viernes, 29 de julio de 2011

FONTANARROSA



Diez días atrás, el 19 de julio, se cumplieron 4 años desde la muerte del “negro” Roberto Fontanarrosa. Entrañable, genial, hincha acérrimo del club de fútbol Rosario Central, este inolvidable dibujante, guionista y escritor argentino fue un hombre de mirada aguda y privilegiada capacidad comunicativa. En el plano de la historieta, sus personajes más famosos fueron Boogie, el aceitoso, asesino a sueldo sin dilemas éticos, imbuido de un desprecio universal, mediante el cual Fontanarrosa critica la mentalidad mercenaria y brutal; e Inodoro Pereyra, el renegáu, gaucho solitario de la pampa, junto a su perro Mendieta y los loros que siempre lo fastidian.

En homenaje al “negro”, les comparto su graciosísima participación en el Tercer Congreso Internacional de la Lengua Española (Rosario, Argentina, 2004), con un agradecimiento al apreciado Fernando Toledo, quien llamó mi atención hacia esta disertación inolvidable sobre las malas palabras:



miércoles, 27 de julio de 2011

GRANADOS



Quienes hayan usado hoy el buscador de Google en su página española, se habrán encontrado con un doodle celebrando los 144 años del natalicio de Pantaleón Enrique Joaquín Granados y Campiña... al que la Historia reconoce más sencillamente como Enrique Granados. Nacido en Lérida, trasladado a Santa Cruz de Tenerife y finalmente a Barcelona, el muchacho pronto daría a conocer su voz mediante el piano.


Por esos caprichos del arte, su figura es siempre recordada como contrapunto al otro gran compositor español de su época, el maestro Isaac Albéniz, y además evocando a otra “dupla” de genios asociados al piano, como fueron Liszt y Chopin. Aun así, la comparación tiene alguna utilidad didáctica. Pues, en tanto Liszt cultivó un pianismo enérgico, afirmativo y, digamos, aventurero, Chopin desgranó una música más dada a lo íntimo, lo poético y lo sugerente. Así también, frente al carácter opulento, virtuosístico y emprendedor de Albéniz, el arte de Granados persigue una mayor finura de elaboración, una más notoria poesía expresiva. No obstante, y como ya sabemos, estas comparaciones no deben tomarse al pie de la letra.

La época del maestro Granados era la de una España en pugna contra una dolorosa sensación de decadencia. Una España que indagaba su pasado en pos de “tónicos de la voluntad”, usando la expresión de Don Santiago Ramón y Cajal, otra lumbrera de esos tiempos. Granados encontró en el gran Goya esa piedra lumbre que encendió su inspiración.

El pelele

«El Pelele» / óleo sobre lienzo de Goya, 1791-1792.
Abajo, la versión pianística de Granados

Inspirándose en cartones para tapices del pintor sordo, Granados compuso en 1911 una suite para piano titulada Goyescas, a partir de la cual escribió luego, en 1915, una ópera homónima con libreto de Fernando Periquet. Los sucesos de la Primera Guerra Mundial impidieron su llegada a la Ópera Garnier, de París, por lo cual el estreno de la obra se trasladó al Metropolitan Opera de New York, EE.UU., el 28 de enero de 1916, cosechando un resonante triunfo. Por desgracia, sería el último que disfrutaría el genial compositor; en el viaje de regreso a Europa, su transporte, el vapor Sussex, fue torpedeado por un submarino alemán, partiéndose en dos. La proa se hundió en seguida arrastrando a ochenta personas, entre ellas el maestro español y su esposa, a quien trató de rescatar inútilmente. ¡Imbecilidad de la guerra!

vapor Sussex

Vaya hoy nuestro homenaje a este gran artista y mejor persona, cuya memoria sigue viva y saludable entre nosotros.

martes, 26 de julio de 2011

Desde el Nuevo Mundo ( 3/3 ) VIDA de DELIUS

Delius
Frederick Delius fotografiado en 1907, con 45 años de edad.

En esta entrega, Ernesto Nosthas nos remite a la vida y trayectoria de Frederick Delius, el compositor inglés de ancestro alemán que vivió entre el Viejo y el Nuevo Mundo. A continuación, su historia.

por Ernesto Nosthas Nosthas


Nuestro autor nació en la pequeña ciudad de Bradford, en la campiña norte inglesa en enero de 1862, bautizado como Fritz Albert Theodor Delius. Sus padres Julius y Elise Pauline Delius se habían trasladado desde Bielefeld, Alemania, a Inglaterra para trabajar en el negocio de la lana. Frederick (Fritz para su familia) Delius fue el cuarto de catorce hijos. La familia en la que se creció era musicalmente culta, y el niño Fritz aprendió a tocar el violín y el piano. Luego de estudiar en la escuela local pasó dos años estudiando en el Colegio Internacional, cerca de Londres, y luego trabajo algunos años de aprendiz en el negocio de su padre. Trabajar en el negocio familiar de la lana poco a poco frustró al joven Frederick, quien pronto confrontó a su padre para que le permitiese asumir la administración de una finca de cultivo de naranjas en Florida, Estados Unidos.

