jueves, 1 de febrero de 2018

In memoriam NICANOR PARRA


Hay un día feliz


A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mí singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!


de “Poemas y Antipoemas”, 1954


martes, 16 de enero de 2018

SCHUBERT :: Die Taubenpost (mi canción predilecta)

La paloma mensajera (imagen IA)

Hace dos décadas yo era, todavía más, un ignorante: desconocía a Schubert.

Me decía a mí mismo lo contrario: conocía sus piezas para piano, había estudiado con deleite sus Impromptus y sus Momentos Musicales, me fascinaba sinceramente la Sinfonía Inconclusa, había oído repetidas veces a mi madre y a mi abuela hablar con entusiasmo del Ave María o de la Serenata... Pero la verdad es que mantenía con el compositor austríaco una cierta distancia. Y lo peor de todo —escándalo—, no me había interesado en el universo de sus lieder. De aquí arranca mi afirmación inicial porque, si no conocía sus lieder, yo no conocía realmente a Franz Schubert...

Pero a cada compositor le llega su Eureka. Un día cualquiera una feliz circunstancia produce “algo” en nosotros, y el universo se expande en nuestros oídos. Así fue como a mediados de los 90s acabé con un disco en mis manos: el ciclo “Canto del Cisne” en la interpretación legendaria del tándem Fischer-Dieskau / Moore.

Elegir los calificativos para explicar el impacto de una obra musical superior es un reto. Y un riesgo. Es imposible eludir la palabra “emoción”... pero el uso corriente ha desgastado su significado. La genuina emoción que causan las grandes obras trasciende la mera conmoción sensible y sacude toda nuestra personalidad. Enriquece nuestros conceptos al respecto del amor, la tristeza, la nobleza, el mundo, el misterio. Cala en el alma, y para bien. Como suele repetir una querida amiga, las grandes obras son “salvíficas”. Salvan nuestra propia humanidad.

Muchas cosas se agolparon en mi mente al transitar una y otra vez por esas canciones: el prodigioso instinto para la modulación armónica sin romper la línea del canto, el vaivén entre los modos mayor y menor, la abundancia de ideas, etc. Cuando las emociones decantaron, descubrí que un lied me había atrapado de manera particular. Se diría que decidió entablar conmigo una larga amistad. Por veinte años a contar de entonces, las mismas sensaciones de nostalgia, de entusiasmo, de alegría se siguen apoderando de mí cuando lo escucho. Según los entendidos no es la más fina de las canciones schubertianas —y tendrán razones para decirlo—; para mí, es una de las obras que quiero llevarme de esta vida a cualquier otra.

Me refiero a “La Paloma Mensajera” (Die Taubenpost), D 965, canción romántica por donde se la mire, vale decir, por contexto histórico, por estilo musical y por temática. Fue escrita por un Schubert moribundo, quejumbroso, víctima de tifus aunque con su salud hace tiempo ya debilitada por la sífilis. La tragedia, sin embargo, no condicionó la inspiración: Die Taubenpost es una de las canciones más luminosas y animadas del compositor, en que la belleza melódica es sostenida por un vital acompañamiento pianístico de ritmo sincopado.

Aunque es el cierre del último ciclo de canciones creado por el genio austríaco, los investigadores discuten que forme parte de él. Su presencia más bien parece idea del editor. El texto proviene del poeta Johann Gabriel Seidl. El hablante lírico describe a una paloma mensajera, muy querida para él pues le sirve de correo para enviar mensajes a su amada. En un giro final, el poeta nos descubre que la paloma es en realidad un símbolo de su propia añoranza, verdadero vehículo de sus pensamientos.

