viernes, 31 de julio de 2009

La QUINTA antes de SCHÖNBERG [Cuarteto con Piano n°1 en Sol menor]

Brahms adolescente
Brahms en 1853, con veinte años cumplidos

Seamos puristas: una transcripción puede ser genial, pero el original siempre estará más arriba. No mencionen los “Cuadros de una Exposición” porque ahí me confundo; en cuanto a Brahms, en cambio, estoy seguro. Aquí les traigo el Cuarteto con Piano número 1 Op. 25 de la manera en que fue concebido y, para quienes se entretengan leyendo música, la partitura. Inmersión total en este Brahms de juventud.

El cuarteto con piano es una formación inusual: tres instrumentos de cuerda (violín, viola y violoncello) con los cuales el piano nunca acaba de empastar porque el sonido se produce de distinto modo (cuerdas frotadas unos, cuerdas percutidas el otro). Esta dificultad puede explicar que no exista literatura muy abundante para esta clase de cuarteto, ni tampoco agrupaciones estables dedicadas a estas obras. Para tocarlas, la costumbre es que conjuntos de cuerdas ya consolidados inviten a un buen pianista (y prescindan del segundo violín) o bien cuatro instrumentistas independientes se reúnan para abordar este subgénero.

Les ofreceré ambas alternativas. Basta pinchar en las imágenes para descargar la música respectiva.


intérpretesPor una parte, en un registro de 1982 el pianista húngaro Tamás Vásáry se asocia con tres artistas igualmente excepcionales: el violinista Thomas Brandis, el violista Wolfram Christ y el cellista Ottomar Borwitzky. Aprecio mucho esta versión porque tiene nervio, espíritu y ningún exhibicionismo. Particularmente me gusta el sonido de Vásáry, virtuoso que antepone el corazón y evita que la velocidad se robe la nitidez. Los cuatro logran un notable balance de cuerdas y piano y un delicioso sentido del rubato que se agradece en el rondó final, nada atropellado y con un toque áspero y temperamental adecuado al estilo gitano que pretendía imitar Brahms.


trío leopoldPor otra parte, en un registro de 2005, el Trío Leopold incorpora al extraordinario pianista canadiense Marc-André Hamelin (quien parece desconocer el término “dificultad”, igual que Kissin). Como el trío estable que son, los “Leopold” se conocen y logran un “sonido mutuo”, bien integrado, demostrando además un hermoso sentido de la dinámica. Es una versión más impetuosa. Hamelin exhibe prodigiosa técnica y, claro, la presencia del piano es más enfática. No está mal; en los días de este Opus 25, Brahms era un pianista componiendo cuartetos sin renunciar a su propio instrumento.

PARTITURA. Pueden apreciarla AQUÍ, cortesía del excelente sitio el-atril.com

La QUINTA de BRAHMS...



...al menos eso decía Schönberg para referirse a su orquestación del Cuarteto con Piano en Sol menor Op. 25 de Brahms. Era un desahogo de su ironía y eso me simpatiza, aunque el “Señor Doce Tonos” me parezca en otras lides tan inaccesible como un murallón de concreto.

Pero dejemos eso y vamos a este arreglo espectacular que hoy comparto con ustedes.

La idea de orquestar el cuarteto de Brahms fue cosa de Klemperer, que se esforzaba a principios del siglo pasado en promocionar a Schönberg con escaso éxito, y el camino de las transcripciones le pareció una buena manera de tentar al público. Herr Schönberg explicaría más tarde sus motivaciones con exactitud mordaz:


Mis razones: 1. Amo esta pieza. 2. La tocan muy poco. 3. Siempre la tocan muy mal, y cuando el pianista es bueno, peor, porque toca fuerte y nadie oye las cuerdas. He querido, aunque sea una vez, poder escucharlo todo, y lo he conseguido”. Hasta ahí vamos bien. La literatura fantástica viene justo a continuación: Mis intenciones: 1. Ajustarme rigurosamente al estilo de Brahms, y no ir más allá de donde habría ido él mismo si estuviera vivo. 2. Obedecer rigurosamente todas las leyes observadas por Brahms, sin romper ninguna de aquellas que solamente conocen los músicos educados en su mismo ambiente”. Schönberg, disonante honesto, no remata con un “lo he conseguido”. Pues, si bien su orquestación emula el estilo instrumental del solitario maestro de Hamburgo, no se priva de sonidos que Brahms nunca utilizó: metales con sordina, xilófono, glissandi de trombones, glockenspiel... Incluso el adorno conocido como grupeto, aunque escrito de puño y letra por Brahms, al ser magnificado por las cuerdas agudas en combinación con los metales empieza a “oler a Wagner”, quien usaba la misma figura ornamental en sus melodías.

¿Lo que digo parece reproche? Pues nada que ver: Don Arnoldo era un arreglista de enorme imaginación, capaz de pasar de lo mínimo a lo máximo (trasladar una obra de cámara como ésta a la plantilla sinfónica) y viceversa (llevar la mismísima Canción de la Tierra, de Mahler, a una orquesta de cámara).

Por su parte, en los años de esta composición Brahms no se había refugiado detrás de ninguna barba. Este primer cuarteto es muy melódico, expansivo, pero con rasgos inconfundibles: claridad de exposición, reelaboración temática a partir del mismo material (para Schönberg, el germen de la “variación continua” que tomaría él mismo como bandera), cierto pesar que aún no es “otoñal” y momentos “heroicos” que parecen clamar (en la versión original) por una realización sinfónica.

Esa que Schönberg le supo dar.

Y que pueden gozar ustedes, impúdicamente, AQUÍ.


