sábado, 26 de diciembre de 2015

MARIÄ WIEGENLIED (“Canción de cuna de María”) de Max REGER

Max Reger es uno de esos músicos que no terminan de imponerse al paso del tiempo. Fue un artista metódico y trabajador, concentrado en perseguir fama asociando el contrapunto y técnica de Brahms con la audacia cromática de Liszt o Wagner. Pero su música fue criticada ya en su tiempo como farragosa, conservadora, desprovista de lirismo y obsesionada con exhibir apabullante dominio técnico. La fama, aunque injusta, le quedó.

Con todo, los artistas se guardan sus sorpresas. Reger, en respuesta a las críticas mencionadas, compuso una serie de 60 canciones entre 1903 y 1912 bajo el título genérico de Schlichte Weisen (Melodías Sencillas), evitando cualquier exceso de elaboración o ampulosidad. Como resultado, esta colección vocal respira un clima íntimo, dulce, perfecto desmentido a cualquier acusación de escribir música fea y aburrida.

Aun así, de estas Melodías Sencillas muy pocas han perdurado, salvo una: Mariä Wiegenlied, esto es, “Canción de Cuna de María”. Es común oírla en época de Navidad, y por ello les comparto hoy este “villancico inesperado”, con un guiño a la melodía gregoriana del “Resonet in Laudibus” ó “Josef, lieber Josef mein”, que Brahms había utilizado también alguna vez. La ternura inocente teñida por una suave melancolía hace de esta brevísima página un prodigio de belleza, difícil de olvidar. Escúchenlo en el reproductor, más abajo.

¡Feliz Navidad!

sábado, 19 de diciembre de 2015

Ese sordo incomparable...

beethoven pieza estudio

Sala de composición de Beethoven / J. N. Hoechle, hacia 1827

Este mes celebramos los 245 años desde el nacimiento de Ludwig van Beethoven. Sobran presentaciones. Qué no se ha dicho ya de este músico alemán con ancestros flamencos (de los cuales heredó el “van” de su apellido), autor de una obra que ha sido capaz de remecer y conmover los corazones humanos con elocuencia renovadora. Creador eminentemente sinfónico, escribió 9 sinfonías canónicas para la música occidental, que sirvieron como punto de comparación ineludible para generaciones de otros músicos. Dotó a la orquesta de un alcance expresivo inaudito para su época, y revolucionó la forma sinfónica por dos veces, con su Tercera y luego su Novena. En esta última sinfonía, además, introdujo la voz humana para realzar el impacto de su mensaje y así sentó las bases de los futuros avances compositivos de todo el siglo XIX. Beethoven tuvo muchos herederos artísticos (no solamente Brahms o Wagner) pero la concisión y expresividad de su lenguaje musical sigue sin ser igualado.

Podríamos establecer una tosca separación entre dos tipos de creadores: los innovadores y los conservadores (despojando a este último término de cualquier sesgo peyorativo); es decir, aquellos que sienten el impulso de buscar nuevas formas de expresión y aquellos que son capaces de manejar tan hábilmente las formas heredadas que no requieren más. Pues bien, Beethoven fue visto por la mayor parte de los artistas del siglo XIX como un exponente total del innovador. Lo sorprendente, sin embargo, es que la perspectiva del tiempo nos ha mostrado que Ludwig también integró el segundo conjunto; su audacia creadora siempre fue capaz de asociarse a la construcción formal canónica, innovando dentro de ella, a veces pareciendo capaz de demolerla, pero siempre manteniendo el control de la simbiosis.

Al margen de su obra sinfónica, el piano fue “reinventado” en su técnica por el compositor de Bonn, alejándose del estilo más galante de Mozart y Haydn para aprovechar los avances de Muzio Clementi y definir un modo propiamente pianístico de abordar el instrumento, explorando su novedad y sirviéndose de él para expresar con ilimitada audacia todos los sentimientos e ideas que acudieran a su mente, sin evadir lo feroz, lo áspero o lo difícil.

