Feliz Navidad y feliz Año Nuevo a todos los queridos amigos que visitan esta página. Para celebrar a mi estilo old-fashioned (sin remordimiento alguno, por cierto) y para no repetir, al menos por esta vez, a la socorrida familia Strauss, vayamos con uno de mis grandes favoritos, Felix Mendelssohn, y su poco conocida versión del “Magnificat”, himno de alabanza de María que registró el Evangelio de Lucas y que ha conocido espléndidas traducciones musicales.
Es indiscutible el amor que el prodigioso Mendelssohn sintió por Bach, amor que caló en él hasta el tuétano. Bien lo demuestra en esta obra sacra donde recupera —con soltura y entusiasmo— las firmas estilísticas del barroco. Es una creación temprana, escrita en 1822 cuando su autor contaba... 13 años de edad (lo de “prodigioso” no lo dije por casualidad). Constituye su primera pieza a gran escala para orquesta, coros y solistas, y anticipa su perdurable interés por este formato que años más tarde cristalizaría en oratorios y diversas piezas sacras, siempre equilibrando la influencia barroca con su personal buen gusto y su sensibilidad afín con el Romanticismo naciente.
¡Que la alegría mendelssohniana pueda comunicar a ustedes mis mejores deseos de alegría, prosperidad y, sobre todo, paz para este año! Sepan que los aprecio enormememente, y son mi continua motivación para rescatar tiempo de donde puedo a fin de mantener esta bitácora.
160 años se cumplieron el 8 de diciembre pasado desde el nacimiento del insigne compositor finlandés Jean Sibelius(★ Hämeenlinna, Finlandia, 8 Dic. 1865 — ✚ Järvenpää, 20 Sep. 1957) el cual, como más de un observador habrá notado, figura entre los elegidos de mi panteón personal.
La larga vida de Sibelius (falleció con 91 años) le permitió recibir extensos honores cuando, escondido entre los umbríos bosques fineses, su figura era descubierta y celebrada por el público anglosajón. También, más lentamente, aquella Europa reconstruida de las cenizas comenzó a otorgarle el reconocimiento que le había escamoteado en nombre de las vanguardias radicales — oposición bien ejemplificada por la crítica agresiva que le dirigió Theodor Adorno durante décadas.
Aquella inquina ha quedado atrás. Así pues, quiero recordar al gran autor de inolvidables páginas orquestales con una pieza tildada de “menor” pero que carga mucha belleza en su factura: Casazzione, op. 6, escrita en 1904 como “relleno” para un concierto que dirigió el propio Sibelius el 8 de febrero de aquel año.
Su nombre, “Casación”, refiere a una forma caduca de divertimento, prácticamente gemelo de la serenata, pensada para alegrar espacios abiertos. El compositor de hecho la concibió como una especie de suite, organizada a la manera de episodios contrastantes que avanzan de uno en otro sin interrupción, con una fluidez narrativa que hoy podemos llamar “cinematográfica”. Elegir una forma antigua y tan particular a fin de darle uso renovado es una audacia estilística que dice mucho de la originalidad de sus ideas y delata, también, su voluntad por mantenerse en diálogo creativo con la tradición precedente, adecuándola a su estro.
Descubrí esta pieza en uno de los muchos registros dedicados por el sello BIS a la música del gran emblema cultura de Finlandia. Para mis oídos, Sibelius prodigó muchos aciertos en esta página ocasional; su consabida habilidad como orquestador despliega la gran paleta de colores que había demostrado en sus primeras sinfonías (aunque este op. 6 sea contemporáneo de la Tercera en donde el maestro eligió contenerse, para sorpresa de muchos) y crea momentos de extraordinaria belleza y elocuencia. Los compases iniciales guardan un parecido exacto con la famosa introducción al tema de James Bond... si bien para mí lo inolvidable surge a contar del minuto 5:25 (tomando como referencia el video más abajo) cuando las cuerdas elevan su canto ondulante y apasionado.
La crítica miró en menos esta pieza y Sibelius la retocó, aunque no quedó conforme (anotó un “debe revisarse” en la nueva versión y nunca volvió a ella, aunque rescató algunos temas para su musicalización de “La Tempestad”). En el video bajo estas líneas encontrarán ambas versiones, para que elijan su preferida. ¡Feliz cumpleaños, maestro de las auroras boreales!
Nombre insigne en el panorama actual de la música “clásica”, el compositor estonio-austríaco Arvo Pärt(★ Estonia, 1935–) ha entrado este 11 de septiembre en la novena década de existencia. Desde aquí quiero rendir homenaje a este gran artista, cuya evolución en las postrimerías del siglo XX hizo de su música una propuesta única, personal e influyente hasta hoy.