En la próxima entrega, el Cuarteto con piano de Brahms en su versión original.

lunes, 27 de julio de 2009

Más VIVALDI con piel de BACH

Le toca el turno a otra transcripción bachiana de un original vivaldiano: el Concierto para órgano en Do mayor BWV 594, cuyo modelo es el Concierto Grosso Mogul en Re mayor, RV 208. Enérgico, atrevido y virtuosista, el concierto del Prette Rosso era un reto al violinista de su tiempo. Bach atrapa ese violín en los teclados del órgano barroco, permitiendo el lucimiento del ejecutante y el deleite del auditor.

Deleite que dejo a vuestro alcance, AQUÍ.

sábado, 25 de julio de 2009

EL TRANSCRIPTOR TRANSCRIPTO


“¿Qué miran?” — Bach en su querido órgano de tubos


Las transcripciones de Bach han causado más de algún sarpullido. A la larga, la culpa es del siglo XIX. En esta maravillosa centuria ocurrieron dos cosas (entre otras): se asentó el concepto de “genio”, y los grandes artistas fueron mitificados. Aunque no era una época precisamente devota, aquellas dos actitudes asumieron ribetes religiosos. El nacionalismo (sin zeta todavía) ascendía en ese conglomerado de estados alemanes que buscaban una nueva identidad, y los músicos geniales del pasado fueron, para un pueblo profundamente musical, una credencial de validación histórica. Ponerles una mano encima era poco menos que sacrílego.
Pero el bueno de Bach, ajeno a tales discusiones, se lo pasó muy bien copiando italianos (y franceses y otros más). Particularmente a un italiano. Cura además. Y Rojo. Mucho antes que hubiera un Ernesto Cardenal, ya Venecia tenía su Prette Rosso: el Padre Antonio Vivaldi, músico genial en todo el alcance del término, virtuoso del violín (de lo demás no se sabe), estupendo organizador de espectáculos artísticos, de formas musicales (le debemos el concierto tripartito) e inimitable pintor de la naturaleza. Pero nada dura para siempre: la popularidad, amante voluble, se olvidaría de su presbítero, quien a su vez sacudiría las musicales sandalias para marcharse a Viena, donde acabaría sus días.

Quizás nunca supo ese violinista pelirrojo, asmático y aventurero que uno de sus más fervientes admiradores vivía en tierras germánicas y había convertido varias de sus piezas en magníficos Conciertos de órgano, echándole además una manito en aquello del contrapunto, técnica donde don Juan Sebastián no tenía rival.



Compartiré con ustedes, en entregas sucesivas, los tres Conciertos de órgano de Bach basados en otros tantos de Vivaldi. Comenzaremos AQUÍ con el Concierto en La menor BWV 593, transcripción del Concierto vivaldiano para dos violines en la misma tonalidad — Me saludan a Prokofiev, yo me quedo hoy por aquí.



LA RECETA: Crepes en Torta a la Florentina


Nosthas propone, Quinoff pospone... Así pareció ser el lema hasta este momento, cuando por fin logro colocar en el blog la receta de Ernesto. ElGatosierra sugirió titular la sección como música de Telemann, “Tafelmusik”, añadiendo una música que acompañe las viandas. Y aquí vamos.


La Receta de Ernesto NOSTHAS


¡Hola amigos! Después de un breve retiro regreso renovado y entusiasmado por el grupo de amigos que estamos rodeando al buen QUINOFF. Venimos de una tristeza grande con la partida de nuestro querido Cuervo, pero si el tuvo el poder de reunirnos en vida y crear para compartir, ahora que está en mejores manos que nosotros (ampliando el horizonte de Mahler para los cielos), justo es que nos reunamos y sigamos creando con la sonrisa en los labios y la esperanza en el corazón.

Luego de los comentarios de las Estaciones de Tchaikovsky, el buen Gato nos inspira a brindar con un Louis Roederer Cristal Magnum, por lo que para hacerle eco en un brunch dominical, les propongo esta delicia tan fácil de preparar como sabrosa de degustar: CREPES EN TORTA A LA FLORENTINA.


Vamos en etapas. Primero SALSA CON QUESO, ESPINACAS Y CHAMPIÑONES, para ello necesitamos:

4 cdas de buena mantequilla
5 cdas de harina
2-3/4 tazas de leche caliente
1/2 cdta de sal
1 pizca de nuez moscada
1 pizca de pimienta
1/4 taza de crema para batir
1 taza de queso rallado Suizo – en esta parte les pido que busquen el mejor que puedan, un Emennthaler danés es una buenísima variación
1-1/2 taza de espinaca cocida, cómprenla fresca en el mercado
1 taza de queso crema o requesón, un buen ricotta también es bien recibido
1 huevo
1 taza de hongos (champiñones) en rebanadas previamente sofritos en mantequilla con 2 cdas de cebolla


Luego ocupémonos en la MASA PARA 12 CREPES

1 taza de agua fría
1 taza de leche fría
4 huevos
1/2 cdta de sal
2 tazas de harina cernida
4 cdas de mantequilla derretida tibia



PREPARACIÓN DE LA MASA
Mezclar todos los ingredientes con una batidora a una velocidad alta por 1 min, colar esta masa. IMPORTANTE al menos refrigerar por 2 horas. Poner una sartén que no se pegue (de teflon), untar con mantequilla o aceite, a fuego moderado hasta que empiece a humear poquito. Sacar del fuego y rociar con 1/4 taza de la masa. Vertiendo en el medio del sartén para repartir por todo el sartén. Volver el sartén al fuego y dejar por 1 min. Darle la vuelta cuando el crepe se suelte en la sartén, dar la vuelta y cocinar otro min. Siga el mismo procedimiento hasta terminar con la masa. Mantener las crepes calientes dentro de un lienzo delicado y de preferencia en una sarten amplia que conserve el calor.


Y finalmente, viene la PREPARACIÓN DE LA SALSA — Si quiere hacer más crepes tiene que doblar la receta en proporciones.

