viernes, 25 de junio de 2010

STOKOWSKI: Síntesis Sinfónica de ‘BORIS GODUNOV’


StokowskiLeopold Stokowski (1882-1977) figura entre los directores más controvertidos del siglo pasado. No en lo que se refiere a sus dones como músico —innegables— sino al uso que les dio. Muchos le critican haber adulterado sin pudor las partituras, sometiéndolas a incesantes retoques o hasta “reinventándolas”. Baste recordar sus radiantes transcripciones orquestales, o el atrevimiento de, cierta vez, cambiar la disposición de los últimos movimientos de la Sexta Sinfonía de Chaikovsky (!) para que un final más sonoro granjeara una mejor respuesta del público. En una época como la nuestra, donde el valor de la autenticidad de la interpretación ha llegado a ser tan importante, las costumbres musicales de Stokowski son lo más parecido a una herejía.

Sin embargo, en su adolescencia las cosas eran diferentes. Retocar las particellas, enfervorizar a la audiencia, jugar al Todopoderoso desde las alturas del podio y gobernar la dinámica y la agógica según el dictamen de la inspiración... era exactamente el deber de un músico con personalidad. El individualismo romántico había llegado a ese extremo. Mahler se entretenía con las mismas prácticas, creando arreglos de Bach para gran orquesta mucho antes que Stokowski, editando la orquestación de las sinfonías de Schumann o de la mismísima Novena de Beethoven, etc. Stokowski creció en aquella atmósfera y se embebió de aquellas formas. Para evaluar con justicia el arte de este maestro, pues, debiéramos recordar siempre que su longevidad es engañosa; no se trata de un excéntrico empeñado en una originalidad mal entendida, sino de un hombre formado en la admiración a las libertades de Hans Richter y Arthur Nikisch, y a quien una vida larga le permitió perseverar en su credo.

Degas

“La orquesta de la Ópera” (Degas, 1870)

Por supuesto que Stokowski no fue una rareza demodé, sino un hombre sincronizado con el naciente siglo XX, bastante ligado al Star-system hollywoodense, amante de la publicidad y el espectáculo, activo auspiciador de las tecnologías de grabación mediante las cuales pudo registrar cada vez más plenamente su magnífico concepto del sonido. Pero su estilo fue heredero directo del Postromanticismo, con las virtudes y defectos que esto acarreaba.

Greta Garbo

Greta Garbo, con quien Stokowski mantuvo un publicitado affaire

Puestas las cosas en perspectiva, podemos disfrutar de una de sus numerosas “ocurrencias” para atraer al público (norteamericano) a las salas de concierto: las “Síntesis Sinfónicas”. Con ellas pretendió divulgar obras rezagadas de los programas de concierto. Las síntesis las componía con partes representativas de una obra determinada, adaptando al lenguaje sinfónico lo que hiciera falta. Stokowski no perseguía un simple pot-pourrí, sino un resultado tan bien estructurado como un poema sinfónico.

Buena muestra de ello es su sensacional Síntesis Sinfónica de Boris Godunov, la genial ópera de Modést Mussorgsky. La cual, además, Stokowski estrenó por primera vez en Occidente siguiendo la versión del compositor (es decir, abandonando la famosa revisión de Rimsky-Korsakov).

Stokowski, una de las batutas con más estrenos a su haber en todo el siglo XX, se concentró en la creación de Mussorgsky con particular entusiasmo. El año 1928 fueron publicados los manuscritos originales de esta ópera. Al año siguiente, Stokowski viajó a la Unión Soviética para obtener una copia de la partitura. En Moscú fue agasajado por las autoridades con una representación del Boris... transformada en vehículo de propaganda del régimen. Durante la recepción que siguió al evento, Stokowski, invitado a decir unas palabras, lamentó ofuscado que la amabilidad de sus huéspedes no impidiera la prostitución de una gran obra para satisfacer finalidades políticas. Prudentemente, el director abrevió su estancia en Moscú y viajó a Leningrado para encontrarse con Shostakovich.

De regreso en Occidente, interpretó la ópera según la versión inicial de Mussorgsky, pero agregándole el “Acto polaco”. A continuación ofreció algunas secciones del Boris en conciertos con la Orquesta de Filadelfia. Fue entonces cuando le vino la idea de una “síntesis” con esta magnífica música, la cual finalmente apareció en 1936. Sin embargo, Stokowski fue modificando su arreglo en variadas ocasiones durante el resto de su vida.

File:Chaliapin Godunov 1912.jpg
Hoy les comparto la Síntesis Sinfónica de Boris Godunov, Ópera de Modest Mussorgsky, en la interpretación del propio Stokowski al frente de la Orquesta de la Suisse Romande.
Como complemento, una extraordinaria versión de la Marcha Eslava de Chaikovsky, junto a la Sinfónica de Londres. A disfrutar!

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domingo, 20 de junio de 2010

[Poesía] TAGORE


TagoreLa Vida


El mismo río de vida que circula por mis venas noche y día, circula por las venas del mundo y canta, en lo hondo, con pulso musical.

Y es una vida idéntica a la mía la que a través del polvo de la tierra alza su verde alegría en innúmeras briznas de hierba, y estalla en olas tiernas y furiosas de hojas y flores.

Y la misma vida, hecha flujo y reflujo, mece al océano, cuna del nacimiento y de la muerte.

Mis sentidos se exaltan al tocar esta vida universal. Y siento la embriaguez de que sea en mi sangre donde en este momento palpita y danza el latido de la vida que huye a través del tiempo.

Rabindranath Tagore

ACCEDIENDO A SIBELIUS


Con frecuencia han visto en esta página al gran compositor finés Jean Sibelius. Me gusta su música. Me convence su postulado artístico. Y además disfruto una enormidad su arte de orquestador, uno de los más finos que se conozcan, quizá beneficiado por el fenómeno de la sinestesia — esa “peculiar cualidad sensorial según la cual, a partir de la estimulación en uno de los sentidos, se produce una respuesta automática en otro de ellos. Dicho de otra manera las personas con sinestesia pueden llegar a oír colores, ver sonidos o asignar un sabor a una determinada textura” (fuente). Tal riqueza de percepciones fue, muy probablemente, lo que alentó una equivalente riqueza en la traducción instrumental de sus ideas, originando “frescos sonoros” llenos de sutileza y poder.

El impacto de la naturaleza fue crucial en la inspiración de Sibelius. Su extraordinaria capacidad evocadora llevó los parajes nórdicos a la sala de conciertos, habituándonos a los fiordos, la aurora boreal, los bosques nevados o la fría majestad del Báltico.

Aquí encuentra su hábitat otra gran fuente inspiracional de nuestro compositor: la mitología nórdica contenida en el Kalevala. Sin embargo, no se piense que estas innatas condiciones descriptivas puedan sujetar a Sibelius a elementos circunstanciales. Lo suyo fue recrear los materiales donde descubría inspiración.

Al mismo tiempo, fue un maestro consumado del lenguaje “abstracto”, legándonos un corpus sinfónico personalísimo en el cual, un poco a la manera de Beethoven, cada creación difería de sus predecesoras para explorar nuevos territorios, siempre atento al difícil equilibrio entre forma y contenido.

Jean SibeliusSibelius, en suma, es un universo. Y para adentranos en él, el sello ONDINE agrupó un puñado de obras e intérpretes representativos en el disco que hoy les comparto. Los títulos son reconocibles:
  • Suite Karelia, Op. 11
  • Valse Triste (de 'Kuolema'), Op. 44/1
  • La Hija de Pohjola (Pohjolan tytär), fantasía sinfónica, Op. 49
  • El Cisne de Tuonela, poema sinfónico, Op. 22/2
  • Andante Festivo, arreglo para orquesta de cuerdas... dirigido por el propio Sibelius
  • Tres piezas de 'La Tempestad', Op. 109
  • ... y la infaltable Finlandia, poema sinfónico Op. 26
¡Que disfruten una agradable travesía rumbo al Norte!


