lunes, 14 de septiembre de 2009

BEETHOVEN (II)


BEETHOVEN (II)
Sonata para piano n° 1 en Fa menor, Op.2

Fecha de Composición: 1793-1795 Publicación: Viena, 1796 Dedicatario: Joseph Haydn

por Elgatosierra


(Segunda Parte de la
acuciosa visión de Beethoven que
nos entrega ElGatosierra.)


Beethoven¿Por qué he elegido su Sonata para piano nº 1, en fa menor, Op. 2, 1? Fundamentalmente por dos razones:

Primero porque nuestro GIGANTE ya estaba considerado como un excelente improvisador al piano, por lo que ya era conocido, nada más llegar, en todo Viena, y el piano sería su instrumento favorito llegando a desarrollarlo mucho más de lo que estaba en aquél momento, componiendo para él una maravillosa serie de 32 sonatas, además de otras obras no menos interesantes (bagatelas, conciertos, polonesas, rondós, variaciones, etc.)

Y segundo porque en este momento BEETHOVEN ya se siente a SÍ mismo como un verdadero compositor, y es el momento preciso en el que comienza a poner a sus composiciones número de opus. Es decir, éstas son sus obras que merecerían pasar a la historia.

Ahora ya ha llegado el momento, ahora SÍ. Aquí empieza ÉL a considerar que ya es un verdadero compositor, y se atreve a hacer públicas sus composiciones. Nuestro GIGANTE ya se siente en posesión de toda su enérgica fuerza de voluntad y su seriedad noblemente humana. En definitiva ya es el BEETHOVEN ante el que todos tendremos que inclinarnos. Ya está seguro de SÍ mismo. Ya sabe a ciencia cierta hacia dónde quiere ir, cuál va a ser su camino. Aún no es un compositor consumado, le sobra energía y creatividad, pero le falta depurar la técnica. Pero... todo llegará. Desde el principio nuestro GIGANTE traza su camino en solitario. Ha aprendido de MOZART, Haydn y GLUCK, y a las primeras de cambio, les desborda a todos los niveles.

Con relación al tema de BEETHOVEN como intérprete de piano baste decir que cada año se enfrentaba con un pianista diferente (una costumbre que se ha perdido), y los iba aplastando literalmente uno a uno, Gelinek, Steibelt, Wölfl, Cramer, Clementi, Hummel...

La improvisación, como añadidura y adorno del oficio más importante y serio que es la composición, era una habilidad obligatoria y que se daba por segura en esta época. Tomaschek comentó, después de escuchar una improvisación de nuestro GIGANTE: “La asombrosa interpretación de Beethoven, tan singular por los osados desarrollos de su improvisación, me llegó al corazón de una manera muy extraña. Me sentí tan profundamente humillado en lo más profundo de mi ser que no pude tocar el piano durante varios días... Volví a oír a Beethoven en un segundo concierto... Esta vez seguí su interpretación con el espíritu más tranquilo. Por supuesto admiré su manera de tocar, fuerte y brillante, pero no se me escaparon los saltos frecuentes y osados de un motivo a otro; suprimen la unidad orgánica y el desarrollo gradual de las ideas... La extrañeza y la desigualdad parecían ser, para él, lo principal en la composición”.

Recordemos que los oídos de Tomaschek eran unos oídos de finales del siglo XVIII; eran unos oídos que no escucharían a Schubert, Liszt, Chopin, Brahms, Debussy, Schönberg, Bartok, Cage, Messiaen, Boulez… En definitiva, eran unos oídos que no habían pasado del clasicismo, y que como vemos no podían ni siquiera comprender a nuestro BEETHOVEN. Esto sería algo recurrente durante toda su vida, la mayoría de las veces no le comprenderían. ÉL no componía para su tiempo, sino para el futuro. “YA LO ENTENDERÁN”.

Parece ser que quienes tuvieron la oportunidad de escucharle no sabían que admirar más en ÉL: la perfección de su forma de tocar, o la originalidad de sus improvisaciones.

La mayoría de los especialistas coinciden en que la mayor parte de estas primeras obras, que fueron publicadas en Viena, habían sido ya compuestas en Bonn, y lo único que hizo al final fue revisarlas poniéndolas al día según la moda del momento.

Quiero recordar que éste fue el momento de la historia de la música en que se produjo la transición entre el CLAVE, el HAMMERKLAVIER (piano de macillos), y el FORTEPIANO (inmediato antecedente de nuestro piano actual). Definitivamente, hacia finales del siglo XVIII, el piano quedó establecido como el instrumento de teclado.