Típica ciénaga de Florida La plantación en donde se estableció Delius se ubicaba en Solano Grove, en las inmediaciones de Jacksonville, a las orillas del río de San Juan. Una vez allí, como parte de su bagaje de hogar, Delius se hizo de un piano y ubicó a un maestro local de música: el organista Thomas Ward, una temprana influencia importante en el desarrollo de sus instintos musicales. Tumba de Thomas Ward No es un hecho totalmente confirmado, pero existen vagas evidencias que Delius tuvo una relación sentimental con una chica afroamericana que trabajaba en la plantación de naranjos de Grove. Después de retornar a Inglaterra, en 1886, el compositor se enteró de que su amante había tenido un hijo. Pocos años después, atormentado por un profundo sentimiento de pérdida, volvió a Florida buscando a su antiguo amor y a su hijo. Pero la chica, temiendo que el padre viniera a quitarle al niño y llevárselo a Inglaterra, había huido sin dejar rastro y Delius no supo más de ella. «Vestido de Carnaval» / óleo de Winslow Homer, 1877.

Durante su estancia en Florida, Delius compuso mucha música, como por ejemplo la Florida Suite. La casa en la que vivió desde 1884 a 1885 en “Solano Grove’’ fue donada a la Universidad de Jacksonville y trasladada íntegramente a su campus en 1961. Esta Universidad floridana organiza el Delius Festival anualmente, en honor al compositor. Su continuo contacto con sus trabajadores y sus familias le permitió absorber la tradición musical local, principalmente las armonías de los cantos de los trabajadores negros, materia prima que vaciaría en la composición de la ya citada “Suite Florida”. Delius permaneció allí durante un año y medio, antes de pasar a Danville, Virginia, en donde obtuvo trabajo ya como profesor de armonía y piano. Con todos estos antecedentes, finalmente el padre de Delius aceptó la vocación musical de su hijo y le permitió seguir una carrera musical formal y completa, para lo cual ingresó en el Conservatorio de Leipzig, en donde estudió por dos años a partir de 1886. Fue en esta ciudad, y aplicando sus estudios musicales a sus vivencias musicales en la Florida, que compuso la “Suite Florida” y la presentó como trabajo de composición a sus profesores, sin mayor suceso.
Gárgola mirando París Al salir de Leipzig, se trasladó a París, donde iba a permanecer trabajando y estudiando durante casi una década. La vida cultural parisina pronto le permitió desarrollarse más como compositor, con canciones y piezas a pequeña escala para conjuntos instrumentales de cámara y orquestales, además de incursionar en la ópera con Irmelin (1890-2), La Fuente Mágica (1894-5) y Koanga (1895-7). Luego evolucionó a grandes obras orquestales, algunas de ellas con voces solistas, como es el caso de las Cantatas Paa Viderne (1888), Sakuntala (1889) y Maud (1891), mientras que 1889 compuso los poemas sinfónicos “La Danza de la Vida” y “Paris”. El eclecticismo de estas obras es evidente, su inspiración se deriva de la literatura de Inglaterra, Noruega, Dinamarca, Alemania y Francia, el romance medieval, los indios norteamericanos y los Negros, el paisaje de la Florida y las montañas de Escandinavia.

