martes, 31 de enero de 2017

Otro cumpleaños para SCHUBERT

Franz Schubert componiendo «Erlkönig» / cuadro de Harvey Dunn (1918)

Otro genio celebra su aniversario. Así pues, antes de seguir con los próximos artículos, detengámonos para recordar a uno de los grandes prodigios musicales aparecidos en tierras austríacas: Franz Peter Schubert, nacido en Viena el 31 de enero de 1797.

No hay mejor manera de capturar el recuerdo de los genios que a través de sus obras maestras. Una de las más conocidas de Schubert es su adaptación musical para el poema de Goethe «El Rey de los Elfos» (de los Alisos, debido a un detalle con la traducción original). Creada de un tirón en 1814 por un joven Schubert de 18 años luego de emocionarse leyendo el poema, esta obra es considerada la versión definitiva para una balada que conoció varias otras adaptaciones. El compositor, habitualmente tímido, se sintió tan seguro de la calidad de esta pieza que luego de revisarla unas veces, decidió publicarla como su Opus 1. Con «El Rey de los Elfos» Schubert demostraba ser un maestro del lied.

El video que incluyo más abajo representa la historia de esta balada con una preciosa animación imitando las marionetas de sombras chinas. Ese detalle anacrónico aporta pinceladas de «romanticismo macabro» a la fantasmal tragedia que relata Goethe. Hay algunas pequeñas licencias (pues el niño debiera ir en el regazo del padre... pero entonces sería difícil separar la sombra de ambos en la visualización) que no adulteran nada de esta maravilla.

¡Felices 220 años, Franz Peter, y gracias por tanto!

viernes, 27 de enero de 2017

Feliz cumpleaños, don Teófilo

Don Teófilo, en un retrato anónimo durante su época como niño prodigio

¡Claro que me refiero a Mozart! Ocurre que «Amadeus» es la versión latina del nombre griego «Teófilo». Ambos significan lo mismo: Amado de Dios. El nombre de pila original fue: Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart. Amadeus, para los amigos...

Este irrepetible prodigio de la Naturaleza llegó a iluminar nuestro mundo un 27 de enero de 1756, en la hermosa ciudad austríaca de Salzburgo, vasallo del Sacro Imperio Romano Germánico. Nació en una familia musical sin mayores credenciales sociales; y es que a menudo —nunca lo olvidemos— los grandes genios son estrellas que saltan desde el suelo. Las altas alcurnias y la sociedad de entonces tuvieron, eso sí, el mérito de saber reconocerlo.

Se ha escrito mucho acerca de este artista total. De hecho, parece ser uno de los artistas más «deconstruidos» por los análisis. Yo me limito a tomar una frase que también es citada por la Wikipedia: “En palabras de críticos de música como Nicholas Till, Mozart siempre aprendía vorazmente de otros músicos y desarrolló un esplendor y una madurez de estilo que abarcó desde la luz y la elegancia, a la oscuridad y la pasión —todo bien fundado por una visión de la humanidad «redimida por el arte, perdonada y reconciliada con la naturaleza y lo absoluto»—.”

miércoles, 25 de enero de 2017

FURTWÄNGLER :: In Memoriam

Sin premeditación ni alevosía, luego de la entrada anterior dedicada a Toscanini ha llegado el onomástico de su «contraparte estética», el grandioso Wilhelm Furtwängler, nacido un 25 de enero de 1886 en Berlín, es decir, hace 131 años. Recupero otro momento de la entrevista concedida por el director alemán al crítico y compositor Walter Abendroth el año 1937. Muy al estilo de entonces, el encuentro de ambos hombres tomó la forma de conversaciones que giraban en torno a temas, dentro de los cuales las preguntas de Abendroth daban pábulo a las reflexiones apasionantes y personalísimas de Furtwängler:

Wilhelm Furtwängler
Abendroth: ¿No ha cambiado nuestra actitud frente al individuo y sus exigencias en comparación con la de antes?

