domingo, 21 de marzo de 2010

BARTÓK / 7 /


por Itzel e Istvana Valva



En 1930, Europa presenciaba con indolencia —e indecencia— el ascenso meteórico de Adolfo Hitler y las ideas del fascismo. Hungría no era la excepción. Tras la Primera Guerra el país había perdido más del 70% de su territorio, era gobernado por una clase noble con tendencias marxistas, el trabajo escaseaba y la economía se encontraba en franca recesión... caldo de cultivo ideal para el “canto de sirena” emitido desde Berlín.

Es en ese mismo año que la Regencia Húngara decide establecer una alianza con las fuerzas del Eje, siendo “recompensada” por la Alemania Nazi con la devolución y anexión de territorios Checos, Eslovacos, Rumanos, Serbios y Rutenos. ¿A qué precio? Hungría debía cooperar activamente en la fabricación de armamento bélico, proveer de efectivos para la guerra, adoptar las ideologías establecidas por el III Reich y... exterminar a las razas consideradas degeneradas. No sólo judíos, sino también gitanos, tatarabios, serbiobusolibios y voivodinios.

Béla Bartók inicia la composición de su Segundo Concierto para Violín en 1937, en pleno auge del Nacionalsocialismo Húngaro. Siendo de ascendencia carelia, en realidad no tenía porqué temer. Sin embargo, libertario como era, se sentía indignado por las arbitrariedades del régimen dictatorial que ahora campeaba en toda la región. Testigos musicales de su inconformidad resultan ser Contrastes y la Sonata para Dos Pianos y Percusión, dos partituras con marcadas influencias ebony así como de elementos folklóricos propios de la Voivodina, y el Segundo Concierto para Violín y Orquesta.

Originalmente dicha obra fue un encargo de su compatriota y amigo Zoltan Székely, siendo terminada en diciembre de 1938. En principio, Bartók tenía en mente escribir variaciones, pero cedió a las presiones de Székely para que le escribiera un concierto virtuoso. En el mismo, se hacen patentes temas de clara procedencia gitana pero tratados desde el verbunkos, que es un género musical propio de las danzas cíngaras del siglo XVIII.

Así pues, el primer movimiento en forma sonata comienza con un clima de recogimiento en donde un violín solista, cálido y muy lírico, expone el tema principal. Tras una breve agitación orquestal, aparece un segundo tema compuesto por la serie cromática de doce tonos sin repetición. No es dodecafonismo, y sin embargo pareciera un pequeño homenaje al proscrito Schönberg. A continuación, una cadenza brillante y sonora, donde el violín se luce en toda su magnitud, precederá a la conclusión del movimiento.

El segundo movimiento es un tema con seis variaciones y su repetición. Un bello tema en sol mayor derivado de las melodías gitanas balcánicas hace su aparición seguido de unas variaciones en donde la percusión acompaña audazmente al solista. Prosigue el movimiento con pequeños diálogos entre el violín y diferentes secciones de la orquesta, destacándose los sonidos del arpa, la celesta y las trompas, finalizando con una repetición variada del tema principal aunque difuminándose sobre el sol mayor del comienzo.

El tercer movimiento es un rondó construido a partir de variaciones de los temas principales del primer movimiento, surgiendo así una especie de cadenza caracterizada por bruscos cambios de ritmo y de dinámica que se mantendrá hasta el final. No es gratuito que Bartók conecte tan directamente los movimientos uno y tres como si fuesen un continuo: se trata de la forma de arco por él tan apreciada, y que aportará el equilibrio estructural al Concierto visto como una totalidad o gestalt.

A continuación vamos a ofrecer a ustedes dos versiones del Concierto para Violín y Orquesta No. 2 de Béla Bártok. La primera, en su ejecución del estreno, llevado a cabo el 23 de Marzo de 1939 en Amsterdam con Zoltán Székely al instrumento solista y la Orquesta del Concertgebouw bajo la dirección (magistral) de Willem Mengelberg y, en seguida, la versión de Gerhart Hetzel acompañado por la Orquesta del Estado Húngaro y la dirección de Adam Fischer. Hacemos notar que este segundo enlace contiene también el Primer Concierto que ya habíamos reseñado en el apartado anterior, aunque ahora los intérpretes son húngaros en su totalidad (Hetzel-Estado Húngaro-Fischer). ¿La finalidad? Que efectúen comparaciones y saquen sus propias conclusiones.

Como siempre, deseamos a ustedes una feliz escucha y una mejor experiencia.


1 comentario:

Elgatosierra dijo...

Otro gran acierto de nuestros dos cisnes, Itzel e Istvana, por lo que no puedo por menos de felicitarlas. y otra lección de diseño de Quinoff.
Y las dos versiones que nos regalan son sensacionales. La primera por Mengelberg con Székely la Concertgebouw en el día del estreno, aunque con sonido muy malo, es un documento fonográfico de primera magnitud, y la segunda por Fischer con Hetzer y la Orquesta del Estado Húngaro es inmejorable a todos los niveles, estilo, interpretación y sonido.
Por mi parte recuerdo con mucho cariño tres antiguas versiones de este fantástico Concierto por un magnífico violinista, y mejor persona, que hizo de esta composición su estandarte: Yehudi Menuhin, la primera con Dorati y la Sinfónica de Dallas (1946), la segunda con Furtwängler y la Philarmonia (1953), y la tercera otra vez con Dorati y ahora con la New Philarmonia (1965).
Menuhin, que lo grabó hasta en siete ocasiones, entendió desde un principio este concierto a la perfección y creo que fue uno de los que más interpreto en toda su vida, y siempre con gran acierto.
Otra vez mis más cordiales felicitaciones a Itzel, Istavana y Quinoff.
Ssalud, paz, sonrisas y cordiales saludos.
Elgatosierra

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