jueves, 27 de mayo de 2010

EL BLUES SINFÓNICO DE WILLIAM RUSSO



por I. V.




William Joseph Russo (* Chicago, 25 Jun. 1928 - † 11 Ene. 2003) fue un extraordinario compositor estadounidense de Jazz y Blues. Mejor conocido como Bill, desde muy joven se interesó sobre todo en la música blues que le era frecuente escuchar en las calles de Illinois.

Tras la Segunda Guerra, decide formar un conjunto llamado Experiments in Jazz con el cual busca nuevas alternativas sonoras que dieran al blues un lugar dentro de la música académica; y en 1950 trabajó como saxofonista y arreglista en la Banda de Stan Kenton, diseñando el característico sonido que distinguía a este conjunto.

En 1955 decide empezar a trabajar en Europa, donde funda varias Bandas de entre las que destacó la London Jazz Orchestra y con la cual recorrió prácticamente todo el continente.

A partir de 1957 se centró en la composición de obras de carácter sinfónico. Trabajó en ambiciosos proyectos al lado de Yehudi Menuhin, Duke Ellington, Leonard Bernstein y la Sociedad Filarmónica de Nueva York, la que le encarga la composición de su Segunda Sinfonía “Los Titanes”, basada en temas jazz y blues eminentemente callejeros, y que fue estrenada en 1958 por la Filarmónica de Nueva York con Bernstein en la dirección.

Las obras que a continuación ponemos a disposición de ustedes son Street Music, para armónica y orquesta, compuesta por encargo de la Sinfónica de San Francisco en 1976; y Three Pieces, una excelente obra para Banda de Blues y Orquesta que le fue comisionada en 1968 por el Festival de Ravinia y que le valió no pocos reconocimientos, entre los cuales destacaron el Grand Prix du disque por la presente grabación.

El disco se completa con An American in Paris, de Gershwin.

Así pues, esperemos disfruten de este excepcional disco. La interpretación corre a cargo de la Siegel-Schwall Band y la San Francisco Symphony Orchestra bajo la dirección de Seiji Ozawa.

Les dejamos a continuación el enlace para la descarga:

WMA | 320 kB/s | rar 177,3 mb


NOTA: Las pinturas que adornan este artículo son obra de Bernard Ott.

martes, 25 de mayo de 2010

DOS TANGOS PARA MARTA...


...de parte de sus tangueros, el Gato y el León:




...besos, Mara!

CHAIKOVSKY :: 5ª SINFONÍA :: Szell, Orquesta Sinfónica de Radio Colonia

Tchaikovsky

He aquí otra versión más de la soberbia Sinfonía número 5, obra que hemos elegido para compartir en homenaje al aniversario 170 de Chaikovsky, esta vez traducida por uno de los mejores directores del siglo XX, el húngaro George Szell. Su nombre permanece vinculado a la Orquesta de Cleveland, conjunto que elevó a una altura que jamás había tenido antes, haciéndola “la más europea de las orquestas americanas”.

No obstante, el director húngaro fue invitado frecuente en podios de otros rincones del mundo. Refiriéndose a las colaboraciones de Szell con orquestas europeas, un crítico acuñó una expresión muy decidora: “Acero envuelto en Terciopelo”. Hoy podrán descubrir el significado de estas palabras. Szell, junto a la Orquesta Sinfónica de Radio Colonia (Kölner Rundfunk-Sinfonieorchester), grabó en 1966 la sinfonía en Mi menor de Chaikovsky para una emisión radial. Versión incisiva, fiera, analítica, sin amaneramientos emotivos, en suma, antirromántica y plenamente convincente.

Disfruten comprobándolo, AQUÍ

martes, 18 de mayo de 2010

MEXICO, TIERRA ORGULLOSAMENTE MESTIZA

I. V.


Hablar de la Música Mexicana de Concierto es hablar de un amplio panorama de ritmos en donde expresiones aborígenes, el acervo popular, la vanguardia y las manifestaciones cultas se funden en una amalgama de alcances inimaginables. Entre un canto Seri, un bolero de Agustín Lara, una Jota Aragonesa o la obra de Stravinsky pareciera no existir nada en común más que la sensibilidad de un pueblo múltiple que ha conservado tradiciones, adoptado esquemas europeos y que ha emprendido caminos propios dentro de lenguajes musicales tan disímiles como el dodecafonismo, el vals o el danzón.

