lunes, 5 de octubre de 2009

PFITZNER: PRELUDIOS de ‘PALESTRINA’ [etc.]


HANS ERICH PFITZNER (1869-1949) ocupó un lugar relevante en la vida musical alemana de su tiempo como director, compositor y pedagogo. Fue un adalid de la tradición romántica germana, a la cual adhirió en sus postulados estéticos y filosóficos, con la cual impregnó su obra y en nombre de la cual atacó las vanguardias atonales, a menudo con violento fervor. Fue, pues, un hombre de convicciones férreas, capaz de mostrarse obcecado y visceral.

Aunque su arte de como director ha sobrevivido en unos cuantos registros discográficos, Pfitzner pasó a la posteridad gracias a un puñado de creaciones magistrales. Entre éstas se alza con particular brillo la ópera PALESTRINA, a la cual prefirió llamar “leyenda musical en tres actos” y que Thomas Mann consideraba “ejemplo sublime de arte trágico”. En esta obra a la cual dio música y libreto, Pfitzner convirtió al polifonista italiano en símbolo del creador iluminado y malcomprendido, destinado a salvar la pureza del arte musical contra las maquinaciones de su entorno.

Pfitzner fue visceral, decíamos antes; de hecho, tenía el maldito carácter de un auténtico talibán de la música. Tal vez eran los tiempos, con sus ferocidades históricas; tal vez era el llamado de Nietzsche a abandonar la piedad, por consentir la debilidad. Como sea, el compositor no quedó indiferente ante el levantamiento de ánimos y el ardor del orgullo herido que llevó a Alemania desde la República de Weimar hasta el Tercer Reich. Pfitzner se había vuelto cada vez más nacionalista y, por ende, simpatizó con las reivindicaciones culturales abogadas por los nazis. Pero al mismo tiempo los confrontó con su estilo virulento y temperamental para defender a figuras judías como Bruno Walter, que para Pfitzner eran amigos. La Wikipedia (versión en inglés) relata una agria desavenencia ocurrida ya en 1923 entre Pfitzner y Hitler cuando ambos coincidieron como pacientes de un hospital, llegando más tarde Hitler llegó a tildar al músico como “rabino judío”.

Nada de esto importó durante las revanchas de la posguerra, pues las simpatías del compositor eran conocidas y, en consecuencia, fue proscrito de por vida. Murió en un asilo, garrapateando notas en papeles sueltos, olvidado de todos. A partir de los años 70 del siglo pasado, sin embargo, su legado comenzó a reverdecer, dejando en evidencia que no era un imitador de Richard Strauss.


Disfruten ahora una selección de música pfitzneriana —¡ojo con los Tres Preludios de “Palestrina”!— a cargo de Wolfgang Sawallisch y la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara, ACÁ.

2 comentarios:

Elgatosierra dijo...

Buen aperitivo de Pfitzner.
Esperamos, con esperanza, su "Palestrina" al completo.
Salud, paz y una sonrisa por favor.
Elgatosierra

q u i n ø f f dijo...

enlace repuesto!

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