«Delius tocando el piano» / acuarela de Daniel de Monfried, París, 1893. Durante su período parisino, Delius tuvo muy pocas oportunidades de obtener que sus obras fuesen interpretadas, no fue hasta 1897 que llegó la oportunidad de escuchar cómo sonaba su música cuando asistió a interpretaciones en Oslo de la obra teatral “Folkeraadet”, para la cual compuso la música incidental. Inmediatamente después, viajó a Alemania para el estreno de su obra “Over the hills and far away” (Sobre las colinas y más allá), con la Staatskapelle de Dresde bajo la conducción de Hans Haym, quien con el pianista y director Julius Buths, fueron dos artífices clave en la promoción de la música de Delius en Alemania en la primera década del nuevo siglo. Haciendo eco del dicho “nadie es profeta en su propia tierra”, un primer concierto de obras de Delius en Londres en 1899 fue casi un completo fracaso. En esos días conoció a la pintora germano-francesa Helene Jelka Rosen, con quien rápidamente se enamoró y se acompañaron sentimentalmente por seis años hasta que finalmente se casaron en 1903. La pareja vivió desde que inició su relación en una pequeña casa en Grez-sur-Loing, cerca de Fontainebleau, y salvo por un breve momento de desalojo durante la Primera Guerra Mundial, vivieron juntos en esa casa hasta la muerte de Frederick en 1936. En 1907 Delius conoce a Thomas Beecham, que se convertiría en el gran promotor y defensor de la obra su obra en el mundo anglosajón. Hasta entonces el público de Delius era principalmente alemán, gracias a la tarea de los directores Fritz Cassirer y Hans Haym. Delius fue un compositor prolífico, con un estilo rico de recursos cromáticos, aunque siempre dentro de la tonalidad. Su expresión combina deliciosas armonías, con el uso frecuente de Leitmotiv y con melodías en constante desarrollo. Algunas de sus obras más conocidas están relacionadas con paisajes o impresiones vívidas del mundo que le rodea, en adición a la Suite Florida, podemos destacar: On Hearing the First Cuckoo in Spring, Brigg Fair, A Village Romeo and Juliet (Un Romeo y Julieta de aldea), Mass of Life, Réquiem y la ópera Koanga. También son dignos de mención el Concierto para piano y orquesta (con sus formas y acentos que anticipan la Rhapsody in Blue de Gershwin), el Concierto para violín y orquesta, un Doble concierto para violín y violoncelo y el bellísimo poema sinfónico “Paris: Song of a Great City”. Algunos extractos orquestales de sus óperas, como por ejemplo “La Calinda” de la ópera Koanga, pero sobre todo “The Walk to the Paradise Garden” de “A Village Romeo and Juliet”, también se interpretan y se han grabado con cierta frecuencia. También nos dejó un cierto número de obras de cámara (tres Sonatas para violín, compuestas en la madurez, una Sonata para violoncelo, y un Cuarteto de cuerda). Hacia el final de su vida, en sus últimos años, su salud empezó a quebrantarse, lo cual derivó en casi una total reclusión en su casa de siempre en Grez-sur-Loing. Durante estos años fue envejeciendo con crecientes problemas de salud. La vida un tanto agitada que tuvo de joven en París, le trajo como secuela la sífilis. Ahora, los efectos a largo término de la enfermedad se le manifestaron con una ceguera total y parálisis en sus piernas, hasta al punto de necesitar una silla de ruedas. Sin embargo, conservó una notable lucidez mental, por lo que para canalizar su actividad creativa Delius contrató a Eric Fenby, que había escrito tiempo atrás una carta de admiración al compositor, como su secretario personal y transcriptor musical. Las últimas grandes obras de Delius fueron dictadas a Fenby, quien después escribiría un libro sobre la experiencia. La película “Song of Summer”, dirigida por Ken Russell, está basada en el libro de Fenby y protagonizada por Max Adrian como el ciego compositor. Entre las obras editadas con los oficios de Fenby destacan “A Song of Summer”, “Fantastic Dance”, los ciclos de canciones “Cynara” y “A Late Lark”, el “Irmelin Prelude”, “Caprice and Elegy” para cello y orquesta de cámara, “Deux Aquarelles” para orquesta de cuerdas, y la Tercera Sonara para Violín y Piano. Con la tranquilidad de haber completado todas estas obras, Delius murió plácidamente en su hogar de Grez-sur-Loing el 10 de junio de 1934. Su amada esposa le sobrevivió únicamente once meses. Ambos fueron enterrados en Limpsfield, Surrey, Inglaterra.
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Complementando esta nota biográfica sobre Frederick Delius, Ernesto nos deja como obsequio tres discos que abarcan buena parte del legado del compositor inglés. ¡Disfrútenlos! Todos están en mp3 y a 192 kbps:

jueves, 21 de julio de 2011

[poesía] MACHADO


MachadoProverbios y Cantares



I

Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

XXVI

Poned sobre los campos
un carbonero, un sabio y un poeta.
Veréis cómo el poeta admira y calla,
el sabio mira y piensa...
Seguramente, el carbonero busca
las moras o las setas.
Llevadlos al teatro
y sólo el carbonero no bosteza.
Quien prefiere lo vivo a lo pintado
es el hombre que piensa, canta o sueña.
El carbonero tiene
llena de fantasías la cabeza.

XXIX

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas en la mar.
Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Antonio Machado

domingo, 17 de julio de 2011

Desde el Nuevo Mundo ( 2/3 ) MI MADRE y DELIUS


Sr John's River
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Continúa el relato de Ernesto Nosthas sobre el primer compositor europeo que hizo música desde el Nuevo Mundo. Se trata del inglés de ascendencia alemana Frederick Delius, que pasó una temporada de su vida en Florida, EE.UU. Las huellas del compositor fueron descubiertas casualmente por Ernesto en uno de sus viajes al país del norte. A continuación, la historia.

por Ernesto Nosthas Nosthas


A ver, estimado lector: con este subtítulo no vaya a creer que mi adorada progenitora (que en Paz descanse) conoció al susodicho Frederick Delius; no, no, para nada. Mi querida madre nunca fue una experta en música clásica. Sin embargo, fue una dama muy organizada, capaz de seguirle el hilo a todas las cosas y esto, combinado a su profesión como agente de viajes, me dio el privilegio de conocer el mundo. Además (cuando no la acompañaba en sus viajes) ella me consiguió cualquier cantidad de música, de la cual aún hoy disfruto y le agradezco en el alma. En resumidas cuentas, en uno de mis muchas encomiendas, en una solicitud que hice de obras de Vaughan Williams vino una grabación de Sir Thomas Beecham de la “Suite Florida”, la cual confieso que en un primer momento escuché sin mayor huella en mis sentimientos y en mi conciencia musical. Luego, años después, redescubrí la obra, en circunstancias muy especiales, en las que nuevamente mi adoraba madre tuvo mucho que ver… Tal como comentaba, mi progenitora tuvo la inmensa oportunidad de ser toda su vida una agente de viajes, primero como empleada y luego como propietaria de su propio negocio. En este negocio, conoció muchísimos lugares en el mundo, y este escribiente como su único hijo, tuvo el privilegio de acompañarla a todos esos lugares en los cinco continentes. Dos lugares cautivaron y marcaron los viajes de mi madre, su adorada Colombia (en donde siempre visitaba a su querida Virgen de Zipaquirá y la Hacienda El Paraíso, en las afueras de Cali, escenario de su novela favorita: “María” del autor colombiano Jorge Isaacs) y Miami, la cosmopolita ciudad del sur del Estado de Florida.