La fase final de su vida la dedicó a escribir cuartetos de cuerda —tan radicales como sublimes— y por eso he querido acompañar estas líneas con música de uno de ellos, el Op. 132 en La menor, concretamente el maravilloso Adagio que Beethoven llamó Canzona di Ringraziamento offerta a la Divinità da un guarito, esto es, “canción de gratitud a Dios por un enfermo que recuperó la salud”. Aquí, sin embargo, recurrí a la transcripción orquestal de esta íntima página camerística. Disfruten la audición, queridos amigos.

Beethoven, miniatura de Horneman - 1802
  • Goethe»Usted tendrá un desempeño mayor del que hasta ahora ha tenido nadie, pues posee pensamientos que nadie ha poseído todavía. Jamás sacrificará usted un bello pensamiento a una regla tiránica, y hará bien en ello. Pero debe sacrificar sus caprichos a las reglas, pues tengo la impresión de que usted tiene varias cabezas y varios corazones. En sus obras se encontrará siempre algo fuera de lo corriente, cosas bellas, pero también algo singular y oscuro, porque usted mismo es un poco tenebroso y singular.«
    HAYDN al joven Beethoven


  • »La Música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía.« / »La Arquitectura es una música de piedras; y la Música, una arquitectura de sonidos«.
    BEETHOVEN


  • »Este sordo escuchaba al infinito.«
    VÍCTOR HUGO


  • Goethe»Nunca he conocido a un artista que exhibiese tanta concentración espiritual y tanta intensidad, tanta vitalidad y tal grandeza de corazón. Comprendo perfectamente que debe parecerle muy difícil adaptarse al mundo y a sus formas.«
    Goethe


  • Goethe»Beethoven fue el más potente pensador de la música. A menudo se le considera un puente entre los períodos clásico y romántico, pero esto no es más que un rótulo, y no muy exacto. Sucede que Beethoven, sencillamente, no hablaba el idioma de los románticos. Comenzó como compositor de la tradición clásica, y concluyó como un compositor que estaba más allá del tiempo y del espacio, utilizando un lenguaje que él mismo había formado: un lenguaje comprimido, críptico y explosivo expresado en formas muy personales.«
    Harold Charles Schonberg

lunes, 14 de diciembre de 2015

“El País de la Música”, Corto Animado de Disney (1935)

Music LandFotograma del cortometraje / Las notas apuntadas en la partitura corresponden a una exitosa canción de la década del 20 en los Estados Unidos, “The Prisoner Song”
A fines de los años 20 hasta fines de los años 30 del siglo pasado, el infatigable Walt Disney y sus estupendos colaboradores crearon las «Sinfonías Tontas» (Silly Symphonies), cortometrajes animados que se ofrecían en las funciones del cine como intermedios o en grupos. Al principio fueron vistos como creaciones de segunda, al menos por las productoras, ya que la estrella del estudio de animación era Mickey Mouse y él no aparecía en estos cortos. Pero las “Silly Symphonies” pronto recibieron atención: Disney había seguido con interés los avances experimentales del Technicolor y realizó un acuerdo que en 1935 dio derechos exclusivos al estudio para usar el nuevo proceso. Fue un éxito. Como relata la Wikipedia, “dentro de la industria de la animación, las series de Silly Symphonies son conocidas por ser un medio de experimentación de procesos, personajes, técnicas e historias. Los experimentos de Disney fueron reconocidos por la industria del cine, ganando siete Oscar al mejor cortometraje animado, y recibiendo el galardón durante seis años seguidos.”

