sábado, 19 de diciembre de 2015

Ese sordo incomparable...

beethoven pieza estudio

Sala de composición de Beethoven / J. N. Hoechle, hacia 1827

Este mes celebramos los 245 años desde el nacimiento de Ludwig van Beethoven. Sobran presentaciones. Qué no se ha dicho ya de este músico alemán con ancestros flamencos (de los cuales heredó el “van” de su apellido), autor de una obra que ha sido capaz de remecer y conmover los corazones humanos con elocuencia renovadora. Creador eminentemente sinfónico, escribió 9 sinfonías canónicas para la música occidental, que sirvieron como punto de comparación ineludible para generaciones de otros músicos. Dotó a la orquesta de un alcance expresivo inaudito para su época, y revolucionó la forma sinfónica por dos veces, con su Tercera y luego su Novena. En esta última sinfonía, además, introdujo la voz humana para realzar el impacto de su mensaje y así sentó las bases de los futuros avances compositivos de todo el siglo XIX. Beethoven tuvo muchos herederos artísticos (no solamente Brahms o Wagner) pero la concisión y expresividad de su lenguaje musical sigue sin ser igualado.

Podríamos establecer una tosca separación entre dos tipos de creadores: los innovadores y los conservadores (despojando a este último término de cualquier sesgo peyorativo); es decir, aquellos que sienten el impulso de buscar nuevas formas de expresión y aquellos que son capaces de manejar tan hábilmente las formas heredadas que no requieren más. Pues bien, Beethoven fue visto por la mayor parte de los artistas del siglo XIX como un exponente total del innovador. Lo sorprendente, sin embargo, es que la perspectiva del tiempo nos ha mostrado que Ludwig también integró el segundo conjunto; su audacia creadora siempre fue capaz de asociarse a la construcción formal canónica, innovando dentro de ella, a veces pareciendo capaz de demolerla, pero siempre manteniendo el control de la simbiosis.

Al margen de su obra sinfónica, el piano fue “reinventado” en su técnica por el compositor de Bonn, alejándose del estilo más galante de Mozart y Haydn para aprovechar los avances de Muzio Clementi y definir un modo propiamente pianístico de abordar el instrumento, explorando su novedad y sirviéndose de él para expresar con ilimitada audacia todos los sentimientos e ideas que acudieran a su mente, sin evadir lo feroz, lo áspero o lo difícil.

La fase final de su vida la dedicó a escribir cuartetos de cuerda —tan radicales como sublimes— y por eso he querido acompañar estas líneas con música de uno de ellos, el Op. 132 en La menor, concretamente el maravilloso Adagio que Beethoven llamó Canzona di Ringraziamento offerta a la Divinità da un guarito, esto es, “canción de gratitud a Dios por un enfermo que recuperó la salud”. Aquí, sin embargo, recurrí a la transcripción orquestal de esta íntima página camerística. Disfruten la audición, queridos amigos.

Beethoven, miniatura de Horneman - 1802
  • Goethe»Usted tendrá un desempeño mayor del que hasta ahora ha tenido nadie, pues posee pensamientos que nadie ha poseído todavía. Jamás sacrificará usted un bello pensamiento a una regla tiránica, y hará bien en ello. Pero debe sacrificar sus caprichos a las reglas, pues tengo la impresión de que usted tiene varias cabezas y varios corazones. En sus obras se encontrará siempre algo fuera de lo corriente, cosas bellas, pero también algo singular y oscuro, porque usted mismo es un poco tenebroso y singular.«
    HAYDN al joven Beethoven


  • »La Música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía.« / »La Arquitectura es una música de piedras; y la Música, una arquitectura de sonidos«.
    BEETHOVEN


  • »Este sordo escuchaba al infinito.«
    VÍCTOR HUGO


  • Goethe»Nunca he conocido a un artista que exhibiese tanta concentración espiritual y tanta intensidad, tanta vitalidad y tal grandeza de corazón. Comprendo perfectamente que debe parecerle muy difícil adaptarse al mundo y a sus formas.«
    Goethe


  • Goethe»Beethoven fue el más potente pensador de la música. A menudo se le considera un puente entre los períodos clásico y romántico, pero esto no es más que un rótulo, y no muy exacto. Sucede que Beethoven, sencillamente, no hablaba el idioma de los románticos. Comenzó como compositor de la tradición clásica, y concluyó como un compositor que estaba más allá del tiempo y del espacio, utilizando un lenguaje que él mismo había formado: un lenguaje comprimido, críptico y explosivo expresado en formas muy personales.«
    Harold Charles Schonberg

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