«Muchacha en la banca del jardín» / acuarela de Winslow Homer.

No pregunten como o por qué, pero mi madre cultivó largas y entrañables amistades con colegas de su negocio de origen cubano que vivían en esa ciudad, así que la visita era casi como una obligación religiosa hacerla una o dos veces al año, y en todas esas rutinas, así como en todos los viajes que hacía mi madre, no se sentía completa fuera del confort de sus amistades (en Miami) o siguiendo a un guía turístico, cuando visitaba otros lugares. Esa rutina me volvía loco…, yo quería explorar, caminar, perderme, y siempre lo mismo, “sigamos al muchacho de la banderita” o “no nos salgamos del bus en los viajes”. Y en TODOS los viajes que hicimos juntos, en cualquier parte del mundo, “el hombre de la banderita” era el invitado de piedra en todas las experiencias. Cuando pude, al fin, emanciparme de mi madre y empezar a viajar solo, me juré a mí mismo que jamás volvería a seguir a un fulano con una banderita, así que ahora, me muevo en los buses, en los trenes, camino, me pierdo, huyendo siempre inconscientemente del hombre de la banderita, y en esa aventura ya adulto y casado, he arrastrado a mi querida esposa y a mis hijos.

«The Reaper» / acuarela de Winslow Homer

¿Qué tiene que ver todo esto con Delius? Sencillo… fue en uno de esos primeros viajes en solitario que hice a la Florida, que por cierto, encuentro especialmente apasionante, que perdido en un cruce de caminos en las afueras de la ciudad de Jacksonville, que me encontré las indelebles huellas que Delius dejó allí.

Dibujo de Delius por Christian Krohg, 1897Allí en el lugar menos esperado, en medio de varias fincas de frutas y en un idílico paisaje me encontré la Escuela Preparatoria Elemental Frederick Delius, y una pizarra con un mural improvisado en testimonio a este compositor inglés, que allí me enteré hizo de sus mejores amigos a los obreros de la hacienda de su padre y al organista de la ciudad. La historia es por demás interesante y para ello tenemos que retroceder a 1884… pero eso mis amigos y amigas, será materia de otro artículo.

Residencia campestre de Delius en el río St. John's, Florida, EE.UU.

BACH / Conciertos de Brandemburgo / arreglo para 2 pianos de MAX REGER

Max Reger por Franz Nölken, 1913

«El compositor Max Reger» / cuadro de Franz Nölken (1913)
El siguiente artículo sobre Bach, debido a la dupla formidable de Ernesto y Elgatosierra, no había sido publicado todavía pese a que el material reseñado sí apareció en este blog con anterioridad. Aquella vez preferimos centrar la atención en el tema principal —los Conciertos de Brandemburgo sin desmenuzar la historia de esta transcripción para dos pianos. Pero ahora sí, reponiendo el enlace que había caducado, les ofrezco todo un descubrimiento.

Probablemente ningún otro compositor ha ejercido una influencia tan poderosa en el devenir de la música y en el ejercicio compositivo como Johann Sebastian Bach. Aún siendo una hipérbole retórica, hay algo de razón en la sentencia con que Max Reger manifestaba su admiración incondicional hacia el maestro barroco: “Todo comienza y todo acaba en Bach”. Especialmente en el caso de Reger (* Brand, 19 Marzo 1873 — † Leipzig, 11 Mayo 1916), pero prácticamente en el de la mayoría de los compositores de la vanguardia de los albores del pasado siglo, la presencia de Bach es de primer orden. Webern, Berg, Schoenberg, Berio, Kagel y un largo etcétera de compositores, se remitieron a él para realizar transcripciones, y en algunos casos, más que eso: verdaderas reescrituras, relecturas de lo que el maestro de Eisenach tiene aún por decirnos.

Max RegerEl caso de Reger es particularmente notable, pues realizó más de un centenar de arreglos orquestales o reducciones instrumentales, que van de la simple interpretación para aficionados hasta obras de enorme complejidad y dificultad técnica, dignas de virtuosos, es decir profesionales. Los Conciertos de Brandemburgo BWV 1046-1051 fueron una de esas complejas partituras que Reger tomó para reinterpretarla en 1914, a fin de ofrecer una perspectiva novedosa respecto a una obra que hoy en día es una de las más populares del gran genio alemán. No se trata de una adaptación para que melómanos aficionados la interpreten en la comodidad de su hogar (después de todo, ¿cuántos melómanos poseen dos pianos?) sino una transcripción (aceptemos temporalmente el término) de largo aliento que requiere de intérpretes con un enorme dominio técnico del instrumento. Aun tratándose de una obra por encargo, a la que siguió otra relectura similar de las célebres «Suites Orquestales» un par de años después, Reger acometió la labor con la seriedad y el compromiso de quien sabe, de alguna manera, que está ejerciendo una tarea similar a la que Borges nos dice acometió Pierre Menard al intentar escribir El Quijote palabra por palabra.