En una sartén derretir la mantequilla, mezclar con la harina y cocinar suave por 2 min, sin que agarre color. Retirar del fuego y batir la leche, sal, pimienta, nuez moscada. Hervir revolviendo por 1 min. Bata la crema en la mezcla reservando 2 cdas del queso Suizo. Dejar hervir lentamente por unos minutos; probar para corregir el sazón. Batir varias cucharadas de esta salsa con la espinaca probándola cuidadosamente para corregir el sazón.



Luego batir el queso crema, con el huevo, los hongos y varias cucharadas de la salsa hasta que forme una pasta espesa, luego corrija la sazón a su gusto.

PREPARACIÓN DE LAS CREPES — Con las crepes ya cocinadas que tengan 6" a 7" de diámetro que preparamos previamente. Una fuente redonda para hornear ligeramente enmantequillada (1 cda de mantequilla).

1. Calentar el horno a 375'F. Al centro de la fuente untada con la mantequilla poner una crepe, untarla con la espinaca. cubrir con otra crepe untarla con la mezcla del queso con hongos y continué así, alternando con los dos rellenos, terminando con el ultimo crepe sin mezcla.
2. Vierta el resto de la mezcla del queso sobre los crepes, y regar con el resto de las 2 cdas de queso Suizo; reservado sobre la torta de crepes. Poner 1 cda de mantequilla en pedacitos sobre las crepes.
3. Refrigérelo por 30 a 40 min, antes de servir, entonces coloque en la parte superior del horno precalentado y déjelo hasta que burbujee y el queso se dore ligeramente. Sacarlo y servir de inmediato como entrada con un buen champagne de preferencia, o un vino blanco.



jueves, 23 de julio de 2009

KARAJAN: Veinte Años no es Nada



Veinte años después. Como la novela de Dumas. Veinte años que no son nada. Como el tango. Veinte años en que Karajan sigue arriba del pedestal. Aunque el contexto cultural de donde surgió sea hoy cosa añeja; por más que la tradición musical de la cual era vástago haya sido reemplazada por nuevas sensibilidades; incluso cuando las “escuelas nacionales” se han diluido en la era de la globalización... Karajan permanece.

Cuando yo era una de esas criaturas extrañas que la ciencia denomina adolescentes, creía en un único director: Leonard Bernstein. Lo demás era condimento. Pero cierto día en casa de un amigo, comparando batutas, supe de Karajan. ¡Bendita ignorancia, condición para el gozo del descubrimiento! Mi amigo alabó la relevancia dada al timbal por este [desconocido] maestro germano y nos quedamos oyendo su Wagner. Empero, mi “conversión” tardaría un poco más — en Wagner seguí fiel adepto de Solti y Szell. Mi panteón personal estaba entonces muy despobaldo; no había llegado el día de los dos Kleiber, de Furtwängler, de Harnoncourt, de Bruno Walter, de Abendroth, de Mravinsky... Pero antes que ellos sí llegó el día de Karajan, cuando lo escuché dirigir a Brahms, a Tchaikovsky y sobre todo a Beethoven. Esa capacidad innata para iluminar el sonido daba a su batuta algo de varita mágica.

Pero no todo era tan luminoso. Una sombra perseguía a este gran músico, y era su pasado en la lóbrega Alemania nazi. Había quienes tomaban la crítica musical para derivarla en crítica biográfica. Operación realmente cómoda pues, como dice un refrán, “tras la guerra todos son generales”. La historia de una posguerra la escriben los vencedores... y no siempre vence la verdad. En vez de ella se imponen las conveniencias y las versiones monocromas. Ernesto Nosthas se encargó hace un tiempo, a petición de Gabriel “Cuervo” López, de analizar el asunto, separando la paja del grano; ahora, auspiciado por el mismo Ernesto, quisiera homenajear al gran maestro austríaco republicando este ensayo.

Les invito a saltar a la casa del Cuervolopez otra vez, como en días de antaño, para repasar el concienzudo artículo... AQUÍ.

miércoles, 22 de julio de 2009

PROKOFIEV: INTEGRAL de sus SIETE SINFONÍAS [Gergiev + Sinfónica de Londres]




Todo por decir que no. “No conozco a Prokofiev... No trago a Prokofiev... No me banco a Prokofiev... No le encuentro su qué a Prokofiev...”

Viene entonces el Sr. Nosthas y le desenfunda a uno LA INTEGRAL SINFÓNICA del camarada Serguei. Así es: a quemarropa. Con alevosía. Ni más ni menos que las siete sinfonías del maestro ruso, interpretadas por Valery Gergiev al mando de la Sinfónica de Londres en una grabación en vivo del año 2004. Ocurre entonces que decir no se vuelve tarea difícil, porque Prokofiev persuade. Aunque hagamos zapping entre las sinfonías como hago yo, diatónico a rabiar que no puede establecer domicilio en la turbulencia.

Habrá mucha gente feliz con estas siete obras tan increíblemente disímiles entre sí pero tan bien nutridas —no lo negaré— de inmenso talento. Está bien Ernesto: de auténtico genio. No voy a regatear el calificativo. Por cierto, semejante regalo viene endosado con estas palabras:

“¿Qué pasa cuando la técnica que inspiró ‘La Consagración de la Primavera’ se usa para componer una sinfonía...? ¡La Segunda! Ahhh... para destrozar tu casa a todo volumen, salvaje y primitiva, ¡una disonancia orgásmica! Ojo con la Quinta y especialmente —uhhhh— la Séptima. Incluye las dos versiones de la Cuarta.”

¡Un brindis por Ernesto! Ahora la consigna es: ¡a disfrutar!

