viernes, 10 de octubre de 2014

CANTO DIFÓNICO o “de Armónicos”

Anna-Maria Hefele ha remecido las redes sociales gracias a un video donde logra exhibir de manera muy clara y elocuente sus dotes en el canto difónico, una singularísima técnica vocal, también llamada “canto de armónicos”, con la cual se pueden emitir dos sonidos simultáneos. El efecto es sorprendente, algo ajeno a nuestros oídos y, más aún, a nuestros puntos de referencia culturales. Es que, por alemana que sea la cantante, su técnica insólita procede de otros derroteros.

Esta forma de canto ha sido cultivada de manera ancestral en Asia, especialmente en Mongolia, en áreas limítrofes de Rusia, e incluso en contadas regiones de Europa (Cerdeña o Escandinavia) y también África. En todas sus variantes, el canto difónico se basa en un sonido fundamental, bajo y gutural, que casi no cambia su ubicación, del cual se extrae otro sonido agudo, aflautado, como una reverberación.

Cultivado durante siglos, incluso con un festival regional en la república rusa de Tuvá, el canto difónico permaneció estacionado en sus exóticas fronteras hasta los años 60 del siglo XX, cuando atrajo adeptos en Occidente y pronto se lo introdujo en mezclas con la música popular (folk, jazz, etc.) o incluso la tradición culta.

Para más información sobre tan insólito estilo vocal, les recomiendo visitar esta web: voces especiales.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Río adentro

interior

Es curioso. Todos tenemos nuestros pequeños puntos de inflexión durante el día. A veces cosa de segundos, a veces un poco más, cuando suspendemos el ritmo del quehacer y experimentamos la necesidad de un respiro, una pausa para recobrar el aliento. Las muchas cosas que nos agitan, o las pocas, imprimen con más fuerza su peso sobre nuestros hombros y nos recuerdan esa fragilidad esencial que tan empeñosamente queremos evadir.

Ahí es cuando retrocedo a mi interior, me alejo del instante y su tumulto, busco los parajes de la memoria o más aún, entablo un diálogo silencioso con Quien sé que puedo encontrar en confiada quietud interior, libre de máscaras y de urgencias.

Ahí descanso, en esa morada íntima. Ahí, donde uno es quien es, y donde las pretensiones están de más. Siento algo muy parecido a un espaldarazo reconfortante que me lleva de vuelta al quehacer, sin dar mayor noticia al entorno. En la quietud reviven las fuerzas necesarias para la acción; sin eso, sin interioridad —permítanme decir más: sin espiritualidad— no creo que pueda uno defenderse con éxito de las tempestades exteriores ni cultivar auténtica personalidad.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

In Memoriam CHRISTOPHER HOGWOOD (1941-2014)

Otra vez luto para la Música historicista: Ahora hemos perdido al insigne, genial músico inglés Christopher Hogwood. El maestro falleció hoy miércoles 24 de septiembre, con 73 años cumplidos, víctima de una enfermedad que se arrastraba ya durante meses.

Hogwood fue clavecinista, clavicembalista, director y entusiasta impulsor de agrupaciones musicales tan trascendentes como el “Early Music Consort” junto a David Munrow en 1967, y luego, tras la muerte de su colega, la “Academia de Música Antigua de Londres” en 1973. Fue uno de los pioneros en recuperar las prácticas interpretativas de antaño y utilizar instrumentos «de época», es decir fabricados hoy pero siguiendo los métodos de una época específica, como el barroco o el temprano clasicismo. Con este sonido y estilo característicos, Hogwood dejó su huella en la historia de la interpretación musical, firmando inolvidables versiones de las grandes obras del repertorio europeo, desde el barroco hasta el romanticismo germano.

Los respetos y el homenaje de esta página a un maestro que será inolvidable.

NOTA: Para mayores referencias sobre el director inglés, recomiendo la entrada redactada en 2012 por mi entrañable amigo leiter: http://leitersblues.com/2012/06/christopher-hogwood/

jueves, 18 de septiembre de 2014

{Especial Fiestas Patrias} «CASA de CANTO»

Doña Margot

Cara trasera del disco, con doña Margot Loyola en imagen central Llegó el 18 de Septiembre, cumpleaños de la Patria, lo que en Chile supone el desahogo bullicioso del espíritu de fiesta, tonificado por la cercanía sensible de la primavera y su cálido paisaje de flores, hojas y colores. Todo se reanima y festeja, como uniendo en un mismo gozo a la tierra y sus habitantes.