Desde este contexto, acercarse a la música de México es abrir la puerta a un maravilloso universo lleno de colores y de mensajes policromos que hacen de su escucha toda una nueva experiencia. Tal vez no tendrá los alcances de una Novena Beethoveniana, la incisividad de una Cuarta de Brahms, ni mucho menos la ambición de la Obra de arte total Wagneriana pero, si de algo puede sentirse orgulloso el pueblo Mexicano es que su música sintetiza sin el menor problema los acervos culturales europeos, indígenas, negros, árabes y, por qué no, hasta las corrientes provenientes de Norteamérica, otorgándole una identidad que ya le es propia y una variedad de ritmos en verdad impresionante.


Una primera etapa de existencia de la música mexicana de concierto la podemos situar tras la Conquista y el establecimiento del Virreinato de la Nueva España.


Durante ése período, la parte más importante de la vida cultural mexicana se desarrolló dentro de los centros religiosos, siendo los miembros del clero los principales promotores musicales durante la Colonia y siendo Fray Pedro de Gante el que funda en 1524 la primera escuela de música en donde se adiestraba a los indios y mestizos para servir de músicos en las Iglesias.

Como era de esperarse, el clero utilizaba la música fundamentalmente para la evangelización. No obstante, esto trajo consigo un gran desarrollo de la música coral sacra heredada de los grandes maestros del renacimiento como Victoria, Palestrina y Orlando Lasso.

Xicochi Conetzintle, Villancico Colonial

Pero a su vez, la tradición musical precolombina, así como el constante tráfico con Europa y África, habrían de aportar el elemento profano que derivó en ritmos y sones que, al arraigarse en ciertas zonas de tan vasto territorio, fueron dando lugar a idiosincrasias cada vez más definidas pero no por ello menos ricas en cuanto a gusto y variedad. Y así, en el siglo XVIII, el público novohispano tuvo sus primeros contactos con Haydn, Mozart, Beethoven, pero sobre todo con la Ópera Italiana, cuya influencia fue determinante en los primeros años del México ya independiente, no obstante de que hoy en día no se le otorgue gran reconocimiento como forjadora del presente musical nacional.


Una segunda etapa la ubicamos durante el denominado Porfiriato (finales del Siglo XIX y primeros años del XX), en donde los afanes cosmopolitas de una nación en pleno auge y desarrollo se reflejaron en un paulatino cambio tanto en la manera de componer música como de difundirla. Si bien es cierto que se dejó de lado la corriente italianizante para abrir paso a otra centroeuropea, también lo es que sur, centro y norte del País ya contaban con sólidas bases que les permitieron sintetizar y asimilarla de una manera distinta: Polkas Norteñas en regiones como Nuevo León, Bandas Sinaloenses, Valses y Czardas Mexicanos en el Centro de la República, Ritmos Veracruzanos de clara ascendencia cubano-africana en la Costa, Sones Tamaulipecos en donde el sonido borracho del violín podría confundirse con la música de Transilvania y los Balcanes y, en fin, reminiscencias morohispanas e indígenas como sustento a todo este mosaico policromo.

Así pues, nombres como Juventino Rosas (en la foto), Gustavo Elorduy, pero sobre todo Ricardo Castro, representaron los primeros intentos de adoptar como modelo el lenguaje principal del romanticismo tardío para a su vez forjar las bases técnicas y el alto nivel cultural imprescindibles para que, en condiciones sociales diferentes, pudiera surgir una escuela auténticamente nacional de música de concierto.

Este anhelo se vio coronado tras la Revolución Mexicana, que cambió por completo y para siempre la vida social, económica y política del país, ya que sacudió las conciencias y derribó las estructuras socioeconómicas imperantes. En el arte en general se eliminaron los modelos decimonónicos y la búsqueda de una identidad cultural nacional se convirtió en la preocupación principal.



Esto dio inicio a una tercera etapa fundamental para la música de concierto mexicana: el nacionalismo, que en opinión de estudiosos mejor documentados que la que escribe, tuvo dos estilos principales: uno de ellos, denominado Nacionalismo Romántico en el cual se recurre a melodías y temas tomados del vasto folclore para incorporarlos a piezas de concierto cuya forma y estilo son herencia del romanticismo tardío; y otro, el Nacionalismo Indigenista, que se sumerge en el México precolombino, en su música vernácula y mestiza, y que busca en los estilos modernistas el camino de regreso a lo elemental tal y como, con otros patrones, lenguajes y técnicas, habrían de hacerlo Stravinsky, Orff y Varese.