Aquí el paralelo con este ejercicio retórico-literario que le permite a Borges plantear una hipótesis literaria de enorme atrevimiento no puede ser más pertinente, porque nos enfrentamos a una obra que ya no es la original, que ya no dice lo que decía la original, y que no fue escrita ni en las condiciones originales (es decir, la recopilación de varios conciertos ya escritos para presentarlos como un ciclo) ni en el período histórico en que sabemos fueron presentados como una obra redonda.

En otras palabras, estamos ante una obra absolutamente nueva, que el propio Bach no habría podido componer jamás. Entre otras razones de mera índole histórico-práctica, está el hecho de que los pianos propiamente tales no existieron en época del gran compositor. Y aunque los primeros pianofortes aparecieron en los últimos años de su vida —y hay por ahí un testimonio de alguien que afirma que Bach pudo haber tocado uno de esos primeros instrumentos— lo razonable es conjeturar que se acercó a ellos como intérprete de clavicordio, ajeno a la muy distinta técnica con que se tocaba el moderno instrumento que conoció Reger.

En definitiva, es un arreglo que sólo pudo aparecer en los albores del siglo XX y no en tiempos de Bach. Y como una obra enteramente nueva, pero tributaria del original barroco, estamos ante una composición para dos pianos absolutamente deslumbrante y de intrincada complejidad, que cautiva al escucha desde el primer acorde.

La versión de Reger para los Conciertos Brandemburgueses es, en verdad, fascinante; y esta grabación, una maravilla. No se la pueden perder. Interpretan Sontraud Speidel (quien fuera alumna del excelso Wilhelm Kempff) y Evelinde Trenkner. Insistimos: no se la pueden perder. ¿Qué faltará por decir? Sólo algo más: si pueden, compren este disco. No se van a arrepentir.

» D E S C A R G A

MP3 160 kbps | 18 tracks | RAR 119,5 MB

miércoles, 13 de julio de 2011

Desde el Nuevo Mundo ( 1/3 )


Motivos laborales habían llevado a la larga ausencia de un gran amigo y colaborador de esta página, Ernesto Nosthas. Pero “no hay plazo que no se cumpla...”, como dice el refrán, y ahora Ernesto regresa con nosotros para hacer lo que tanto se le agradece: descubrir novedades musicales. Para esta ocasión trae un as bajo la manga. Vamos, pues, a un artículo en varias entregas sobre el primer compositor europeo que creó música desde el Nuevo Mundo. Cuidado; no es el que todos creemos...
por Ernesto Nosthas Nosthas


¿Qué es lo primero que viene a la cabeza del apreciado lector cuando lee este encabezado? Para muchos será la bellísima “Novena Sinfonía” de Dvořák. Y no es para menos: este sobrenombre quizás sea una de las denominaciones más exitosas del marketing de la música clásica de todos los tiempos.

Sin embargo, amigos lectores, este artículo no estará centrado en esta maravillosa sinfonía, sino que más bien hará justicia al señalar que no fue la primera obra “desde el nuevo mundo” debida a un compositor europeo en tierras americanas durante el siglo XIX.

Con todo, para establecer el precedente de contexto es necesario dedicar algunas líneas a esta maravillosa pieza musical, que surgió en medio de una visita profesional de Dvořák a suelo americano, la cual se originó a partir de una invitación realizada en junio de 1891 por Jeanette Thurber, fundadora del Conservatorio Nacional de Música de Nueva York, quien ofreció a Dvořák la dirección de este centro de formación musical en condiciones muy atractivas, tal como ahora exportamos al revés nuestros mejores jugadores de fútbol a las ligas europeas.

Casa Dvorák NYLa casa neoyorkina, hoy demolida,
donde Dvořák vivió entre 1892 y 1895.


Con la clara perspectiva económica y de reconocimiento que el ofrecimiento suponía, Dvořák se asentó tres años en Nueva York entre 1892 hasta 1895. Durante su estancia en el Estados Unidos compuso varias obras inspiradas en el ambiente de su país de acogida, entre ellas la famosa Novena Sinfonía, el Tercer Quinteto para Cuerdas y el Duodécimo Cuarteto para cuerdas titulado el “Cuarteto Americano”. La Novena Sinfonía fue bautizada por su autor, por consejo de sus editores, como la “Sinfonía escrita desde el Nuevo Mundo” y fue recibida con una atronadora ovación el día de su estreno, el 15 de diciembre del mismo año en el Carnegie Hall de Nueva York, para la cual Anton Seidl condujo a la Orquesta Filarmónica de la ciudad.