En sintonía con el ambiente, comparto esta vez un disco de la gran Margot Loyola, intérprete y recopiladora de folklore chileno, compañera de entusiasmos y labores con Violeta Parra y otros tantos nombres insignes que aprendieron la música “nacida de la tierra” y luego supieron darle nueva trascendencia. Doña Margot, con su longeva trayectoria, perdura hasta el presente como aliento y referencia para cuantos se enamoran de esta vertiente creativa, palpitante de vida e identidad.

A modo de comentario sobre el registro que les dejo, prefiero tomar las palabras muchísimo más oportunas del historiador Eugenio Pereira Salas, que ilustran el contexto de esta música:

Los sitios de recreo tienen importancia en la sociología de la música, pues sirven de trasfondo en el proceso de hibridación de las formas líricas y bailables. En la época de la Independencia, abierta y liberal, los Padres de la Patria se entretenían en los “parrales”, en las “higueras” del Tuerto Trujillo o en los estrados de la calle de Duarte, al alegre son de la zamacueca y el escobillado de la sajuriana. En la época romántica, ensimismada y sigilosa, la burguesía naciente creó nuevos tipos de recreación, entre otras las “Casas de Canto”. Allí se ejecutaba, para pasar la tarde en agasajo, el repertorio ecléctico de esos tiempos, en que la languidez de las habaneras, nostalgiosas de trópico, imprimían un ritmo peculiar a las tonadas de los abuelos. Este disco, admirablemente interpretado por Margot Loyola, artista inteligente y estudiosa, representa el repertorio de una de estas casas de canto, la que animó entre 1902 y 1912 don Ismael Carter, donde el soplo de los valses de la opereta vienesa daba a esta zona marginal de la belle epoque un tinte social característico. Los Carter, unidos por la enseña del trío Fru-Frú, formaban un conjunto familiar. Don Ismael tocaba el piano con esa técnica del entrelazado, cuya enseñanza se trasmitía de oído. Sus hermanas, Cristina y Genoveva, cantaban con alta y buena voz al son del arpa y la guitarra. Una allegada se aplicaba al rumoroso “tormento”. Don Ismael llevó por los caminos de América esta música de fin de siglo. Estuvo en las ciudades del Norte, alumbradas entonces por el oro del salitre. Subió a Bolivia. Residió en Buenos Aires, para regresar a Chile a reabrir su hospitalaria casa, con el criollo nombre de “Huasos de Petorca”. Esta música fue grabada en los primeros discos nacionales de la Casa E. Band, para alimentar el fonógrafo de larga trompeta, con sus cilindros olientes a cera y a miel. Corría el año glorioso del primer Centenario de la República. En la concurrida tertulia se bailaban cuadrillas, polcas y mazurcas y se oía música chilena, tonadas, cuecas y canciones, interpoladas con las arias favoritas de la ópera y la zarzuela y los couplets de moda. Música que se va, sin duda, con los carros eléctricos y los coches de posta, los jueglos florales y las filarmónicas, pero que Margot Loyola, interpretando el repertorio de los Carter, rescata como documento objetivo de un ayer muy nuestro, en que los más importantes personajes de nuestro período parlamentario firmaban regocijados el álbum de esta familia de artistas.
» D E S C A R G A

MP3 ABR ~224 kbps 48 kHz | 13 temas | JPGs | RAR 60,9 mb | Yandex

viernes, 5 de septiembre de 2014

{poesía} NICANOR PARRA

Cumple cien años de vida un eminente creador, miembro de una familia esencial para la cultura chilena, como es la familia Parra. Lo homenajeamos con uno de sus anti-poemas más reconocidos.


El Hombre Imaginario



El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

Nicanor Parra

jueves, 4 de septiembre de 2014

Feliz cumpleaños 190, Professor Dr. BRUCKNER

Josef Anton BRUCKNER (1824-1896) / foto de la época

Hace 190 años, en un pueblecito austríaco llamado Ansfelden, sito entre lomas verdes, rumores de ganado y hábitos inmemoriales, nació ANTON BRUCKNER.

Primogénito de cinco hermanos, el futuro maestro del lenguaje sinfónico era de cuna humilde: su padre ejercía como profesor de escuela y organista de la iglesia. Allí también, en el coro, cantaba su madre, que además trabajaba como criada para robustecer el sustento familiar. El pequeño Bruckner, que venía demostrando sus facultades desde los cuatro años, se sumó pronto a las labores para sostener el hogar: a partir de los siete años comenzó a asistir a su padre en las clases de música, con diez pudo ya tocar el órgano en la misa dominical y con doce, hacerse cargo de todo al enfermar y luego morir su progenitor.