MP3 | 256 kbps | Archivo 1: 191,6 MB | Archivo 2: 277,8 MB

martes, 21 de julio de 2009


BEETHOVEN,
el Gigante que nos contempla
desde el Olimpo

por Elgatosierra


“Él lo sabe todo pero nosotros no podemos
comprenderlo aún; correrá mucha agua por el Danubio
antes de que todo lo que Beethoven ha creado
sea entendido por nosotros.”


Schubert


INTRODUCCIÓN

Ludwig van Beethoven es considerado muy frecuentemente uno de los compositores más grandes de la cultura occidental, si no el más grande, y esta afirmación suele dejarse en el aire, dando por sentado que nadie pondrá ninguna objeción al respecto. Se ha convertido es una constante con la que nos hemos acostumbrado a convivir.

Aunque no se sepa lo que es, todo el mundo reconoce inmediatamente las primeras notas de su Quinta Sinfonía, o canturrea inconscientemente el Himno a la Alegría de la Novena.



Pero ¿a qué se debe su altísima reputación? ¿Por qué las enciclopedias de música le dedican más espacio que a ningún otro compositor, las casas discográficas editan y reeditan sus obras permanentemente, las revistas especializadas no paran de analizar y comentar todos los aspectos imaginables de su vida y pentagramas, incluso las editoriales de libros de divulgación saben que los ensayos que a él se dediquen se venderán en poco tiempo, y las colecciones por fascículos de música clásica suelen comenzar por sus obras más famosas?


La influencia de Beethoven sobre otros músicos, tanto de su tiempo como posteriores, es más que evidente. No cabe duda que Haydn, quien fue durante algún tiempo su maestro, ya comprendió su valía, aunque no pudiera asimilar conscientemente la extensión y profundidad de su verdadero valor; Schubert reconoció personalmente ese influjo; Mendelsshon, Berlioz, Schumann, Bellini, Dvorák, Bruckner, Wagner, Richard Strauss, Schönberg, Bartók y un largo etcétera le debieron muchas cosas. Y su herencia se deja ver con más o menos fuerza en sus obras.

Pero para algunos compositores en particular esa herencia se hizo, en ocasiones, casi insoportable. Brahms no se atrevió con la forma sinfónica hasta después de mucho tiempo, temiendo permanentemente que se compararía su primera sinfonía con la Novena de Beethoven, y Mahler no quería, inconscientemente, llegar a su novena para no transgredir los límites, así que tituló a la que debería haber sido aquélla como “Das Lied von der Erde”.

Incluso aquellos que menos pareciera que le deben, como Chopin o Liszt, no dejaron de beneficiarse de muchos aspectos que Beethoven conquistó como músico profesional, por ejemplo su independencia de la aristocracia, su total compromiso con el arte, su profundización en la música para piano y algunas otras cosillas que no son de menor importancia.

Beethoven — por Max Klinger

Muchos intérpretes le dedicaron toda su vida, volviendo recurrentemente sobre sus obras. Schuppanzigh le estrenó la mayoría de sus cuartetos; Mendelsshon, Berlioz y Liszt no pararon de popularizar sus obras; Wagner mitificó su Novena Sinfonía...

Habeneck, Búlow, Nikisch, Mahler, Richard Strauss, Toscanini, Mengelberg, Furtwängler, Walter, Schnabel, Gieseking, Klemperer, Backhaus, Kempff, Szell, Karajan, Gilels, Végh, Badura-Skoda, Brendel, Barenboim, etc., basaron, y algunos siguen basando, sus carreras, prácticamente, en la continua interpretación de sus composiciones.

Es mi intención, a través de una serie de post que llevarán el mismo título general que éste, tratar de dar las razones por las que aquella afirmación, de la que he partido más arriba, puede ser tenida por cierta, y los argumentos fundamentales serán las propias obras de Beethoven con una somera presentación.

También haré pequeños comentarios sobre generalidades relacionando su vida y su obra, con la música de su tiempo, su epistemología, el clasicismo, la teoría, la estética, las formas y los géneros, la interpretación, la educación...

No habrá en esta serie un afán de exhaustividad, por lo que sólo aparecerán aquellas composiciones que, a mi entender, resultan fundamentales para justificar mi propósito.

Seguiré un orden cronológico y trataré de abarcar todas formas musicales que Beethoven abordó a lo largo de su vida, e intentaré hacer una selección de las versiones a escuchar que permita aunar calidad, variedad y una cierta cultura discográfica del maestro.

Para poder comprender un poquito mejor todo lo que aquí iremos diciendo, sería interesante contar con algunas informaciones básicas y fundamentales que podrán consultar en la siguientes dos direcciones:




Para comenzar, y a modo de aperitivo, AQUÍ les dejo un disco que recopila parte de algunas de las más importantes obras de Beethoven. Bajo el título de “The Best of Beethoven” (Lo Mejor de Beethoven), y con ochenta minutos de música, en notables interpretaciones, puede perfectamente servirnos para ilustrar este primer post de la serie.

Si encuentran aquí algún aspecto negativo o reprobable el único responsable seré yo como autor de estos modestos ensayitos, los aspectos positivos se los deberán agradecer a nuestro anfitrión, el querido amigo Quinoff, que me ha permitido comunicarme con ustedes a través de su espacio virtual. Se admiten sugerencias, y siempre serán bien venidos todo tipo de comentarios.

Por cierto, con relación a lo que dijo Schubert, sigue corriendo agua por el Danubio y todo lo que Beethoven creó sólo es comprendido por unas pocas personas, cada vez más, pero aún muy pocas.

Salud, paz y una sonrisa por favor.

