La memoria humana es reduccionista. Parece un rasgo inherente a la mente racional: buscar patrones repetidos, elegir puntos de referencia, resumir y simplificar a fin de comprender mejor. Describir un paisaje con brevedad —montañas, lago, bosque, cielo azul— omitiendo los detalles sutiles que harían la gloria de un Marcel Schwob. En suma, obviar la “decoración” a fin de retener “lo esencial”.
Trasladando este hábito a la música, frecuentes listas de nombres pretenden agotar épocas enteras, como si cuantos vivieron en determinado momento sólo hubieran conocido aquellos mismos nombres y disfrutado aquella misma música... Obviamente, nada más lejos de la realidad. Eso impone la gratificante tarea de descifrar cada período, restituyendo su vibrante complejidad y recuperando así nombres que nunca debimos descuidar ni olvidar; por ejemplo el de Louis Spohr (★ Brunswick, 5 Abr. 1784 — ✚ Kassel, 22 Oct. 1859).
Entre dos eras: el caso Spohr
El compositor hacia 1850Ludwig Spohr, conocido después como Louis, cosechó enorme reconocimiento durante su vida, tanto, que los teatros y el público lo agasajaban como un equivalente de Mozart, Haydn o Beethoven, repitiendo su apellido en la programación de conciertos sin objeciones.
Fue un hombre ávido de aprendizaje, depositario de influencias cosmopolitas (desde la Escuela de Manheim hasta los clásicos vieneses de su tiempo, pasando por las huellas de Francia e Italia), disciplinado, trabajador y comprometido con cada tarea que emprendió. Vivió en una época de transición —la generación “bisagra” que experimentó el ocaso del Clasicismo y el despuntar del Romanticismo— y tal vez por eso, aun ejerciendo influencia en la música de su tiempo, el interés por su obra se apagó poco después de su muerte. No obstante, Spohr fue crucial al convertirse, junto a otros contemporáneos como Ries o Hummel, en un eslabón entre generaciones, un vaso comunicante de estéticas artísticas.
Despacho de trabajo de Spohr en KasselAunque fue un virtuoso del violín, dejó su firma en múltiples géneros: sinfonías (10), óperas (10), ciclos de lieder (~105), cuartetos de cuerda (36), conciertos (18), piezas de ocasión, oratorios… y un corpus de música sacra que aún espera ser redescubierto. En este terreno brilla su Misa en Do menor a capella, para doble coro mixto y solistas, op. 54, una obra que prescinde de orquesta para concentrarse en lo esencial: la voz humana entrelazada en un tapiz contrapuntístico que, sin ornamentos, busca elevar el espíritu.
La síntesis de un estilo
La Misa en do menor encarna de manera ejemplar la síntesis estilística que define a Spohr: una convergencia entre la claridad mozartiana, la tradición coral protestante alemana y el renacimiento del modelo polifónico de Palestrina que cautivó a compositores de su generación —Beethoven entre ellos, como atestigua su propia Missa solemnis. Concebir una obra de esta envergadura para voces a cappella, sin apoyo instrumental alguno, fue un gesto deliberadamente arcaizante en 1821: una recuperación del arte polifónico estrictamente vocal que muchos entendían como el ideal de la música sacra. El resultado es una partitura que mira hacia el pasado sin dejar de ser moderna, donde la densidad contrapuntística del Renacimiento dialoga con la sensibilidad romántica de un compositor que, en vida, fue celebrado como heredero directo de Mozart.
Romanticismo sacro
“Catedral en invierno” — Ernst Ferdinand Oehme, 1821Borges dijo alguna vez que la música no es algo que se agrega al mundo; la música ya es un mundo (“Borges, oral”. 1979). La Misa de Spohr puede definirse así: un mundo, no una reliquia. Hay en ella ciertamente una recapitulación de estilos tamizados por la sensibilidad de su autor, pero a diferencia de un mero pastiche su arquitectura sonora respira vida propia, animada por un pulso que late con urgencia romántica.
El doble coro produce un efecto espacial notable: las voces se responden, se entrelazan, se separan y vuelven a encontrarse como dos ríos que confluyen y divergen. Los solistas aportan momentos de intimidad lírica, contrastando con la densidad del tutti. En el Kyrie y el Gloria especialmente, Spohr logra equilibrar la claridad del texto y la riqueza contrapuntística; una hazaña que fusiona las mejores tradiciones sacras de los mundos germano y latino.
Al conocer esta obra uno podría preguntarse por qué no es más interpretada. La respuesta no está en la maravillosa partitura, sino en los caprichos de la historia. Spohr murió en 1859; Brahms estrenó su Réquiem alemán en 1868. En menos de una década, el centro de gravedad se había desplazado. Por eso esta creación llena de originalidad, recibida en su día como una cumbre, hoy es apenas una cita al pie de los libros de texto. Pero las buenas partituras guardan un tipo de magia inmune al tiempo: suenan tan bien hoy como el día en que fueron escritas.