Candelario Huízar, Carlos Chávez, Blas Galindo, Miguel Bernal Jiménez, José Pablo Moncayo, pero sobre todo Silvestre Revueltas (en la imagen), darán la pauta a seguir en este retorno que encuentra su punto de culminación en Sensemayá, obra capital en la literatura musical del Siglo XX y que además, paradójicamente, indicaría que el camino a seguir tenía ya que ser otro y trascender de lo nacional a lo universal, entendiendo éste último concepto en el sentido de que los pueblos mestizos de América representan la raza cósmica y, por lo tanto, la esperanza y posibilidad de un nuevo orden social y cultural. No será en vano entonces la frase de José Vasconcelos, lema de la (mi) Universidad Nacional Autónoma de México, cuando exclama: “Por mi Raza Hablará el Espíritu...”

Iztaccíhuatl y Popocatépetl


Como un sincero homenaje a los pueblos americanos que en éste año cumplen doscientos años de independencia, me he permitido seleccionar un CD representativo del nacionalismo mexicano interpretado por la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez bajo la dirección de Eduardo Diazmuñoz. Está conformado por las siguientes obras:
  • Huapango y Sinfonietta, ambas de José Pablo Moncayo
  • Chacona en mi menor y Sinfonía India, de Carlos Chávez
  • Sones de Mariachi, de Blas Galindo
  • Concertino para Órgano y Orquesta, de Miguel Bernal Jiménez
  • Sensemayá, de Silvestre Revueltas
Esperando como siempre que lo disfruten, dejo a Ustedes amables lectores y escuchas el enlace AQUÍ

Sensemayá (Silvestre Revueltas)

domingo, 16 de mayo de 2010

CHAIKOVSKY :: 5ª SINFONÍA / Jansons, Oslo Phil.

Chaikovsky

No nos alejaremos del panorama báltico que el previo post de Ernesto nos propuso como marco. Eso sí, nos moveremos de Estonia a la vecina Letonia, en cuya capital, Riga, nació el reconocido director Mariss Jansons, actual cabeza de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam. Su biografía artística incluye la formación recibida de maestros insignes (Mravinsky, Swarowsky, Karajan) y la asociación con prestigiosas orquestas (las Filarmónicas de Leningrado y de Londres, las Sinfónicas de Pittsburg y de Radio Baviera). Entre 1979 y 2002 fue titular de la Filarmónica de Oslo, a la que dotó con un gran nivel y en cuyo podio casi fallece de un ataque al corazón en 1996. Afortunadamente, Jansons ha seguido empuñando la batuta y desplegando su enorme calidad.

Mariss JansonsCon la orquesta oslense grabó una integral de las sinfonías de Chaikovsky, publicada por el sello CHANDOS y de donde he seleccionado la Quinta Sinfonía (prometida en una entrada anterior). Jansons logra una traducción magnífica, y obtiene de la orquesta un sonido diferente a los modelos centroeuropeos. Su técnica y empaste es excelente, requerimientos indispensables en este compositor ruso, soberano maestro de la instrumentación que en la presente obra impone especiales exigencias a la sección de metales.

Disfruten el genio de Chaikovsky y el talento de Jansons con los noruegos, AQUÍ.

sábado, 15 de mayo de 2010

LEPO SUMERA [3ª Parte] LA REVOLUCIÓN CANTANTE


por Ernesto NOSTHAS



La Revolución Cantante es el término mediático más difundido para los acontecimientos políticos que tuvieron lugar en las Repúblicas Bálticas desde 1987 a 1991, en los cuales Estonia fue protagonista principal. Como resultado de este proceso cultural y político, las Repúblicas Bálticas se independizaron de la hégira soviética a fines de 1991.

El término fue acuñado por el activista estonio Heinz Valk en una nota periodística que dio la vuelta al mundo en junio de 1988, describiendo la vigilia realizada por más de 300 mil personas en el Festival de la Canción de Tallin entre el 10 y 11 de junio de ese año.

Este fue un ejemplo del poder de la cultura para expresar un mensaje político de libertad y democracia. En esos días, Lepo Sumera era el Ministro de Cultura de Estonia y fue un actor clave para abrir los espacios culturales estatales e incentivar la expresión política de la sociedad civil a través del arte.



Como recordarán, a consecuencia de los Acuerdos que dieron fin a la Segunda Guerra Mundial, los Estados Bálticos fueron ocupados militarmente por la URSS en 1940 y luego anexados formalmente por Stalin en 1944.