Dvorák, detalle Dvořák materializó en su “Novena Sinfonía”, así como en las otras obras de cámara mencionadas previamente, su notable interés en la música de los nativos americanos y en la de las comunidades afroamericanas que escuchó en sus viajes al interior de los Estados Unidos. A propósito de estas melodías, Dvořák tuvo una afirmación temeraria (y a la vez profética) en medio de una sociedad profundamente racista y segregacionista:
«Estoy convencido de que el futuro de la música de este país debe estar basado en lo que se suele llamar melodías negras. Estas pueden ser la base para una seria y original escuela de compositores que se puede desarrollar en los Estados Unidos. Estos bellos y variados temas son el fruto de la tierra. Son las canciones populares de vuestra tierra, y vuestros compositores deben centrarse en ellas.»
Específicamente como preámbulo al día del estreno, en un artículo publicado en el New York Herald, Dvořák explicaba cómo la música de los nativos americanos había influido en su sinfonía:
«No he usado ninguna de las melodías de los nativos americanos. Simplemente he escrito temas originales que incorporan las peculiaridades de la música india y, usando estos temas, los he desarrollado con todos los recursos de los ritmos modernos, contrapunto y color orquestal.» Nativo norteamericano
Temeraria y visionaria afirmación… ¡Dónde estarían Gershwin y los grandes jazzistas del siglo XX sin este precedente! Pero hoy, cuando el genio y la premonición de Dvořák son aclamados, y la sociedad estadounidense ha asimilado la integración racial en pleno, ¿es justo seguir asegurando que él fue el pionero en esta visión?
Amigos y amigas lectores, la respuesta es NO. Cinco años antes que esta maravillosa obra, otra igualmente bella composición avanzó más allá en esta materia que la “Novena Sinfonía” de Dvořák, y otro compositor europeo estableció cátedra usando las melodías afroamericanas del sur de Estados Unidos en una obra sinfónica. Su nombre: Frederick Delius. ¿Cuál fue el problema? ¿Por qué hoy este hecho no es tan conocido? Porque amigos, como siempre afirman los expertos en marketing, “location, location, location”: Delius no concibió y estrenó la obra en Nueva York, sino que la concibió en medio de los pantanos de la Florida y la escribió y publicó en Leipzig (Alemania) en 1887, y, además, no contrató al mismo asesor de marketing de Dvořák, y la bautizó sencillamente “Suite Florida”. ¿Cómo me di cuenta de esta historia? En la siguiente entrega se describirán los hechos… Delius, por RosenFrederick Delius
(pintura de Jelka Rosen, su esposa)

lunes, 11 de julio de 2011

DESAPARECE EL CÓDICE CALIXTINO


detalle del Códice

Ya es noticia vieja (fue notificada el martes 5 del corriente) pero no podía dejarla ausente de esta página: el invaluable Codex Calixtinus, manuscrito iluminado (ilustrado) del siglo XII referido a la Ruta Jacobea, fue hurtado de la cámara blindada que lo guardaba, en la mismísima Catedral de Santiago de Compostela. Una marea montante de indagatorias, especulaciones, sospechas y perplejidad ha sumergido a los encargados velar por la manutención y seguridad de tamaña reliquia histórica y musical. Cierto que en años recientes fueron realizadas sensibles mejoras en este ámbito... pero no las suficientes, como los hechos se han encargado de probar. El temor de los expertos se cifra ahora en que el ladrón empiece a trocear la obra para vender cada uno de sus pliegos por separado, en caso de no poder hacerlo integralmente.

Mientras las diligencias policiales siguen su curso a toda marcha, sólo nos queda esperar que esta joya de la cultura occidental no se pierda para siempre, y a la vez, urgir a los depositarios de estos tesoros a brindarles toda la atención que requieren. No vayamos a lamentar en el futuro otra desaparición igual de penosa.
Nota: Un año después la reliquia musical fue encontrada y sin daños.

viernes, 8 de julio de 2011

Venimos del mono…

La Filarmónica de Berlín junto a Alfred Hertz (1913)
retratados durante una grabación acústica


...y llegamos al Estéreo. Durante el siglo pasado, las técnicas de grabación musical experimentaron una profunda y acelerada evolución. El moderno y trivial acto de colocar música en la radio, en el equipo, en la computadora (como la que escucho al momento de escribir estas líneas) o en el reproductor portátil —disponiendo además de un abanico de formatos digitales para contener el sonido en calidad idéntica a la matriz original— esconde tras su facilidad un gigantesco cambio de paradigma.

“Música doméstica” / Carl Zewy (1929)


Nuestros bisabuelos sólo tenían a su alcance la música hecha por ellos mismos, por sus amigos durante las faenas del día, la que ejecutaba alguna banda dominguera o la escuchada en alguna velada social, si algún asistente quisiera exhibir aptitudes para el arte. Notemos que nada de lo anterior garantizaba un nivel descollante de musicalidad; para eso había que ir al teatro y asistir a conciertos de músicos profesionales, o a la ópera. Si la Fortuna sonreía, tal vez un afamado intérprete viniera de visita al país. Con todo, tales eventos eran ocasiones especiales. ¡Cuánto más excepcional todavía era disfrutar el arte de los grandes músicos de Europa, al menos a este lado del océano! Quienes vivían lejos de tal privilegio, separados por distancias mayores o menores, debían conformarse con referencias de terceros, de la misma manera que nosotros hoy sólo podemos imaginar remotamente el estreno de la Cuarta Sinfonía de Brahms en Meiningen, de la Novena de Beethoven en Viena, del Don Giovanni de Mozart en Praga, la improvisación de Bach ante Federico II de Prusia, o las sensaciones de los eclesiásticos romanos que oyeron por primera vez la Missa Papæ Marcelli, de Palestrina.