Elgatosierra

Detalle del disco compartido


sábado, 18 de julio de 2009

UN PROKOFIEV POCO CONOCIDO


¿Putin? No: Sergei Prokofiev en sus años mozos

por Ernesto NOSTHAS


El buen amigo Quinoff me ha dado posada en su casa y me propongo a colaborar con su blog en muchos frentes, recordando la vena que incentivó en mí nuestro querido amigo Elcuervolopez. Por una línea, estaré colaborando con el enigmático Elgatosierra en producir una colaboración editorial conjunta; estaré promoviendo el buen comer con algunas recetas de mi calórico pasado y por otro lado, os sacudiré las neuronas con autores del siglo XX y XXI. Y en este último sendero, empezaré con mi muy admirado Sergei Prokofiev, uno de los compositores soviéticos más importantes del Siglo XX.

Para empezar con golpe y porrazo, empiezo con un bombazo: A cincuenta años de la muerte del genial Prokofiev, ¿quedará todavía alguna obra mayor por estrenar?

Por increíble que parezca, la respuesta es... . Tal obra existe: el Concierto para Cello y Orquesta en Mi menor op. 58.


* * *
Pero antes, retrocedamos un poco en la Historia. El cello siempre fue un instrumento que atrajo a Prokofiev. Una de sus primeras composiciones fue una balada para cello y piano, la cual estrenó un par de meses antes de su triunfal concierto de auto presentación en el que ofreció su Primer Concierto para Piano y Orquesta. Más o menos a la mitad de su repertorio encontramos el concierto antes aludido. Y en la última parte de su vida creativa hay cuatro obras más para cello: la Sonata para Cello y Piano op. 119, la Sinfonía Concertante para Cello y Orquesta, su Concertino para cello y orquesta y una sonata para cello solo —su última obra registrada— la cual quedó inconclusa a su muerte. Estas últimas obras fueron inspiradas y dedicadas a Mstislav Rostropovich, quien iniciaba su meteórica carrera a principios de la década de los años cincuenta.

Es notable como el concierto para Cello y Orquesta en mi menor fue ignorado por más de 70 años. Fue compuesto en un lapso de cinco años entre 1933 y 1938, y estrenado el 26 de noviembre de 1938 en Moscú por el cellista Lev Berezovsky con la Orquesta Sinfónica Estatal bajo la batuta de Alexander Melik-Pashayev. Los cronistas de la época señalan que la obra en su presentación fue todo un fracaso.

Al escucharla, el autor de estas líneas debe reconocer que no es la obra más genial de Prokofiev. Es más, hasta la mitad del segundo movimiento y por un inesperado solo de trompeta, no parece una obra prokofiana. Se debate entre varios estilos y no podemos precisar las intenciones, pero hay en ella abundante material melódico y una fina construcción, especialmente en el segundo movimiento.

En su primera grabación mundial, los invito a escucharla... Es para sorprenderse y la debemos a un esfuerzo de los amigos del inquieto sello británico Chandos. En un tris de mercadotecnia han titulado al álbum “Prokofiev: El desconocido”.



Acompaña la grabación un cuasi estreno mundial de una obra poco conocida de Prokofiev, una de las que dejó inconclusas a su repentina y inesperada muerte (por la dedicación que se autoimpuso para terminar la Séptima Sinfonía). Inmediatamente tras su deceso, Rostropovich se propuso reconstruirla con el apoyo de Kabalevsky y así la estrenaron primero en una versión para cello y piano el 29-de diciembre de 1956 en el Conservatorio de Moscú con Mstislav Rostropovich y Alexander Dedyukhin (piano). Luego en el 18 de Marzo de 1960 estrenaron la versión orquestal con Rostropovich y Abram Stasevich dirigiendo la orquesta del Conservatorio. En términos interpretativos, la Sinfonía Concertante (la cual será objeto de análisis en una próxima entrega) es considerada endemoniadamente complicada para los solistas de cello y posee una estética vanguardista, el Concertino en contraste, es una obra más intima y reposada a la que no se hace justicia en la “tradicional” versión completada por Kabalevsky.

La versión de Rostropovich y Kabalevsky se ha grabado unas cinco veces, pero Chandos nos ofrece ahora otra reconstrucción realizada entre el musicólogo Vladimir Blok con una sorpresiva adición de Alfred Schnittke específicamente en la cadenza del primer movimiento. Acá conviene destacar. En esta versión se introducen cambios notables, quizás más a la manera en que Prokofiev concibió la obra, ya que Kabalevsky tendió a exagerar la orquestación, en cuanto a la percusión y los bronces. Blok, caso notable, se llevó hasta su propio lecho de muerte la terminación de la obra. Invito a los lectores a leer con detenimiento el libreto que acompaña la grabación, en donde el solista, Alexander Ivashkin, hace una recapitulación del contenido de la obra.

La interpretación es acompañada por la Orquesta Sinfónica Estatal de Rusia bajo la batuta de Valeri Polyansky.

1 Prokofiev: Concerto in E minor, Op. 58: I. Andante 6:05
2 Prokofiev: Concerto in E minor, Op. 58: II. Allegro giusto 12:45
3 Prokofiev: Concerto in E minor, Op. 58: III. Allegro 19:31
4 Prokofiev: Concertino in G minor, Op. 132: I. Andante mosso 12:17
5 Prokofiev: Concertino in G minor, Op. 132: II. Andante 5:40
6 Prokofiev: Concertino in G minor, Op. 132: III. Allegretto 4:36


DESCARGAR EL ARCHIVO AQUÍ

Sergei Prokofiev disputando una
partida de ajedrez con David Oistraj

BACH a la Carta

Bach monumento Eisenach

Concierto frente al monumento a Bach en Eisenach, 1954

En los últimos años de su vida, Bach experimentó la doble oscuridad de la ceguera abrupta y el olvido paulatino. Su legado extraordinario durmió el sueño de las crisálidas para emerger otra vez, radiante, a principios del siglo XIX. Considerado desde entonces uno de los músicos más grandes que haya dado la Humanidad, Bach ha ejercido influencia palpable en todos los órdenes de la creación musical.