Una nueva estrella refulge en el firmamento de la Música con mayúsculas: ha muerto (y ha entrado a la historia) Alfred Brendel(★ Wiesenberg, Moravia del Norte – actual Loučná nad Desnou, República Checa, 5 Ene. 1931 — ✚ Londres, Reino Unido, 17 Jun. 2025). Tuvo una vida extensa, 94 años, y una carrera artística rutilante frente al piano, aunque a la menor oportunidad él se desbordaba hacia su otra gran pasión, la literatura. Por unanimidad, el maestro checo fue celebrado como un gigante de la música, uno de los inmortales de su instrumento y gestor de un legado legendario, del cual muchos aplaudimos con especial fervor lo que logró con Schubert. Me atrevo a decir que fue mérito definitivo de Brendel darle a Schubert los laureles y la importancia que a mediados del siglo pasado aún tardaban en llegar.
Editorial Acantilado publicó en español el opúsculo De la A a la Z de un pianista donde Brendel, con estilo aforístico y fragmentario, estampó sabrosas reflexiones a propósito de la música. Sobre su instrumento, el piano, escribió: «Un violín es y sigue siendo un violín. El piano es un lugar de transformación. Cuando el pianista así lo desea, el piano permite sugerir la voz humana en el canto, el timbre de otros instrumentos, la orquesta, el arco iris, las esferas. Esa capacidad de transformación, esa alquimia, es nuestro mayor privilegio.»
Para homenajear al inolvidable Músico que acabamos de despedir —al que algunos amigos aludíamos afectuosamente como “The Boss”— comparto un recital suyo dedicado a dos sonatas de Schubert que él, cómo no, quiso introducir con una breve lectura, erudita, desafiante, salpicada por su infaltable sentido del humor.
Dos grandísimos creadores comparten la torta de cumpleaños el día de hoy, 7 de mayo. Me refiero a Johannes Brahms (nacido en esta fecha el año 1833, en el puerto de Hamburgo) y a Piotr Chaikovsky (nacido este día el año 1840 en Vótkinsk, Rusia imperial). La distancia geográfica anticipaba la brecha que existiría entre ambos a niveles tanto personal como artístico, no por una intención deliberada o algún episodio concreto, sino simplemente por ser muy ajenos el uno al otro. En todo.
Mientras el alemán se afanaba por otorgar lógica y coherencia al tumulto del deseo, la inspiración o la pasión, valiéndose para ello de una arquitectura extraordinaria que domina cada obra por sobre el color instrumental o la libre melodía, el ruso no sabía ni quería contenerse: se desgarró a sí mismo en páginas sacudidas por una pasión abrasadora, una orquestación brillante y una capacidad melódica que a menudo alcanza la gloria.
Otra diferencia se sumaba a la anterior: su personalidad cotidiana era como el opuesto paradojal de su sello artístico. Así, el riguroso Brahms era un hombre de trato impredecible, difícil, no temía ofender a sus iguales, era abierto enemigo de la etiqueta al vestir, marcado por su origen humilde, portuario, desmedido en la mesa y atropellador con sus íntimos, aunque también muy apegado a éstos; el desbocado Chaikovsky en cambio era un hombre fino, educado, pulcro, de trato ameno y con innata elegancia que causaba encanto a propios y ajenos, aunque sus más allegados conocían sus arranques de excentricidad. No extraña, pues, que al conocerse ambos artistas no congeniaran, como revelaron testigos de tales encuentros y ciertas páginas del diario de Chaikovsky.
Aun así, valoraron el quilate mutuo: se sabe de la impresión que causó la Quinta sinfonía de Chaikovsky sobre el alemán, y por su parte el ruso calificó a Brahms, en una de sus cartas, como “fuerza de la naturaleza”. ¡Gente contradictoria!
Lo bueno es que los melómanos podemos ser politeístas y celebrar a ambos genios por igual, sobre todo el día de su cumpleaños:
Llegó la estación de tonos dorados que dibuja cierta sonrisa en los corazones introvertidos, el Otoño. Mientras menguan los ardores veraniegos, se acortan los días y la vida vegetal elige otros colores, también se da paso a otros estados de ánimo; para algunos será una época de liviana, dulce melancolía, para otros el pretexto de lucir prendas más largas, o de variar el sabor de las comidas, del café, de las conversaciones… en fin, el otoño trae siempre como un hechizo. Y la música no queda ajena a él.
No buscaré repertorios clásicos sino algo contemporáneo, el piano de Yann Tiersen, para darle la bienvenida a la estación. Aquí, el premiado músico francés interpreta en un hermoso clip su creación “Porz Goret”: