lunes, 30 de mayo de 2011

A PROPÓSITO DEL ASOMBRO...

Otras veces he abordado en esta página la cuestión del asombro. No es algo menor: en esto del arte y de la creación de belleza, podemos asegurar que “el Asombro os hará libres”. Cuando digo asombro, digo admiración; hasta cierto punto digo éxtasis. En suma, apunto a la conmoción que puede lograr la Belleza en lo íntimo de aquel o aquella que la percibe, sacándole de sí —arrebatándolo— para llevarle hacia un ámbito nuevo. Como un golpe de aire fresco que nos reanima hasta las raíces del alma. Platón describió este fenómeno en sus diálogos (cf. “Fedro”). Más de dos mil años más tarde, Bobby McFerrin sigue dándole la razón al griego...

Vean por favor el siguiente video, con el cantante negro interpretando a capela el Preludio en Do/Ave María de Bach/Gounod, durante el Pori Jazz Festival, realizado cada mes de julio en la ciudad de Pori, Finlandia.

Atención: La interpretación propiamente dicha comienza recién a los 2:08 minutos, lo anterior es un preámbulo en que el carismático cantante explica la música al auditorio, hasta que, como dice un comentario en YouTube, “logra convertir al público entero en un instrumento musical”. Sencillamente arrebatador.


domingo, 29 de mayo de 2011

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, FERNANDO!


Tus Regalos, Modestias

en nombre de todos:

Mara
Maricarmen
Elgatosierra
Quinoff



Don Fernando de León, querido amigo e inapreciable apoyo para esta página, ha tenido la ocurrencia de cumplir años el día 30 de Mayo. Enterados de semejante decisión, un puñado de rebeldes nos hemos confabulado. Y atribuyéndonos sigilosamente la representación de cuantos le quieren, hoy adelantamos un poquito nuestro calendario para dedicar a tan preciosa persona la detonación de nuestros aplausos y abrazos, junto a unos cuantos regalos, que valen sobre todo como símbolo del cariño que se merece.

¡Feliz cumpleaños, “Modestias”! Abajo te esperan tus regalos:

» de parte de Mara:

    • “¿Por qué no te CALLAS?” —
      María Callas canta un aria de Sansón y Dalila, de Saint-Saëns, mientras puede leerse un texto muy bien escrito.


    • “Porque este movimiento es como Fernando” —
      Che Kleiber dirige la Séptima de Beethoven


  • » de parte de Elgatosierra:

    • “En el año en que no habrá «Anillo» en Bayreuth” —
      Götterdämmerung: Escena de la Inmolación (Varnay, Windgassen, Bayreuth Festival - Keilberth).


    • Ilustraciones de Arthur Rackham para El Anillo del Nibelungo Pinchar en la imagen inferior.

    Las ninfas del Rin disputan el abrazo de Fer


    » de parte de Mari:

    • ¡MAHLER! —
      Quinto movimiento de la Tercera, dirigido por Bernstein, con los Niños Cantores de Viena, Christa Ludwig y voces femeninas del Coro de la Opera Estatal.



    » de parte del Bloguero:




    » Bonus Track:

    • “La chata miriguela” —
      Fuentes privilegiadas nos suministraron este material incendiario....


  • viernes, 27 de mayo de 2011

    EL OCTABAJO: cuando el tamaño sí importa...

    octabajo

    El gigante de las cuerdas...

    Decíamos ayer que la familia de las cuerdas tuvo artífices que lograron un canon ejemplar en la fabricación de sus instrumentos. Verdaderos genios artesanos que, empleando técnicas muchas veces inventadas por ellos mismos, crearon perfección.

    Contemplando esos instrumentos, sus proporciones cuidadosas o sus fascinantes detalles, uno se da cuenta que responden a un ideal bien delineado. La proporción era, sin duda, una variable fundamental. Pues bien, llegó el momento en que el interés se dirigió a las partes no exploradas del territorio sonoro. Había llegado el Romanticismo, y con él, la aventura de la desproporción.

    Berlioz, por Gaiger

    Berlioz dirigiendo una de sus obras / caricatura de la época


    VillaumeJean-Baptiste Vuillaume (* Mirecourt, 7 Oct. 1798; † París, 19 Marzo 1875) fue uno de los grandes luthier franceses de todos los tiempos. Inició el aprendizaje del oficio en su ciudad natal, trasladándose a París en 1818. En 1825 se hizo socio de Nicolas Antoine Lété de Sommières. Esta asociación duró hasta 1827 y, al año siguiente, Vuillaume estableció su propia firma en el número 46 de la calle Croix des Petits Champs. Allí comenzó a imitar el aspecto de los antiguos violines cremoneses. En 1860 trasladó su taller al número 3 de la calle Demours, en el distrito parisino de Ternes, donde permanecería activo hasta su muerte.

    Habilísimo artesano e investigador, Vuillaume legó a la posteridad unos 3 mil instrumentos, y en su faceta de inventor nos dejó el OCTABAJO.

    Octabajo en concierto

    Este instrumento imponente (casi alcanza 4 metros de altura) requiere que el intérprete se suba a una pequeña escalera construida al costado de la propia caja de resonancia. Como es imposible afinar las cuerdas con la mera aplicación de las manos, el octabajo cuenta con un sistema de palancas y pedales. Sus tres cuerdas producen sonidos dos octavas (16 notas) más abajo de lo que puede hacerlo el contrabajo. Una de las cuerdas está afinada en el Do más grave que existe, casi al límite de la capacidad auditiva humana, y en cualquier caso más allá del alcance de todos los instrumentos creados hasta la fecha, incluidos los pedales del órgano. Aun en tales profundidades, el Octabajo es capaz de resonar con potencia. Berlioz, que menciona al instrumento en su célebre Tratado de instrumentación, lo incluye en el corpus instrumental de su Te Deum, ofrecido en la inauguración de la Exposición Universal de París de 1855. También Wagner elogió su sonoridad. En la literatura habitual el Octabajo tiene poca presencia, aunque su capacidad única para la generación de notas graves atrajo el interés de los estudiosos del sonido. Vuillaume creó tres octabajos: el prototipo, confeccionado en París el año 1849, ardió en el incendio de un teatro londinense; el segundo, restaurado en 1975, se exhibe en el Museo de la Música de París; el tercero fue adquirido por el Zar pero hoy está en Viena.

    A continuación les dejo un par de videos en que podrán conocer el sonido que emite el instrumento.



    Les recomiendo visitar también los siguientes links:

    jueves, 26 de mayo de 2011

    LOS “LUTHIER”


    luthier

    Un luthier en su taller


    La sapienza è figliola dell’esperienza “La sabiduría es hija de la experiencia”, recitaba Leonardo da Vinci. Y justamente la experiencia es la madre de los instrumentos musicales tal como hoy los conocemos. Un centenario proceso de decantación ha ido fijando medidas y proporciones (cánones) que, si nunca son del todo perpetuas, sí pueden ufanarse de haber rozado, en muchos casos, la perfección.

    Por ejemplo, la familia de los violines (o para ser exacto, de los instrumentos de cuerda frotada) convirtió al mejor de sus artífices en ícono de excelencia: Stradivarius. Los instrumentos del luthier cremonés, en la actualidad reducidos a unos 650 de los 1.100 que construyó, apetecidos por los intérpretes y los coleccionistas, llevan consigo el persistente enigma de su fabricación perfecta, nunca más igualada. Algunos buscan la clave en el barniz, otros en la madera, otros en las proporciones pitagóricas... pero el “misterio de Stradivarius” sigue abierto.

    Stradivarius

    Stradivarius

    Es interesante citar parte de un artículo que puede leerse en la Web:

    El arquitecto romano Vitrubio (siglo I a. de C.) escribió un tratado titulado Los diez libros de la Arquitectura, en el cual establecía tres características que debían reunirse en una obra arquitectónica: firmitas (solidez o estructura), utilitas (utilidad o funcionalidad) y venustas (belleza o estética). Podemos extrapolar perfectamente estos tres elementos aplicándolos en el campo de la luthería.

    Estas tres cualidades distinguen ejemplarmente a los violines fabricados por los luthiers de Cremona. Pues no sólo hubo un Stradivarius; aunque parezca increíble, todos los grandes violines fueron fabricados por tres familias, los Amati, los Stradivari y los Guarnieri, en un rincón de Cremona, población del norte de Italia (fuente). Sus productos son tan irrepetibles y definitivos como una catedral gótica, una espada tradicional nipona o un huevo de Fabergé. En efecto, el sonido de cada violín difiere entre sí, como si sus artífices, a la manera del mito de Pigmalión, hubieran querido dotar con un “alma” propia sus creaciones.

    Estos logros clásicos (literalmente, es decir, que constituyeron la clase, la norma de su género) siguen vigentes hoy y no me cabe duda que lo seguirán siendo en el futuro. Siglos después, cuando los compositores del Romanticismo iniciaron la experimentación sonora merced a sus intuiciones, los luthier alumbraron creaciones desconcertantes. Una de éstas será motivo de la siguiente entrada. Hasta entonces, les dejo en compañía de la perfección violinística: el Concierto en Si menor para cuatro violines de Vivaldi, en interpretación de Leonid Kogan y David Oistraj junto a sus hijos Igor (Oistraj) y Pavel (Kogan).

    jueves, 19 de mayo de 2011

    {prosa} JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

    Juan RamónPlatero y yo


    (fragmento)

    La cumbre. Ahí está el ocaso, todo empurpurado, herido por sus propios cristales, que le hacen sangre por doquiera. A su esplendor, el pinar verde se agria, vagamente enrojecido; y las yerbas y las florecillas, encendidas y transparentes, embalsaman el instante sereno de una esencia mojada, penetrante y luminosa.

    Yo me quedo extasiado en el crepúsculo. Platero, granas de ocaso sus ojos negros, se va, manso, a un charquero de aguas de carmín, de rosa, de violeta; hunde suavemente su boca en los espejos, que parece que se hacen líquidos al tocarlos él; y hay por su enorme garganta como un pasa profuso de umbrías aguas de sangre.

    El paraje es conocido, pero el momento lo trastorna y lo hace extraño, ruinoso y monumental. Se dijera, a cada instante, que vamos a descubrir un palacio abandonado... La tarde se prolonga más allá de sí misma, y la hora, contagiada de eternidad, es infinita, pacífica, insondable...

    —Anda, Platero...

    Juan Ramón Jiménez

    miércoles, 18 de mayo de 2011

    100 años de MAHLER



    Hace 100 años remontó el vuelo uno de los músicos fundamentales de nuestra historia occidental, y por supuesto, de este blog: Gustav Mahler. Imposible reducir a una sola línea el estallido de emociones, tensiones y satisfacciones suscitadas por la música intensa, desorbitada de aquel hombre que quiso crear mundos y los llamó sinfonías. Ese judío sufrido y tenaz en quien parecen resumidas las perplejidades de todo un siglo, ese artista belicoso que un día advirtiera “mi tiempo aún no ha llegado”, hoy puede estar seguro de haber calado hondo en el corazón de miles.

    ¡A la salud de Mahler, y cómo no, de mis queridos amigos, los presentes y los ausentes, con quienes me reunió la admiración hacia este músico!

    • En homenaje a la figura de Mahler en el centésimo aniversario de su muerte, comparto con ustedes dos transcripciones corales de obras suyas, en versión del coro Accentus dirigido por Laurence Equilbey:

    Ich bin der Welt abhanden gekommen (Rückert-Lieder nº 3)
    Kein deutscher Himmel (Adagietto de la Sinf. nº 5)

    Tumba de Gustav Mahler

    SVENDSEN | Rapsodias Noruegas

    Kittelsen

    Fragmento de la «Rapsodia Noruega nº 2»

    Me llama mucho la atención cierta cualidad abundante en la música noruega: su lirismo. Es un rasgo nítido en el mayor compositor de esa nación de fiordos, Grieg, y lo es también en otro notable músico que fue su contemporáneo: Johan Severin Svendsen (* Cristianía, actual Oslo, 30 Sep. 1840; † Copenhague, 4 Jun. 1911).

    Sin gozar de la misma inspiración que el creador de Peer Gynt, y con no más de 33 obras en su catálogo, Svendsen fue no obstante una figura de primera importancia en la historia artística de Noruega y Dinamarca durante el siglo XIX. De hecho, solamente Grieg superó en trascendencia la labor dinámica y fecunda de Svendsen como catalizador de un lenguaje musical propiamente escandinavo, en la senda del nacionalismo romántico alentado por Liszt.

    Johan Svendsen (sentado a la derecha), Edvard Grieg (de pie) y Edmund Neupert retratados en Copenhague hacia 1870

    La memoria de las generaciones suele condensar una época entera en un puñadito de nombres y fechas, olvidando el matizado contexto que hace posible una realidad. Por ello, no creamos que Noruega se reducía al poético Grieg, ya que ni él mismo estaría de acuerdo. En efecto, en una de sus cartas estampó las siguientes palabras:

    [Svendsen] tiene todo lo que me falta. Él es, en mi opinión, el mayor artista... de todos los países escandinavos, y uno de los pocos grandes espíritus de Europa.

    No le faltaba razón a esas apreciaciones. Si Grieg fue llamado “el Chopin del Norte” por su amplia literatura para el piano, Svendsen dejó en el género orquestal lo mejor de su producción. Firmó dos sinfonías (el manuscrito de la tercera fue echado al fuego por su mujer en un arrebato de ira...), dos conciertos (uno para violín, otro para chelo), así como un puñado de obras breves que testimonian su sabiduría instrumental. Y es que la orquesta se convertiría en su gran bastión: Svendsen fue el más eminente director escandinavo de su tiempo, responsable de introducir en los círculos musicales del Norte repertorios tan exigentes como las sinfonías de Beethoven o las óperas de Wagner.

    Esta faceta interpretativa la ejercitó especialmente a partir de septiembre de 1883, cuando aceptó el cargo de kapellmeister en el Teatro Real de Copenhague. Durante el siguiente cuarto de siglo, Svendsen elevó la vida musical danesa a una nueva categoría, estimulando la aparición de músicos locales; no por nada el más grande de estos últimos, Carl Nielsen, sirvió en la orquesta del Teatro Real bajo la batuta del noruego.

    Años atrás, en 1867, cuando visitara Reykjavik, Svendsen había dado un impulso similar a la carrera de Sveinbjörn Sveinbjörnsson, el primer compositor significativo de Islandia y autor de la música el hermoso himno nacional de aquel lejano país.

    Knud Bergslien

    «Atardecer en una cabaña de ganaderos» / Knud Bergslien, hacia 1858.

    Svendsen siempre se interesó en la música popular de su país, la cual, dicho sea de paso, figura entre las más ricas del folklore septentrional. Quizá esos largos inviernos nórdicos, confinando a los habitantes al interior de sus hogares, hayan sido estímulo involuntario a la creatividad popular. El caso es que hacia 1840 se produjo la primera recopilación seria de tonadas populares por parte de Ludvig Mathias Lindeman. Diecisiete temas de Lindeman fueron utilizados por Svendsen en sus Cuatro Rapsodias Noruegas (1876-1877), inspiradas en las rapsodias lisztianas, y en las cuales se aprecian los rasgos que mejor distinguen al músico, así resumidos por la Wikipedia:

    “La música de Svendsen recogió la herencia del conservatorio de Leipzig y si bien fue un romántico, no desarrolló un estilo radical y siempre empleó las formas clásicas. Su lenguaje armónico reveló cercanos lazos con Liszt y Wagner. Su instrumento era toda la orquesta y la exploró tanto creativa como interpretativamente, consiguiendo un brillante manejo de la instrumentación y un imaginativo tratamiento del colorido orquestal.”
    Preikestolen, Noruega
    carátulaDisfruten las 4 Rapsodias Noruegas y las fantasías orquestales Romeo y Julieta y Zorahaida, de Johan Svendsen, en interpretación de la Orquesta Sinfónica de Jutlandia del Sur, dirigida por Bjarte Engeset...

    aquí

    mp3 | 320 kbps | rar 140,8 MB | scans

     
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