Hoy les dejo un corto centrado en la música, llamado justamente “Music Land” y planteando una situación cultural muy viva por entonces: la oposición entre la música clásica y la música popular, el jazz. La acción avanza a través de múltiples segmentos famosos de ambos estilos y otros muchos guiños que convirtieron al cortometraje en, como se ha dicho en algún lugar, “uno de los más inspirados y memorables ejemplos del uso de música clásica en la animación” [cita] (entre otros, la obertura del corto reseña el tema principal de la Sinfonía Eroica y luego el Minueto en Sol Mayor, ambas obras de Beethoven; la artillería del reino clásico ejecuta la Cabalgata de las Valquirias, de Wagner; el Rey Saxofón es una caricatura de Paul Whiteman, llamado “el Rey del Jazz”, aunque la expresividad de sus cejas recuerda también a Fats Waller; los personajes principales —violines y saxofones antropomorfos— no dicen una palabra, sino que se comunican mediante el sonido típico de estos instrumentos).


martes, 8 de diciembre de 2015

150 años, Sr. Sibelius, no es poca cosa

Hace un siglo y medio nacía en Finlandia uno de los grandes sinfonistas de Europa, Jean (Johan Julius) Sibelius. Extraordinariamente dotado para la escritura orquestal, ensayó también un nuevo lenguaje para el desarrollo de la forma sinfónica, un estilo comparado a menudo con los mosaicos pues se compone de ideas fragmentarias que se suman paulatinamente hasta cristalizar en una radiante visión global. Heredero del posrromanticismo centroeuropeo e influido por los maestros rusos, este gran compositor nórdico supo cincelar, en sus mejores obras, un perfil propio, sin dependencia de otras escuelas y al margen de las vanguardias, y lo que es más, sin el apoyo de ninguna tradición musical en su país que lo respaldara. Tras una larga vida, Sibelius murió convertido en un héroe nacional finés, posición que nunca ha perdido.

Para recordarlo elijo hoy los últimos dos movimientos de su Segunda Sinfonía, la más popular de las siete que le debemos. Por cierto, ambos movimientos están ensamblados uno con el otro, sin ruptura de continuidad. El Scherzo agitado, marcado como Vivacissimo, con un intermedio poético, y luego la desembocadura en los acordes triunfales del Finale. Escucharán la maravillosa versión de Leonard Bernstein y la Filarmónica de Viena. El video corresponde a los años finales de Lenny, cuando su estilo había logrado enorme madurez y sus tempos se hacían más largos para amplificar la expresión, pero seguía siendo una alegría verlo arriba del podio. El emocionante final de la Sinfonía es llevado por Bernstein a un grado de elocuencia impresionante.

¡Disfruten!

franja

sábado, 5 de diciembre de 2015

In Memoriam MOZART

Mozart EdlingerWolfgang Amadeus Mozart (hacia 1790) / Johann Georg Edlinger

Un día como hoy, 5 de Diciembre, murió Mozart, emblema del talento musical humano. Tenía 35 años.

Probablemente no sepamos de ningún otro hombre que haya nacido con tantas dotes al mismo tiempo (tal vez con Schubert o Mendelssohn como raras excepciones): poseía oído absoluto (podía reconocer cualquier sonido asignando la nota correspondiente) y oído interno (representaba en su imaginación cualquier combinación sonora, por ejemplo al abrir una partitura sabía cómo sonaba la orquesta); podía memorizar una obra con oírla sólo una vez y luego transcribirla (como hizo a los 14 años con el «Miserere» a doble coro de Gregorio Allegri, en la Capilla Sixtina, audacia que le valió una condecoración pontificia); componía primero en su cabeza y más tarde apuntaba las notas directamente al papel (famosa frase escrita a su padre en una carta: «la ópera está compuesta, pero todavía no está escrita»...).

Sus composiciones equilibran el fondo y la forma con una naturalidad y apariencia de facilidad como no se ha vuelto a lograr. Sus juegos cromáticos (giros inusuales en el curso de una melodía) pueden causar sorpresa (gastar esas bromas fue una afición permanente) pero siempre, siempre se resuelven a la perfección. Uno sonríe asombrado leyendo las partituras al descubrir todo el ingenio disimulado en ellas. Su música alegre es al mismo tiempo profunda, vital y emocionada; pero además la risa se interna en la penumbra, la nostalgia o en la contemplación con libertad absoluta, recogiendo en sus páginas el abanico del alma humana.

Y la «lista prodigiosa» que acompaña su figura es larga... Ojalá alguna vez en la historia humana se pueda repertir «el milagro que Dios hizo nacer en Salzburgo», como decía su padre, Leopold, sin falsa modestia.