Una figura tan descollante concita homenajes, más aún en ese arte de entusiastas que es la música. Pero a veces los tributos pueden volverse controversiales; tal es el apartado de las transcripciones de sus obras. Las famosas acometidas de Stokowski en este terreno, por ejemplo, recibieron por igual el aprecio del público y el desprecio de la crítica. Ese Bach heterodoxo, posrromántico, alcanzaba la cima de su popularidad a mediados del pasado siglo en la genial “Fantasía”, de Walt Disney, película que inicia con la Toccata y Fuga en transcripción stokowskiana para ilustrar el concepto de música abstracta. Cualquier amante de la música recordará esa secuencia inolvidable:

» Nota en 2016: El video al que aludo en el texto precedente fue removido de YouTube por Disney aduciendo copyright. No he podido encontrar una versión que em satisfaga pero les animo, amigos, a realizar su propia búsqueda de esta preciosa secuencia de arte visual y musical.

Con todo, Stokowski no fue el primero en prestar esta clase de servicios a Bach (ni mucho menos fue el primer músico en realizar estas prácticas con un ilustre colega). Schönberg, Reger, Busoni, Rachmaninov o Mahler, para citar sólo algunos, también hicieron sus pinitos retocando al maestro de Eisenach con el fin de acercar su obra al público. Cabe preguntarse incluso cuál Bach resucitó en la batuta de Mendelssohn aquel memorable 11 de marzo de 1824, con la Pasión de San Mateo. Casi doy por hecho que fue una versión aggiornata.

Les invito a explorar dos arreglos orquestales del arte de Bach: una suite reelaborada por Mahler y cuatro piezas de Bach-Stokowski, “Bachowski”.

  • Para las DESCARGAS, pinchar sobre las FOTOS
BACH/MAHLER: SUITE PARA ÓRGANO, CLAVECÍN Y ORQUESTA

El arreglo que Mahler efectuó sobre Bach, contra lo que cabría esperar, fue muy poco invasivo. Sus “originalidades” consistieron en formar una suite con piezas tomadas de dos fuentes distintas, reescribir y ampliar la parte del continuo adjudicada al teclado (clavecín), doblar la línea del bajo con nuevos instrumentos (órgano, fagot, etc.) para realzar su diseño y color, y permitirse esporádicos detalles como las cuerdas pellizcadas en la Badinerie o el brillo ocasional de los metales. Nada más. Aquí está la interpretación de Esa-Pekka Salonen y la Filarmónica de Los Ángeles. Para que no se pierdan nada, les entrego archivos WMA lossless, y a 24-bits.


BACH/STOKOWSKI: 4 PIEZAS ORQUESTALES

Stokowski sí que fue invasivo. Le viene bien aquella expresión italiana, Traduttore tradittore. Hizo transcripciones que conservaron las ideas de Bach pero no su estética. La presencia del director/arreglista compite desmedidamente con la del creador, empujándolo a una vorágine de esplendor sonoro según los cánones del posrromanticismo. Sin embargo... ¡cuántas veces me quedé embelesado con estas versiones! No hay que morder la mano que alimenta, dicen, y en este caso tampoco la que dirige. Mejor disfrutemos estas 4 piezas orquestales a partir de Bach, grabadas en 1974 por un ya anciano pero enérgico Stokowski junto a la Sinfónica de Londres. Archivos WMA de alta calidad.


BONUS-TRACK: TOCCATA Y FUGA EN RE MENOR. Transcripción orquestal de Stokowski, versión de Salonen, AQUÍ.

viernes, 17 de julio de 2009

BRAHMS, EL POPULAR (III) Sonata para Piano y Cello en Mi menor


Brahms, en la música de cámara, fue un cincelador de joyas . Y entre las muchas gemas de su factura se cuenta la Sonata para Piano y Cello número 1 en Mi menor, Op. 38. Hoy comparto esa obra con ustedes. Pero hice “trampa”.

La sonata tiene tres movimientos, y cada uno está servido por artistas diferentes. Escucharán el violoncello de Jacqueline du Pré, de Rostropovich y de Truls Mørk, y el piano de Barenboim, Serkin y Hélène Grimaud, asociados respectivamente en el primero, segundo y tercero de los movimientos.

El primer movimiento atrapa desde el comienzo, con esa melodía parecida a un lied que arranca sin preámbulos, llena de nostalgia, dulzura y pasión contenida. La gracia del segundo movimiento y su aire de minueto es como una sonrisa iluminando el barbado rostro del compositor, quien nos devuelve su impetuosa severidad en el movimiento final, con influencias bachianas en la estructura.

Dicen que esta sonata ofrece dificultades para el balance de los instrumentos, sobre todo en el allegro inicial; el cello se regodea en sus graves y el piano se entretiene con el registro agudo. No obstante, las tres versiones que se reparten aquí los movimientos superan toda y cualquier inconveniencia. El canto alado que du Pré extraía de las cuerdas; el sonido inspirado de Rostropovich y Serkin, sabios veteranos; la garra encendida de Grimaud y Mørk... tres facetas para una Joya en Mi menor.

Ahora acomódense. Comparen. Gocen despacio. No es música para un solo día, sino de las que se quedan con nosotros el resto de nuestra vida.


martes, 14 de julio de 2009

Bach, la Estrella Inmarcesible



El deseo de escribir estas líneas viene desde la feliz coincidencia de ambos autores en el blog de nuestro gran amigo Elcuervolopez, magno melómano y entusiasta desinteresado por compartir su música al mundo.

Si algún “defecto” le achacábamos jocosamente al maravilloso ser humano a la cabeza de dicho blog era su tozudez ante ciertos tipos de música en general y la barroca en particular... Nunca logramos calar con estos compositores ni en su razón ni en su corazón, ni motivar el mismo gusto en difundir la música del gran Cantor de Santo Tomás tanto como la de su adorado Gustav Mahler.