Furtwängler: Desde luego que ha cambiado, y yo sería el último en negar la existencia de cambios de actitud, imperceptibles pero indudables, de épocas enteras, esos cambios de perspectiva, desapercibidos y, sin embargo, por lo general declarados y trascendentales, que llamamos «desarrollo histórico». Queramos o no, todos estamos en medio de este «desarrollo», día tras día. (…)

No se puede negar que hoy somos incapaces de sentir aquel ingenuo placer en la expresión de una personalidad sin límites que caracterizaba la época del Renacimiento primitivo, de la música «clásica», del Romanticismo primitivo, etcétera. Eran tiempos en los que la humanidad redescubrió en cierto modo, tras largos períodos de inercia, la fascinación de lo «individual». Hoy nos hemos vuelto alérgicos a lo puramente individual, a toda clase de torres de marfil, a todas las limitaciones arbitrarias y prematuras en favor de lo personal. Nos hemos vuelto más conscientes de nuestras limitaciones y de nuestra dependencia de la sociedad, de la nación y de la época. Pero precisamente porque hemos aprendido la lección, tenemos la posibilidad, incluso la necesidad, de ver también la otra cara. Porque no somos meras criaturas efímeras, indefensas ante el paso del tiempo, también somos seres eternos, indestructibles, hechos a imagen de Dios. No sólo productos de una generación, miembros de una clase y de un grupo determinados, sino también almas individuales, singulares, únicas, incomparables y responsables sólo ante nosotros mismos. Trasladado a la esfera del arte, esto significa que toda obra tiene dos aspectos, uno referido al «tiempo actual» y otro, a la eternidad. Del mismo modo que podemos decir que el hombre es nuevo, diferente, en cada momento, que es misión del artista dejar constancia de esta mutabilidad, dependencia y limitaciones, así también podemos decir que el alma humana ha sido la misma desde tiempos inmemoriales, que el artista debe representar su esencia eterna, su unicidad e indestructibilidad.

Y aquí vemos, desde otro lado, el contraste entre el historiador del arte y del artista. El objeto del historiador es la evolución del arte a lo largo de los tiempos, mientras que el del artista es el caso aislado que se agota en él mismo. Para el historiador los fenómenos individuales son importantes sólo en cuanto comparables; para el artista, sólo en cuanto incomparables. El historiador se sitúa por encima de las cosas, nos abstrae de nosotros mismos y nos conduce a la observación y el conocimiento. Su propósito último es dominar la multiplicidad de fenómenos. El artista, en cambio, nos coloca—a cada uno de nosotros—frente a la obra, nos obliga a encararnos a ella, del mismo modo que él se encara con nosotros; no quiere dominio, sino rendición. Si el historiador es el hombre de la inteligencia analítica, el artista lo es del amor.

Dos amorcillos, detalle de «Diana y Endimión» / Annibale Carracci, 1597
Furtwängler en el blog

lunes, 16 de enero de 2017

TOSCANINI :: 60 años después

ToscaniniArturo Toscanini
Un día como hoy en Nueva York, 60 años atrás, dejó este mundo uno de los grandes músicos que lo habitaron: Arturo Toscanini. Toda una leyenda de la música clásica, merece como pocos el fácil calificativo de “inigualable”. Seamos sinceros; hay escasísimas probabilidades de que se repita una figura semejante. Faltan los tiempos que hicieron posible su autoritario estilo de dirección orquestal, falta esa aureola de veneración que su época concendía a los grandes artistas, falta la frecuencia con que atributos tan excepcionales honran a un mismo músico: memoria fotográfica (o eidética), capacidad innata de persuasión (concedamos que bajo una fuerte dosis de temperamento), concepción musical vigorosa, transparente y energética... en fin, sobre el Maestro se ha escrito mucho. Enfrentado al gran Furtwängler, de quien era la antípoda (si Toscanini representaba la objetividad y precisión, el alemán encarnaba la inspiración y recreación constante), el tiempo ha sabido ubicar a ambos en la común tradición de la música occidental, que vibra y crece entre fuerzas complementarias.