Nuestro GIGANTE comenzó estudiando en el CLAVE y terminó componiendo para el FORTEPIANO. Se ampliaron considerablemente las posibilidades técnicas: respuesta dinámica y gradación sonora instantánea, cualidad cantabile, potencia sonora, repetición de sonidos, equilibrio, exactitud mecánica... Por supuesto que el ‘pianoforte’ de las Sonatas Op. 2 de BEETHOVEN era un instrumento mucho más elemental y débil que el gran piano de cola con bastidor de metal que vendría después. Pero comparado con el clavicordio, el clave o el hammerklavier, era todo un coloso.

Además, ahora se busca mayor expresividad por medio de la melodía, y el acompañamiento pasa a un segundo plano. Ha desaparecido la polifonía barroca, y ha quedado una voz superior (en la mano derecha) sobre un acompañamiento homofónico con elementos rítmicos y temáticos (en la mano izquierda).

Se sucederán el ESTILO GALANTE, el ESTILO VIRTUOSÍSTICO y el ESTILO SENTIMENTAL. Pero sería absurdo tratar de encasillar a nuestro GIGANTE en esta especie de taxonomía, porque ÉL tiene su propio estilo, el ESTILO BEETHOVEN, que consiste precisamente en no tener un estilo definido, e ir composición a composición, obra a obra, recreando sus contextos, sus maneras, sus modos, en una continua reelaboración creativa.

No creo que haga falta hacer aquí referencia a la sonata en cuanto a género y en cuanto a forma.

Baste decir que en cuanto género se originó hacia fines del siglo XVI en Venecia. La sonata clásica comprendía tres o cuatro movimientos. Un primer movimiento, rápido y dramático, a veces con una corta introducción lenta, y en forma sonata; un segundo movimiento, lento y lírico, estructurado como forma lied o como tema con variaciones; un tercer movimiento, minueto, desde BEETHOVEN un scherzo, que a veces falta, y que a veces se intercambia con el segundo; y un cuarto movimiento, finale, rápido y en forma de rondó o de sonata.

Los nombres más significativos de las historia de la música que abordaron y bordaron el género hasta este momento fueron Gabrieli, Corelli, BACH, MOZART y Haydn.

En cuanto forma se desarrolló a partir del movimiento de suite bipartito. El desarrollo se concebía como un episodio que daba variedad. De ahí que muchas veces exposición, desarrollo y recapitulación se repetían. Desde nuestro GIGANTE todas estas reglas, como tantas otras, saltaron por los aires. Y sólo algunos tiquismiquis, como Chopin, se atrevieron a poner el grito en el cielo.


Y ahora vamos con la obra escogida, la SONATA PARA PIANO Nº 1, EN FA MENOR, OP. 2, 1, composición dedicada a Haydn (qué pena que no le dedicara los 3 Tríos para piano, Op. 1, que le están mucho más próximos). Personalmente creo que era a Clementi a quien debía haber dedicado estas tres primeras sonatas para piano.

Muzio Clementi (1752-1832), fue un famoso virtuoso del piano y compositor clásico, reconocido como el primero que escribió específicamente para piano, desde 1766 en Londres, que compuso 106 sonatas para piano, muy apreciado por BEETHOVEN, y que tuvo numerosos discípulos (entre otros Cramer y Field [de maravillosos nocturnos]), también editor (nuestro GIGANTE le confió todas sus obras para su publicación en Londres), y por si todo esto fuera poco, también fabricante de pianos. En algunos círculos musicales, sobre todo ingleses, fue considerado como el pianista virtuoso más grande del mundo. Y en 1817, un importante tratado para piano titulado Gradus ad Parnassum, que incluye una colección de estudios para piano.

Ya sabéis lo que me gusta jugar, y claro no soy capaz de resistirme. Como juego os propongo la escucha sucesiva de dos sonatas para piano, una de Clementi y otra de BEETHOVEN. No quiero comparaciones, simple y llanamente quiero que conozcáis y disfrutéis de dos sonatas para piano del clasicismo.

La de Clementi será su famosa Sonata para piano en Si bemol mayor, Op. 24, nº 2 (1786-1790), en la versión del notable pianista húngaro Balázs Szokolay. La he escogido por ser muy posible que nuestro GIGANTE la conociera y la tomara como ejemplo. ¡Ah, esta sonata incluye una sorpresita! Claro está, sólo para los que no conozcan su anécdota.

La de BEETHOVEN será la anunciada, la Sonata para piano nº 1, en Fa menor, Op. 2, nº 1, y en la versión al pianoforte del musicólogo Paul Badura-Skoda. Guardarla para compararla, más adelante, por ejemplo son sus seis últimas, que escucharemos atentamente.