SCHUMANN: ROMANZAS para OBOE y PIANO, Op. 94



Sherlock Holmes presumía de haber inventado para sí mismo una profesión única: Detective Consultor. Robert Schumann podría haber hecho otro tanto, y acuñar una tarjeta de visita que dijera “Profesión: Originalidad”. Es que nuestro compositor destaca entre sus congéneres por la frecuencia de sus ideas brillantes, geniales anticipos estéticos, renovación de géneros o combinaciones inusitadas.

SchumannLa fantasía del Romanticismo alemán encendió la imaginación y la fina sensibilidad de Schumann, quien, paradójicamente, también figuró entre los primeros músicos de su tiempo que escudriñaron el pasado y valoraron la herencia de Bach. Del mismo modo, nunca abandonó la música de cámara pese a que “los vientos” soplaban hacia el terreno orquestal, el cual comenzaba el proceso de expansión que culminaría en la opulencia sonora del post-romanticismo. Schumann escribió en Diciembre de 1849 sus Tres Romanzas para Oboe y Piano, Op. 94, las cuales merecen citarse entre las mejores páginas dedicadas a este instrumento durante todo el Romanticismo. Obediente a sus convicciones, Schumann evita el mero lucimiento; la intensa expresividad de estas piezas no exige arduas proezas técnicas, lo cual las coloca al alcance de un buen músico aficionado. Por cierto, el oboe puede ser reemplazado por el cello o el violín, atendiendo, supongo, a razones prácticas.

La primera pieza —titulada Nicht schnell, “no rápido”, algo así como Moderato exhibe un precioso tema del oboe sobre un elaborado y efectivo acompañamiento (Schumann elevó el piano acompañante a un nuevo nivel de calidad). La segunda pieza está señalada como Einfach, innig —“Sencilla y ardorosamente”, algo así como Semplice, ma con fuoco y a la tranquilidad de su predecesora añade tensión en la parte central. Otra indicación Nicht schnell distingue a la pieza final, más áspera y colorida, sugerencia estética de la que Brahms tomaría buena nota.

Desde su publicación en 1851, estas Tres Romanzas han figurado en el repertorio estable de los oboístas.

Albrecht Mayer, oboe, y Hélène Grimaud interpretan
la tercera romanza del Op. 94

Hoy les comparto las dos primeras romanzas en video, en la extraordinaria interpretación de Albrecht Mayer, oboe, y Hélène Grimaud en piano. Ambos artistas demuestran una fenomenal capacidad de complemento, sacando a relucir la emotividad de uno de los compositores más apasionados de la Historia. El fraseo de Mayer es revelador, y la bella Hélène extrae del piano un sonido perfecto para la ocasión. Quizá me equivoque, pero los buenos intérpretes de Brahms parecen serlo también de Schumann.

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lunes, 14 de junio de 2010

BARTÓK / 9 / BARBA AZUL: A medio camino entre la Realidad y la Ficción

barbazul colores

por {itzel}



En la literatura europea Barba Azul es un personaje de fantasía popularizado en un cuento de Charles Perrault, publicado hacia 1697, en el cual una mujer descubre que su marido colecciona los cadáveres de sus anteriores esposas en la habitación secreta de un castillo. Se ignoran las causas por las cuáles Bartók eligió este relato como base de su única ópera.