Se pueden contar, con suerte, una decena de post de Bach, frente a miles de Mahler. En el último de los contados espacios bachianos, unió a los autores en pos de uno de los ciclos más geniales de la música orquestal del maestro barroco: sus Suites para Orquesta.

Luego de la sensible pérdida de nuestro amigo Gabriel (alias Elcuervolopez), hemos decidido unir nuestras humildes faenas para iniciar en este hogar que tan gentilmente nos ha acogido, el de nuestro común amigo Quinoff, un viaje con los lectores en el mundo de la música de Bach.


Un periplo que trataremos de sazonar con nuestras propias vivencias en ese maravilloso universo sonoro, tratando de rendir homenaje y hacer justicia a su genio y a la atemporalidad de sus creaciones, no sólo evocando las grandes interpretaciones históricas, que jamás nos perdonaríamos olvidar, sino también las lecturas frescas que los jóvenes talentos actuales, a los cuales no dudamos en reconocer, están haciendo de su música.

Y por qué no, también la manera como otros músicos se han inspirado en su arte y han creado nuevas “versiones” de la música de nuestro amado Bach, llevándola a otros géneros y ritmos.

Al final del día, en la maravillosa puesta del brillante astro que nos alumbra, aquellas prosas que se escribieron para el blog de Elcuervolopez conservan una gran validez para sus autores:

partitura de Bach

Bach es a nuestro gusto personal, la expresión más sublime y perfecta de la música occidental. Su música es atemporal: suena bien con instrumentos de la época barroca, suena fresca en arreglos para instrumentos contemporáneos, suena notablemente bien en instrumentos modernos, sintetizadores y hasta en ringtones de celulares. Es básicamente el ADN del código musical, todo nace y todo muere en su música, nada ni nadie ha podido superar esa realidad. Bach es perfecto para cualquier momento, desde la introspección musical más absoluta; es incomparable como marco de creación para otras artes u oficios; es un catalizador natural del pensamiento y la cognición. En fin, es posible nacer, vivir, reproducirnos y morir al ritmo de esa música. Por supuesto que ello no desvalora el vasto universo musical que nos han legado otros maestros, pero en cualquier nota que busquemos fuera de Bach, desde Mozart y Haydn hasta Mahler y Schönberg siempre habrá algo suyo en esa obra”.


Como aperitivo a la serie que les presentamos, aquí les dejamos el Preludio de la Suite nº 1 para violonchelo solo, en sol mayor, BWV 1007, en la maravillosa versión que Anner Bylsma interpreta en el Stradivarius “Servais”.


Esperamos, pues, que les guste nuestra idea, y que con sus inteligentes comentarios y sugerencias —que siempre serán bienvenidos— nos ayuden a transitar por esta “Vía Láctea” de la inmarcesible obra de nuestro amadísimo JOHANN SEBASTIAN BACH.

Ernesto Nosthas y Elgatosierra



lunes, 13 de julio de 2009

BRAHMS, POR BORGES


Brahms por Borges

Yo, que soy un intruso en los jardines
Que has prodigado a la plural memoria
Del porvenir, quise cantar la gloria
Que hacia el azul erigen tus violines.

He desistido ahora. Para honrarte
No basta esa miseria que la gente
Suele apodar con vacuidad el arte.
Quien te honrare ha de ser claro y valiente.
Soy un cobarde. Soy un triste. Nada
Podrá justificar esta osadía
De cantar la magnífica alegría
—Fuego y cristal— de tu alma enamorada.

Mi servidumbre es la palabra impura,
Vástago de un concepto y de un sonido;
Ni símbolo, ni espejo, ni gemido,
Tuyo es el río que huye y perdura.


Jorge Luis Borges
“La Moneda de Hierro”

EL CAMARADA ERRANTE. Baker & Barbirolli


Vuelvo a la carga con el
Camarada Errante. Indudable favoritismo de parte mía, lo admito; es que estas cuatro canciones orquestales me calan hasta la médula.

Aunque si la versión es ésta, ya ni médula me quedará. Janet Baker, timbre único, y John Barbirolli al frente de la Orquesta Hallé, validando su legendaria reputación mahleriana. Las muchas virtudes que exhiben ambos intérpretes podrían sintetizarse en una sola expresión: musicalidad — esa cualidad preciosa gracias a la cual se transforman en lengua viva las partituras muertas, y sin la cual los artistas sólo son ejecutantes. Destaco también el perfecto ensamble de los británicos, que parecen todos una sola mente.

Reincidan en estas cuatro canciones de dulce y agraz, Lieder eines fahrenden Gesellen, AQUÍ.

sábado, 11 de julio de 2009

CHAIKOVSKY Y SUS “12 ESTACIONES”

tchaikovsky
Los nombres que reciben ciertas piezas musicales pueden ser desconcertantes. Todos sabemos que el año se divide en 4 estaciones y no más. Pues bien: alguna extraña razón que hasta hoy sigue perdida motivó el título de “Las Estaciones” para estas doce piezas de Piotr Chaikovsky (1840–93), dedicadas cada una a un mes del año en el hemisferio norte.

En 1875 el editor de una revista musical de San Petersburgo encomendó a Chaikovsky una serie de doce piezas breves para piano con la intención publicarlas mensualmente durante el año siguiente, 1876, a lo que el genio ruso accedió. Asumió también las sugerencias de título y tema hechas por el editor, y así nacieron estas obras cuya popularidad fue inmediata. Recordemos que en el siglo XIX el piano se hallaba presente en muchísimos hogares y conocía un gran período de esplendor, evidenciado por raudales de literatura musical para todo público, de modo que esas partituras incluidas en la revista se dirigían a un público objetivo.