Aunque normalmente se diga que esta es su primera sonata para piano, lo cierto es que ya había compuesto cuatro más: Las Tres Sonatas, “Kurfürstensonaten”, WoO 47 (c.1783); y la Sonata en Fa mayor, WoO 50 (a.1793).

Digamos que, en términos generales, la fantasía creadora del GIGANTE es puramente musical, pero con frecuencia está motivada por lo extramusical. Sin embargo esta primera sonata para piano se corresponde al ámbito estrictamente musical de su producción.

Beethoven by Horneman

Compuesta entre 1793 y 1795, ya estaba en los borradores de Bonn, y consta de los cuatro clásicos movimientos característicos:
  • I. Allegro (en forma sonata y en Fa menor, desarrolla, de forma magistral, una frase estereotipada, que se va reelaborando con fresca creatividad [quizá un homenaje al gran BACH]
  • II. Adagio (en Fa mayor, compacto y medido, con sonido gracioso y ornamentado con riqueza, recuperando los movimientos intermedios de MOZART, y utiliza material que también aparece en su Cuarteto para piano, WoO 36, nº 3 [1785]
  • III. Menuetto. Allegretto (en forma de minué en Fa menor, seguido de un trío armónicamente contrastante en Fa mayor y finalizando con una repetición da capo del primer tema;
  • y IV. Prestissimo (en Fa menor, de carácter tempestuoso y que comienza con una maravillosa melodía de amplio vuelo).

Es un limpio y resplandeciente poema dramático que se desarrolla en versos agudos y precisos, con una idea clara y bien conducida. Aún siendo la primera sonata oficial, por decirlo de alguna manera, es una composición madura, de un compositor con estilo y voluntad propias. Ya se advierte en ella, claramente, un aliento y un dominio estructural que rompe con el estilo galante dieciochesco, separándose claramente de Clementi, MOZART, Haydn…

Como apunta Denis Mattheus: “Los compases iniciales de la Op. 2, nº 1, con su uso personal de la dinámica (el salto desde piano a fortissimo y su súbito desvanecimiento), proclamaron que BEETHOVEN, aunque criado con el órgano y el clave, sólo pensaba en términos pianísticos”.

De esta sonata, que se escucha frecuentemente, no sólo por ser su primera, sino también por ser muy característica del estilo de nuestro GIGANTE al inicio de su carrera, se han hecho muchas versiones memorables, pero ahora y aquí sólo citaré tres que para mí son las más significativas: por supuesto, la que aquí os he dejado, la de Paul Badura-Skoda, al fortepiano (ASTREE); la de Richard Goode (NONESUCH); y la de Emil Gilels (DEUTSCHE GRAMMOPHON).

Clementi atesora en su interior la maravillosa versión de Balázs Szokolay de su famosa Sonata para piano en Si bemol mayor, Op. 24, nº 2

El joven BEETHOVEN atesora en su interior la inigualable versión de Paul Badura-Skoda al fortepiano de su Sonata para piano nº 1, en Fa menor, Op. 2, nº 1

¡Y AHORA, A DISFRUTAR!

Salud, paz y una sonrisa por favor.

Elgatosierra

4 comentarios:

mara dijo...

Gato, te has pasado, y no sólo 3 pueblos sino un par de continentes.
Aunque el viaje ha resultado tan grato que sólo pareció durar una estación del metro.
Gigante post del Gato sobre un Revolucionario Beethoven.
Y de la habilidad del editor ni hablar, sólo observar.
Gracias por compartir. No hay nada mejor.

PD: En cuanto a la Sonata Nº 2 de Clementi, cabe la frase que gusta decir el Gato.... "al César lo que es del César, Wolfi".

Fernanfo dijo...

¡Vaya y yo me creía beethoveniano de pro! Parezco tibio y lánguido frente a este fan :-))

Es agradable leer textos tan cálidos y elogiosos, ya me aburro de los glaciales comentarios técnicos: "se alcanza la quinta de la dominante mientras vuelve a sonar en el cello el tema inicial. Seguidamente viene un pasaje en la viola..."

Zzzzzzzz...

¡Un saludo y voy a escuchar la primera sonata a tu salud! Aunque será la versión de Barenboim.

Fernando dijo...

Obviamente lo de "Fernanfo" era una errata.

Quinøff dijo...

Fernanfo, cómo estás, jaja! Sí, esta monografía en capítulos dedicada a Beethoven es una de las grandes sagas de este blog. Estemos atentos a la próxima entrega del Gatosierra. Te las recomiendo encomiásticamente.

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