Su figura sigue siendo una referencia ineludible para sus compatriotas, y su presencia es constante en la discografía viva. ¡Feliz aniversario, Maestro!

jueves, 12 de enero de 2017

Reparando enlaces :: Enero 2017

RazumovRetocando los detalles...

Primera actualización del año en el segmento “enlaces caducos”. Así evitamos que el Blog pierda parte de su atractivo. En esta ocasión rescato un puñado de registros con el arte de dos inmensos directores de la escuela alemana, y un homenaje realizado en su momento por el amigo Ernestón al maestro polaco Henryk Górecki.

¡A revisar!

» GÓRECKI: In Memoriam
Varios Intérpretes

» HANS KNAPPERTSBUSCH: In Memoriam (Antología)
Varias orquestas / Hans Knappertsbusch

» BEETHOVEN: Sinfonía nº 5 en Do menor
Filarmónica de Berlín / Wilhelm Furtwängler (grabada en 1942)

» FURTWÄNGLER: Grabaciones tempranas (1926-1935)
Filarmónica de Berlín / Wilhelm Furtwängler

viernes, 6 de enero de 2017

In Memoriam :: GEORGES PRÊTRE (1924-2017)

PrêtreAu revoir, maestro

Hace algunos días nada más hablamos de él con unos amigos melómanos, debido al reciente Concierto de Año Nuevo en Viena bajo la dirección (decepcionante) de Gustavo Dudamel. En contraste, recordamos las veces en que el director invitado por la Filarmónica sorprendió al conjurar la magia vienesa. Por supuesto que nombramos a Carlos Kleiber, también a Karajan, pero sobre todo recordamos las dos veces que un veteranísimo director francés, enérgico y sonriente como el venezolano pero con una solvencia superior, levantó la batuta en la Goldener Saal los años 2008 y 2010. Quienes entonces no sabíamos quién era Georges Prêtre nos arrepentimos de esa ignorancia; ayer, 4 de Enero, lloramos su partida. Tenía 92 años.

Según informaron los medios oficiales, el anciano maestro se durmió apaciblemente en su propiedad, el château de Vaudricourt, ubicado en Navès, suroeste de Francia (Occitania). Con él se despide también una tradición dorada de la dirección orquestal en Francia, que Prêtre recibió en su día del gran Andrè Cluytens. Apasionado, profundo y a la vez modesto, el director francés logró una calidad extraordinaria ya en su juventud, llegando a ser considerado el mejor de su país y uno de los más importantes del mundo. Así opinaba Maria Callas —¡nada menos!– quien lo consideraba su director favorito.

Así pues, ¡buen viaje, maestro Prêtre! Su memoria aún permanecerá largamente con nosotros.

jueves, 5 de enero de 2017

BRUCKNER :: Sinfonía # 1 (versión LINZ 1865-66) :: Neumann, Gewandhaus

Caspar David Friedrich

La Sinfonía nº 1 de Bruckner prueba un camino distinto a las restantes, que el compositor no volvió a recorrer

Bruckner fue un creador eminentemente sinfónico, eso ya se sabe. Escribió nueve sinfonías con las que redefinió la extensión, complejidad estructural, riqueza temática y profundidad de ideas de dicha forma musical; y eso también se sabe. Hay quienes agregan que aquellas nueve creaturas monumentales gestadas por Bruckner no son sino nueve reiteraciones de un mismo esquema; y hay quien lo cree. Pero lo que esta última idea puede tener de graciosa, le falta de verdadera.

Cierto es que Bruckner cinceló un estilo y un concepto musical que, en sus líneas fundamentales, no gustaba de alterar. Pero, más allá de esta similitud en los cimientos, los edificios musicales difieren en ideas, desarrollos y contenidos. El mundo natural ante el cual se embelesa la Cuarta, la lucha interior que avanza desde los tropiezos y tristezas hasta la victoria en la Quinta, la fantasía y las libertades que animan a la Sexta, los logros rotundos de la Séptima, etc., nos ofrecen un indudable despliegue de variedad dentro de la unidad. No obstante lo anterior, en una de sus sinfonías la diferencia con las demás es aún más acentuada. Desde el comienzo de esta obra en particular, bajo un ritmo de marcha que pronto nos recuerda a su pupilo Mahler, el organista de San Florián ensaya una estética más deudora de Schumann, Mendelssohn, Schubert y otros románticos tempranos, en lugar de su venerado Wagner.