Antecedentes de la colección chaikovskiana pueden hallarse en las Kinderszenen de Schumann o las Canciones sin Palabras de Félix Mendelssohn. Es verdad que la faceta más brillante de Chaikovsky no visita estas producciones, pero sí están presentes su vena melódica y la gracia de su discurso, razones de sobra para que “Las Estaciones”, más bien “Los Meses del Año”, conocieran un sinfín de adaptaciones.

Una de ellas es la versión instrumental preparada por el director y compositor soviético Aleksandr Gauk, que les traigo en versión de Evgeni Svetlanov, AQUÍ.

¡Que lo disfruten!

jueves, 9 de julio de 2009

LA SIBILA DEL RIN


hildegarda

  • Dedicado a MARTINE con cariño

Hildegard von Bingen nació en 1098 y falleció en 1179. Fue científica, hagiógrafa, líder monástica, médica, mística, pintora, profetisa, y, por lo que más nos interesa aquí, compositora de música maravillosa. En definitiva una mujer que atesoró, para su tiempo, una cultura impresionante.

Hildegarda, aunque en puridad era una religiosa de comienzos de la Baja Edad Media, más nos parece una dama culta del Renacimiento, o incluso una aristócrata ilustrada de la Francia prerrevolucionaria.

Nacida en una familia noble alemana, era la menor de diez hijos, y por ser la décima fue considerada como el “diezmo” para Dios, según la mentalidad medieval, siendo entregada a los catorce años al monasterio de Disibodenberg.

Hildegarda recibió durante estos primeros años una educación monástica rudimentaria, la mejor y la única para su edad en aquellos tiempos por otra parte, que comprendía: lengua latina (para poder seguir la liturgia); lectura de la Sagrada Escritura (memorizando los Salmos); y el canto gregoriano.

Desde muy niña, Hildegarda tuvo visiones, que más tarde la propia Iglesia confirmaría como inspiradas por Dios (en la imagen superior podéis verla recibiendo el mensaje divino). Estos episodios los vivía conscientemente, es decir, sin perder los sentidos ni sufrir éxtasis. Ella los describió como una gran luz en la que se presentaban imágenes, formas y colores; además iban acompañados de una voz que le explicaba lo que veía y, en algunos casos, de música.

Tal fue el reconocimiento que llegó a tener en su época que fue conocida como la Sibila del Rin. La gente la buscaba para escuchar sus palabras de sabiduría, para curarse o para que los guiara.

Por si todo esto fuera poco, creó su propia Lingua Ignota, primera lengua artificial de la historia, con su propio alfabeto.

Hildegarda compuso setenta y ocho obras musicales, agrupadas en Symphonia armonie celestium revelationum (“Consonancia de la armonía de las revelaciones celestiales”): 43 antífonas, 18 responsorios, 4 himnos, 7 secuencias, 2 sinfonías (con el significado propio del siglo XII, ‘consonancia’, por oposición a diafonía, ‘disonancia’), 1 aleluya, 1 kyrie, 1 pieza libre y 1 oratorio (¡fascinante, pues según los expertos el oratorio se inventó en el siglo XVII!) Además, compuso un auto sacramental musicalizado llamado Ordo Virtutum.

Y para terminar os dejo una pequeña muestra de las maravillosas composiciones de nuestra Hildegard von Bingen. Bajo el título general de Heavenly Revelations recoge una miscelánea de once obritas, entre himnos, secuencias, antífonas y responsorios. La versión está interpretada por la Oxford Camerata, un coro inglés especializado en este tipo de composiciones, dirigida por Jeremy Summerly, cantor procedente del New Colege de Oxford, todo un referente en este repertorio.

Y ahora escuchar esta música celestial, relajaros y dejaros acunar en los brazos de Hildegarda, AQUÍ.

¡Salud, paz y una sonrisa por favor!
Elgatosierra

martes, 7 de julio de 2009

4 DELICATESSEN


Calma, que no los mataré de hambre: a modo de agasajo, cuatro canciones, ¡pero qué canciones! Lieder eines Fahrenden Gesellen, de Mahler ¡Y qué intérpretes! Fischer-Dieskau y Furtwängler, dos gigantes entonando las “Canciones para un Camarada Errante” junto a los Filarmónicos Vieneses en Salzburgo, año 1951.

El barítono de mirada fija los llevará a la descarga.

Fischer-Dieskau

jueves, 2 de julio de 2009

UN CUERVO EN EL HORIZONTE

Mahler y el Cuervo
“Florecillas”, es decir, Blumine. Tal es el nombre de esta delicada y melodiosa composición de Mahler, donde el autor, todavía joven, se muestra libre de los tormentos que luego lo tensarían. Un Mahler optimista, esperanzado, incluso tierno.

Como lo ha encontrado Gabriel.

De mi parte, el trabajo me ha absorbido el último tiempo, pero en mis borradores tengo ya el próximo material. Hasta ese pronto reencuentro, les invito a la audición de esta pieza para homenajear como es debido a nuestro querido Cuervo porteño. Ése cuyo recuerdo, para ser justo, debe ser luminoso.

Como dice Gatosierra, ¡UNA SONRISA POR FAVOR!

Una y mil.



miércoles, 1 de julio de 2009

EWIG... EWIG...


Die liebe Erde allüberall
Blüht auf im Lenz und grünt aufs neu!
Allüberall und ewig blauen
licht die Fernen!
Ewig... ewig...

¡De nuevo la tierra amada
florece y reverdece por doquier en primavera!
¡En todos los confines, eternamente,
brillan azules los lejanos horizontes!
Eternamente... eternamente...”
  • Der Abschied Fragmento final de “La Despedida”, a su vez movimiento final de “La Canción de la Tierra” de Gustav Mahler. El mismo compositor escribió la poética letra que canta el barítono en este pasaje, uno de los adioses más mágicamente hermosos que conozca la música | dedicado a un amigo que permanecerá en mi recuerdo “ewig... ewig...”

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