jueves, 26 de febrero de 2026

Música, la Afirmación de un Mundo

Camino

Considero a la Música la afirmación de un cosmos, una declaración de principios, un acto positivo, encaminado no a destruir sino a construir. En eso radica la creación, ese “sacar de la nada” algo consistente.

Es el itinerario de los compositores: primero perciben dentro de sí mismos una determinada visión de las cosas (la misteriosa “inspiración”) y luego la transforman en música, “pronuncian” en sonido esas ideas coherentes. El concepto mismo de “armonía” supone una construcción —si se quiere, un organismo— que no sucumbe a contradicciones internas, sino que perdura a la manera de una Verdad comprobada.

Esto lo obran todos los artistas genuinos, y suele ocurrir que los más simples en su propósito sean los más lúcidos. Siempre tratan de manifestar un tipo de belleza particular que perciben con la claridad de la evidencia y cuya manifestación despierta en muchos otros una afinidad íntima, como una vibración común; belleza que a su vez entraña determinados principios aceptados como ciertos. Cada auditorio, cuando aplaude a su artista, clama “así es, así debe ser”.

Luego vendrá la posteridad, ese tribunal insobornable, para hacer rendir cuentas a la obra y darle el premio de la inmortalidad. O no. Hasta las mejores necesitan pasar este examen y probar si hay en ellas Belleza y Verdad efectivas, universales. Pues a veces creemos ver mares donde sólo hay espejismos e ignoramos el manantial que brota a unos pasos.

De lo anterior se desprende mi apego al mundo tonal y mi renuencia con sus opuestos. Casi diría que es inevitable, pues se basa en un ejercicio de auto-descubrimiento: discernir el acto de afirmación que cada obra trae consigo, las afinidades que en lo profundo de mí mismo cantan junto a ella. Buscar las obras “en donde estoy”.

No obstante, nuestra personalidad se enriquece y nuestra cultura se amplía con los años —eso quiero creer—, así que en estas cosas no se puede ser tan tajante… pero tampoco se puede jugar a la confusión. Caos y Cosmos no se llevan.

 
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