Brueghel el Viejo

El apacible poblado de Ansfelden en algún momento del siglo XIX

La familia se muda a otro pueblo y él es enviado a la Abadía de San Florián, lugar que acabará convertido en su epicentro espiritual. La vida lo llevará lejos, dentro y fuera de Austria, y su existencia será larga; pero Bruckner siempre volverá a este remanso. Allí descansan hoy sus restos, bajo el gran órgano de tubos. Oportuno, ya que este instrumento grandioso será el vehículo donde brillará el talento del compositor para sus contemporáneos. A la posteridad, en cambio, nos ha quedado su obra, que bien resume el sitio «Musicalario»:
Sus sinfonías, incomprendidas en su tiempo, expresan el amor a la naturaleza y la profunda fe del compositor, al tiempo que constituyen una original síntesis entre la más atrevida armonía romántica y la tradición contrapuntística más severa.
Queda mucho que decir sobre este gran artista, que llegó a la gloria desde las aldeas. Su nombre está vinculado a Wagner, a Brahms, a Viena, a Mahler, a Hans Rott... Pero hoy brindemos en su honor, que bien se lo merece. ¡Feliz cumpleaños, maestro Bruckner!

Coda del movimiento final de la Sinfonía nº 4 / versión antológica del gran Sergiu Celibidache y la Filarmónica de Munich, 1993. Si no es la secuencia más sublime de la música sinfónica, le falta poco. En ese crescendo memorable, el campesino-genio de Ansfelden revela la «profundidad teológica» de sus ideas musicales.

lunes, 1 de septiembre de 2014

LEITER



Alguien me envió el otro día una de esas “frases ilustradas” que circulan tanto en Internet. El montaje, a medio camino entre el chiste y la reflexión, mostraba una lápida y en ella esculpida la recomendación de visitar el cementerio cada vez que alguien se sienta indispensable. La moraleja sería que nadie es tan importante como para detener el mundo. Pues bien, discrepo. Tal vez la frase lapidaria tenga aplicación sobre esos ególatras que sólo reaccionan con golpes de realismo crudo. Para lo demás, falla; porque cada persona es y será siempre única. Ni más ni menos. Y lo cierto es que hay mundos que se detienen, incluso mundos que acaban con cada desaparición.

Cuando los amigos se van, los recuerdos no sólo se agolpan sino que, con el paso del tiempo, crecen. El espacio que dejan vacío comienza a acumular sensaciones perennes —sensaciones, no sentimentalismos— que sirven tanto de evocación como de testimonio a la huella que los ausentes imprimieron en el alma de quienes los recuerdan. Es aquella “segunda vida” que menciona Manrique en sus Coplas.

deviantartUna sugestiva imagen del cementerio de Würzburg / foto: sorb

El pasado 28 de Agosto se cumplió un nuevo aniversario desde la abrupta partida de este mundo de quien fuera un gran amigo, uno de los mejores que haya conocido por estos pagos: Javier Menéndez Ciudad, conocido en la blogósfera por su seudónimo, «leiter». Quiso ser director de orquesta y no pudo (leiter es la palabra alemana para «director»). Un inspirado día decidió fundar en Internet su «bar virtual de copas», como tituló cariñosamente a ese espacio inolvidable, Leiter's Blues. Logró una maravilla, combinando sus amplios conocimientos con el calor de su carácter. Nunca fue un distante erudito, sino un ser humano abierto a compartir en primera persona sus experiencias, opiniones e intereses. Precisamente tomé contacto con él en la siempre extensa lista de comentarios bajo cada entrada. Y ese segmento de su blog merece aplauso: ¡qué intercambio de opiniones surgía ahí, libre y naturalmente, con Javier siempre involucrado, atendiendo consultas o agradeciendo las palabras que los cibernautas pudieran dejar estampadas!

cubiertaEl compositor favorito de Javier siempre fue Mozart, pero todo el repertorio austro-alemán calaba hondo en él. O en ambos, porque fue uno de nuestros puntos de coincidencia más enriquecedores. Gracias a Javier me deshice de mis prejuicios contra Schumann; con Javier compartimos el entusiasmo por los dos maravillosos compositores judeo-alemanes de Hamburgo, Mendelssohn y Brahms; fue a Javier a quien pedí las primeras, valiosas pistas cuando prendió en mí el súbito interés por Bruckner. Este compositor grandioso pero malquisto, a menudo ignorado en el mundo latino, era para Javier uno de los sumos creadores sinfónicos, y su Séptima Sinfonía, en Mi mayor, la más sublime de toda la literatura musical. Así de rotundo:
»En mi opinión, la sinfonía más grandiosa y perfecta jamás compuesta. Obra de trascendente inspiración, revela el carácter pusilánime del autor. Es un grito, una súplica, un deseo, un adiós…«
Con esta obra, pues, dedico un cálido recuerdo a la memoria imborrable de mi amigo. ¡Descansa en paz, Javi!


