viernes, 15 de julio de 2016

Kathleen FERRIER

La irrepetible Kathleen Ferrier

En mis gustos musicales campean las voces graves. Aplaudo a los basso-profondo, los octavistas eslavos o los barítonos de tonos oscuros. Y lo mismo pasa en terreno femenino, donde me impresionan las agudas agilidades de «Der Hölle Rache» pero me quedo con las mezzo-soprano y las contraltos. ¡Cómo resistir pues a quien tuvo la más extraordinaria voz de contralto que haya escuchado nunca, aparte de una sensibilidad capaz de verdadera comunicación! Al escucharla, uno se siente el directo dedicatario del canto.

Me refiero a la inigualada Kathleen Ferrier (1912-1953) quien murió de cáncer a los 41 años tras una sola década de carrera como cantante. Tuvo una voz de terciopelo oscuro, homogénea en toda su extensión, con capacidad insólita (casi masculina) en las partes graves de su tesitura. Fue intérprete extraordinaria de toda la música que abordó. Pero muchos recordamos, agradecidos, su culminante asociación con Bruno Walter. Lo que lograron juntos es material de leyendas, en especial si se trata de «La Canción de la Tierra», de Mahler. Poco después del doloroso final de la cantante, Walter fue categórico: «El mayor acontecimiento musical de mi vida ha sido conocer a Kathleen Ferrier y Gustav Mahler. En ese orden».

No sé explicar por qué, pero la particularísima voz de Ferrier me arrastra hacia una emoción intensa, arrobadora y a la vez apacible, salpicada con inevitable nostalgia por su abrupto final. Convengamos que la Muerte tiene buen gusto...

Le dedico un recuerdo a la bella contralto inglesa —porque sí, era muy linda— con una famosa aria barroca, atribuida a Bach:

Y su versión a capela de la canción popular inglesa «Blow the wind southerly» vibra todavía con su encanto, pureza musical e indecible belleza vocal:

lunes, 11 de julio de 2016

Reparando enlaces :: Julio 2016

reposiciones link

Toca la periódica revisión de enlaces caducos. Aclaro que las obras puestas aquí al alcance de amantes de la música tiene objeto didáctico y persigue alentar dicha pasión por el repertorio clásico. Pretendo también dar razones para adquirir los discos originales. Y es que los archivos digitales no compiten en calidad con el registro original. Si eres como yo, la música descubierta en Internet significará una probable visita a tu disquería favorita. Disfruta. ¡Saludos!

» A 17th Century Christmas
The Netherlands Bach Society / Jos van Veldhoven

» BRAHMS: Serenata # 1 en Re mayor
Orquesta de Cámara de la Radio de Amsterdam / Frans Brüggen

» FURTWÄNGLER en GIRA: Sinfonías 40 de Mozart / 4 de Brahms
Orquesta Filarmónica de Berlín / Wilhelm Furtwängler

» BRAHMS: Concierto para violín y orquesta en Re mayor
Orquesta Filarmónica de Berlín / Viktoria Mullova / Claudio Abbado

» BRAHMS: Cuarteto con Piano # 1 en Sol menor, Op. 25
Tamás Vásáry & Thomas Brandis, Wolfram Christ, Ottomar Borwitzky / Marc-André Hamelin & Trío Leopold

» BRAHMS: Sinfonía nº 1 / SCHUMANN: Sinfonía nº 1
Orquesta Filarmónica de Berlín / Herbert von Karajan

» BARTÓK: El Castillo de Barza Azul
Solistas vocales / Orquesta Sinfónica de Londres / István Kerstész

» BACH: Conciertos de Brandemburgo
Boston Baroque / Martin Pearlman

miércoles, 6 de julio de 2016

RIMSKY-KORSAKOV :: Fantasía sobre Temas Rusos op.33

Richard Strauss estampillaRimsky-Korsakov en los últimos años de su vida
La muerte de un genio cumplió otro aniversario, pero bajo un manto de silencio. Rectifiquemos esa injusta discreción:

El 21 de junio de 1908 falleció Nikolai Rimsky-Korsakov. Es uno de los grandes de la Escuela Rusa del siglo XIX, conocidísimo gracias al tríptico de obras donde consuma una orquestación asombrosa (Scheherazade, Capricho Español, Obertura La Gran Pascua Rusa).