Pocos saben que el personaje está inspirado en un noble bretón del siglo XV llamado Gilles de Rais quien, entre otras cosas, luchó en la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco, a la que siguió y en la que creyó siempre. No obstante, tras la muerte de Juana, Gilles de Rais se retiró al castillo familiar, reunió una corte extravagante e hizo del horror su oficio, entreteniéndose en secuestrar y torturar brutalmente a centenares de niños en grotescas prácticas de brujería.Según la tradición popular, Bartók tenía muy probablemente el deseo de abordar a otro personaje aún más siniestro que, además, era parte de su cultura magiar: el Príncipe Vlad. Sin embargo, la noticia de que Prusia estaba aumentando sus efectivos militares para una posible guerra con el Imperio Austro-Húngaro le hicieron desistir en tanto que la historia de Vlad daba por sentado el triunfo de la violencia y la necesidad de la guerra como único modo de entendimiento humano.

Como sea, un dato por demás curioso es que A kékszakállú herceg vára —nombre original de la obra— fue escrita en 1911 sobre un libreto de Béla Bálazs y fue dedicada a su joven primer esposa, no obstante que el estreno tuvo que esperar siete años debido a la imposición del Parlamento Húngaro de que se borrase el nombre del libretista por ser considerado incómodo al gobierno.

Como era de esperarse de un Bartók influenciado por la música campesina húngara, Debussy y todavía algo de Strauss en los cuadros orquestales, la ópera es una aguda fábula sobre la soledad humana vista desde las corrientes psiquiátricas y psicológicas de la época.

Judith“El Castillo de Barba Azul” es una ópera en un solo acto en donde aparecen nada más que dos personajes: Kékszakállú (Barba Azul) y su octava mujer Judith. Judith ama a Barba Azul y, poseída por un enorme deseo de redimirlo, lo ha seguido hasta su castillo. Allí, le pide las llaves de las siete puertas para conocer sus secretos, pero él sólo le da seis. En la primera puerta encuentra una cámara de tortura. En la segunda, armas. En la tercera, un tesoro ensangrentado. En la cuarta, un jardín salpicado de sangre. La quinta puerta muestra un paisaje tenebroso. La sexta, un mar de lágrimas y los dolores de la vida. Acorralado, Barba Azul le entrega a Judith la última llave, la de la séptima puerta. Al abrirla, encuentra todas las amantes que ha tenido Barba Azul y que no han servido para compensar su soledad. Entonces Judith, comprendiendo que esa puerta da a la noche de la cultura, vuelve a colocarse entre ellas y Barba Azul regresa a su sempiterna soledad.

Es interesante hacer notar que el tratamiento que Bartók da a las voces conserva, más allá del carácter de la trama, el estilo gótico e incluso oscuro propio de la cultura magiar.

mujeres de barbazul

La orquestación es rica en matices y presagia buena parte del material que posteriormente se utilizará en el Concierto para cuerdas, percusión y celesta.

Asimismo, conforme la escena se desarrolla en torno a la apertura de las puertas, las diferentes secciones orquestales se van presentando paulatinamente, anticipándonos en forma de bosquejo lo que sucederá en el Concierto para Orquesta: el trémolo de los violines al abrir la primera puerta, las maderas y trompetas al abrir la segunda, incorporación de los cellos y pequeños plenos orquestales que se suceden en continuo... hasta llegar al cataclismo orquestal que representa la apertura de la quinta puerta.

La forma arco hace su aparición simbólicamente cuando al final de la ópera se retorna al mundo de la oscuridad. El sonido de la orquesta simplemente se va apagando, dando la sensación de que todo ha sucedido más allá de cualquier tiempo y espacio, o incluso, cuento de hadas al fin, nunca sucedió en realidad...

A continuación, dejamos a ustedes “El Castillo de Barba Azul” en la extraordinaria grabación debida a * Walter Berry como Barba Azul, Christa Ludwig como Judith y la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección del inolvidable István Kerstész. Ojalá la disfruten.
* Versión obsequiada por el querido Fernando de León.