Para finalizar, queridos lectores, incluyo una larga cita de Kurt Pahlen («Historia de la Música», 1964). El día lo justifica:

«Un día cualquiera los dioses tienen un antojo: concentran todo lo genial, lo sublime, lo milagroso en un niño; lo elevan muy por encima de sus compañeros; lo conducen por caminos misteriosos de perfección; con él expanden indecible dicha sobre generaciones y siglos. El juego es grandioso y cruel a la vez: concede pocos —¡ay, cuán pocos!— años de vida al elegido, entrechoca su alma con toda la miseria de la vida, lo consume en su propia llama creadora.

«Treinta y cinco años vivió Mozart en nuestra tierra; treinta cinco años que le bastaron para recorrer todos los grados de la nada a la gloria y de la gloria a la humillación, engendrando cerca de ochocientas obras para una humanidad que apenas lo entendió, y que fueron las más perfectas en todas las formas: óperas, sinfonías, música de cámara y música sacra, piezas instrumentales y oratorias. No existió otro maestro de su universalidad. El gran Beethoven flaqueó en la música vocal, Schubert en la ópera, Wagner no cultivó la música sinfónica...

«Es superfluo suponer adónde hubiese llegado de vivir setenta y siete años como Haydn, su modelo y amigo. Lo que cuenta en la vida no son los años vividos sino los años fecundos, y Mozart tuvo treinta de éstos, sin que un solo día lo abandonara el numen creador. Antes de los seis años de edad empezó a manar la fuente de su arte, que se agotó recién con la muerte. Otras vidas, las que tienen el tiempo necesario para una evolución orgánica, alternan épocas de inspiración, tensión y creación con otras de calma, descanso y ensayo; en las vidas estelares como las de un Mozart, un Schubert, un Bizet, algún órgano misterioso parece presentir la muerte prematura y no da tregua al cuerpo y al espíritu hasta producir todo lo que el destino quiere, por mediación suya, legar a la humanidad.»

«Amén» inconcluso del «Réquiem», que debía cerrar la Secuencia del «Dies Iræ» / este esbozo, descubierto recién en 1962, fue utilizado más tarde por Duncan Druce en su reconstrucción de la última obra de Mozart.

También la célebre «Lacrimosa» fue dejada sin terminar por Mozart y debió ser completada por su discípulo, Süßmayr. Esta participación ha sido revisada posteriormente en nuevas ediciones de la obra. En este video pueden escuchar la citada pieza en su estado fragmentario original y luego 6 reconstrucciones: las de Süßmayr, Maunder, Druce, Landon, Levin y Beyer.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Reparando enlaces


Actualizaciones de entradas en los meses octubre/noviembre. Si ha caducado el enlace a alguna entrada antigua que les interese, avísenme en los comentarios o a mi correo. ¡Saludos!

» BRUCKNER: SINFONÍA nº 4 “ROMÁNTICA”
Orquesta de Cleveland / Christoph von Dohnányi

» EL PIANISTA / Soundtrack de la película
Janusz Olejniczak / Wladyslaw Szpilman

» EL WAGNER DE SOLTI
Wiener Philharmoniker / Sir Georg Solti

» MUSSORGSKY: MISA de SAN NICOLÁS / MONIUSZKO: LETANÍA a la VIRGEN DE OSTRA BRAMA
Coro Franco-Alemán de París / Coro Interuniversitario de Varsovia / Sinfónica de Brocéliande / Janus Wojciechowski

» WAGNER: Coros de Óperas
Wiener Philharmoniker / Chor der Wiener Staatsoper / Herbert von Karajan / 1948

» BRAHMS: Concierto para piano n° 2
Sinfónica de la NDR / Hans Schmidt-Isserstedt / Claudio Arrau / 1963

» CANTEN NADAL: Navidad Barroca en Occitania
Les Passions / Les Sacqueboutiers / La Mounède

» MUSSORGSKY y BORODIN
Orquesta y Coro de la Real Filarmónica de Liverpool / Sir Charles Mackerras

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