Feliz Navidad y feliz Año Nuevo a todos los queridos amigos que visitan esta página. Para celebrar a mi estilo old-fashioned (sin remordimiento alguno, por cierto) y para no repetir, al menos por esta vez, a la socorrida familia Strauss, vayamos con uno de mis grandes favoritos, Felix Mendelssohn, y su poco conocida versión del “Magnificat”, himno de alabanza de María que registró el Evangelio de Lucas y que ha conocido espléndidas traducciones musicales.
Es indiscutible el amor que el prodigioso Mendelssohn sintió por Bach, amor que caló en él hasta el tuétano. Bien lo demuestra en esta obra sacra donde recupera —con soltura y entusiasmo— las firmas estilísticas del barroco. Es una creación temprana, escrita en 1822 cuando su autor contaba... 13 años de edad (lo de “prodigioso” no lo dije por casualidad). Constituye su primera pieza a gran escala para orquesta, coros y solistas, y anticipa su perdurable interés por este formato que años más tarde cristalizaría en oratorios y diversas piezas sacras, siempre equilibrando la influencia barroca con su personal buen gusto y su sensibilidad afín con el Romanticismo naciente.
¡Que la alegría mendelssohniana pueda comunicar a ustedes mis mejores deseos de alegría, prosperidad y, sobre todo, paz para este año! Sepan que los aprecio enormememente, y son mi continua motivación para rescatar tiempo de donde puedo a fin de mantener esta bitácora.
¡Felicidades!