Esta sabiduría instrumental fue la marca de fábrica del autor ruso y tal vez su creación más trascendente, descollando incluso en un medio como aquél, donde prácticamente todos los músicos “parecen tener una orquesta en la cabeza”, como decía mi amigo Leiter. Auténtico maestro, Rimsky no era prisionero de sus habilidades sino al contrario, las manejaba acorde a la necesidad expresiva de cada obra. Tampoco tuvo tras de sí una tradición fuerte que le impusiera pautas —situación que, arriesgando ser una falencia, operó a menudo como una ventaja— pero poseyó en cambio personalidad e inteligencia para seleccionar influencias ajenas según las necesitara.

Es conocida su afiliación temprana al «Grupo de los Cinco», ese puñado visionario que fue a buscar la música rusa en el pueblo ruso, en sus tradiciones y diversidad inmensa. Pero el tiempo modificó su postura. Valoró el saber acumulado en Occidente, estudió con disciplina —aprendida a fuerza de varillazos en la Marina imperial— y así dominó las destrezas que precisaba. Su estatura artística creció, reunió admiradores, atrajo discípulos y también mecenas. En 1882 tomó contacto con el magnate maderero Mitrofán Beliáyev, todo un campeón para la música de corte más nacionalista. Beliáyev encontró en Rimsky el consejero idóneo para sus iniciativas en pro de la música, y el compositor agradeció el soplo de aire fresco que el nuevo patronazgo alentó en sus ideas.

Fruto de la larga asociación entre ambos hombres fue nada menos que el trípico de piezas más célebres del compositor, mencionadas al principio, y también algunos arreglos extraordinarios sobre música de sus colegas, como «Una Noche en el Monte Pelado».

Menos conocida es otra página de Rimsky-Korsakov, dedicada asimismo a Beliáyev: la Fantasía sobre Temas Rusos para violín y orquesta. Es una belleza. La paleta orquestal es refinada, sin nunca opacar la bien escrita sección principal del violín (que recuerda los futuros solos de Scheherazade) y exhibe un memorable talento para los temas y melodías. Pero hay más: gracias a la buena acogida que recibió en su momento esta fantasía, el compositor ideó otra más, de mayor porte, sobre temas españoles... Así es; el Capricho Español debe su existencia a esta hermosa «hermana mayor», numerada con el opus 33 y que cuelgo a continuación, para que la disfruten en homenaje al gran Rimsky:



Ver también: Rimsky-Korsakov y la Síntesis del Impresionismo Ruso

viernes, 17 de junio de 2016

Richard Strauss :: Fantasía Sinfónica sobre temas de La Mujer sin Sombra

Richard Strauss estampillaRichard Strauss en un sello postal conmemorativo
El 11 de junio celebramos otro cumpleaños de Richard Strauss (* Múnich [Baviera] 11 Jun. 1864 ~ † Garmisch-Partenkirchen, 8 Sept. 1949). Aquel día le dediqué un breve recuerdo en alguna de mis redes sociales, recomendando el poema sinfónico «Don Juan», tan magistral y vibrante hoy como en el día de su estreno en Weimar, el año 1889, bajo la dirección del propio compositor, entonces un talentoso muchacho de 23 años.

Mi recomendación fue auténtica y entusiasta. Aun así, me ignoré a mí mismo para favorecer la audición de otra obra que llevaba tiempo “guiñándome el ojo”.

El último poema sinfónico... o casi

Podría decirles que tal obra fue “el último poema sinfónico de Richard Strauss” pero no sería riguroso —tal honor le corresponde a la magnífica Sinfonía Alpina—. Aun así, andaríamos cerca; hablo de una Fantasía Sinfónica —piensen en Stokowski— que condensa en alrededor de 20 minutos la trama de La Mujer Sin Sombra, extensa ópera de más de 3 horas.

La ópera original fue estrenada en 1919; la fantasía sinfónica fue escrita por Strauss en 1946, pocos años antes de su muerte. Corresponde, pues, al curioso “florecimiento otoñal” de su inspiración que permitió el nacimiento de obras concertantes, de Metamorphosen (1945) y, sobre todo, de las Cuatro Últimas Canciones (1948).

Aunque la música de esta últimas obras es muchísimo más contenida —expresa con melancolía el adiós a la antigua cultura alemana— en la Fantasía Sinfónica Strauss preserva el opulento sonido y expresividad que lo distinguían a principios del siglo, apelando nuevamente a esa orquesta gigantesca que nunca tuvo secretos para él.

Sin más preámbulo, les invito a comprender mi fascinación por esta síntesis sinfónica en el video de más abajo, con el incandescente Valery Gergiev dirigiendo a la “World Orchestra for Peace”, agrupación fundada por Sir Georg Solti en 1995 y de la cual el maestro ruso es titular desde 1997. De un simple vistazo pueden apreciar también las dimensiones de la orquesta straussiana:

jueves, 9 de junio de 2016

25 años sin Arrau

schumann
Un 9 de junio como hoy hace 25 años, perdimos al maestro Claudio Arrau. Un verdadero gigante entre los intérpretes del siglo XX, heredero de Liszt a través de su maestro Martin Krausse, devino en traductor privilegiado de los grandes clásicos alemanes (Schubert, Mozart, Beethoven, Brahms, incluso Bach) y también de Liszt o Chopin con un sonido y una elocuencia que a menudo estremece al oyente (sí, tal es mi caso).

No podría olvidar en esta página a quien fuera mi verdadero ídolo musical en la temprana adolescencia, y con el tiempo una figura de referencia inalterable. Afortunadamente su arte y también sus entrevistas han llegado a la Web, y con una de ellas quiero recordarlo; pinchen el video más abajo, no tiene desperdicio:

Aniversario de SCHUMANN

schumannRobert Alexander Schumann
Tal día como ayer, 8 de junio, el año 1810 nació Robert Alexander Schumann. Fue un creador extraordinario y sin embargo, las audiencias no frecuentan su obra tanto como debieran. Si pensamos que la música de cámara y la propia forma sinfónica están en deuda con este generoso visionario, podremos aquilatar mejor su valor.

Fue acusado de no saber orquestar, cuando Schumann buscaba en realidad un nuevo sonido sinfónico, emancipado de las convenciones y subordinado a la mejor expresión de las ideas, algo que su pupilo Brahms finalmente concretó. Además, y repitiendo lo dicho en otras entradas de esta página, Schumann apostó por la sinfonía cuando los músicos del Romanticismo la empezaban a olvidar, considerándola una forma agotada y limitante.

Pese a ser Schumann un creador esencialmente expresivo y emocional, sentía gran aprecio por la construcción formal en antiguos maestros (fue un conocido admirador de Bach, e incluso escribió acompañamiento pianístico a las sonatas para violín del gran compositor barroco). Eso también lo alentó a aceptar el desafío de formas tan canónicas como la sinfonía, haciendo crecer en ellas el alcance emocional a partir de su lógica interior; esto es un evidente legado beethoveniano que también Schumann supo percibir (de manera muy distinta a Wagner, quien derogó el apego formal) y mantener vigente.

Así, recordemos al gran maestro nacido en Zwickau con su Sinfonía número 2, en Do mayor, que pueden ver en el video más abajo interpretada por el excelente director inglés Daniel Harding, para quien la clave en Schumann es encontrar el punto entre el calor y la transparencia. Sobre la sinfonía misma, digamos que su comienzo es una maravilla de expectación y “brumas que toman forma”, aparte que guarda un guiño a la fanfarria inicial de la sinfonía “Londres” de Haydn. El Adagio del tercer movimiento es una página profética: anuncia la tragedia, la inquietud y el desgarro futuros de Mahler.

lunes, 6 de junio de 2016

Reposiciones

reposiciones link

Actualizaciones de varios enlaces caídos. Si ha caducado alguno que les interese particularmente, avísenme en los comentarios del artículo respectivo o, si prefieren, a mi correo. ¡Saludos!

» MOZART: Oberturas
Varias orquestas / Nikolaus Harnoncourt

» WAGNER: Obras Orquestales
Orquesta Philharmonia / Otto Klemperer

» SONES del CÁUCASO
Orquesta de Cámara del Cáucaso / Uwe Berkemer

» CANCIONES de la ANTIGUA RUSIA
Coro de Hombres de Moscú / Anatoly Grindenko

» TANÉYEV: Sinfonía nº 4
Orquesta Sinfónica de la URSS / Evgeni Svetlanov

» BRUCKNER: SINFONÍA n° 7 en Mi Mayor
Orquesta Filarmónica Checa / Lovro von Matacic