volegov

Aquí dejo para ustedes la antológica versión de Fischer-Dieskau y Gerald Moore para esta maravilla:

 
liszt
Y también la transcripción para piano solista que debemos a Franz LISZT, decidido campeón de la música de Schubert en un momento histórico que todavía no había reconocido su genio:

jueves, 4 de enero de 2018

Muy feliz año 2018


Muy feliz año a todos cuantos visitan esta página. Que esta nueva vuelta en torno al sol nos depare a todos colores alegres y ocasiones felices, como también la fortaleza necesaria para las inevitables contrariedades: de dulce y de agraz, como la música melancólica y exultante que escribió la dinastía Strauss. Con el más emblemático vals de Johann Strauss hijo les saludo con la esperanza de que la música nos mantenga unidos. La versión es del gran Ricardo Muti dirigiendo el Concierto de Año Nuevo en Viena:




lunes, 18 de diciembre de 2017

Aniversario de la “Sinfonía de Sinfonías”

bruckner
Cartel anunciando la gala de la Octava sinfonía de Bruckner

bruckner
Tal día como hoy hace 125 años, es decir en 1892, se estrenó en Viena la Octava Sinfonía, en Do menor, de Anton Bruckner. La dirección de Hans Richter al frente de la orquesta filarmónica de la ciudad aseguró un triunfo sin grietas para esta obra compleja, enardecida. El éxito fue clamoroso y la extensa partitura fue celebrada con epítetos de abierto entusiasmo, llegando a ser denominada por la prensa como "Sinfonía de las Sinfonías".

Resultado directo de lo anterior fue que su autor conoció al fin una posición pública de simpatía y reconocimiento, sin importar la terca oposición de Brahms y sobre todo del ácido crítico Hanslick. Dicho de forma un tanto melodramática: un día como hoy un genio obtenía justicia.

Para recordar al maestro, e imaginar un poco lo que pudo ser aquella velada histórica en Viena, les comparto el segmento final (Coda) de la Octava bajo la batuta de Sergiu Celibidache en Munich. Entre las muchas facetas de Anton Bruckner me cautiva en especial su sentido del desarrollo amplio, una especie de crescendo infinito en que no sólo aumenta el volumen sino la tensión progresiva de una larga frase, gracias al uso magistral de breves figuras musicales (ya en las cuerdas, ya en los bronces) relacionadas bajo una lógica intachable, una armonía audaz y una reiteración inexorable. El resultado es un clima de "expectación" que el director rumano traducía de modo perfecto:

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Feliz Día de la Música

hilandero indioLa belleza de la música

Feliz día de la Música para los asiduos de este perezoso Blog. Festejemos junto a los grandes: Juan Sebastián Bach y su cantata BWV 207, en donde el maestro recicla música de su Concierto de Brandemburgo nro. 1. Atentos a la maravillos Marcha que da inicio a la obra:


sábado, 18 de noviembre de 2017

Bellas hermanas Shankar

Esperanza SpaldingAnoushka Shankar

Norah Jones y Anoushka Shankar hijas ambas de Ravi Shankar, vivieron infancias distanciadas por continentes, culturas y circunstancias antagónicas, para acabar reunidas bajo la misma estrella: la música.

Anoushka cultiva desde muy pequeña el sitar, instrumento que su padre dominó como virtuoso; y Norah, bueno, a ella conocemos mejor por su multifacética carrera de cantante-actriz-compositora.

Aquí, las hermanas Shankar concilian sus talentos e identidades con afecto y regocijo en el mismo tema, «Traces of You».

¡Que ojalá disfrutemos mucho tiempo esta suma de belleza y creatividad!

lunes, 2 de octubre de 2017

¡Buen lunes y buena semana!

Shostakovich
Shostakovich, feliz como chancho soviético

Que tengan todos una excelente semana. Para infundirle magia musical, les propongo el famoso vals escrito por Dmitri Shostakovich para su segunda Suite de Jazz.

Cierto que el compositor de armonías agresivas y melodías afiladas anda lejos de esta página. En cambio, se divierte simulando otra estética a modo de “penitencia”, una de tantas que el poder soviético imponía a la inspiración de sus artistas cuando sentía la arbitraria necesidad de “corregirlos”. Actitud impresentable. Sin embargo, un genio no puede evitar serlo, aunque use una máscara.

Disfrutemos el encanto indiscutible de esta breve joya, adaptada aquí a un conjunto de cellos:

 
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