miércoles, 10 de febrero de 2016

“Para Elisa” al estilo de 1920

Colgándome de la publicación de «Gramophone», les comparto esta genial versión de “Para Elisa”, la bagatela para piano escrita por Beethoven. El intérprete es el pianista ucraniano Svjatoslav Presnyakov —quien recurre aquí a su apodo, Slava—, joven y brillante virtuoso que sabe recrear una obra sin quitarle calidad alguna.

Como dice el portal de Gramophone, “durante siglos la habilidad de improvisar o desarrollar un tema ha sido pieza clave entre las herramientas creativas del compositor. De hecho, reformular obras muy conocidas en un estilo musical completamente distinto es una práctica con larga historia”. Así, Slava reinventa Für Elise con el estilo de la década de 1920, evocando la atmósfera de películas de gángster. Les aseguro que les encantará:

martes, 9 de febrero de 2016

Aniversario de SCHUBERT

Unas cuantas semanas ajetreadas pero entretenidas explican este silencio de principios de año. Para colmo, en cosa de un mes y medio se ha acumulado bastante material en el ítem “onomásticos”: Furtwängler, Schubert, Jussi Björling, Claudio Arrau, Violeta Parra, John Williams... todos han cumplido aniversarios en estos días, sin contar las sensibles pérdidas de los directores Kurt Masur, en diciembre pasado, y Pierre Boulez, el 5 de enero de este año. Algo habrá que decir y para no aburrirlos más, amigos, los invito a emprender de nuevo el viaje. Iniciemos con ese creador fantástico que fue Franz Schubert:

El 31 de Enero se cumplieron 219 años desde el nacimiento de Franz Peter Schubert, uno de los grandes músicos que nos enriquecieron con su genio. Como parece la norma en estos casos, murió muy joven (31 años) víctima de tifus, aunque su organismo ya era presa de sífilis en fase terciaria (la fase final, cuando se manifiestan las secuelas más crueles e invalidantes de la enfermedad).

Ex niño cantor de Viena, fue un prodigio desde su infancia, asimilando a velocidad increíble toda lección musical que tuviera al alcance. Poseía oído absoluto y oído interno (podía reconocer las “notas” presentes en cualquier sonido, y también reconstruir imaginariamente cualquier partitura que tuviera ante su vista) y sobre todo una capacidad melódica de riqueza incomparable. Toda su obra vibra en melodías, apoyada además en una armonía llena de giros inesperados entre los modos mayor y menor, que volvían sus ideas musicales algo inolvidable. No por nada dijo Beethoven, leyendo unas obras de Schubert que llevaron hasta su lecho de enfermo, que en el joven colega “hay una chispa divina”.

anteojos schubert

Schubert fue un artista sin suerte. Seguramente uno de los músicos mejor dotados por la Naturaleza en la Viena de aquel tiempo (y de todos los tiempos), eso no le bastó para conquistar los medios artísticos “masivos”, diríamos hoy; pero supo crear un grupo de amigos incondicionales que fueron los verdaderos campeones de su obra. Gracias a ellos, los últimos años del gran compositor conocieron por fin una tímida aurora de fama, pero unas décadas tras su partida se produjo la eclosión definitiva.

Quiero pensar que esos amigos siguen aumentando con el paso de las generaciones, pues me considero uno de ellos. Seguro que muchos de ustedes también. Así pues, brindemos por el autor del “Ave María”, la “Sinfonía Inconclusa”, canciones como “La Muerte y la Doncella”, “Margarita en la rueca”, “La Trucha”, “A la Música”, “El Rey de los Elfos” o la celebérrima “Serenata”, la música escénica para “Rosamunda”, los “Momentos Musicales” y los “Impromptu” para piano, etc. etc.

hanover bandCelebremos a Schubert con versiones históricamente informadas de su Sinfonía número 8, llamada Inconclusa, y la música incidental para Rosamunda. Se trata de una grabación realizada a principios de la última década del siglo pasado, con Roy Goodman al frente de The Hanover Band, formación pionera en recuperar el sinfonismo clásico-romántico desde la óptica de la música con prácticas originales.

Nuestro gran compositor se cuenta entre los genios más interpretados en las salas de concierto desde su definitivo salto a la fama, a mediados del siglo XIX, pero eso supuso también que la evolución del gusto musical, de las fuerzas orquestales y de los hábitos interpretativos en Occidente fuera alejando la ejecución de su música del contexto original en que se había fraguado. Un proceso natural y normal, pues la música está viva, pero que en algún punto puede despertar dudas sobre aquello tan inefable como es “la intención del compositor”. En busca de esta “verdad”, The Hanover Band logró resultados tan luminosos como el que hoy les comparto. ¡Disfruten!

» Para descargar, basta pinchar la carátula

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