BRUCKNER: SINFONÍA núm. 7 en MI Mayor

1. Allegro moderato
2. Adagio: molto lento e maestoso / Sehr feierlich und sehr langsam
3. Scherzo: Vivace / Sehr schnell
4. Finale: Allegro ma non troppo / Bewegt, doch nicht zu schnell

Orquesta Filarmónica Checa / Lovro von Matacic

Versión extraordinaria que basta para demostrar la autoridad de Matacic en el repertorio bruckneriano. El sonido cálido y algo más “crudo” de la Filarmónica Checa aporta un encanto propio.
» D E S C A R G A

MP3 ABR 224 kbps 48 kHz | 4 tracks | RAR 108 MB

» Comentario de leiter a esta sinfonía
Bruckner en el blog

martes, 26 de agosto de 2014

In Memoriam FRANS BRÜGGEN


La música «con prácticas de época» está de luto. Ha perdido a Frans [Franciscus Jozef] Brüggen. El maestro holandés falleció el pasado miércoles 13 de Agosto, aunque llevaba enfermo ya un tiempo, según consignan medios en Internet. Brüggen puede no ser un apellido que «le suene» rápidamente a muchas personas, incluso las familiarizadas con la música clásica, pero eso se debe más que nada a cuestiones de divulgación —parte importante de la fama en nuestra sociedad publicitaria— antes que a peso específico. Porque Brüggen fue importante. Y mucho. Para empezar, como irreemplazable virtuoso de un instrumento bastante mirado en menos hasta su llegada, la flauta dulce (flauta de pico en España, en inglés recorder). Muchos lectores recordarán, tal vez, sus propias clases de música en el colegio tratando de aprender alguna melodía facilona en este instrumento de aspecto simple y técnica accesible. Durante mucho tiempo la flauta dulce fue eso, el pariente pobre de la flauta traversa.

Brüggen, explorando el repertorio y las prácticas musicales de antaño, enalteció este instrumento. Concierto tras concierto, disco tras disco, demostró musicalmente la maestría a la que puede llegar un verdadero artista sin importar la sencillez del medio empleado. En el ancho repertorio de la flauta dulce, secular pero cubierto de mayoritario desdén, este músico navegó con rigor y soltura, desarrollando una autoridad insoslayable.


Miembro de una generación de inquietos músicos europeos que trajo brisa fresca a la interpretación examinando las estéticas del pasado —Leonhardt, Bylsma, Harnoncourt, también Koopman...— Brüggen dio un paso adelante en su trayectoria el año 1981 y co-fundó, junto a Sieuwert Verster, la “Orquesta del Siglo XVIII”, notable agrupación dedicada a las prácticas musicales “de época”, empleando instrumentos originales —fabricados hoy pero a imagen de los que existieron siglos atrás— y funcionando como un colectivo, esto es, distribuyendo en partes iguales las ganancias obtenidas con sus conciertos.

Brüggen perseveró hasta su muerte en su faceta como director, que ejerció también frente a orquestas de mayor abolengo como la Orquesta del Real Concertgebouw, de Chicago, de Oslo, la Filarmónica de Viena, la Tonhalle de Zurich...

Yo conocí primero al Brüggen especialista en flauta dulce. Lo admito, en ese terreno me incliné siempre a favor de su joven colega danesa Michala Petri, por mucho que el holandés manejara el volumen sonoro con destreza superior. Fue el Brüggen director de orquesta el que me cautivó más. Su capacidad para agilizar, matizar y colorear las texturas sinfónicas es un obsequio para agradecer, en especial porque no es cosa fácil aportar novedad al repertorio clásico centroeuropeo. El gran mérito de estos revisionistas estéticos es justamente ése, «poner vino nuevo en odres viejos». La contención emocional del maestro holandés se equilibra con un temperamento recio y a la vez cuidadoso.

cubiertaAsí pues, les invito a disfrutar a Brüggen dirigiendo música de SCHUBERT, las Sinfonías número 1, en Re mayor, y la número 4 en Do menor, llamada «Trágica», en un registro live. En este apartado de su producción, Schubert seguía de cerca los modelos de Haydn y Mozart pero también el ejemplo renovador de su admirado Beethoven. A este último le ofrece un homenaje en su primera sinfonía, citando de manera muy exacta un tema común al ballet «Las Criaturas de Prometeo» y a la Tercera Sinfonía («Heroica») —semejante al testimonio que dará años después Brahms en su propia sinfonía núm. 1, citando el Himno de la Alegría de la Novena—.