Contar a estos ancestros que con oprimir un botón se podría acceder de inmediato a música interpretada por los mejores músicos, prescindiendo físicamente de ellos pero oyéndoles tantas veces como se guste y eliminando cualquier distancia en el espacio o —más sobrecogedor aún— en el tiempo... les sonaría a delirio de Julio Verne o peor, a cosa del Mandinga.

Sin embargo, aquellos mismos ancestros fueron los que empezaron esta revolución. Y retroceder en el tiempo hasta los comienzos rudimentarios de la fonografía equivale a viajar a otro mundo de sensaciones, como dice un querido amigo que nos visita. Son los tiempos del cilindro, el disco de cera, la vitrola y las grabaciones acústicas.

Grabación acústica en París, 1913


Brahms al pianoEn Diciembre de 1889 un representante de Edison llamado Theo Wangemann grabó a Johannes Brahms interpretando fragmentos de su música al piano.

Aparte del debate sobre la voz que (apenas) se oye al comienzo, hoy atribuida al encargado de la grabación y no al compositor, el miserable resultado sonoro invalida artísticamente esos preciosos segundos... que aun así conservan gran valor documental. Abajo pueden escuchar (más bien descifrar) el fragmento, donde Brahms toca al piano una parte de su Danza Húngara nº 1.

La calidad del sonido cae a veces en lo espantoso, sobre todo en las primeras tomas experimentales de la segunda mitad del siglo XIX, con ese ruido ambiental (la “fritura”) que a veces lo desfigura todo. Los registros se captaban de manera acústica, mediante grandes embudos que transferían las vibraciones a un soporte físico. Éste fue primero un cilindro recubierto con cristal y/o papel ahumado (fonoautógrafo de Scott de Martinville, 1857), y más tarde con una fina lámina metálica (fonógrafo de Edison, 1876). El cilindro dio paso al disco de cera (gramófono de E. Berliner, 1888) del cual se extraía una copia en metal tras la grabación. El sonido resultante mutila los armónicos, la división de pistas no existe, dado que todo procede de una única entrada del sonido... pero ya era posible “atrapar” la fugacidad propia de la música. Había empezado la era del sonido monoaural, el Mono.

carátula A continuación, amigas y amigos, un documento histórico: la primera grabación de una sinfonía completa, realizada en 1913 por nada menos que Arthur Nikisch al frente de la Filarmónica de Berlín. Se trata de la Quinta Sinfonía de Beethoven, obra emblemática donde las haya. Nikisch, húngaro avecindado en Alemania, es uno de los fundadores del moderno arte de la dirección orquestal, merced a su extraordinaria capacidad como intérprete, el carisma para persuadir de su propia visión a sus colegas, la elocuencia en su comunicación gestual, particularmente el uso de la mirada, y el respeto por la partitura equilibrado con grandes dosis de inspiración personal. A mayor abundamiento sobre este gran director, les recomiendo el estupendo artículo que le dedica Leiter en su blog.

Finale de la 5ª Sinfonía de Beethoven, en versión de Arthur Nikisch (1913) / fragmento
silueta de Nikisch
El disco se complementa maravillosamente con otra grabación histórica, esta vez de 1938: el mítico Wilhelm Furtwängler despliega su magia al frente de la misma agrupación berlinesa en la Sexta Sinfonía de Chaikovsky.

Allegro con grazia de la 6ª Sinfonía de Chaikovsky, en versión de Furtwängler (1938) / fragmento Furtwängler, por Lisl Steiner
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MP3 VBR ~ 192 kbps | 8 tracks | RAR 69,3 MB

miércoles, 6 de julio de 2011

Como hoy, hace dos años

Kittelsen
«Castillo de Soria Moria» (1900)
Theodor Kittelsen



Su memoria es ineludible para muchas personas: ese carácter irascible, tremebundo, esa prontitud a la porteña para barrer con quien le disgustara, ese corazón ancho donde rápidamente acomodaba a sus amigos, esa devoción por Mahler, ese fervor por la belleza allá donde pudiera haberla —en una obra musical, en una mujer, en una pieza literaria, en una conversación—, esa energía que parecía inagotable, con la cual espoleaba jocosamente a sus colaboradores cuando no le llevábamos el ritmo... Todo eso se nos fue un día 26 de junio hace dos años, tras un fatídico accidente. Hablo, desde luego, de Gabriel “el Cuervo” López, que pasó por la Internet como un huracán, y en memoria del cual habrán encontrado más de un homenaje en estos días, en páginas de amigos suyos que siguen recordándole con terco cariño, a despecho del tiempo.