Gracias a los espacios que se generaron a partir de las reformas políticas introducidas por Mikhail Gorbachev en 1985, la opresión a la expresiones políticas fueron paulatinamente eliminadas y con ello los estados no-rusos anexados a la URSS empezaron a gestar movimientos independentistas, los cuales fueron incentivados por la política de Gorbachev de hacer del conocimiento público las atrocidades cometidas durante las anexiones realizadas en 1940, junto con las fallidas políticas rusas de la invasión a Afganistán y el escándalo tras el incidente nuclear en Chernóbil.

Los Estados Bálticos fueron escenario de masivas marchas pacíficas que culminaban con el canto al unísono por cientos de miles de personas de canciones patrióticas, himnos nacionales (reprimidos desde la Anexión de 1940) y exhibiciones públicas de los símbolos patrios. En todos estos acontecimientos, sigilosa y diplomáticamente, el Ministro de Cultura Estonio, el compositor Lepo Sumera, facilitaba los espacios a los organizadores para desarrollar estas actividades. En estos años, en todas las actividades culturales se daban masivas manifestaciones pacíficas de cantos y vigilias.

El clímax de este movimiento se dio en septiembre con los masivos actos realizados en el Festival de la Canción de Estonia, la cual reunió a más de la cuarta parte de la población total de la nación en la Arena de Festivales de Tallin y sus alrededores. Más de 300 mil personas se tomaron de la mano y cantaron durante más de cinco horas seguidas canciones populares y el Himno Nacional Estonio.


Esta demostración dio pie para que el 16 de noviembre de 1988, la Asamblea Nacional de Estonia emitiese la Declaración de Soberanía. Luego de ello, Estonia fue en 1990 la primera nación soviética en desafiar abiertamente al poderoso Ejército Rojo, al emitir una convocatoria para un Servicio Militar Alternativo Estonio para los jóvenes en edad de prestar su servicio militar. Pese al ingreso de un convoy de tanques a Tallin a principios de 1991, la sociedad civil protegió con murallas de escudos humanos “cantantes” las sedes de las estaciones de televisión, las Radios y el Congreso. En medio del acoso, el Gobierno Estonio emitió una Declaración de Independencia y repudió la legislación soviética instaurando un Gobierno de Transición y convocando a elecciones libres.

El 22 de agosto de 1991 la pequeña Islandia fue la primera nación en reconocer la independencia estonia, y partir de ello, luego de algunos infructuosos intentos de ocupar la nación y sus instituciones, ante las cuales nuevamente los muros humanos cantantes fueron los defensores, la URSS entregó su reconocimiento, aceptando su derrota.

En conmemoración de esos hechos, la pequeña plaza que está enfrente de la Cancillería de Estonia cambió su nombre a Islandi Väljak 1, o "Plaza Islandia 1". En la placa que fue colocada en el centro de la plaza se lee:
“La República de Islandia fue la Primera Nación del Mundo en reconocer el 22 de agosto de 1991 la Restauración de la Independencia en la República de Estonia.



miércoles, 12 de mayo de 2010

[Prosa] NERUDA


El Bosque Chileno


(fragmento)

“... Bajo los volcanes, junto a los ventisqueros, entre los grandes lagos, el fragante, el silencioso, el enmarañado bosque chileno... Se hunden los pies en el follaje muerto, crepitó una rama quebradiza, los gigantescos raulíes levantan su encrespada estatura, un pájaro de la selva fría cruza, aletea, se detiene entre los sombríos ramajes. Y luego desde su escondite suena como un oboe... Me entra por las narices hasta el alma el aroma salvaje del laurel, el aroma oscuro del boldo...

Un tronco podrido: qué tesoro!... Hongos negros y azules le han dado orejas, rojas plantas parásitas lo han colmado de rubíes, otras plantas perezosas le han prestado sus barbas y brota, veloz, una culebra desde sus entrañas podridas, como una emanación, como que al tronco muerto se le escapara el alma... Más lejos cada árbol se separó de sus semejantes... Se yerguen sobre la alfombra de la selva secreta, y cada uno de los follajes, lineal, encrespado, ramoso, lanceolado, tiene un estilo diferente, como cortado por una tijera de movimientos infinitos...

En un temblor de hojas atravesó el silencio la velocidad de un zorro, pero el silencio es la ley de estos follajes... Apenas el grito lejano de un animal confuso... La interjección penetrante de un pájaro escondido... El universo vegetal susurra apenas hasta que una tempestad ponga en acción toda la música terrestre.

Quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta. De aquellas tierras, de aquel barro, de aquel silencio, he salido yo a andar, a cantar por el mundo.”

Pablo Neruda
Confieso que he vivido

 
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