La pasmosa facilidad creativa de Schubert es patente en la primera de sus obras sinfónicas, la cual escribió con sólo dieciséis años de edad, directamente sobre el papel pautado, mientras todavía era un escolar en el Internado para el coro de la corte. Un amigo suyo de esos años, Albert Stadler, nos dejó este cuadro: «Con toda calma y apenas distraído por el parloteo de sus compañeros de clase, se sentaba en su pequeño escritorio... escribiendo ágil y fluidamente, con escasas correcciones y dando la impresión de ser aquella la cosa más natural del mundo».

Y ya que mencioné antes a Brahms: el barbado compositor fue requerido para revisar las partituras de Schubert en su primera edición oficial, a fines del siglo XIX , pero en el proceso corrigió las indicaciones de volumen para conseguir un sonido orquestal equilibrado; ahora bien, Schubert es la espontaneidad encarnada y los retoques, aunque cautelosos, le quitan parte de su encanto. Versiones como las de Brüggen nos restituyen esa frescura.

A disfrutar, amigos y amigas, del gran maestro holandés interpretando esta música espléndida:


» D E S C A R G A

MP3 ABR 320 kbps 48 kHz | 8 tracks | RAR 117 MB

sábado, 2 de agosto de 2014

CHAIKOVSKY : Trío en La menor, Op. 50

PIÓTR CHAIKOVSKY (18401893) fue un músico genial, de los que definen estilos y crean escuela; pero también un hombre herido por una sensibilidad enfermiza, pasto de crisis, angustias y depresiones recurrentes. El fragor de las batallas internas amargó los frutos cosechados en su carrera —era favorito del Zar, aplaudido por el público, su fama internacional se acrecentaba rápidamente, invitado por prestigiosos escenarios de Europa y América, gozaba de mecenazgo particular...— además de socavar su desempeño social o exasperar sus reacciones frente a la menor adversidad. Aun así Chaikovsky, educado e indiscutiblemente talentoso, logró reunir junto a sí un buen puñado de amistades y admiradores leales. Algunos, como su hermano Modest, eran confidentes; otros, como Tanéyev o Nikolái Rubinstéin, eran colegas admirados y muy considerados en sus opiniones.

Nikolái (* Moscú, 2 Jun. 1835 – † París, 23 Mar. 1881) era especialmente querido por el compositor. Hermano menor del notabilísimo Antón Rubinstein, era un pianista tan descollante como él, y en opinión de Chaikovsky incluso superior. Nada poco, considerando que Antón era un genuino titán de su instrumento, famoso como el único rival digno de Franz Liszt —el mejor pianista de su tiempo y, hasta donde sabemos, de la historia—. Semejante pericia musical venía acompañada en ambos Rubinstein con probadas dotes para la organización (Antón formó el Conservatorio de San Petersburgo y Nikolái el de Moscú) y para la enseñanza, combinación feliz que los incluye entre los artistas más influyentes de su generación.

La familia Rubinstein vivió en Berlín entre 1844 y 1846. Allí los pequeños hijos del matrimonio judío recibieron lecciones de Theodor Kullak, concitando también la atención y apoyo de Mendelssohn y Meyerbeer. La formación musical no se interrumpió cuando volvieron a Rusia, luego de la repentina muerte del padre, pero aquí Nikolái estudió también Derecho y ejerció un oficio burocrático, dualidad común a la gran mayoría de sus colegas músicos. Eso no quitó ánimos a su tenaz voluntad de artista.

Chaikovsky le dedicó su famoso Primer Concierto para piano, pero el homenajeado reaccionó de manera agria —tenía un carácter explosivo—, descalificando la obra y negándose a interpretarla. El compositor no hizo tal cosa y enfrió las relaciones con su amigo. A la postre, Nikolái, conociendo el éxito obtenido por la pieza y reevaluándola con calma, se retractó de sus opiniones y la presentó en París, durante la Exposición Universal de 1878. En la misma ciudad falleció algún tiempo después, enfermo de tuberculosis.

Chaikovsky dedicó a Nikolái una de las piezas de cámara más eminentes del siglo XIX: el Trío en La menor, subtitulado en francés A la memoria de un gran artista, para violín, violonchelo y piano. Este último instrumento se destaca en la composición, en tributo a la extraordinaria jerarquía pianística del amigo difunto.

Disfruten ustedes, queridos lectores de esta página, una composición inolvidable:

» D E S C A R G A

MP3 ABR 224 kbps 44.1 kHz | RAR 73,6 MB

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