Pues bien, fui uno de esos amigos. Y tengo la fortuna de seguir vinculado a bastantes otros más que conocí en el blog de Gabriel. Él mismo, orgulloso de esa activa concurrencia, llegó a soñar una cita colectiva en Buenos Aires, proyecto que la muerte impidió. Quizá la falta de una relación personal con él, en carne y hueso, multiplicó el impacto que me provocó el término de su blog. Era del todo previsible. Tenía que suceder. Pero, habiéndome habituado al lazo “virtual”, el final de su página, de su “hábitat”, fue para mí el definitivo final, el momento en que comprobé el significado de su ausencia.

Por eso esta vez elegí recordarlo, no en su exacta fecha necrológica, 26 de junio, sino cuando cesaron oficialmente las publicaciones de su blog, el 6 de julio. Un día como hoy, hace dos años.


Pero no hay membranza justa de Gabriel sin música de Mahler. Así, publico hoy un registro de la Sexta Sinfonía, »Trágica«, en La menor. ¿Qué puede haber en esta obra para merecer esa denominación, cuando la producción entera de Mahler transcurre bajo el signo de lo trágico? Que esta Sinfonía representa una confrontación con la Muerte, en la cual ésta acabará por triunfar: el Finale concluye de manera violenta, dramática, a diferencia de todas las otras sinfonías del maestro bohemo. Compuesta entre 1903 y 1904, la Sexta es una obra compleja y pesimista —aunque hiciera rebosar de gozo a Berg y Webern tras la primera audición— que distona con las felices circunstancias existenciales del compositor al momento de escribirla. La disposición de los movimientos “interiores”, un Andante y un Scherzo, causó algunas vacilaciones en el compositor, quien los intercambió varias veces hasta dejarlos al fin según el plan inicial, esto es, con el Scherzo como tercer movimiento. Fue motivo de burlas el interés de Mahler por explorar instrumentos nunca antes usados en una sinfonía, sobre todo en el ámbito de la percusión: celesta, xilófono, látigo, martillo (Hammerschlag), cencerros...


Carátula del discoDisfruten esta Sexta —en el decir de Berg “la única Sexta, a pesar de la Pastoral— en versión del extraordinario Iván Fischer y la Orquesta Festival de Budapest, a quienes cuento entre mis equipos musicales favoritos.

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MP3 VBR | 48kHz | 4 tracks | scans | RAR 131,1 MB


lunes, 4 de julio de 2011

SIMON’S CAT


Todo aquel que tenga un gato hambriento sabe que esta animación se basa en la más pura realidad...


viernes, 1 de julio de 2011

RICHARD STRAUSS empuña la batuta / Registros históricos de 1928-29


Obertura La Flauta Mágica, de Mozart, en versión de Richard Strauss (1928) / BONUS: a continuación Danza de los Siete Velos, del propio Strauss.



Para entretener su fin de semana, queridos amigos, les dejo una selección de grabaciones históricas de Richard Strauss actuando como director de la Filarmónica de Berlín y la Staatskapelle de Berlín, en actuaciones que datan de 1928 y 1929. Strauss fue un estupendo director de orquesta, gozó de fama en el ejercicio de esta profesión, en la cual brilló tanto como su contemporáneo Mahler. Gustaba de tempos ligeros y vivos, y pese al fausto instrumental de sus propias composiciones, al dirigir prefería un sonido transparente, bien articulado, con predilección por los forte-piano (una caída de la intensidad del volumen tras la explosión inicial). La sabiduría interpretativa queda fuera de discusión.

El maestro francés Roland Douatte, en su libro sobre la dirección de orquesta, cita a Dominique Jameux, quien dice en su biografía sobre Richard Strauss:
“Antes que nada, él como Mahler, dirige rápido reaccionando frente a la manera pseudo-alemana lenta y pesada, contra lo cual se levantarán más tarde tanto Toscanini como Karajan. Así Strauss conduce el acto III de La Walkiria en 50 minutos, en lugar de los 70 minutos habituales.

“Lo mismo, él aligera al máximo su orquesta e incluso toca sistemáticamente los fortissimo como forte-piano, acercándose en este sentido a la orquesta de cámara. No martirizaba la orquesta en los ensayos y, a menudo, al cabo de 5 minutos interrumpía diciendo que todo iba bien.”

En el disco encontrarán las siguientes obras:
1. Obertura de »Ifigenia en Áulide« / Gluck
2. Obertura de »La Flauta Mágica« / Mozart
3. Obertura de »Euryanthe« / Weber
4. Obertura de »El Holandés Errante« / Wagner
5. Preludio a »Tristán e Isolda« / Wagner
6. Obertura de »El Barbero de Bagdad« / Cornelius
7. Danza de los siete velos, de »Salomé« / R. Strauss
8. »Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel« / R. Strauss
Especialmente dedicado a dos amigos que han sufrido pérdidas dolorosas en el último tiempo.

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MP3 VBR ~ 192 kbps | 8 tracks | RAR 74,2 MB | Yandex

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