jueves, 26 de febrero de 2026

Música, la Afirmación de un Mundo

Camino

Considero a la Música la afirmación de un cosmos, una declaración de principios, un acto positivo, encaminado no a destruir sino a construir. En eso radica la creación, ese “sacar de la nada” algo consistente.

Es el itinerario de los compositores: primero perciben dentro de sí mismos una determinada visión de las cosas (la misteriosa “inspiración”) y luego la transforman en música, “pronuncian” en sonido esas ideas coherentes. El concepto mismo de “armonía” supone una construcción —si se quiere, un organismo— que no sucumbe a contradicciones internas, sino que perdura a la manera de una Verdad comprobada.

Esto lo obran todos los artistas genuinos, y suele ocurrir que los más simples en su propósito sean los más lúcidos. Siempre tratan de manifestar un tipo de belleza particular que perciben con la claridad de la evidencia y cuya manifestación despierta en muchos otros una afinidad íntima, como una vibración común; belleza que a su vez entraña determinados principios aceptados como ciertos. Cada auditorio, cuando aplaude a su artista, clama “así es, así debe ser”.

Luego vendrá la posteridad, ese tribunal insobornable, para hacer rendir cuentas a la obra y darle el premio de la inmortalidad. O no. Hasta las mejores necesitan pasar este examen y probar si hay en ellas Belleza y Verdad efectivas, universales. Pues a veces creemos ver mares donde sólo hay espejismos e ignoramos el manantial que brota a unos pasos.

De lo anterior se desprende mi apego al mundo tonal y mi renuencia con sus opuestos. Diría que es inevitable, pues se basa en un ejercicio de auto-descubrimiento: discernir el acto de afirmación que cada obra trae consigo, las afinidades que en lo profundo de mí mismo cantan junto a ella. Buscar las obras “en donde estoy”.

No obstante, nuestra personalidad se enriquece y nuestra cultura se amplía con los años —eso quiero creer—, así que en estas cosas no se puede ser tan tajante… pero tampoco se puede jugar a la confusión. Caos y Cosmos no se llevan.

jueves, 1 de enero de 2026

¡FELIZ NAVIDAD y FELIZ AÑO NUEVO! · Mendelssohn: “Magnificat” en Re mayor

Mendelssohn Feliz 2026

Feliz Navidad y feliz Año Nuevo a todos los queridos amigos que visitan esta página. Para celebrar a mi estilo old-fashioned (sin remordimiento alguno, por cierto) y para no repetir, al menos por esta vez, a la socorrida familia Strauss, vayamos con uno de mis grandes favoritos, Felix Mendelssohn, y su poco conocida versión del “Magnificat”, himno de alabanza de María que registró el Evangelio de Lucas y que ha conocido espléndidas traducciones musicales.

Es indiscutible el amor que el prodigioso Mendelssohn sintió por Bach, amor que caló en él hasta el tuétano. Bien lo demuestra en esta obra sacra donde recupera —con soltura y entusiasmo— las firmas estilísticas del barroco. Es una creación temprana, escrita en 1822 cuando su autor contaba... 13 años de edad (lo de “prodigioso” no lo dije por casualidad). Constituye su primera pieza a gran escala para orquesta, coros y solistas, y anticipa su perdurable interés por este formato que años más tarde cristalizaría en oratorios y diversas piezas sacras, siempre equilibrando la influencia barroca con su personal buen gusto y su sensibilidad afín con el Romanticismo naciente.

¡Que la alegría mendelssohniana pueda comunicar a ustedes mis mejores deseos de alegría, prosperidad y, sobre todo, paz para este año! Sepan que los aprecio enormememente, y son mi continua motivación para rescatar tiempo de donde puedo a fin de mantener esta bitácora.

¡Felicidades!

 
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