin Desprez
3. Justorum Animæ / Orlando de Lassus
4. Jesu Rex admirabilis / Palestrina
5. Exultate Deo / Palestrina
6. Exultate Justi / Viadana
7. Jesu, dulcis Memoria / Victoria
8. Ave Verum Corpus / William Byrd
9. Salmo 90 / Sweelinck
10. Salmo 96 / Sweelinck
11. Hodie Christus Natus Est / Sweelinck
12. O Maria Virgo Pia / Anónimo medieval
13. Tu Pauperum Refugium / Josquin Desprez
14. O Sacrum Convivium / Thomas Tallis
15. If Ye Love Me, Keep My Commandments / Thomas Tallis
16. Hossana to the Son of David / Gibbons
17. O Quam Gloriosum / Victoria
18. Selig sind die Toten / Schütz
19. Heu Nos Miseros / Leo
20. Exaltabo Te / Palestrina
21. O Sing Joyfully / Batten
22. O Magnum Mysterium / Victoria
23. Laudate Nomen Domini / Tye
24. Cantate Domino / Hassler
Fragmento de las «Danzas Sinfónicas», op. 45 (nº 1. Non Allegro)
Sergei Vasílievich Rajmáninov [Сергей Васильевич Рахманинов] (1873-1943) es probablemente uno de los compositores mejor tratados por las casas discográficas y las salas de concierto. Puede no concitar el elogio unánime de la crítica —encandilados con los rupturismos de Stravinsky, Prokofiev o Shostakovich— pero esa misma crítica tampoco ha logrado destruir jamás la adhesión de una amplia audiencia, firmemente cautivada por la fuerza dramática, el arrebato melódico, el impacto emocional, en fin, el pathos de este aristócrata eslavo. Y esto lo demuestra aquel “buen trato” a que aludí al principio: la industria musical sabe que Rajmáninov tiene público.
Sergei Vasílievich vivió la mayor parte de su existencia en el siglo XX, y es uno de los escasos “grandes” que lograron dejar memoria fonográfica de su talento; sin embargo, nuestro compositor nunca perteneció del todo al nuevo siglo.
Parte del encono de cierta crítica contra él derivó precisamente de este hecho. Lo fustigaban por negarse a abandonar su concepción musical, heredera del Romanticismo de un Chaikovsky, un Rubinstein o un Scriabin, a quienes conociera personalmente.
Pero a cambio de esa negativa a evolucionar en la misma dirección que lo hacía el resto, Rajmáninov produjo una obra de gran coherencia estilística, ansiosa por comunicar belleza y distribuida en amplia variedad de géneros, en especial el apartado pianístico. Es que el creador ruso poseyó legendarias facilidades como intérprete: sus casi dos metros de estatura se correspondían con manos capaces de abarcar 13 notas en el teclado, amén de la aptitud para reproducir obras complejas luego de oírlas una sola vez. Su carrera como virtuoso —una de sus más celebradas facetas como músico profesional— le merece un indisputable lugar entre los pianistas más grandes de todos los tiempos.
Sus conciertos para piano, seguramente los más conocidos del siglo XX, figuran también entre los más desafiantes nunca compuestos (en especial el Tercero) y aun así, en ellos la complejidad no ahoga su belleza y lirismo.
Dígase lo mismo del inspirado manejo de la paleta orquestal, de sus canciones (probablemente sea Rajmáninov el creador definitivo de la canción rusa de concierto) o de su obra coral.
La arquitectura musical le trajo problemas, dilema común para eslavos y latinos, pero sorteó el escollo con su fenomenal capacidad para comunicar emociones y “enganchar” con el oyente. En este punto específicamente —que no en otros— quizá sea Rajmáninov el más genuino continuador del gran Chaikovsky.
Seguro que ya desde el inicio (la Variación núm. 18 de la Rapsodia sobre un tema de Paganini) más de alguno/a se sentirá transportado. Pienso, por ejemplo, en mi amiga Mara, a quien dedico esta entrada.
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1. Variation No. 18 / from Rhapsody on a Theme by Paganini, Op. 43
2. Prelude in C Sharp minor, Op. 3 No. 2
3. Prelude No. 5 in G minor, Op. 23
4. Allegro scherzando / from Piano Concerto No. 2 in C minor, Op. 18
5. Adagio / from Symphony No. 2 in E minor, Op. 27
6. Tarantella / from Suite for 2 Pianos No. 2, Op. 17
7. Vocalise, Op. 34 No. 14
8. In the Silence of the Night, Op. 4 No. 3
9. Allegro scherzando / from Sonata for Cello and Piano in G minor, Op. 19
10. Spring Waters, Op. 14 No. 11
11. Lord, now lettest Thou Thy servant depart in peace / from Vespers, Op. 37 All Night Vigil
12. Allegro ma non tanto / from The Bells, Op. 35
13. Non Allegro / from Symphonic Dances Op. 45
A dmito que mi relación con la música clásica contemporánea es difícil. A veces nula. Frente a mucha vanguardia me siento per...