Me refiero a la primera sinfonía “oficial” de su corpus, la número 1 en Do menor.

Bruckner... pero no tanto

Fue escrita entre 1865-66 y estrenada por el compositor en la ciudad de Linz el año 1868. Con el tiempo, la sinfonía sufrirá revisiones extensivas. Así, en la actualidad contamos con tres partituras alternativas: la original de 1865-66, llamada también «versión de Linz sin revisar»; la retocada en 1877 sin cambios mayores y denominada «versión de Linz», a secas; y la revisada entre 1889-91, designada como «versión de Viena». Aunque esta última estampa la, digamos, voluntad final de Bruckner respecto de la sinfonía, también la despoja de sus cualidades originales al tratar de insuflarle el estilo de su madurez. Aunque ciertamente es una bella versión, y nos da un vistazo a la mente de un genio reconstruyendo su propia música, la mezcla de épocas tempranas y tardías dentro de un mismo estilo no acaba de cuajar.

De las tres, la versión de Linz es la más famosa e interpretada.

Los rasgos fundamentales del estilo bruckneriano se hallan presentes en la obra, todavía en estadio germinal, cierto, pero ya nítidos: su desarrollo bien calculado, su audacia en la modulación de armonías, sus pausas, sus abruptos cambios, los crescendos, el típico Scherzo y, sobre todo, la disposición de la sinfonía apuntando hacia el movimiento final como corolario. Con todo, estos rasgos aparecen iluminados bajo una luz distinta. Bruckner asimilaba entonces su aprendizaje teórico/práctico junto a Otto Kitzler. Respetuoso al extremo ante cualquier autoridad, el veterano aprendiz sigue las pautas definidas por su maestro pero también desarrolla un lenguaje personal. Esta obra convenció a Bruckner de haber encontrado su nicho creativo. Los años fecundos de Viena estaban por llegar.

* * *

silueta de Bruckner
Desde que tuve mi personal “epifanía” con la música de Bruckner, años atrás, cada obra del maestro significa para mí un diálogo, a veces casi un debate, pero a la postre una nueva ocasión para ensanchar el corazón y el amor por la belleza. Su música se me antoja siempre como un intento de “codificar” en términos musicales una profunda experiencia interior —una especie de visión trascendente— que pugna por comunicarse a través del lenguaje de los sonidos, triunfando sobre las cautelas de un carácter inseguro y obsesivo.

En el caso de la Sinfonía n° 1, la belleza de la obra no se pone en discusión. Ella nos permite imaginar por un momento a otro Bruckner, más distanciado de la influencia wagneriana. No ha llegado a ser todavía el «constructor de catedrales sonoras» —como quiere el famoso apodo— pero la sinfonía anuncia a un maestro en ciernes. Dato curioso: la frescura y desenfado de esta obra preocupaban al minucioso y obsesivo compositor adulto, que apodó a la sinfonía das kecke Beserl, algo así como “la muchacha impúdica”.

Los invito pues a oír esta obra donde Bruckner tantea un camino que no volverá a seguir. Elijo la interpretación (gloriosa para mis oídos) de Vaclav Neumann dirigiendo a la Orquesta Gewandhaus de Leipzig, recurriendo a la versión inicial de 1865-66.

¡Disfruten!

» D E S C A R G A

MP3 | 4 pistas | ABR 248 kbps [1-3]/CBR 320 kbps [4] 48 kHz |.7z 96,7 mb | Yandex


lunes, 2 de enero de 2017

FELIZ AÑO NUEVO


Queridos amigos: que este nuevo Año nos permita seguir juntos en torno a la Música y así abrir el espíritu a los mejores valores de nuestra humanidad, sin apegos ni apatías, sino con generosidad y bondad.

¡Un abrazo a todos y cada uno!


Richard Strauss podioRichard Strauss, del maestro con cariño.

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