miércoles, 3 de octubre de 2018

El amor (según un inglés del siglo XVI)

Waterhouse
«El Alma de la Rosa» (John William Waterhouse)

“—Qué pacífica sería la vida sin amor, Adso.
Qué segura. Qué tranquila... y qué aburrida.”

(Fray William de Baskerville en “El Nombre de la Rosa”)

Ha pasado un tiempo desde mi última entrada en esta página. El tiempo se me ha vuelto un bien muy escaso, pero no equivale a olvido. Esta vez haré una visita breve para colgar una canción isabelina (Renacimiento inglés) que me conquistó cuando la conocí, gracias a la mediación inesperada de Sting en cierto famoso disco que dedicó a John Dowland.

Pero la canción no es de Dowland sino de Robert Johnson (* c.1583 — † c.1633). Sting la incluyó porque le gustó mucho. Y coincido. Fue un acierto.

Se llama Have you seen the bright lily grow?, y es una canción de amor impregnada de nostalgia. La bella melodía se dedica a resaltar el texto. Y aquí es donde se apoya mi fascinación por esta pieza.

Supongo que todos habremos sentido esa emoción trascendental, el amor, no de manera abstracta sino encarnada en alguien que nos haya robado el corazón. Bendición temible... Quedamos expuestos, inermes, a pesar de cuanto hagamos; y el destino tiene sus jugarretas. Cualquiera sea el curso que sigan los acontecimientos —ya sea una feliz coincidencia, ya sea todo lo contrario, la confusión, el silencio expectante, a veces atrapado en dudas, en ilusiones torpes, o peor aún, recién reconocido cuando es demasiado tarde— todo aquello puede originar canciones que llegan a ser inmortales. Claro que sí, porque sin importar el lugar o la época, el amor es una de nuestras grandes constantes.

En este caso de hoy, la canción emplea uno de los recursos expresivos más perdurables: la comparación. El poeta intenta comunicarnos el deslumbramiento que siente ante la mujer que lo cautiva, y para eso enumera imágenes que, a su manera, suponen una sorpresa o un instante de gracia:

“¿Has visto crecer un lirio radiante, antes que manos toscas lo hayan arrancado?

¿Has notado la nieve al caer, antes que la tierra la haya manchado?

¿Has palpado la lana del castor o las plumas del cisne?

¿Has respirado la fragancia del nardo en el fuego, o probado el sabor de la miel?

¡Oh!, tan blanca, tan suave, tan dulce: ¡así es ella!”

Esa última frase, que nos revela el sentido de todo lo mencionado previamente, está cantada en un ascenso que culmina en una nota que parece interminable, para, tras una pausa fugaz, resolver en la palabra she (ella)... Incomparable. Una de mis canciones favoritas, porque su edad de 400 años no es importante. Importa, sí, que refleja hoy como entonces, con total actualidad, lo más hermoso que otorga el amor: el deslumbramiento, el hallazgo de alguien único. Como un destello de luz en un mundo generalmente opaco.


Mágica interpretación de Valeria Mignaco y Alfonso Marín (Lutevoice)

1 comentario:

Laura Schwartz dijo...

“L’ amour te prit sans peur, sans débats, sans défense, il fit tes jours, tes nuits, tes tourments et tes biens”. Marcellin Desbordes-Valmore

 
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