martes, 31 de mayo de 2016

BEETHOVEN :: La dolorosa fantasía de su ilegitimidad

Con la mayor alegría retomamos con este artículo la serie dedicada a Beethoven por nuestro amigo, colaborador y paciente maestro, ElGatoSierra.
  • Obra: “An einen Säugling”, WoO. 108 (1783)
  • Fuente citada: Maynard Solomon (1985): “Beethoven”. Barcelona: Javier Vergara, Editor, S.A. Pág. 34-35.
Beethoven meninoRetrato de Beethoven a la edad de 13 años, por un desconocido maestro de Bonn, ca. 1783
“... Consideremos el más sencillo, el más conmovedor, y según creo el más profundo nivel de la novela de familia de Beethoven: la fantasía de que era un hijo ilegítimo. La novela de familia de Beethoven se vio alimentada por el engaño acerca de la fecha de nacimiento y quizá se originó allí. También ésa era una fantasía de ilegitimidad. Recordemos la confusión acerca del año de nacimiento, y sobre todo la difundida creencia de que había nacido en diciembre de 1771. La dificultad de Beethoven era ésta: si él había nacido en diciembre de 1771, considerada la fecha más temprana, el certificado que documentaba el bautismo de cierto Ludwig van Beethoven el 17 de diciembre de 1770 debía pertenecer, como de hecho él insistía era el caso, a su hermano mayor Ludwig María. Y si era así, el «verdadero» certificado de bautismo de Beethoven había desaparecido de los archivos. No pudieron hallarlo Beethoven ni ninguno de sus amigos —Wegeler, Ries, Müller— todos los cuales obtuvieron copias del certificado «erróneo». Por consiguiente, su propio certificado de bautismo —la prueba de su nacimiento y de su linaje— nunca existió, o había sido escondida o destruida. ¿Cuál (pensaba Beethoven) podía ser la razón de esta misteriosa supresión de los hechos de su nacimiento?”

“A partir de esta cuestión, se originaban otros problemas fundamentales y en apariencia se concentraban en el misterio de su verdadera edad, pero de hecho y más profundamente se centraban en el secreto impenetrable: «¿Quién es mi verdadero padre?»

Beethoven meninoCasa natal de Beethoven en Bonn
 “El texto de lo que fue quizá la primera canción de Beethoven «An einen Säugling» [A un infante], WoO 108 [WoO es abreviación de «Werke ohne Opuszahl» (obras sin número de opus) de acuerdo con la serie numérica de dichas obras en el catálogo de las composiciones completas de Beethoven, por Kinsky y Halm] compuesta cuando él tenía apenas doce años, nos aporta la esperanza de una respuesta:
Aún no sabes de quién eres hijo. No sabes quién prepara los lienzos que te envuelven, quién te calienta y te suministra leche. De todos modos, creces en paz. En pocos años más, aprenderás a distinguir a tu madre entre todos aquellos que se ocuparon de ti. Sea como fuere, hay un proveedor oculto que a todos nos atiende —démosle nuestras gracias— con alimentos y bebida. Mi oscura inteligencia aún no lo comprende, pero después que pasen los años, si me muestro piadoso y creo, incluso él se revelará.
“Desde aquí hay un corto trecho hasta la fantasía de la novela de familia.

“Sin embargo, la fantasía puede arraigar profundamente sólo cuando el niño se siente descuidado, maltratado, sin amor (o imagina que ésa es la situación). Las circunstancias de familia de su niñez, trágicas y rara vez mitigadas, situaban la «edad de oro» personal de Beethoven, no en su primera infancia, sino en el período que precedió a su nacimiento, inmediatamente después del matrimonio de sus padres, celebrado en 1767 y hasta la muerte del primer hijo, Ludwig María. «¿Qué es el matrimonio?» preguntaba a su madre, y Beethoven la oía: «Un poco de alegría y después una sucesión de pesares.» Envuelto en la tristeza, hundido en el aislamiento y la ensoñación, es posible que Ludwig van Beethoven haya sentido íntimamente que el primer eslabón de esa cadena de pesares se forjó en el momento de su propia concepción y su nacimiento. Volvía los ojos angustiados hacia un Edén al que no podía llegar, excepto compartiendo la identidad de su hermano mayor más favorecido.

“En definitiva, la novela de familia de Beethoven implicaba su creencia de que él era el «falso» hijo, que nunca podría ocupar el lugar del hermano muerto. Su fantasía de ennoblecimiento fue no sólo la afirmación de una nobleza deseada, o el rechazo engañoso de sus humildes padres, sino sobre todo la admisión de un patético anhelo de haber sido el primogénito, llorado pero no olvidado por sus padres. Por lo tanto, todas sus fantasías pueden tener una fuente única y transparente: pueden ser la expresión, la negación y la trascendencia simbólica del sentimiento de que no se lo amaba ni deseaba. Son la rectificación de una presunta ilegitimidad. Son el clamor, profundamente sentido —y sin respuesta— de un niño que ansía el amor de sus padres...”

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