Frieder Bernius es uno de los nombres más interesantes en el escenario contemporáneo cuando se trata de interpretaciones corales o sinfónico-corales del repertorio romántico o barroco con estilo historicista. Fundó en 1968 el Kammerchor Stuttgart, coro junto al cual ha sido galardonado múltiples veces por registros de nombres diversos (aunque estéticamente coherentes) como Mendelssohn, C.P.E. Bach, Schütz, Zelenka u Homilius. Estamos, pues, en las mejores manos para redescubrir la gran Misa en do menor de Louis Spohr, grabada bajo el sello Carus.
Bernius eligió un complemento estupendo para la Misa, como son los Tres salmos, op.85, creados por Spohr para el Cäcilienverein de Kassel en 1832:
- Unendlicher! Gott, unser Herr! —Salmo 8—,
- Gott ist mein Hirt —Salmo 23— y
- Aus der Tiefen ruf’ ich, Herr, zu dir —Salmo 130—.
Escritos sobre la traducción alemana de Moses Mendelssohn (el abuelo de Félix), los tres están destinados a doble coro mixto y solistas, sin acompañamiento instrumental.
Pero estos Salmos no son una repetición de fórmula: el texto alemán, más inmediato y declamatorio que el latín litúrgico de la Misa, favorece una expresión distinta, más próxima a la tradición coral protestante; y la brevedad relativa de cada pieza permite que el contrapunto se concentre. El Salmo 8 concluye con una fuga, mientras que el Salmo 130 alcanza su culminación en una doble fuga.
Escuchar los Tres salmos junto a la Misa permite advertir que el arcaísmo de Spohr nunca es una renuncia al presente: las formas antiguas reviven transformadas por la melodía romántica, la intensidad armónica y el peso expresivo de la palabra, multiplicándose en una invisible catedral sonora.
Disfruten estas obras en el enlace:
MP3 CBR 224 kbps 48 Hz | 10 Tracks | .7z 84,9 MB | yandex.ru
Quiero dedicar esta entrada a mis queridos amigos venezolanos, que siguen batallando con el doloroso rescate de víctimas tras el trágico terremoto del 24 de junio pasado. A ellos les acompaño con el corazón, especialmente a mis queridos Carlos, Efrén, Daniela y tantos más. #PrayforVenezuela






6 comentarios:
Gracias, Maestro.
¡Un gran abrazo, querido amigo!
Muy buenas. Hay que ver cuántos puntos de vista podemos tener, casi tantos como espacios y tiempos, momentos y atalayas, nos sustentan. Si hay muchos detalles no nos dejan imaginar, el "Viaje a Samoa" nos puede parecer abigarrado, la vuelta a Ítaca puede ser la verdadera aventura, más que la propia guerra de Troya. Y SPOHR con sus obras concertantes para clarinete y violín, sus sinfonías, y sobre todo sus obras de cámara, ante todo su "Noneto" y su "Octeto", pero también sus cuartetos, creo que nunca ha sido olvidado. Su obra vocal, sobre todo sus óperas han seguido tímidamente en cartel. Sin lugar a duda esta "Misa en do menor", op. 54, refinada e innovadora, es una maravilla maravillosa, y esta versión que nos regalas de Bernius un auténtico lujazo. Pero he de decirte que se te ve un poco el plumero con el tema del canto 'a capela' (JA, JA, JA). Para mí que esta composición jánica viene del pasado y se proyecta claramente hacia el futuro En mi intuición aparecen claramente los siguientes nombres, y a ver qué te parecen a ti: PALESTRINA -> SCHÜTZ -> JS BACH -> SPOHR -> BRAHMS - BRUCKNER... Una lista bastante interesante... JA, JA, JA
Bueno, bueno, pero miren quién ha llegado por aquí: “¡ha salido el Sol!” digo ahora yo para saludarte, querido Gato. Qué gusto leerte, como siempre :) Sobre SPOHR, pues mira qué interesante esa ristra de nombres, recién caigo en cuenta JAJAJA. Tal vez Mozart o Michael Haydn puedan colarla en esa nómina... Bromas aparte, por mi barrio sí que se tiene bastante descuidado a Herr Spohr, y es una tontería con lo bien que escribe música; ya quisiera escuchar alguna de sus obras de cámara o mejor, alguna de sus piezas sinfónicas en vivo, si es que los responsables de armar las carteleras programáticas tuvieran más curiosidad. Tengo justamente una sinfonía suya muy, muy interesante, apodada “Sinfonía Histórica” por dar a cada movimiento el estilo de una época determinada (barroco, clasicismo...) y que quiere visitar el blog, me dice ella. De sus obras para clarinete y violín ni se diga. ¡Muchas gracias por la visita y recibe un fuerte abrazo transoceánico!
Muy buenas, otra vez. Mi recomendación hoy, además de esta preciosa misa, sería su eatupendo "Noneto en fa mayor", op. 31. Entrañable y fuerte abrazo, y siempre hacia adelante y arriba... :)
https://youtu.be/bU789Thfz7w?si=GQPHrMpLkEF2o193
¡Gracias querido Gato! Esa recomendación se publicará oficialmente ;)
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