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barbazul colores

miércoles, 9 de junio de 2010

CHAIKOVSKY: 5ª SINFONÍA [Cantelli – OS NBC]


Haciendo votos por la inmediata recuperación
de nuestros amigos Javier y Fernando,
a quienes ya quisiéramos tener aquí
en nuestro fogón

por Elgatosierra


Hace unos días QUINOFF nos decía, a un grupito de melómanos orates que compartimos tertulia cibernética, que lo bueno de hablar con nosotros era que de repente salíamos con intérpretes que ya habían caído en el olvido, pero que gracias a eso estaba descubriendo músicos de gran altura sólo reservados para los más avezados.

Ya le recordé en su momento aquel refrán que tanto se usa en mi pueblo: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. JAJAJA

Hablaremos hoy, para placer de todos, de uno de esos directores de orquesta prácticamente olvidados.

GUIDO CANTELLI (1920 – 1956) fue un director de orquesta italiano que nos abandonó demasiado pronto, con sólo 36 años, en un desventurado accidente aéreo en París. Para dimensionar su envergadura artística bástenos recordar que aquel mismo 1956, sólo ochos días antes de tan terrible desgracia, había sido nombrado director musical de La Scala de Milán, sucediendo a Carlo Maria Giulini y precediendo a Claudio Abbado.

Perteneció a aquella generación formada por directores de la talla de Argenta, Bernstein, Karajan, Solti, Leinsdorf...

Fue aclamado en las más prestigiosas salas de concierto y teatros de ópera de Europa, Estados Unidos y Sudáfrica.

Toscanini nada más conocerle pensó en él como su candidato favorito para sucederle en su orquesta. Se habla de Cantelli como el discípulo más aventajado y querido del viejo maestro, aunque en puridad no podamos decir que fuera alumno suyo. Sabata también le tenía en gran estima. La Filarmónica de Nueva York, buscando el sustituto de Mitropoulos, le permitió codearse con Walter y Szell, invitándole regularmente.

Cantelli no dejó, por desgracia, muchas grabaciones. Apenas algo de Beethoven, Brahms, Franck, Mussorgsky, Hindemith, Liszt, Mendelssohn, Mozart, Ravel, Rossini, Verdi, Vivaldi...

Pero hoy le traeremos aquí por lo que siempre ha sido más recordado: sus magníficas interpretaciones de las tres últimas Sinfonías de Chaikovsky. Aquí está su versión de la Quinta, registro de un concierto en directo con la Orquesta Sinfónica de la NBC en 1952.

Si comparamos las versiones de esta Quinta Sinfonía por Toscanini y Cantelli, comprobaremos cómo, mediante aquella «técnica de la distanciación» que tan magistralmente manejaban ambos, aquél nos resulta gélido mientras éste nos parece incandescente.

Salud, paz, sonrisas y cordiales saludos.


martes, 8 de junio de 2010

SCHUMANN: BICENTENARIO

schumann
Hace doscientos años nació un maestro del arte que alcanzó la inmortalidad. En la ciudad sajona de Zwickau vino al mundo Robert Alexander Schumann, que de genio, poeta y loco no tuvo sólo un poco, sino muchísimo. Tal vez demasiado como para sobrevivir. Síntesis brillante del Romanticismo alemán, Robert Schumann nos legó una obra visionaria que no siempre es apreciada con la reverencia que merece, aunque el tiempo ha corrido a su favor. El gran compositor de lieder, melodista sin par como su admirado modelo, Schubert; el gran creador pianístico que con su fantasía elevó la miniatura a las cimas de la genialidad; el sinfonista de cuatro obras maestras donde se anticipan lenguajes nuevos (que luego usarían Bruckner y Mahler); el crítico lúcido que veía a los genios cuando nadie les reconocía, y saludó a Chopin, y a Brahms; el tenaz enamorado de Clara... en suma, a este hombre que con doscientos años sigue siendo joven y sorprendente le rinde esta página un humilde tributo, que a lo largo del año irá desgranándose en sus obras quizá menos conocidas.

Por hoy, escuchemos su temprana Toccata para piano en Do mayor, Op. 7, en la brillante interpretación de Vladimir Horowitz.

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