martes, 6 de agosto de 2013

Infausto aniversario

Tiempo congelado: la bomba atómica detuvo para siempre este reloj en Hiroshima, 1945

Unas breves líneas para no dejar pasar este 6 de agosto sin recordar una de las mayores tragedias infligidas contra la humanidad... por la propia mano del hombre. A las 08:15, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos lanzó sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el primer ataque atómico de la historia. La bomba “Little Boy” detonó e instantáneamente precipitó tanto el final de la guerra como el inicio de un nuevo capítulo en la historia de la violencia humana, merced a los avances tecnológicos de nuestra época. Wikipedia nos brinda un detallado recuento de lo sucedido aquella terrible mañana.

Frente a las incertidumbres que no hacen sino multiplicarse en diferentes puntos del globo, pese a la ilusión de seguridad que nos adormece, cabe la pregunta: ¿será posible repetir semejante horror? Ojalá que la respuesta siga siendo negativa, y que la atrocidad desatada sobre Hiroshima pueda frenar todavía la inconsciencia que a menudo se apodera de la mente humana.

Dios nos ampare. Y eterna paz a todas las víctimas de Hiroshima.
Hiroshima

3 comentarios:

Elgatosierra dijo...

Este post, por su profundo contenido, bien merece una reflexión, y para ello bien podría ayudarnos la lectura y detenida reflexión sobre "El reino de Dios está en vosotros" de León Tolstói.
Eterna paz a todas las víctimas de Hiroshima, y de cualquier otro conflicto.
Salud, paz, sonrisas y muy cordiales saluditos para todo el fogón.
Elgatosierra

q u i n ø f f dijo...

Gracias por tu comentario y visita, querido amigo. Aquel lunes por la mañana en Japón quedó claro lo terrible que llegar a ser la condición humana...
Excelente recomendación la de Tolstói. Comenzaré a buscar ese libro.
Un abrazo
J.

Laura Schwartz dijo...


No debemos olvidar a los inocentes que sufrieron, es nuestro homenaje para ellos.
Palabras de Martin Luther King acerca del sufrimiento:
"Quizás el sufrimiento y el amor tienen una capacidad de redención que los hombres han olvidado o, al menos, descuidado."
"Cuando mi sufrimiento se incrementó pronto me dí cuenta de que había dos maneras con las que podía responder a la situación: reaccionar con amargura o transformar el sufrimiento en una fuerza creativa. Elegí la última."

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